Antes que nada, de ante mano gracias por darle una oportunidad a la historia, la comencé a escribir en el 2015, pero apenas en Enero la termine, no la publique antes porque sabía que podía pasar que por falta de tiempo o inspiración deja parada la historia por meses y es algo que nunca me ha gustado. No es la primera vez que escribo un Fanfic, pero si la primera vez que lo subo a esta plataforma. La historia es de mi autoría, no hay rasgos de los personajes de Clamp, dado que, para mí este escrito fue terapéutico, lo escribí al año de que mi vida cambio en muchos sentidos.
En spotify podrán encontrar el set list que hice mientras escribía esto, lo encuentra con el mismo título del fic.
Los personajes no me pertenecen, son de la creación de las Clamp.
Cúmulo de decisiones
Capítulo 1
La habitación era pequeña, una silla y una cama de hospital, con espacio exclusivo para los monitores y suero. No podía hacer gran cosa, llevaba dos años visitando el mismo hospital; ahora se encontraba aterrada, nada había funcionado y su hija necesitaba con urgencia donador de médula, de su familia nadie era compatible, ni su abuelo, ni tíos; la única persona que podría ser compatible, estaba fuera de la vida de ambas.
No estaba divorciada ni mucho menos, era madre soltera, por decisión propia, o eso quería pensar, tampoco era la virgen María, su hija fue engendrada del mismo modo que todos, sólo no había padre. No era joven, sabía lo que hacía y con quien lo hacía, con lo que no contaba era que el preservativo se rompiera.
—Mami, ya quiero irme a casa, extraño estar con Kero—aquella vocecita le hizo salir del rumbo de sus pensamientos
—No podemos irnos aún, recuerda que el médico dijo que un poquito más de tiempo—y en cierto modo era verdad, si no encontraba un donador serían enviadas a casa
—Pero quiero irme ya, mami estoy muy enferma y no tengo solución...déjame ir a jugar con Kero y mis amigos, aquí no puedo hacerlo—aquello fue un balde de agua fría, su hija lo sabía
—Te juro que te voy a conseguir curar, para que puedas regresar a casa y jugar todo lo que quieras, sólo un tiempo más—sabía que le mentía, sabía que no existía tal cura, pero no quería aceptarlo
—Mami, quiero irme ahora, yo sé que voy a morir—aquello la enfureció y su hija lo noto y aun así no dejo de desafiarla con la mirada
—No Aiko, no vas a morir, no voy a permitir que eso pase y quiero que te quites esa idea de la cabeza.
La niña no sigo hablando, sabía que su madre se encontraba furiosa por más calmada que se viera. Sin embargo la vio levantarse y salir de la habitación, seguramente a llorar o a fumar, porque aunque su madre lo negara lo hacía; se limitó a bajar la cabeza y esperar a su madre para pedirle perdón.
Se recargó en la puerta por unos instantes, tratando sobremanera de no soltar las lágrimas que se aglomeraban en sus ojos, tomo una gran bocanada de aire y una vez que sintió que tenía dominio sobre su cuerpo, se encaminó al jardín del hospital. Del bolsillo de su chamarra sacó un cigarro y su encendedor, se lo llevo a la boca, mientras que daba una buena calada, se sentó bajo un árbol, mientras recordaba que se había propuesto, hacía muchos años atrás, no fumar en su vida; irónico porque cuando Aiko había sido diagnosticada con leucemia, cayó en el cigarro ya que por breves momentos podía sentir salir las tensiones, por tanto se había vuelto una fumadora empedernida.
Llevaba días con dos ideas muy concretas en su cabeza, la primera: buscar al padre de Aiko y rogarle, de ser necesario, que se hiciera los estudios de compatibilidad; y segunda: esto era un castigo divino por no desearla. Se había vuelto muy realista y sabía que era un castigo o bien el pago del karma, su amada hija no era deseada en el momento en el que fue concebida. Sakura dio una última calada y dejo libre aquel humo tan dañino, pero tan beneficioso para sus nervios. Necesitaba hablar con Tomoyo, o se volvería loca por fin; tomo su celular y marco.
—Sakurita ¿todo bien con Aiko?—la dulce voz de Tomoyo le servía de aliciente por la paz que le trasmitía.
—Todo sigue igual, no hay un donador y ella...lo sabe—la voz ausente de Sakura solo podía darle a entender que estaba desesperada y asustada
—¿A qué te refieres con el ella sabe? Sakura no puedes ser tan ambigua—le dijo la amatista
—Sabe que...sabe que...que ella...ella se va a morir—una vez más sintió lágrima en los ojos y eso la encolerizaba, debía ser fuerte por las dos y las lágrimas no estaban permitidas
—Sabíamos que tarde o temprano iba a pasar, Sakura, tú sabes que Eriol puede llamarle y...—el gruñido que salió de la garganta de su amiga la hizo callar de inmediato
—Ya lo he pensado, pero recuerdo lo que dijo y su estúpida solución que prefiero seguir en lista de espera a tener que pedirle algo—Tomoyo soltó un prolongado suspiro antes de hablar.
—Aiko moriría antes de conseguir un donante, deja tu tonto orgullo, se bien lo que te dijo, pero en este caso, sus genes pueden darle vida a TU hija—un silencio sepulcral se hizo entre ambas.
—No necesito de Eriol, sé dónde encontrarle...Tomoyo, no es orgullo, es miedo, y sabes porque—le susurro la castaña
—No tiene por qué verla y ella no tiene por qué enterarse, debes hablar con tu hermano y tu papá—Sakura tenía claro que debía hacerlo y decir lo obvio, porque para ella era obvio que ambos sabían quién era el padre de Aiko
—Gracias, tengo que regresar con ella—y sin más corto la comunicación.
Se encamino a pediatría, pensando una y mil veces lo que debía hacer, tal vez sacar a Aiko no fuera tan mala idea, tenían un médico en casa, debía reconocer que era horrible estar en el hospital, al final de cuentas eventualmente la tendrían que dar de alta. Volvió a suspirar y a necesitar un cigarro, pero tenía que hablar con el médico de su hija; en eso se detuvo frente a los baños, necesitaba lavarse las manos, no le gustaba su hija oliera la nicotina que quedaba en sus dedos.
Se vio en el espejo, no quedaba nada de su vieja imagen, su cabello estaba descuidado, sus ojos verdes eran opacados por círculos negros, evidencia de los desvelos constantes, y su piel se encontraba blanca cenicienta, casi como la de un enfermo, pero no podía hacer nada, la enfermedad de su hija era muy demandante, su aspecto era lo de menos. Salió de su letargo cuando su celular comenzó a sonar.
—Sakura, debemos hablar—suspiro
—Lo sé, hermano ¿qué tan posible es llevarnos a Aiko a casa?—Touya lejos de sorprenderse suspiro
—Tan posible, como el hecho de que eres un monstruo—rodó los ojos
—Hermano...—Touya sabía que su hermana no bromeaba, pero al mismo tiempo notaba que estaba tensa
—Podemos sacarla hoy mismo, pero no significa que se quedara sin el suero, debe venir dos veces a la semana por el tratamiento—del otro lado de la línea, escucho a su hermana soltar un suspiro cargado de todo menos de alivio
—Pase lo que pase todo va a estar bien…Touya, necesito hablar contigo y papá—le soltó sin más
—Voy por ustedes—y sin más corto la llamada.
Retomo su camino, hasta que se detuvo frente a la puerta de su hija, suspiro una última vez y entro para ver que hacía. Aiko estaba acostada con la mirada fija en el techo, como si fuera lo más interesante en el mundo; Sakura se sentó a su lado y comenzó a acariciar su cabeza falta de cabello, aún no se acostumbraba a no ver aquellos cabellos castaños, la combinación perfecta entre su cabello y el cabello oscuro de su progenitor.
—Mamá, perdón—le soltó sin más
—No hay nada que perdonar, se me olvida que eres más lista de que era yo a tu edad—le dijo mientras depositaba un beso en la mejilla de hija
—Estoy cansada de estar aquí—y sin más rompió a llorar, Sakura suspiro y se acercó a ella para acunarla en sus brazos
—Sh Sh Sh, tranquila, hable con tu tío Touya, vamos a sacarte de aquí y vamos a ir casa—Aiko la quedo viendo con esos hermosos ojos claros como no dando crédito a lo que su mamá decía
—¿No dijo el médico que no podía irme aún?—Sakura suspiro porque no sabía cómo decirle que no importaba donde estuviera, sin un donador no había diferencia
—Eso dijo, pero tu tío ha hablado con él y han llegado a la conclusión de poder dejarte ir a casa, pero debes tener el suero y venir al tratamiento cada dos días a la semana—sintió como los brazos de Aiko la abrazaban y fue ahí cuando volvió a sentir que su vida se iría con ella si llegaba a morir.
—Gracias—le susurró al oído
A las pocas horas se encontraban en casa, Sakura había estado callada durante todo el trayecto y parte de la cena, sólo se limitaba a sonreír cuando Aiko le decía algo; se quedaba observando un punto indefinido, mientras se ponía a pensar que les diría su papá y hermano, como una autómata llevo a su hija a dormir, cuando regreso al comedor su padre y hermano se encontraban esperándola.
—No necesitas hablar si no quieres hija—ella sonrió como su padre lo hacía y negó con la cabeza
—Si es necesario, de todos modos tarde o temprano iban a saberlo—vio a su hermano estar de brazos cruzados y a su padre acomodarse los lentes
—Nos dirás quién es el padre de tu hija—soltó sin más el mayor de los Kinomoto
—Sí...pensé que era obvio, digo ella se parece a él—les dijo bajando cabeza
—Sakura, no bajes la cabeza, Aiko es una gran alegría para todos—su padre tomo su mentón y la obligo a verle a los ojos, los cuales estaban llenos de lágrimas
—Y no se parece tanto al mocoso—soltó Touya mientras le pasaba un pañuelo
—¿Cómo sabes que es su hija?—ella sospechaba que tenían una idea, pues su hermano no había hecho un escándalo, considerando que ella misma se negó a decirles quién era el padre de su hija
—No fue fácil reconocer facciones del mocoso, en realidad no tiene facciones definidas de ninguno de los dos, pero cuando se enoja tiene el mismo ceño fruncido que el mocoso y si ves sus ojos detenidamente, podrás encontrarte con el color de ojos que el mocoso tiene, sólo que alrededor de la pupila tiene un color verde—le soltó encogiéndose de hombros
—Tu hermano tiene razón, Sakura, mi nieta no tiene tantos rasgos de su padre, de hecho necesitas observarla detenidamente para verlos—secundo Fujitaka
—Para mí sí los tiene, desde que nació—aquello lo dijo más para ella que para los demás
—¿Vas a buscar al mocoso?—Touya debía admitir que deseaba encontrarlo, su sobrina se había vuelto su adoración y básicamente el centro de su universo
—Sí, aunque siempre he sabido donde se encuentra, sólo tengo que hablar con él—Touya se puso en pie y quedo viendo a su hermana como si tuviera dos cabezas
—¡Sabes dónde está y desde hace meses sabes que necesitamos un donador…y no has hecho nada!—por primera vez en años Sakura se sentía pequeña ante el temperamento de su hermano
—Touya, cálmate, tú hermana tendrá sus razones para actuar como hasta ahora—le dijo Fujitaka mientras le ponía una mano en el hombro
—No hay razón validad que prive a mi sobrina de un donante, eso no lo hace una madre—aquello era una mentira, Sakura sintió la sangre hervir y subirle a las mejillas
—Eres muy injusto, si supieras las razones entenderías porque es una última opción—Sakura se limpió las lágrimas rebeldes
—¡No existe razón alguna más fuerte que el salvar a la niña!—la cólera de Touya no amedrentaba a Sakura, ya que se encontraba igual de molesta
—No sabes lo que dices, tú crees que es egoísmo, pero la realidad es que él jamás quiso conocerla, cuando quede embarazada lo dejo bien en claro "me hago cargo de la manutención, pero no deseo conocerla"...eso no lo esperabas ¿verdad?—su padre y su hermano estaban sorprendidos, este último estaba aún más colérico
—Seguirá sin conocerla y de eso me encargo yo, pero donara en caso de ser compatible—Touya hablaba despacio, casi amenazante, Sakura suspiro y sintió como su padre le apretaba la mano, no sabía en qué momento se la había tomado
—Sakura ¿si mantiene a la niña?—Fujitaka lejos de sentirse encolerizado se sentía decepcionado, ya que tenía un concepto diferente de aquel joven que alguna vez salió con su hija.
—Sí y no, hay una cuenta bancaria en la que cada mes deposita dinero, pero desde que estaba embarazada y hasta que deje el trabajo para cuidar de ella, no había tocado nada de ese dinero...todo lo que tenía ahorrado se acabó con la última hospitalización...yo...yo...realmente no quiero pedirle nada, pero mi hija lo es todo—y sin más Sakura se quebró y dejo salir cada lágrima llena de angustia y de dolor
—¡Maldito mocoso!—Touya salió hecho un energúmeno de la casa.
Fujitaka no sabía que consejo dar, y sus opiniones, bueno, estaban siendo reservadas, bastante mal estaba Sakura como para intentar sacarle la verdad, ya habría tiempo para ello, por lo pronto la abrazo, cual niña, acariciaba su cabello y su espalda, hasta que los espasmos de su cuerpo cesaron. Sakura disculpó y salió de la casa a fumar más de un cigarro; a veces se preguntaba si había sido buena idea comenzar a fumar, cada vez lo hacía con más frecuencia.
Tenía muchos años que no lo veía, de hecho desde que naciera Aiko, y su hija tenía casi seis años, después de todo si había cumplido su promesa de no conocerla; soltó un suspiro, tenía miedo que se negara, porque era la última oportunidad de salvar a su hija. Si era necesario le rogaría, le imploraría, y si nada resultaba, iría a ver a la abuela de la niña y le diría la verdad, porque de algo estaba consciente y es que todos en la familia de él ignoraban la existencia de Aiko; con todos los miedos rondando se fue a dormir, aunque en realidad no dormía bien desde hacía dos años, se levantaba periódicamente a ver a su hija.
Eran las nueve de la mañana y se encontraba esperando en el estacionamiento de algún edificio de la ciudad de Tokio; lo suficientemente lejos de Tomoeda, como para que ellos jamás se toparan. Sakura tenía amarrado el cabello en una coleta, jeans, blusa y zapatos bajos; cuando vio llegar el auto de Eriol, quien se detuvo a saludarla.
—Sakura que bien te ves—le sonrió el peli azul
—Venga ya, sabemos bien que me veo terrible...no necesitas hacer méritos conmigo, sólo porque soy la mejor amiga y prima de tu esposa—le contesto ella mientras se cruzaba de brazos
—Me disculpo por ello, la fuerza de la costumbre—Eriol siempre había estado al pendiente de Sakura y Aiko y desde que la última cayera enferma, iba junto con Tomoyo con frecuencia a visitar a las castañas
—Aiko pregunta cuando verá a su tío Eriol, que le debe el final de una interesante historia—el chico solo sonrió
—En cuanto el ogro de mi jefe me dé un tiempo fuera, ahí estaré y hablando del ogro de mi jefe, porque no lo esperas en la oficina—Sakura solo negó con la cabeza y dejo salir un suspiro
—Bueno, tu sabes que su novia me odia, y no estoy de humor para tener una batalla campal y bueno así nadie escucha el secreto mejor guardado del magnánimo dueño de Li Corporetion—el sarcasmo sin duda era algo anti natural en Sakura, pero a Eriol le divertía que lo usara
—Bueno, te doy la razón, te dejo, el ogro de jefe y ex mejor amigo viene entrando—y dejado un beso en su mejilla se fue rumbo a su oficina.
Se encamino al auto que recién llegaba y esperó a que su ocupante bajara, se quedó viendo como la puerta del conductor se abría, y dejaban ver unos cabellos castaños obscuros y la figura alta y atlética, sin poder evitarlo se quedó estática viéndolo, así como él se quedó completamente sorprendido de verla ahí, como si se tratara de una visión, sin embargo fue ella la primera en que pudo reaccionar.
—Sí Li, soy yo Sakura Kinomoto, no soy un fantasma—le dijo ella mientras lo veía a los ojos.
—¿Sakura?...puedes llamarme Syaoran—sus ideas no se coordinaban, la mujer frente a él no era la Sakura que recordaba, la Sakura frente a él se veía enferma, descuidada y sin aquel brillo en los ojos y la Sakura que él recordaba seguro nunca volvería a buscarlo
—No puedo llamarte por tu nombre, no te considero mi amigo—Sakura reparo que se veía igual que cuando lo vio por última vez
—Sakura...—ella lo interrumpió
—Li, no lo hagas más incómodo y déjalo estar—Syaoran suspiro, si algo recordaba de la castaña era eso, lo necia que podía ser.
—De acuerdo ¿cómo estás?—Sakura suspiro, se olvidaba que Syaoran no era elocuente cuando se sentía incómodo y nervioso
—Necesito que te hagas unos estudios de compatibilidad...—de todas las cosas que pasaron por la cabeza de Syaoran por el motivo de la visita de la castaña, jamás pensó aquello
—¿Qué enfermedad tienes? ¿Por qué no estás en el hospital? ¿De qué te ríes?—la risa de la castaña era estridente y se escuchaba por todo el estacionamiento, descolocando a Syaoran
—Dios mío, de verdad cumpliste tu promesa...de verdad ella no existe en tu mundo...MI hija se muere, tiene leucemia y nadie de mi familia es compatible—Syaoran quedó sopesando lo dicho por ella, no había ningún sentido, en su mundo no existía una conexión con él.
—Sakura, no entiendo que quieres decirme—y la vio cae de rodillas e inclinarse ante él
—Syaoran te lo suplico, después de esto no sabrás más de mi o de Aiko, sólo necesito que la salves, no quiero que mi hija muera...tú y ella tienen los mismos genes...te suplico que te hagas los estudios—y ahí estaba ella suplicando en un mar de lágrimas, no daba crédito que para el castaño su hija no existiera
—Sakura levántate—se disponía a ponerla de pie, al escuchar el nombre de la hija de Sakura todo comenzó a tener sentido, era el nombre que Sakura había elegido para esa bebé que él se negó a ver y que por Eriol había sabido y él había guardado ese nombre con recelo, ya que una parte de su ser deseaban poder conocerla, por lo menos a la distancia
—No lo haré, hasta que me digas que si me ayudarás—le susurro ella, mientras intentaba calmar el llanto
—Levántate, vamos hablar tranquilamente, vamos a la oficina—Syaoran estaba por abrazarla, ya que eran contadas las veces en que había visto a Sakura tan descompuesta
—No quiero ver a tu novia, no quiero que nadie sepa de ella—resignado suspiro y le revolvió el cabello
—Vamos a algún café—y como si fuera magia, vio como ella se incorporaba y trataba de disimular su nerviosismo.
Cerca de las oficinas de Syaoran había un café, por lo que optaron por ir caminando, cada uno sumidos en sus pensamientos; él a cada paso que daba y veía a Sakura, su memoria le traía imágenes de la misma con una panza de embarazada y un sin fin de visitas médicas a las cuales le acompañaba pero jamás prestaba atención y una frase que hasta ahora recordaba haber dicho "No quiero ser parte de su vida, sólo me ocupare de mantenerla" y hasta hace minutos él seguía sin tener hijos.
—¿Te molesta si fumo?—negó con la cabeza y la vio calar el cigarro para encenderlo, que él recordara Sakura no fumaba
—¿Desde cuándo fumas?—y vio como ella sonreía de lado
—Desde que mi hija está enferma—le contesto ella mientras seguía expulsado el humo.
—Sakura...yo...—y ella lo interrumpió
—No te adelantes, me dejaste bien claro que no serías parte de su vida, vamos a la terraza, que no creo dejar de fumar—y ahí iba ella, dejando a un Syaoran sin más nada que decir.
Ordenaron un café expreso y un americano, otro hecho que le dejó a Syaoran en claro que no conocía a Sakura, ella pareció darse cuenta y se limitó a encogerse de hombros, mientras encendía otro cigarro. Al tiempo que el mesero dejaba la orden frente a ellos.
Sakura sabía que no debía de estar a la defensiva o su hija no obtendría la oportunidad de conseguir la médula, pero el coraje y el dolor de saber que Syaoran había cumplido la parte de "nada paso" y prácticamente olvidar que engendró a una hija...la superaban, jamás pensó que Syaoran cambiara tanto y realmente se transformara en todo aquello que no deseaba ser; sin darse cuenta ya iba por el tercer cigarro, su cuerpo se negaba a dejar toda la tensión, no estaba tranquila, su pensamiento se encontraba junto a Aiko, quien esa mañana había despertado muy cansada y sin ánimos; no podía seguir perdiendo el tiempo con formalismos, era un sí o un no, y rezaba a los cielos porque el hombre que tenía frente suyo aún fuera humano y le dijera sí.
—Sakura ¿qué paso?—él no quitaba la vista de ella, la analizaba y se convencía de que nada quedaba de aquella chica a la que una vez amo con locura
—Aiko tiene leucemia, el tratamiento ha dejado de funcionar y necesitamos un donador de médula, ni papá, ni Touya, ni yo, ni mucho menos Eriol y Tomoyo son compatibles...y...por favor ayúdanos, no quiero perderla...ella es tan pequeña...por favor Syaoran—no podía verla así, a pesar de todo lo que vivieron le tenía mucho cariño
—¿Hace cuánto lleva enferma?—Sakura abrió los ojos con sorpresa, el ignoraba su petición, algo dentro de ella le decía que no tendría éxito
—Dos años...—algo dentro del castaño hizo que la furia lo dominara y la interrumpió
—Mi hija lleva dos años enferma y no se te ocurrió decirme nada, hasta este momento—a Sakura le costó salir del asombro antes de ponerse furiosa
—NO es tu hija, es MÍA...no eres su padre...no tienes derecho de serlo...quien engendra pero no cría no puede ser padre...sólo necesito tus estúpidos genes porque es claro que se necesitaba de un hombre para poder engendrarla— Sakura había arrastrado cada una de las palabras dejándolo callado, la única persona, aparté de su madre, que podía dejarlo callado estaba frente suyo con una mirada asesina
—Se supone que la mantengo...—la escucho soltar una risa sarcástica
—Recuerdo haberte dicho que no usaría ese dinero y en cuatro años no lo había usado, yo la mantenía, hasta que deje el trabajo para cuidar de ella y juro que devolveré cada centavo de ese dinero que jure no usar—y lo que Sakura nunca fue con él, salió a relucir, un orgullo que no conocía y que lo descolocaba
—Ese dinero es destinado a ella, no tienes por qué devolver nada—Syaoran sabía que había dicho algo indebido pero era tarde para retractar sus palabras
—Aiko no es tonta, y como te lo dije aquella vez saliendo del consultorio, ella iba darse cuenta del dinero extra; pregunta de dónde saco dinero si no estoy trabajando y es evidente que ni Touya, ni su abuelo nos dan nada; no se traga que tengo dinero ahorrado, ¿qué se supone que le voy a decir? "Tú papá te pasa dinero, pero sigue sin querer conocerte"—palabra crudas y al mismo tiempo ciertas, dejaron a un Syaoran sin respuestas.
—Sakura necesito tiempo...—y por un momento Sakura pensó en lanzarle el café en la cara
—Aiko no tiene tiempo...Syaoran mi hija se muere, si no la mata el cáncer la mata la quimioterapia y no sólo necesitara una médula, los riñones le comienzan a causar problemas...sólo hazte los jodidos estudios—directo y sin anestesia, Sakura había dicho en voz alta lo que llevaba meses carcomiendo su alma y lo que se negaba a decir en voz alta por miedo a que se hiciera realidad.
—Yo...iré...sólo dime a qué hora—Sakura dejo caer los hombros y sin poder evitarlo soltó unas cuantas lágrimas que se encargó de limpiar
—Antes de las seis...y…gracias—el castaño saco unos cuantos billetes para pagar y así levantarse sin decir más.
Syaoran llegó a su oficina más distraído que nunca, su cerebro empezó a recordar cómo había acabado siendo y no siendo padre. Sakura y él ya no eran novios, ni remotamente se consideraban amigos, él tenía novia, pero sentía que le faltaba algo; y ahí estaba ella, con un bonito traje de baño en la fiesta de Eriol, ambos se habían estado evitando, hasta que el alcohol apareció y ambos quedaron completamente ebrios y actuando como pareja. Se fueron de ahí después de un tiempo y se metieron al primer motel que encontraron en el camino, la ropa les estorbaba, se la arrancaron y entre besos y caricias cargadas de hambre y deseo, estuvieron toda la noche juntos, entregándose al placer, él sabía que no la amaba y que ella no lo amaba, sólo era sexo. Ella había tomado un post day, dado que ninguno recordaba haber usado preservativo, y se fueron como si nada hubiera pasado.
—Syaoran, Syaoran...¡Syaoran!—y sin más Eriol le paso una mano frente a sus ojos para que reaccionara
—¿Qué quieres?—le pregunto molesto
—Que firmes unos papeles—y le paso los documentos, lo vio firma y quedarlo viendo con algo parecido al enojo
—¿Por qué no me lo dijeron?—se animó a preguntar
—Tú no quieres ser padre, no había porque decirte algo que no iba a importarte; si ella vino a verte es porque piensa que tú puedes ser compatible con la niña, bueno eres el único que falta por hacerte los estudios, junto con tu familia, pero como en realidad no les dirás que tienes una hija, no cuenta—Eriol no perdía detalle del rostro de Syaoran, quien tenía el ceño fruncido y apretaba los labios
—Todos son egoístas, por qué esperar tanto para decirme algo tan importante—Eriol soltó un suspiro y viendo a Syaoran a los ojos le contestó
—Nadie actuó por egoísmo, tu decidiste no ser parte de la vida de la niña, nadie, ni mucho menos Sakura, esperaba que fueran una familia, sólo que fueras parte de la vida de tú hija, ¿por qué habríamos de haberte dicho algo con respecto a ella, si tú mismo la sacaste de tu vida antes de que viniera al mundo? Piensa bien tus acciones, tal vez no sea tan tarde—y sin más Eriol lo volvió a dejar solo.
Sakura llego a casa, con la sensación de que las cosas no mejorarían pronto, subió a ver a su hija, quién se encontraba durmiendo, con cuidado se acercó a ella y se sentó a verla dormir. Aún le era difícil verla sin cabello, era extraño no poder sentir entre sus dedos aquel cabello tan lindo que alguna vez adornaron su cabeza.
Y ahí estaba ella, muerta de dudas, de miedos y de incertidumbre, sabía que Syaoran no era de los que llegará tarde, sin embargo, ya se había retrasado y eso aumentaba los nervios que sentía en todo el cuerpo. Si quería abortar debía saber cuánto tiempo tenía de gestación, necesitaba hacerse un ultrasonido, y Syaoran había quedado en acompañarla en todo el proceso, volvió a jugar con sus dedos, hasta que lo vio llegar, no hubo saludo, sólo se dedicaron a encaminarse a la clínica. Ella sentía que en cualquier momento le iba a dar algo, no era tonta, sabía que tendría que ser un ultrasonido vaginal, ya que haciendo las cuentas no tenía ni un mes de embarazo, por lo que un ultrasonido tradicional no sería efectivo, o eso había investigado; era mejor ir a la segura. Además debía confirmar el embarazo, y una parte de ella desea y anhelaba que los estudios de sangre y la prueba casera estuvieran equivocados y que no fuera más que un embarazo psicólogo.
—Sakura Kinomoto, puede pasar—ella dio un respingo ante el llamado de la enfermera y Syaoran instintivamente le tomo la mano
—Tranquila, puedo pasar contigo, no me molesta—le dijo él, sabía que ella estaría sumamente intranquila
—Gracias, espérame—por alguna razón no deseaba al castaño con ella.
Y ahí estaba ella en bata y esperando al doctor, porque hasta en eso no tenía suerte, se recostó como se lo pidieron, abrió las piernas y espero con los ojos cerrados, tenía mucha pena, sus mejillas están ligeramente rojas, sintió presión y deseo ser invisible.
—¿Qué edad tienes?—el médico presionaba y trataba de hacerla salir de su incomodidad
—24—contesto ella sin verlo
—Ahí está, es pequeño, la siguiente semana debería poder escucharse el corazón latir—volteo, y vio un pequeño punto, no más grande que un chícharo, pero ahí estaba...era hermoso, era suyo y sintió la necesidad de tenerlo—Felicidades.
Salió con ganas de llorar, estaba confundida, tenía miedo y Syaoran pudo notarlo y se acercó a ella, la tomo de la mano y la abrazo; se fueron cuando tuvieron las imágenes y fue en ese instante que se armó de valor y le dijo al castaño que hablarían. Se quedaron en el parque, él saco un cigarro y tras soltar la primera bocanada de humo, Sakura se descompuso, frustrado apago el cigarro y se dedicó a esperar a que ella hablara.
—¿Haz considerado tenerlo?—pregunto ella tímida y con la mirada baja
—No, sabes que no es la mejor opción—le dijo él sin titubeos
—¿Quieres verlo? Aún no hay formado un corazón y...es tan pequeño—Sakura sonrió al recordar lo que ella había visto
—¿Por qué habría de ver algo de lo que me voy a deshacer?—Sakura sintió que le faltaba el aire y unas inmensas ganas de llorar
—Es tan pequeño...no tiene la culpa que tú y yo fuéramos descuidados—Syaoran la quedó viendo fijamente y soltó un suspiro
—Técnicamente no es nada, aún es un coágulo, Sakura no lo pienses tanto—Syaoran se quedó viendo como ella intentaba no llorar e instintivamente iba a tomarle la mano pero se detuvo al ver que alzaba la vista
—¿Es verdad que no consideras tenerlo?—ella se negaba a creerlo, ya que dentro de sus torturas mentales llego a considerar tener al bebe
—No, de verdad no lo he pensado, pero te reitero, haré lo que tú digas, si quieres tenerlo adelante, lamentablemente no puedo hacer nada, es tu cuerpo, no el mío—Syaoran la vio limpiar algunas lágrimas, ante el silencio que se hizo
—¿Qué va a pasar si decido tenerlo? no pretendo que seamos una familia—y levanto la vista para verlo a los ojos, necesitaba saber si mentía
—Lo mantendré, procurare que no le falté nada...Sakura, me haré cargo—le contesto el castaño
—¿De verdad? Podrás verlo cuando...—Sakura se quedó callada al verlo fruncir el ceño
—Dije que me haré cargo, no dije que pasare tiempo con el engendro—una sonora cachetada fue la que le dio Sakura mientras limpiaba nuevas lágrimas
—Que no lo quieras no te da derecho a decirle de esa forma...—se quedó callada un segundo, ya que sentía un mareo, el cual no pasó desapercibido
—Está bien, no te alteres, Sakura, tiene mucho tiempo que deje de verte como la madre de mis hijos, no quiero conocerlo, te pasare dinero, pero no lo voy a conocer ni a formar parte de su vida—Syaoran la vio a los ojos para que se diera cuenta que era verdad.
Regreso a la realidad cuando sintió que Aiko se removía y comenzaba a abrir los ojos, le sonrió y le dio un beso en la frente.
—Mami, me dijo el tío Touya que hoy tengo que ir por la medicina—la voz de su hija sonaba triste
—Si amor, pero puedes llevar a Kero contigo—le dijo mientras la ayudaba a sentarse
Pasaron las horas y ahí estaba él, frente al hospital de cancerología, tomo el celular y marco el número que le había dado Eriol, al tercer tono escucho a una Sakura angustiada, le indico que esperara en recepción. Se encamino y espero a ver la castaña pero en su lugar se encontró con otra persona.
—Mocoso, no sabes cómo deseo verte muerto, pero me sirves más vivo, sígueme—ahí estaba Touya con un aura asesina esperándolo y Syaoran estaba seguro que si no estuvieran en público ya hubiera tenido un certero golpe en la nariz
—Me alegra verte Kinomoto—le contestó el castaño siendo sarcástico mientras comenzaba a seguirlo—¿Dónde está Sakura?
—Con Aiko, hoy es día de quimio—le contestó sin voltearlo a ver
—Y no pudiste quedarte tú en su lugar...—Syaoran guardo silencio al escucharle reír de una manera siniestra y sarcástica
—MI sobrina no deja que nadie se quede con ella...no tienes ni idea lo mal que se pone...tal vez no debería hacer esto, pero si eso ayuda mi sobrina, me arriesgare a que Sakura me golpee, acompáñame mocoso y no hagas nada estúpido—y sin más se desviaron.
Se detuvieron justo frente a un ventanal, en él se podían ver a varios pacientes, sentados recibiendo medicación, otros con mal semblante siendo acompañados y en una esquina, estaban ellas, Sakura tenía entre sus brazos a su hija.
—Ellas son todo para mí, mi hermana sufre, no lo dice, no lo llora, pero sufre, le duele ver a Aiko así...la quimioterapia la está acabando, cada vez es peor, llora y sólo se calma con su mamá...—Syaoran escucho cada palabra del que hubiera sido su cuñado, mientras se perdía viendo como la niña devolvía el estómago violentamente y su madre trataba de calmarla
—¿Siempre es así?—Touya suspiro
—Sí, a veces desearía que Aiko dejara de luchar, pero eso mataría a Sakura, por más fuerte que sea dudo que pueda superar si la niña no sobrevive—Syaoran se quedó viendo como Sakura arrullaba a su hija, mientras trataba de no llorar en el proceso
—¿Por qué hasta ahora?—fue lo único que pudo preguntar
—No quieres ser parte de la vida de Aiko, seguramente Sakura, siendo Sakura, cumplió con tu petición...pero la situación la supera, eras su último recurso y de verdad espero que seas compatible, así que acompáñame—y sin más se perfilaron al laboratorio
Sakura había dejado a Aiko en la sala de recuperación, completamente dormida, mientras ella salía a fumar, se había prometido ir dejando el vicio, pero cada día era más estresante que el anterior; estaba ella dando vueltas por el jardín, sin darse cuenta que el castaño estaba a unos pasos.
—Tu hermano sigue siendo el mismo dolor de cabeza—la vio expulsar el humo de sus pulmones
—Siempre supo cómo ser un encanto—él noto que había llorado y sin más soltó un suspiro
—¿Por qué lloras sin nadie que te consuele?—Syaoran la tomo de la mano y ella la retiro al instante
—Li...—guardo silencio
—Syaoran—le corrigió—puedes decir lo que desees o no decir nada y llorar, no necesitas ser fuerte, no conmigo...me molesta—aquellas palabras calaron en la poca fuerza de voluntad de Sakura
—Aiko me...me...me suplicó...que...que yo...que yo la deje...morir—lo dijo muy bajo, teniendo miedo a que realmente pasara y llorando al grado de dificultarle respirar
—Sakura...tal vez...—y ella lo interrumpió deseando que no dijera algo tan terrible como hacía casi siete años
—No lo digas...no te atrevas...es tal vez...muy egoísta...pero…la amo…tanto...la necesito...no quiero...no quiero dejarla...soy una espantosa madre...Touya me lo dijo...—él sintió dolor de verla, en todo el tiempo que llevaba de conocerla, jamás había visto a la castaña tan devastada y eso le dolía
—Tu hermano, siempre tan encantador, Sakura nunca, después de tu cambio de opinión, he deseado que esa niña muera, ¡jamás!—Syaoran la abrazo y dejó que siguiera llorando.
—Gracias, tengo que regresar...debo llevarla a casa—y sin más se levantó, y se fue, dejando a Syaoran sumido en sus pensamientos.
Syaoran sabía que había sido y seguía siendo vil, estaba tomando las cosas a la ligera, como si se tratara de un sueño y apenas estuviera despertando de él; había una posibilidad que no fuera compatible, pero si llegaba a serlo, tendría que ser intervenido y no sabría que explicaciones dar con su familia y su pareja. Era un tonto si creía que podría hacer todo a escondidas como antes, aún no sabía que haría, seguía igual que hace seis años.
—No hay necesidad que vayas manejando tan rápido—le dijo Sakura mientras veía pasar los coches rápidamente
—Manejo como siempre—le dijo mientras rebasaba un auto
—Syaoran, si es tu forma de matar al bebe, matarme y matarte es muy estúpida—le dijo ella mientras cerraba los ojos al verlo rebasar otro auto
—Sakura tengo el tiempo encima y debo moverme de Tokio a Tomoeda y la inversa, para poder ir contigo—le recordó él
—No es mi culpa que me trates como tú amante, ni que sólo hubiera cita en ese horario—y Sakura se quedó viendo por la ventana
—No pienso discutir contigo—le dijo él mientras la veía de reojo
—¡Detén el auto!
—¡Ya te dije que...!
—¡Detén el auto o vómito en él!—le grito ella molesta
El castaño detuvo el auto al costado de la carreta y la vio bajar, apurado desabrocho el cinturón, bajo y se aproximó a detenerle el cabello, el estómago de Sakura se vació, y la vio tener arcadas unos minutos hasta que se calmó.
—¿Mejor?—le paso un pañuelo y la botella de agua que ella tenía en su bolso
—Me siento muy mareada—le contesto, más pálida de lo normal
—Tranquila, siéntate...Sakura, lo siento—le dijo él mientras la ayudaba a sentarse
—Pasa seguido con Touya en casa, no me deja en paz, y eso me molesta—y volvió a verla detenidamente
—El enojarte es lo que te hace daño—aquella afirmación lo había dicho más para él que para ella.
Espero a que ella recuperará un poco de color para ponerse en marcha, tendría que cuidar mucho lo que decía, al parecer Sakura estaba más vulnerable a cambios de humor de lo que había pensado y era mejor llevar la fiesta en paz. Trato de ir lo más despacio posible y al llegar al hospital de Tokio, Syaoran llamó a su oficina para cancelar algunas reuniones y posponer la salida que tenía planeada con su pareja. Al regresar al lado de Sakura la vio nerviosa, se acercó a ella y se sentó a su lado, pasaron varios minutos en silencio, hasta que fueron llamados por el médico.
Empezaron con preguntas de rutina, el cómo se sentía, los síntomas que presentaba y fue ahí donde descubrió que Sakura pasaba por náuseas cada mañana, que siempre estaba sofocada, que ciertos olores la hacían devolver el estómago y que siempre tenía ganas de orinar. El médico le preguntó si notaba algún otro cambio en su "esposa" a lo que pudo decirle que cada que se molestaba o se alteraba devolvía el estómago; una vez tomadas esas notas, le pidieron a Sakura ir a la camilla y descubrir su vientre, ella quedo viendo a Syaoran, y él, soltando un suspiro la acompaño.
El vientre de Sakura aún estaba plano, el único indicio que se podía apreciar de su estado, eran sus senos, los cuales se encontraban ligeramente más grandes; ella lo volteo a ver y le pido tomar su mano, a lo que la dejo hacerlo, la quedo viendo fijamente, era hermosa y dulce, sin duda estaba aún más linda; la vio respingar en el instante en que colocaban el gel en su cuerpo, y ella le sonrió; Syaoran quedo serió, la vio sonreír aún más al ver el monitor, el médico les comunico que los dejaría escuchar el corazón del bebé; ahí estaban los latidos, Sakura soltó una lágrima de emoción y él sólo pensaba que ya no podría deshacerse de un ser vivo, ya no era un coágulo de sangre, ya era un ser humano, y muy a su pesar era su bebe.
Habían pasado dos días de que había visitado el hospital, esos días fueron completamente agónicos, la razón era un sencilla, no sabía aún los resultados de los análisis, y era el motivo por el que se encontraba distraído y eso como consecuencia hacía que se cuestionara, que tan fuerte era la relación que tenía con Midori; sabía que no deseaba casarse y sabía que debía pedirle matrimonio por la cantidad de años juntos, y porque aquella mujer esperaba secretamente que él lo hiciera, pero no quería hacerlo y no era por falta de amor. Iba caminando rumbo a la oficina de Eriol, seguramente el sabría algo referente a Sakura, estaba por llamar a la puerta cuando, escucho a su amigo discutir por alguien.
—Tomoyo ya te lo dije, no puedo salir de la oficina...ya sé que Aiko fue ingresada de emergencia...la quiero como si fuera mi hija...Tomoyo, te juro que haré todo por ir...dile que si terminare el cuento—y reino el silencio, Syaoran se quedó unos momentos estático, sopesando la conversación que había escuchado...la niña había regresado al hospital, y sin pensar sus acciones que dispuso a entrar sin avisar.
—Puedes tomar el resto del día, yo me ocupo de los pendientes—aquello extraño a Eriol de primera instancia, hasta que se formuló una teoría en su cabeza que lo hizo sonreír
—Deberías venir conmigo, ya que al parecer te gusta escuchar conversaciones ajenas—Syaoran lo quedo viendo con cara de pocos amigos
—No hagas que cambie de opinión, vete de una vez—sentenció el castaño
—Anímate a conocerla, ella es...en palabras de Tomoyo, encantadora—y sin más Eriol paso de largo dejando solo al castaño.
Sakura se encontraba dando vueltas por su recámara, Tomoyo la había mandado a descansar, alegando que necesitaba reponer fuerzas, pero ella no deseaba descansar, cada minuto con Aiko era sagrado, una parte de su ser sabía que debía aprovecharla, no sabía cuánto tiempo más iba a poder tenerla consigo. Por otro lado Touya le había dicho que ese día tendría los resultados de laboratorio y sabrían si los antígenos HLA de Syaoran eran compatibles con Aiko. Deseaba que así fuera, sabía que el castaño no se negaría, por alguna razón, que ella jamás intentó descubrir, Syaoran no le negaba nada, siempre obtenía una respuesta positiva, aunque fuera tardado o la hiciera sufrir en el proceso de obtener una respuesta, pero jamás era un no... pero ahora era distinto.
Se había desmayado en plena calle, había sido repentino y ahora se encontraba en el hospital, tenía miedo que a su bebé le hubiera pasado algo, se encontraba nerviosa y no sabía si su hermano o su padre estaban enterados que se encontraba en el hospital; las hormonas la tenían loca, la hacían más susceptible al llanto, el miedo que sentía era tan grande que sin más rompió a llorar, mayoritariamente sentía vergüenza y otras tantas emociones más ayudaron a que sus lágrimas fueran aún más intensas; su llanto era tal que no se había dado cuenta que alguien había entrado, hasta que le hablo.
—Sakura...Sakura, deja de llorar, todo está bien—Syaoran se había sentado a los pies de aquella cama y le apretaba la pierna
—¿Mi bebé? Syaoran ¿qué paso con mi bebe?—le pregunto ella mientras nuevamente sus ojos se llenaban de lágrimas nuevas
—No le paso nada, se niega a abandonar tu cuerpo voluntariamente—le contesto él de manera indiferente provocando que Sakura llorara aún más
—Ya te...dije que...no...hagas ese...tipo de...comentarios…me lastiman…no es su culpa…—le dijo entrecortadamente la castaña
—Lo siento, deja de llorar, tienes que hablar con tu hermano, debo regresar a la oficina—Syaoran le paso el celular que la enfermera le había dado
—¿Cómo sabías que estaba aquí?—le pregunto Sakura siendo consciente que Syaoran no estaba ahí por coincidencia
—Te llame para preguntarte cuando era tu próxima cita con el ginecólogo, me contesto el paramédico, me explicó que te habías desmayado y que te traían para acá, me hice pasar por tu esposo, ahora llama a tu hermano—le explico él, la vio llamar y explicarle a su hermano que había pasado, omitiendo el hecho que Syaoran se encontraba con ella, término la llamada y se quedó un instante callada.
—Gracias, mi hermano no tarda en venir—le dijo ella
—No hay problema, nos vemos después—y dándole un beso en la frente salió del cuarto de Sakura y se fue rumbo al trabajo.
Desde ese incidente el castaño le enviaba mensajes o la llamaba para saber si se encontraba bien, y cuando salía sola las llamadas eran constantes, al grado que dejaba el trabajo de la oficina y se presentaba como compañía, si consideraba que su salida en solitario supondría alguna complicación, y aunque no le prestará toda la atención del mundo ahí estaba, la cuidaba o le cumplía cada antojo que tenía; se podía decir que llevo un buen embarazo y que en algún punto, entre todas las atenciones que tenía Syaoran para con ella, albergaba la esperanza de que su bebé tuviera un padre. Sin embargo, eso no paso, realmente el castaño no estaba interesado en conocer a su hija.
Una vez con los resultados y de haber llorado por dos horas, estaba indecisa de tomar el teléfono y comunicarse con él, Touya había sido muy claro, junto con el oncólogo, al decirle que Aiko no podía seguir esperando, que entre más pronto mejor; Sakura sabía que si de ella dependiera drogaría al castaño y lo sometería a la operación, en caso de que se negara a cooperar, pero Syaoran en el pasado había respetado la decisión de tener a su hija, tenía que confiar en que quisiera ayudarlas. Tomando valor, se comunicó con él, dos tonos, tres tonos…estaba comenzando a pensar en dejar de llamar…cuatro tonos y al quinto tono la voz del Syaoran se dejó escuchar, le comunico que lo esperaba la cafetería del hospital y sin más se quedó viendo a la nada de aquella habitación de hospital.
—Mami, mami...mamita—aquella vocecita se escuchaba tan lejana para Sakura que le costó trabajo darse cuenta que su hija la llama
—Disculpa amor ¿te duele algo? ¿Necesitas algo? ¿Llamo a la enfermera?—le preguntó mientras se acercaba a la camilla
—No mami, sólo quería hablar con mi abuelito, quiero pedirle que me traiga colores y libros para colorear ¿puedo?—le preguntó la niña mientras intentaba sentarse un poco
—Ya le hablé para pedirle eso, dice que en la tarde los trae, quiere terminar de contarte la historia de los faraones—le contestó Sakura mientras le tomaba una mano
—Gracias mami, eres la mejor mami del mundo...mami, el tío Eriol vino a verme—le contó Aiko con mucha alegría
—¿De verdad?—aquello si era nuevo, considerando que en las últimas semanas Eriol se encontraba sumamente ocupado
—Sí, me dijo que el ogro de su jefe se había dormido y que salió a escondidas para verme—Sakura río por las ocurrencias que su amigo le contaba a su hija
—Tu tío Eriol es muy valiente—Aiko hizo un movimiento afirmativo muy enérgico con la cabeza
—Dice que es un caballero inglés, como los caballeros del rey Arturo, tía Tomoyo dice que no es del todo cierto, porque no tiene armadura, pero para mí si es un gran caballero...mami—Sakura vio cómo su hija bajaba la mirada y fruncía el ceño, clara señal que deseaba decir algo más pero no sabía cómo
—Puedes decirme lo que sea, no te lo quedes—Aiko subió la mirada y tomo aire
—Me gustaría que mi papá fuera tío Eriol—aquello descolocó a Sakura y sintió que algo le oprimía el pecho
—¿Quieres conocer a tu papá?—Aiko negó con la cabeza
—No, sólo digo que si yo tuviera un papá me gustaría que fuera como mi tío Eriol, como mi tío Touya no...da mucho miedo cuando se enoja—le contestó la niña con una sonrisa y Sakura suspiro de alivio
—Si tu tío Touya da miedo cuando se enoja...Aiko, no le digas a tu tío nada de esto—le dijo Sakura dándole el meñique, a lo que la niña lo entrelazo con el suyo
—No mami.
Ambas se quedaron platicando, hasta que llego Fujitaka con los encargos de su nieta, momento en que Sakura aprovecho para ir a la cafetería a esperar a Syaoran; entro y vio el lugar con poca gente, se aproximó al mostrador y pidió con café americano y un chocolate caliente, una vez que su pedido estuvo listo se fue a sentar a una de las esquinas de la cafetería, dio un sorbo a su café.
Y ahí estaban sentados los dos, esperando a que la enfermera los llamara para entregarles los resultados de los análisis de sangre de la castaña, Syaoran la tenía sujeta de la mano, ya que sabía que se encontraba nerviosa, siempre se ponía aprensiva con los análisis de sangre y quedaba con la presión baja. Él por otro lado, se encontraba ansioso, lo que ese análisis dijera podría cambiar su vida, pero debía permanecer calmado, más uno de los dos debía permanecer calmado y por experiencia sabía que Sakura no sería la que se mostrara tranquila. Según sus cálculos no deberían de tardar con sus resultados.
—Sabes, tu paranoia me está costando muy caro—le dijo una malhumorada Sakura
—No sentiste cuando te sacaron la muestra, claramente te encanta discutir conmigo—le contesto él un tanto divertido
—Razón por la que no somos pareja—contra ataco ella
—Señorita Kinomoto, aquí tiene los resultados—la enfermera le acaba de entregar un sobré, Syaoran la vio luchar con él
—Dame eso, yo lo abro—y ante sus ojos estaba algo que no deseaba leer, su cerebro dejo de funcionar y su cuerpo actuó solo, dejando escapar una sonrisa
—Ves Li, eres un paranoico...—Sakura se quedó callada de golpe al sentir que la jalaba con rudeza fuera de aquel lugar
—Dio positivo...felicidades Kinomoto estas embaraza—y la vio ponerse extremadamente blanca, le arrebato el papel de las manos y ella misma leía lo impreso en ese papel
—No lo quiero—soltó ella con determinación y él no pudo sentirse más aliviado, estaban de acuerdo en no ser padres.
Encontró a Sakura en una esquina de la cafetería, se notaba aún más cansada y si no se equivocaba había llorado considerablemente, sus ojos irritados e inflamados la delataban; se sentó frente a ella.
—Te compre chocolate caliente—le dijo ella mientras le pasaba el otro vaso térmico
—Gracias, ¿cómo estás?—Syaoran tomó un sorbo del chocolate mientras la veía suspirar
—Cansada...pero tampoco puedo descansar si me voy a casa—Sakura se quedó viendo su café
—Sakura, dime lo que tengas que decirme—le dijo el castaño tranquilamente, pero en realidad trataba de ocultar lo nervioso que lo ponía saber el resultados de los análisis
—Tus antígenos HLA son compatibles con ella—le susurro Sakura un tanto temerosa
—Saku, eso es bueno, no es necesario que te muestres así conmigo, puedes programar la operación cuando gustes, sólo dame dos días de antelación para que arregle pendientes—Syaoran hablo sin titubeos y con sinceridad, dejando a Sakura sin habla por algunos instantes
—Gracias...de verdad Syaoran muchas gracias—y sin más se levantó y abrazo al castaño, dejándolo sorprendido
—Sakura...—se quedó callado al sentir que el cuerpo de Sakura no era más que peso muerto y por reflejo la sostuvo.
Soltó varios improperios antes de tomarla en brazos y buscar ayuda médica, al conseguirla, se quedó esperando a que ella regresara en sí, lo cual no tardó mucho en suceder, como la última vez que la vio inconsciente, y de eso tenía ya casi seis años.
—¿Qué sucedió?—la cabeza aturdida de Sakura no le permitía ver la situación en la que se encontraba
—Te desvaneciste, por falta de descanso y mala alimentación—le contestó Syaoran y ella bajó la cabeza y comenzó a jugar nerviosa con sus dedos
—Lo siento...—
—Tienes idea de lo lejos que queda el cuarto de Aiko hasta urgencias, sigues siendo un monstruo muy desconsiderado—ambos castaños voltearon a ver a Touya que se encontraba recargado en el marco de la puerta
—Hermano...—
—Tú hermano tiene razón, si te mandan a descansar debes hacerlo, Sakura eres humana, no una máquina—le contestó Syaoran
—El mocoso tiene razón...aún quiero partirte la cara, pero tiene razón...le hablare a Tomoyo, sus métodos son más efectivos que los míos para que duermas y comas—Touya quedó viendo a Syaoran despectivamente
—Touya, deja de amenazar a la gente...a veces me pregunto ¿por qué te contratan como médico?—Sakura se puso de pie
—Porque soy bueno...mocoso en tres días te quiero en este hospital, sino, voy a traerte hasta Hong Kong y no me importa si toda tu dinastía intenta detenerme—y sin más los dejo solos unas vez más
—Debo regresar con Aiko...Li de verdad muchas gracias—se inclinó ante él
—Sakura...lo hago por...—Syaoran se quedó callado al ser interrumpido
—Por mí...lo sé muy bien, ella no sabe quién eres, nunca le he hablado de ti y tampoco quiere un padre...no ahora, ella es feliz con Touya, con mi papá, incluso con Eriol, así que no tienes que ser papá si no lo deseas—Syaoran se quedó estático con esas palabras y la dejo irse, tenía muchas ideas que dejar en orden, pero sobretodo tenía que encontrar una respuesta a la pregunta "¿quiero ser padre?".
