Hola de nuevo, aquí Tinuviel

Bueno son las 3:30 a.m. en México y mi horario de sueño con la cuarentena se ha visto afectado, así que aprovecho a publicar el capítulo 3, de verdad muchas gracias por el recibimiento que ha tenido la historia; debo confesar que tenía mis dudas con respecto a publicarla o no, pero algunas amigas me convencieron de hacerlo, ya que ellas fueron mis conejillos de indias, quienes realmente esperaron algunos años a que yo me decidiera a darle final.

En esta ocasión tengo la lista de las canciones principales que me inspiraron, debo advertir que las mayoría tienen letras muy triste (tengo un don para encontrar esté tipo de canciones) así que se las comparto

Nothing in my way de Keane

Hurt Me de The Jezabels

The Breach de Dustin Tebbutt

Cerca del Amor de Pedro Guerra

Make this go on forever de Snow Patrol

Build it better de Aron Wright

Don't forget me de Way out West

10'000 Miles de Sleeping at last

Sin más que agregar, espero disfruten esté nuevo capítulos.

Desclaimer: Los personajes no me pertenecen, son del grupo Clamp, la historia es original mía.

Capítulo 3

Sakura aún se preguntaba cómo iba a lidiar con su pequeña Aiko, no le había dicho que en un par de horas la tendrían que trasladar a un cuarto esterilizado y que sólo podrían entrar a verla con ropa médica y por lapsos de tiempo muy pequeños; conocía a su hija tan bien, que podía apostar que comenzaría a alegar que no era necesario y que no deseaba encontrarse aislada de las personas que ella quería a su lado, en otras palabras su pequeña hija le haría una rabieta, pero entre más tardara sería peor, por lo que después de soltar un suspiro llamó la atención de Aiko, con un carraspeo.

—Mi amor, tu tío Touya me dio una gran noticia—la niña dejo de colorear y volteó a ver su madre llena de curiosidad.

—¿Ya puedo regresar a casa?—aquella pregunta cargada de ilusión hicieron que Sakura soltara un suspiro.

—Aún no…pero tenemos un donante para ti—Aiko quedó viendo a la castaña con el ceño fruncido para ver que no le estuviera mintiendo.

—¿De verdad?...Mami…yo…tengo miedo—le contestó la niña mientras bajaba la cabeza y ocultaba sus ojos lloros de su madre.

—De verdad, mi vida…yo también tengo miedo, pero también tengo muchas esperanzas a que pronto volverás a ser la niña sana y fuerte de siempre—Sakura había tomado el mentón de su hija y le hablo viéndola directo a los ojos para darle a entender que no mentía, que todo estaba listo y que si la vida lo quería estaría como antes de que cayera enferma.

—¿Y si no sale bien?...mami yo no quiero dejarte sola—el impacto de las palabras Aiko dejaron a la castaña en trance que fue roto cuando sintió que su hija se abrazaba a ella y comenzaba a llorar sin control alguno sobre su pecho—¡No quiero que sufras más! ¡Mami!

—¡Aiko!...Mi niña, no me dejaras sola—le contestó Sakura con la voz quebrada y con lágrimas corriendo libres por sus mejillas—Aiko, mi pedacito de cielo, tranquila, pase lo que pase todo va a estar bien.

—Sí—fue la respuesta que obtuvo de los labios de la niña antes de que siguiera llorando aferrada a ella, cuando estuvo más calmada se animó a decirle que tenían que prepararla.

—Aiko, escúchame con atención y no me interrumpas, debemos pasarte a un cuarto diferente—tomó aire antes de seguir con la oración—en esa habitación no puedes recibir visitas, a menos de que lleven puestas un traje especial.

—¡No quiero!...¡No quiero!...¡Mami, no quiero estar sola!...¡Por favor! Me voy a portar bien, no voy a comer nada que no sea lo que me den las enfermeras—aun sin despegar el cuerpo del de madre Aiko movía la cabeza de forma negativa—Voy a ir a las quimioterapias sin llorar…pero no me dejen sola.

—Hijita, es por tu bien, será sólo un día y voy a estar contigo la mayor parte del tiempo—le contestó Sakura mientras acariciaba la espalda de su hija.

Aiko siguió llorando por un rato más, mientras negaba una y otra vez el hecho de estar aislada de los demás, mientras Sakura le aseguraba que sería por un solo día y que no tenía intención de dejarla sola, con cada lagrima que la castaña veía derramar a su hija era una herida más a su corazón, odiaba verla de esa forma, odiaba verla mal y entre lágrimas la mayor parte del tiempo. Pero era algo que ni ella, ni su hija podrían cambiar, ya que eran órdenes del médico y debían seguirlas al pie de la letra.

Syaoran jamás creyó que realmente lo llevarían a una zona de aislamiento, estaba rodeado por paredes blancas cubiertas, por algo muy parecido al plástico, sin ningún tipo de comunicación y eso lo tenía alterado y sobre todo aburrido, eso lo hacía pensar en cosas que lo estresaban y lo ponían de mal humor, por la razón de que se daba cuenta de que siempre había actuado mal y de manera egoísta y que sólo había traído dolor a las personas que realmente amaba en el mundo.

Se encontraba manejando con la calma que no tenía rumbo al departamento de Sakura, tenía un par de días que no sabía ella y se encontraba preocupado, sabía que la castaña no hablaba mucho con él para no importunar y lo hacía de manera discreta, casi cuando ella sabía que se podría encontrar solo, pero siempre le escribía que se encontraba bien, pero tenía tres días que ella no decía nada, ni contestaba los mensajes que le dejaba, tal vez había pasado algo importante; ya que si hubiera dado a luz se hubiera enterado por medio de Eriol, pero nada de eso había pasado. Así que algo le había ocurrido, con ese pensamiento, estacionó el auto y bajo con prisa, subió los escalones de dos en dos para llegar pronto y ver con sus propios ojos que todo estaba bajo control. Cuando estuvo frente a la puerta del departamento, tomo aire y tocó...nada, no se escucha ruido, volvió a insistir….esperó y tampoco pasó nada, soltando unos improperios se dispuso a buscar debajo de las alfombra la llave de repuesto, cuando se hizo con ella abrió la puerta.

Todo estaba muy silencioso y ordenado, camino a la cocina para encontrar lo mismo que en la sala, divisó el pasillo que conduce a las habitaciones y abrió la puerta que era de Sakura, y fue cuando la vio dormida, con cuidado se aproximó a ella y se perdió en la paz que tenía aquel rostro; casi toda la angustia que sentía había desaparecido, con cuidado de no despertarla se sentó a un costado, la observo dormir y sin poder evitarlo comenzó a pasar sus dedos sobre su cabello. Fue cuando se dio cuenta que Sakura tenía el vientre más grande que la última vez que la había visto, seguía preguntándose si de verdad tenía siete meses.

En ese instante cuando sus ojos estaban puestos sobre el estómago de Sakura, este se deformó ligeramente, sorprendido acerco su mano hasta posicionarla sobre esa área, y fue cuando sintió movimiento, era golpe muy leve...un golpe que lo hizo sentir extraño, y sin embargo, no quería sacar la mano de ahí y el bebé parecía estar de acuerdo con eso, ya que seguía sintiendo esos golpecitos. Y cuando al fin iba a retirar la mano se encontró con ojos verdes de Sakura.

—No la quites, parece que le gusta sentir tu mano—le contestó ella mientras se acomodaba mejor.

—Debes sentirte incómoda...mejor...—Syaoran se quedó callado con Sakura negó con la cabeza.

—Ya me acostumbre a su forma de moverse—le sonrió.

—¿Cómo sabes que quiere que tenga la mano sobre ti?—cuestionó el castaño.

—Porque no se está moviendo como normalmente lo hace—Sakura colocó sus manos a los costados de su abultado vientre.

—¿Por qué no me has llamado?—le preguntó Syaoran recordando el motivo de su visita.

—Porque no ha pasado nada que sea preocupante y no tenía un motivo para hacerlo—le contestó ella encogiéndose de hombros para restarle importancia al asunto.

—Sakura, sabes he estado preocupado, sé que piensas que lo hago por compromiso, pero no es así—mientras le decía esto, inconscientemente su mano seguía el movimiento de bebé.

—Tal vez no deberías hacerlo—Sakura tomó la mano de Syaoran y la retiró de su cuerpo—Necesito ponerme de pie.

Ahora que se encontraba con mucho tiempo para meditar, se daba cuenta que no eran cambios de humor los que Sakura experimentaba, ella simplemente se preparaba para no acostumbrares a él y sus cuidados o simplemente para no seguir sintiéndose como la otra. ¿Qué tan egoísta había sido hasta ahora? ¿Cómo había llegado a hacerle tanto daño a las personas que estaban a su alrededor? Estaba consciente que el secreto de que tenía una hija, ilegítima, dado el caso de que no la había reconocido ante nadie, no se lo perdonaría ni su propia familia; aun le sorprendía que Ieran le dirigiera la palabra, siendo ella la más severa de las mujeres Li; porque de algo estaba seguro, sus hermanas reaccionarían con euforia y posiblemente le dieran algún sermón o un golpe, pero no lo harían sentir miserable.

Pero el reto que tenía era poder acercarse a la única chica que necesitaba desesperadamente que le diera el perdón, Aiko; tenía muchas en contra, como el hecho de que la había abandonado, el hecho de que, pese a verse como una niña muy segura y madura, sólo tenía cinco años, casi seis, eso la hacía una bebé. Tenía miedo a que lo rechazara, pero en el caso de que lo hiciera lo merecía, tal vez ese sería su castigo, la indiferencia y posiblemente el odio de esa niña. Porque si de algo estaba seguro era que Sakura ya lo odiaba y con justificadas razones, tal vez no volvieran a tener una relación cortes, tal vez estaba cansada de ser arrasada por las malas decisiones que él había tomado y era casi seguro que cualquiera que fuera el resultado del trasplante Sakura no volviera a hacerle el mínimo caso.

Cualquier cavilación que tuviera, se vio interrumpido cuando de manera tenue logro percibir sollozos, si su sentido auditivo no le fallaba, provenían del cuarto continuo, fue ahí que se dio cuenta que realmente se encontraba en una zona del hospital completamente aislada y silenciosa la mayor parte del tiempo. Syaoran se quedó unos minutos más escuchando los sollozos, hasta que su lado más humanitario decidió entrar en acción, se aclaró la garganta y estuvo pensando como romper el hielo sin asustar o parecer demasiado entrometido con la persona que estuviera al lado de su habitación.

—¿Te encuentra bien?—para Syaoran era la mejor forma de iniciar un conversación con quién sea que estuviera en el cuarto continuo.

—No me gusta este lugar...no me gusta—le contestó un voz de niña extrañamente familiar.

—A mí tampoco me gusta este lugar—le contestó él, ya que no llevaba mucho en ese lugar y ya estaba cansado de esa habitación.

—¡Quiero a mi mamá!—y escuchó como aquella niña se ponía a llorar y fue en ese instante que supo que se trataba de Aiko.

—Aiko, no llores...—Syaoran sabía que no era bueno consolando a la gente, menos como consolar a un niño, nunca pudo con sus sobrinos y parecía que con su hija menos.

—¿Syaoran? ¿Qué haces aquí?—tal parecía que la sorpresa de Aiko había sido suficiente para que deja de llorar.

—Sí soy Syaoran, estoy aquí porque no puedo enfermar en los próximos días—y sin que se diera cuenta se encontraba sonriendo ante la idea de que podía compartir con ella por varias horas.

—¿Eres donante de médula?—le preguntó Aiko curiosa, mientras Syaoran se preguntaba como sabía aquello si sólo tenía cinco años.

—Sí ¿cómo puedes saber eso?—le preguntó el castaño mientras se perdía en sus cavilaciones.

—La otra vez el tío Touya me explicó porque a veces tengo que estar en este tipo de habitaciones—le contestó Aiko —aparte me habías dicho que ibas a ayudar a una amiga…aunque también el tío Touya me explicó que aquí traen a personas con inmu..inmono…

—Inmunodeficiencia—le ayudo a completar el castaño un tanto divertido.

—¡Eso! Es muy difícil de decir—se excusó la niña.

—Con el tiempo podrás decir la palabra completa—Syaoran sonrío al recordar que Sakura tenía que repetir varias veces una palabra que le costara pronunciar y tal parecía que la niña tenía la misma tendencia ¿Qué cosas habría heredado Aiko de él? —¿se pueden recibir visitas en este lugar?

—Sí, pero por poco tiempo y deben usar un traje, a veces mi tío permite que mamá se quede por más tiempo—le contestó Aiko.

—Parece que tu tío es demasiado bueno—le contestó el castaño con un sarcasmo mal disimulado, que pasó desapercibido por la niña.

—No le digas a nadie, pero es que soy su sobrina favorita y por eso deja que mi mamá se quede—le contestó ella un tanto más feliz —Pero es muy gruñón, y a veces da miedo.

—También tu mamá le tenía miedo a Touya, sobre todo cuando tenía motivos para enojarse con ella—le contestó Syaoran un tanto distraído.

—Syaoran ¿Por qué mi mamá y tú ya no son amigos?—le preguntó Aiko muy bajito, posiblemente por pena.

—No hicimos cosas que son difíciles de perdonar—aunque le hubiera encantando poder decirle "porque jugué muchas veces con Sakura".

—Creo que sólo deberías de decirle "Sakura, perdóname, seamos amigos como antes", es muy sencillo—le contestó Aiko.

—Debería intentarlo, y si no funciona le diré que fue un consejo tuyo—le contestó el castaño un tanto divertido y conmovido por la inocencia de su hija.

Ambos se quedaron un rato más conversando, hasta que Aiko le dijo que necesitaba descansar, suspiró y se volvió a sumir en aquel silencio tan abrumador que tenía esa habitación. Se dio cuenta que su hija (porque pensaba acercarse a ella y decirle quien era en realidad) tenía muchas cosas en común con él y su familia, pero al mismo tiempo la convivencia con Sakura y los Kinomoto le dan ese sentido humano que muchas veces los Li no tenían, era una niña que estaba acostumbrada a recibir amor y ser consentida por todos. Y ahí terminó de darse cuenta que él desea poder poner el mundo a los pies de Aiko y que ella dejara de verlo como el amigo de su madre, deseaba que le dijera papá con el mismo amor que le decía a la castaña mamá.

Había salido por un par de horas del hospital para poder ir a despejar su mente, estaba tratando de calmar sus propios temores, pero también tenía que regresar pronto, ya que su hija estaba sola en aquel pabellón que odiaba; también ella odiaba ese pabellón pero sabía que era un mal necesario, pero una vez apelaría a la buena voluntad de su hermano y le pediría que la dejara un par de horas más de las reglamentarias. Estaba segura que no tendría una respuesta negativa, la mayoría del personal sabía que ella y esa niña eran familia del Dr. Kinomoto; le debía tanto a su hermano, no sabía que hubiera sido de ella sin él, tal vez fuera un molestoso, gruñón y sobreprotector, pero era uno de sus mayores pilares. Incluso cuando ella se equivocaba, Touya estaba para ser su apoyo, aunque le diera miedo decirle las cosas.

Sakura era consciente que era un adulto y como tal debía hacerse responsable de sus propios actos, y ella había decidido que iba a tener a ese bebé y por lo tanto debía hacerle frente a su familia; de antemano sabía que su padre no armaría un escándalo, que posiblemente se decepcionaría de ella, pero tendría un trato cariñoso y estaría feliz de ser abuelo; pero nada le generaba mayor temor que las reacciones de su hermano; ya que las primeras reacciones que tenía eran abruptas y en algunos casos rayaban en lo irracional, pero tampoco era como si pudiera esconder por siempre su embarazo y otro punto en contra era que su hermano ejercía como médico y se daría cuenta de su estado en un descuido que ella tuviera.

Volvió a suspirar y armándose del valor que no tenía tocó el timbre del departamento de su hermano, aun frente a esa puerta se preguntaba porque había decidido que él sería el primero con quien hablaría, pero no podía dar marcha atrás. Volvió a tocar el timbre al ver que su hermano no hacia acto de presencia ni daba señales de estar en su hogar, la espera se le hacía eterna. Pero pronto la puerta fue abierta y frente a ella se reveló la figura alta de ese hombre al que tenía por hermano y sin poder evitarlo comenzó a sudar frío; más porque Touya no dejaba de verla sorprendido y un tanto inquisidor. La invitó a pasar y a tomar asiento, Sakura sin rechistar hizo todo aquello que su hermano le pedía, se sentía nerviosa y asustada.

—¿Qué hiciste? Los monstruos no salen de sus cuevas por nada—le picó Touya con el afán de hacerla enojar.

—¡Hermano, ya te he dicho que no soy un monstruo!—le contestó ella mientras lo quedaba viendo de la peor manera que podía.

—Siempre serás un monstruo—

—¡Ya hermano! Tengo que decirte algo importante—Sakura susurro lo último.

—¿Qué hiciste?—le preguntó Touya más serio de normal.

—Nada…bueno…sí...hermano—ella tomó aire —Estoyembarazada.

—No hables como monstruo…me pareció que dijiste que estabas embara…—se quedó callado al ser consciente de lo que su hermana le había dicho y se levantó tan rápido que hizo que Sakura se encogiera en su asiento.

—Escuchaste bien…Touya…yo—Sakura se quedó callada y comenzó a llorar en cuanto vio a su hermano tomar un portarretratos y lanzarlo con furia hacia la pared.

—¡¿Quién es el padre?! ¡¿Eres tonta acaso?! ¡Por Dios eres una niña!—le gritó colérico mientras caminaba de un lado a otro.

—No hay padre y sí soy una tonta—le susurró bajito mientras su llanto iba en aumento.

—¡Maldita sea! ¿¡Es del mocoso?!—Touya no obtuvo respuesta—Sakura ¿es o no del mocoso?

—No—fue la escueta respuesta que pudo darle.

—¿Lo sabe papá?—le preguntó un poco más sereno al ver que si seguía gritando no iba a conseguir nada de su hermana.

—No—

—¿Tomoyo?—

—Eres el primero en saberlo…pensé…en realidad no pensé, sólo quería que lo supieras—le contestó Sakura para después esconder el rostro entre sus manos.

—Lo lamento, no quería hacerte sentir mal…es sólo que…te amo tanto que me enoja que alguien te lastime—Touya le quitó las manos del rostro y limpio sus lágrimas.

—¡Hermano!—y se lanzó a llorar abrazada a él.

Eran contadas las ocasiones en la que su hermano era cariñoso con ella y en esa ocasión lo fue después de su reacción inicial y aunque no lo dijera mucho, sabía que Touya adoraba a su hija y por eso no podía negarse al más mínimo capricho de la niña y el que ella pudiera quedarse más tiempo con Aiko era una clara muestra del poder que tenía su hija sobre su tío, quién se caracterizaba por ser uno de los médicos más estrictos del hospital y cuando Fujitaka, Tomoyo o Eriol le molestaban diciendo que Aiko era la domadora de Touyas, se hacía el desentendido o simplemente soltaba un bufido.

—Sakura, recuerda que sólo puedes estar con Aiko una hora más de la que está permitida—le dijo Touya mientras firmaba unos papeles.

—Ya lo sé hermano, pero ambos sabemos que Aiko es la que debe entender eso—le contestó la castaña mientras soltaba un suspiro.

—Dile que la iré a ver cada hora en vez de la enfermara—le soltó el médico de manera despreocupada.

—Pero Touya, estarás trabajando…ella debería ser capaz de entender y…—la castaña se vio interrumpida cuando su hermano la tomó de los hombros y la quedó viendo a los ojos.

—Es igual de miedosa que tú y jamás me ha molestado ni me ha pesado cuidar de ella y mi trabajo me permite ir con ella cada hora—Touya le revolvió el cabello como cuando era niña y comenzó a caminar al lado contrario del pasillo —Sólo recuerda que tú puedes estar una hora más.

No le quedó más remedio que soltar un suspiro, ya que su hermano la había dejado plantada a mitad del pasillo, estaba agotada, pero ese agotamiento lo venía cargando desde hacía mucho tiempo; miró una vez más el pasillo y se mentalizó para pasar unas horas muriendo de calor, porque el traje que tendría que usar para estar con su hija no permita hacerla sentir el frío del aire acondicionado del hospital. Sólo esperaba que las cosas fueran rápidas y que Aiko no estuviera inquieta, pero sobre todo que quedara conforme con el hecho de que su tío la estaría visitando cada hora. Sin darse cuenta se encontraba en el pabellón donde estaba su hija solicitando un traje para poder ingresar a verla; las enfermeras ya la conocían, he hizo una nota mental de llevarles algún detalle por las atenciones que tenían con ella y su hija, aunque seguía pensando que eran muy atentas por ser familia del guapo (y gruñón) Dr. Kinomoto.

Sin hacer mucho ruido entró a la habitación de su hija, la encontró dormida, con cuidado se aproximó a ella, deseaba no tener que usar guantes y poder tocar a su pequeña sin ningún tipo de impedimento; sin embargo era consciente de que ella casi siempre estaba cansada y con sueño, por lo que se limitó a sentarse y observar como su pecho subía y bajaba con tranquilidad. A veces cuando la observaba se daba cuenta que cada año se aparecía más a Syaoran y en ocasiones podía ver algún rasgo de sus hermanas; eso dependía del ángulo en el que viera a Aiko. Volvió a suspirar, aún deseaba poder ver a su hija con aquel hermoso cabello que había heredado.

Cuando vio a su madre entrar con aquel ridículo traje estuvo por soltarse a reír, sin embargo sabía que si lo hacia lo trataría peor de lo que lo llevaba tratando en esos días, por lo que simplemente se acomodó mejor en aquella incomoda camilla; realmente odiaba los hospitales y espera que el tiempo pasara rápido y que la vida fuera piadosa con su recuperación.

—No es necesario que te quedes aquí, si estuviera en tu lugar por nada del mundo entraría a esta habitación—le dijo Syaoran cuando el silencio pesó más sobre ellos.

—Tal vez no debería estar aquí, pero al final del día sigues siendo mi hijo y lo quieras o no me preocupas, aunque sigo molesta contigo—le contestó ella con simpleza.

—Y seguramente seguirás molesta conmigo hasta el día en que me muera—le contestó Syaoran con hastío.

—Hable con tus hermanas esta mañana, posiblemente por la noche estén llegando—Ieran casi suelta una carcajada al ver la expresión de terror en su hijo.

—¡Cómo pudiste! ¡Sabes cómo son esas locas! ¡Ni Aiko, ni Sakura estarán seguras!—el castaño estaba histérico, una cosa era soportar a su madre molesta y otra muy distinta soportar el humor tan cambiante de sus dos hermanas.

—Xiao Lang, tus hermanas entienden la situación tan bien cómo yo, ellas dijeron que hablarían contigo muy seriamente—le contestó su madre quitándole importancia al asunto.

—Ellas están locas, no tengo nada que hablar con ella—le dijo molesto.

—Tal vez no tengas nada que decirles a ellas, pero seguro ellas sí tienen muchas dudas que resolver…es parte de mi castigo—le dijo Ieran un tanto divertida, ya que era sabedora de que sus hijas era "especiales" cuando se trataba de su adorable hermano menor.

—Pero…pero sabes que están locas…mi pobre hija también está en peligro con esas mujeres—le dijo Syaoran con la voz histérica.

—Te recuerdo que Aiko no es tu hija—le dijo ácida.

—Pienso pedirle a Sakura la oportunidad de ser el padre de Aiko—Ieran abrió aún más los ojos por aquella confesión.

—Sólo espero no sea tarde—

Eso mismo espera él, que no fuera tarde, que pudiera disfrutar de esa niña; porque era un tonto si creía que Sakura estaría feliz o conforme con tenerlo en su vida nuevamente; sabía que había roto tanta vez a la castaña que era casi imposible que ella pudiera perdonarlo y formar una familia, claro en el supuesto que él decidiera que quería el paquete completo. Había roto cada puente que pudiera llevarlo de regreso a aquella Sakura del que se enamoró tan perdidamente, tenía tatuado en su memoria cuando fue la última vez que había roto todo lazo afectivo que la castaña pudiera tener con él y no fue precisamente cuando la dejó abandonada en hospital; no, fue unos meses antes, cuando le había reiterado un detalle que en primera instancia había pasado desapercibido por la necesidad de encontrar una solución al embarazo de las castaña.

Llevaba una semana completamente molesto, estaba cansado de la empresa, de las reuniones, de los balances, de las estadísticas de conversión, de los nuevos planes de venta…estaba harto, deseaba con cada fibra de su ser tomar un descanso de varias semana. Pero la empresa apenas estaba en pañales, por lo que no podía dejar todo en manos de sus empleados, y no era porque no confiara en ellos, simplemente él era un maldito perfeccionista. Se dejó caer en su silla y comenzó a masajear su sien, estaba comenzando a relajarse, cuando su celular interrumpió la paz de su oficina, soltó unos cuantos improperios y como si nada hubiera pasado contestó aquel molesto aparato, sin siquiera ver de quién se trataba.

—Syaoran…—cerro los ojos al escuchar la voz de la castaña, no estaba de humor para nada.

—¿Necesitas algo? ¿Te sientes mal?—le preguntó casi por inercia.

—Estoy bien, no necesito nada en particular, lo que sucedes es que…bueno verás—Sakura a veces seguía siendo tan infantil y de todos los días para serlo había escogido el peor.

—Voy a tu departamento—le contestó él y segundos después cortó la llamada.

Volvió a proferir unos cuantos improperios al aire, tomó su saco y salió de su oficina notificando a su secretaría que regresaba en un par de horas; aún se preguntaba porque seguía yendo a ver a Sakura, estaba seguro que tendría quien cuidara de ella; y fue en ese momento en que la realidad lo abrumo, en lo que Sakura llevaba de embarazo no se había atrevido a preguntar qué había pasado con su familia, porque estaba convencido que Tomoyo no la dejaría sola. Maldijo una vez más sentirse preocupado por ella, maldijo su estúpida necesidad sexual y maldijo el tener esa doble vida.

Se había perdido en sus cavilaciones que no se percató que estaba cerca del departamento de la castaña, intentó por todos los medios calmar un poco el mal humor que tenía, estaba consciente que ella no tenía la culpa de que fuera un adicto al trabajo y que la semana que estaba teniendo fuera tan pesada. Es más, estaba completamente molesto de tener que calmarse por ella, porque ni con Midori lo hacía, ella simplemente le daba su espacio, pero Sakura…bueno ella estaba embaraza y de él, maldijo de nueva cuenta. Tomo un cigarrillo y en tiempo record lo consumió, se sintió relajado y se dispuso a subir al departamento; una vez frente a la puerta, toco dos veces, espero unos segundos y la puerta se abrió. Sakura estaba vestida con unos pantalones de chándal y una camiseta, se veía cansada.

—¿Te encuentras bien?—le preguntó él sin poder evitar sentirse preocupado por la salud Sakura.

—Sí, no he podido dormir muy bien...—le contestó ella mientras se hacía a un lado para dejarlo pasar.

—¿Segura? Podemos ir al médico, no me molesta—Syaoran la vio caminar a la cocina y la fue siguiendo.

—Es sólo sueño, no he podido dormir bien, se mueve mucho por la noche—le explicó ella mientras tomaba dos tazas.

—¿Eso es chocolate?—le preguntó él mientras observaba como ella tomaba las tazas y le tendía una.

—Sí, pensé que te gustaría tomar un poco—le contestó Sakura mientras le daba un sorbo a su taza.

—¿Qué hiciste? Sólo haces chocolate cuando hiciste algo que me involucra—le contestó Syaoran mientras dejaba sobre el desayunador la taza.

—No he hecho nada—le contestó ella y él alzo una ceja—bueno no aún.

—Sakura, sea lo que sea no creo que sea catastrófico como para que no lo pudiéramos discutir por teléfono—le dijo Syaoran un tanto molesto.

—Yo no te dije que vinieras, es más no me diste oportunidad a nada, dado que venías para acá hice chocolate, no lo volveré a hacer, es más no volveré a molestarme en decirte las cosas—le contestó ella más molesta, a veces se olvida que tantas hormonas la hacían más volátil.

—No te alteres, disculpa si estoy de mal humor—le dijo el castaño mientras tomaba la taza nuevamente.

—Estoy pensando en mudarme a casa de mi padre por una temporada—Sakura lo quedó viendo con aquellos ojos verdes llenos de expectación.

—¿Cuándo?—

—Después de que nazca o tal vez el último mes…quería platicarlo contigo primero—Syaoran volvió a tomar un poco de aquel chocolate antes de hablar.

—Puedes hacer lo que desees—le contestó el castaño con simpleza.

—Pero…¿seguro que no te molesta?—Sakura se retorcía los dedos.

—¿Por qué habría de molestarme?—la vio encogerse de hombros—Sakura ¿Qué te dijo tu hermano y tu padre?

—Nada…ellos…ellos están muy contentos, más mi papá…Touya, bueno él, ya sabes cómo es—le contestó Sakura con la mirada un tanto perdida.

—¿Sigues pensando que voy a cambiar de opinión? ¿Por eso me consultas que opino con respecto a tu mudanza?—le preguntó él y la vio sonrojarse al verse descubierta.

—Algo así, ya sabes que no busco que seamos una familia, sólo quisiera que tuviera a su padre—le contestó ella mientras pasaba sus manos sobre su vientre.

—Sakura, sabes que eso no va a pasar—Syaoran hizo una pausa —Sabes que te tengo cariño, por lo que fuimos, por lo que estamos viviendo, pero tiene mucho tiempo que deje de verte como la madre mis hijos.

—Cierto—vio como ella por un instante tenía los ojos llenos de lágrimas.

La cocina se quedó sumergida en un silencio incomodo, estaba consciente que no había tenido tacto para decir aquello último y que posiblemente por eso mismo Sakura estaba tan perdida en sus pensamientos; el cierto tan escueto que le dio, le hizo darse cuenta de que tal vez ella muy en el fondo deseaba tener hijos suyos, así como era cierto que él la había dejado de ver como la madre de sus hijos, ya que en su vida estaba Midori y era a ella a quién la veía con ese rol. Y su gran boca, había dicho algo que Sakura no tenía necesidad de saber y por su mal humor lo había dejado ir de la peor manera.

—Sakura…yo…—ella no lo dejó continuar.

—No tienes porqué disculparte, se a lo que te refieres…además tiene muchos años que dejaste de ser el hombre que deseaba como padre de mis hijos—y fue en ese momento en que Syaoran se dio cuenta que aquello era la forma de defensa de la castaña.

—De verdad lo…—

—Se va a enfriar el chocolate—le dijo ella mientras ocultaba el temblor de sus labios tomando el contenido de su taza.

—No debí de haber dicho eso—le dijo él un tanto contrariado por la actitud que la castaña estaba tomando.

—No dijiste nada que yo no supiera o en su defecto yo no intuyera…no fue por ello que te llame—le contestó Sakura lacónica.

—¿Estas bien?—le preguntó Syaoran sintiéndose estúpido por hacerlo sabiendo la respuesta.

—Sí, perfectamente para ser exactos, te llamaba para decirte que ya sé el sexo, ayer me lo dijeron—le contestó ella sin ningún tipo de emoción en la voz.

—¿Por qué fuiste al ginecólogo antes de la cita que teníamos programa?—le preguntó él un tanto molesto.

—Estuve con algunos malestares durante casi toda la semana, Touya fue quien insistió en que fuera al médico para descartar preclamsia o alguna otra anomalía—le contestó Sakura con simpleza mientras se encogía de hombros.

—¿Y cuándo pensabas decirme lo que pasa?—le preguntó Syaoran molesto.

—No fue nada grave, al final de cuentas soy madre primeriza y me preocupo por malestares propios del mismo embarazo, aparte sabía por Eriol que han tenido una semana agitada, no tenía caso darte más estrés por una pequeñez—le contestó ella mientras salía de la cocina.

—Sakura Kinomoto, no era una pequeñez…¡¿Qué demonios pretendes?!—le preguntó él exaltado.

—No pretendo nada, simplemente no tenía caso que te dijera algo tan insignificante, al final tengo que acostumbrarme a hacer las cosas sin ti, ya que te recuerdo que está bebé y yo no somos parte de tu plan y tú tampoco estás en nuestro plan de vida…eso grábatelo muy bien Syaoran Li, porque yo lo tengo grabado con fuego en mi memoria—le contestó Sakura con acides, haciéndole recordar que él estaba por tiempo limitado y ahí supo que ella no volvería a confiar en él y que había terminado de romper todo encanto que aun tuviera con ella.

—Sakura…—

—Te lo iba a decir por teléfono, pero te adelantaste y te aventuraste a venir, al final del día, es algo que no será relevante en tu vida y hasta hora lo comprendo—Syaoran soltó un suspiro mientras trataba de pensar que decirle a la castaña; sin embargo el daño estaba hecho.

Había sido demasiado tonto, fue en ese momento que Sakura dejó de tratarlo con el cariño de un viejo amor y comenzó a tratarlo como a un amigo, al cual no le tienes ni en tan alto ni tan bajo estima, simplemente había envenenado los pocos sentimientos que la castaña sentía por él. Ahora estaba convencido que todo lo que había metido en su coladera, sería abierto por sus hermanas, a las cuales tendría que soportar, sólo esperaba que no fueran tan imprudente y fuera a importunar a Sakura, ya que a estas alturas ella estaría emocionalmente cansada.

—Madre, no quiero que mis hermanas importunen a Sakura—le dijo Syaoran a su madre que se encontraba asombrosamente aun con él.

—No puedo prohibirles a tus hermanas algo como eso—le contestó Ieran con un tanto de indiferencia.

—¡No comprendes!—le grito él un tanto desesperado.

—Créeme que tus hermanas y yo entendemos mejor que tú la situación en la que te metiste—le contestó la mujer calmadamente, exasperado al castaño.

—No es eso, es sobre Sakura y…—se quedó callado al momento de ver a su madre ir a la puerta de salir.

—Sabemos perfectamente que seguramente le rompiste el corazón y la dejaste a la deriva con la niña—le contestó Ieran antes de salir de la habitación.

Pero Syaoran estaba convencido que ninguna de las mujeres Li sabían realmente el daño que le había hecho a Sakura, ni mucho menos sabían que por varios años la trato como si ella fuera una concubina; odiaba más que nunca estar en esa habitación sin poder salir de ella, necesitaba buscar a la castaña antes que sus hermanas, él debía estar en buenos términos con ella, ya que los papel estaban por invertirse al ser él quien estaría de rodillas ante ella (de ser necesario) para que le permitiera conocer a su hija.

Había estado con Aiko, por algunas horas, hasta que una de las enfermeras le llegó a decir que su padre deseaba pasar tiempo con su nieta, aprovecho de ese descanso para poder ir a fumar, lo necesitaba, así como un poco de aire fresco; aún no había llamado a Tomoyo, la cual le había hecho prometer que le avisaría si su adorada sobrina necesitaba de algo de diversión, claro que necesitaba diversión, pero Tomoyo era de cuidado, tenía la costumbre de sacar de quicio a todas las enfermeras encargadas de aquel área para que le "limpiaran" adecuadamente todos los juegos que cargaba consigo. Así que valía empezar temprano, por lo que sin pensarlo más marco el número.

—Hola, Sakurita, que bueno que llamas—le contestó la voz cantarina de Tomoyo después de tres timbrados.

—Hola Tomoyo, necesito ayuda con Aiko y no tengo cabeza para idearme forma para entretenerla—le contestó la castaña mientras se paseaba por el jardín.

—Ya tengo todo listo para ella, estaba pensando en pasar en una hora más, estoy esperando a que Eriol regrese—le dijo la mujer del otro lado de la línea.

—Gracias…de verdad muchas gracias Tomoyo, no sé qué haría sin tu ayuda—le contestó la castaña.

—Aiko y tú son mi familia, siempre estaré para ayudarte, te veo en un rato—le contestó Tomoyo antes de terminar la llamada.

Tomoyo siempre había sido su paño de lágrimas, la persona que estaba para ella en las buenas y en las malas, la que la animaba a seguir adelante cuando ella tenía dudas de si misma, en pocas palabras Tomoyo era uno de los pilares más grandes que tenía en su vida; por eso mismo estuvo con el sentimiento de culpa cuando se vio en la necesidad de ocultar la verdad sobre el padre de Aiko. No estaba segura si no tendría problemas con Syaoran, al final de cuentas Tomoyo podía ser muy imprudente e ir a buscarlo y arman un escándalo.

Sin embargo, ahora que estaba esperando a que alguien de su familia llegara, deseaba con todo el corazón poder decirle a su amiga lo desdichada que se sentía, tenía escasas horas que Li las había abandonado, sin embargo no se había lanzado a llorar, estaba distraída con varias cosas; había conocido al fin el rostro de su bebé, estaba embelesada con ella, era tan pequeña e indefensa, la llenaría de amor y trataría de darle la mejor vida y sus pensamientos fueron similares a los anteriores, hasta que unas de las enfermaras se llevó a su hija a los cuneros, ya que aún tenían que hacerle varias valoraciones para empezar a armar su expediente.

Primero llegó su hermano, quién cargado un oso de peluche casi tan grande como él, trataba en vano de ocultar la emoción de conocer por fin a su sobrina; beso la frente de ambas mujeres, con una devoción que rayaba en lo ridículo, pero el tiempo de su hermano estaba limitado, por lo que estuvo un par de horas haciéndoles compañía, hasta que tuvo que marcharse para cumplir con sus obligaciones. La soledad se hizo presente y sus pensamientos estaban más confusos que en otras ocasiones y sin previo aviso, cuando creía que por fin terminaría derramando lágrimas, un torbellino pelinegro hizo acto de presencia.

Tomoyo entró estrepitosamente por la puerta, cargaba una cámara de video en la mano y otras de fotografías en el cuello y en su mano libre varias bolsas de regalo, la vio contener un grito de felicidad pura y dando saltitos se aproximó a la castaña y al bultito que descansa entre sus brazos. Ambas se vieron a los ojos y no pudieron evitar sonreírse, como quién esconde un secreto en el que sólo ellas eran participes.

—¡Es divina!—fue lo primero que dijo.

—Aún no la has visto ¿y Eriol?—le preguntó la castaña un tanto divertida.

—Pequeñeces, es tu hija, seguro es divina—le contestó Tomoyo mientras agitaba la mano—Eriol no debe tardar, estaba justo detrás de mí.

—¡Tomoyo! No fuiste a dejar tus cosas—dijo escandalizada la Sakura.

—Todo lo tuve que comprar de camino acá…—

—Amor—y en el marco de la puerta se encontraba una gran jirafa de peluche, sin poder evitarlo Sakura soltó un suspiro al ver Eriol cargando con cuatro maletas, globos y aquel peluche.

—Tomoyo ayuda a tu esposo—le dijo una divertida castaña.

—Gracias pequeña Sakura—le contestó el hombre mientras soltaba dos de las maletas y trataba de acomodarse las gafas.

—Lo siento mucho amor, estaba tan emocionada—se justificó Tomoyo mientras tomaba los globos y los ataba en el cunero de la habitación.

—No te preocupes, llevo muchos años conociéndote—le contestó Eriol con una sonrisa.

—Déjame cargar a la pequeña…—

—Aiko—le contestó Sakura mientras le pasaba a su bebé—Aiko Kinomoto.

—Aiko…que hermosa eres, soy Tomoyo, tu madrina—se auto nombro la mujer de cabellos azabaches.

—Sakura…la niña se parece a…—Eriol no pudo terminar la frase porque el pequeño grito que escapó de Tomoyo.

—Es hija de Li—

—¿Sakura?—

Ambos vieron que la castaña bajaba la cabeza y sus hombros comenzaban a temblar ligeramente, anunciando el llanto de la castaña; la pareja se quedó viendo por unos instantes, para después Eriol asentir con la cabeza y caminar hacia la salida, sabía que era Tomoyo la indicada para confirma las sospechas que ambos tenían con respecto a sus dos amigos castaños.

—Sakurita ¿estás bien?—le preguntó Tomoyo quedamente.

—Tomoyo perdóname…yo quería contarte…pero es o más bien era…tan complicado—le dijo entrecortadamente Sakura, ya que era presa de las lágrimas.

—Aiko es hija de Li, por eso estabas tan renuente a decirme quien era el padre—le afirmó la azabache.

—Sí, pero antes de esto…todo era tan complicado…no quería…no quería que nuestra amistad se viera más afectada—le contestó la castaña.

—No quiso hacerse responsable…¿Por eso no decían nada?—

—No, es un tanto más complicado—

—Tengo mucho tiempo para escucharte—le sonrió Tomoyo mientras dejaba a la bebé en el cunero con toda la delicadeza del mundo.

Sakura entre llanto, le contó todo lo que había pasado en esos nueves de embarazo, desde las atención de Syaoran, los momentos en los que estaba casi convencida de que Aiko conocería a su padre, hasta el momento en que las dejo solas. Tomoyo escuchaba atentamente, no interrumpía el relato, a menos de que la duda la asaltara y tuviera que formular alguna pregunta, Sakura estaba tranquila y agradecida de que Tomoyo no la juzgara y la escuchara y sobre todo estuviera dispuesta a guardar el secreto con su hermano y su padre. Le agradeció el abrazo, el consuelo y sobre todo que le dijera que tal vez ella hubiera actuado del mismo modo, que estaba convencida que tampoco tocaría nada del dinero de aquella cuenta bancaria destinado a la pequeña Aiko.

Tomoyo siempre había sido su apoyo y en esa ocasión en aquel cuarto de hospital había podido decirle todo aquello que llevaba meses guardando en su ser, fue en ese momento en que comenzó a comprender que la nueva personalidad de Syaoran era complicada y muy dañina para ella; se daba cuenta de que lo había amado hasta ese día, se daba cuenta de que siempre estuvo en las sombras y que era un vil engaño el decir que estaba superado, sus sentimientos por él renacían con cada aparición que tenía en su vida. Hasta ahora en brazos de su amiga se había permitido aceptar.

Aún con todo aquello en mente fue de nueva cuenta a la habitación de su hija, estaba segura de que no tardaría en despertar, tenía ganas de pasar todo el tiempo que pudiera con ella, ya que estaban a horas de que la cirugía se realizara; sin embargo cuando estaba por ir a ponerse aquel traje que usaban para entrar a ver los pacientes de esa zona, se encontró con la señora Li, quien le dedicó una sonrisa y sin poder evitarlo se acercó para saludar como era debido y no con una simple mueca tatuada en su rostro.

—Buenas tardes—

—Buenas tardes ¿cómo se encuentra mi nieta?—le preguntó Ieran.

—Supongo que bien, estaba dormida cuando llegue a verle…¿cómo lleva Syaoran el encierro?—le preguntó la castaña por cortesía .

—Mejor de lo esperado—

—Seguramente esta insoportable, también huiría de su temperamento—

—Está muy tranquilo y reflexivo, aunque preocupado…—

—¿De que algo salga mal?—le preguntó Sakura un tanto preocupada.

—No, de sus hermanas, llegan en un par de horas; confía en poder ayudar a la niña—le contestó Ieran con una sonrisa—A mis hijas les interesa conocer a la pequeña Aiko.

—Señora Li…no deseo que sus hijas sean indiscretas, sabe tan bien como yo que pueden serlo cuando se emocionan—le dijo la castaña un tanto preocupada.

—No te preocupes, sabes que puedo manejarlas, sólo espero que no te moleste—le contestó Ieran sin borrar la sonrisa de su rostro—te dejo Sakura, dale un beso a mi nieta.

Sakura decidió que el tema de las hermanas de Li podía esperar, no estaba preparada para enfrentar aquellas peculiares mujeres, sobre todo porque las personalidades de cada una era abrumadora, estaba segura que su hija terminara encantada con ellas y al mismo tiempo harta; sin darse cuenta se encontraba otra vez frente a la puerta de la habitación de Aiko, con cuidado cruzo el umbral de la puerta por si la niña aun dormía; sin embargo la entro despierta y muy quieta.

—Hola corazón, espero no te encuentres tan aburrida—le dijo Sakura.

—No mami, recién me levante, sabes tuve un sueño muy raro—le contestó la niña con un brillo extraño en sus ojos.

—¿Qué fue lo que soñaste?—

—Que conocía a la abuela Nadeshiko—le contestó Aiko con una sonrisa, a lo que Sakura se quedó pasmada.

—¿Qué paso en tu sueño?—le preguntó la castaña.

—Hablaba conmigo, estábamos en un hermoso jardín, me dio un beso en la frente y acaricio mi cabello…en el sueño tenía cabello, igual de largo que el de tía Tomoyo—le contestó la niña emocionada.

—Fue un lindo sueño Aiko—le dijo Sakura tratando de disimular el desazón que estaba experimentando.

Al poco tiempo llegó Tomoyo con varios juegos para que el tiempo pasara ameno para su sobrina, sin embargo, aunque intentara disimular que no se encontraba afectada por el sueño de Aiko, no lo logro, ya que la amatista se percató del estado de animo de Sakura; sin necesidad de decir nada con miradas acordaron contarse lo que las tenía distraídas. Por lo que trataron de seguir haciendo la estadía de Aiko lo más divertida posible, necesitaban un rato de diversión antes de que la incertidumbre del día siguiente no se los permitiera.

Cuando llegó la hora que indicaba que las visitas debían salir, Tomoyo aviso a Sakura que la esperaría en los jardines, a lo que la castaña asintió y se quedó una hora más con su pequeña; Aiko al ver que su tía abandonaba la habitación, se armó de valor para dejar escapar una pregunta que estaba requemando su cabeza unas horas atrás.

—Mami…¿Puedo hacerte una pregunta?—

—Claro que puedes—

—¿Qué pasara si todo falla?—le preguntó Aiko casi tan bajito que a Sakura le costó trabajo escucharla.

—No pasara nada, porque no fallara nada…—la niña la interrumpió.

—Muchos niños muere…mami ¿Qué será de ti?—Sakura abrió los ojos y con el acopio de fuerza que se obligó a juntar, no rompió en llanto.

—Voy a estar bien…—le respondió ella muy bajito, la niña pereció quedar conforme con la respuesta ya que la vio sonreír.

—Porque pase lo que pase todo va a estar bien…mami, te amo mucho…gracias por ser mi mamá—le dijo Aiko mientras la abrazaba y escondía la cabeza en el pecho de Sakura.

—Te amo infinitamente…—la castaña la abrazo como si la vida se le fuera en ello y lloro en silencio mientras sus manos acariciaban la espalda de su hija.

Cuando ambas estuvieron lo suficientemente calmadas, lograron despedirse, ya que al otro día se verían unos minutos antes; Aiko sonrío y se acomodó para dormir con la certeza de que su madre estaría bien si las cosas no salían como se esperaban, así mismo Sakura vio a su hija una última vez, con la tranquilidad de haberle dicho una verdad a su dulce Aiko, muy en el fondo sabía que estaría bien si algo no salía como lo planeado, que viviría en su corazón, que cada momento al lado de ese pequeño ser habría valido la pena, la lucha, el amor incondicional, el amor tan ciego que se tenía…porque la amaba tanto que no sería capaz de soportar verla seguir sufriendo. Sakura sabía que si algo iba mal dejaría a su pequeña ir, aunque le doliera cada parte de su ser, porque nadie podría recriminarle que perdiera el rumbo; el amor de madre era así, ciego, puro, desmedido y al mismo tiempo maduro.