Disclaimer: El Príncipe Dragón no me pertenece, es propiedad de Aaron Ehasz y Justin Richmond.
Recuerdos sobre flores
Callum era un chico dulce e inteligente, pero Rayla creía era el doble de despistado. Después de todo, ¿quién había dicho que esos rasgos no pudieran estar en una misma persona y que a ella, irremediablemente, la enamoraran?
El pensamiento acudió a su cabeza sin demasiado contexto, solo al ver la flor que descansaba en el jarrón de su habitación. Con el paso de los años, para Callum se había hecho costumbre regalarle toda clase de flores cada vez que se veían. Después de todo, siendo ambos embajadores de sus respectivos reinos, se hacía un poco difícil reunirse con la misma asiduidad de antaño. Sin embargo, y por mucho que el humano le pedía que no lo hiciera, Rayla no podía evitar recordar su primer intento fallido de regalarle una flor.
Todos sabían que la flora en Xadia podía ser un poco... impredecible, pero habían olvidado mencionarle ese pequeño aspecto al joven príncipe humano. Después de todo, cuando resultaba que el legítimo rey de Katolis podía ingeniárselas bastante bien por su cuenta por la cantidad de aliados salvajes que se conseguía, el mundo parecía olvidar que, aparte del don de la magia y el arte, Callum era más bien normal.
Así que Rayla se sorprendió cuando lo vio acercarse a ella en la aldea de los elfos de luna, luego de que alzaran el hechizo que la convertía en un fantasma, con una sonrisa y esa expresión de satisfacción que Rayla conocía tan bien y empezaba a asociar con un poquito de petulancia. Ella se armó con su propia sonrisa paciente, recostándose de la mesa que estaba en la pequeña sala de su casa, dispuesta a escuchar lo que diría.
—No me lo vas a creer —empezó con entusiasmo, pero intentando apaciguarlo para mostrarse enigmático.
—¿En serio?
—¡Claro que sí! —enfatizó, y Rayla se fijó en que mantenía su mano izquierda oculta tras su espalda mientras que con la otra gesticulaba—. Encontré una flor que no está en los libros de botánica en Xadia.
—Eso es casi imposible —negó, procurando no sonar tan burlesca como se sentía por dentro, porque Callum ya le estaba lanzando su mirada de reproche—. La flora de Xadia está descubierta por completo; al contrario que los humanos, nuestra capacidad de exploración es más eficiente.
—Entonces, debe ser una mutación —se defendió, totalmente seguro porque cómo podría olvidarse de la flora de Xadia cuando había ayudado con algunas de las ilustraciones para un libro él mismo; era irrisorio.
—Si era una mutación —Rayla se acercó y, de repente, se inclinó con rapidez hacia su costado—, no debiste haberla arrancado.
—¡Había muchas! —se excusó, ladeando el cuerpo para esquivarla—. Además, me aseguré de preservarla adecuadamente. ¿Por quién me tomas?
—Con más razón debía cerciorarme —bromeó—. Pero, vamos, ¿querías regalarme una flor? He leído que ese es un tipo de cortejo bastante humano.
—¿No es lo normal? —Curvó una ceja—. He visto a Runaan regalándole flores a Ethari.
—Que sea humano no significa que sea tan despreciable, por mucho que me duela en el orgullo decirlo.
—A veces me cuestiono cómo tú y yo estamos juntos. —Rio, sabiendo que a ella le encantaba bromear sobre el desdén intercultural entre ambas especies—. Pero, a pesar de que descubriste mi sorpresa a medias, tendré que pedirte que cierres los ojos.
Los vivaces orbes violetas de Rayla brillaron un instante de pura emoción porque, a pesar de no querer ser tan obvia, admitía que le gustaba los pequeños detalles que Callum siempre tenía con ella. Dejó caer los párpados, extasiándose por la leve risa de su pareja, igual de emocionado que ella.
Callum sacó la flor de exuberantes colores azulados y naranjas, con un receptáculo abultado y que, como casi todo en Xadia, poseía un brillo sobrenatural.
—Ya puedes abrirlos.
Rayla vio la flor y dio un paso atrás, alarmada. Callum curvó una ceja, preguntándose si quizás no le había gustado. Después de todo, Rayla a veces era demasiado rústica, pero a él le gustaba asociarla con flores.
—¿Ocurre algo? —insistió en darle su pequeño obsequio.
—Callum, verás... —Se apartó con una risa nerviosa—. ¿Hace cuánto la arrancaste?
—Uhm... ¿Un par de horas? ¿No te gusta? Pensé qué...
Rayla ahogó un jadeo, sin poder creer que, de repente, Callum hubiera mejorado en sus habilidades físicas y siguiera persiguiéndola con su hermoso, pero engañoso, obsequio. Después de todo, ya lo había dicho, la flora en Xadia era impredecible.
—¡Bótala!
—¿Qué? ¡Pero...!
Y, antes de que Rayla pudiera darle un manotazo, ocurrió lo que menos quería, con sus rostros a escasos centímetros de la flor. La flor dejó escapar un silbido, mientras el aire se impregnaba del desagradable aroma de las flatulencias, y Callum juró haber visto humo verdoso difuminándose en el aire.
Callum dejó caer el tallo, tosiendo, mientras Rayla controlaba sus arcadas y aguantaba la respiración.
—¡¿Era una apestunia?!
—Como te expliqué ese día —Rayla decidió salir de la casa para poder respirar—, se les conoce por varios nombre y, del mismo modo, hay distintas variaciones. ¿No habías leído al respecto?
—Bueno, me salté esa sección porque tú me lo habías explicado y pensé que no era necesario saber más al respecto.
—Como sea —suspiró—. Esas son silenciosas, pero mortales, como ya habrás olido, y actúan dos horas después de ser arrancadas.
Callum parpadeó y, a pesar de que tardaría unos cuantos días para olvidar semejante pestilencia, no pudo evitar carcajearse. Rayla lo imitó.
—No puedo creer que este haya sido uno de tus intentos de avance romántico. Es épico. ¡Seguro será recordado en los libros de historia!
—¡No le vayas a contar a nadie! —suplicó, alarmado por percatarse de las intenciones de su novia.
—Mírame hacerlo. —Se echó a correr por un sendero de piedra, entre risas.
Callum, en pánico por la posible eternización de su estupidez, la persiguió.
Habían pasado tantos años, y a Rayla ese momento seguía causándole gracia. Ladeó el rostro cuando Callum entró discretamente a la habitación donde se hospedaba en el castillo de Katolis.
—Estás sonriendo —comentó, imitando su gesto, pero, luego de ver ese brillo en sus ojos, enrojeció—. Ya deja de recordarlo, Rayla, por favor.
—Oh, vamos, sabes que es divertido. —Se acercó a él, pasándole un brazo por los hombros—. Es uno de mis "Nuestros Momentos" favoritos. —Extendió la mano frente a sí, como intentando proyectar la memoria en el aire—. El Callum adolescente es el más adorable.
—... Sigo siéndolo.
Rayla sonrió y depositó un beso en su mejilla.
—El Callum adulto que se siente celoso del Callum adolescente, sí, también es adorable.
¡Muchas gracias por leer!
Creo que una de las cosas más bonitas de la relación entre Callum y Rayla es cómo siguen siendo tan buenos amigos, manteniendo la ligereza y la gracia que los caracteriza. Así que quise intentar escribir algo así porque puedo imaginar a Callum y a Rayla haciendo el ridículo un poco, mientras intentan comprender qué es eso de tener una relación romántica.
¡Tengan una feliz semana!
