Disclaimer: Twilight no me pertenece.
2da pareja: Mmm... dejaré que lo descubran muajajaja.
2
—Entiendo, ajá —dijo con el teléfono celular pegado a su oreja— Por supuesto, señor Cullen. Le llamaremos en cuanto tengamos los accesorios nuevos, por el momento esto es todo —colgó para visualizar a la bella chica que entraba por la puerta la que pronto sería su esposa.
—¿Estás ocupado?
—Si —sonrió—, pero para ti tengo todo el tiempo del mundo.
—Que amoroso —rió.
—Hablaba con tu padre.
—Lo oí —asintió— ¿que quería?
—Quiere los resultados para checarlos pronto —suspiró y le indicó a la menuda chica que se sentara en su regazo, ella obedeció al instante regalandole una dulce sonrisa y un beso en su nariz— amo cuando haces eso ¿te lo dije?
—Muchas veces, ahora ¿cuándo los quiere papá?
Se sobó las sienes, estaba un poco cansado por el ajetreado día de trabajo y por estar dando indicaciones a cada una de las chicas que modelaban en su Compañía, más unos cuantos contratos que había tenido que redactar antes.
—En lo posible, mañana.
—Está bien —dijo cruzándose de brazos, con decisión— si eso es lo que desea, Carlisle los tendrá.
Su marido la miró confundido.
—Sabes que es imposible que estén para mañana.
—Si, lo están.
—¿Eh?
La muchacha sacó un par de papeles de su bolso y se los entregó.
—Son los resultados de la ecografía. El doctor Maxwell me los entregó desde hace al menos una semana —le informó, mientras su novio fruncía el ceño.
—¿Y porqué no me dijiste nada? Alice, tu padre ha estado muy nervioso por estos benditos papeles.
—Carlisle puede esperar.
—Aún así no debiste creo que debiste decírselo. Sabes que te ama y que quiere estar al pendiente de este embarazo.
—Ay, ya —dijo rodando los ojos.
—Eres un monstruíto problemático —dijo besandole con cariño la mejilla— ¿cuándo llega tu hermano de su viaje?
—¿Cuál? —dijo inocentemente— ¿El aburrido o Victor Stone?
—¡Si qué eres ocurrente! —sonrió divertido—. Victor.
—Llegó ayer por la tarde.
—¡Ah! ¿y porqué aún no vino a saludar? —Alice se encogió de hombros ante la pregunta.
—De seguro ya aparecerá.
—¡Hola, hola! —dijo una voz muy seductora y suave que los hizo voltear a ambos con una sonrisa.
La hermana de Jasper, Rosalie Hale, estaba de visita en ese hotel donde se realizaría un desfile privado de una serie firmas. Jasper sonrió complacido al ver lo hermosa que estaba con aquel vestido dorado. El cuál combinaba tan bien con el cabello rubio natural de ella.
—Rose, hola.
—¡Cuñada!
—¿Cómo están? —dijo acercándose a ellos con una de sus preciosas sonrisa de dientes blancos y cuidados— supongo que bastante bien. Jasper, deberías controlar tus hormonas en el trabajo.
—No sé a que te refieres —dijo aferrando más a Alice hacia su cuerpo— estamos haciendo cosas de prometidos.
—Y de cachondos.
—Nah —dijo sonriendo.
—Como sea —dijo dándose una vuelta delante de ellos con una hermosa sonrisa— ¿cómo estoy para modelar?
—Estupenda —reconoció Alice— Jazz, ¿seguro que tu hermana no es adoptada?
—Que graciosa.
—Seguro —dijo la rubia cruzándose de piernas en el sillón que estaba enfrente de ellos—, pero tenemos el mismo lunar horrible tras la oreja. Inevitablemente, somos hermanos.
—También me da gusto verte, Rose —gruñó Jasper, Rosalie solo soltó una pequeña risita.
—Ay, ya. Si apenas vivimos en una ciudad diferente. Pueden ir a visitarme cuando no esté de viaje en el ext...
La puerta de la oficina del rubio se abrió estrepitosamente, dejando ver al hermano mayor de Alice. La susodicha saltó de los brazos de su prometido para correr a abrazar con cariño a su hermano.
—¡Emmett, si viniste!
—Claro qué si, monstruo. ¿Que creías? —observó levantarse a su cuñado quién ya lo miraba con una pequeña sonrisa— ¡Jazz!
—¡Hermano! —dijo abriéndole los brazos para aceptar su abrazo—, pensamos que no ibas a venir —Emmett sonrió.
—¿Y perderme la buena vista que hay en esos desfiles? ¿estás loco? —soltó una carcajada, y sonrió al verlo, pero de pronto, su sonrisa se borró, al ver a aquella hermosa chica que estaba sentada en el sofá frente a ellos— oh, perdón por no presentarme —dijo caminando hacia Rosalie, quién estaba mirándolo con una dulce sonrisa— Emmett Cullen.
—Un placer, Emmett. Rosalie Hale —dijo aceptando su mano a modo de saludo.
Emmett frunció el ceño.
—¿Hale? —miró a su cuñado, quién tenía una pícara sonrisa de lado.
—Emmett, Rosalie es mi hermana gemela.
—¡Oh, vaya, me lo perdí!
—Si, por desgracia —susurró Rosalie, pero su hermano la oyó y su cara denotaba enojo— bueno, creo que será mejor que vaya con las modelos —dijo levantándose de su lugar, Emmett sintió como su delicioso aroma lo envolvía y seducía a partes iguales, era exquisitamente tentador como ella— los veo luego —saludó a todos con una cabeceada— adiós —dijo tímidamente al joven Cullen, quién le sonrió de igual manera.
—Que tengas suerte, Rose —ella asintió y salió del lugar dando pisadas fuertes y seguras. Era una mujer impresionante, además de bellísima. Y Emmett no pudo dejar de contemplar sus curvas con deseo.
Tenía un cuerpo de infarto.
—Ok —dijo Jasper sacándolo de su ensimismamiento— cariño, porque no me acompañas a dirigir a las chicas.
—Por supuesto, cariño —dijo pasando por al lado de Emmett con una sonrisa divertida—, contrólate, tigre —le susurró muy despacito al oído— Rose tiene novio.
Las esperanzas del joven se partieron al oír aquello, pero tampoco era algo que debería de sorprenderle. Con semejante espécimen, era más que obvio que Rosalie no podía estar sin una pareja.
—Es una pena —dijo apesadumbrado.
—¿Qué cosa?
—Que esté ocupada —suspiró, alejándose de ellos con la mirada un tanto apagada por lo descubierto— los veo en las gradas, chicos —dijo saliendo del lugar.
Jasper y Alice se miraron a los ojos sintiendo un poco de pena por él.
o.o.o
El desfile estaba marchando perfectamente. Jasper se sentía orgulloso, y Alice encantada de ver que su aún novio estaba feliz. Había trabajado mucho para que todo saliera perfecto, y sin contratiempos.
Cada muchacha que desfilaba sonreía mostrando la nueva colección. Las prendas de esa temporada serían un éxito, y Jasper como director general y manager, tendría que subir a decir unas cuantas palabras. Pero aún quedaban varias chicas por desfilar, Alice soltó una carcajada al ver como Emmett miraba embobado a cada una de las chicas. Parecía un niño Disneyworld, sin terminar de decidirse por una sola atracción.
Alice lo miró con ternura al pensar en como pasaban los años para ella y sus hermanos, los cuales cada quién había seguido su propio camino. Edward, su hermano mayor, estaba en Hardvard estudiando medicina. Y Emmett se había licenciado en Biología, aunque aún no había ejercido. Su verdadera pasión eran los deportes. Sin embargo, eso no lo hacia menos responsable, porque había asegurado que pronto aceptaría la propuesta de su tío Blane de trabajar en su empresa agrícola.
Los tres habían crecido demasiado rápido para su gusto.
De pronto, dejó de ver a su hermano. Las chicas se veían realmente bien. Irina y Tanya eran de las mejores, pero eso cambió cuando Rosalie entró en escena.
La rubia caminaba con tal elegancia que producía envidia, sus movimientos y giros eran sumamente gráciles y casi que sobrenaturales. Rosalie era muy hermosa. Ese vestido rojo le quedaba pintado a su bello y estético cuerpo. Sin duda el rojo era su color. Además del dorado.
¿Que no le quedaba bien?
Tenía piernas hermosas, una sonrisa hermosa y su piel era suave y pálida. Su cabello largo con ondas en las puntas bailaban al son de sus movimientos espectaculares. Miraba a la multitud con una mano en la cintura, desafiando a las cámaras. Tal poderío era digno de una reina. Al igual que lo había sido su suegra en el tiempo modelaba.
El vestido que había estado usando, y que la hacía ver como una enorme joya de oro, había desaparecido para enfundarse en aquel que la asemejaba a un ángel disfrazándose de demonio. No había palabras para describir su belleza.
—¿Emmett? —dijo cuando lo vio sin querer hipnotizado con la rubia.
Para el joven, ninguna voz a su alrededor existía. Emmett solo miraba a la chica sonreír y tirar besos al público. Alice vio en su hermano algo que no había visto antes: sus ojos estaban brillantes.
Se acercó más a él y pudo corroborar que sus ojos estaban más brillantes que los diamantes mismos. Y solo por aquella hermosa rubia. Alice jamás había visto que los ojos marrones de Emmett brillaran por una chica, sus ojos estaban pegados en ella. La miraba cuando estaba alejándose y moviendo su generoso trasero. Los ojos brillantes como nunca, la sonrisa de lado y el pequeño sonrojo en sus mejillas le alertaron.
¿Acaso su hermano se había enamorado?
Era gracioso llamarlo tigre en la oficina. Sin embargo, nunca pensó que la evidente atracción hacia su cuñada pasara de ahí. ¿Como no había podido predecirlo? Era cierto que ella no era alguien que pasara precisamente desaperciba, pero no tenía idea de la profundidad con la que había hechizado a su hermano. Y aunque era por mucho, la chica más bella con la que Emmett pudo toparse, no pensó que le duraría.
Abrió la boca, pensando como aceptar su descubrimiento. Emmett era un mujeriego. Y Jasper le partiría la cara si llegaba hacerle daño a su hermana. Jamás, en la vida había emparejado a su hermano con nadie, simplemente porque él no quería hacerlo.
Emmett quería disfrutar del buen sexo y lo que la diversidad de mujeres le ofrecieran. Jamás había tenido intenciones serias, y no sabía que tan lejos quería llegar con su cuñada. Trago en seco.
Esto no pinta bien.
Después de muchas otras modelos, Rosalie volvió a entrar en escena, y los vítores junto con los aplausos eran mucho más notorios. Sobre todo al verla enfundada en otro precioso y angelical vestido, que esta vez era de color crema con uno que otro detalle en busto con hilillos dorados. Se veía realmente bien, y parecía sacada de algún cuento de ninfas o una musa etérea. Esta vez su cabello iba recogido en un chongo sencillo abajo de su nuca, donde muchos risos se le escapaban. Ya no llevaba labios color color carmín, sino un suave gloss translúcido. Sonrió, ese estilo le quedaba muy, muy bien a la bella muchacha.
Caminó con mucha más elegancia hacia los presentes, sonrió de una manera bastante más dulce antes y guiñó una que otra vez el ojo encendiendo al público. Finalmente, Rosalie caminó regresando hacia el interior de la pasarela, tomando su largo vestido color crema con las manos. Miró de reojo a Emmett, quién ya no tenía expresión que dedicarle a la joven. La había vitoreado y aplaudido como un desquiciado, además de haber babeado —casi literalmente.
Cuando miró a su prometido, pudo ver lo orgulloso que estaba de ella. Sinceramente, los dos hombres a sus costados babeaban.
Cuando el desfile concluyó, Jasper se subió al escenario a decir una que otra palabra de agradecimiento, y en eso todas las modelos comenzaron a arremolinarse al lado de él. Saludaban al público animadas, y entre ellas estaba Rosalie. Justo al lado de su hermano, con una radiante sonrisa y un vestido corto color negro muy sexy. Ya podía imaginarse la expresión de su hermano sin siquiera verlo. Como tampoco era difícil adivinar que las demás chicas habían dejado de existir, y había posado absolutamente toda su atención en Rosalie.
Jasper abrazó a Rosalie por la cintura y la nombró a ella diciéndole que aunque no había podido desfilar su amor incondicional había estado con ella durante todo el desfile. Alice se sintió profundamente conmovida, y con un movimiento rápido —hasta donde su pequeña le permitió— se subió al escenario, abrazó a su prometido y lo besó suavemente. Todo el mundo estaba haciendo un enorme AWW cuando ella notó sin querer, que Rosalie miraba a alguien en la primera fila, siguió su mirada azulada para identificar el objeto de su interés.
Mientras Jasper continuaba hablando, Rosalie y Emmett se dedicaban miradas más que dicientes.
o.o.o
—¡Fue increíble! —chilló emocionada— los vítores y los aplausos del público son algo mágico. Realmente te levantan el autoestima.
—Uh, espero que no lo suficiente, hermanita.
—Cállate, Jazz ¿Alice? —llamó a la joven que caminaba distraída al lado de su novio por el pasillo que conducía a la salida del hotel— ¿estás bien?
—Claro que sí. ¿Porque lo dices?
—Estás muy callada —dijo sintiendo un pequeño sonrojo en su piel pálida.
—Oh, es que muero de hambre —mintió— ya sabes, dos bocas.
—Así es —dijo Jasper— por eso vamos a ir a cenar a tu lugar favorito: Burguer City.
—¿Burguer City? —dijo emocionada.
—Eso dije.
—¡Te amo, Jazz!
—¡Yo también! —dijo su hermana abrazándolo con cariño.
—¡Ya, hermosas mujeres! Por favor —besó a su novia en el rostro antes de hacer lo mismo con su hermana— ¿donde está Emmett?
Alice se tensó por un momento, pero sonrió para disimularlo.
—Am, quizá está hablando con alguna de las modelos. Tú sabes como babea cuando las mira desfilar —Alice observó con mucha culpa como el rostro de Rosalie se había ensombrecido por sus palabras. Y se sintió realmente mal por ello. Jasper retomó la conversación sin imaginarse lo que pasaba por la cabeza de cada una.
—Ya me lo imagino, siempre es así —dijo riendo, y haciendo que Rosalie se sintiera realmente mal. No entendía porque saber eso del hermano de su cuñada le afectaba en lo más profundo de su ser.
—¿Me disculpan? creo que regresaré a mi hotel. Ustedes diviértanse comiendo hamburguesas —dijo retrocediendo para regresar, pero Jasper que ya tenía el ceño fruncido la detuvo.
—¡Oye Rose! —la tomó del brazo— ¿porque te vas?
—No me siento muy bien, Jazz.
—¿Estás enferma? —preguntó preocupado.
Rosalie sonrió y negó.
—No, descuida. Creo que son los nervios —fingió un sonoro bostezo— nos programaremos para quedar un día de estos e ir a cenar ¿les parece?
—Si, está bien.
—Rose —intervino Alice—, ¿segura que estás bien? podemos acompañarte hasta tu suite y cenamos contigo.
—No, no cariño. En serio, no es necesario —intentó sonreír para no preocuparle—, mi hermano, tú y mi sobrino o sobrina vayan a cenar. Yo iré a casa a descansar un poco, ha sido un día de nervios y de ajetreos.
Con esa simple excusa pudo escabullirse del caudal de preguntas a las que la estaban sometiendo. Realmente no tenía ánimos ni de cenar, solo de ir a su habitación y tomarse una larga y reconfortante ducha.
o.o.o
Los días pasaron lentos, entre trabajo y más modelaje. Había participado en más de un desfile. Los espectadores se quedaban maravillados con Rosalie cada vez más. Y si bien ella modelaba desde hace algunos años, su estilo fresco y juvenil no pasaba de moda, cosa que la hacía mantenerse siempre en la cima. Además de su singular belleza, claro.
Estaba empacando sus cosas en su camerino, cuando oyó dos golpes en la puerta. Se miró al espejo y se acercó a abrir con una sonrisa.
—¡Jazz, ya sé qué ere...
Se quedó muda al ver que el hombre que estaba afuera no era Jasper, su hermano. Sino Emmett Cullen.
—Emmett.
—Rose, ¿cómo estás?
—B-bien —sacudió la cabeza— ¿quieres pasar?
El joven Cullen sonrió.
—Claro —se hizo a un lado para que este pasara, pero inmediatamente cerró lo puerta lo miró con una ceja enarcada intentando explicarle algo—. Lindo camerino. Eres alguien importante ¿eh?
—Emmett —le llamó para que dejara de admirar la habitación, y lo logró— lo siento, pero no puedes estar aquí. Si alguien te ve...
—Descuida —dijo quitándose importancia—, solo vine a traerte esto —le extendió una rosa roja que había comprado, la cual estaba envuelta en papel celofán y con un bonito listón rojo.
Rosalie lo miró sorprendida.
—La vi y me recordó a ti —dijo colocándosela en la mano—...ya que no tienes intención de tomarla...
—Disculpa —dijo apenada, y sonrió— gracias, es muy hermosa.
—No tanto como tú —Rosalie dejó de admirar la preciosa flor y clavó sus ojos en él, sorprendida por su franqueza— oh, pues...muchas gracias, Emmett.
Emmett, que en ningún momento dejó de mirarla mientras observaba alegre su regalo, comenzó a acercarse. Rosalie se puso nerviosa al tenerlo así de cerca, así que agachó su mirada con el fin de que él no percibiera su sonrojo.
—Que linda eres cuando te sonrojas.
—Emmett.
Emmett le levantó el rostro colocando una mano en su barbilla, y sonrió de lado.
—¿Mm?
Poco a poco fue acercándose, la chica apretujó la rosa entre sus dedos, intentado liberar su presión. Pero Emmett era demasiado irresistible, y cada centímetro que acortaba era un centímetro más cerca del llegar al paraíso. El chico pareció leer su pensamiento porque la tomó pasandole un brazo por su pequeñísima cintura y la atrajo hasta pegarla completamente a él. Sus pechos se aplastaron suavemente en la tela de su camisa azul marino.
La cual por cierto le quedaba hermosa.
—¿Rosalie Hale? —dijo con voz sexy su nombre, demasiado sensual para no hacerle erizar el vello del cuerpo— está nerviosa ¿no? —Rosalie negó— no sabe mentir.
—Yo, eh.
Se mordió el labio inferior con rapidez, cosa que a Emmett se le antojó erótico. La apresó todavía más contra su cuerpo, y bajó sus labios hasta el oído izquierdo de la muchacha, cosa que a ella le encantó porque sentía muy dulce y tibia su respiración, y su aliento.
—¿De donde saliste? —quiso saber sinceramente.
—¿Eh?
—Eres como alguien mágico. Alguien que salió de un cuento de hadas y reside entre mortales —Rosalie no pudo evitar sonreír antes sus palabras, a pesar de que estaba sumamente nerviosa por su cercanía.
—¿A cuántas muchachas les ha dicho eso?
—A ninguna —aseguró— solo le diría algo así a un ángel, como tú.
—¡Ay ya! No soy ningún ángel.
Emmett ignoró sus palabras y volvió a acercarse a ella mirando su boca, y luego volvió a mirarla a sus preciosos ojos azules, y sonreír.
—Y me encantaría que se siente besar uno —no pudo decir nada más, porque el joven volcó sus labios sobre los suyos. Rosalie se quedó estática ante su actitud, pero no pasó mucho hasta que empezó a corresponderle de igual manera. Sus labios le sabían a gloria, y él era muy dulce y tierno. Se notaba que quería saborearla, sentir su gusto.Y estaba logrando ambos objetivos.
Pasó las manos por alrededor de su nuca, embelesada. Emmett era muy dulce al besar, y muy apasionado. Le encantaba el contacto, ambos acariciaban los labios del otro con los propios, y de pronto las lenguas empezaron a intercambiarse suavemente. El objetivo era probar y degustar hasta el más pequeño rincón de la boca del otro.
El juego se estaba poniendo cada vez más y más subido de tono cuando Emmett comenzó acariciar la pierna suave y pálida de la muchacha, subiendo y bajando, sintiendo la suavidad que lo volvía loco, y ella gemía entre el beso, sintiéndose muy a gusto con el contacto. Emmett la sentó en un de las mesas que Rosalie tenía ahí personales para tomar el té o lo que gustara. Comenzó a subirle el vestido azul largo que llevaba con mucha sensualidad, la chica rompió el beso solo para gemir su nombre, luego de eso continuaron besándose como locos.
Las caricias no faltaron, y Emmett sentía que en cualquier momento perdería la cabeza por ella. Dios, santo, como le encantaba. Era la mujer más sexy y atractiva con la que se había topado. Y la más fogosa al besar. ¿Cómo sería si la tuviera gimiendo entre sus brazos?
El mero pensamiento le robó el aliento, obligandolo a separar sus bocas para tomar algo de aire. Rosalie lo observó mientras intentaba tomar aire, y se sintió tan femenina y deseada. Nunca se había sentido así con otro hombre. Ni siquiera con el imbécil de su novio.
Sin duda, Emmett Cullen tenía algo que le atraía más allá de la atracción física. Porque estaba demás decir que era sumamente guapo. Ese cuerpo escultural y bien trabajado le hacia excitar enormemente. ¿Cómo sería Emmett en la cama? ¿dulce o ardiente? Pero sobre todo, su amabilidad al tocarla era lo que la embriagaba.
Negó intentando quitarse esos pensamientos, y se bajó de la mesa en la que previamente la había puesto.
—¿Qué haces? —dijo al ver que se había bajado de la mesa— aún no terminamos.
—Yo creo que sí —dijo esquivando su mirada café, buscando con la suya la rosa que había dejado tirada por ahí— Emmett, por favor vete. Esto no es correcto.
—¿Porqué? —quiso saber acercándose a ella, pero Rosalie retrocedió varios pasos hacia atrás, negó con su cabeza.
—Porque tengo novio, Emmett. Y no creo que esto sea lo más apropiado para alguien que se casará en seis meses —le informó sorprendiendo al joven.
—¿Eh? ¿vas a casarte?
—Eso dije ¿no?
—¿Porqué?
—¿Porqué qué?
—¿Porqué te casas sino estás enamorada de él?
Rosalie abrió la boca, sintiéndose profundamente descubierta. Emmett sonrió de lado con triunfo.
—Dudo mucho de que alguna vez hayas besado a tu novio como lo has hecho conmigo.
—¡Tú no sabes nada!
—Claro que si —le dijo con calma— sé bien que nuestro beso te encantó, y que quieres repetirlo las veces que puedas, pero como eres demasiado correcta prefieres aguantarte con tal de cumplir tu compromiso ¿me equivoco?
—¡Cállate y vete, Emmett! —dijo en un gruñido bajo— no conoces nada sobre mi, y mucho menos de Royce. No pretendas que lo haces.
—Solo digo que es absurdo que intentes negarlo. Te gusto Rose, tanto como tú a mí. Y vaya que me gustas, nena. No he podido sacarte de mi cabeza desde que te vi desfilando la primera vez —Rosalie abrió los ojos al oírle decir aquello— oh si, si tu hermano no hubiera estado presente en el evento, juro que me hubiera levantado de mi lugar y te hubiera secuestrado.
—¡Ya! no digas tonterías. Tú te quedaste con un montón de modelos hermosas cuando el desfile acabo. Y apuesto que cuando estuviste follando con alguna de ellas ni siquiera te acordaste de mi ¿o me lo vas a negar?
—Por supuesto que no fue así —dijo tornado su voz más seria y letal—, cuando el desfile acabó, me colé a tu camerino.
—¡¿Eh?! —preguntó estupefacta— ¿porqué?
—Quería «saludarte», Rose —sonrió— Pero nunca llegaste al camerino. Después me enteré que habías subido a tu suite. Debo decir que me dejaste duro desde el desfile, y no puedo creer lo mucho que eso me afectó.
Rosalie lo miró a los ojos, sintiéndose un tanto culpable. Aquella vez no había ido a comer hamburguesas porque los celos de que el hombre frente a ella pudiera estar revolcándose con otra le mataban. Y aparte le habían quitado el apetito. Pero resultaba que todo era diferente.
—¿Tú... me esperabas a mi?
—¿A quién sino? Eres lo más bello que he visto en mi vida, Rosalie. No deseo estar con otra mujer ¿es que acaso no lo entiendes? ¿que tengo que hacer para que me creas?
—No, mira, no puedo. En verdad lo lamento Emmett, pero no puedo simplemente desaparecer de la vida de mi prometido y hacer de cuenta que no existe. Tenemos un compromiso y vamos a casarnos. Para nosotros los Hale eso es muy importante, pregúntale a Jasper si quieres. Lo que digo es que, no es que no me atraigas, de hecho me gustas demasiado como para no dejar que me beses, pero —negó— no soy ese tipo de chicas. En verdad lo lamento, Emmett.
—Yo también —dijo pasando por su lado como si nada—, pero créeme cuando te digo que esto no se quedará así.
Rosalie sintió el portazo de Emmett como si se lo hubiera hecho en la cara, y una fuerte y amarga opresión comenzó a nacerle desde el interior. Sintió un par de lágrimas acumularse en sus ojos, y luego una de ellas rodó por su mejilla.
Empezó a alejarse de la mesa del té donde hace tan solo minutos se había estado besando apasionadamente con Emmett, y buscó su maleta de mano. Quería quitarse el maquillaje y el vestido. Entonces, vio ahí tirada la rosa que le había regalado cerca del enorme espejo. La tomó entre sus manos y aquella amarga opresión comenzó aumentar.
Había echado a Emmett sin siquiera darle una oportunidad. ¿Que tal si con él resultaba ser feliz una vez en su vacía vida? Ahora probablemente nunca sabría que era eso.
Hola bueno! Hasta el capítulo.
Hasta el próximo, bye! :)
