EL CHICO DE AL LADO CAPÍTULO 8


Sus pasos resonaban por el corredor del tercer piso de la preparatoria Kaizen, los murmullos se apoderaban de los salones y su risa se escuchaba en cada rincón. Ryoga se encontraba disfrutando de un pan de porotos rojos, traspicándose por lo que pasaba por delante de sus ojos, la rosa negra había regresado.

Corrió tan rápido como pudo hasta llegar a su salón. De un lado a otro buscaba la mirada azulgrisácea de su amigo de trenza, pero no estaba por ningún sitio. Hasta que lo encontró en la cancha jugando un partido de fútbol junto a Hiroshi y Daisuke. Las jóvenes de la preparatoria hacían como siempre todo un alboroto al verlo jugar. Sin pensarlo y tampoco sin importarle interrumpió de un salto el juego.

-Qué te ocurre desquiciado! – regañó Ranma a Ryoga dándole un pequeño golpe en la cabeza. El de colmillos por otra parte tomo de los hombros a su amigo llamándole la atención.

-Ella…ella está acá Ranma!

-De quién ha….? Oh no…- El pelinegro se arrodilló y tomo su cabeza con ambas manos- no puede ser, ¡tengo que huir!- Ranma intentó salir corriendo de la cancha de fútbol, sin embargo una fuerte risa lo detuvo, como si un choque eléctrico recorriera su cuerpo. Su rostro palideció.

-Si…es kodachi…- respondió Ryoga con total decepción.

-RANMA SAMAAAA! JOOOJOJOJO – la risa de la rosa negra intimidaba a todos, sobretodo a las jóvenes que trataban de acercarse a su príncipe. Con ahínco, la joven de larga cola y de hermoso rostro apretó al galán ojiazul contra su cuerpo, hasta quitarle el aliento.

-Koda…kodachiii…no puedo respirar…- indicaba Ranma quien se veía atrapado entre los senos de la muchacha.

-Mi querido Ranma...cómo fuiste capaz de dejarme sola en los Estados Unidos! No sabes cuánto te extrañé!

Kuno Kodachi era parte de una de las familias más poderosas de la preparatoria. Su padre, reconocido diplomático y desquiciado miembro fundador de la escuela, contaba con varios negocios fuera del país y era un aliado estratégico importante para el imperio Saotome. Eso era lo que decía su padre, por ello Ranma debía tratar a la princesa Kuno con delicadeza, sobretodo por el mal carácter que tenía Kodachi. Si alguno de sus caprichos no le era concedido era capaz de hacer lo que fuera necesario para conseguirlo.

-Ja Ja Ja, de verdad, tuve que volver de urgencia…porque….- Ranma miraba con ojos de desesperación a su amigo Ryoga para que le ayudara.

-Porque…? Kodachi apretaba cada vez con más fuerza del brazo del joven en busca de respuestas.

-PORQUE MI MADRE SE ENFERMÓ! – gritó en desesperación el joven de bandana.

-¿Qué tiene que ver tu madre? ACASO LA MADRE DE RYOGA ES MÁS IMPORTANTE QUE YO QUERIDO RANMA SAMAAAA?

A lo lejos y con la mirada perdida aún por las palabras dichas por el joven azabache y recordando aquel beso fugaz que se dieron, Akane Tendo trataba de concentrarse en las palabras de Shinnosuke Sensei. "No me rendiré" Aquella valentía sorprendía a su corazón, como un rayo inquieto y fugaz ¿Y si se atrevía ella también? ¿Y si daba el salto sin importar el riesgo que todo ello implicaba? La peliazul dio un largo suspiro que llamó la atención del profesor.

-Al parecer hoy sí que estás distraída, señorita Tendo.

-Ah? …Qué?...- Frente a ella el amable profesor le sonreía tiernamente y posó una de sus manos encima de la cabeza de la profesora.

-No dormiste bien?- preguntó Shinnosuke.

-No! No! Para nada! Es que…

Tratando de hilar alguna frase coherente, Akane escuchó a lo lejos una fuerte discusión que venía desde la cancha de fútbol y una de esas voces podría distinguirla en cualquier situación. Como si sus pies no le pertenecieran, la peliazul aceleró el paso para ver qué estaba ocurriendo y lo vió. Ranma estaba completamente atrapado por los brazos de una delgada y agraciada joven de cabellos negros, quien no tenía intensión de soltarlo y él, a sus ojos, no tenía intención de separarse de ella.

Sin pensarlo dos veces, bajo sus pies encontró un balón de fútbol y lo golpeó con todas sus fuerzas dándole de cara al trenzudo. Shinnosuke por otra parte, se encontraba sorprendido ante la situación y se extrañó al ver el comportamiento de la nueva profesora.

Con la pelota marcada en el rostro, Ranma se repuso y dio cuenta que frente a ellos se encontraba la peliazul envuelta por una energía oscura y peligrosa.

-¡Quién eres tú para cometer tal falta con mi Ranma! –Kodachi de un salto se acercó hasta llegar de frente a la profesora Tendo. -¡Respóndeme en este segundo!

-Deberían respetar a su escuela y no dar este numerito de novios, no sabían que está prohibido todo tipo de actitudes que no forman parte de los código éticos de la Preparatoria Kaizen? Además ir de falda tan corta y tan maquillada no es propio de una jovencita decente! – sin tomar conciencia, Akane se encontraba gritándole a Kodachi en su cara, sin darse cuenta de los gestos que hacía Shinnosuke sensei con las manos para que callara.

-Que alguien me diga su nombre por favor! Desde este momento esta vieja se va de mi instituto!- gritó Kodachi con rabia, sin embargo no recibió respuesta.

-No se quién eres tampoco, pero de lo que estoy clara es de tu falta de disciplina y que debes aprender a hablarle bien a tus mayores. Mucho dinero podrás tener, pero no tienes educación. Por ello es mejor que te concentres en tus estudios y dejes de andar con noviecitos!

-Akane sensei…silencio – trataba de interrumpir Shinnosuke la discusión.

-Así que tu nombre es Akane? Más encima de ser una subordinada, tienes el nombre que más odio en este mundo! Vieja bruja!- la princesa de la preparatoria Kaizen no podía creer que una mujer cualquiera le gritara con ese tono de voz y velozmente levantó la mano para darle una cachetada en su rostro.

El sonido de la palma de la joven contra el rostro de la peliazul resonó por cada rincón de la escuela. Y a lo lejos, Ranma no podía creer la escena que estaba frente a sus ojos. Su Akane, estaba en el piso de rodillas, siendo insultada por una joven caprichosa y egoísta.

-Haces que mi mano se ensucié al golpearte- kodachi tomó de su chaqueta un pañuelo y comenzó a limpiarse- verás que esto no quedará así, desde hoy no vuelves a pisar este lugar! – gritó con altanería mientras le arrojaba el pañuelo al rostro de la profesora. Sin embargo la mirada fiera de peliazul se posó en ella, haciendo de alguna manera que Kodachi se sintiera pequeña y débil- COMO TE ATREVES A MIRARME A LOS OJOS!

Con la fuerza de un río corrontozo, Ranma Saotome se encontraba entre ella y Akane Tendo, recibiendo de lleno el golpe de la joven. Una vez más, su ángel había llegado para rescatarla. Ya había perdido la cuenta de las veces en que aquel joven de mirada azulgrisácea se había arriesgado por ella.

-Ranma…querido…- Kodachi no podía creer que había golpeado con toda su furia el rostro de su amado -¡Mira lo que me hiciste hacer bruja!

-KODACHI BASTA!- la voz grave y fuerte del azabache dejó en shock a la rosa negra. Girándose y dándole la espalda, de rodillas Ranma le ofreció su mano a Akane para levantarla.

-Estás bien? – preguntó gentilmente, sin importarle ser el centro de atención de toda la preparatoria. La mirada castaña de Akane no podía creer lo que ocurría. Finalmente nerviosa, se levantó sin tomar la mano del azabache y limpió sus rodillas.

- No se preocupe por mí joven Saotome – la respuesta de Akane dejó perplejo al trenzudo, quién sintió extrañeza por el comportamiento tras lo que ya había ocurrido entre ambos.

En ello Shinnosuke Sensei, tomó de los hombros a la Profesora y dio una reverencia a Kodachi. –Perdónenos señorita Kuno, no volverá a ocurrir. Pido que disculpe a la señorita Tendo, es nueva acá y aún tiene muchas cosas que aprender. Pido que le de una segunda oportunidad.

Ranma observó molesto la escena, nunca entendería aquella facilidad que tienen los adultos por menospreciarse así mismos para satisfacer los deseos de los demás. Es por eso le gustaba Akane, le atraía su fuerza y valentía. Kodachi por otra parte, solo giró molesta sin dirigir palabra y se retiró del lugar.

Entre la multitud que aún observaba lo que había ocurrido, un hombre de gafas, sonrisa amable y de buen traje se acercó hacia ambos profesores, sin antes darle un toque gentil a Saotome en su hombro – Creo que debe ir a mi despacho, señorita Tendo- indicó el Director Tofu.


Ranma se encontraba en clases sin poder concentrarse por lo ocurrido, mientras su amiga de la infancia Ukyo lo observaba preocupada, más aún después de verlo besar a una mujer en medio de la calle sin saber quién era. Debía preguntarle, calmada y manteniendo su rol de amiga confidente. Era la manera más certera de estar con él.

Tras escuchar el sonido de la campana para retirarse de clases, Ukyo esperó fuera de la sala para poder encontrarse con su amigo de la infancia.

-Hey Ranma – la joven castaña le dio un suave toque en la espalda mientras su corazón se aceleraba.

-Oh…Ukyo – Dijo el azabache sin entusiasmo alguno.

-¿Podemos hablar? Me gustaría saber de ti…desde que regresaste de Estados Unidos no hemos tenido la oportunidad de conversar bien y bueno, estoy un poco preocupada…ya sabes que…

Las palabras de Ukyo se alejaban de la atención del azabache al ver que Akane pasaba por atrás del pasillo, con hombros bajos y dando un largo suspiro de resignación. Quería saber qué había ocurrido y más que todo estar junto a ella.

-Es necesario ahora? – preguntaba sin interés Ranma, mientras seguía a Tendo con la mirada.

-Es…que…acaso no tienes tiempo?- preguntó Ukyo decepcionada.

-Bueno, yo…- Ranma no podía concentrarse en lo que decía, hasta que de un momento a otro Akane ya no estaba, la había perdido de vista.

-Ranma te estoy hablando, qué te ocurre? A quién estás buscan…- Ukyo trató de girar, pero fue retenida por el joven trenzudo.

-De verdad no puedo hablar ahora, de verdad lo siento!- El joven azabache salió corriendo por el pasillo alejándose de la castaña, quien apretaba fuertemente ambos puños para contener la rabia.

-No deberías quedarte parada sin hacer nada. Pareces una tonta Ukyo. Tu viste lo mismo que yo ayer, pero aún no lo quieres creer. Perdiste el juego- atrás de ella pasaba Mousse con su bolso en la espalda. Al escuchar sus palabras, Ukyo apretó los dientes.

-Qué sabes tú Mousse…

-Se que nunca serás lo suficientemente atrevida como para decirle tus sentimientos a Saotome. No se a qué le tienes miedo.

-Nunca me entenderías- afirmó la castaña esquivando la mirada azul de su compañero.

-No es mejor ser sincero con tus sentimientos a ser un cobarde y nunca decirlo.? Anda tras él, no lo sueltes. Es lo único que te puedo aconsejar. Pero si no te interesa lo suficiente como para hacerlo, mejor deberías buscar a alguien que realmente te aprecie- mencionó Mousse alzando la mirada a un joven de colmillos que reía fuertemente en el pasillo a la entrada del salón. Ante sus palabras, Ukyo giró en media vuelta y se alejó rápidamente de él.


Con un pequeño pañuelo y sentada en los escalones que llevan al cobertizo de la preparatoria, Akane se reprendía así misma por su comportamiento infantil. No podía controlarse, cuando se trataba de él, ni su cuerpo ni sus pensamientos le pertenecían.

-Maldición…-dijo la muchacha mientras arrojaba con fuerza al pañuelo al suelo, daba un suspiro y se levantaba a recogerlo nuevamente – tengo que controlar mis celos…

-Así que eso era…celos- el joven azabache apareció tras ella, apoyado en la baranda de la escalera con una sonrisa segura. Los ojos castaños de Akane se posaron en él, aumentando el calor en su piel llegando hasta sus mejillas.

-Ranma! Qué haces acá…- dijo mientras trataba de bajar rápidamente las escaleras, escapando de vergüenza.

-Hey! Ya deja de escapar de mi…- mencionó el azabache tomándola gentilmente de las muñecas – por qué?...por qué siempre tratas de alejarte de mi?- con ahínco la atrajo hacia sí.

-No trato de alejarme…es solo que, estoy trabajando. Ya tuve suficientes problemas hoy por mis...

-Celos?

-Ya basta…no me molestes!- mencionó la peliazul inflando sus cachetes del rostro, mostrándose enojada. Sin embargo, la sonrisa perfecta y triunfadora del muchacho le alegraba tanto que era imposible volver a molestarse – solo se que…hoy el Director Tofú me indicó que dejaré de hacer clases de titular y solo daré apoyo a los equipos de deportes…

-Qué? Pero eso es injusto! Hablaré con él.

-Olvídalo! No quiero mezclar más las cosas, debo aprender a controlarme…- suspiró Akane.

-Te dije que era difícil ser tan atractivo…los problemas me persiguen – dijo el azabache sonriendo.

-Tu no me ayudas. Ahora que no estaremos viéndonos tanto en clases, creo que será más fácil. No quiero dejar de trabajar, tengo muchos gastos. Debo ayudar a mi padre y seguir pagando el departamento…- Akane se sentó nuevamente en los escalones, observando directamente a la nada, sumergiéndose en sus problemas.

Ranma se sentó a su lado, fijando su mirada en cada movimiento de la joven. Le parecía perfecta, estaba hipnotizado por los finos rasgos de su rostro y como se mordía de vez en cuando su labio inferior, logrando que la temperatura corporal del joven aumentara.

-Yo te puedo ayudar en lo que sea Akane, solo debes pedírmelo.

-No, esto es una prueba que debo superar yo sola. Debo demostrar que realmente soy una adulta y debo enfrentar mis miedos y responsabilidades- Ranma sonrío al escucharla tan segura y optimista. Sin embargo, nuevamente su atención se posó en aquellos labios que eran mordidos.

-Ya…basta, deja de hacer eso.

-¿Qué cosa?

-Eso, lo que haces con tu boca.

-No te entiendo- La peliazul comenzó a revisar nuevamente sus rodillas y por tercera vez mordió su labio inferior, desatando las intensiones contenidas en el cuerpo del joven.

El azabache giró con rapidez el cuerpo de Akane y lo atrajo hacia sí tomándola de la muñeca. La mujer lo miraba anonadada, como si la controlara como una marioneta.

-Pedí que lo dejaras de hacer, ahora no puedo detenerme- Voraz y enloquecido Ranma asaltó los labios de Akane. Con pasión llevó su mano izquierdo a los muslos de la mujer, mientras apretaba con fuerza de la muñeca. – No sabes cuánto te deseo, no sabes lo que has hecho conmigo…

Entre respiros, la joven Tendo trataba de detener el comportamiento del muchacho, sin embargo cada segundo que pasaba se perdía entre su calor. Lo deseaba, más que nada. Quería tenerlo para ella, disfrutar de su piel y de sus caricias. Apagar sus pensamientos y entregarse a él.

El joven la levantó de la escalera para luego aprisionarla contra la pared, dándole un giro para frotar su cuerpo contra el de ella. Suave, sin llegar a asustarla. Sabía que cualquier movimiento brusco podría sacarla del trance en el que la había capturado. Sosteniéndola por detrás, Ranma le daba besos en el cuello a Akane mientras ella curvaba su espalda para poder compenetrarse más con el cuerpo del muchacho. Sus pensamientos estaban nublados por el deseo, las manos del joven comenzaron a subir por las piernas de la peliazul, las acariciaba como si se perdiera en sus caderas, sin embargo la racionalidad llegó de golpe. Saotome comenzó a bajar la intensidad, no quería pasar a la tercera etapa con ella de este modo. Akane era especial, no era otra muchacha más en su lista de conquista. La giró, para verla de frente y acariciar su rostro enrojecido.

-Eres perfecta Akane…- comenzó a darle cortos besos en sus labios para finalizar con una sonrisa mientras trataba de controlar su respiración.

-Que bobo…- dijo la peliazul avergonzada – me haces sentir como una niña en estas cosas…

- Solo eres y serás mía – sonrío encantadoramente Saotome – Hoy te veo en tu departamento?

-Pero..

-Ese pero es un sí para mí – rápidamente el azabache bajo saltando las escaleras de felicidad, dejando a Akane perdida en sus pensamientos y con una inmensa felicidad en su corazón.

Ranma bajó rápidamente hasta llegar al pasillo principal. Parecía un loco saltando mientras movía sus brazos como si hubiera anotado el mejor gol de su vida. Sin embargo, Ukyo, quien lo había salido a buscar tras las palabras de Mouse, se le quedó mirando fijo aún más inquieta por su comportamiento ¿Quién sería la razón de su alegría? Dio vuelta en el pasillo y la vio. Ahí estaba la razón de su sonrisa encantadora. Tendo Sensei veía a lo lejos al joven azabache con la misma sonrisa boba en el rostro, mientras arreglaba sus cabello antes de volver a la sala de profesores.

Akane pasó por el lado de la muchacha dándole una pequeña reverencia, mientras Ukyo Kounjo no apartaba la vista de ella, desafiándola. Debía estar loca. Eso no puede ser, Ranma Saotome, su Ranma nunca se fijaría en una mujer tan simple como ella. Hoy se sacaría las dudas, hoy sabría cuál era la verdadera razón tras esas miradas. Con rabia, apretó los puños y se dirigió hacia la salida.


Ya comenzaba a caer el atardecer, las cigarras rechinaban con fuerza dando señales que el otoño se acercaba. Akane amarró su corto cabello en media cola y dio una reverencia al salón de profesores. Había sido día largo y difícil, el más pesado desde su inicio de clases. La peliazul se dirigió hacia la salida del instituto, su corazón impaciente por verlo lograba hacer que su paso se acelerara y sonriera como una adolescente.

De pronto y como si de una suave brisa de verano se tratase, su hombro chocó con el cuerpo de alguien. Dando una pequeña reverencia a modo de disculpa sin detenerse Akane no levantó la vista. Sin embargo una voz conocida la aturdió.

-Akane…eres ¿tú? – frente a sus ojos un joven alto, de traje fino azul, pelo castaño corto y fuerte mirada estaba delante de ella. Su corazón tembló, el nerviosismo le ganó y quedó callada. Hasta que sintió dos fuertes brazos que la rodeaban.

-Tatewaki…

-Es el destino, no puede ser otra cosa. No sabes cuánto tiempo te he extrañado- pronunció el hombre sin soltarla y tampoco sin recibir respuesta de la muchacha. Se apartó de ella y tomo de sus manos, fijándose que en su dedo anular aún mantenía aquel objeto que los había unido – veo que aún lo mantienes contigo…

Rápidamente Akane tapó sus manos. No quería seguir conversando. Deseaba huir lo más rápido de allí. Los tonos rojos del atardecer se posaban en el rostro de él y finalmente lo vió. Ya no era el jovencito delgado que había conocido fanático del kendo. Ahora era un hombre de negocios, alto y muy bien parecido.

-Te ves bien- mencionó la peliazul con tranquilidad.

-Tengo tantas cosas que decir, que me gustaría que me dejarás explicar todo…¿te invito a un café?

Akane revisó su reloj de muñeca, sabía que Ranma la estaba esperando, pero no encontraba excusa que decirle a quien fue su exnovio. Debía cerrar este capítulo como correspondía si iniciaría una nueva relación, era lo correcto y era el momento perfecto.

-Esta bien, pero no tengo mucho tiempo…

-No te preocupes, solo quiero estar contigo, Akane…

Ambos se dirigieron al coche del hombre, un Porche Carrera modelo S blanco. Como el caballero que era, Tatewaki Kuno abrió las puertas a Akane, para dirigirse al volante y llevarla a lo que sería para él una nueva oportunidad.

Desde lo lejos y sonriendo ladina, Ukyo pudo respirar tranquila. Las sospechas infundadas ante la profesora Tendo no eran más que solo parte de su paranoia. A sus ojos la señorita Akane tenía novio y no podía ser más que el hermano mayor que la rosa negra. Debía aprovechar esta situación.

-Esto será entretenido…- dijo en voz baja y triunfante la castaña. Abrió su teléfono celular y mando una foto veloz al grupo del colegio.


Ranma se encontraba debajo de los departamentos que los habían unido. "Pensar que todo comenzó acá…" sonrío y dio un gran suspiro hasta agacharse y tirar unas pequeñas piedras al suelo.

-Te demoras más de lo esperado chica de campo, de seguro ya te perdiste otra vez…eres tan boba.

En ello el sonido de mensaje de su celular se activó. Emocionado pensando que era de parte de ella, lo abrió para ver solo una fotografía. En ella se encontraba la peliazul abrazada a un hombre, que él no conocía.

"Al parece nuestra profesora tiene un novio muy guapo" decía el título de la foto enviada al grupo social de toda la preparatoria.

-Pero…qué es esto…- Ranma dejó caer su celular al piso. Se levantó rápidamente y fue en busca de respuestas. Tomando el casco de su motocicleta, se monto en ella y desapareció del lugar. No podía creerlo, hace momentos Akane estaba siendo besada por él, nada en su cuerpo le transmitía que ella fuera de ese tipo de personas. Ella no era así, ella no podía ser así…ser como su madre. Debía encontrarla.


En otra parte de la ciudad, la rosa negra disfrutaba de alimentar a sus animales exóticos y de su lujosa vida. Vestía un vestido de seda rojo con encajes mientras daba vueltas por la inmensa habitación. En ello las altas puertas se abrieron para dejar entrar a su fiel sirviente.

-Disculpe molestarla señorita Kuno, pero su celular ha sonado.

-Déjalo, en seguida lo veo- la joven se dejó caer en el suave sillón y abrió su celular tras comer un poco de champagne. Sin embargo lo que vio logró que escupiera todo. ¡QUE HACE MI HERMANO CON ESA! ¡ESA VIEJA HORRIBLE NO PUEDE SER….no puede ser ella…!- fuera de sí la joven comenzó a tirar las cosas de la habitación mientras gritaba desconsolada e incontrolable.

De inmediato y a kilómetros de allí, un escalofrío corrió por el cuerpo de la joven Tendo, quien mantenía fija su mirada por la ventana, esperando ansiosa que los minutos pasaran y dar cierre al capítulo más oscuro de su vida.

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