Twilight no me pertenece.
5
Echó una mirada por el lugar. Lo había hecho solo para encontrarla, y lo hizo. Hablando con otro sujeto, no tenía idea de quién se trataba. Pero quería descuartizarlo con sus propias manos, sobre todo al verla a ella sonreír como raras veces lo había hecho en su presencia.
¿Qué mierda tenía que hablar con aquel sujeto que la hacía tan feliz?
—Contrólate —susurró Edward a su lado.
Emmett hizo todo lo posible por ignorarlo.
—No sé de que estás hablando —contestó enojado—, y estate atento Eddy, pronto te tocará suplantar a Carlisle —se burló saliendo del lugar que ocupaba al lado de su hermano mayor. Tenía que encontrar un poco más de quietud, tenía que alejarse de las multitudes que solo hacían a su humor empeorar más de lo que ya estaba— ¿qué mierda me está pasando? —susurró bajito para que nadie lo escuchara— es solo otra mujer más. No es como si no te hubieras topado con otras chicas hermosísimas y rubias —estaban Tanya, Irina. Modelos que trabajaban en la agencia de Jasper, su ahora cuñado. Con las cuales había cogido a placer y deliciosamente. ¿Porque demonios no podía olvidar a Rosalie? —necesito un trago.
Se dijo llendo directo hacia la barra y se pidió dos mojitos y un tequila doble. Necesitaba olvidar a esa mujer, pronto.
...
Alice estaba más que feliz bailando en los brazos de su ahora marido, y no pudo evitar observar a lo lejos algo que la dejó desconcertada. Su cuñada Rosalie, estaba conversando sonriente con alguien que extrañamente le reconocía.
—Jazz —dijo llamando a su marido por el oído— Rosalie está conversando con un sujeto allá alejada de todos.
—¿Y? —preguntó Jasper anonadado— no es como si a mi hermana le faltaran los hombres, duende —Alice chasqueó la lengua, negando.
—Tengo un presentimiento, Jazz. Hay algo de ese hombre que no me gusta para nada.
—Voy a ver —dijo en un susurró localizando a lo lejos a su hermana—, pero, si ese sujeto es Aro Volturi. ¿Qué está haciendo aquí? —preguntó tenso. Él mejor que nadie entendió que aquella "visita" no era por cortecía.
¿Qué podría querer ahora ese tipejo?
—Voy a invitar a Rose a bailar.
—Sí —aceptó Alice— de todos modos ya es su turno.
—No tardo —le hizo una seña a Edward al no encontrar al grandulón de Emmett para suplantarlo— lamento hacerte esto Ed, pero Emmett no está.
—No importa —dijo el pelicobrizo, y tomó a su hermana por la cintura atrayendola suavemente hacia su cuerpo— también soy su hermano.
—Gracias —dijo sin verlo, y alejándose para ir a buscar a Rose— ¿Rose? —dijo llamando la atención de varios invitados— es tu turno.
—¡Oh, claro!
Vio a varios metros que ella le daba un corto saludo a Aro en su mejilla y se acercaba con su vestido y brillante sonrisa a donde él estaba. Caminaba extrañamente rápido con sus altísimos tacones dorados.
—Disculpa la tardanza.
—Está bien —la tomó de la mano, y juntos caminaron de nuevo hasta la pista central de baile. Alice la saludó con una sonrisa y Edward con una simple cabeceada cuando se posicionaron a su lado.
—¿Qué sucede? —le preguntó curiosa— estás tenso. No me digas que te arrepientes de esto, mayor Hale.
—Claro que no, tonta —sonrió— supongo que son nervios por la boda. Y la ansiedad porque todo salga como lo planeamos.
—Si fuera otra persona te creería —dijo apoyando su barbilla en el hombro de su hermano—, pero soy tu gemela, Jazz, no puedes engañarme.
—Te digo que no es nada, cabezota.
—Bien, cuando quieras contarme que te sucede, estaré esperandote... hermanito.
...
Era el quinto mojito que se tomaba, pero sentía que no había hecho ninguna mella en él porque estaba ya acostumbrado a tomar en exceso. Sin embargo, su vista algo nublada no impidió que identificara el sujeto con el cual su bella dama había estado charlando hace un momento. Decidió acercarse con cautela hasta donde estaba, y de una distancia un tanto prudente pudo notar como miraba a la rubia con lasciva.
Su primer impulso fue ir y romperle la cara, pero se contuvo. Él no era nadie, y mucho menos su novio. Eso tenía que solucionarlo el novio de la rubia. Quién sea que fuera.
Se terminó su trago y lo dejó en una mesa contigua a él. Ya era hora de largarse a su habitación, y que Alice le disculpara, pero su humor mezclado con alcohol no iba a ayudar mucho a recordar bien el día más feliz para la duende de su hermana. Iba a alejarse cuando divisó a Rosalie cerca de ahí, como si se tratara de un resorte se caminó rapidamente hasta donde ella estaba aplaudiendo y cediendole el lugar a una de sus primas para que continuara bailando con Jasper.
—Rose —dijo con suavidad, sin embargo ella no lo escuchó y siguió aplaudiendo a los novios sonrientemente— Rose —dijo con más fuerza y ella se volteó sorprendida.
—¿Qué quieres? —dijo acercandose a él— ¿acaso bebiste, Emmett?
—Sí —dijo como si fuera algo obvio— cinco mojitos y un tequila doble. ¿Que tal?
—Alejate de mí —dijo dandose la vuelta, pero Emmett la tomó del brazo impidiendole tal acción— ¿que te sucede?
—Ven conmigo —pidió tirando suavemente de su brazo hacia una de las escaleras que estaban cerca a la entrada de su mansión.
—Ya, dejame —Emmett la ignoró, pero siguió tirando con fuerza de ella, pero sin llegar a lastimarle— si que eres un pesado.
—Cállate.
—¡Emmett! —dijo cuando abrió uno de las puertas de un armario viejo justo al lado de la puerta de una habitación— ¿que es eso? ¡no voy a entrar! —Emmett sonrió de lado y le hizo una seña con su cabeza.
—Quiero hablar contigo.
—Yo no.
Emmett colocó sus manos en sus redondas y firmes nalgas, y con cuidado la levantó adentrandola al interior del armario. Cerró la puerta bruscamente, no perdió más tiempo en sus protestas y la besó.
Esa mujer lo iba a volver loco.
Primero fue un beso suave. Con ternura, y lleno de los sentimientos que tenía hacia la hermosa chica. Pero poco a poco su beso se fue tornando a uno voráz. Rosalie probó el sabor del tequila y de los mojitos sin desagradarle en lo absoluto. Todo lo contrario, y de hecho, quería más. Así que lo atrajó a su cuerpó, hundió las manos en su nuca. Y dejó que él hundiera su rostro ahí para besar esa zona específica.
—Emmett —echó para atras su cabeza, dándole vía libre a besar su inmaculado y blanquísimo cuello— no.. espera... espera, para...
—Te deseo tanto —susurró ronco en su oído— tanto, tanto, tanto que siento como si me doliera, ángel —Rosalie lo vio con sus ojos brillantes, y le separó un poco de cabello mojado por el sudor de su rostro infantil.
—Oh, Emmett —ella le besó con cariño en los labios. Una caricia corta y trémula, cargada de las emociones que ella sentía por él—, te amo —le confesó en un susurro. De pronto, una lágrima se le escapó traviezamente de su ojo izquierdo, y dos más del derecho— desde el primer momento en que te vi. Aquella vez que pisaste la oficina de Jasper, no he podido quitarte de mi mente por un segundo —murmuró, y sintió como sus mejillas se iban tiñiendo de carmín.
Que caso tenía seguirselo ocultando. De seguro estaba al tanto de sus sentimientos hacia él, sobre todo cuando hicieron el amor en su apartamento y ella le dijo —casi exigiendole— que deseaba tener algo más que un amorío sexual con él.
Emmett la tomó por la barbilla y le plantó un profundo beso en su boca. Uno que le dejó sin aliento, y que por otro lado le hizo sonreír como una niña pequeña. Justo como él estaba haciendo ahí frente a ella.
Emmett podría ser un mujeriego sinverguenza y empedernido en coleccionar noches de sexo, pero resultaba ser igual modo un hombre muy dulce y tierno. Y Rosalie casi sintió que no le quedaba sangre en su cuerpo. La cuál se acopló escandalosamente en sus mejillas.
—Lo recuerdo, ángel —susurró él, hablando de aquella ocasión en que la vio en la oficina del rubio—, me dejaste mudo —sonrió.
Rosalie frunció el ceño al escucharle. Y Emmett prosiguió.
—Jamás olvidaré el día en un ángel apareció en mi visión, y me devolvió la vida —le sonrió con tristeza— me he comportado como todo un imbécil, Rose. Lo siento.
—Sí, lo fuiste —aceptó mirandolo a los ojos—, pero quisiera creer que no vas a seguir haciendo el papel de imbécil —lo miró suspicazmente, y luego sonrió— porque sino no perdamos más tiempo en esta «relación», Emmett —él se sorprendió de que hablara de lo que tenían como una relación, pero en realidad no le desagradaba en lo absoluto.
—Rose yo...
—Solo digo que...aunque no admites lo que sientes por mí, lo cual es tan obvio como lo que yo siento por ti —le aclaró— quiero intentarlo, contigo, Emm.
—No soy un buen tipo. Al menos no lo que tu esperas en un novio —le sonrió con dulzura y colocó un riso rebelde de su precioso pelo recogido en aquel peinado elaborado—, me gusta beber, mírame —se señaló a si mismo—, ni siquiera en la boda de Alice pude contenerme —no le explicó que el motivo por el cual se había puesto a beber desenfrenadamente era para apaciguar sus celos. Los mismos que Rosalie había despertado cuando todos lo hombres de aquella fiesta se morían de ganas por tenerla cerca de ellos, o incluso bailar con ella. Emmett estuvo a nada de armar una riña en sus caras—, y me gusta mucho el sexo. Sin compromisos, y frecuentemente. ¿Crees que podrías seguirme el ritmo, eh? ¿que calmarías a la bestia despiadada y hambrienta de sexo que soy?
Rose torció el gesto y asintió suavemente, haciendole sentir una sensación de ansiedad en la boca del estómago.
Sin embargo, Rosalie tampoco podía negar que aquello que decía el pelinegro era la absoluta verdad.
Ella se merecía como mínimo a alguien que la amara y que le preguntara como estuvo su día cada vez que llegaba del trabajo. No sabía si Emmett estaba calificado para hacer aquello. O si era el hombre ideal. Sin embargo, ella se moría de ganas por averiguarlo, así que le sonrió como si no hubiera escuchado aquellas «advertencias».
—Podemos intentarlo, Emm —le propuso, todavía tenía plasmada en su rostro aquella simple y hermosa sonrisa que lo desarmaba— verificar si funcionamos como pareja o no.
—¿Y si no funciona? —susurró, apretó sus manos colocandolas alrededor de la pequeñísima cintura de Rosalie. La chica suspiró sintiendo como miles de emociones la atacaban en ese momento, y se dejó llevar por las caricias que él le propinaba en sus piernas haciendo que su vestido rosara con las piedritas doradas su sensible piel. No es como si no lo hubiera sentido antes. Había estado usándolo, pero que Emmett se lo provocara era sencillamente excitante y agonizante. Rosalie colocó una pierna rodeando la cadera masculina con el fin de atraerlo más hacia ella. Cuando lo logró, colocó la otra de igual manera y lo atrajo acercándolo por completo—, Rose... ¿tú... quieres? —preguntó sintiendo como cierta parte de su cuerpo comenzaba a reaccionar por su cercanía— ¿a-aquí? —Rosalie asintió— hace rato ni querías entrar —se le burló él.
Rosalie le acarició el moño del esmoquin y lo miró con una mirada intensa. Esa mirada estaba llena de pasión y lujuria. Pero también de amor, y de ternura. Rosalie era realmente un encanto de muchacha, y tampoco podía seguir negando que lo que sentía por ella era amor.
—Cambié de opinión —murmuró sacándolo de sus pensamientos— ¿y tú? ¿quieres hacerlo aquí o te preocupa que alguien pueda escucharnos?
Emmett soltó una carcajada.
—Diablilla.
—Hombre mono.
—Vas a gemir tan fuerte que hasta la sorda de mi abuela te oirá.
—Entonces será tu culpa.
—Nunca podría superar el que te fueras, Rose. Ni todas las mujeres del mundo podrían compensar tu ausencia.
—Entonces nunca me dejes ir —lo miró a los ojos.
—Yo nunca te dejaría ir.
—¿Entonces? —interrogó con una sonrisa— que esperas para quedarte a mi lado. Siempre quise llegar a casa y que mi esposo me sonriera con dulzura. Y que me besara en los labios sin llegar a más que eso, de vez en cuando. Que me ame —explicó sencillamente, sin embargo, Emmett debía aclararle lo que sentía al respecto de aquella declaración tan honesta y profunda.
—No estoy seguro de saber amar, Rose —dijo con sinceridad Emmett—, no lo hago desde qué estuve de novio hace mucho años. Cuando todavía no cursaba la carrera de Biología en la Universidad de Forks.
—¿La muchacha de la cuál hablaste en mi departamento? —interrogó— ¿es ella?
—¿Hablé de ella alguna vez contigo? —preguntó frunciendo el ceño.
—Sí, bueno. No la nombraste, pero si admitiste amar en el pasado a una muchacha, y que la lastimaste. ¿Es ella? —preguntó con un poco más de ansiedad. Pero el pelinegro estaba perdido en sus cavilaciones. Luego la miró como si hubiera recordado a lo que se refería Rosalie desde hace ocho meses aproximadamente que estuvo con ella en su departamento.
—¡Ah, claro! Lo recuerdo.
Se encogió de hombros quitandole importancia al asunto, pero Rosalie no esta dispuesta a ceder, necesitaba respuestas ahora. En ese preciso momento, así que lo miró con mucha más insistencia.
—¿Cómo es su nombre? ¿es bonita? ¿sigues viéndola? —preguntó de golpe todo aquello, el silencio de Emmett la desesperaba. Sobre todo porque no sabía si deseaba conocer la respuesta a la última pregunta.
—Wow, tranquila, nena. Y no, ya no la veo. No sé a donde vive o si terminó su carrera. Pero si recuerdo que era muy hermosa, y su cabello negro azabache ondeaba al compaz del más mínimo viento que lo recorría —nada más llegar a esa confesión, Rose ya no quería oír lo mucho que ella le prendía a él, frunció levemente el ceño y lo siguió escuchando sin tener opción—. Yo estaba embobado con ella desde que tengo memoria. Desde que la recuerdo siendo la capitana del equipo de porristas de Forks High School .
»Un día ella empezó a mostrar un cierto interés en mi persona, pero yo simplemente no podía creerlo. Es decir, era la chica más hermosa de la escuela. ¿Qué tendría de especial un sujeto que solamente era bueno para el futbol?
»Ella era una estudiante aplicada, además de ser porrista. Y yo todo lo contrario. No tenía sentido —rió amargamente al recordar como había llorado noches enteras en los brazos de Alice porque aquella muchacha simplemente lo ignoraba, aunque mostrara cierto interés en él no era suficientemente creíble para Emmett—, luego de uno de mis entrenamientos de futboll la escuché pelear con su novio en uno de los pasillos de la sección de estudiantes deportistas.
»Sam Uley, mi compañero de equipo, era su novio y la maltrataba. Muchas veces los escuché pelear, pero aquella vez era diferente. Sam abofeteó a Emily tan fuerte que la hizo caer al suelo.
»En ese instante sentí que debía meterme, y le propiné a Sam una patada que terminó por alejarlo a varios metros de ella. Siempre detesté el maltrato de hombres hacia mujeres. Así que estaba furioso, y quería despedazarlo con mis propias manos.
—¿Y entonces que pasó? Sam te golpeó ¿no? —dedujo en voz baja para si misma.
Emmett asintió.
—Ese maldito no se iba quedar de brazos cruzados con es golpe, pero yo tampoco. Así que cuando quiso atacarme por la espalda mientras ayudaba a Emily a levantarse, me advirtió que lo tenía cerca y pude reaccionar noqueandolo y bloqueando su ataque como un profesional de futboll —sonrió orgulloso—, después de eso, no volvimos a saber más de él. Lo expulsaron por violencia continua a Emily y a otros estudiantes víctimas. Después ella y yo empezamos a salir. Fuimos felices los primeros meses.
»Hasta cada uno siguió su camino. Yo estaba dispuesto a romper con Emily si eso interfería con mi futuro, y estuve muy seguro de que ella pensaba lo mismo que yo. Pero me equivoqué, Emily estuvo dispuesta a sacrificar su sueño de convertirse en Licenciada en Economía por ir tras de mí. Por supuesto, yo no la dejé, y le dije que se quedara en la Universidad que le correspondía. Sin embargo, ella no cedía por nada del mundo. Quería estudiar una carrera que no era lo que deseaba, quería ir tras Biología como yo.
»Fue ahí cuando me di cuenta que no podía seguir manteniendo una relación con ella, y la dejé. Rompí con ella para que no me odiara un día por arruinar su vida. Pero según ella, ya se la había arruinado con esa decisión. No me importó en lo absoluto.
»Al principio, pensé que eran arrebatos de una muchacha despechada, pero conforme el tiempo empezó a pasar me sentí fatal. Y una verdadera bestia, todo por no haberle correspondido a sus sentimientos como ella deseaba. No la amaba, y ella a mí si.
»Solo sentí atracción física por ella porque era hermosa, pero cuando menos pensé ni siquiera esa atracción fue suficiente para que deseara continuar con aquella enfermiza relación. Y paulatinamente, esta desapareció casi por completo en el momento en que tomé la decisión. Luego solo se extinguió.
Rosalie se quedó pensando un tanto anonadada por lo que escuchó.
¿Qué pasaría si él se cansaba de su aspecto físico? No siempre tendría su aspecto. Y de eso era sumamente consciente, pero ¿Emmett lo era?
¿Sería capaz él de amarla por lo que era, y no por su apariencia? La tierna caricia de Emmett en su mejilla la hizo volver a la realidad.
—¿D-dijiste que se llamaba Emily?
—Sí ¿por?
—No, por nada. Y guau, que historia.
—No creas que me da gusto hablar de ello, aún recuerdo como lloraba pidiendome que no cortara con lo nuestro. Pero no podía seguir engañándome. Ni tampoco a ella —se encogió de hombros y sonrió— hay cosas que simplemente... no funcionan.
—¿Te refieres a que lo nuestro no funcionaría? —le dijo con un tono irónico, que a Emmett le hizo borrar la pequeña sonrisa que tenía en el rostro— si es así como piensas, gracias por ser sincero conmigo.
—¡Ey! no estoy diciendo que lo nuestro no vaya a funcionar. Estás confundiendo una cosa con la otra.
—Emily era hermosa —murmuró alicaída.
—¿Y eso qué? —frunció el ceño.
—¿Porque no funcionó? —le cuestionó directamente mirándolo a los ojos, y sintiendo como los suyos comenzaban a aguarse. Maldición, como odiaba mostrarse débil, sobre todo delante de él—. Emmett te cansaste de su aspecto físico. ¿Que me garantiza que no lo hagas conmigo también y un día me dejes?
—Es completamente distinto, Rose. Te lo aseguro, yo no sentía por ella lo que siento por ti —sonrió de lado y la miró de arriba a abajo con ternura— yo te amo por lo que eres en tu interior. No por ser la rubia despampanante que eres. Yo solo amo a Rosalie Hale. La autentica e imperfecta.
... se quedó con la boca abierta al escucharle decir lo que tanto había querido escucharle decir desde que se acostó con ella hace ocho meses atrás en su cama.
—Sí, Rose —concedió con sus hoyuelos marcados dulcemente— te amo, lo hice desde que te conocí. Solo que me comporté como un imbécil sin querer admitirlo. ¿Me perdonas?
—De acuerdo —sonrió cuando por fin pudo salir de su largo letargo soñador—, pero no quiero que menciones a esa mujer de nuevo y lo mucho que la amaste.
—Rose, yo jamás la amé. Solo creí hacerlo —la abrazó sintiendo como ella le correspondía apretando más sus piernas que todavía lo aprisionaban. Se sentía tan bien, en todo el rato que habían estado juntos no se habían abrazado ni una vez. Lo cual era muy extraño, ahora que lo pensaba.
—Solo no quiero que hables de ella. Punto final.
—Yo haré todo lo que esté a mi alcance por hacerte feliz —aseguró aprisionándola más entre sus brazos, secándole un quejido— perdón —sonrió más.
—Ni tampoco mencionar lo hermosa que era —continuó— ¿entendido?
—¡Sí que eres una celosa! —rió a carcajadas sobre su pelo— mi ángel, no tienes porque sentirte amenazada. Al fin y al cabo, su belleza es nada al lado de la majestuosa e insuperable que es la tuya —Rosalie lo golpeó con el codo «enojada».
—¡No estoy celosa! —protestó.
—¡Claro que sí! —rió— hermosa —susurró clavando su cara en su cuello, pero Rose se zafó de su agarre con la intensión de «escaparse»— ¿porque te enfadas? solo te dije la verdad, Rose. Eres hermosa.
—¡No me importa! ¡Suéltame!
Emmett no se resistió más y la atrajo a su cuerpo para empezar a besarla. Rosalie se resistió al principio por su enojo, pero terminó cediendo y correspondiendole como él quería. Continuaron besándose con sus lenguas entrelazadas y desesperadas en un hermoso vaíven, solo existían ellos dos.
Era perfecto.
—Rose —el joven rompió el beso para tomarle el rostro con las manos y sus alientos se entremezclaron— quiero que lo intentemos, por favor —abrió los ojos y le sonrió muy dulcemente.
—¿De verdad?
Asintió.
—¿Entonces que dices? —sonrió acariciando con su nariz su mejilla rosada— ¿vamos a intentar estar juntos? —Rosalie sonrió, pensando que jugaría un rato con él antes de darle su respuesta final.
—Royce debe saberlo —aclaró— no le gustaría que le escondiera información de este tipo ¿no? —Emmett se quedó pálido al oírla, y frunció el ceño enojado.
—¿Has seguido viendote con ese abusivo?
—Claro, ¿porque no? —Emmett la miró como si tuviera una tercera cabeza.
—Rose.. —no pudo continuar hablando, porque Rosalie soltó una carcajada ruidosa, una que resonó por todo lo ancho de aquel viejo y oscuro clóset— ah ya entiendo, diablilla, te estabas burlando de mí.
—¡Sí! —gritó riendo más fuerte que antes y apoyando sus manos en sus hombros— debiste ver tu expresión, Emmett. Fue épica
—Ahora voy a ver la tuya cuando te haga el amor en este armario —dejó de reír y ella miró su expresión de triunfo, comenzó a desabrocharse los pantalones.
—¡Eh! —dijo cuando dejó su miembro libre ante sus ojos.
Rosalie se mordió el labio ansiosa de que hiciera eso.
—Nada de ¡eh!. Abre las piernas —Rosalie obedeció, y desarmó suavemente y con paciencia su hermoso y elaborado peinado que Bella, la amiga de Alice, le había hecho con tanto esfuerzo. Sus rizos rubios cayeron como cascada por sus hombros y más abajo, se perdieron entre la pedrería de su vestido dorado. El que pronto Emmett adoraría quitarle.
—Entonces hazlo ya, Emmett.
Bueno, hasta aquí nos leemos. Chao :*
