¡Hola a todos!
Gracias por darle una oportunidad a la historia, la verdad estoy muy agradecida por los comentarios, espero este nuevo capítulo les guste; no se olviden que en Spotify tengo una lista de canciones, las cuales fueron las que escuche a lo largo de la creación de esta historia, la pueden encontrar con el mismo título.
La verdad si me conmueve que hay personitas que lloraron, ya que la historia en realidad es una realidad alterna que me atormento por algún tiempo de un fragmento de mi vida, que me hizo replantearme todo, mis creencias, mis amistades…en fin la vida entera. Puede que por eso genere en algunos las lágrimas.
Estaré publicando cada Lunes o Martes, la verdad para mi publicarlo es cerrar este ciclo que estuvo acompañándome por 6 años (mucho tiempo); espero que este segundo capítulo sea de su agrado.
Con cariño Tinuviel.
Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la creación de las Clamp.
Capítulo 2
Sakura llegó a la habitación donde se encontraba su papá y su hija, los vio estar concentrados dibujando, sin poder evitarlo sonrió, esas pequeñas acciones le recordaban de que su hija era una niña normal de casi seis años y que no tenía que estar en una lucha constante por su salud.
—Mami...mira, el abuelito me está ayudando a dibujar las pirámides de Egipto— Aiko tenía en alto el dibujo, mientras su abuelo sonreía.
—Son muy bonitas, seguro tu abuelito término de contarte la historia de los faraones—le contesto la castaña mientras se acercaba a ellos.
—¡Síí! ¿Abuelito verdad que después me contarás la historia de los mayas?—Fujitaka sonrió y tomó su pequeña mano entre las suyas.
—Claro que sí, pero la próxima vez será con el postre favorito de Ai—y la niña se abalanzó a abrazarlo.
—Vamos a tener que esconderlo de Touya y las enfermeras—les dijo Sakura con una sonrisa.
—De mi tío sí, pero a las enfermeras les podemos dar postre—dijo Aiko con gran sonrisa.
—No creo que sea buena idea—le sonrió el afable Fijitaka al verla fruncir el ceño.
—Hija se supone que no podemos darte cualquier cosa—
—Bueno princesa, eso déjalo a tu abuelo, por lo pronto sigue con lo tuyo, voy a hablar con tu mamá—y le dio un beso en la frente a lo que la niña sonrió encantada y se volvía a afanar en su dibujo.
Sakura siguió a su padre fuera de la habitación y espero a que él iniciara la conversación, no tenía idea de cómo abordar ciertos temas.
—Sakura, tu hermano me dijo que el joven Li es compatible con Aiko ¿ya te comunicaste con él?—Fijitaka la quedó viendo con el semblante serio esperando que la respuesta fuera afirmativa.
—Sí, sólo tiene que arreglar algunos pendientes—Sakura se retorcía los dedos en señal de incomodidad.
—No te preocupes, todo estará bien, él ha accedido a esto y eso es lo importante—le contestó Fijitaka mientras analizaba a su hija.
—Eso es una parte de mi preocupación...yo...tengo miedo—Sakura bajo la vista mientras trataba de poner sus ideas en orden.
—¿A qué no salgan las cosas bien?—Fijitaka tomó el mentón de Sakura para alzarle la cara.
—No, tengo miedo que la familia de Li se entere de la existencia de Aiko y que se nos obligue a...—Sakura dejó de hablar cuando su padre la abrazo.
—Eso no va a pasar, hasta lo que recuerdo la señora Li te quería mucho, pero si las cosas no salen bien, recuerda que ni tú ni mi nieta están solas, tranquila, pase lo que pase todo va a estar bien, ahora regresemos—y como si fuera una niña Fujitaka la tomó de la mano y la guío hasta la habitación.
Ya no había vuelta atrás, había hablado con su madre alegando que tenía algo sumamente importante que decirle, en un principio se negó a decirle por teléfono, pero ante la mención de las palabras donación y nieta; ella misma había dicho que estaría en su departamento a la mañana siguiente, y bueno, ahí estaba Syaoran, esperando a que su madre tocara la puerta; había preparado el desayuno para los dos, aunque dudaba que comieran algo, ya que él mismo no tenía apetito desde la tarde de ayer. Se vieron interrumpidas sus cavilaciones en el momento en que el timbre sonó, soltando un suspiro se encaminó a recibir a su madre.
—Madre—hizo una inclinación y la dejó entrar.
—Xiao Lang, dime exactamente qué está pasando—le dijo Ieran mientras tomaba asiento en el sillón individual de la sala.
—Ni yo sé cómo explicarte...—le dijo mientras tomaba asiento quedando frente a ella.
—¿Para qué vas a donar? ¿Qué ganas tú en todo esto?—le pregunta ella tranquilamente mientras observa a su hijo soltar un suspiro.
—Hay una niña, con la cual soy compatible, tiene leucemia...—Syaoran guarda silencio al ver a su madre levantar la mano en señal de silencio.
—¿Qué relación tienes con la niña? Xiao Lang te conozco lo suficiente como saber cuándo no eres sincero—los ojos de Ieran se volvieron duros e inquisitivos, dándole a entender que no iba a tolerar mentiras.
—Esa niña es mi hija, va a cumplir seis años en unos meses y hasta hace una semana supe de su enfermedad—Syaoran sostuvo la mira de su madre, intentando en vano saber qué le diría.
—No necesito ser un genio para saber que es niña no es hija de Midori, lo cual es un alivio, ¿Quién es la madre?—Syaoran soltó otro suspiro y se enderezo en un acto de aliviar un poco su nerviosismo, no importaba qué edad tuviera, su madre siempre iba a lograr intimidarlo.
—Sakura Kinomoto—Ieran hizo una mueca parecida a un sonrisa ante la mención del más grande amor de su hijo, aunque él se encargara de negarlo en cada oportunidad.
—¿Por qué no sabía de la existencia de mi nieta?—Syaoran tragó pesado, sabía que su madre no tomaría nada bien el hecho de haber alejado a la niña de su vida.
—Porque...porque yo...no quise conocerla—le dijo él mientras su madre negaba con la cabeza una y otra vez.
—Xiao Lang, tu cobardía me sorprende, dejar de lado a un hijo por miedo al compromiso, engañaste a tu pareja con el amor de tu vida, porque aunque lo niegues es así ¿qué es lo que realmente quieres? Pudiste hacerte cargo de la niña sin estar casado, en el caso en que Kinomoto hubiera deseado un matrimonio...—como pocas veces Syaoran interrumpió a su madre.
—Ella jamás menciono casarnos, ni siquiera quería que eso sucediera, he mantenido a esa niña desde que estaba en el vientre de su madre, que ella sea orgullosa y no tomara nada de ese dinero no es mi culpa, es mi hija...—Ieran se levantó y quedó viendo a su hijo como si tuviera tres cabezas al haber comprendido sus palabras.
—¡Si tu padre te escuchara! Me estás diciendo que no quieres ser padre, el hecho que deposites dinero en el banco no te hace padre, ni responsable, te hace un completo idiota y bendita sea Kinomoto al no tomar nada de ese dinero y entender que es lo mejor para SU hija, porque tuya no es, aunque su ADN diga lo contrario—su madre estaba furiosa, aunque su semblante fuera tranquilo, conocía esa mirada cargada de furia.
—Es mi ADN lo que ella necesita y...—Syaoran quedó callado al sentir la mano de su madre estamparse en su mejilla.
—¿Xiao Lang que es lo que deseas en esta vida?—le preguntó severamente.
—Aún no sé si deseo ser padre, desde que termine mi relación con Sakura, no he vuelto a soñar con ser padre...cuando ella quedo embaraza yo deseaba consolidar mi empresa y...bueno un hijo lo complicaría todo, aparte Midori es alguien en mi vida—le dijo el castaño aun dudando de lo realmente deseaba.
—Sigues sin darme una respuesta, Midori podrá ser una buena chica, pero jamás la tomaste en serio, claro ejemplo tu falta de fidelidad...no me interesa seguir escuchándote, mañana mismo te interno en ese hospital a modo de castigo, para que pienses que demonios quieres, Xiao Lang eres un perfecto idiota—y sin más Ieran se fue al cuarto de visitas, dejando a un malhumorado y confundido Syaoran.
Estaban acostadas haciendo nada, las visitas que a veces hacia Tomoyo podían ser muy extenuantes, más cuando traía consigo miles de vestidos, por suerte para Sakura la víctima ahora era Aiko, en esta ocasión trajo unas hermosas pelucas de todos colores; aunque a Touya eso le parecía un circo y a las enfermeras les parecía lo más divertido que podía pasarle a la niña, al final de la visita ambas quedaron cansadas y listas para dormir. Sin embargo, a pesar de sentir cansancio ella no podía dormir, tenía miles de cosas en la cabeza, deseaba con todas sus fuerzas poder tener a su hija por siempre.
Había sido un día muy cansado, le dolía cada extremidad de su cuerpo, aparte de que sus ocho meses de embarazo le comenzaban a fatigar. Pero aún no terminaba, tenía que estar lista para ir a su última cita, para programar el parto; sólo esperaba que Syaoran terminara de ducharse para poder hacerlo ella.
Se habían pasado la mayor parte de la mañana terminando de arreglar el cuarto de la bebé, ella se encontraba contenta de que llegara a ayudarla, algo le decía que había cambiado de opinión y sería parte de la vida de su hija; aunque a veces Syaoran la veía de forma extraña, jamás le había preguntado el motivo de ello.
—Sakura, puedes entrar—y lo vio salir con una toalla enrollada alrededor de la cintura.
—Voy—regresó sobre sus pasos y fue por una toalla.
—Haré algo de comer—le dijo él mientras entraba a la habitación para cambiarse.
—No te preocupes, podemos pedir algo de comer—le contestó ella.
—Sakura, es más fácil que me digas que tienes antojo de algo—Syaoran se giró y la quedó viendo detenidamente.
—Muero por una hamburguesa...¿por qué me ves así?¿estoy muy gorda?—le preguntó ella al sentirse incómoda por la mirada que recibía por parte del castaño.
—Creo que me gusta cómo te ves embarazada, y no estás gorda—le contestó él mientras acortaba la distancia entre los dos.
—Syaoran...—y sin más él la beso, era un beso lleno de deseo al que ella correspondió después de unos instantes.
Ese beso paso a ser caricias, sin tiempo a nada Syaoran estaba con ella en la ducha, los besos y las caricias seguían, el deseo y el anhelo estaban jugando con ambos, ella deseaba más, deseaba sentirlo dentro de ella; fue rápido y placentero, Sakura sabía que aquello estaba mal, pero deseaba a Syaoran cada que llegaba, sin embargo, nunca se atrevía a decirle, y terminaba maldiciendo a sus hormonas, ya que no era más que la necesidad sexual de su propio cuerpo. Con prisa pasaron a comprar las hamburguesas para ir comiendo en el camino, ya que habían perdido el tiempo saciando el deseo del otro y tenían que llegar a la penúltima de las citas de control.
Y sin poder evitarlo, ambos llegaron a la misma conclusión, actuaban como la pareja que no eran...aunque muy dentro de sí, Sakura sabía que era la otra...no era más que la amante de Syaoran y eso dolía, porque jamás imagino ser la amante de nadie, y así, por primera vez, deseo llorar amargamente.
Eran escasas las ocasiones en la que su madre o su familia la dejaban sola, generalmente tenían el cuidado de no hacerlo, pero todos se encontraban muy ocupados ultimando detalles; Aiko suspiro una vez más, no era que le diera miedo estar sola, pero se aburría con gran facilidad y sabía que sólo podría salir en compañía de una enfermera; suspiro una vez más, apretó uno de los botones que estaban a un costado y espero.
Las enfermeras del área de pediatría eran muy buenas con todos los niños, siempre buscan hacerlos sentir en casa o en confianza, Aiko sentía una gran predilección por la enfermera Nakuru, quien siempre se mostraba muy entusiasmada al momento de ayudarle y sospecha que la razón era su tío Touya, o eso había escuchado decir a su tía Tomoyo.
—Aiko, ¿Celeste, castaña o chocolate?—y le puso frente a ella las tres pelucas mencionadas.
—Mmmm...la celeste—le contestó Aiko y recibió una sonrisa por parte de la enfermera.
Una vez con la peluca puesta salieron, Aiko podía caminar, pero en el hospital era raro que la dejaran, por lo que iba en silla de ruedas, Nakuru la empuja por los pasillos, hasta que se adentraron a una sala que utilizaban para que los enfermos comieran con sus visitas o jugarán; Aiko lo usaba para jugar con las enfermeras. Las dos estaban entretenidas jugando cartas, mientras platicaban sobre los vestidos que Tomoyo le había hecho probarse, cuando escucharon por los altavoces que buscaban a la enfermera, la cual le dijo a la niña que regresaba en unos minutos y si no podía le pediría a alguna de sus compañeras que fueran por ella.
Syaoran llevaba toda la mañana malhumorado, su madre había cumplido su amenaza, tenía una par de horas ingresado en el hospital, y para su mala fortuna lo recibió Touya, quién habían decidido administrarle vitaminas por intravenosa. Y ahí estaba él arrastrando el molesto tripote, mientras vagaba por el hospital; vio pasar a una enfermera dando brinco como si fuera una niña, ignoro el hecho, ya que daba por sentado que se traba de alguna enfermera del área de pediatría y siguió caminando por el pasillo, hasta que dio con una sala pequeña, con mesas y algunos estantes con juegos.
Ahí encontró a una niña con cabello azul, que suspiraba y empezaba a recoger las cartas que se encontraban sobre la mesa, le tomó unos instantes reconocerla, era la hija de Sakura...era su hija; solo Dios sabe que lo motivo a sentarse frente a la niña que lo observaba detenidamente.
—¿Qué juegas?—le preguntó el castaño con curiosidad mal disimulada.
—Poker—contestó la niña sin dejar de ver a Syaoran.
—Un juego muy interesante para que una niña de tu edad sepa jugarlo—le contestó Syaoran mientras trataba de ver algún rasgo suyo en ella.
—Mi tío Eriol me enseñó...y la enfermera Nakuru es la única que juega conmigo cuando mamá, el abuelo o la tía Tomoyo no están cuidándome—le contestó Aiko quien comenzó a acomodar los naipes.
—¿Y dónde está tu familia ahora?—se le hacía extraño que nadie estuviera con ella, ni el odioso de Touya.
—Mi abuelo está dando clases y…tía Tomoyo fue a vigilar que mi mamá durmiera—lo último lo dijo muy bajo.
—¿Por qué te pones triste?—Syaoran trataba de entender la dinámica que tenían madre e hija.
—Yo sé que mamá no duerme mucho porque siempre está preocupada por mí y...yo no quiero que mi mamá siga así—Aiko se limpió alguna lágrimas antes de volver a levantar la cabeza.
—¿Por qué usas una peluca? ¿Te gustan?—Syaoran sintió que no podía verla llorar y por ello trato de cambiar el tema.
—¿Por qué? mmmm bueno, tía Tomoyo me las regala, siempre acompañadas con algunos vestidos...no me gustan, pero no puedo decirle que no, la tía Tomoyo es muy buena conmigo y con mi mamá, por eso las uso, menos las de color castaño y chocolate—le dijo la niña mientras se llevaba una mano a la cabeza.
—¿Qué tienen de malo? Son colores muy bonitos y seguro te quedan muy bien—le dijo el castaño al imaginarla con el tono de cabello de Sakura o bien con el suyo.
—Cuando las utilizo mi mami se pone triste, a veces creo que es porque se siente mal de que no tenga cabello...pero si uso alguna de colores creo que le divierte o eso dice mi abuelito—Syaoran sin darse cuenta le estaba sonriendo.
—¿Y tú papá?—él sabía que estaba siendo masoquista pero necesitaba saber que pensaba esa niña de él.
—Yo no tengo papá, bueno si tengo...supongo, pero no lo conozco—le contestó ella clavando sus ojos en Syaoran de forma inquisitiva.
—Eso no suena muy bonito ¿te gustaría conocerlo?—Syaoran se maldijo por no haber pensado antes de soltar semejante pregunta.
—No, no creo, me basta con mi abuelito, mi tío Touya y el tío Eriol...más con mi tío Eriol, yo lo quiero mucho, siempre que puede se escapa del ogro de su jefe y viene a verme para contarme cuentos, o trae libros nuevos, también me enseña juegos...a veces quisiera que fuera mi papá...mi abuelo es muy bueno conmigo, cuando viene me cuenta sobre sus excavaciones y hace muy ricos postres...el tío Touya es muy molesto y siempre se molesta cuando no hago lo que los doctores dicen, mamá dice que es porque me ama mucho, pero es la única forma que tiene de demostrarlo...así que creo que no necesito conocer a mi papá...yo tengo tres...¿Hablé mucho?—Aiko se sonrojó cuando se dio cuenta que había hablado sin parar.
—Claro que no, sólo dices lo que sientes y eso está bien—Syaoran el quedó viendo fijamente, meditando en su vida y sintiendo algo de decepción al escuchar la negativa de su hija a conocerlo.
—¿Cuál es tu nombre? ¿Qué haces en el hospital? ¿Estas enfermo como yo?—le pregunto Aiko mientras apoyaba su mentón en la mesa.
—Mi nombre es Li Syaoran, no estoy enfermo realmente, voy a ayudar a una amiga a que se mejoré, ¿cuál es tu nombre?—le preguntó él.
—Kinomoto Aiko...o sea que vas a donar, mi mamá no me habla mucho de eso, generalmente es mi tío Touya quien lo hace por ella, yo creo que es fantástico...es feo ir a quimio, por eso no tengo cabello y duele...son de las cosas más feas...Syaoran, ¿puedo decirte Syaoran?...—Syaoran sonrió al darse cuenta que la niña frente a él, era tan propia como lo fue él a su edad y al tomar confianza era una versión de Sakura, era realmente fascinante.
—No me molesta, si también puedo llamarte por tu nombre—Aiko sonrió y al momento se quedó callada y frunció el ceño.
—Xiao Lang ¿qué haces aquí?—se giró al reconocer la voz de su madre
—Nada en particular, tenía una conversación muy interesante con Aiko—le contestó el castaño frunciendo el ceño.
Ieran se quedó viendo a las dos personas que tenía frente a ella y al ver los ceños de los dos fruncidos de la misma manera, no pudo evitar sentir una gran emoción al conocer a su nieta, se quedó viendo a su hijo seriamente, dándole a entender que no hiciera nada estúpido.
—Hola, soy Li Ieran, madre de Xiao Lang—vio a la niña parpadear un par de veces y abrir y cerrar la boca como tratando de encontrar coherencia al nombre de Syaoran.
—Mucho gusto, Kinomoto Aiko ¿De dónde es el nombre Xiao Lang?—Ieran sonrió.
—Chino, es un nombre chino, pero en japonés se puede decir Syaoran ¿qué edad tienen?—le preguntó Ieran.
—Cinco años, espero cumplir los seis, mamá dijo que si llegaba a los seis iríamos con el abuelito Fujitaka a Egipto, pero para eso tenía que ponerme fuerte y hacer todo lo que los médicos dijeran...¿les molesta si me quito la peluca?—les preguntó Aiko algo apenada.
—Claro que no—le contestó Syaoran, a lo que la niña sonrió y sin ningún tipo de delicadeza se quitó el cabello azul
-Se me hacen conocidos...es que siento que los conozco...es extraño, señora Li, creo que la he visto en alguna fotografía, pero no recuerdo ¿conoce a mi mamá? se llama Sakura, Kinomoto Sakura—les dijo la niña una vez más frunciendo el ceño.
Los dos adultos se quedaron sin habla, no sabían que decir, ya que al final de cuentas Sakura no había hablado de ellos con la niña, o eso es lo que intuían, estaban por contestarle cuando escucharon un grito ahogado.
Sakura no daba crédito a lo que tenía frente a ella, Syaoran e Ieran Li estaban frente a su hija, sin poder evitarlo soltó un grito ahogado y tomó a Tomoyo de la mano con fuerza, la amatista, estaba igual de sorprendida, ninguno de los cuatro adultos sabía que decir a ciencia cierta, hasta que el silencio se vio interrumpido por Aiko.
—¡Mamá! Qué bueno que ya estas acá—le dijo la niña con una gran sonrisa.
—Te dije que no íbamos a tardar mucho—le contestó Sakura sin despegar la vista de Syaoran y de la señora Li.
—Mami ¿conoces a la señora Li? Le decía que se me hacía conocida, pero no recuerdo de donde—le dijo Aiko mientras la llamaba con la mano.
—Sí, sí la conozco, Ieran, un gusto verla después de tanto tiempo—saludó la castaña inclinando un poco el cuerpo.
—Sakura, no sabía que tenías una niña, tan bonita—le dijo Ieran con la mirada seria.
—Tiene muchos años que perdí contacto con su familia, además alguien fue muy claro en una última conversación—soltó Sakura sin pensar, dejando a todos ligeramente sorprendidos, ya que era muy raro que hablara con sarcasmo.
—¿De dónde se conocen?—preguntó Aiko, al desconocer aun el sarcasmo.
—Li, Tomoyo, Eriol y yo fuimos compañeros en la preparatoria...Tomoyo puedes llevarte a Aiko a la habitación—Tomoyo solo asintió antes de colocarse detrás de la silla de ruedas.
—Pero mamiiiii, quiero saber más cosas, me han caído muy bien...—Aiko guardo silencio al ver la expresión de molestia de su madre, ya que muy rara vez pasaba eso y cuando sucedía sabía que era mejor no llevarle la contraria.
—En un momento te alcanzo y platicaremos tú y yo solas, Tomoyo por favor—Tomoyo suspiro y se inclinó frente a los Li como despedida.
Ieran estaba calmada, podía entender las razones por las cuales Sakura se encontraba tan molesta, Syaoran por otro lado, esperaba el momento en que ambas mujeres lo atacarán, sabía que la castaña le reclamaría el hecho de encontrarla frente a su hija; mientras que su madre le reclamaría el no poder pasar tiempo con su nieta, así que, básicamente, se encontraba nervioso y en problemas.
—Sakura yo...—se quedó callado al ver a la castaña levantar una mano
—Cállate Syaoran, ¿qué demonios pretendes? Hasta dónde recuerdo no tienes interés en conocer a MI hija...y vengo y los encuentro platicando...no puedes hacerlo, no puedes venir y tratar de ser algo para ella para que limpies tu conciencia sólo porque se está muriendo…simplemente no puedes—Sakura tenía las manos empuñadas y conforme hablaba las iba apretando más ya que sentía que la rabia la consumía.
—La encontré por casualidad, aún no sé si quiero ser parte de su vida y...—Syaoran se quedó callado al darse cuenta que su madre había interrumpido su explicación con un levantar de su mano.
—Xiao Lang, guarda silencio si no sabes lo que deseas—Ieran le lanzó una mira mirada dura a Syaoran para que no se atreviera a contestar—Sakura, entiendo tu enojo, no soy quien para reclamar algo, sólo te pido que no me alejes de ella, porque aunque Xiao Lang no desee ser parte de la vida de mi nieta, yo si lo deseo, tal vez no me acerque a ella como abuela pero prefiero eso a seguir aparta de la vida de Aiko. Y estoy convencida que mis hijas querrán conocer a su sobrina, aunque no puedan decir que son sus tías
—Señora Li…yo…yo tenía tanto miedo…miedo a que no la quisiera conocer o …que la quisiera apartar…de mí—Sakura se limpió unas cuantas lagrimas que salían rebeldes de sus ojos.
—Sakura, de verdad necesito tiempo…Aiko dejo en claro que no desea un padre y necesito pensar—Syaoran sostuvo la mirada de Sakura unos segundos antes de bajarla.
—Has tenido el tiempo suficiente para pensar, has tenido casi seis años para pensar si deseas o no ser padre…así que decides ahora o puede ser muy tarde para ti, porque te garantizo que Aiko es muy feliz—le contestó Sakura de forma tajante antes de ponerse en pie — Señora Li, cuando guste puede ver a Aiko, con permiso.
Le era muy difícil estar tranquila, el dolor que comenzaba a propagarse por su cuerpo era una señal de que sus contracciones iban en aumento y que pronto su hija estaría entre sus brazos; llevaba alrededor de cinco horas con contracciones fáciles de manejar, por lo cual no había salido corriendo al hospital, se encontraba estable, pero algo dentro de ella le decía que el parto se había adelantado. Y en ese instante fue consciente de que se encontraba sola; su papá estaba en una excavación, la cual acababa de dejar botada para poder conocer a su nieta; Touya estaba en un congreso en Seúl; Tomoyo junto con Eriol tardarían unas cuantas horas más en llegar a Tomoeda. Sakura había tenido que llamar a Syaoran para decirle que el parto se había adelantado y que necesitaba llegar al hospital lo más pronto posible y que estaba convencida que en esta ocasión no era una falsa alarma.
El castaño había llegado a su departamento y con cuidado la ayudo a bajar las escaleras y subir al auto, cuando estaban a medio camino, Sakura había roto fuente y aquello en vez de asustarla la apeno sobremanera, ya que había manchado el auto de Syaoran, se disculpó con él, quien sólo se limitó a decir que no se preocupara, que lo importante era que ella estuviera bien, fue en ese instante en que la castaña se dio cuenta que Syaoran no tenía ningún tipo de preocupación por la bebé, porque de ser en caso contrario le hubiera dicho que lo importaba era que estuvieran bien; fue inevitable que no se pusiera a llorar, porque sabía que a partir de ese instante que las cosas con Syaoran Li jamás volverían a ser las mismas, que ella jamás podría volver a tener contacto con él y por ende su hija jamás conocería a su padre y lloró con la intensidad de la tristeza que la rodeaba.
Syaoran por otro lado atribuía el llanto de Sakura al dolor que se propagaba por su cuerpo, lo que hizo que aumentara la velocidad del auto y tratara de calmarla con palabras dulces; se encontraba nervioso, nervioso que algo le pasara a ella y una parte de su mente estaba comenzando a contemplar la posibilidad de ver a la bebé, de tenerla entre sus brazos y ser un padre para ella; pero ese pensamiento no tenía la fuerza necesaria como para que el castaño lo llevara a cabo. Importándole muy poco como dejó el auto estacionado, se encamino a abrir la puerta del lado de Sakura, quien seguía envuelta en un mar de lágrimas, la tomó en brazos con un poco de dificultad y la llevo a emergencias, mientras le repetía una y otra vez que "todo estaría bien", una enfermera los intercepto y le indicó que dejara a Sakura en la camilla.
Después que el médico de guardia revisara que tan dilatada estaba, Sakura fue trasladada al área de maternidad, dentro de su desesperación pidió que avisaran a su acompañante, con forme el dolor se intensificaba, el miedo se iba apoderando de ella, a los pocos minutos vio entrar a Syaoran y sin emitir palabra alguna le pidió que se acercara y le tomara la mano; él la tomó de la mano y en un impulso beso su frente, sin importar el sudor que recorría el rostro de la castaña.
—Tranquila, estoy aquí, no voy a dejarte sola—le susurró Syaoran al oído en un intento por tranquilizarla.
—Syaoran…tengo miedo—le dijo Sakura mientras nuevas lagrimas rodaban por su rostro.
—Sh, sh, sh, tranquila, nada va a pasar—él acaricio el cabello de Sakura y apretó su mano con mayor fuerza.
Cuando el obstetra ingreso a la habitación, todo se centró en el momento de pujar, Syaoran se ponía cada vez más nervioso al ver como Sakura sufría con cada contracción, hasta que se dejó caer agotada y el llanto del bebé se dejó escuchar por toda la habitación. Syaoran le soltó la mano y con paso decidido salió de aquella habitación; Sakura dentro de su cansancio fue consciente que esa sería la última vez que vería a Syaoran Li, que en ese instante se iba a transformar en padre y madre. Tal vez el castaño no deseara a su hija, pero ella sí, la amaba, igual que todos sus tíos y su abuelo, era esperada con amor, su bebé había sido esperada con todo el amor que merecía y fue en ese instante en que supo que se debía llamar Aiko…Aiko Kinomoto.
Sakura llevaba mucho tiempo guardando el resentimiento que sentía por Syaoran, la forma en la que había estado y no estado para Aiko le dolían, porque a ella pudo haberle hecho muchas cosas en el pasado, pero jamás le guardo un rencor o resentimiento, sin embargo, se había metido con lo que más amaba en ese mundo, su fuerte, hermosa y enferma hija. Syaoran podía jugar con ella todo lo que deseara, convertirla en su amante, incluso podía destruir su corazón, pero no permitiría que jugara con el de Aiko, eso no iba a poder perdonarlo jamás, menos ahora que había un poco de esperanza para que la niña siguiera con ella.
Tomoyo se había llevado a una desanimada Aiko, y una vez dentro de la habitación se dispuso a esperar a que la niña hablara. Lo cual no paso, y sin darse cuenta ya se encontraba explicándole a Aiko como es que habían conocido con la señora Li.
—Fue hace mucho tiempo, Li había llegado como estudiante de intercambio, con el tiempo nos hicimos buenos amigos, en una ocasión viajamos a China y nos hospedados en casa de los Li, por eso conocemos a la señora Ieran—Tomoyo elegía las palabras con mucho cuidado, ya que Aiko, a diferencia de su padres, era muy observadora.
—¿Y por qué mamá parece tan molesta con Syaoran? ¿Por qué lo llaman por el apellido?—preguntó la niña muy bajo, a lo que Tomoyo soltó un suspiro.
—Bueno, después de estar en Tomoeda por unos años, Syaoran regreso a China y perdimos el contacto por algún tiempo, pasó un año y medio para que él regresara a Tomoeda, pero nada fue como antes...y en cuanto al enojo de tu mamá, no lo sé...—le dijo la amatista encogiendo se de hombros.
—Debe ser muy malo, mamá puso la cara que da miedo, la que usa sólo cuando he hecho algo muy malo, tía Tomoyo ¿tú crees que mamá se enojara si hablo con los Li?—Aiko se acomodó mejor en la cama, mientras Tomoyo se quedaba perdida en sus pensamientos.
—No creo que haya problema si hablas con la señora Li—le contestó Tomoyo un poco más sería de lo normal.
—¿Y con Syaoran? Es que...tía cuando lo conocí me sentí...me sentí muy feliz, no sé por qué—le confesó la niña con un ligero sonrojo.
—Ay Aiko, no sé qué decirte, tal vez deberíamos esperar a que tu mamá venga y le preguntamos—le dijo la amatista en tono conciliador.
Syaoran no podía quitarse de la cabeza aquella imagen de Sakura enfadada, en el pasado, jamás la había visto de ese modo, tal vez molesta, pero jamás en el estado iracundo en que la vio unos momentos atrás, ni cuando se fue dejándola sola después del parto se había puesto así.
—¿Y bien?—la voz de su madre lo sacó de sus cavilaciones.
—¿Y bien qué? Madre, con todo respeto, no sé a qué te refieres—Syaoran estaba sumamente malhumorado y lo que menos deseaba era una discusión con su madre.
—¿Por qué te acercaste a la niña?—Ieran levantó una ceja y se acomodó frente a su hijo.
—No sabía que era ella, me llamo la atención que estuviera jugando con naipes y por no mencionar la peluca azul que tenía puesta; cuando la tuve de frente me di cuenta que era...que era...—y fue en ese instante en que se dio cuenta que no sabía cómo llamarla.
—Tu hija—completó Ieran.
—Sí...ella es...es perfecta—dijo sin pensar mucho el castaño, generando que su madre sonriera.
—Lo es ¿qué piensas hacer? Hijo, Sakura tiene razón, has gozado de mucho tiempo para pensar que deseas ser o no ser padre para esa niña—le dijo Ieran.
—Ella no desea conocerme—le dijo Syaoran siendo consciente por primera vez de aquel hecho.
—Xiao Lang, tu hija se ha criado sin un padre, tiene un tío y un abuelo que sustituyen esa figura, de cierta forma, es seguro que Aiko muy en el fondo desea saber de su papá—Ieran sabía que ellos no figuraban como parte de la familia de la niña aunque la sangre dijera lo contrario.
—Eriol toma el papel de padre muy bien—contestó Syaoran con recelo en la voz, logrando captar la atención de su madre.
—¿Qué tiene que ver Eriol? ¿Por qué tendría que tomar el rol de padre, sabiendo que Tomoyo es tu esposa?—Ieran trataba de entender que llevaba a su hijo a asegurar algo como aquello.
—Aiko me dijo que desearía que Eriol sea su papá; parece que él y Tomoyo son otros padres para ella...Eriol le cuenta cuentos, le lee libros, le enseña diversos juegos...incluso busca escapar de la oficina para venir a verla...¿sabías que soy el ogro del jefe que no deja que el maravilloso tío Eriol venga?—el sarcasmo y la amargura inundaban el ser de Syaoran.
—¿Por qué te molesta que Aiko quiera a Eriol de padre? Él la procura y la quiere, en cambio tú ¿quieres a Aiko? ¿Quieres ser parte de su vida? ¿Deseas ser su papá? (Y no hablo de pasar una manutención) ¿Qué quieres ser para Aiko? Xiao Lang ya no tienes tiempo y es mejor que abras los ojos—Ieran se levantó – Por cierto, Midori viene en camino, te dejo, no deseo verla.
Aiko se había quedado dormida antes de que pudiera hablar con Sakura; Tomoyo se había quedado para poder sosegar a su amiga, por ello había salido por unas bebidas, a su regreso a la habitación se encontró con una Sakura ausente, que no dejaba de ver a la nada; la amatista sabía que estaba perdida en algún recuerdo, por lo que le tomo unos instantes hacerla reaccionar.
—Gracias—le dijo Sakura mientras tomaba entre sus manos el vaso térmico.
—De nada, Sakurita, Aiko se encuentra un tanto confundida—comenzó por decir Tomoyo.
—Lo suponía, ¡ay Tomoyo! No tenía derecho de hacer lo que hizo—soltó Sakura con un semblante calmado pero con una voz dura.
—Sakura, la verdad es que Aiko se encuentra confundida por tu reacción, ella no tiene idea...sólo quiere poder hablar con ellos sin que te enojes—Tomoyo sabía que iba a ocasionar más malestar a su amiga, pero a Aiko no podía negarle nada.
—Cuando despierte hablare con ella...la señora Li es libre de venir a verla...en cuanto a Syaoran...bueno no puedo estar segura—Sakura dio un largo sorbo a su bebida.
—No te preocupes Sakurita, al final las cosas se irán acomodando—le contestó la amatista con una sonrisa.
Aiko iba a una estancia infantil desde que era un bebé de escasos cuatro meses, dado que Sakura trabajaba por las mañana, pasaba por su hija al final de su jornada y regresaban a casa, era una rutina bien establecida. Cuando su hija ingreso al preescolar, se vio en la necesidad de apelar de la buena voluntad de su jefe para tener a la niña del medio día a su hora de salida; Aiko era feliz en la oficina de su madre, en donde los adultos la consentían y le ayudaban con los deberes, y a veces, cuando no había tanto trabajo, jugaban con ella.
Sakura jamás imagino que un año después todo eso se viera afectado; estaba a la salida del preescolar esperado a ver su hija con toda la alegría y energía que la caracterizaba, pero en vez de eso se encontró con una Aiko decaída, le preguntó si se sentía mal, ella dijo que sólo estaba cansada, hicieron la rutina de siempre, pero al momento de tomar una ducha, Sakura se dio cuenta que Aiko tenía algunos hematomas; cuestiono a su hija para saber si la habían lastimado o si había caído, pero ella negó todo y argumentó que los hematomas no le causaban dolor alguno.
Preocupada llamó a Touya, su hermano le pidió que llevara a la niña al hospital, ya que se encontraba de guardia y podría atenderlas; sin pensarlo mucho fueron a la consulta, Aiko al ver a Touya se lanzó a sus brazos y le dio un fuerte abrazo, y dejó que hiciera una revisión completa y que le tomará muestras sanguíneas, mientras Aiko le contaba a Touya que sería un patito en la obra de la escuela. Sakura se retorcía los dedos, como signo de estar nerviosa pensando que la seriedad de su hermano era peor que otras veces, algo le decía que iba a ser algo más que un simple hematoma indoloro.
Cuando Touya tuvo los resultados del laboratorio solicito que entrara otro médico, Sakura los vio intercambiar los resultados y hablar en voz baja, el otro médico puso su mano en el hombro de su hermano y se retiró, ella sabía que eso no era bueno, lo intuía o eso le enseñaron todas las películas que había visto a lo largo de su vida. Sakura tomó aire, acaricio el rostro de Aiko quien dormía entre sus brazos y espero a que Touya pudiera darle un diagnóstico.
—Sakura, de verdad, esperaba estar equivocado...Aiko tiene leucemia, la voy a derivar a oncología—Touya vio a su hermana agrandar los ojos, negar con la cabeza.
—Touya debe haber un error...Aiko nunca ha sufrido anemias...no soy la mejor madre, pero nunca...tú lo sabes...me conoces...nunca ha tenido anemia...Aiko no puede...—Sakura comenzó a llorar, a cuestionar sus acciones con su hija, repasando una y otra vez su alimentación, aquello no podía ser verdad.
—Sakura, a veces se presenta sin más, el oncólogo hará más estudios, sabrá qué tipo es, que tratamiento debe seguir—Touya se acercó a su hermana y le fue explicado como si fuera una niña pequeña.
—Es una niña muy pequeña...es mi bebé...Touya la vida no puede...ella es mía...estoy pagando...Dios me castiga...yo en un principio no la quería...iba a abortar...y por eso estoy pagando...yo tengo la culpa—Sakura no paraba de llorar mientras acunaba más a su hija entre sus brazos, y la apretaba su pecho en gesto protector, Aiko se removía en sueños incómoda, pero incapaz de despertar.
Touya sin poder contener más tiempo sus emociones las abrazo y se permitió sentir miedo y una infinita tristeza, amaba a esas dos pequeñas monstruos más que a su propia vida y la idea de perderlas lo perturba. Sakura se dejó consolar hasta que su propio cuerpo se quedó sin fuerzas para seguir llorando.
Sakura estaba una vez más en el jardín del hospital fumando, a veces se llamaba masoquista al recordar aquel día en que su lucha dio inicio; se sentó en la banca y se dedicó a ver el cielo rojizo de la tarde. Estaba tan sumida en la tarea de acabar el segundo cigarro que no se percató que alguien se había sentado a un lado suyo.
—Kinomoto Sakura ¿cierto?—Sakura se quedó viendo unos instantes a la chica que tenía a su costado, cabello castaño hasta la cintura, como el de ella; de su estatura, ligeramente con más carne que ella, sabía quién era.
—Yoshimoto Midori ¿cierto?—la aludida asintió con la cabeza.
—¿Me reglas un cigarro?—le preguntó Midori.
—Claro, jamás pensé que fumaras, no te ves de ese tipo—le dijo Sakura mientras le pasaba la cajetilla.
—Puedo decir lo mismo de ti—le dijo ella mientras tomaba un cigarro.
—Bueno es difícil lidiar con ciertas cosas en la vida, así que creo que eventualmente terminara cayendo en algún vicio—le contestó Sakura con cierto cinismo—¿Me odias más de lo que me odiabas antes no?—le preguntó con sarcasmo, mientras encendía otro cigarro.
—No lo sé, sólo sé que Syaoran es un maldito infeliz...y tú una zorra, pero creo que estoy un poco alejada del odio—le contestó Midori.
—Midori, te diría que lo siento, pero la verdad es que no es así, disfrute esa noche con Syaoran y me tenía y tiene sin cuidado lo que pienses o digas (no amo a Syaoran), él me engaño primero, tal vez no contigo en esa ocasión, pero cuando según quería que retomáramos la relación si lo hizo contigo, así que esa noche fue...novedoso estar del otro lado, sé que me odias, no es necesario que me lo digas, sin embargo, nunca me intereso aclararte las cosas—Sakura sacó el humo de sus pulmones y le dio otra calada al cigarro.
—Según había oído eras una persona muy dulce, no una cínica—le respondió Midori ofendida.
—Li y la vida se han encargo de enseñarme muy bien que ser tierna no sirve de nada, y no es cinismo o por lo menos no para mí, en realidad quería dejar las cosa en claro—Sakura la quedó viendo con fastidio, y se preguntaba cuando acabaría el día.
—¿Por qué hasta ahora?—le preguntó Midori bajando la cabeza.
—Yoshimoto, mi hija se muere y necesito los genes de Li por obvias razones...—Sakura se quedó callada al ver a Midori reír con sarcasmo.
—No le refería a eso—le contestó molesta.
—¿Por qué hasta ahora qué entonces?—preguntó la castaña.
—¿Por qué hasta ahora le dices que tienen una hija?—le preguntó Midori.
—¡Ay no puede ser! ¡Maldito Li!...No tengo porque ser yo la que deba darte explicaciones...él sabía que estaba embaraza, se hizo cargo de las citas, estuvo en el parto hasta que escucho a la niña llorar y se largó...él no deseaba ni desea ser parte de la vida de MI hija y las cosas hubieran seguido así, él haciendo su vida de soltero, tú en tu dulce ignorancia y yo con mi hija…pero ella se me escapa de las manos—Sakura se sentía cada vez más enojada.
—¡No es posible!-dijo una molesta y sorprendida Midori.
—Mira Yoshimoto, no tengo motivos para mentirte, y siendo honesta, no tengo porque mentirte...eres una buena chica o esa pinta tienes, recuerda hace seis años y descubrirás que no miento—le dijo Sakura más calmada, mientras dejaba salir el humo de sus pulmones.
—Siempre fuiste tú…"la cita de negocios"—Midori tenía los ojos acuoso pero se negaba a llorar frente a la castaña.
—Sí, muchas veces pasó por mi mente decirte que dejaras a Li, tiene problemas de fidelidad...es muy bueno en los negocios pero un completo imbécil con las relaciones amorosas de cualquier tipo—Sakura podía sentir cierta pena por la mujer que tenía a su lado, ella alguna vez fue la tonta a la que Li engaño dos veces.
—Yo te odiaba por lo que fuiste...las Li te adoran, incluida Meiling, te odiaba porque Syaoran reconocía que fuiste importante...siempre tenía miedo de verte, porque no podía soportar como los amigos de Li te trataban como uno más del grupo, ellos te adoran...ahora creo que tú nunca fuiste el problema—soltó una abatida Midori mientras se limpiaba las lágrimas solitarias.
—Bueno con las Li...tal vez Syaoran nunca te lo dijo, pero la señora Ieran siempre le dijo a Syaoran que nunca le presentará a las chicas con las que salía, que le presentará sólo a la chica que deseara como esposa...es muy tonto ahora que lo pienso porque éramos muy jóvenes...—Sakura odiaba haber creído todo aquello del chino, pero era parte de un pasado.
—¿Nunca formalizara conmigo, cierto?—Midori la observaba mientras intentaba contener las lágrimas rebeldes.
—No, Li no formalizara nada contigo, ni con nadie...no sabe lo que quiere en ese aspecto—Sakura lo supo a la mala, aprendió a base de golpes e ilusiones rotas todo aquello.
—Lamento lo de tu hija—y sin más Midori se levantó de la banca.
—Eres una buena persona Midori, lamento ser parte de la causa de tu sufrimiento—Sakura la vio marchar, mientras sacaba otro cigarro.
Se sentía sumamente frustrado, Syaoran Li acababa de terminar una relación de ocho años con una mujer virtuosa hasta decir basta; Midori era la mujer perfecta, jamás se metía en problemas y era comprensiva, todo lo que él deseaba, eso y otras cosas hicieron que se volviera loco por ella y todo eso lo hizo dejar atrás el intento por arreglar las cosas con Sakura. Midori había ganado su corazón con sonrisas discretas, con esos ojos cafés llenos de alegría y lleno de promesas, era lista y muy hábil en los negocios...su perfecta Midori.
Pero Sakura...ella era un tema aparte, la deseaba con cada fibra de su ser y la buscaba, dejó de hablarle de amor, para limitarse a salir con ella para hablar de todo aquello que lo abrumaba o lo llenaba de dicha, hablar como amigos y siempre, sin poder evitarlo se abalanzaba sobre sus labios, le quitaba la ropa con desespero, la tomaba, perdía la cabeza... con los meses llegó el momento en que Midori se coló del todo en su mente...en una ocasión mientras embestía el cuerpo de Sakura susurro el nombre de Midori; se dio cuenta de su error en el segundo en que Sakura lo tiro de la cama y se encerró en el baño, negándose a salir hasta que se fuera y la dejara sola...oficialmente ese día había roto el corazón de la castaña de ojos verdes.
Y ahora, irónicamente había roto el corazón de Midori con Sakura, deseaba reír ante la comedia de humor negro que había montado. Syaoran por primera vez se sintió el peor hombre de la historia, había hecho realidad todas las inseguridades de Midori.
La vio entrar preocupada y confundida, le hizo una serie de preguntas sobre su salud, a todo recibía una negativa; tomo aire y se armó de valor.
—Midori, estoy bien, cielo, no tengo nada, estoy aquí por otra cosa, que es importante para otra persona—comenzó explicando el castaño.
—No entiendo, Syaoran me estás asustando—le dijo ella mientras se sentaba a los pies de la camilla.
—Midori, voy a ser donante de médula ósea, es para una niña de cinco años y...—Syaoran guardo silencio al ver que su novia comenzaba a llorar.
—¿Por qué no me dijiste algo tan importante? Dios mío, pensé que te había pasado algo grave...estoy tan aliviada—Midori se limpió las lágrimas y recompuso su postura, le regalo una sonrisa.
—Midori, amor, no me interrumpas y escúchame...es difícil decirte todo esto, la niña es mi hija y apenas supe de su enfermedad y...—Syaoran se quedó callado de golpe al ver al sentir la mano de su novia estampares sobre su mejilla...se merecía eso y más.
—¡Me engañaste! ¿La conozco?—Midori se paseaba de una lado a otro de la habitación completamente confundida.
—Sí y no, fue hace tanto tiempo y fue una estupidez, había bebido mucho y...—Syaoran se quedó callado al escuchar el grito exasperado que salió de la garganta de la chica.
—¡Me viste la cara de idiota por años! ¡Kinomoto! ¡¿Es Kinomoto?! ¡¿Qué tiene ella?! ¡¿Por qué todos se vuelven locos con ella?!—Midori tenía el rostro lleno de lágrimas y con furia se limpiaba el rostro.
—Sí, fue con Sakura...fue una vez, no tienes nada que envidiarle...—y una vez se volvió a quedar en absoluto silencio al escuchar la risa de la mujer que tenía frente a él.
—¡Cállate Li! Al fin lo entiendo, jamás seré lo suficiente para tí...no tengo más que hacer aquí, ni en tu vida...ojalá hubiera sido antes de Sakura...no te atrevas a buscarme—y sin más salió del cuarto dejando a Syaoran sin oportunidad de nada.
Sakura, Tomoyo y Eriol se encontraban jugando con Aiko con los naipes, cuando escucharon que alguien llamaba a la puerta, Sakura dijo un adelante sin molestarse en ver quién era, los cuatro estaban concentrados en sus respectivas manos y acostumbrados al entrar y salir del personal médico no se inmutaron.
—Buenas noches, espero no importunar—
—¡Señora Li!—dijeron sorprendidos los tres adultos.
—Al parecer hay cosas que no cambia—dijo con un deje de humor Ieran.
—¡Gane! ¡Quintilla de ases!—grito una emocionada Aiko.
—Si no fuera por la apuesta que acabo de perder, me sentiría muy orgulloso de ti Aiko—dijo Eriol mientras dejaba las cartas sobre la mesilla.
—¿Qué ganaste Aiko?—le preguntó Ieran, la niña abrió muy grande los ojos y parpadeo varias veces antes de sentirse avergonzada.
—Señora Li...¿cuándo? ¿cómo?...—
—Hija empiezo a arrepentirme de haber dejado que Eriol te enseñara a jugar los naipes, te concentras de más para ganar-le respondió Sakura con humor
—Disculpe señora Li...pero las puestas eran buenas, el tío Eriol apostó ser mi esclavo por un día completo, la tía Tomoyo unos ricos postres de fresas con chocolate y mamá modelar la ropa que le hizo la tía Tomoyo—los tres adultos mencionados soltaron un suspiro.
—No te preocupes Aiko, es raro ver perder a Eriol y Tomoyo, sino recuerdo mal tu mamá siempre perdía—Sakura se puso de colores y los pelinegros se limitaron a sonreír.
—¿Es verdad?—preguntó la niña mientras esperaba que alguno de los cuatro adultos confirmara aquello.
—Claro, era muy fácil ganarle a tu mamá y a Li—contestó Tomoyo sonriendo.
—¡Tomoyo! Lo que sucede es que siempre confabulas con Eriol—contestó la castaña.
—Sakurita, todos sabes que eres mala para este tipo de juego, no me inventes complots—le dijo con sorna Eriol.
—Mamá, creo que tienen razón, no es tu fuerte...lo importante es que me deben pagar el día de mañana—les contestó Aiko con un sonrisa muy amplia.
—Definitivamente me empiezo a arrepentir de haberte enseñado a jugar, era mejor que siguieras la tradición de madre—le contestó Eriol mientras besaba la frente de Aiko.
—Nosotros nos vamos, demos preparar las cosas—Tomoyo depósito un beso en su sobrina, se inclinó ante la señora Li y a Sakura le susurró al oído.
—Señora Li, ¿le molesta quedarse unos instantes con Aiko?—aquella pregunta desconcertó a su hija.
—Será un placer—le contesto Ieran dándole a las gracias a Sakura con los ojos.
Aún no podía creer que en tan poco tiempo su vida hubiera sufrido un cambio tan radical, se encontraba solo en aquella habitación, su madre lo había dejado con la excusa de que se encontraba lo suficientemente molesta como para seguir estando en el mismo lugar con él, soltó un gran suspiro y se maldijo por lo bajo, había perdido a la mujer que amaba; porque contrario a lo que los demás dijeran, la amaba, era todo aquello que deseaba y sabía que esto, no se lo iba a perdonar y que la había perdido para siempre. Syaoran sabía que había sido un malnacido y que cada una de sus acciones había traído, una tras otra, consecuencias mayores; y aunque le costara reconocerlo, siempre por alguna u otra razón buscaba la forma de saber o coincidir con Sakura, era única y siempre había algo que lo atraía de vuelta.
Salió de sus cavilaciones, en el momento justo en que la puerta de su cuarto se abrió, pensó por un instante que podía ser Midori, pero por aquella puerta la mujer de ojos verdes estaba viéndolo con cierta curiosidad, la vio tomar asiento en aquel sofá individual que estaba frente a su cama. Suspiro y lo primero que se le ocurrió pensar, es que ella seguía siendo demasiado hermosa para su propio bien.
—Tu mamá esta con Aiko, las deje un rato solas—le dijo ella mientras lo observaba con detenimiento.
—Pensé que no dejarías a mi madre ver a tu hija, después de lo que pasó más temprano—le contestó el castaño un poco sorprendido.
—Mi problema es contigo, tu madre desea ser parte de la vida de Aiko, aunque no pueda decirle que es su abuela, dado que quién la engendro, no sabe que desea—le contestó Sakura mientras se encogía de hombros para quitarle importancia al asunto.
—Sakura, te estás pasando…—no pudo terminar la frase al ver a la castaña levantarse molesta.
—El que se la vive rebasando los limites eres tu Li, el hecho de no aclarar las cosas con tu pareja y dejar que sea yo la que lo haga, es algo completamente inaceptable—le contestó la ojiverde.
—Sakura…yo…yo no pensé que fuera buscarte—le contestó Syaoran sorprendido.
—Ella creía que yo no te había dicho nada sobre la existencia de Aiko, hasta ahora, para ella fue muy duro darse cuenta que salía con un maldito infeliz…claro que piensa de mí que soy una puta, pero no me importa, ya que ella siempre lo ha pensado—le contestó Sakura mientras se volvía a sentar.
—No es necesario que sea tan cínica—le contestó Syaoran molesto.
—No lo soy, de hecho el cínico eres tú, sólo le dije lo que muy en el fondo sabía, que jamás te ibas a comprometer con ella, que tú sabías de Aiko y como si de un mueble viejo se tratara lo dejaste en el abandono—le contestó Sakura
Syaoran se quedó, callado no sabía cómo contestar aquello, ya que sabía que ella tenía algo de razón—Sería bueno que hicieras las cosas bien y dejes los negocios en segundo plano…Syaoran llevas años tratando de probar algo que no era necesario.
—¿Qué haces aquí? De verdad Sakura, no entiendo que haces aquí—le dijo él.
—Venía a ver si no necesitabas nada, pero cada que te veo no puedo evitar sentirme enojada—le contestó ella con honestidad.
—Más bien, creo que no deseas estar sola—le contestó el castaño
—Tal vez, en realidad deseo que seas honesto, Aiko desea un padre…—Sakura guardo silencio al ver el ceño fruncido de Syaoran.
—No necesita de un padre cuando tiene al fantástico tío Eriol para ella—le contestó él castaño con algo de sarcasmo.
—No te equivoques Li, Aiko no desea que su padre sea Eriol, desea lo que él hace con ella, lo que cualquier padre haría por sus hijos, ella no desea otra cosa, aunque me diga lo contrario…—ella se quedó callada al escuchar la risa del castaño.
—Tal vez ella te dice la verdad, realmente no le falta nada, ella es feliz con lo que tiene…estoy convencido que no me necesita en su vida—Syaoran dijo esto último en un susurro.
—Las cosas seguirán como hasta ahora ¿cierto?—le preguntó Sakura mientras le sostenía la mirada.
—No lo sé, Sakura esto es muy difícil…—él guardo silencio cuando la vio cambiar su expresión.
—¿Qué excusa pondrás? ¿Que deseas consolidar tu empresa? Hasta donde sé la empresa básicamente lleva un par de años consolidada, ¿Que no estás preparado? Nadie está preparado para ser padre, ¿Qué eres muy joven para ser padre? Sería la más absurda, ¿Cuál es la excusa ahora? Porque créeme Li deseo escucharla—le dijo ella mientras caminaba de un lado a otro.
—Sakura, yo creo que está mejor contigo, conmigo las cosas no resultarían…—Syaoran se quedó callado al verla detenerse.
—Aiko ha sufrido conmigo, sé que recuerdas que jure que mis hijos no estarían solos, que mi trabajo sería el segundo plano…ella ha sido una niña de guarderías y de oficina…me he perdido cosas tan importante de su vida por mi trabajo, hasta los dos años me dijo mamá, porque para ella era Sakura, ya que la chica que la cuidaba en maternal era su madre…no vi sus primeros pasos…cuando entró al jardín de niños…bueno mi jefe fue muy comprensivo y me dejaba ir por ella y regresar con ella al trabajo…no tenía quien cuidara de ella por las tardes, ella ha crecido rodeada de adultos, con una madre ausente más que presente—le susurro la castaña mientras intentaba controlar sus emociones—ella se muere, tal vez deberías darte la oportunidad de conocerla, no te queda mucho tiempo—le dijo Sakura mientras caminaba hacia la puerta.
—Sakura…lo siento tanto de verdad—Syaoran se quedó sorprendido por lo que le dijo ella.
—Lo siento más yo—y sin más cruzo el umbral de la puerta.
Syaoran se quedó pensando en cada una de las palabras que había dicho la castaña, empezó a recapitular cada una de las cosas que había vivido a su lado, desde la primera vez que la vio, hasta la vez en que decidió romper con ella, como es que comenzó a buscarla pese a que no tenía intención alguna de regresar con ella; pensó en Midori, en todos los años que estuvo con ella y la engañaba, porque la engaño más de una vez y no necesariamente con Sakura. Por primera vez en muchos años se reconocía como un maldito infeliz que se merecía cada una de las cosas que le estaban pasando, también reconoció que jamás se hubiera llegado a casar con Midori, aunque ella fuera perfecta para él. Y ahora se daba cuenta de que había una niña que tal vez, sólo tal vez si necesitara de un padre.
Tenía que salir de ahí, necesitaba pensar un poco mejor lo que tenía que hacer de ahora en adelante, sabía que no había garantías y que la mayor parte dependía del cuerpo de Aiko, le aterraba la idea de que su pequeño cuerpo se negara a aceptar la nueva médula y tenía miedo de no ser lo suficientemente fuerte para soportar lo que pudiera venir en consecuencia; muy en el fondo y casi como un pecado Aiko era la hija del amor de su vida y eso la hacía doblemente especial. Sin darse cuenta llegó al cuarto de su hija y se encontró con un cuadro que la conmovió infinitamente; Ieran estaba acostada a un lado de su nieta, quién dormitaba con las caricias que recibía en su espalda y trataba de escuchar el cuento que su abuela le contaba. Sakura llegó a sentirse una intrusa, ella no tenía nada que hacer ahí, era un momento para su hija y su abuela, un momento que tenía miedo no volviera a repetirse. Se recargó en la pared y se fue resbalando hasta quedar sentada en el suelo, tomo aire una y otra vez, tratando de aminorar la abrumadora necesidad de soltarse en llanto.
—¿Sakura?...¿qué ocurre?—le preguntó Ieran que acababa de salir de la habitación.
—Señora Li, disculpe, estaba esperando y...bueno, no deseaba interrumpir—le contestó Sakura mientras intenta incorporarse del suelo.
—¿Segura? Sakura sabes que puedes confiar en mi—le dijo la mujer mientras observaba el semblante de la joven.
—Gracias, sólo no deseaba interrumpir el momento que tenía Aiko...—Sakura guardo silencio cuando sintió los brazos de Ieran abrazar su cuerpo.
—Gracias a ti, Sakura es la niña más maravillosa que hay, la haz cuidado y educado muy bien...gracias por compartirla conmigo después de todo lo que ha pasado—le susurro Ieran al oído.
—Señora Li...—la castaña no pudo y se soltó a llorar, mientras abrazaba a Ieran como si su vida dependiera de ello—Yo...lo siento tanto, tal vez el tiempo no sea suficiente...
—Sakura, no es tu culpa, haces todo lo que una madre haría para el bienestar de sus hijos, eres una mujer admirable—le respondió Ieran mientras acariciaba el cabello de Sakura.
—Tengo mucho miedo...y...y...estoy...muy enojada...conmigo...con la vida...y con...—la castaña no pudo continuar porque su llanto se hizo más intenso.
—Y con Xiao Lang, lo entiendo, yo estoy furiosa con él, no me imagino como debes sentirte—Ieran dejó que Sakura llorara todo lo que tuviera que hacerlo, cuando dejo de sentir los espasmo del cuerpo de la castaña, la retiro de su cuerpo y le limpió el resto de lágrimas de las mejillas, le sonrió y le dijo—Pase lo que pase, todo va a estar bien.
—Pase lo que pase, todo va a estar bien—repitió Sakura en un susurro.
—Ahora iré a ver al inútil de mi hijo—y dándole un beso en la mejilla Ieran se marchó.
Había iniciado el día con la noticia de que sería trasladado a una zona completamente aislada, en una especie de cuarto burbuja; entendía a la perfección que no podía enfermar y que todo su entorno debía a estar controlado. No iba a mentir, se encontraba nervioso; y no precisamente por la intervención que le realizarían, la sola idea de estar encerrado le causaba ansiedad, sin embargo, estaba obligado a soportar aquello, esa niña que era el mundo de Sakura, la mujer que era su maldita droga personal y que tenía la cualidad de hacerlo perder la cabeza. Esa niña que era su hija, aquel bebé que se negó a ver incluso cuando estaba en el vientre de su madre; tal vez era momento de reconocer que estaba equivocado y que deseaba cambiar su vida.
Se había cansado de negar que Sakura le preocupaba, de antemano era consciente de que estaba embaraza y no invalida, sin embargo, la conocía tan bien, que podía apostar su empresa a que esa testaruda mujer saldría sola; él no estaba dispuesto a pasar la angustia de encontrarla en el hospital por un repentino desmayo, con una vez tuvo suficiente y no estaba dispuesto a repetir la experiencia. Y ese era el motivo por el cual se encontraba en aquel centro comercial en Tokio; a esa bruja de ojos verdes se le ocurrió que deseaba comprar ropa para la bebé, pero sólo la estrictamente necesaria (lo que fuera que significaba aquello para su cerebro embarazado). La veía pasar con aquel pequeño vientre de cinco meses...eso del embarazo la hacían ver aún más hermosa y deseable, lo cual no era bueno para su necesidad sexual...pero ¡rayos! Deseaba hundirse en ella y ...
—Mira Syaoran, ¡es un pañalero de ranita!—el levantó el rostro para encontrar frente suyo a una castaña sonriente y señalando aquel trozo de ropa verde.
—Sakura es un ser humano, no un maniquí para que le pongas algo como eso—le contestó él.
—Se verá muy bonita, tienen guantes en forma de patas de rana y también calcetines...—Sakura le seguía mostrando las cosas mientras él suspiraba.
—Sakura, eso no es necesario y lo sabes—Syaoran se puso de pie y la comenzó a guiar entre los pasillos de aquel lugar.
—Pero se verá hermosa de ranita, es necesario y pienso llevar esto—le contestó ella mientras le señalaba la ropa en cuestión.
—Comienzo a creer que Tomoyo es una terrible influencia para ti, podrías llevar este vestido o este mameluco con estampado de flores—le decía mientras le molestaba la ropa mencionada.
—Pero...Pero...Syao...Syaoran...—el castaño suspiro cuando la vio bajar la cabeza y comenzaba a temblar en clara señal de estar llorando.
—Ey, Sakura, no llores...sólo es ropa y...—
—¡Es más que ropa! La quiero y...es de tu color favorito—Sakura tenía las mejillas llenas de lágrimas para esas alturas.
—No tenía idea que el color era importante...no llores, podemos buscar algo en verde que no sea exactamente un disfraz—Syaoran la vio llorar con más fuerza al decir lo último.
—¡Quiero el conjunto de ranita!—y sin más se soltó y comenzó a alejarse de él mientras limpiaba su lágrimas con enojo.
—Sakura...¡Sakura!... ¡No me ignores!—Syaoran iba tras ella mientras trataba en vano que le hiciera caso—Sakura ¡por el amor a Dios!...¡llevemos el conjunto de rana!
—¿De verdad?—le preguntó ella deteniendo su caminar y girando a ver al castaño.
—Sí, pero deja de hacer todo esto...¡no entiendo que querías decir con comprar lo necesario!...es decir, esto no es necesario...¡No te entiendo!—le contestó Syaoran ofuscado y frustrado mientras se despeinaba con rabia.
—Yo tampoco me entiendo...es decir...yo...no puedo controlarlo...Syaoran discúlpame, tienes razón...no es necesario...—Sakura comenzó a dejar aquel pequeño conjunto a un lado, mientras trataba de controlar las ganas de llorar.
—¡Sakura!...lleva ese conjunto y busca cosas que necesites que no tengan el sello Tomoyo...no dejes ese conjunto de rana que fue el causante de todo esto—le contestó Syaoran exasperado.
Ella se cercó y poniéndose de puntitas alcanzo el rostro del hombre para depositar un beso en su mejilla, para después girar y seguir en la búsqueda de más ropa, cuando hubo terminado se acercó a la caja y en el momento menos esperando, Syaoran se acercó y sin darle tiempo a réplicas pago por las cosas escogidas, sintió que los brazos de Sakura lo rodeaban y sin poder evitarlo correspondió aquella muestra de gratitud, rodeo su, ahora, inexistente cintura y le dio un beso en la cabeza.
Y sólo ahora, después de varios años, ha caído en cuenta de que Sakura siempre ha sido más que una simple amiga o conocida; ahora entendía que realmente jamás se molestó por tener una hija con ella, era, tal vez, el orden natural de las cosas. Sakura era todo aquello que necesitaba en su vida, le daba equilibro y justo en el peor momento logra entender que se pertenecen y sin embargo, su amor llego prematuramente, que de haberse conocido después, estarían siendo una familia...Sakura, como había dicho su madre, era el amor de su vida…y sólo hasta ahora se permitía reconocer este hecho "Sakura Kinomoto, el amor de su vida".
