¡Hola!~ aquí con la continuación. No sé si lo llegan a notar todavía, pero me estoy divirtiendo mucho con esta historia y sobre todo con Itachi. Soy una amante de Orgullo y Prejuicio y lo usé como una excusa para ponerlo aquí, demándenme (?)
¡Espero lo disfruten!
Uchiha Sasuke, paciente y paterno Sasuke débil a su hija, sonríe por décima vez desde su posición en la silla de la sala con su café en mano. Desde hace poco más de treinta minutos Kohane desfila frente a él con distintos atuendos para elegir el más adecuado para la ocasión, se había levantado más temprano que de costumbre y hasta le preparó el desayuno con tal de poder usarlo de jurado. A Sasuke no le molesta en absoluto, de más está decir que esta no es la primera vez que sucede y él siempre disfruta el momento.
—Me gusta mucho como te queda ese verde, puedes combinarlo con el listón que te gusta tanto.
Kohane sonríe con sus ojos brillantes y mete su mano dentro de una gran, gran caja decorada con infinidad de colores, sacando de ella una cinta verde pastel que acomoda en su pelo para comprobar qué tan bien queda junto con el largo suéter de un tono a penas más fuerte. Sonríe satisfecha y corre hasta el baño una vez más, minutos después sale y Sasuke levanta sus pulgares. El atuendo está decidido, pueden continuar al siguiente paso.
—¿Cómo quieres tu cabello? —pregunta Sasuke agarrando el cepillo para desanudar el pelo de Kohane, quien ya se acomodó en otra silla de espaldas a él.
—¡Hoy es verde, así que como Makoto! —Anuncia contenta y con mucho sentido, él sólo sonríe y comienza su trabajo.
Makoto es el personaje de Júpiter en Sailor Moon, una serie que Kohane ama desde los dos años. Siempre que elige un color particular para vestirse y hasta a veces en ocasiones especiales, usa a uno de sus personajes favoritos para peinarse como tal. Para Sasuke fue todo un reto aprender a peinarla bien, su madre le ayudó mucho e incluso el mejor amigo de Itachi, Deidara quien tiene un pelo sumamente cuidado, le dio algunos consejos. No dirá que es un profesional, pero puede hacer lo básico y hasta ciertos peinados elaborados sin mayores complicaciones. Sasuke anuncia que ha terminado y Kohane corre al espejo a apreciar el trabajo, su coleta alta perfectamente cepillada y con un bello acabado del listón verde anudado en un moño la dejan más que satisfecha. Cuando se da vuelta, lo ve a Sasuke con su celular en la mano y las mejillas se le ponen rosas por la risa, a él le encanta tomarle fotos y no es como si a ella le disgustara, así que posa contenta para el flash.
Sasuke ama demasiado a su hija.
Distraído mirando su galería de fotos le entra una llamada de su padre, así que sale de la cocina para responder. Fugaku no es de los que suele llamar para preguntar cómo estás, pero últimamente se había vuelto una costumbre gracias a tener que hablar con tantas personas en secreto de su madre para organizarle la fiesta sorpresa por su cumpleaños. Viene maquinando este plan desde el año pasado y recolectó una buena cantidad de cómplices en el camino, será todo un espectáculo para recordar.
Su padre le confirma que se decidió a hacerla de disfraces, y que sí, sí debería ir disfrazado elaboradamente y no, ponerse una máscara y una camisa divertida no cuenta como disfraz. No le dio detalles exactos, pero por su ferviente convicción, Sasuke asume que su papá va a estar más que producido para el día y eso le roba una sonrisa que agradece no pueda ver. Fugaku hace cosas maravillosas por su familia a pesar de ser un hombre de tan pocas palabras. Por presión mayor promete por toda su colección de libros de edición limitada que de verdad va a ir verdaderamente disfrazado y su padre le agradece para terminar la llamada instantes después.
Sasuke no va a admitir que tiene más emoción por usar un disfraz de lo que realmente deja ver.
Una bandada de aves sobre su cabeza le roba la mirada un segundo antes de cerrar la puerta del jardín. A Sasuke le gusta observar los pequeños cambios de estación a estación, ahora la primavera es quien está a poco tiempo de despedirse, el tibio ambiente de sus tardes lentamente iba bajando de temperatura a medida que el sol desciende. Le gusta mucho más el frío que el calor, así que este también es un punto a favor. Cerrando la puerta escucha a Kohane hablando animadamente, cuando entra a la sala comprueba que se debe a que Naruto ya ha llegado y no tuvo mucha misericordia antes de ser sentado y presionado a elegir entre la amplia gama de bebidas calientes que Kohane preparó para ofrecerle.
—Bienvenido al interrogatorio —dice a modo de saludo.
—¿Necesito un abogado? —Naruto dice optando por un té que simplemente le gustó por el color del empaque. La niña asiente rauda y corre a la cocina a prepararlo. —Traje algo para acompañar el té, espero que les guste.
Sasuke agarra la bolsa de madera con una caja rectangular dentro. —Nada que haya llegado de una panadería fue rechazado en esta casa, estás a salvo.
Naruto sonríe satisfecho y lo acompaña hasta la cocina para poner los bocadillos en un plato. Kohane no deja de parlotear sobre todo tema de conversación existente en su pequeña cabeza y sorpresivamente Naruto sigue los temas de la pequeña con suma seriedad sin importar que se trate de un debate tal como el color azul siendo mejor que el rojo porque, obviamente, el mar no quedaría tan bien de rojo como lo hace de azul. A lo que Naruto responde que sí, pero que el naranja le gana a ambos porque ninguno de los dos se compara con el color del atardecer, ella le concede la razón tras un breve análisis.
Cuando ya tiene las bebidas preparadas, las cuales Sasuke se ofrece a llevar y a cambio le encarga los bocadillos, los tres se acomodan en la sala. Kohane también trae unas galletas con chispas de chocolate que horneó esa misma mañana y se gana los halagos de ambos hombres, haciendo que sus mejillas se pongan ligeramente más rosadas. Es sólo a mitad de una charla, cuando Sasuke extiende su mano para agarrar uno de los dos tipos de pastelillos, que los reconoce mejor. Pequeñas masas oscuras rellenas de crema de café, cubiertas con un baño de chocolate semi amargo y una decorativa pieza de chocolate encima. Naruto parece notar que no deja de mirarlos y habla con cierta pena.
—Me pareció recordar que esos le gustaban.
—Sí, sí me gustan —dice agarrando uno y robando un pedazo con su tenedor para más énfasis—, son uno de mis favoritos de hecho. Pero no recuerdo haber contado eso.
—Sakura-chan siempre le regala de este tipo, nunca le veo comer cosas dulces, supuse que tal vez no le gustan tanto.
Sasuke no recuerda muchas veces en que Sakura le haya dado estos pasteles, de hecho, fueron sólo dos veces y una de ellas porque uno que probó le resultó demasiado amargo y le regaló el otro. Naruto debe de tener una memoria sobrenatural o un don para la observación para recordar algo como eso.
—Supongo que tal vez sea sólo una enorme coincidencia, pero estos otros también le fascinan a Kohane —cuenta señalando los otros pastelillos, que tienen una decoración de diferentes frutos rojos sobre una boquilla de crema. Kohane, para segundar su moción exclama emocionada a medio bocado que así es. Pero Naruto cobra más color en su cara antes de responder con más timidez que esos, en realidad, eran sus favoritos.
—¡Ya tenemos una cosa en común! —Exclama ella con éxtasis— ¿Qué más te gusta Onii-chan?
Ah, dio comienzo. Sasuke sabe lo que va a suceder a continuación, así que se concentra en disfrutar de su té en silencio y, sin fallas, durante los siguientes quince minutos aprecia el intercambio de información entre ambos. Debe destacar la gran paciencia con la que Naruto responde todas y cada una de las preguntas de su hija por más absurdas que sean, tal como por qué las nubes son más esponjadas cuando hace frío -porque el viento las rellena como una gran almohada-, o quién decide el color de las hojas de los árboles en otoño -cada pájaro que se detiene en los árboles elige una hoja para pintarla a su gusto-, o su favorita, por qué cree que los mundos de cuentos de hadas no existen en la realidad -porque todavía no has encontrado a la persona que te transporta a tu propio mundo de magia-.
Sasuke incluso sonríe sin darse cuenta con esa frase, no sólo porque le perece algo sumamente lindo para decirle a una niña, sino porque es una que utiliza en varias de sus historias ligeramente modificada en todas. Hace una nota mental de preguntarle en algún momento sobre esto.
El cuestionario sigue. Han averiguado que su cumpleaños es en octubre, que le gusta mucho el ramen y jamás le dirá que no, no importa qué hora sea. Que es un niño de verano, aunque eso no quita el hecho de que disfruta de la nieve y el chocolate caliente como cualquier ser humano. Le gustan los libros desde que es niño y su abuelo le regaló uno basado en un héroe con su nombre. Los osos son grandiosos, pero por supuesto que las ranas más, ¿has visto qué clase de colores llegan a tener? Su familia consiste en dos padres con una particular madre sobreprotectora y un particular padre muy relajado que se dedica a la escritura también, y dos abuelos, los cuales viven muy cerca de aquí ahora que lo piensa, seguramente deban conocerse. No, él vive un poco más lejos. Sí, va caminando hasta la universidad. No, no hace deportes. Sí, practicaba atletismo en la secundaria.
—Te hacía más del equipo de fútbol—dice Sasuke.
—No es el primero que me lo dice —responde medio riendo—, la verdad es que quería entrar al de kendo, pero no tenían vacantes. Los únicos disponibles eran atletismo y teatro y las chicas de teatro me daban miedo, así que no tuve mucha opción.
—¿Miedo? ¿Qué parte del teatro escolar puede darte miedo? —pregunta con cierta diversión.
—No lo sé, algo en sus ojos, demasiada intensidad. No digo que sea algo malo pero como recordará, actuar en frente de una multitud tampoco califica alto en mi lista de placeres, imagínese que hacerlo con enormes vestidos no me convenció. Porque ¿sí mencioné que ese año la estrategia de teatro fue invertir todos los roles? Cenicienta fue uno de mis favoritos, la princesa era el chico más musculoso de toda la clase y el hada madrina quien tenía la voz más grave.
Sasuke sí ríe ahora. En su escuela él estaba en el club de teatro, voluntariamente después del primer año donde fue obligado a participar, pero jamás se les ocurrió algo tan ingenioso. Por supuesto que tuvieron sus cuotas con algún que otro papel invertido por obra del azar en un sorteo, pero fueron más bien obras clásicas. La ocasión más exótica en la que estuvo fue en la bella durmiente, donde le tocó ser una de las hadas madrinas y hasta hoy afirma con fuerza que su parte favorita fue mover la varita para cambiarle el color al vestido junto a otro de sus compañeros. Las tres hadas madrinas fueron hombres y por supuesto que hay fotos de este hecho.
—¡A papá le gusta usar vestidos!
La exclamación feliz de Kohane atraganta la risa de Sasuke a medio salir. Su cara víctima del shock disparó todas las alarmas de incendio, casi no le cuadran las ahogadas neuronas para gritar algo sin sentido sólo para evitar que algo más peligroso saliera de su boca. Reza para que Naruto no la haya oído, pero como bien demostró desde que había llegado a la casa, no hizo otra cosa más que escucharla. Tiene los labios plisados, quizás reteniendo una inapropiada risa, y Sasuke la siente como una botella de combustible lanzada al fuego de su cara.
—Kohane, creo que deberías devolverle los pañuelos a Naruto. Ahora.
—¡Es verdad!
Kohane baja de su silla y corre hasta una habitación que Naruto no puede ver desde su lugar, el silencio que queda entre ambos adultos oculta tensión detrás. Sasuke no quiere hacer contacto visual por miedo a lo que encontrará en la cara de su alumno, sus ojos están clavados fijos en el borde del plato decorado con pequeños moños amarillos, sin embargo el carraspeo de la garganta de Naruto tensa sus músculos.
—No voy a juzgarlo sabe, tampoco diré nada en la escuela si eso es lo que lo preocupa, yo no-
—¡NO!—Sasuke interrumpe gritando, ve el sobresalto en la cara de Naruto y se disculpa—No es… no es nada de lo que seguro estás pensando.
—Oiga, de verdad no tengo nada en contra, no es como si fuera raro—consuela Naruto. Y Sasuke puede ver que de verdad lo piensa, no sólo lo dice para hacerlo sentir mejor.
—Es bueno saber que pienses así, pero de verdad no es eso. Es una vieja historia de cuando era niño, nada importante, en realidad. Mi hermano y mi familia siempre lo cuentan y Kohane tiene la idea de que me gusta usar vestidos hasta ahora…
Naruto se queda en silencio un momento pero sonríe. —Se vería muy bien en uno si decide usarlo.
—¿Qué?
No sabe quién de los dos tiene más reacción, si Naruto al darse cuenta lo que dijo o Sasuke al escucharlo. Es obvio que eso no debía ser pronunciado, pero para evitar otro momento incómodo Sasuke no indagará más allá. Kohane llega en ese momento con los pañuelos en mano y tarareando una canción que su padre vagamente reconoce como una de las muchas en la serie de Sailor Moon.
Mayor sorpresa es escuchar cómo Naruto le pone letra a la música haciendo que los ojos de Kohane brillen.
—Onii-chan, ¿también te gusta Sailor Moon? —pregunta casi corriendo hasta él, quien pone su cara totalmente seria antes de levantarse a una cómoda distancia de la mesa.
Sasuke tendría que estar ciego como para no reconocer la perfecta coreografía que está presenciando.
—¡Te castigaré en el nombre de la luna!
Kohane chilla y lo puede sentir más que oír, ese agudo pitido que indica que su oído se sobrecargó rápidamente. Ella se acomoda al lado de Naruto y ambos hacen una perfecta coreografía que testea sus conocimientos, pues recrean todos y cada uno de los personajes con bella sincronía. Nadie puede culpar a Sasuke cuando en la distracción del momento saca su teléfono para filmarlos, sería un terrible padre por no hacerlo. Nunca podría llenar la centena de álbumes de fotos que tiene si no supiera aprovechar eventos como estos. Sin embargo se ve tomado por sorpresa cuando ambos se coordinan para hacerlo parte del acto, y tal vez pueda pecar de falto en humildad, pero no va a quedarse atrás en esto. Él vio durante años cada movimiento de esas chicas y puede imitarlos sin problemas, algo que Kohane sabe bien y Naruto está descubriendo con sumo deleite. Para cuando terminan Sasuke siente sus mejillas estiradas de tanto sonreír y piensa que no puede recordar la última vez que le pasó. Kohane se halla sentada sobre la alfombra más que extasiada con Naruto explicándole algo sobre peinados.
Toma un momento para ir a la cocina a buscar bebidas y al entregarlas escucha la explicación de que, al parecer, Naruto es sumamente bueno en peinados. Esto se debe a que su madre quien tiene el pelo excesivamente largo, le prestaba su cabeza para jugar desde niño, etapa que coincidió en su descubrimiento de las famosas heroínas y sus peinados particulares, pero que continuó a medida que descubría nuevas fascinaciones. Como por ejemplo los tocados de las damas antiguas, las princesas de los cuentos y otras series también. Kohane logra que le prometa hacerle uno a ella, lo que conlleva a entender que, de alguna misteriosa manera, ha logrado concertar otra visita.
La cara de misión cumplida es toda la prueba de que era lo que estaba tratando de hacer desde un principio.
—Me sorprende que digas que no puedes actuar, lo acabas de hacer más que bien según mi criterio —halaga Sasuke sentándose en el sofá.
—Oh, pero esto sí puedo hacerlo bien —responde con brío—, lo hago desde que tengo memoria. Mi apodo de niño era Usagi-chan, por si eso le da alguna pista de qué tan bueno soy.
—Puedes llamarme por mi nombre, después de nuestro gran acto me resulta raro oírte tan formal, Usagi-chan —bromea él.
—Pero… usted es mi profesor, sería extraño si-
—Kohane, ¿escuchaste eso? —interrumpe trágico Sasuke.
Kohane entiende rápido y ríe muy divertida. —Parece que alguien trata de comunicarse con nosotros, papá.
—Así parece ¿crees que deberíamos contarle de nuestra regla para poder escucharlo?
—¡Debemos decirle!
Naruto baila la cabeza entre padre e hija sin entender, mas cuando ambos se detienen a mirarlo al mismo tiempo cree comprender.—En nuestra casa todos nos hablamos por igual, no importa la edad. Para poder ser escuchado, tienes que seguir esta regla —explica Kohane, a su lado Sasuke sólo asiente con aires de dramatismo.
—Tienen una regla muy particular —concede.
—Parece que el murmullo sigue… qué problema, ¿deberemos llamar a un exorcista cariño? ¿crees que se trate de un espíritu?
—Siento mi cuerpo más frío —continúa ella, tiritando—, ¡quizás sea un espíritu maligno!
Sasuke lleva sus manos horrorizado hasta su boca, es obvio que esta pequeña escena improvisada está tomando lo mejor de él. Las risas discretas de Uzumaki hablan solas.
—Me parece recordar que alguien con una voz muy similar llamó a otra profesora por su primer nombre, tal vez el espíritu se calme si logra decir los nuestros, ¿no lo crees así querida?
—¡Oh por dios! —Naruto explota— ¿cuántas veces practicaron este acto? Está bien, ya entendí. Kohane-chan, Sasuke-san, ya pueden parar…
—Casi. Ahora inténtalo sin esa horrible cosa detrás de mi nombre —sonríe suave Sasuke.
Naruto así lo hace y resulta que llamarlo por su primer nombre se siente mucho más natural de lo que pensó. Huh.
—¿Cuántas personas fueron víctimas de esto antes de mí? —pregunta mientras apoya su cabeza en el sofá sin levantarse del piso. Sasuke sólo responde que las necesarias, lo que le hace sospechar, pero no dice más. —Parece que actuar le… te gusta más de lo que creí. Tienes una técnica dramática muy buena. Debería encontrarte un apodo adecuado, digo, ahora que sabes el mío…
—Papá ya tiene uno —comenta Kohane antes de que Sasuke logre advertir.
—Kohane, no creo que quiera escucharlo —Sasuke suelta rápido, casi como una súplica a oídos de Naruto, quien sólo siente curiosidad ahora.
—Oh, yo creo que sí quiero escucharlo.
Si la cara bordó de Sasuke hablaba por aquel apodo, definitivamente quiere oírlo. Le oye hacer un ruido raro y cubrir su cara en anticipación a Kohane, quien no tarda nada en develarlo. —¡La princesa Grace!
Ahora, es obvio que Naruto trata lo mejor que puede en contenerse, de verdad que sí, pero lo que comienza como una tos fallida culmina en la carcajada más contagiosa que Kohane escuchó en mucho tiempo. Sasuke podría compartir la opinión si no estuviera preocupado en tratar de salvar algo de su dignidad. Princesa Grace es sólo un tonto apodo y no debería darle tanta importancia, pero que alguien más aparte de su familia lo conozca no entraba en su lista de deseos la última vez que chequeó. Itachi fue quien lo apodó así hace muchos años ya y la historia detrás es algo que por lo menos puede permanecer oculto, sólo ellos dos la saben y está claro que no será su boca quien la relate. De pronto suena el timbre y Sasuke se levanta a abrir, nadie diría que lo usa como la excusa perfecta para evitar las risas que están coloreando sus orejas de más.
Mas cuando su cara se encuentra otra demasiado familiar al otro lado de la puerta, un sentimiento de premonición se asienta en su estómago.
—¿Qué haces aquí?
—Estaba cerca y decidí pasar a saludar, espero no interrumpir nada. Traje unos libros que Hane-chan me pidió.
Estaba cerca y decidió pasar, ja, cómo no. —¿Es sólo una casualidad que sea particularmente hoy que estabas rondando por aquí? —Itachi sabe que su excusa es pobre, pero no le importa porque igualmente ya está pasando a la casa. Sasuke huele la receta del peligro.
En la sala Itachi se presenta más apropiadamente como el hermano de Sasuke, diciendo que es un placer conocerlo por fin después de haber oído tanto de él. Naruto quiere preguntar exactamente qué escuchó, pero asume que fue gracias a Kohane y no hace más que sonreír. Es una fortuna que no preguntara, pues entonces se vería en la obligación de responder que fue más charla por parte del padre que de la hija.
—Siento interrumpir su conversación, espero que no estuvieran hablando de algo muy importante.
—Oh, en absoluto. Sólo estábamos hablando de la princesa Grace —responde Naruto jocoso.
Sasuke quien pasó primero por la cocina, deja una taza de té en la mesita frente a su hermano. Él le agradece y le da un sorbo, de inmediato su cara se arruga y Kohane se ríe de eso. Es obvio que el té que siempre toma amargo estaba endulzado con siete cubos de azúcar ahora, porque Sasuke es un hombre completamente maduro.
Pero Itachi lo es más.
—Me sorprende que lo conozcas—admite, pero Kohane le responde enseguida que fue gracias a ella. Por eso Itachi sabe que no hay posibilidad de que Naruto conozca la verdadera historia detrás del sobrenombre, es sólo su deber como hermano contarlo ¿verdad?
Porque él es un hermano mayor sumamente adherido a la causa de "consigue un amigo para tu hermanito" completamente maduro. Por supuesto que no lo hace para otra causa más que esta. No cree merecer esa mirada asesina que promete sangre derramada si dice una palabra fuera de lugar que Sasuke le está dando.
—¿Quieres saber cómo se lo ganó? —tienta él y por supuesto que obtiene un rotundo sí como respuesta.
—Itachi, no te atrevas a…
Pero Itachi se atreve.
—Verás, no sé si lo sabes ya pero Sasuke tuvo siempre este don para el drama, casi inconsciente pero sumamente divertido de ver. Era mucho más interesante de pequeño, los escasos berrinches que tuvo siguen siendo recordados en las cenas familiares.
Sasuke quiere morir. Él sabe mejor que nadie cómo sigue la anécdota y necesita firmemente detenerlo antes de que la termine y la poca imagen profesional que le resta sea acribillada frente a sus ojos. Naruto le escucha con suma atención y las suaves risillas mal ocultas de su hija en anticipación a una de sus historias favoritas no lo hacen sentir mejor.
Itachi relata su berrinche predilecto, en donde Sasuke logró que su madre le comprara un pomposo vestido azul a la edad de cinco años, sólo porque la encargada de la tienda le dijo que esa era una prenda para niñas y lo usó toda una semana exclusivamente para pasar con su pequeña cara llena de soberbia por el escaparate de la tienda. Claro está, después del tercer día el vestido solo se sentía incompleto, así que decidió que una tiara era necesaria. Y con el disfraz completo, es lógico que el siguiente paso fuera adquirir el título de princesa. Y aunque Princesa Sasuke no sonara mal, Itachi creyó que su nivel de compromiso con el personaje era digno de una verdadera actriz y diva, así que quién mejor para representar ambas cosas que Grace Kelly, la princesa de Mónaco.
Princesa Grace nació en el estupor de una semana y sobrevivió hasta el día de hoy. Sigue habiendo evidencia de ese hecho muy bien resguardada, para ocasiones que lo ameriten por supuesto. Y tal vez la respuesta más adulta que Sasuke puede tomar ahora sea reírse junto a Naruto y olvidar el tema, es sólo un inocente apodo de niños, pero el ardor de su orgullo herido no coincide.
—Veo que tu memoria sigue tan buena como siempre, por qué no aprovechas el momento y cuentas acerca de tu apodo, Pennywise.
Ah, qué recuerdos. Tal vez Sasuke crea que ese sobrenombre le causa algo más que buenos recuerdos, pero está muy equivocado. Esa fiesta de Halloween de cuando tenía trece años fue épica por describirla de alguna manera. Deidara y su hermano mayor Sasori le ayudaron a elegir su disfraz, y ya que este último era el más grande y con una carrera de arte, fue quien se encargó del maquillaje. Tal vez algunos coincidan que sólo fue un trabajo bien logrado para su edad, pero la realidad es que fue espeluznante. O al menos sus vecinos sí coincidieron en eso cuando después de la sexta casa y haber ganado más dulces de los que jamás pensó, tal vez a raíz del miedo que su cara emitía cuando abrían la puerta esperando a una tierna bruja o un divertido astronauta y en vez les recibía un payaso demonio extremadamente detallado, uno de ellos decidió llamar a la policía.
—Pennywise, ¿el payaso diabólico? —pregunta Naruto incapaz de disimular que ese rojo de sus mejillas es por lo fuerte que se está riendo.
—El mismo. Pude haber sido el doble en su película, mira esto.
Itachi mueve los músculos de su cara un poco para terminar formando esa sonrisa sumamente característica que el mítico personaje muestra en las películas, con sus comisuras extendidas hacia arriba y los ojos turbios. Naruto coincide en que no es algo que le guste ver ahora, mucho menos lo sería con la elaboración de maquillaje y disfraz necesaria.
—Todo fue risas hasta que nuestros padres tuvieron que buscarlo en la estación de policía —agrega Sasuke con diversión.
—¡Oh dios, no!—La risa de Uzumaki explota—¿Cómo?
—Le gustaba interpretar los diálogos del payaso… con los niños. Uno se asustó tanto que fue llorando a decirle a su papá y cuando él se nos acercó este tipo no tuvo mejor idea que decirle exactamente lo que a su hijo.
—Que fue…
—"Nadie puede vivir una vida natural sin tener pesadillas de vez en cuando".
—Mamá tuvo que disculparse con la policía y con ese hombre, pero el niño dejó de hablarnos. Jamás sabré por qué —agrega Itachi.
La historia desencadena un intercambio de anécdotas vergonzosas por parte de todos, ni siquiera Kohane estuvo exenta y se vieron tan envueltos en ello que sólo se dan cuenta que es entrada la tarde cuando descubren a la pequeña niña dormida sobre la alfombra a un lado de Naruto. Sasuke se levanta para cargarla hasta su habitación, pero Itachi se adelanta diciendo que aprovecharía para acomodar los libros que le trajo. Y por primera vez ambos quedan solos.
—Gracias por soportar el interrogatorio —comenta Sasuke sonriendo a un relajado Naruto.
—No recuerdo la última vez que me divertí tanto, creo que soy yo quien debe agradecer. Tienes una familia muy divertida—responde él. Su familia es pequeña, no tiene hermanos o primos cercanos con los que pueda jugar como con Kohane o que le hagan pasar momentos vergonzosos como Itachi. A veces desearía haber tenido uno.
Quizás Sasuke presiente lo mismo y es lo que lo lleva a decir lo siguiente. —Mi familia es algo espeluznante cuando la conoces bien, pero eres bienvenido siempre que quieras. Kohane estará más que encantada de recibirte, por si lo dudaste—bromea—, sin mencionar que no tuvimos momento para ensayar lo que te prometí.
—Ah, es verdad. Traje la adaptación que escribí hasta ahora, por si quieres mirarla.
—Por supuesto.
Si su tarde estaba anotando alto en su puntaje de diversión, sumarle el leer una nueva historia de Naruto la acaba de subir por lo menos cien puntos más. Mientras él busca el libreto en su mochila, Sasuke decide que puede preparar una nueva tanda de té. Ya en la sala con el libreto en la mano, reafirma con gusto la fascinante habilidad que tiene Naruto para hacer que simples palabras en papel evoquen tantas sensaciones juntas. Como pensó, había elegido la parte más bien romántica del libro, en particular esta era una versión de la escena bajo la lluvia, definitivamente una de sus preferidas.
—¿Quieres practicar esta escena? —Evitaría con precisión soltar alguno de los halagos que mataban por salir de su boca, a cambio da un sorbo a su taza para ocuparla con algo. Naruto parece dudar pero accede cuando lo convence de que este es el escenario ideal, ya que no hay nadie más que ellos dos para ponerlo nervioso.
Él sería Elizabeth Bennet en esta parte, puesto que será el papel que Kurenai represente en el trabajo final. Los dos están de pie frente a frente, Naruto podrá elegir el diálogo desde el momento que prefiera puesto que Sasuke los sabe a todos de memoria y, aunque estuvieran modificados a una versión moderna, puede reconocerlos sin problema.
—Recuerda respirar profundo y hablar desde la boca del estómago, de lo contrario puedes marearte y es algo muy incómodo —No le contará que este consejo es personal porque fue a él a quien le pasó, pero Naruto agradece sin más. Resulta cautivante ver de qué manera se prepara mentalmente para entrar en un personaje, tiene un instante para cuestionarse si hace esto mismo cuando tiene que escribir, hace otra nota mental sobre preguntarle esto también.
—Elizabeth, he luchado en vano pero me temo que ya no puedo soportarlo. Este último tiempo fue una tortura para mí, vine hasta aquí con la única excusa de encontrarte, de poder verte aunque sea a la distancia. Traté de evitarlo, de convencerme que no era una buena idea y priorizar mi trabajo por sobre este deseo, esta necesidad de oír tu voz aunque sólo tengas cosas pobres para decir sobre mí. Pero me rindo, en este momento dejo todo de lado para pedirte… para pedirte un poco de amabilidad.
Naruto duda. No termina de comprender si lo hace como parte del papel o no, pero el ligero quiebre es notable.
—No te entiendo… —Elizabeth dice.
—Te amo. —Darcy responde.
Y es por una décima de segundo, tal vez menos que eso, pero algo en la intensidad de las palabras provoca un salto gracioso en el corazón de Sasuke, quien por amor propio decide no detenerse a analizar qué es.
—Te amo como a nadie… por favor, te necesito. Necesito tenerte a mi lado en todo momento, respirar cerca de ti, conocer el calor de tu mano y memorizar cada ligera marca de tu piel. Elizabeth… cásate conmigo.
Sasuke casi olvida que tiene que responder.
—Darcy… agradezco tus palabras. Estoy segura de que me será difícil hallar a alguien más con tanta pasión para afirmar halagos sobre mí, lamento sinceramente el dolor y las molestias que este amor por mi te ocasionó, de corazón admito que jamás fue mi intención. Tampoco lo fue poner una carga sobre tu ética profesional, es indudable lo mucho que significa para ti lo que haces.
—¿Es esa tu respuesta?
—Así es.
—¿Te estás… burlando de mí?
—De ninguna manera.
—¿Es esta tu forma de rechazarme?
—Estoy segura de que encontrarás un consuelo para superarlo, tal vez en tu amado trabajo o en la gente con la misma opinión pobre sobre gente similar a mí con la que te codeas en él.
—¿Me dejarías saber al menos por qué me rechazas con tan poca sutileza?
Sasuke vuelve a tener problemas de concentración, tal vez sea la bien lograda expresión de dolor en los ojos celestes frente a él los causantes. Sabe qué sigue en el libro, pero por alguna razón se encuentra incapaz de seguir el diálogo.
—Lo siento, pero encuentro muy difícil de creer el hecho de que tengas dificultad para actuar. Lo estás haciendo impresionante —dice en su lugar, apreciando el momento en que la cara de Naruto rompe el personaje para sonreírle con cierta pena.
—Es más complicado con gente mirando, créeme.
—El libreto está bien redactado, quitaste las partes que no se adaptaban a tu versión de la historia. Que el señor Darcy sea un elegante empresario de Londres enamorado de la hija de un humilde empleado es esperado, pero intrigante sin duda. No puedo esperar a ver el trabajo final, creo que si me tienes paciencia suficiente podré seguirte todo el guion sin problemas. La próxima vez que vengas quizás podamos completar esta parte, o practicar otra, como tú gustes.
Es Uzumaki quien toma unos segundos antes de responder. —¿De verdad no hay problemas en que venga de nuevo?
—Claro que no, creí que fui claro con eso hace un rato —responde divertido.
—No, sé lo que dijiste, pero creí que quizás fue más para ser amable porque le caigo bien a Kohane-chan —admite esquivando sus ojos.
—La definición apropiada sería que mi hija está enamorada de ti, sólo trato de ser un padre solidario. Tal vez puedas llamarme suegro en un par de años… no, ni siquiera puedo bromear con eso, lo siento —se corrige casi en el acto. Su pequeña sería suya por siempre. Punto final.
Naruto sonríe con ganas —Sospeché un poco en ciertos momentos, pero gracias por confirmarlo.
—Salvo la parte de enamorar a mi hija o enamorarte de ella, lo que te puede hacer acreedor de un pase para reprobar todos tus exámenes conmigo, fui muy honesto en invitarte a volver. Tal vez no lo parezca pero mi vida social no es muy… activa, por decirlo así. Pasar la tarde contigo hoy fue lo más divertido que hice en mi año hasta ahora, no estoy en contra de repetirlo si tú quieres.
Y por supuesto que sus ganas de beber de su taza no fueron para disimular lo seca que su garganta se puso al admitir eso y darse cuenta lo mucho que sonaba a una confesión de adolescente. Un adolescente bastante precario de palabras casuales, también. Pero a Naruto no parece importarle y está más que feliz en aceptar. Se entretienen charlando sobre el desarrollo de la historia que tenía pensado, lo que da pie a una conversación sobre libros y géneros que Sasuke no recuerda jamás, de verdad jamás, haber tenido con alguien más que comparta la misma afición que él. Es por eso que asume que esa tibia sensación escalando desde la boca de su estómago hasta cada poro de su cara se debe a la felicidad de encontrar un potencial gran amigo.
Kohane e Itachi, observando ocultos desde el pasillo, no coinciden.
En cambio coinciden en que la siguiente etapa de su plan fue cumplida con éxito.
Cupido ha sacado la flecha de su carcaj.
¡Espero les haya gustado!
Planeo hacer esto tan dulce y tierno como mi corazón de algodón me lo permita, temed de que sea mucho (?) amo el fluff.
¡Hasta la próxima!~
