Capítulo 9 Chico de al lado.
Abril, hace 7 años en Nerima.
Aún recuerdo las flores del ciruelo a la entrada del colegio cayendo y anunciando el término de primavera. En esa época de preparatoria siempre destaqué por ser una alumna ordenada y con muchos amigos a mi alrededor, hasta que lo conocí a él.
¿Cómo inició nuestra historia? De la misma manera que inician todas las historias de amor, por un accidente. Su llegada fue un tropezón tan estruendoso que se llevó todo lo que tenía hasta mi inocencia.
-Akane ya es hora de salir, llegaremos tarde a clases ¡No puedo esperarte más!- escuchaba decir a mi hermana Nabiki quien me esperaba como todas las mañanas para salir corriendo hacia el instituto.
-Sí, ya voy – apurada tomé mis apuntes, mi diario de vida y salí bajando las escaleras.
Con mi familia vivíamos en un pueblo alejado de las grandes ciudades, mis padres querían tener un pasar tranquilo, sin mayores contratiempos, aunque siempre sentí que nos escapábamos de alguien. Soun Tendo era un padre cariñoso, enamorado de las artes marciales y de mi madre…a quien no llegué a conocer. Falleció cuando yo era muy pequeña, sin embargo mi hermana mayor Kasumi, siempre me habló de sus recuerdos, de lo amorosa que era y del parecido que tenía con ella.
Gracias a sus historias siempre creía que el amor era un cuento de magia, que de pronto conoces a aquella persona que está destinada para estar contigo y enfrentar cualquier acontecimiento por más triste y difícil que fuera. Creía en el verdadero amor porque la sonrisa de mi padre al recordar a mamá aún era pura y verdadera ¿cómo no podría yo tener una historia de amor tan hermosa como aquella?
Antes de atravesar el pórtico del dojo, ambas nos acercamos a la fotografía de madre y le deseamos un buen día. Recordar aquella rutina me llena de alegría. Ver a Kasumi despidiéndose de nosotras mientras mi padre bebe una taza de té verde sentado en el salón principal de la casa. No necesitaba nada más para ser feliz, al menos eso creía.
Nabiki me había dejado bastante atrás. Recuerdo que ese día tenía muchos trabajos que presentar y en mis manos ya no tenía espacio para nada. Ajustando mi bolso mientras corría no di cuenta que venía un automóvil. No andaba muy veloz, pero lo suficiente para golpearme y hacerme caer al piso.
-Estás bien? – Un joven mayor, se baja de la parte trasera del automóvil preocupado al verme tirada en el suelo.
-Que dolor…- menciono sosteniendo mi cabeza.
-Sasuke te pedí que tuvieras cuidado! Mira nada más lo que hiciste…pobre chiquilla- en ello logro verlo de reojo. Era un joven alto, delgado, de pelo castaño corto y ojos graciosos. De pronto y frente mío, puedo sentir que me toma entre sus brazos para llevarme dentro del auto.
-Hey! Qué estás haciendo! – grito con un poco de miedo. Nadie se había acercado tanto a mi de esa manera.
-No te preocupes, te compensaremos por esto. Vamos al hospital.
-No es necesario! Debo llegar a mi escuela ahora, es mejor que me sueltes.
Poco a poco el hombre me baja de sus brazos, mientras yo termino de arreglarme el vestido.
-¿De verdad estás bien? ¿Te podemos acercar a tu escuela? Déjame compensarte.
No sé por qué pero trataba de evitar su mirada, no se si por desconfianza o porque pensaba que leería muy fácil mis sentimientos. Pero creo que esa fue la primera vez que sentí algo distinto dentro de mí, quería dejar complacerme y estaba desesperada por conocer lo qué era gustar de alguien. Recogiendo mi largo cabello hacia un costado y dejando mi bolso de instituto a un lado, lo mire de reojo y solo asentí con la cabeza.
En el trayecto me contó que estudiaba en la universidad y que para ganar puntos dentro de la carrera comenzaría a hacer clases de Kendo en una escuela en Nerima. Entre cada frase que decía, su risa nerviosa me ponía un poco incomoda, más aún cuando me hablaba a una distancia no apropiada, diría mi padre. Pero disfrutaba de sus historias, de su experiencia y de su forma de expresarse. Tras estar perdida en mis pensamientos, finalmente llegamos a la preparatoria Furinkan.
Como todo un caballero, bajó rápidamente de su automóvil y abrió las puertas para que saliera, ofreciendo su mano con seguridad.
-Mi nombre es Tatewaki Kuno si necesitas cualquier cosa o tienes dolor, por favor no dudes en llamarme, te compensaré como desees.
-Si…gracias…
Tras tomar su tarjeta, rápidamente corrí unos pasos hasta entrar a la escuela, me giré y le di una reverencia en agradecimiento, para luego continuar con mi camino hasta la sala de clases.
-Señor, no bajará también?- preguntó Sasuke, el chofer y fiel ciervo de la familia Kuno – Es acá…la dirección que me entregó.
-Solo espera un poco – entre las manos de Tatewaki se encontraba el bolso de estudios de Akane y un pequeño diario celeste con flores secas de portada.
Actualidad, Tokyo.
Entrelazando mis manos trato que no note lo nerviosa que estoy. He perdido la noción del tiempo, pero estaba segura que, desde lo más profundo de mi corazón, no deseaba toparme con él. Fuimos a una cafetería a unas cuadras de la escuela, era pequeña con detalles cálidos, plantas y murales de madera, con frases de amor y…
-Te cortaste el cabello… – preguntó con una sonrisa segura Tatewaki.
-Yo…
-Se te ve muy bien ¿Quieres algo para beber?
Antes de responder, Kuno ya había pedido dos limonadas frías de fresa. Al parecer aún recordaba mis gustos, aunque hace años que no bebía una, era otra de las cosas que había dejado en el pasado.
-Akane, quiero que sepas que yo nunca quise desaparecer, siempre te estuve buscando y tenía miedo…
Escuchar la palabra "desaparecer" me llevó a imágenes en mi mente que tenía borradas: su habitación oscura, sus manos recorriendo por mi cuerpo como depredador y mi llanto ahogado.
-No quiero hablar de eso Tatewaki, ya no es parte de mi presente. Reinicié mi vida, salí de la tuya y avancé.
-¿Quieres decir que no soy parte de tu presente? ¿Entonces por qué sigues llevando el anillo con mi nombre que te regalé? – Kuno posa sus manos firmes sobre las mías. Creía que aquel poder que tenía sobre mí había desaparecido, pero lentamente me siento caer en sus redes. No pude responder su pregunta y solo desvié la mirada. ¿Por qué lo guardé todo este tiempo? ¿Para no olvidarme de él? ¿Acaso era tan ilusa como para seguir creyendo que él me amaba? No…él nunca lo hizo.
Nerima, 7 años atrás.
Cada palabra que decía me encantaba. Sabía tanto de mí sin siquiera conocernos, nos gustaban las mismas cosas, podíamos hablar en la misma sintonía a pesar de nuestra diferencia de edad. Si bien nuestra relación siempre fue un secreto, él tenía razón. Nadie podía saber sobre lo nuestro, podrían separarnos y no se si podría sobrevivir a ello.
Como cada tarde lo esperaba a la salida del entrenamiento de Kendo, primero eran conversaciones sin sentido y luego ocurrió. Nuestro primer beso.
Aún recuerdo el salón oscuro de entrenamiento, sus manos empoderadas disfrutando de mi espalda y nuestra cercanía. Ese momento deseaba que fuera eterno.
-Akane, mi akane…se que el tiempo ha sido rápido y fugaz, pero nunca quiero perderte…por eso…
Kuno tomó mis manos y dejó caer una pequeña caja de color burdeo, ilusionada y a la vez locamente enamorada le quedé mirando anonadada.
-Esto es…
-Es una anillo mi querida Akane, solo para ti. Para que recuerdes que eres mía, por siempre.
Amable como un príncipe tomó mi dedo y me entregó un hermoso anillo de oro blanco con sus iniciales "T.K". Lo abracé con fuerza, como si el mundo se estuviera acabando. Él era mágico, perfecto y me amaba. Luego nos despedimos a la salida del Instituto, distantes para que nadie sospechara.
Tras ello, nuestros encuentros eran cada vez más apasionados y costaba quedarme callada ante las preguntas de los demás. Sabía que nadie nos podía ver, que él podría ser expulsado de sus clases. A veces trataba de acompañarlo o viajábamos en su auto hasta unas cuadras antes de llegar al dojo. Siempre repetía que no quería que nadie lo supiera y yo, como tonta, confiaba plenamente en sus palabras.
Sin embargo todo cambió cuando escuchó comentarios de parte de sus alumnos de Kendo, de la relación de alguien mayor con una alumna en el Instituto. Esa tarde, su fiel sirviente Sasuke fue a buscarme a mi casa. Kuno estaba buscándome y sin pensarlo fui tras él. Me sentí tan culpable. No quería que dejara de impartir clases de Kendo ni menos de verlo. Sin embargo de mis labios nunca salió ninguna palabra y a veces pensaba que en realidad es normal que una chica desee contar la alegría que hay dentro de su corazón sobretodo a sus amigas cercanas, ¿cierto? Pero ya había decidido nunca más poner en peligro nuestra relación.
Llegué a un pequeño edificio a las afueras de la ciudad. Sasuke me pidió amablemente que subiera, me entregó unas llaves y el número del departamento. Sentí mi corazón agitado, pero finalmente las tomé con seguridad y salí corriendo del auto.
Al llegar, abrí la puerta, dejé mis zapatos a un costado y con desconfianza entré. El lugar parecía deshabitado, algunos artículos personales en una mesa baja y finalmente noté algo extraño que me parecía familia. Mi diario, aquel que había perdido cuando lo conocí estaba frente mío. No podía entender qué estaba ocurriendo pero el escalofrío que corrió por mi espalda me estaba advirtiendo de lo que vendría. En ello escucho la puerta principal cerrarse de golpe y lo veo. Kuno estaba frente mío con una mirada fría, que nunca antes había visto en él.
-Que…qué significa esto – le enseñé mi diario a Kuno, quien solo esquivó la mirada y dio una sonrisa lasciva.
-Oh…¿un cuaderno o no?
Se estaba burlando de mí, podía verlo en sus gestos y en su caminar. Había caído en su trampa como una tonta.
-No te acerques más! Por qué tienes este cuaderno en tus manos ¿ah?.
-Pero mi querida Akane, nunca te había visto tan furiosa.
-No me digas querida.
-Puedo decirte algunas cosas de ese diario, por ejemplo que siempre estuviste buscando a un sujeto…¿cómo yo? ¿no es así?- En ello y como rayo, Tatewaki me agarró por la cintura fuertemente. Estaba tan dolida y molesta que no pude reaccionar –Siempre esperaste esto ¿no, Akane? A un hombre que te conquistara y te diera su amor.
Su labios arremeten contra los míos con fuerza, trato de separarme de él pero no puedo. El tenía razón, siempre quise que alguien me quisiera, como un cuento de hadas…pero finalmente solo fui una tonta que había caído en su juego. Mis labios comenzaron a doler y logré golpearlo en el pecho con mi diario con fuerza para que se alejara de mí. Tenía rabia, tanta que de mis ojos solo se asomaban lágrimas.
-Eres un monstruo asqueroso. Te aprovechaste de mí, te burlaste de mis sentimientos y me traicionaste!
-¿traicionar? Tú fuiste a contarles a tus amiguitas sobre lo nuestro ¿es que acaso no puedes cumplir una promesa? Y yo que confié en ti.
-Yo realmente…no quería…- sus palabras continuaban manipulándome, sabía en mi interior que no era correcto lo que hacíamos. Ocultarlo de mi familia, de mis amigas y solo verlo a escondidas, pero sentía que era mi culpa. Todo lo que estaba ocurriendo era mi culpa.
-Pero no llores más, podría perdonarte mi querida Akane, de verdad…
Lentamente Kuno vuelve a acercarse a mi, pero esta vez calmado, tierno y haciéndome caer nuevamente a sus brazos. Lo sentí cercano, me abrazó y yo dejé que lo hiciera. Comenzó a besar mi cuello y un cosquilleo recorrió mi vientre, sabía que es lo que deseaba y que debía detenerlo cuanto antes.
-Kuno…por favor, no es el momento.
-Ah no…Akane, eso siempre lo he decidido yo. Todo este tiempo, yo fui quién decidió que te enamoraras de un sujeto como yo.
Siento su cuerpo pesado aprisionarme contra la pared. No quería esto, realmente no lo quería, pero cada vez que trataba de separarlo de mí con más fuerza me agarraba.
-Me haces daño Kuno, déjame…
-Solo entrégate Akane, lo deseas tanto como yo.
No, no era lo que quería. Siento como me toma del cuello y huele mi cabello. Me siento asqueada, él no era así. La persona con quién conversaba y me reía, no era este monstruo. Al saber que con mi fuerza no le ganaría, por más que lo intentara, lo mejor fue cambiar de estrategia.
-Solo…dame un vaso de agua, solo eso.
Enojado y dando un fuerte suspiro, se separó de mí y se dirigió hacia la cocina que estaba a un costado del pasillo principal que daba a la puerta. Era mi momento de huir, debía salir de ahí. Los segundos se me hicieron eternos y observaba cada paso que daba. Finalmente me dio la espalda por completo y mi cuerpo reaccionó, corrí con toda la velocidad hacia la puerta pero no logré salir. De un segundo a otro él estaba tras mío impidiendo que la abriera.
-¿Ya te vas tan pronto? ¿No que tenía sed?
No pude responder, solo golpeaba la puerta para poder abrirla, pero no hubo caso. Solo sentí como tomaba de mis hombros y me abrazó con fuerza.
-DÉJAME! KUNO! SUÉLTAME POR FAVOR!
-Por qué me tratas como una bestia Akane ¿no me amabas? Pues demuéstramelo ahora.
Me tiró con fuerza encima de una cama, traté de moverme pero su cuerpo ya estaba sobre el mío, todo su peso me aprisionaba, quitándome el aliento.
-Vamos…me has hecho esperar por este momento, tanto…y no sabes cuánto te amo…
Al escuchar las palabras de amor me tranquilizaron, de una manera idiota y como si me adormecieran. Primera vez que lo escuchaba decir "te amo", aquella frase que tanto esperé. Pero mi sueño se quebró. Tras ello solo sentía como me despojaba de mis ropas, me daba vuelta sobre la cama con violencia y se posaba encima mío. Una de sus manos selló mi boca mientras la otra me tocaba de manera desgarradora. Solo sentía rabia, rabia conmigo por no tener la suficiente fortaleza para detenerlo, por haber sido una tonta…por creer en sus palabras.
Cada vez que arremetía contra mí, mi cuerpo no lograba sentir nada, mi alma ya no estaba en mi cuerpo, era solo vació. Para escaparme, solo fijaba mi mirada en aquel brillante anillo que llevaba en mi mano, aquel anillo que se transformó en el objeto que me recordaría cuál fue el más grande error de mi vida.
Actualidad, Tokyo.
Con fuerza aparté sus manos de las mías y fijé mi mirada con furia. Ya no era la dulce y tonta Akane que conoció y él, mejor que nadie, me había demostrado que la vida no es un cuento de hadas y que el amor sincero no existe.
-Es para recordar que siguen existiendo sujetos crueles como tú. De verdad Tatewaki no quiero seguir conversando de esto. No necesito de tus explicaciones…
-No me digas cruel…tu sabes que siempre fuiste la única en mi corazón, lo que ocurrió ese día…solo fue una tontera, una locura y tuve que viajar de emergencia por los negocios de mi padre. Debes entenderme Akane, realmente nunca pude olvidarme de tus caricias, de tu amor…de ti…en estos siete años, solo fuiste tu mi querida Akane
No podía seguir escuchándolo y en seguida golpee la mesa con ambas manos y me levanté.
-Mis caricias!? Estás loco Tatewaki! Era una niña!
-Hey…baja la voz…- Kuno observaba para ambos lados para ver si alguien logró escuchar mis palabras – me…me iré al lavatorio, no te vayas.
Al verlo partir, vuelvo a sentarme. No sé que esperaba al venir con él a un lugar como este ¿escuchar sus disculpas por lo que me había hecho?, tomé mi cabeza con ambas manos para poder controlar mi rabia y las lágrimas. Aún me dolía, era imposible negarlo. En ello siento que alguien me observa.
-Desea algo más señorita?
Alzo mi mirada y ahí estaban. Sus ojos azulgrisáceos observándome fijamente. Ranma estaba frente mío.
-Pero...qué haces tú acá…? Pregunto desconcertada.
-Creías que te esperaría toda la noche? Con quién estás? Estás…¿llorando?
-Me seguiste hasta acá? Eres un demente- respondo mientras me limpio el rostro.
-Hey, hey. Espera…
Ranma se paró al lado mío, giró hacia mi y apegó mi rostro a su cuerpo. No pude controlarme ante tal gesto, tomé de su ropa y solté el llanto que trataba de ahogar. Siento la mirada fija de las personas del lugar, pero gracias a él, nadie puede reconocerme. En silencio trataba de reconfortarme, un joven de 18 años me consolaba y se hacía cargo de mis preocupaciones como nadie antes lo había hecho. Era demasiado dulce, no lo merecía.
-Uff no te imaginas lo ordinario de este lugar Aka…pero ¿quién es este sujeto?- Kuno regresó a nuestra mesa, hablando despreocupado, sin pensar lo que ocurriría después.
Ranma se separa de mí y veo como lo bota al suelo de un puñetazo en el rostro. Ahí estaba el hombre de mis pesadillas siendo golpeado por el ángel que más de una vez me había rescatado.
-A la mujeres no se les hace llorar ¡imbécil!- grita el azabache con furia.
-¡Que hiciste Ranma!
Sin pensarlo demasiado y antes que fuera peor, tomé de las manos de mi héroe y salimos corriendo de la cafetería. Nos alejamos unas cuantas cuadras hasta llegar a una plaza cercana. Era de noche y las luminarias alumbraban el lugar. Ambos respirábamos agitados por falta de aire, sin embargo una carcajada salió de mi interior.
-De qué te ríes ah?! Recién estabas llorando como una loca y ahora estás riéndote como una desquiciada.
-Es que…hahaha
-Ya para…me harás reír también…
Ambos nos encontrábamos riendo como locos en medio del lugar. Me sentía aliviada, la gran carga emocional que arrastraba todos estos años se estaba soltando y la dejaba ir. Me aparté unos metros de Ranma y saqué el anillo de mi dedo.
-Oye ¿qué haces ahora? No digas que lo vas a tirar!- dijo Ranma asustado tratando de adelantar el paso.
Y así fue, con fuerza lo arrojé lo más lejos que pude. Con ello cerraba y sacaba a Kuno Tatewaki de mi vida y, sinceramente no pudo tener mejor final. Me volteé a ver al azabache y le sonreí, una sonrisa sincera como nunca antes la había sonreído a nadie.
-Gracias Ranma, no tienes idea lo que has hecho hoy por mi.
-Pues…podría entenderlo si me lo explicaras…¿no crees?- dijo el azabache sonrojado.
-Está bien, te lo contaré- respondí segura.
Seguimos caminando por el parque a paso tranquilo, mientras las palabras salían de mi boca veía como las manos de Ranma se tensaban, tratando de silenciar sus pensamientos. Sentía rabia tanta o más que yo misma. Finalmente, solté todo y di un gran suspiro, dejándome caer en una de las bancas del lugar.
-Eso…fue…
-Debería haberlo matado a golpes.
-Hey!
-Es verdad, ese Kuno es un imbécil, no hay duda que los Tatewakis son unos locos psiquiátricos.
-¿Los conoces?
-Por supuesto que sí, es el hermano mayor de Kodachi, de la chica con la que te peleaste hoy en la escuela por celos.
-¿QUÉ? ..ahora todo empeora…y no fueron por celos, engreído.
-Bueno, ya no tienes por qué preocuparte chica de campo, de seguro no se olvidará de ese golpe.
-Ahora te toca. Cuéntame cómo lograste encontrarme.
-Mmm, bueno. Ukyo me contó. De hecho te vio salir con ese sujeto de la preparatoria, les sacó una foto y le dijo a todo el colegio que era tu novio. Qué idiota.
-Ahora si que todo empeora!
-Tranquila…no pasará nada. Pero…cuando te vi con ese tipo, no sé…debo admitir que me molesté contigo. No debería haber pensado mal de ti.
Nos quedamos unos minutos en silencio, disfrutando de la sinceridad del momento. No hay duda que tras la capa de chico seguro y galán, existe otro Ranma, uno tierno y preocupado por los demás.
-Y qué dijo Ukyo…¿no te preguntó nada?
-Para nada, todo fue tranquilo.
Tokyo, afuera de la mansión Kuonji.
La bocina de la motocicleta de Ranma no dejaba de sonar, alarmando a los guardias del lugar, mientras gritaba el nombre de su amiga como un desquiciado.
-UKYO SALE! SALE AHORA! UKYOOOOOOOO- Ranma se acercó a la reja de la mansión.
-Por favor, jovencito, debe retirarse, no son horas para ver a la señorita Kuonji- mencionó Konatsu, guardaespaldas y líder de los guardias que protegían el lugar.
-No te metas Konatsu – respondió Ranma malhumorado. En ello aparece la joven castaña alarmada por los gritos de su mejor amigo, bajando rápidamente las escaleras y abriendo la puerta principal.
-Pero qué ocurre Ranma? Lo siento no te escuchaba, estábamos en una reunión con papá y….
-No me interesa. Dime dónde los vistes?
-No sé de qué hablas Ranma…-mencionó nerviosa la joven, sin querer entender las palabras del pelinegro.
-No estoy para juegos Ukyo. La foto que le tomaste a Akane, digo a Tendo Sensei con Tatewaki, viste hacia dónde se dirigían?
-No se…por qué quieres saber algo asi, Ranma si me explicas puedo ayudar…
-Te estoy haciendo una pregunta y quiero tu respuesta.
-Los vi solo subirse a un auto de lujo…y nada más
-Te conozco, de seguro los seguiste, dime hacia dónde fueron maldita sea.
-Está bien! Esta bien! Fueron al Doujin Café, que está cercano al colegio ¿feliz?- respondió malhumorada la muchacha y decepcionada por las preguntas de Ranma.
-No, no estoy feliz. Pásame tu teléfono celular.
-Qué!? Estás loco!- Rápidamente el azabache tomó el aparato móvil de Ukyo, abrió la aplicación del colegio, borró las fotografías y tiró el celular al piso.
-Para que no te vuelvas a meter en la vida de los demás- Finalmente el azabache tomó su motocicleta y se alejó del lugar.
-No te creo nada – dijo Akane con una sonrisa torcida.
-Hey, es verdad! – respondió el azabache sin verla a los ojos, acercándose a la máquina expendedora de bebidas.
-Hoy fue un día importante para mi Ranma. Di cuenta que cuando uno es joven nunca imagina las vueltas que puede dar la vida.
-A qué te refieres? – Ranma le entrega la bebida caliente a la peliazul.
-Yo no quiero ser un Tatewaki Kuno en tu vida, Ranma.
-Qué estás diciendo Akane, eso no ocurrirá.
-No lo sabes. No quiero que tengas problemas por mí. Este tiempo me he dado cuenta que realmente eres una persona muy amable, algo engreído, pero muy sincero y…no quiero que cambies por culpa mía ni de nadie. El daño que hizo Kuno en mi logró que yo cambiara, ya no sonreía como antes y dejé de confiar en las personas. Por eso…
-Ah no, no me vengas que vas a decirme que "nos alejemos otra vez" porque no estoy dispuesto a que eso suceda. Tengo claro mis sentimientos, desde un principio.
-No estoy diciendo que no exista un sentimiento por ti…sino que quizás, no es el momento adecuado como para que estemos juntos. ¿me entiendes? Cuando estoy contigo pierdo noción del tiempo, me siento una chiquilla tonta, débil y…
-Caes ante mis encantos fácilmente…
-Sí…pero ya no soy una adolecente Ranma. Soy un adulto y tengo que comportarme como tal. No se si estaré siendo egoísta…
-Lo estas siendo.
-Pero si ser un adulto, significa ser egoísta y quizás alejarme de lo que más quiero en este momento, creo…que es algo que debo hacer ¿o no?
Poso mi mirada en la de Ranma y una mínima distancia nos separa. No tiene idea de las ganas que tengo de besarlo, de retractarme por las palabras que he dicho y realmente que nada me importe. Pero no puedo hacerle algo como esto, a él no. Veo como aparta sus ojos de mi y fija su vista al frente, mientras da sorbos a su bebida, sin decir nada.
-No vas a hablar?
-No se que quieres que diga.
-Que la decisión que tomo es la correcta, por ejemplo.
-Bah! No se para qué quieres mi opinión, si se nota que ya lo decidiste.
-Realmente eres un niño- Sus palabras me molestan y comienzo a perder la paciencia.
-Bueno, sí lo soy. Pero prefiero ser un niño que es sincero consigo mismo a ser un adulto y vivir engañado y engañando al resto. Creí que eras diferente, pero me equivoqué.
-Ah? Qué quieres decir?
-Me equivoqué contigo. Me gustabas porque realmente sentía que eras libre, no le temías a nada ni a nadie, ¡ni siquiera a la misma Rosa Negra de la preparatoria! Y ahora veo que quieres ser como el resto de zombies que existen ¿Para qué? ¿Para que yo sea feliz? ¿Quién eres tú para decidir por la felicidad del otro?
-Creo que esta conversación llega hasta acá.
-Si querías escuchar de mi boca "sí Akane, que madura tu decisión, te felicito" pues creÉme que es todo lo contrario a lo que pienso.
-En realidad tienes razón, no sé por qué le pido la opinión a un niño.
-Por eso querías que viniera acá? Para decirnos…adiós?
-Hay cosas que no entenderás ahora Ranma, pero es parte de crecer.
-No me vengas con discursos baratos. Y dime qué harás ¿te andarás escondiendo de mí en la preparatoria? ¿cómo podrás esconder el hecho que te guste tanto Akane?
-Bueno, no lo he pensado…
-Solo te puedo decir que no seas tan dura contigo, ni con alguien que te gusta.
-Yo, lo sé…solo quiero que sepas que…
Lamentablemente no pude terminar de decir mis palabras ante el sonido del celular que salía de la chaqueta de Ranma insistentemente. Finalmente, el azulgrisáceo se levantó y contestó la llamada.
-Dime.
-Es tu padre, está más que enojado Ranma ¿en qué te metiste esta vez?
-Puedes ser más claro?
-Quiere que vengas y le expliques por qué golpeaste al hijo mayor de la familia Tatewaki ¡¿estás loco!?
Veo como Ranma cuelga el teléfono malhumorado y se agita el cabello.
-Maldición…
-¿Pasó algo?
-Nada, tengo que irme. Lo siento no podré irte a dejar a casa.
-No…no te preocupes…¿de verdad está todo bien?
-Sí.
Nos acompañamos caminando en silencio hasta la salida del parque, Ranma no dijo palabra alguna después de esa llamada y yo, tampoco tenía que decir.
-Bueno, nos vemos- El azabache se giró sin dar vuelta a verme.
-Bueno, yo…sabes que da igual. Adiós. Te agradezco por todo y estudia mucho!- le dije con ánimos gritándole a la distancia. En ello veo que se da vuelta, camina seguro hacia mi y se para de frente
-Hay una cosa mas que quiero que nunca olvides.
Rápidamente sus labios se topan con los míos, una vez más no pude hacer nada por detenerle.
-Esta conversación no ha terminado, espérame.
Tras sus últimas palabras lo veo correr hasta que se pierde de vista. Dejándome el corazón acelerado y abriendo un ventana que creía poder cerrar.
Me disculpo por la espera y agradezco mucho sus comentarios, hoy tuve un rato libre para poder escribir un nuevo capítulo ¡Muchas gracias por el apoyo!
