Pieza #3: Nunchi
La campana de fin clases hizo ecos en el apacible aire, indicando lo que muchos anhelaban: irse a casa.
El clima de otoño pintaba los cielos, al igual que los corazones de las personas que andaban a su son y compás. Los días de caen tan rápido como las hojas de los árboles. El sol sale y se pone como si avanzara rápidamente, como si hubiera alguna prisa divina para llegar al invierno. Aunque el sol todavía es brillante e ilumina en el cielo, es más frío incluso en los días que carecen de nubes. Pronto, cada rama será solo marrón y los colores alegres que trajo se atenuarán hasta convertirse en un recuerdo desvanecido.
Nunca se ha entendido claramente por qué el otoño está asociado con el final de literalmente todo. Sus primeros dos meses se dedican principalmente a acostumbrarse a un nuevo horario y luego al hecho de que los días se acortan. En noviembre, se siente se acercan las vacaciones de invierno y que realmente no hay tiempo para anhelar algo que nunca volverá.
De alguna manera, en algún lugar la idea de que cada verano es como una vida corta vino a la mente de Yamato. Probablemente, no sería tan memorable a menos que no experimentara una extraña sensación de pérdida cada vez que veía la fecha mágica, el primero de septiembre, en su calendario de papel o en la pantalla de su teléfono. Sus sueños eran brillantes y hermosos, pero terminaron abruptamente tan pronto sonó el despertador esa mañana incluso con Hikari en casa por la trasnochada diciéndole que "Hoy es primero de setiembre".
No quería él parecer pesimista y decir que la llegada del otoño es igual a la muerte del verano. Sin embargo, no podía deshacerse de la sensación de que algo muy importante se ha ido para siempre y no tiene sentido buscarlo en su futuro, por muy bueno que crea que sea. Es ahí cuando Yamato se percata de que el poder del tiempo es mucho mayor de lo que pensamos, y no vale la pena atreverse a competir con este.
Fue por eso que finalmente recordó qué significaba esa fecha para cierta persona. El hecho que haya acudido hacia él durante la madrugada y el que casi lo llamara hermano.
Después de todo…
Esa persona ya no estaba ahí para ella.
Supongo que pasaré por la panadería de camino a casa. Quiero algo caliente.
Caminando todavía dentro del campus escolar luego de que Mimi lo traicionara yéndose con Sora de compras a Harajuku, fue lo que se le ocurrió para pasar el tiempo.
—Ah, hace mucho frío.
Cerró sus ojos, sin notar que una bufanda roja caía desde lo más arriba, de uno de los salones de clase. Accidentalmente, su zapatilla da con ella, causando que casi se de un vuelco de espaldas.
Una bufanda. ¿Acaso alguien la arrojó? Esta completamente sucia. Tal vez la abandonaron al estar así.
El perfil de una chica se dibujaba en el sol del otoño, su esbelta figura y su cabello castaño meciéndose en el viento junto a un prendedor rosa, y jadeaba por aire. No obstante, se detuvo una vez vio a Yamato y él a ella. Un breve intercambio de miradas fue suficiente para que Hikari se agachara con rapidez y fuese hacia la bufanda, recogiéndola con sumo cuidado.
Yamato era incapaz de verla por completo ahora y decidió llamar su nombre.
—Hika…
Pero se vio interrumpido al observar cómo la sujetaba con fuerza, frustración y soledad creciendo en su interior. Yamato tomó noción del asunto, esa memoria que vino a él grabándose en su cabeza como algo imposible de olvidar. La última pieza del rompecabezas se había armado.
Esa bufanda le había pertenecido al hermano mayor de Hikari, quien había fallecido un primero de setiembre años atrás.
Hikari pensaba en la madrugada que el fantasma de su Taichi estaba penando su compartida habitación en la madrugada. Acudió a Yamato por confort y seguridad. Después de todo, él había sido uno de los amigos más cercanos de Taichi años atrás cuando viajaban todos en el Mundo Digital. Jamás creyeron que Taichi Yagami perdería la vida unos años después de la segunda aventura que tuvieron.
Tanto tiempo había pasado ya, que por estar pensando en la escuela, se había olvidado de la fecha. Muchos, realmente, al seguir con su vida deseando no traerle malos recuerdos a Hikari.
Sin embargo, unas risas que venían de pisos arriba al igual de donde provino la bufanda, le llamaron la atención. Alzó el rostro, solo para ver a dos muchachas burlándose tras la ventana, ahora cerrada.
¿En serio…?
La castaña se puso de pie, abrazando la bufanda que su hermano le había regalado en su último cumpleaños. El último presente que recibió de él antes de perder la vida ante su lucha contra la enfermedad que lo consumió. Ella prefería recordarlo como solía ser y no en lo que se volvió.
—Hikari. Acaso… ¿no tienes amigos?—el rubio lanzo la pregunta.
—¿Por qué preguntas?
No había creído obtener una respuesta.
—¿Cómo que por qué? De acuerdo, ¿por lo menos puedes decirme si están tratándote mal abusando de ti en clase o no? Ya sabes. Bullying.
La espalda de Hikari se mantuvo serena, un silencio inmarcesible entre ambos.
—Entiendo, no tienes que decir algo. ¿Esas chicas que están en el segundo piso son las que arrojaron la bufanda por la ventana? Si estoy en lo correcto, camina hacia mí.
El corazón de Hikari, siendo de papel, se hacía añicos a sí mismo sabiendo muy bien lo que debía hacer. Las risas la abrumaban. Sabía que la estaban mirando, burlándose de ella. Sostuvo con más fortaleza en su pecho la bufanda de su hermano, para dar media vuelta e ir directo hacia Yamato.
La distancia entre los dos era casi nula, sus respiraciones siendo una sola.
—Perfecto.
Yamato alzó su rostro con cara de pocos amigos, mirando directamente a las dos jovencitas que andaban parloteando sobre su último crimen. Achicando su mirada a una seria, esas de lobo solitario que hacen que lo pinten de pocos amigos, abrió su boca, sus palabras perdiéndose en la condensación que su aliento formaba en el frío aire del otoño. Ellas se quedaron mirando, tratando de escuchar que estaba diciendo. Tras la última palabra salir de su boca, ambas chicas perdieron todo color en su rostro, golpeteando la ventana cerrada con lo que parecía ser cólera y furia.
Hikari escuchó el raqueteo, solo para quedarse helada por lo que sucedía.
—¿P-Pero qué…? ¿Qué les dijiste para que se pusieran así?
—No fui yo.
Yamato mintió, sabiendo muy bien que Hikari, por andar cabizbaja no notó sus acciones.
—Yo no les dije nada.
Mientras tanto en el segundo piso, esas dos chicas gritaban de que si ese chico delincuente realmente las había dicho "muéranse asquerosas". Estaban tan, tan furiosas, que solo podían decir que les molestaba las agallas que tenía.
Retornando al relato del momento, Yamato y Hikari ya se habían alejado de la escuela, caminando por el área residencial lado a lado.
Grandes cielos azules que parecen eternos, ráfagas rápidas de viento helado, un sol radiante que quema en frío e interminables hojas secas, el olor cálido y picante de canela y clavo de la panadería de al lado que Yamato descartó en parar por hacerle compañía a Hikari se mezclaban en el ambiente. El cálido abrazo de una tarde teñida en ámbar, el olor acogedor de manzanas y especias, y la promesa de una vida maravillosa, hacen del otoño la temporada más romántica y conmovedora por más que marcase la muerte del verano.
Las hojas de color rojo ascua del otoño arden lentamente. El viento que soplaba era demasiado flojo para esparcir las hojas. Una despensa de aromas lloviznaba de los árboles.
—Así que eres víctima de acoso en tu clase.
—Mm. Tan solo fue por una cosa… Hubo una vez en la que no estuve de acuerdo con todos los demás…—El suspiro de Hikari se perdió—. Eso fue todo… Pero de ahí repentinamente empezaron a ignorarme.
—Es así como son las cosas—soltó naturalmente Yamato.
Y eso no le agradó a Hikari, provocando que una chispa en ella se activara, sus ojos canela volviéndose rojizos y su humor cambiando.
—Como… ¡como si fueses a entenderlo! ¡Tienes muchos amigos!
Aquello dejó a Yamato atorado en el tiempo.
Parte de lo que decía Hikari era debido a la brecha de edades y distanciamiento entre todos. Miyako estaba en una escuela distinta y perdieron el contacto. Lo mismo sucedió con Ken y Daisuke con ella. A Hikari le costaba mantener relaciones personales con los demás. Se le era difícil mantener lazos. El más fuerte que creía tener con Takeru se quebró una vez su madre se mudó a Francia con él para siempre. Luego de ello, los de la primera generación no eran muy apegados a ella. Todas sus relaciones habían cambiado luego de que Taichi Yagami dejó de existir en el mundo y volverse una cifra más en el récord de muertos en la funeraria.
—No es como si yo les hubiera pedido a todos que se volvieran mis amigos—Yamato sonrió con dulce amargura en sus memorias, recordando todo lo del Mundo Digital y su actitud al inicio.
Hikari seguía cabizbaja, caminando a su propio ritmo, adelantándole el paso a Yamato.
—Es tan solo, ya sabes, por ahora. No será así para siempre.
Ella se detuvo, aquellas palabras haciendo que su corazón de papel se alisara un poco, tan solo un poco, y uno de los millares de dobleces desapareciera.
—Deberías ignorar a esas tontas de ahí y luego… Si ellas terminan yendo hacia ti preguntando si pueden ser tus amigas…tú ganas.
Una gran sonrisa a ojo cerrado invadió el cuerpo de Yamato tras decir esas palabras.
—¿A-A quién le importa ganar…?—Hikari dio media vuelta, confundida.
—Pensé que querías ganar—replicó Yamato con honestidad.
—Ya no importa—con un delicado puchero Hikari retornó en su andar.
Pero un delicado ah de Yamato la detuvo nuevamente.
—Por cierto… Accidentalmente pisé la bufanda.
Hikari se estremeció, recordando cómo la había esta aferrando a su cuerpo minutos atrás en la escuela, lo cual ocasionó que retrocediera y empezara a golpear con débil fuerza la espalda de Yamato como reacción ante su confesión. Sin poder aguantar las risas, Yamato dejó la canción de su corazón se junte al de Hikari. Eran dos corazones sin relación, pero, aparentemente, conectados por la bufanda de Taichi Yagami.
Al igual que el cielo fue el único cómplice de esta inusual relación entre ellos.
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Terminé mi primer Yamakari amistoso, me siento orgullosa. Algún día escribiré romance entre ellos. Algún día. Pero primero debo acostumbrarme a la pareja y entrar en terreno seguro antes de adentrarme a lo peligroso.
La palabra esta vez fue coreana a diferencia de las dos anteriores, Nunchi, que significa "Designa la capacidad de saber leer el estado emocional de otras personas y a actuar según lo indique la situación por sentido común. Implica una comprensión del ánimo y los sentimientos de las otras personas que nos rodean, sin necesidad de que estas den una explicación al respecto." Propuesta por Angelique Kaulitz.
¡Gracias por leer!
