Twilight no me pertenece


6.

Se sentía cabreado, ofuscado. Y fuera de lugar en la boda de su hermana.

Suspiró dejándose caer más en aquella mullida silla contemplando como Alice bailaba al compás de un suave vals entre los fornidos brazos de su —ahora— esposo.

Resopló.

Se levantó de su silla grácilmente —como era su estilo—, y comenzó a dirigirse al interior del lugar. Que era su propia mansión, el mismo lugar donde se estaba realizando aquella improvisada boda. Suspiró al sentir como todos aplaudían a los recién casados mientras él solo desaparecía de su vista. No le gustaban las bodas.

Ni ninguna festividad.

Caminó rumbo a uno de los amplios pasillos que conducían a las habitaciones, y en el camino oyó un par de gemidos que provenían de unos de los clósets cerca de los cuartos. Se acercó un poco y pudo oír con exactitud quienes gozaban ahí dentro con mucha claridad.

Se quedó atónito al reconocer la voz inconfundible de su hermano menor, Emmett.

—¡Oh Emmett! —gimió una voz femenina retumbando dentro del pequeño cubículo. Edward frunció el ceño al también reconocerla inmediatamente—, ¡Si, ahhh!

—Oh Rose —suspiró su hermano con adoración— lo haces como una profesional —soltó una de sus estruendosas carcajadas, y Edward sintió de repente muchas ganas de salir corriendo y vomitar en algún baño.

¡Su hermano estaba follando con Rosalie Hale en su armario! Bueno no era suyo, pero era de sus padres. ¡Maldito Emmett! susurró cansado y suspirando.

¿Porque simplemente no invitaba a la joven a su habitación? Si otra persona los hubiera escuchado hubiera puesto el grito en el cielo. Y esa persona sería específicamente Carlisle.

Caminó intentando borrar esos pensamientos de su mente —más bien gemidos— mientras decidía que esa noche sus sueños estarían gravemente perturbados. Con una pequeña molestia en su sien luchó por no reírse como un loco por su hermano. Que al fin y al cabo estaba con la muchacha que quería. No vio cuando una persona se tropezó con él de lleno, y cayó. Edward bajó a ver con su mirada esmeralda a una chica, complexión delgada, cabello castaño, nada del otro mundo. Estaba recogiendo sus cosas desperdigadas por el golpe con una audible maldición que si bien era gracioso, lo tomó desprevenido completamente.

—Deberías fijarte por donde vas —dijo simplemente, pasando por al lado de la muchacha—, no me gustan las mujeres tontas y atolondradas— iba a retirarse, pero cuando sintió que algo golpeó su hombro se dio vuelta en dirección a la muchacha inmediatamente.

—Disculpe, real majestad si mi torpeza hizo que se me cayeran todas mis cosas —la voz de la chica era dura, pero sus facciones denotaban un dejo de diversión un poco palpables, sonrió al comprenderla. Ella no le estaba reclamando nada, simplemente que no fuera tan grosero al tratar una mujer. Y desgraciadamente, ella tenía razón. La había hecho tropezarse y sin querer dejó caer todo lo que traía en su pequeño bolso de mano azul.

—¿Disculpa?

—Ya me oyó, señor para nada agradable —la joven se dio la vuelta para marcharse, pero Edward volvió a hablar impidiéndole que hiciera eso en un segundo.

—¿Quién eres? —preguntó. Su mirada verde la recorrió de arriba abajo, de seguro pensaba que una muchacha que vestía jeans y camisa a cuadros no podía haber estado invitada a una boda de aquel calibre. La muchacha sonrió de lado y negó sutilmente una vez.

—Nadie.

—¿Cómo? —dijo intrigado.

La joven negó.

—Olvídelo, señor —replicó girándose sobre sus talones para marcharse, pero antes de dar siquiera un solo paso le dijo— no le conviene saberlo, señor, no soy alguien de fiar —y sin decir más nada desapareció de su presencia lentamente por el mismo trayecto que el joven había realizado. Frunció el ceño. ¿A qué se refería con no ser de fiar? Miró en la dirección donde Emmett y Rosalie continuaban encerrados en aquel clóset, haciendo el amor. E hizo cara de asco. Su hermano y él tendrían una charla muy seria luego. Cuando terminara de saciarse.

Edward se giró sobre sus talones y algo desparramado en la alfombra llamó su atención, cuando se agachó para tomarlo con su mano, notó que se trataba de un broche para el cabello.

Frunció el ceño y pensó devolvérselo a la joven que había estado ahí parada hace unos segundo, pero el problema era que ya se había marchado y no tenía ni idea de como iba a encontrarla, sobre todo afuera en aquel gentío.

Guardó el broche en el bolsillo de su esmoquin y continuó con su camino como si nada hubiera pasado. Si o si debía hablar con Emmett ese día, pensó. Las cosas no podían quedarse así, y si el joven grandulón no deseaba madurar, era hora de que alguien le escupiera unas cuantas verdades que le ayudarían a comportarse como adulto. Al menos en un día como aquel. No quería ni siquiera imaginarse si Carlisle o Esme los hubieran pillado. Y no era que no los desearan juntos, todo lo contrario, pero no era aquella la manera de tratar a una dama de buena cuna como lo era esa chica.

Resopló.

—Sonaste muy clasista, Edward Cullen —susurró. ¿Desde cuando él miraba si una persona tenía dinero o no en su bolsillo?—, desde que te metiste con una de las conquistas de tu hermano —gruñó al recordarlo.

Edward se había quedado realmente pasmado al verla. Rubia, alta, tetona, era justo el tipo de mujer que adoraba, y no pedía más que pasión y unos cuantos billetes por darle un par de noches de lujuria. Edward había adorado tenerla entre sus brazos con todo ese calor que su cuerpo hermoso desprendía sobre el suyo propio. Habían sido perfectos juntos, en aquella ocasión, y con toda su alma deseaba repetir la experiencia.

A la joven parecía no importarle el hecho de que antes había estado con Emmett, su propio hermano. Pero a Edward eso le cabreó de sobremanera. Intentó quitársela de encima y olvidarse de ella en cuanto se enteró de que ellos habían tenido una aventura sexual. Sin embargo, su libido pudo más y terminó enrrollandose con ella entre sábanas húmedas y bañadas de exquisito placer. Se odió. Odió a su hermano por pertenecerle, por haber probado aquel cuerpo de sirena. Incluso mucho más antes de lo que él mismo lo hizo. Se odió por el hecho de que no soportaría competir con su propio hermano por aquella mujer, que encima a ella parecía divertirle la situación que a él no. La odiaba tanto como la deseaba, y lamentablemente para Edward su deseo por poseerla terminó ganando un importante terreno en él. Tanto que ya ni siquiera pensaba en terminar con aquella enfermiza y tórrida relación.

Suspiró mirando al techo de su habitación y se deshizo de su saco, la vida le había colocado muchas pruebas en el camino, pero sin duda, meter a su cama a Tanya Stonewall había sido uno de los más y tontos errores que cometió.

Ahora la mujer no lo dejaba en paz. Todo el tiempo deseaba saber que estaba haciendo, a donde iba o quienes estaba charlando en ese momento ¡era exasperante!

—¿Edward? —la voz de Alice lo sacó de su ensimismamiento, levantó tan solo una ceja levemente hacia la puerta cerrada con desinterés— ¿Edward, estás dentro? ¿puedes oírme hermano? —dobló los ojos con cansancio.

—Sí —contestó sereno— ¿Ya te cansaste de Jasper que vienes a buscarme tan pronto?

—No seas tonto —rió— ven, ya casi vamos a partir el pastel y voy a tirar mi ramo —habló entusiasmada, pero Edward solo resopló con cansancio.

—Paso —contestó con algo de fastidio.

Alice gruñó divertida.

—¡Edward Cullen, sal de esta habitación ahora mismo!

—¿Quién me lo ordena? —se burló.

Sin embargo, Alice estaba preparada para esa respuesta y soltó una risilla de campanilla al escucharlo.

—Mostraré tus fotos de bebé. Y no me digas que no puedo conseguirlas porque las tengo. No me hagas que te las muestre como prueba de que no miento —le advirtió, pero siguió sin obtener respuestas de su hermano. Sin embargo, contrario a lo que pensó, la puerta de su habitación se abrió.

Frente a ella estaba un malhumorado Edward que parecía querer fulminarla con sus ojos verdes como las esmeraldas con muchas ganas. Sin embargo, Alice no dejó su sonrisilla de duende triunfante ni por un momento.

—Mucho mejor —dijo prácticamente arrastrándolo nuevamente por aquel lugar que antes había caminado para llegar a su habitación. Llegaron a la fiesta y Alice corrió al lado de su esposo para cortar el pastel. Lucía una bonita sonrisa de enamorada, Edward resopló queriendo irse, pues sabía que lo de las fotos era una gran mentira, pero no quiso pincharle el globo en su propia boda por más que quisiera desaparecer de ella. De repente, sus ojos se quedaron prendados de una muchacha que estaba cerca de la mesa donde sería cortado el pastel por los novios. Frunció el ceño, y la reconoció.

Era ella. La joven que había chocado con él en el pasillo unos minutos antes. ¿Que estaba haciendo ahí?...O más específicamente, ¿que hacía usando tacones, un sexy vestido rojo con aquel hermoso peinado que la hacía ver maravillosamente? La estudió mejor con su mirada verdosa. Era sencilla hermosa y despampante.

¿Que había sucedido con la muchacha desgarbada que se encontró en el pasillo de su mansión? Carraspeó sutilmente intentado sentir su propio aliento, cuando lentamente empezó a acercarse a ella para interrogarle. No pasó mucho hasta que estuvo cerca de ella y la miró de arriba a abajo.

—Hola —dijo ella con marcado sarcasmo.

Edward enarcó una ceja dubitativo, ignorando olímpicamente su saludo.

—¿Quién eres?

—¿Debería saberlo? que le importa —intentó alejarse cuando Edward la tomó del brazo, con un suave, pero firme movimiento de su brazo la condujo por uno de los caminitos que estaban cerca del jardín donde se estaba llevando a cabo aquella festividad— ¿qué quiere?

—Saber quién eres y porqué estás aquí —la enfrentó sin miramientos— ¿acaso eres una espía?

La joven rió animadamente al oírlo. ¿De donde había sacado aquel joven semejante ocurrencia?

—No soy ninguna espía, señor, tranquilícese —rió y Edward achicó más los ojos al oírla. Tenía una risa realmente encantadora, pensó. ¿Qué mierda estaba diciéndose? ¡Él ni siquiera la conocía!

—Hace un momento estabas vestida de una manera... —la miró de arriba abajo con superioridad—... diferente.

—¿Qué? ¿esto? Alice me agarró cuando estaba marchándome y me dijo que podía quedarme —frunció el ceño—... más bien me obligó.

—Sí —aceptó resignado— suena a muy Alice —masculló más para si mismo que para ella— de todos modos eso no responde a mi pregunta. ¿Y cómo te cambiaste tan rápido la ropa?

—Soy amiga de Alice, la peiné y la maquillé para la ocasión —enarcó una ceja— ¿feliz? —Edward negó y ella suspiró con cansancio— ¿qué es lo que desea, señor?

—No me gusta que extraños entren a la mansión de mis padres —recalcó— tu actitud fue demasiado sospechosa. Si Alice te invitó a quedarte debes estar en la fiesta, y tú venías de adentro.

—¡Estaba recogiendo mis cosas! —explotó— ¿qué quiere, que las deje botadas?

Edward la estudió de arriba a abajo con parsimonia. Arreglada así se veía realmente bonita. Carraspeó enojado de sus propios pensamientos desviados.

—Mis amigas se marcharon —relató después ella— debían atender otros compromisos y Alice necesitaba que terminaran de maquillarla. Así que me quedé. Pero no estuve robando ni nada, señor Cullen, le aviso.

—Hablaré con mi hermana —dijo empezando a caminar en dirección contraria a la chica, pero ella siguió hablando haciéndole detenerse en su lugar y mirarla encima de su hombro.

—Soy muy rápida para cambiarme de ropa.

Edward la estudió con detenimiento, y pudo corroborar que la joven —cuyo nombre no conocía— tenía un elaborado peinado. Unos tacones negros altísimos y un vestido de gala que no le fue difícil identificar. Aquella prenda era de su hermana menor, ella le había pasado ese vestido.

Y de hecho, le quedaba mucho mejor. Se le pegaba a su menuda y fina figura suavemente curveada. Sacudiendo la cabeza, y molesto con sus propios pensamientos decidió alejarse de allí. Si ella peinaba a otras personas, de seguro era rápida haciéndose un chongo sencillo como ese. Su maquillaje era suave como su rostro y facciones. Sin duda, ella era atractiva. Continuó caminando hasta que Alice le paró con un grito, diciéndole que tenía una rebanada de pastel en sus manos para él. Edward la miró con desgano y siguió su camino. Al toparse con su hermano, lo fulminó con la mirada.

—Emmett —gruñó, y luego miró a la joven que venía saliendo justo detrás de él arreglándose el cabello con rapidez, temiendo que alguien sospechara algo— quiero hablarte un minuto ¿puedes?

—Claro —miró a Rosalie que continuaba arreglando su cabello presurosamente en una de los cristales de las ventanas cercanas al patio— ángel, no me tardo ¿si?

—Está bien —dijo sonriendole con dulzura.

Emmett pareció embobarse por largos segundos en aquella sonrisa de dientes blancos, y suspiró.

—¿No es un encanto?

—Ven —exigió rodando los ojos— ¿qué creen que estaban haciendo en aquel armario, Emmett? —escupió cuando estuvieron lejanos a todo el bullicio proveniente de la pista central— ¿follártela en un armario? ¿es en serio, Emmett?

—No entiendo que tiene que ver eso contigo, hermanito.

—Hermano —recalcó— y si tiene mucho que ver. Siempre te he salvado el cuello cuando Carlisle ha estado a punto de castrarte con su bisturí. ¿No mides las consecuencias?

—¿Consecuencias? —preguntó— papá está bailando con mamá en la pista de baile. No escucharon nada.

—Yo los escuché —señaló— y si no hubiera sido yo podría haber sido Carlisle. O Esme.

—¿Y?

—La hubieras tratado como un Cullen trata a las mujeres y llevado a tu habitación — Emmett enarcó una ceja sutilmente, sintiéndose levemente confundido.

—¿Te das cuenta que piensas como un viejo? —rió— si tienes algo más importante que hablar conmigo búscame, abuelo.

Emmett desapareció dejandole la palabra en la boca.

—Cretino —masculló— ¡yo no soy ningún viejo!

—Sí que lo es.

Volteó cuando escuchó una suave y bonita voz femenina. Era de nuevo aquella chica del pasillo.

—¿Acaso tú estás siguiéndome? —ella comió un pedazo de pastel que sostenía en un plato, Edward la observó hacerlo, y dentro de él algo se encendió una pequeña chispa. ¿Cómo podía ser que esa simple acción le calentara tanto?— ehm..

—Usted está muy tenso, señor Cullen —dijo acercándose con paso lento hacia él.

Edward enarcó una ceja al oírla.

—¿Porqué lo dices? —la chica sonrió, miró al piso unos momentos sin borrar su sonrisa, y luego lo observó nuevamente con deseo.

—Porque me doy cuenta que tiene envidia —¿envidia? ¿de qué rayos hablaba aquella chica?

—¿Envidia, eh? —dijo acercándose poco a poco como quién no quiere la cosa hasta donde ella estaba apoyada en una de las columnas del exterior— ¿y según tú de quién tengo envidia?

La chica rió.

—Pues de su hermano, señor ¿de quién más? —Edward frunció el ceño.

—¿Emmett?

—Sip —dejó el plato en el suelo y se acercó acortando lo último que quedaba de distancia entre sus cuerpos con una sonrisa—, de qué él haya echado un buen polvo —se mordió el labio sugestivamente y lo miró con deseo—, pero usted no. Aún —pasó sus manos por el pecho del joven, sonriendole— ¿no es así?

Edward le tomó las manos e hizo que le mirara a sus preciosos ojos verde esmeralda enojado.

—Por supuesto que no.

—Yo creo que si —dijo con voz juguetona— ¿le gusta su novia? La rubia que le acompañaba a.. ¿Emmett? —Edward negó rotundamente ante su interrogación.

—Claro que no.

—¿Entonces que es lo que le molesta? —preguntó realmente curiosa de su actitud con ellos, había escuchado todo desde que se acercó sigilosamente para seguirlo— ¿o es que le molesta que sean felices?

—No tengo que dar explicaciones a ninguna extraña —masculló entre dientes— lárgate de mi vista.

—Bella —dijo con una sonrisa socarrona—, lo haré. Si me necesita o cambia de opinión —le guiñó un ojo—... estaré esperándolo —sin más que decir se alejó de él con paso lento.

Edward se quedó sorprendido.

No solo lo había seguido para joderlo, sino que también había insinuado que quería algo con él. Observó su silueta perdiéndose entre la multitud. Su mente comenzó a reaccionar e intentó buscarla, pero sus pies no se movieron de donde estaban parados.

Cuando volvió a ver en la misma dirección aquella mujer misteriosa y bella había desaparecido de su campo visual. Frunció el ceño pensando que había sido una jugarreta de su imaginación, sin embargo, cuando volteó hacia el césped y ahí el plato que antes había contenido la porción de pastel que ella estaba comiendo supo que no se trataba de ninguna fantasía. Había hablado realmente con esa chica.

Y le había dicho que quería acostarse con él.


Holis! como están? Bien? espero que muy bien!

Y ya me ven aquí con otro capi de este pequeño fic, que por cierto ya acabó con el RosexEmmett y ya pasamos al BellWard ! Yei!

Eso si, Bella no será la típica penosa que conocemos, pero de eso ya se dieron cuenta supongo x3

Bssss y nos leemos en la próxima actualización! :3