El reloj marcaba la una de la tarde. Se levantó desperezandose de la cama y miró al acompañante que estaba retozando placidamente a su lado. Sonrió, intentando acariciarle una de sus hermosas orejitas, pero el perro, como si hubiera estado previniendo que su ama lo acariciaria, se levantó de un salto para darle muchas languetas mientras ella se reía como loca.
—¡Collie, ya! —dijo colocando al perro a su lado de nuevo— tu estás muy malcriado, señor peludo —el ladrido que recibió en respuesta la hizo sonreír, mientras por decidía levantarse de su cama y buscar su ropa con la mirada— ¿donde dejé las medias?
Media hora después, Rosalie se dirigió a la cocina para prepararse el desayuno. Lo bueno que tenían los hoteles era que podías pedirlo. Sin embargo, ahora instalada de nuevo en su apartamento no le quedaba otra que valerse sola. Comenzó a preparse un homelette con huevos, jamón y queso, de pronto, el timbre de su casa sonó.
—¿Royce? —dijo sorprendida de ver al hombre frente a ella— ¿que estás haciendo aquí? —el sujeto frente a ella solo le sonrió y se adentró hasta el interior de la vivienda sin siquiera pedirle un gramo de permiso.
Rosalie lo miró curiosa, mientras él cerraba la puerta que aún tenía en las manos.
—¿Te molesta? —quiso saber, acercándose y propinandole un dulce beso en su mejilla. Rosalie sonrió de lado con dulzura.
—Por supuesto que no.
—Pues, por tu cara sorprendida, supuse que no te esperabas mi visita —caminó con paso firme y decidido hasta donde se encontraba colocado el hermoso sillón que conformaba parte del living con una sonrisa— ¿que preparaste para desayuno? —Rosalie lo miró y abrió la boca en una perfecta «o» cuando salió disparada directo hacia la cocina, a lo cuál Royce la siguió—. ¿Qué sucede?
—¡Mi homelette!
—¿Qué lo dejaste solo en el fuego? —dijo buscando el extintor por algún lado, cuando lo encontró lanzó lo que contenía directamente hacía el fuego que brotaba de la cocina. El fuego se fue extinguiendo poco a poco hasta reducirse completamente, y joven rubio suspiró con una mueca aliviada— debes tener más cuidado, Rose.
—Lo sé —se mordió el labio apenada por lo ocurrido, sinceramente Royce tenía mucha razón en que a veces era un poco descuidada, pero eso no quería decir que fuera tonta, y mucho menos tenía él el derecho de insinuarselo. Suspiró— estaba preparando mi desayuno cuando tú tocaste a mi puerta y... simplemente me olvidé un rato.
—No intentes justificarte, Rose —dijo mirandole con una sonrisa enternecida— eso solo te hace ver más torpe de lo que ya eres.
—¡No soy ninguna torpe! —gritó enojada— solo fue un accidente.
Royce rodó los ojos y asintió con una pequeña sonrisa.
—Como digas, hermosa —se acercó a ella y dejó el exintor comiendosela con la mirada azulada muy parecida a la que tenía Rose. Ella retrocedió intentando alejarse lo más posible de él después de insinuarle que era tonta— ven, Rose.
—No —dijo. Royce se razcó la barbilla sin borrar su cínica sonrisa y se acercó tomandola por la cintura para alzarla varios centímetros contra el suelo— ¿que crees que haces? Suéltame.
—No hasta que se te pase tu enojo.
—Mi enojo no se pasará a menos que me sueltes en este momento —él lo hizo y ella lo miró entre agradecida y furiosa— ya no tengo hambre, si quieres prepararte algo de desayunar ahí tienes el refrigerador —dijo saliendo de la presencia y mirada de él, el cual estaba bastante furioso con ella. Aún así no le importó y decidió meterse en su habitación para no empezar otra disputa.
Después de media hora en que se quedó dormida, decidió bajar. Quería ver si Royce aún estaba en su departamento. Su novio estaba sentado en el sillón con la camisa abierta y con un sandwich en su mano derecha mientras que con la otra cambiaba de canales.
No le gustó aquella imagen para nada. Sobre todo porque se veía grotesco en ese estado, el cual no era muy digno de un bancario renombrado como él.
—Royce —el rubio se dio la vuelta para mirarla con una sonrisa de dientes sucios por lo que estaba comiendo.
—Cariño, creí que te habías dormido —dejó a un lado el sandwich y el control remoto para observarla—, si que te ves bien —comentó con una risita— me gusta demasiado ese conjuntito.
—¿Que te he dicho de comer en el sillón?
—Relájate, Rose. Solo son unas migas.
—¿Unas migas? —Rose se acercó él y pudo observar con horror que aquel lugar había más que unas simples migas— ¡eso es salsa de tomate! ¡eres un idiota!
—Oye —dijo con la voz calma y tomandola del brazo— no me insultes, Rosalie. No tienes ningún derecho a hacerlo.
—¿Y tu si tienes derecho a llamarme torpe y manchar mi sillón? —gruñó— esto no puede seguir así, Royce. No quiero seguir en una relación que solo nos perjudica a ambos.
—¿De qué demonios estás hablando? —dijo cuando su mirada azul se ensombreció— nos acoplamos perfectamente el uno con el otro.
—En tus sueños, seguro Royce —dijo sarcastica, y Royce la haló del brazo que había tomado para atraerla hacia su cuerpo, Rosalie intentó zafarse sin éxito. Él era mucho más fuerte que ella en musculatura. Aún no se dejaría amedrentar por el cretino en el que se había convertido su novio.
—No me gusta que me hablen de esa manera.
—Yo estoy harta de escucharte hablar de maneras en la que no me gustan, y sin embargo tú sigues haciendo y te divierte.
—Es diferente, soy el hombre. Yo puedo decir lo que me dé la gana.
—Puedo lamento decirte que yo no voy a tolerar eso otro día —se zafó con mucha brusquedad y lo miró— búscate otra idiota a la que puedas insultar con tus comentarios. A mi no me lo vas hacer otra veces, porque esta relación se terminó —se sacó el anillo de compromiso que él mismo le había regalado y se lo extendió—, y te pediría encarecidamente que desaparezcas de mi casa —Royce tomó el anillo y sonrió con maldad, en un abrir y cerrar de ojos tomó a Rosalie por el cuello levantandola algunos centimetros por encima del piso, y haciendole temblar a causa del miedo.
—Tú no decides eso, cariño.
—¡Sú-ueltame, Royce!
La mano que sujetó su cuello se cerraba con más fuerza impidiendole pasar aire, Rosalie en verdad temió por su vida, pero justo cuando pensó que la mataría, Royce la soltó dejando que su cuerpo inerte cayera al suelo con brusquedad. No quiso levantarse, más bien se quedó ahí tirada en el piso intentando no derramar ni una lágrima frente a ese infeliz. Se las iba a pagar, eso se lo juró.
—Eres débil —escupió a un lado de su cabeza rubia y la miraba como la chica intentaba esconder su rostro— sino fueras tan buena en la cama hace rato te hubiera desechado.
Salió del apartamento dejando a una furibunda Rosalie, enojada con la vida. ¿Cómo había podido siquiera enrodarse con un sujeto tan despreciable? Intentó reincorporar y con mucho cuidado lo consiguió.
—Esto no se va a quedar así —dijo pensando en que debería de conseguirse un abogado. Pero lo pronto lo único que pensaba en hacer era limpiar aquel desastre que el imbécil de su ex novio le había dejado en el sillón.
Luego de un largo rato, terminó de limpiar toda la casa, y se sentó dejandose echar en el sillón. El trabaja había valido la pena, más allá de ser domingo. Los domingos eran de descanso, siempre decía Jasper, y en parte tenía razón. Pero a Rosalie le encantaba limpiar y hacer las cosas de la casa.
Tanto era así que para pasarse su domingo se le ocurrió la idea de perfeccionarse en la cocina. Al poco tiempo de ponerse su meta, la había conseguido. Tenía frente a ella una deliciosa Lasaña casera, y un postre que había realizado con masa de tartas dulces, fresas y crema. Se sentía completamente orgullosa de su creación.
Miró el reloj que tenía en la cocina, sorprendida de que marcara las cuatro de la tarde. Se apresuró a poner todo en la mesa cuando oyó que alguien volvía a tocar el timbre de su puerta. Se apresuró a abrir y se llevó la sorpresa de su vida cuando vio a Emmett Cullen con una sonrisa, parado enfrente de su puerta.
—¿Molesto? —dijo intentando pasar, pero esta vez Rosalie no seria tan tonta de dejar a otra persona más sin su concentimiento al interior de su casa— ¿llego en mal momento?
—No, adelante —dijo dandole espacio para que pasara hacia el interior. Emmett observó endiosado la bonita casa en la que vivía Rosalie, se giró a ella para observarla. Llevaba puesta una piyama de ositos, que aún no se había quitado, sonrió al pensar que bajo ella se encondía un infartante cuerpo de ninfa.
—Te queda bien —dijo riendo, y Rosalie bajó a ver su piyama de ositos con los cachetes colorados por la verguenza.
—Oh, santo Dios. Discúlpame, Emmett, ya regreso —corrió por las escaleras que la conducirían hasta su habitación y allí se encerró con un portazo. Emmett soltó una risita y cerró la puerta principal que Rosalie no había cerrado. Un agradable olor a comida le invadió su olfato gratamente, y se acercó apresurada hasta la mesa donde descansaba una suculenta lasaña.
La boca se le hizo agua de solo verla, pero no permitió tocarla. A Rosalie no le caería nada bien que cometiera semejante falta de modales, cuando escuchó pasos por las escaleras, dejó el plato que cubría la lasaña y miró en dirección a Rosalie que ahora bajaba por ella y vestida con una blusa negra y un short cortito de mezclilla. Vaya que se veía estupenda con esa ropa.
—Te ves hermosa.
—Gracias.
—Am, ¿que hacías con ese piyama de ositos? —quiso saber— ¿acaso te desperté de tu sueño durmiente, bella?
—Ah no no no, es que... hoy es domingo —sonrió— Por cierto ¿cómo supiste donde vivo? —Emmett se encogió de hombros.
—Contactos.
—¿Me buscaste por internet? —enarcó una ceja, y Emmett sonrió sintiendose descubierto.
—No te lo creíste ni por un segundo ¿eh?
—Naturalmente, hubiera creído que mi hermano te pasó mi dirección, pero teniendo en cuenta que Jasper es un desquiado sobrepotector, lo dudo. Solo me quedó esa opción.
—Pues, que lista eres —sonrió formandosele un par de hoyuelos en los costados de su boca, haciendole enternecer.
—Am, ¿te gustaría quedarte a almorzar? —le preguntó— preparé lasaña, y creo es mucho para mi sola. Si tu quiéres.
—Pues, es tu día de suerte porque la lasaña es mi platillo favorito.
Ambos disfrutaron de la lasaña que había preparado Rosalie entre risas y cotilleos acerca de la boda entre Jasper y Alice.
—Mi hermana hubiera preferido casarse antes de quedarse embarazada, pero —dio un bocado a su lasaña y la miró— tu hermano la ama, y se hará cargo de ella y el bebé. A Alice y a nosotros no nos queda ninguna duda de eso.
—Sí —dijo animada— de eso pueden quedarse completamente seguros. Jasper siempre ha sido muy fiel y protector con sus parejas. No dudo que lo hará con Alice también.
—¿Parejas? ¿cuáles parejas?
—Oh, pues, ex novias antes de Alice —comentó sin importancia comiendo más lasaña— ¿tu tienes alguna ex rondandote por ahí? —dijo con picardía, y Emmett le sonrió de la misma manera seductora.
—¿Porqué, te dan celos, hermosa?
Rosalie casi se atraganto con un rollito de lasaña, y negó.
—Por supuesto que no —dijo limpiandose con una servilleta— solo preguntaba.
—Ok, ninguna —dijo sin interés tomando de su vaso con refresco— ¿que tal tú? ¿algún ex antes de tu actual novio?
—Si, pero prefiero no hablar de eso. Es muy complicado —admitió bajando un poco la mirada— ¿te gustaría un poco de postre?
—Wow, Sandra Lee, ¿acaso quieres engordarme para después comerme? —soltó una carcajada, pero Rosalie no se rió para nada, por eso el joven la miró— ¿dije algo malo?
—No, no es que.. —el sonrojo en la chica llamó su atención, no era común verla sonrrojada, pero cuando lo hacía se veía realmente adorable— disculpame, iré por el postre.
Desapareció por el pasillo con intensión de ir a la cocina, Emmett la siguió sin que ella lo notara, con una sonrisa de lado.
Rosalie empezó a servir las fresas con crema en dos recipientes pequeños de vídrio. No se había dado cuenta que Emmett estaba atrás suyo, por lo que cuando se volteó casi se le cae todo el postre encima.
—¡Emmett, por Dios! —dijo cuando el joven le recibió los recipientes— me asustaste —pero Emmett no decía nada, solamente estaba mirandola mientras ella también lo miraba a él. Rosalie bajó la mirada a los postres, y luego la puso de nuevo en sus ojos, eran muy bonitos. Tenía reconocerlo— ¿E-emmett..?
Murmuró muy suavemente, el joven comenzó a acercarse con los postres aún en la mano, y dejó uno en el buro de la cocina, el otro seguía en su mano.
—¿Quiéres?
—Claro.
—Entonces tómalo —sin siquiera imaginarse lo que tenía pensado, Emmett colocó un poco de crema sobre la comisura de la boca de Rosalie y sonrió— pruebalo —y Rosalie obedeció saboreando el poquito de crema con su lengua, sintió placer cuando sintió el gusto de la crema en su lengua. Era deliciosa.
Pero por estar concentrada en eso, no notó la mirada oscura y cargada de deseo que el joven frente a ella le dedicaba. Sus dientes rechinaban entre si a causa de haberla visto hacer eso.
—¿Emmett?
Volvió a llamarlo, pero parecía ido, enseguecido mirando empalagosamente su boca.
—¿Sabes, Rosalie? —susurró comenzando a acercarse a ella y con una sonrisa maléfica en su cara infantil como si fuera la de un pequeño niño- me gustas muchísimo —sonrió— y creo..-colocó crema de nuevo en la comisura de su boca— que quiero probarla desde tu boca.
—Emmett, no. Por favor no hagas esto, ya lo hablamos.
—Me importa un bledo —comenzó a besarla cubriéndole la boca con la suya, Rosalie gimió dichosa al sentir que saboreaba con mucho impetu su cavidad bucal, sintiendose feliz y protegida en sus enormes brazos.
—Oh Emmett —dijo volviendo a besarle— te amo —susurró volviendo a besarlo, pero esta vez colocando más crema en su boca y comenzó a saborearlo con gusto- ¡bésame! ¡por favor!
—¿Qué has dicho?
—Que me beses —rió.
—No antes.
—Que te amo —Emmett dejó de abrazarla para bajar su mirada hasta el suelo que tenía detalles en color uva, era realmente bonito y parecía igual de lujoso que el resto de la vivienda.
—Yo.. —dudó y luego la miró a los ojos —creo que debería irme —Rosalie lo tomó del brazo cuando él se dio media vuelta para marcharse.
—¿Eh? ¿qué pasa? ¿hice algo malo?
—No —negó— tú no.
—Yo hice algo que puede arruinarte la vida —sonrió sintiendose el peor patán del mundo— y no pienso dejar que te lastimen. Y eso me incluye a mi también —dijo soltandose suavemente de su agarre y comenzando a caminar con la típica tristeza que le caracterizaba.
Emmett era un chico muy triste, y según Alice, se sentía peor cuando hacía algo malo. Pero nunca se imaginó que actuaría de esa manera tan infantil de besarla y dejarla con las ganas. Corrió a buscarlo, pero el joven ya se había ido. Sinceramente, no entendía nada.
o.o.o
Emmett estaba sentado a un lado de una fuente en un parque cerca de su casa. Miraba el horizonte como perdido, sintiendose como el más grande de los imbéciles por haber hecho que Rosalie lo amara. ¿En que mierda había estado pensando esa chica hermosa y buena para enamorarse?
Suspiró.
No quería pensar en nada más por ese día, solo olvidar todo lo ocurrido. Olvidad que había conocido una hermosa modelo que se llamaba Rosalie y que le encendía hasta el más profundo rincón de su oscura alma. Era un maldito mujeriego casa camas. Durante su adolecencia y juventud no había tenido mejor idea que encamarse con el tipo de mujeres que su padre reprobaría, y que él le facinaban.
Y la vida le ponía a Rosalie Hale en el camino con todo su esprendor y belleza para alborotar sus hormonas y decear joderla hasta que se le quitara el deseo que le despertaba. ¡Por Dios, si esa mujer tenía el cuerpo hecho para el placer! ¿cómo no había podido notarlo antes? ¿cómo no había podido convencerla de que se acostaran una y mil veces para terminar en un éxtasis sublime?
Estaba seguro que ella no se negaría a sus peticiones perversas si es que era verdad que lo amaba. Dios quería hundirse en ese cuerpo de diosa ancestral y cogerla hasta que no hubiera un mañana.
¿Tan malo era querer un poco de diversión? Caminó con decisión de nuevo hasta el apartamento de la rubia. Tenía que aclararle que solamente deseaba tenerla de forma sexual, y cero sentimentalismos absurdos de cuentos de hada. Pues Emmett Cullen no era un principe ni mucho menos un noble caballero. La cogería como tanto deseaba hacerlo, hasta que se le quitaran las ganas de ella para siempre.
Tocó la puerta de nuevo y esperó a que le abriera, cinco minutos después Rosalie apareció con atuendo de short blanco y blusa colorada, con el cabello semi húmedo. Había tomado un baño, por lo que podía deducir.
-Hola -dijo pasando como si nada hasta su casa. Pudo constatar que a ella no le agradó en lo absoluto su actitud.
-Emmett, puedes pedir permiso ¿no?
—Disculpa —dijo apenado— es que me sentí como un tonto ahora que me fui como si nada —aseguró— disculpa sino entendiste nada.
—Pues la verdad me dejaste sorprendida —admitió —pero que va, ¿quieres una cerveza? —Emmett sonrió gustoso y asintió.
—Claro.
—Ahora te la traigo —dijo ondeando su propio cabello con su usual caminata de pasarela. Al regresar encontró al joven sentado en el sillón esperándola— pudiste haber prendido el televisor.
—No está bien —dijo aceptándole la cerveza que ella le ofrecía— solo vine a charlar un poco, y después me iré. Tengo asuntos que atender con mi tío Blane.
—Oh, ¿el Biólogo?
—El mismo —sonrió.
—Me gusta pensar en que te vería bien con una bata blanca —se encogió de hombros— tú sabes, como un doctor.
—Si lo sé -sonrió.
—Emmett —le llamó de nuevo Rosalie intentando atraer su atención- siento mucho si...
—Ya —dijo haciéndole frenar en su palabrería— sé de lo que vas hablarme, te aseguro Rosalie que no me molesta que me ames, pero... debo ser sincero contigo y eso implica decirte la verdad sobre mí —tomó aire buscando calmarse antes de hablar, la miró pensando en que tal vez Rosalie no querría saber nada con él luego de eso, y que le daría una patada figurada en el trasero para que se marchara de su casa— te deseo Rosalie. Mucho más de lo que cualquier mujer que se haya cruzado en mi camino —frunció el ceño con resignación—, pero no pasará a más de eso. Discúlpame.
—¿Qué estás queriendo decirme, Emmett?
—Que me gustas para una noche caliente de sexo, pero nada más. Nada de corazones, ni de amor, ni de sentimentalismos absurdos porque no podré corresponderte ¿comprendes?
—Si —dijo apenada— por desgracia entiendo perfectamente a lo que te refieres y —dijo levantándose del sillón con una sonrisa triste en su rostro— quiero aceptarlo.
—¡¿Eh?!
—Dije que quiero acostarme contigo, Emmett Cullen —sonrió acercandose a él y besando suavemente su rostro— ¿debo repetírtelo? —rió, pero Emmett estaba todavía muy sorprendido de sus palabras.
—¿Porque quieres acostarte con alguien como yo? —quiso saber— no soy bueno para ti, nena. Y no quiero que salgas herida por mi culpa.
—¿Quién dice que voy a salir herida? —se encogió de hombros, y lo tomó del rostro para que lo mirara a los ojos, acercándose peligrosamente a él y a su boca— sé cuidarme sola perfectamente bien.
—Aún así, no sé si debamos hacerlo.
—Ash, ¿quieres acostarte conmigo o no, Emmett? —preguntó sintiéndose un tanto fastidiada por las vueltas del pelinegro— es a eso a lo que volviste ¿o no?
Emmett abrió los ojos sorprendido por lo que acababa de decirle: la jodida verdad.
—¿Cómo lo sabes?
—No hay que ser muy genio, genio —dijo sentándose encima de él como si fuera una gatita hambrienta de afecto, y que en parte así se sentía a veces —solo quiero que lo gocemos ¿está bien?
—De acuerdo —dijo pasando sus brazos alrededor de su espalda y atrayendola hacia sus poderosos bíceps— lo haremos como tu quieras hacerlo ¿si?
—Ok —dijo besandole en la mejilla— sé que podré con esto, no te preocupes no soy tan débil.
—Nunca creí que fueras débil.
—Gracias.
Se acomodó aún más a horcadas como estaba entre sus piernas. Miró al frente como Emmett sonreía formandosele los hoyuelitos de niño, lo cuál lo hacía ver realmente adorable.
—¿Sabes, Emmett?
—¿Mm?
—Nunca estuve con un hombre únicamente por el placer, así que esto es nuevo para mi —Emmett sonrió al escucharla.
—Me alegra ser primero entonces —Rosalie sonrió también sintiéndose un poco avergonzada.
—A mi también.
Sin más que decir Rosalie comenzó a besar al joven Cullen con algo de prisa. Estaba deseosa de entregarse por completo a sus brazos, inundarse con sus caricias y besos hasta sentirse extasiada y deseada. Emmett la besaba de igual forma, y como si le hubiera estado leyendo el pensamiento comenzó a deslizar su enorme mano por la pequeña blusa colorada de ella. Quería sentir su calor y la suavidad de su piel blanca y pálida. Lo consiguió, y eso a ella le hizo gemir su nombre.
—¡Oh Emmett!
-Shh -dijo metiendo sus dos gigantezcas manos en la espalda de ella, y buscando el broche de su sostén- todavía nos queda mucho camino por recorrer, ángel. No te desesperes aún.
-Es imposible teniendote abajo de mi -dijo abrazandolo por su nuca- Emmett.
-Arr, si dices mi nombre así vas a hacer que me corra antes de tomarte -la cargó entre sus brazos para empezar a subir las escaleras, Rosalie le dijo que mejor fueran a la habitación de huespedes, pues Collie su perro estaba durmiendo en la suya.
Emmett comenzó desnudarla sintiendo como cada trozo de piel que acariciaba se erizaba. Rosalie era muy sensible al tacto masculino, lo cuál la hacía mucho más apetecible. Le quitó el short y luego comenzó con la bonita blusa que estaba usando. Cuando la tuvo únicamente en ropa interior sonrió.
-Eres sobrenatural.
-Ya -rió.
-Déjame enseñarte como se trata a una mujer en esta situación -comenzó a quitarse los jeans que llevaba puestos y los tenis junto con sus calcetines para quedarse mirandola solo con el bóxer azul y la playera roja.
Rosalie lo miró impaciente, y le señaló la ropa.
-Quítate la playera.
-Ven aquí -le dijo señalandole el objeto- ven y quítamela, ángel -Rosalie se levantó de la cama caminando como la supermodelo hermosa que era, y Emmett casi se desmaya ante tanto desborde de sensualidad- ¿también desfilas en lencería?
-Por supuesto -sonrió.
-Estoy en el cielo -dijo suspirando con rapidez- ¿de donde saliste? ¿eh?
-De tus sueños, macho -se acercó y le tocó el rostro con las manos- ¿quiéres sentarte?
-Claro.
Sentó en una silla continua a la cama y se quedó esperando a que ella se acercara para quitarle el bóxer y la playera roja. Sin embargo, Rosalie lo obsevó divertida mientras comenzaba a desabrocharse su propio sostén. Emmett se quedó con la boca abierta, y esta casi le llega hasta el piso al ver que pronto podría tocar y ver esos pechos redondos y bellísimos las veces que quisiera.
Empezó él mismo a quitárse la playera con rapidez y también comenzó a deshacerse del bóxer con cierta lentitud, para que ello lo disfrutara en su esplendor.
-Wow -dijo al ver el tamaño de semejante miembro erecto frente a ella- ¿seguro que no es un pene de caballo? -Emmett sonrió y se acercó tomandole por la cintura. Le susurró al oído.
-Es de un hombre, un hombre de verdad.
-Am...
-¿Qué?
-No puedo dar mi veredicto hasta probarlo -susurró de igual manera en su oído- ¿no te parece, Emmett? -volvió apronunciar su nombre de aquella manera sensual que tanto lo encendia. En un abrir y cerrar de ojos Emmett le quitó casi con brusquedad el sostén exponiendo los maravillosos senos antes su lujuriosa vista algo nublada a causa del deseo.
-Dios -susurró- que bien dotaba estás.
-Eh -Rosalie se cubrió con sus brazos, pero Emmett le abrió los brazos para que le permitiera apreciar sus generosos y hermosos atributos redondos.
-Que belleza -dijo mirandola a los ojos- que mujer.
-Ya Emmett -sonrió- te estás poniendo demasiado adulador conmigo -Emmett sonrió.
-Eres pecado puro, nena ¿como pretendes que no te mire?
-Incluso sino lo fuera ¿me mirarías?
-Por supuesto ¿sabes porque? -Rosalie negó- porque me gusta tu alma de ángel.
Rosalie no pudo soportarlo más y se pegó con fuerza a Emmett para besarlo, enredo sus brazos alrededor de su nuca y apretó mucho más contra su cuerpo duro y hermoso. Él la recibió gustoso y comenzó a deslizar un mano por su espalda baja, se paró para obtener oposición de seguir decendiendo, y como no la obtuvo continuó bajando hasta ahuecar con ambas palmas de sus manos el trasero jugoso y redondo de ella. Rosalie gimió su nombre, y Emmett pegó su erección en su vientre plano, para poder sentir su piel en su miembro.
-Mierda -gruñó- quiero tenerte ya.
-Aún no -dijo ella con una sonrisa maliciosa en su rostro angelical- hay algo que nos falta -sin dejar que él la interrogara comenzó a bajar pasando por su enorme y fuerte torso, y llegó hasta donde quería: el miembro de Emmett, la miró confundido por unos segundos, hasta que comprendió lo que pretendía hacerle.
-Ah -soltó una cruda y pura exclamación al sentir la manera que ella lo estaba amando, que si bien, no era que no había practicado eso antes, con ella era una sensación cósmica y súblime. Completamente fuera de este mundo. Sin perder más tiempo, Emmett la levantó por su brazo y colocó sobre la cama, se posicionó sobre su cuerpo semi desnudo y ella le enterró los dedos en las nuca cuando el bajó a sus succionar sus pezones. Con su boca amaba a un pezón y con sus manos le agarraba ambos pechos con hambre.
-¡Oh si! -gemía Rosalie- ¡Así, Emmett, por favor! -el joven amó sus pechos con mucha dulzura y pasión hasta que al fin la tenía completamente sonrojada y entregada a él.
Ahora era tiempo de lo bueno.
-Voy a quitarte tus bragas -informó, y ella asintió apresurada.
-¡Si, por favor!
-Bien -dijo metiendo uno de sus dedos, haciendole gemir, si que era sencible a las caricias. Continuó con su labor, y en menos de lo que imaginó la tenía completamente desnuda y entregada a su merced. Era perfecta, una mujer hermosa y perfecta- no eres de este mundo -dijo por enésima vez- por Dios que no lo eres.
-¡Ya!
-Y eres rubia natural ¿eh? -Rosalie se sonrojó cuando le oyó decir eso, pero toda ella estaba sonrojada por sus toques, así qué que más daba- muy bien, hermosa. Comencemos -hundió su cabeza en el cuello de Rosalie, besandolo con rapidez y hambre. Y por otro lado, abajo, su miembro comenzaba a darse entrada por los apretados pliegues húmedos, Rosalie contuvo el aliento cuando él, con mucho cuidado y ternura le iba separando los muslos uno de otro con toda intensión de penetrarla. Y así lo hizo. Rosalie apretó los labios cuando comenzó a sentir una deliciosa sensación invadirila desde el centro de su ser, y como esta misma sensación es la que la llenaba. La que la hacía sentir completa, más allá de cualquiér duda o sentimiento.
Emmett continuó presionando suavemente su miembro gigantesco en la pequeña entrada femenina. Hasta que por fin pudo meterlo todo, y ambos al unísono, soltaron un par de maldiciones a causa del placer.
-Oh Emmett.
-Ángel -susurró- que apretada estás, mi cielo.
-¿Te gusta así?
-¡Oh si! -la respiración acelerada de Emmett en su oído la hacía sentirse mucho más excitada y apretar más su miembro dentro de ella.
Emmett intentó moverse suavemente con ella, pero le dejaría un tiempo más para que se acostumbrar a su tamaño. Los segundos pasaron entre besos, y una que otra palabra sucia por parte del joven, y fue ahí cuando lo realmente exitante sucedía.
-¡Ah! -gritó Rosalie con todas sus fuerzas, al sentir como Emmett había comenzado a moverse con suavidad en su interior- ¡Ah, si Emmett! ¡sí! Así...
-¿Te gusta cielo?
-¡SIII! -embistió con más fuerza, arrancandole otro grito de placer- ¡AH!
-¡Ah, nena! -susurró- que bien se siente estar dentro de ti. ¡Oh!
-Si, oh, así, Emmett -murmuró rodeandole la cadera con sus piernas y moviendose al compaz que él había marcado para ella- n-no pares ¿si?
-No pararía ni aunque me lo suplicaras -así estuvieron un largo rato, besandose y gimiendo uno encima del otro. Luego Emmett la cambió de posición y la colocó justo encima de él colocando ambas manos en sus amplias caderas para que empezara un ritmo un poco más veloz, Rosalie obedeció moviendose como él se lo pedía y eso fue suficiente para que ambos entrarar en el éxtasis y en un limbo del cuál ya no podrían salir más- Oh, si amor, justo así. Ah, ángel, que fogosa.
-Mmm... ¡Emmett!
-Ah, si nena. Justo ahí. Estrujame hasta el apellido -gruñó del más crudo placer, y cuando menos se lo esperaron ambos estallaron por su orgasmo sintiendose satisfechos y felices con ello.
-Oh, Emmett -Rosalie se desplomó en sus brazos agotada y Emmett la atrapó entre sus fornido y sensuales pectorales, sonrió.
-¿Te divertiste, ángel? -rió.
-Como no te puedes imaginar -Emmett rió al escucharla. Había sido delicioso cuando llegaron juntos al orgasmo, pero más delicioso era sentir que ella ahora estaba retozando tranquila y en paz entre sus brazos.
o.o.o
