Había esperado pacientemente hasta que Naruto salió de su oficina, tenía el cabello más revuelto que antes, y sin dudas parecía realmente cansado, angustiada pensó que tal vez estaba siendo demasiado egoísta al querer respuestas cuando acababa de tener un día laboral muy pesado.
- Hina – le dijo al percatarse de su presencia, había permanecido sentada en una de las sillas de algún contador – ¿también has tenido mucho trabajo?, no tienes que quedarte tan tarde – sabía que a Naruto no le gustaba que trabajara más de la cuenta.
- Estoy perfectamente bien, eres tú quien luce fatal – no quería ser grosera, pero verlo en ese aspecto le provocaba querer mimarlo y llenarlo de besos, pero aquello no era una reacción adecuada, al menos no hasta que definieran que rayos pasaba entre ellos.
- Tuve un día difícil – se sinceró – y mi única intención es llegar a casa y darme una buena ducha, y dormir por horas.
- ¿Puedo acompañarte? – sentía que era patética rogándole, pidiéndole un ratito de su compañía cuando él había demostrado en miles de ocasiones que no quería tener una relación con ella.
- No es una buena idea…
- Sabes, me he quedado justo aquí para esperarte – de inmediato observo su mueca y odio conocer sus respuestas, sabía que nuevamente él le pediría disculpas por lo sucedido en la mañana, pero ya estaba harta, era ridículo que se disculpara cada vez que le metiera mano o tenían sexo, en primera porque ella siempre participaba activamente o lo propiciaba, y en segunda porque ni siquiera podía recordar cuantas veces habían tenido intimidad como para que todavía le pidiera disculpas, definitivamente tenía que hablar con él, si no aceptaba una relación en forma, mínimo reconocer que eran amantes o amigos con derechos, así al menos ella sabría que esperar y él ya no tendría que estarse lamentando y haciéndola enfadar en el proceso.
Así que antes de que el pudiera responder algo que no quería escuchar se adelantó a dictaminar lo que harían.
- Cenaremos en tu casa – ya no era momento de postergarlo más, conseguiría respuestas, y ya que estarían en su casa, pasaría la noche con él, lo necesitaba, cada vez le costaba más trabajo su lejanía.
- No es una buena idea, Hinata – le dijo con claro a arrepentimiento – lo que ha pasado hace un momento…
- ¿Quieres que me desnude aquí mismo? – sus palabras causaron el efecto que deseaba, sorprenderlo – porque si para hablar contigo debo hacerlo con mis tetas de fuera, lo haré Naruto.
Llevó sus manos a los botones de su blusa y Naruto rápidamente se acercó hasta ella para tomar sus manos y evitar dicha acción – aún queda el personal de mantenimiento – le dijo algo molesto.
- Ah, pues no me importa.
- A mí sí, no te puedes ir desnudando donde sea Hinata, no es correcto – tenerlo tan cerca e inhalar la fragancia de su loción, le hizo querer tirarse a sus brazos, ¿en qué momento se había enamorado de esa manera?
- Bien, si no quieres que lo haga, vamos a tu casa, es momento de que hablemos – el asintió, parecía que finalmente estaba aceptando que había llegado el momento de tener aquella conversación pendiente.
- Bien – le dijo mostrando su frustración – pero vayamos mejor a un restaurante, comeremos y hablaremos, ¿de acuerdo?
Estaba segura que estaba buscando un entorno seguro, al diablo con su entorno, no se lo daría, lo conocía demasiado bien como para estar segura que se saldría con la suya.
- Tu casa, no quiero que puedas huir cuando la conversación se vuelva incomoda.
- No lo haré – frunció el ceño y luego simplemente asintió – iremos a mi casa si prometes no enseñarme tus hermosas tetas, sabes que dejo de pensar cuando me las enseñas.
- Me gusta que no pienses, eres más agradable – Naruto rio ante sus palabras y luego le señalo el elevador. Caminaron despacio hasta llegar ahí, fue él quien presiono el botón y esperaron en silencio. Tal como lo suponía, aún quedaban un par de intendentes que salían del elevador para seguramente asear las oficinas. Se despidieron amablemente, y luego le ofreció a Hinata que entrara primero.
- ¿Alguna vez imaginaste que serías el jefe de jefes? – le pregunto Hinata sonriente. Adoraba su personalidad, generalmente era alegre y divertido, era capaz de sacar un carácter fuerte cuando era necesario, y todos, absolutamente todos los empleados de la empresa lo adoraban, era el jefe soñado. Si su padre había sido muy querido, estaba seguro que Naruto se había ganado más que respeto y cariño, y eso lo convertía en un verdadero líder.
- No – le dijo sincero – a veces pensaba que con llegar a liderar un puesto era suficiente, pero tu padre siempre me motivo a dar lo mejor de mí, a no rendirme – ella lo sabía, que Naruto siempre se mostraba agradecido con su padre, pero también sabía que su padre lo adoraba, si Naruto no hubiese tenido a Jiraiya, seguramente le habría adoptado, internamente agradeció que no fuera así, hubiera sido terrible ser hermanos, porque eso no le habría impedido enamorarse de él.
Mucho tiempo paso para que Hinata volviera a vacacionar en Konoha, y la razón era muy sencilla, tenía miedo de que al volver a verlo las cosas cambiarán entre ellos, prefería seguir en un sueño donde hablaban en mensajes y llamadas como dos enamorados, no quería enfrentarse a la realidad.
Naruto se encontraba en su último año de universidad, y en ese momento ya estaba trabajando como el jefe del área administrativa. Se había ganado el puesto a base de esfuerzo, y sin duda Hiashi le reconocía aquel mérito. Su sueldo era más elevado, pero aquello era sin duda una recompensa al gran trabajo que hacía, además de ser un excelente estudiante que ya contaba con múltiples recomendaciones.
Por ello, no volvió a Konoha hasta que consiguió su cambio de escuela, no tenía sentido vivir en Londres si no lo disfrutaba, pero eso era algo que no le había dicho ni a Naruto, ni a Hiashi, ella ya era mayor de edad, por lo que esas decisiones las podía tomar sin avisarles. Sabía el drama que se avecinaba, pero de eso pensó que podría preocuparse más tarde.
Le había avisado a Naruto que día llegaría a Konoha (a sus supuestas vacaciones). Habían planeado una y mil actividades juntos, incluso en sus noches de videollamadas habían planeado tener sexo. Naruto siempre terminaba por pedirle que le mostrará sus pechos y ella siempre terminaba por acceder avergonzada. Aunque finalmente terminaba feliz de ser siempre tan halagada por el rubio al decirle lo mucho que le gustaba su físico, sin duda sentía que era la mujer con mayor autoestima, pues a diario Naruto le hacía todo tipo de cumplidos.
Por supuesto ella también aprovechó para satisfacer su curiosidad. Un día que Naruto le había pedido que le mostrará sus pechos, ella había accedido a toda clase de peticiones por más que se sintiera avergonzada de hacerlo, pero es que el rubio tenía una manera de pedirlo tan entusiasta, que sencillamente le era imposible negarse.
"Hina, tienes unas tetas increíbles, son las más hermosas del mundo, ¿me dejas verlas de lado? – eso es preciosa, le había dicho cuando ella hizo tal acción – santo cielo, que preciosas y grandes son"
"¿Podrías dar unos cuantos brinquitos?, es que se ven tan bonitas que quiero ver como se mueven, anda Hina, anda – le había insistido hasta que avergonzada hizo tal acción – el rubio le había sonreído tan entusiasta que no se arrepentía de haberlo hecho, la veía como si fuera la cosa más maravillosa del mundo"
"Toca tus tetas Hina, vamos, no tiene nada de malo, solo muéstrame como te gustaría que yo lo hiciera, eso es preciosa – le había dicho cuando ella tímidamente había comenzado a tocarse, era la primera vez que lo hacía, pero Naruto al darle tantas instrucciones y decirle lo mucho que le gustaba verla le daba la confianza para no sentirse insegura – oh que envidia tengo de no estar ahí, quisiera ser yo quien te tocara esos hermosos pechos, tengo muchas ganas de chuparte esos botones Hina, que preciosidad"
Ese día sentía que su intimidad necesitaba de él, de sus caricias, pero también sentía que ella no conocía del todo su cuerpo, por lo que tomando valor había decidido pedirle por primera vez que él también le enseñara su cuerpo.
-Etto Naruto… – le había dicho tímidamente – tú, ¿también podrías mostrarme de ti algo?
El por supuesto tenía mayor seguridad que ella, por lo que de inmediato, le pregunto divertido – ¿qué es lo que quieres ver de mí? – Había pensado que tal vez lo mejor era ir por partes y no ir directamente al asunto, y quizá de ese modo ir tomando confianza.
-Tu pecho – le dijo con duda. Y Naruto en un instante se quitó la playera, Hinata suspiró por aquella imagen, realmente era muy varonil, a diferencia de ella, él tenía los músculos bien trabajados, él estaba duro donde ella estaba blandita.
Él incluso le había hecho una especie de modelaje, al darse la vuelta para mostrarle su espalda y luego bajo la cámara para que ella pudiera ver su abdomen.
-Sé que lo que te muestro no tiene comparación con la belleza que tú me regalas, pero es que tú eres preciosa – le había dicho sonriente.
El parecía haber terminado, realmente parecía pensar que no tenía sentido mostrarle su cuerpo, pero no era así, ella deseaba ver más. Solo una vez había sentido su miembro, y había sido a través de su ropa interior, por lo que en varias ocasiones se había imaginado como sería. Aquella vez había sentido que era grande y duro, pero realmente sentirlo y verlo eran dos cosas muy diferentes. Creyó que no se animaría a pedirlo, pero quizá ese día estaba tan caliente que aquello fue más fuerte que su timidez.
- Te falta mostrarme tu pene – le había dicho y de inmediato sintió que absolutamente todo su cuerpo se había teñido de rojo intenso. La risa de Naruto le hizo distraerse y relajarse, pues él no la estaba juzgando.
- Me parece justo – le había dicho mientras se levantaba nuevamente de la silla y bajaba su pantalón, avergonzada observo que la cámara apuntaba directo a su bóxer, no porque él hubiera movido la cámara, sencillamente al levantarse había quedado en ese ángulo perfecto.
Luego observó como con tranquilidad tomo el borde de ambos lados del bóxer y los deslizo por su cuerpo. Hinata observó el momento justo cuando el pene del rubio se levantó como un resorte. De pronto sintió algo de terror, por nada del mundo podía imaginar que aquella cosa entrará en ella. Le parecía que Naruto era demasiado grande, y eso de algún modo tenía sentido si pensaba en lo alto que era, sus medidas parecían ser proporcionales en todo sentido.
- ¿Na- Naruto? – le llamó avergonzada por las preguntas que le haría.
- ¿Qué pasa Hina?, ¿quieres que lo mueva?, ¿o prefieres que me ponga de lado? – y acto seguido lo hizo, Hinata observo aquella vara en toda su extensión, demasiado largo, demasiado grande y ancho, trago grueso – ¿quieres qué me toque?
- Espera... – le dijo antes de sentirse más caliente de lo que ya estaba – puedes… tan solo puedes contestarme un par de preguntas – el rubio asintió enérgicamente y luego se sentó, evitando así que Hinata pudiera seguir viendo su pene.
- Oh disculpa – le dijo mientras rascaba su nuca – ¿prefieres que te siga mostrando? – ella asintió tímidamente y él sonrió con ganas, esta vez el movió la cámara, permitiendo así que ella pudiera verlo completo, entonces presenció cómo veía la pantalla animado, evidentemente estaba observando sus pechos, mientras una de sus manos comenzó a tocar su pene, deslizando de arriba hacia abajo y viceversa…
Sintió una enorme vergüenza, ni siquiera sabía cómo era que habían llegado a esto, pero no era el momento de retroceder, y para empezar ella no quería que pararan.
- Te escucho preciosa – no dejo de mover su mano por su largo, y ella se mordió sus labios al no poder apartar su vista de él.
- ¿Tu miembro es más grande que el promedio? – el rubio rio entre dientes.
- Hina, no me gusta auto halagarme.
- Pero tú sabes que nunca he visto otro, y yo siento que yo no podré, yo – nuevamente escucho su risa, sabía que él había entendido su punto.
- Hina, serás muy capaz, recuerda que tu vagina podría ser capaz de sacar un bebé – ella asintió avergonzada de que el rubio le estuviera dando clases de biología – no tengas miedo, que yo jamás te lastimaría.
- Lo sé – le dijo segura.
- ¿Por qué no te tocas y me dejas ver el botoncito entre tus piernas? – le dijo mientras él seguía moviendo su mano a lo largo de su pene.
Hinata asintió nerviosa, porque sabía que no podría negarse, lo deseaba… además estaba segura que Naruto le haría mil cumplidos a su sexo, y eso le motivo a masturbarse por videollamada…
Cuando el momento de regresar a Konoha llegó, no solo ella se mostraba ansiosa, él también le había dicho las muchas ganas que tenía de verla de vuelta.
Le había visto el primer día en la empresa de su padre, se habían limitado a darse un abrazo, pero posteriormente se habían quedado de ver esa misma tarde cuando el rubio saliera del trabajo para ir a un bar.
Ahí mismo se habían comportado como una pareja, no pararon de besarse, y fue muy feliz de que el rubio la tratará como si fuera su novia. De todas las épocas, quizá podría decir que esta fue su favorita, porque el rubio se había mostrado sin culpas...
Entre besos y caricias habían acordado que esa noche dormirían juntos, y finalmente terminaron en una habitación de hotel, Naruto no había querido quedarse en la casa de su jefe, y Hinata no había querido conocer al padrino de Naruto estando en esas condiciones, sentía que todo el mundo podía leer en su cara que estaba cachonda, le daba mucha pena que el padrino del rubio pudiera darse cuenta con verla, o peor aún, que descubriera que se quedaba a dormir en la habitación del rubio como una vil cualquiera, ante todo prefería la discreción, al menos en aquel tiempo…
Cuando salieron del elevador, llegaron al coche del rubio, ella ni siquiera pensó en usar el propio, de algún modo prefería que fuera el quien condujera, estar con él siempre le alteraba mucho los sentidos.
Naruto siempre era exageradamente caballeroso con ella, por lo que no le sorprendió que el rubio abriese la puerta del coche y le ayudará a entrar. En cuanto el rubio estuvo dentro del automóvil, se giró hacia ella – ¿mi casa? – le preguntó como para reafirmar. De inmediato asintió.
La casa del rubio era modesta en comparación con la suya, pero sin duda era muy bonita, un amplio jardín al frente, que además estaba bien cuidado, con varias plantas de colores y un par de árboles que daban una agradable sensación de hogar. Eso sin duda era creación del padrino de Naruto, que dedicaba gran parte de su tiempo a mantener aquel lugar en perfectas condiciones. El interior era muy acogedor, desde la sala que estaba llena de artefactos curiosos, un piano viejo, algunos cofres que parecían ocultar tesoros, pinturas y una que otra foto colgada por ahí. La planta superior tenía alrededor de cuatro habitaciones, la casa en realidad no era pequeña, pero al tener tantos artefactos por todos lados, daba una apariencia acogedora, sin lugar a dudas un lugar en el que se sentía muy feliz, quizá por ello quería que hablaran en su casa, le gustaba estar ahí.
Cuando llegaron, el rubio aparcó en la cochera. Ella espero paciente a que le abriera la puerta, en realidad era una costumbre que Naruto había impuesto, siempre la regañaba cuando ella salía sola, a él le gustaba ser caballeroso, y ella había aceptado sus atenciones porque en realidad le gustaba que fuera así, solo con ella, pues nunca había visto ese comportamiento con nadie más, era educado y amable, pero no como lo era con ella.
- ¿Te parece si hablamos en la sala?, ¿o prefieres que lo hagamos en el comedor? y de paso comemos algo de la nevera, estoy hambriento – le dijo al entrar a la casa.
- Prefiero hacerlo en la privacidad de tu cuarto.
- Esta bien, pero recuerda tu promesa – ella enrojeció, seguramente se refería a que no le mostrará sus pechos. Y para ser justa era algo que había aprendido emocionaba mucho al rubio.
Primero la dirigió a la cocina de donde el rubio saco dos sobres de sopa instantánea y preparó, mientras ella ayudando en la labor de preparar la comida, saco dos vasos de vidrio, su primera intención era añadirle simplemente agua, pero luego que descubrió una botella de vino rosado muy a la vista, decidió que era una mejor idea para la ocasión, sirvió ambos vasos y bebió de uno, sabía bien, así que nuevamente lo rellenó. Naruto le observó levantando una ceja, pero no dijo nada, solo levanto sus hombros y siguió en su tarea, apenas pasados los tres minutos le pidió que lo siguiera, aunque ella de sobra sabía dónde estaba su habitación, había sido el lugar de sus encuentros después de su primera vez juntos, pues si bien al principio a ella le daba vergüenza imaginarse haciéndolo en casa del rubio, después la perdió al ser su deseo por el rubio más fuerte.
Subió con los dos vasos y la botella, estaba segura que haría falta más de una botella, pero por ahora estaba bien con ello. No se encontró en ningún momento con el padrino del rubio, por lo que supuso que se encontraría en la biblioteca, al señor le gustaba escribir, aunque Naruto jamás quiso decirle sobre qué, e incluso le prohibió al pobre Jiraiya que le hablara de sus libros.
Naruto había cerrado la puerta en cuanto ella entro a esa habitación tan conocida, de inmediato tomo asiento en su lugar favorito, su cama. Naruto al verla en problemas con las manos ocupadas fue a quitarle la botella y ambos vasos, tomando el contenido de uno de ellos, y dejando luego todo sobre una mesita de noche.
Al tener las manos desocupadas pudo quitarse los zapatos y subir hasta la mitad de la cama, el rubio le siguió al sentarse a los pies de ella, y luego le pasó uno de los contenedores con ramen instantáneo, ella gustosa acepto y se dispuso a comer.
Estaba en la habitación de su jefe, del amor de su vida, quien comía despreocupadamente, realmente parecía hambriento y ella de pronto tuvo muchas ganas de cocinarle, de darle un masaje en sus hombros y repartir múltiples besos por toda su cara, lamentablemente no se podía atribuir esas atenciones que podría tener una novia o pareja, al menos no hasta que lo hablaran, porque estaba dispuesta a conseguir que Naruto dejara de ser un idiota, que aceptara el amor que también sentía por ella.
Comió más para darse valor, y en parte para no interrumpir al rubio, ambos estaban sumidos en silencio, aunque para nada era incomodo, el rubio que era más rápido termino dejando el envase sobre la mesita de noche, y ella le ofreció el suyo.
-¿Ya no quieres? – le preguntó y ella negó al instante. Naruto solía servir porciones grandes que regularmente a ella le parecía excesivo y el rubio siempre terminaba comiendo lo que ella dejaba, se había convertido en su costumbre a la hora de comer.
Aprovecho para alcanzar su vaso y servirse más vino, lo necesitaba para darse valor. En cuanto el rubio dejo de comer, le sonrió ampliamente.
- Odio tener hambre – le dijo.
- Lo sé – le respondió con la misma sonrisa.
- Hina – de pronto el rubio pareció volver a su maldita culpabilidad, y ella se sintió molesta – mientras hemos estado comiendo he pensado en una solución a nuestros problemas.
- ¿Ah sí?, no sé porque presiento que no me agradará lo que me dirás.
- Tal vez, pero creo que es lo más adecuado para todos – pareció inhalar fuertemente y luego se acostó sobre la cama, no importándole que parte de su cuerpo quedará sobre ella, tuvo que moverse un poco para quedar cómoda, y así la cabeza del rubio quedó recargada sobre sus piernas.
- ¿De qué se trata? – le pregunto mientras comenzaba a acariciar su cabello rubio que tanto adoraba. Por un breve momento creyó que Naruto por fin haría las cosas como deberían ser…
- Renunciaré a la empresa.
- ¡¿QUÉ?! – le grito y el rubio pego un brinquito por el susto – no puedes hablar enserio.
- Lo digo muy enserio.
- ¿Por qué? – le dijo mientras se incorporaba, haciendo que él también lo hiciera y se pudieran observar.
- No es correcto que estemos trabajando en el mismo lugar, he sido muy egoísta Hina, creo que es algo que debí hacer hace mucho tiempo.
- No entiendo – le dijo al sentir un fuerte nudo en la garganta – prefieres renunciar para terminar nuestra… – no encontró una palabra para describir lo que sea que tuvieran, y eso le hizo sentir más triste y patética – siempre he pensado que me amas como yo a ti, pero con estas acciones simplemente me demuestras que no he significado nada para ti.
- No creo que sea justo que pienses eso de mi – le dijo indignado.
- ¿Y acaso has hecho algo para que piense lo contrario?
- No – le dijo apenado – pero eso cambiará cundo renuncie – le observó curiosa.
- ¿Cómo? – no lo entendía, y odiaba que siempre fuera tan misterioso respecto al motivo de no querer estar con ella, odiaba tanto aquello que no quería más mentiras, y mucho menos que le ocultará información.
- Solo dame un poco de tiempo – ahí estaba lo que temía, si fuera la primera vez que le pidiera tiempo lo entendería, pero no era el caso…
Una noche de verano se habían besado como dos enamorados que no parecían poder saciarse, su primera vez había sido en un hotel del centro de la ciudad, y le sorprendió mucho que también fuera la primera vez de él. Ambos habían esperado, ambos sabían que solo podían sentir deseo entre ellos.
Aun cuando ninguno era experto, ambos parecían estar hechos para amarse, porque los besos y caricias abundaron, porque ninguno estaba interesado en acelerar el proceso, solo en disfrutar la piel del otro. Naruto la había acariciado completa, le había dado besos desde las puntas de sus pies hasta la raíz de sus cabellos, parecía adorar cada parte de ella, y ella no sintió vergüenza de mostrarse desnuda, porque el en verdad parecía emocionado al admirar cada parte de ella.
Por su parte ella también tuvo la oportunidad de acariciarlo y besarlo. Nunca creyó que fueran tan diferentes, Naruto tenía los pectorales y abdomen marcados, su ancha espalda y sus fuertes brazos, ahora entendía porque el rubio podía alzarla como si no pesará nada. Hinata estaba emocionada de ser la única que lo tuviera de esa manera y él parecía creer lo mismo.
- Tan dulce, tan hermosa, y solo eres mía ¿verdad Hina?
- Sí, soy tuya Naruto, completamente – le confeso emocionada, jamás permitiría que alguien más se acercara a ella como lo hacía Naruto – ¿y tú eres solo mío?
- Solo tuyo preciosa.
Debió imaginar que no sería sencillo que el rubio le enterrará su miembro, y debió suponer que aquello le dolería hasta hacerla llorar, pero de lo que estaba segura desde un inicio, era que lo deseaba, ansiaba sentirlo dentro de ella, así que a pesar del dolor que pudiera ocasionarle, disfruto mucho su primera vez. Naruto tampoco era un experto, pero se preocupaba por ella como nadie lo hacía, así que lejos de moverse precipitadamente, se dedicó a besarla y decirle palabras dulces para mitigar su dolor.
Jamás hubiese imaginado que las manos del rubio hicieran maravillas, la había acariciado con tanta delicadeza sobre su intimidad, que pronto empezó a disfrutar como él lo hacía, Naruto parecía extasiado por el simple hecho de estar en su interior, y ella, aunque intentó pensar en cómo incrementar el placer del rubio no fue capaz de hacer mucho, al menos no las primeras veces.
Ya que después de ese día, ambos buscaron intimar a diario. Nunca hubiera imaginado que sería una mujer tan sexual, era un descubrimiento nuevo que sin duda era gracias al rubio.
Después de su primera vez, no pudieron contenerse a estar juntos nuevamente, a veces en lugares inapropiados, empezando por la misma oficina, en el coche y habitación del rubio. Pronto Hinata aceptó que era más cómodo intimar en su habitación, tenían su propia privacidad y además no tenían que salir a cierta hora, podían quedarse abrazados todo el día sin ser molestados, sobre todo en fines de semana que el rubio no tenía que ir al trabajo ni escuela.
Lamentablemente el verano paso rápido y Hinata pronto tuvo que confesar que se había transferido de escuela, Hiashi había mostrado su desaprobación, insistiéndole en que regresará, ella se negó rotundamente, para qué irse si ya estaba inscrita en una Universidad en Konoha que impartía la misma carrera que en Londres cursaba, sus clases de música y pintura las retomaría buscando maestros, no le veía el gran drama al asunto, pero por supuesto Hiashi no entendió su manera de actuar, por lo que sencillamente habían discutido al punto de dejarse de hablar por un tiempo.
Ingenuamente había creído que Naruto se pondría de su lado, que tendría el apoyo que no estaba obteniendo de su padre, pero por supuesto, no fue así…
- No puedo creer que renunciaste – le vio claramente molesto.
- No renuncié, me transferí.
- Hinata, es una completa tontería lo que has hecho. Es una oportunidad valiosa la que tu padre te ha dado.
- Hablas como si Londres fuera lo máximo, y no lo es, además, no era algo que yo realmente deseaba, de alguna manera fui medio obligada, así que este es el resultado cuando obligas a alguien a hacer algo que no quiere.
- No eres más que una chiquilla mimada.
- Oh no puedo creer que me hayas dicho eso – le dijo claramente ofendida, ella nunca se consideró así.
- Lo serás si no cumples con tus obligaciones, así que deberías replantear tus decisiones.
- No – le dijo decidida – lo hice porque quiero estar contigo, ¿no lo entiendes?
A él pareció no agradarle en lo absoluto aquella respuesta, de hecho, había sentido que el ambiente se había puesto tenso.
- Te estoy haciendo daño, yo… yo he llegado demasiado lejos contigo Hina, creo que debí alejarme de ti hace mucho tiempo.
- No puedo creer que me digas eso – sus palabras le habían lastimado, porque odiaba que siempre buscará huir, y antes de que el rubio pudiera decirle algo más doloroso, decidió no darle la oportunidad – ya no quiero hablar contigo, me caes mal – le dijo molesta antes de ignorarle e irse.
Los siguientes días habían sido una montaña rusa, porque cuando ella estaba de buen humor para hablar con el rubio, éste decidía ponerse en el plan de que deberían ser solo amigos, y cuando él parecía querer hablar con ella, seguía enfadada por su anterior comportamiento, por lo que no podía evitar portarse fría e ignorarle. De ese modo todo se había salido de control, ella creía firmemente que Naruto la quería, y quizá vivir nuevamente en Konoha le daba la seguridad de que en cualquier momento podría recurrir a él, quizá bajar todo su orgullo y rogarle que dejará de ser un idiota y que se comprometiera a ser un novio formal, por supuesto, era su último recurso, y no usaría esa carta porque ella también necesitaba que Naruto luchara por ella, que Naruto le demostrara que era importante, y no pensaba dejarle las cosas tan fáciles, o eso creía…
Así debieron transcurrir varios meses, por supuesto su relación con su papá había mejorado, Hiashi finalmente había aceptado su decisión, al final de cuentas siempre terminaba cediendo a sus caprichos…
- Quiero trabajar en tu empresa, creo que me ayudaría a crecer.
- No es necesario – le había dicho su padre después de que cenaran en uno de los lujosos restaurantes a donde solían ir los fines de semana.
- Yo creo que sí, eso me dará experiencia.
- La cual podrás obtener cuando termines tus estudios, ahora mismo me interesa más que disfrutes tu juventud.
Hinata sintió un terrible nudo en la garganta, porque Naruto había trabajado desde que era un niño, quizá su padre jamás le exploto laboralmente, pero siempre había tenido esa carga para salir adelante. Y si bien pedirle trabajar en la empresa no era porque realmente deseara hacerlo, sino para pasar más tiempo con Naruto, finalmente terminó aceptando que le gustaría vivir algo de todo lo que Naruto hacía.
- Esta bien – le había dicho al día siguiente – ahora mismo no te puedo dar ningún puesto, porque no hay vacantes, pero bien podrías ser practicante.
- Perfecto – le dijo decidida.
- Quizá sea buena idea que estés en el departamento de Kiba.
- Que aburrido – le había dicho, aunque realmente no sabía para nada de que iba su área – prefiero estar con Naruto.
Su padre había fruncido la frente – bien, pero no quiero que lo distraigas, sé que son amigos, pero ahora mismo Naruto tiene un puesto alto, y sin él estaríamos en problemas.
Desde ese momento las cosas habían cambiado, ya que pudo darse cuenta que Naruto era realmente importante en la empresa, era el jefe del área administrativa, y era al parecer una eminencia, porque su padre a cualquier junta de trabajo le incluía, y siempre le consultaba sobre decisiones que solo el jefe debería tomar. En realidad, era vergonzoso darse cuenta que su padre dependía tanto de Naruto, entendió porque el rubio estaba especialmente interesado en terminar pronto sus estudios, todo tenía lógica desde el momento que su padre había puesto sobre él tantas obligaciones y que además fuera quien analizará las decisiones a tomar para la empresa, eso más cumplir con su trabajo del área administrativa que ya era bastante.
Ingenuamente había creído que estar cerca de Naruto haría que finalmente se decidiera por ella, en muchas ocasiones Naruto había intentado tener con ella una plática sobre porqué era mejor estar separados, pero ella jamás lo había dejado concluir aquella estúpida charla. Siempre había temido que de permitir que sucediera, terminarían por separarles definitivamente, y eso sería como una pesadilla, porque ella no recordaba desear algo más que a Naruto.
Naruto se había mostrado sorprendido, pero a la vez fue profesional, tendría que reconocer que era muy bueno enseñando y siendo paciente a la hora de explicar cada una de las actividades a realizar. Sin embargo, y como era de esperarse, a los pocos días habían terminado por besarse en uno de los almacenes, y después incluso teniendo sexo en su oficina. Ese día Naruto le había pedido disculpas después de sacarle el miembro de su vagina, y ella se había sentido indignada por sus palabras. Sin embargo, a partir de ese momento comenzaría una rutina donde tenían algún encuentro romántico y él se disculpaba, ella se molestaba y se distanciaba, hablando únicamente de trabajo, nuevamente en algún momento volvían a sucumbir en el deseo que se tenían, y el volvía a hacer lo mismo que ella tanto odiaba, y de ese modo se convirtió en un círculo vicioso.
Cuando les cambiaron de puesto, Naruto a Gerente de la empresa y ella al puesto de administración, por un breve momento creyó que todo cambiaría entre ellos, que quizá eso haría que Naruto ya no quisiera juguetear con ella de esa manera, pero estaba muy equivocada, pues tal parecía que cada vez el deseo iba en aumento.
En muchas ocasiones habían sido terriblemente indiscretos al tener sexo en las oficinas de ambos, porque por mucho que trataran de no hacer ruido, para muchos se volvería evidente cuando les veían salir agitados o sonrojados.
Y ahora estaba tratando de coger un taxi para irse a casa y llorar por un amor no correspondido, bah, al diablo, sabía que era correspondida, sabía que Naruto la amaba, estaba tan segura como de su amor por él. Lo cierto es que él siempre se había mostrado inseguro para amar, inseguro para ofrecerle un futuro a su lado. El sencillamente no quería un compromiso, y ella había sido incapaz de conseguirlo en todo ese tiempo, nada le garantizaba que algún día lo conseguiría y ella estaba cansada de luchar.
Cuando llegó a su casa fue directo a la cocina, dejando su pequeño bolso sobre la barra de la cocina, abrió el refrigerador, necesitaba helado de chocolate para lidiar con esa noche, no quería salir, no quería beber, solo quería llorar en su cuarto por él, su corazón estaba roto y no tenía ánimos de nada.
Sin embargo, ni bien dio dos pasos fuera de la cocina, con el helado en mano y una cuchara grande, se topó de frente a su padre.
- Oh por fin estas en casa – le dijo riendo – al ser viernes creí que estarías en casa de tus amigas.
- Estoy cansada, solo quiero relajarme viendo una película – con el paso de los años había aprendido a fingir sus emociones con su padre, sabía que el siempre terminaba lastimado si ella sufría y por ello no dudo en regalarle una sonrisa falsa.
- Sabes que no te creo ¿verdad? – le dijo su padre sereno, ella se mostró confusa ante sus palabras y luego su padre le señalo uno de los espejos decorativos que había en los pasillos, ella solo tuvo que girar su cabeza para darse cuenta del desastre, el rímel se le había corrido y sus ojos lucían hinchados a causa de las lágrimas derramadas.
Se encogió de hombros y tratando de mostrar indiferencia le dijo su mal – un amor no correspondido, eso es todo – lo dijo como si fuera un tema a superar tan sencillo, cuando sabía perfectamente que una vida no le bastaría para superarlo.
- ¿De quién se trata? – le dijo su padre interesado, al no emitir una respuesta siguió hablando – si no es capaz de valorarte entonces sencillamente es un grandísimo idiota.
- Lo es, es un idiota – y entonces sintió como volvía a llorar mientras con sus manos nuevamente trataba de frenar sus lágrimas.
- Oh mi querida hija – le dijo su padre angustiado – dime quien es el idiota que te ha lastimado, juro que destruiré al desgraciado que se ha atrevido a dañarte.
- Él no es malo padre, simplemente no me quiere como yo a él – tendría que odiarle, pero sabía que eso jamás pasaría, a pesar de todo siempre desearía lo mejor para Naruto, para el amor de su vida.
- No me importa – le escucho – dame su nombre, me aseguraré de que nadie vuelva a lastimarte.
Las palabras de su padre le hicieron reír, esperaba que eso fuera lo que estuviera buscando con su comentario, pero luego se dio cuenta que lo decía bastante enserio, su padre estaba esperando un nombre.
- No puedes hacer algo así padre, soy perfectamente capaz de lidiar con mis problemas amorosos yo sola – su padre la observo con tristeza y ella supo que no le creía, y a decir verdad ella tampoco lo hacía.
- Esta mañana he pensado que Itachi Uchiha es un buen prospecto para ti – le dijo de repente, quizá tratando de hacerle ver que había más hombres en el mundo, pero Hinata sintió nauseas.
- ¿Itachi Uchiha? – le dijo incrédula – ¿en serio?
- ¿Qué tiene de malo?
- Es amable e inteligente por supuesto, pero no deja de ser un Uchiha.
- ¿Y eso qué tienen de malo? – le pregunto curioso
No tenía nada de malo, la única realidad era que ella no podía pensar en otro hombre que no fuera Naruto, pero eso jamás podría decírselo a su padre. Sabía que de saber que Naruto era quien la tenía en ese estado depresivo, seguramente terminarían por tener una discusión que tal vez los alejaría para siempre, Naruto siendo despedido y su padre sumido en una depresión por perder a su hijo postizo, sabía que el rubio era alguien importante para él, pero que sin duda trataría de protegerla a ella primero. Y ella no deseaba que su padre tomará partido en su relación, y mucho menos quería perjudicar a Naruto.
- Itachi Uchiha no es mi tipo – le dijo sincera – y no deseo que me busques novio, es patético que hagas algo así.
- ¿Por qué no es tu tipo?, me parece que no es feo y dirige la empresa de los Uchiha, tiene una buena posición económica.
- ¿Y a mí qué me importa eso?, no es que me caiga mal, pero el carácter emo de los Uchiha no me gusta, su conducta de sentirse superior al resto me harta, su hermano menor es un presumido arrogante y es más desesperante que Itachi siempre le defienda, que horror emparejarse con un Uchiha, así que no vuelvas a sugerirme que me empareje con ellos, ni con alguien más. Yo seré quien decida quien será mi pareja.
Su padre la observo con una clara sonrisa.
- Bien – le dijo – dime de quien se trata pequeña, te aseguro que hasta un marido se puede conseguir haciendo negocios, te lo daré, me aseguraré de que te trate como una princesa, por supuesto antes haré que escarmiente un poco tu dolor, pero al final de cuentas será tuyo, esto te lo aseguro.
Negó ante las tonterías que su padre decía – no quiero que sea obligado, quiero que le nazca estar conmigo, y él no lo desea.
En ese momento sintió los brazos de su padre rodearle, entendió que estaba llorando y temblando, no soportaba pensar en no volver a ver a Naruto en la oficina, sencillamente le dolía mucho el corazón.
Ahora más que nunca sabía que decirle el nombre a su padre haría las cosas más complicadas, quizá su padre se molestaría con el rubio y era lo menos que ella deseaba.
Cuando se soltó de su abrazo, se excusó con su padre y se fue a la seguridad de su cuarto, le aseguro que al día siguiente estaría mejor, su padre algo dudoso mostró su desacuerdo.
Al subir hasta su cuarto se dio cuenta que se había olvidado de su bolso en la cocina, y honestamente no tenía ánimos de ir por él, de cualquier manera no tenía sentido tener su celular a la mano, eso sería motivo para buscarlo, para ver fotografías del rubio, ¿a quién engañaba?, quería precisamente eso, ver sus fotos y llorar mientras comía helado, a ella le sonaba una buena idea, sin embargo ya no fue capaz de levantarse de su cama, se había quedado ahí pensando en el rubio, y en lo mucho que le hubiese gustado ser correspondida.
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Gracias por sus comentarios, me han hecho sentir muy bien :), gracias por sus consejos y por explicarme cómo funciona un poco más fanfiction, me ha servido de mucho, gracias a todos
Y espero que disfruten este capítulo.
Pd. La historia eran 3 capítulos, que ya se convirtieron en 4, le cambie poquito a la historia y ahora estoy reescribiendo todo porque ese poquito ya no le daba sentido a lo que tenía escrito xD
Ya saben que sus comentarios me animan mucho y que acepto también críticas constructivas :)
