Hola a todos

Les traigo el capítulo 4, les anuncio que estamos a dos capítulos de terminar la historia, casi todos los capítulos son de más de 20 cuartillas, espero que lo disfruten.

También deseo que todos estén bien en este tiempo de cuarentena, en mi caso, ha sido un poco difícil, ya que no he dormido bien en semanas, cuídense mucho, esto de verdad es serio, un primo resultó dando positivo a Covid19, y por lo que cuenta lo más difícil es respirar, lo cual hace que tengas otras molestias, como falta de sueño, apetito y mucho dolor cuerpo, la temperatura no bajó hasta después de semana y media, ahí la lleva su recuperación ha sido lenta, ya que es fumador empedernido, con esto creo que no volverá a tocar un cigarro en la vida.

Disfruten el capítulo, nos leemos la siguiente semana, muchas gracias por los comentarios. No se olviden que la playlist con la que me inspire con esta historia la encuentran en Spotify con el mismo nombre.

Recuerden que los personajes no me pertenecen, son creación del grupo Clamp, la historia es original mía.

Capítulo 4

Syaoran había aprovechado que Touya se había presentado para saber exactamente todo lo que habían tenido que pasar Aiko y Sakura, en un principio vio a aquel hombre contenerse para no ignorarlo, le dijo cada una de las pruebas que tuvieron que hacerle a su pequeña hija, desde las muestras sanguíneas, la extracción de hueso y médula, las punciones lumbares para sacar el líquido de la columna y descartar que las células cancerígenas hubieran llegado al cerebro; el inicio del tratamiento que requería de transfusiones de sangre, plaquetas o glóbulos blancos, la punciones lumbares con tratamiento y eliminar las células cancerígenas del cerebro y médula espinal, las cuales para susto de Sakura trajeron convulsiones para Aiko, por lo que tuvieron que hacer otro cambio de medicación para evitar un daño mayor.

Se quedó sin palabras y deseo haber actuado de manera diferente; no se percató en el momento en que Touya lo dejó de nueva cuenta solo, cuando logró procesar toda la información tuvo la sensación de ahogo; se sentía superado por las emociones que estaban formándose en su interior, que pasaban del enojo a la tristeza y de la tristeza a la decepción…podía reconocerle al fin al mundo entero que se arrepentía de las cosas que había hecho y que se odiaba por haber negado a sangre de su sangre, estaba furioso consigo al ser consciente del camino tan doloroso y complicado que debieron pasar las Kinomoto porque aunque la sangre dijera que su hija era una Li, había sido criada y amada por la familia Kinomoto y fue en ese instante en que se dio cuenta que no podía pedirle a Sakura que dejara darle su apellido a Aiko.

También un golpe de realidad lo dejó sin defensas, si lo que estaba pasando Aiko, le hubiera sucedido a alguno de sus sobrinos hubiera hecho hasta lo impensable para hacerlos sentir bien, hubiera movido cielo, mar y tierra para llevarlos al mejor hospital con los mejores médicos y no hubiera estado ausente. Y lamentablemente, todo eso se lo había negado a su hija al obviar su existencia, se lo había negado y sabía que era tarde, tarde para enmendar errores, porque en el mundo de posibilidades, había un 50 y 50 de que las cosas salieran bien, como de que salieran mal. Y Syaoran rezó, después de muchos años de no hacerlo, rezó a cualquier deidad que estuviera dispuesto a escucharlo, que le permitieran a su hija seguir con vida y poder darle todo aquello que no le había dado.

Dejándose caer en aquella camilla cubrió su rostro con los brazos y sin siquiera ser consciente de que se encontraba llorando por aquello que pudo evitar y dejó de lado, por orgullo, por necedad y por ser una persona inmadura que en lo único que pensaba era en sí mismo. Sentía el pecho oprimido, la garganta con un nudo y se dio cuenta que fue una persona vil, casi un misógino, con aquella mujer que en lo que llevaba de vida había sido la única a la que había llegado a amar de verdad. Necesitaba el perdón de Sakura y de Aiko, las únicas mujeres que podría quitarle aquella angustia.

Se encontraba molesto, no podía entender como había terminado en aquella situación, pero nunca había lamentado tanto no saber controlarse cuando tenía a Sakura frente a él; sólo él era el responsable de estar metido en la situación más demandante de su vida. Estaba en casa de la castaña rogándole a que saliera del baño, lugar en el que se había atrincherado y lloraba desconsolada. Pero sólo a él se le ocurre pasar el fin de semana con una mujer embarazada cuando estaba enojado por cuestiones de trabajo.

—Sakura…sal de ahí, entendiste mal las cosas—le dijo él con voz más calmada.

—Vete…simplemente vete—le contestó ella muy bajo.

—Me iré hasta que me escuches y abras esa puerta—le contestó él.

—Me quedó claro que me ves como tu…como tu…como tu amante…—Sakura había comenzado a llorar por aquel titubeo que tenía su voz.

—No es así, eso ya lo sabes—trató de razonar el castaño.

—No lo sé…porque no me decías nada…yo…yo ya sabía…me denigre a ser tu amante—y el llanto se intensifico.

—Yo no te considero como tal…Sakura, siempre regreso a ti y no es solo por tu cuerpo, me hace falta hablar contigo, reír, jugar, tus silencios o simplemente tenerte ahí, lo necesito porque siempre serás la primera persona a la que en verdad llegue a amar—Syaoran recargó la frente en la puerta mientras le decía aquello a la castaña.

—Me dejaste en claro que soy tu amante, todas las acciones que tomamos desde que terminamos nos llevan al mismo camino al mentirle a terceros, tal vez lo que me dices es cierto, pero tus acciones me dicen que soy la amante de Syaoran Li y que tomara de mi sólo lo que necesita y se ira a jugar a la casita feliz con su novia de revista—le contestó Sakura un poco más decaída de cuando se encerró en el baño.

—Sakura no eres mi amante…nunca podría hacerte algo como eso—le contestó el castaño un tanto consternado por las palabras que ella le dirigía.

—¿Qué soy?...¡¿Dime qué diablos soy en tu vida?!—le gritó ella.

—¡No lo sé! ¡Demonios Sakura! ¡Solo sé que no eres mi amante!—le gritó él de en un acto desesperado por no saber qué contestarle.

—¡Vete! ¡Lárgate!—

—¡No! ¡Abre la maldita puerta!—

—Syaoran, lo dejaste claro…no soy más que la carga de tu descuido—le contestó Sakura casi en un susurro.

—Me estoy desquitando contigo por cosas que no debería…abre la puerta—le suplicó una vez más.

—Dijiste lo que piensas y lo que es…lo siento mucho…siento no haberme apegado al plan—y un llanto renovado se apodero de la castaña haciendo que Syaoran fuera a buscar las llaves del baño y así poder acabar con aquella situación.

—Sakura—cuando entró la vio sentada y llorando, se acercó y la hizo verlo a los ojos—Nunca, entiéndelo bien, nunca te podré ver como una amante, no lo eres...eres más que eso, si estoy pendiente de ti es porque me preocupas, no eres un carga y escúchame bien siempre voy a respetar tus decisiones sin importar nada.

—No importa lo que digas…no importa lo que pienses o sientas...soy tu amante y la culpa es mía por permitir que sucediera—le contestó lacónica mientras se ponía de pie dispuesta a marcharse—Quiero que por lo menos hoy me dejes tranquila y me dejes llorar, no necesito tu condescendencia.

En esa ocasión se fue con la cabeza hecha un lío y aun con la creciente negativa de no reconocer que había hecho de Sakura su amante, el escape de su vida con Midori, porque por eso buscaba a la castaña de ojos verdes; porque al terminar la relación ella seguía siendo la persona que mejor lo conocía y al mismo tiempo la chica divertida que podía hacerle la vida amena unas horas. Ahora que analizaba todo aquello, por fin se dio el lujo de admitir que jamás había dejado a Midori llegar tan lejos como lo hacía con Sakura; así como él conocía el lado más oscuro de Sakura, ella conocía su lado más oscuro y retorcido, a Midori siempre le mostró un lado dulce, amable y bueno; por eso necesitaba de Sakura, porque nunca logró ser sincero con Midori.

Había hablado con Touya cuando lo topo en uno de los pasillos, lo notó extremadamente serio, y eso le causo una sensación de desasosiego ya que nunca podía significar algo bueno; a veces deseaba equivocarse y no conocer tan bien a su hermano, le había dicho que Syaoran deseaba hablar con ella antes de que se realizara la cirugía. Ella realmente no se encontraba preparada para tener ningún tipo de conversación con el castaño, no en esos momentos…ella sólo deseaba que hiciera las cosas sin poner ningún tipo de resistencia, pero tal parecía que estaba destinada a equivocarse con él. Por lo que sin más cayó en la tentación de fumar antes de encararse a la realidad del trasplante de médula.

Cuando estaba por entrar de nuevo a las instalaciones, una chica de cabellos castaños se puso delante de ella, le sonrío y sin más se abalanzó sobre ella, con trabajo pudo reaccionar y corresponder al abrazo que Feimei; la hermana de Syaoran seguía siendo igual de expresiva como recordaba y cuando al fin se vio libre de los brazos de la mujer le pudo dedicar una sonrisa.

—Sigues siendo un encanto—dijo aquella mujer.

—Feimei sabes que eso es mentira...no soy la misma de tiempo atrás—le contestó Sakura.

—Tonterías, aun con un cigarro en los labios te ves encantadora—

—Feimei…—

—Ni lo menciones, aún falta que le reclame a Syaoran, mi hermana y yo no tenemos nada que reprocharte, actuaste como hubiera hecho cualquier mujer…pero mi hermano…bueno él merece que le digamos unas cuantas verdades—aquella mujer alegre le tomó las manos y continuó hablando—Tienes que dejarme verla, quiero saber todo de ella, vestirla y mimarla…¡Promete que nos dejaras hacerlo cuando todo esto termine!

—Pero…—

—Ya sabemos que no sabe de nosotras, no diremos nada hasta que decidan decirle la verdad—le contestó Feimei adelantándose al miedo de Sakura.

—De acuerdo...Fei, tengo que ir a hablar con tu hermano—le contestó la ojiverde.

—Deberías golpearlo y si cambia de opinión, nos dices—Sakura no pudo evitar sonreír antes de continuar con su camino.

Con la calma que no tenía Sakura fue directo al cuarto donde Syaoran se encontraba, tuvo que ponerse aquel molesto traje para verlo antes de que cualquier cosa saliera mal. Con cuidado llamó a la puerta, al no recibir respuesta alguna, se animó a entrar, sim embargo lo que encontró del otro lado de la puerta fue una imagen que jamás imagino ver. Del tiempo que llevaba de conocer a Syaoran una vez lo había visto llorar, una vez lo había visto completamente perdido. Y ahora frente a sus ojos tenía aquel hombre llorando como un niño.

—Touya me dijo que necesitas hablar conmigo—le dijo ella haciendo un lado su compasión.

—Sakura…yo...—Syaoran abrió los ojos y se quedó sin habla al intentar secar sus ojos.

—Toma tu tiempo, hace tiempo te dije que no es necesario que aparentes frente a mí—dijo ella mientras se sentaba a los pies de la camilla.

—Sakura…perdóname…fui un completo animal contigo—le pidió él mientras se sentaba y la quedaba viendo a los ojos.

—Syaoran…no podía obligarte a nada lo sabes—intentó ella de razonar con él ya que no entendía por qué le pedía perdón.

—Necesito que me perdones por dejarte tomar el puesto de amante, por ilusionarte en el embarazo, por dejarte con toda esta carga…yo…yo—y sin más el castaño la abrazó, tomándola completamente desprevenida y dejándola sin argumentos.

—Yo…Syaoran…yo sabía que pasaría al meterme contigo...no es tiempo de hablar del pasado, al final ya no puede alcanzarnos—le contestó Sakura mientras acariciaba la espalda del hombre.

—Necesito saber que me perdonas...Sakura con el corazón en la mano me doy cuenta que siempre estuve equivocado…que pese a los años siempre serás importante para mí y yo…yo…y yo sólo he sabido lastimarte—y fue en ese instante en que Syaoran deseo que Sakura no llevara aquel cubre bocas para poder tomar su rostro entre sus manos.

—En realidad nunca he tenido nada que perdonarte…pero si te hace sentir mejor…te perdono Syaoran—le contestó ella un tanto fría.

—¡Maldición Sakura! Te reconozco que hice las cosas mal y a ti te importa poco—le recriminó el castaño un tanto dolido.

—¡¿Qué esperabas?! ¡¿Qué me lanzara a tus brazos y te dijera que te perdono?! Ya te he perdonado, pero eso no quiere decir que te vaya a tratar como a mi mejor amigo—le contestó Sakura tajantemente.

—Estaba aterrado, la situación en ese entonces se me había salido control—dijo él mientras tiraba de su cabello en un gesto desesperado—y hasta ahora me doy cuenta que nunca fui honesto contigo o conmigo mismo…siempre serás importante para mí.

—¡¿De qué me sirve?! ¡Eso no puede borrar todo lo que ha pasado!—ella hizo una pausa para calmarse—Syaoran ¿Cuándo entenderás que nosotros no importamos?

—Eso lo sé…lo sé…pero también sé que te hice más daño que el que deseaba—le contestó él tomándole las manos.

—¿Qué querías decirme? No quiero seguir escuchando tus disculpas—

—Quiero pasar tiempo con Aiko—y hubo un gran silencio, mientras el veía como gruesas lagrimas salían de los ojos de la castaña.

—No—

—¿Qué dices? ¿Por qué no?—le preguntó Syaoran alterado.

—¡He dicho que no! ¡No puedes venir a cambiar las reglas del juego!—le dijo ella elevando la voz.

—¡No quiero cambiar las reglas del juego!—

—¡Sólo haz tu parte y vete!—le gritó ella.

—Cállate…no hables tan fuerte—le sugirió el castaño recordando que todo podía oírse con claridad entre habitaciones.

—¡No me pienso callar más! ¡No puedes venir y decirme que quieres pasar tiempo con ella! ¡No tienes que venir a jugar a ser el papá de cuentos sólo porque tu culpa te mata!...—

—¡Sakura cállate!—

—¡Tú abandonaste a Aiko el mismo día que nació!...¡Tú!...—

—¡Cállate Sakura! ¡Ella nos escucha!—le soltó un iracundo Syaoran.

Sakura quedó en blanco, lo había arruinado, se había dejado llevar una vez más por sus emociones y estaba segura que todo acabaría mal, su hija la odiaría, la estaba haciendo sufrir. Todo porque no poder controlar el enojo que sentía por el castaño; en ese instante se dio cuenta de que estaba siendo egoísta, su adorara Aiko merecía pasar tiempo con su padre y saber quién era él…necesitaba salir de ahí, necesitaba ir al cuarto continuo y hacer un recuento de los daños…daños que ella y Syaoran seguían ocasionando.

Poniéndose de pie de un salto, salió de ese lugar, no sin antes lanzarle una última mirada a Syaoran de preocupación y culpa. Simplemente entró, sin tocar y fue ahí donde quedó sin aliento. Aquellos pequeños ojos la vieron llenos de lágrimas contenidas, labios temblorosos y unas manitas aferrándose con fuerza a las sabanas de la camilla.

—Aiko…—

—¿Syaoran es mi papá?—le preguntó su hija agachando la mira y apretando más las sabanas.

—Aiko, hijita…—

—¿Es mi papá? ¿Mamá?—

—Sí…—le contestó ella con voz muy baja y fue ahí donde escucho a su hija romper en llanto.

—Mi amor…escúchame…—le dijo ella mientras se sentaba a su lado.

—No quiero…—

—Aiko…todo tiene una explicación—

—¡No quiero! ¡Vete!—le gritó la niña mientras la observaba con los ojos y mejillas llenas de lágrimas.

—Hijita escucha es importante...—

—¡Vete! ¡TE ODIO! ¡Vete!—Sakura se quedó estática, sintiendo que el corazón le dejaba de funcionar, sus ojos verdes se llenaron de lágrimas —¡Vete! ¡Quiero a mi tío! ¡Vete! ¡Te odio!

La castaña dejo de escuchar, solo sentía a su hija empujarla para alejarla de ella, estaba absorta en recuerdos, en miedo e inseguridades, no sintió en que momento una enfermera la guio fuera de la habitación, tampoco fue consciente en qué momento se encontraba frente a su padre, ni mucho menos cuando una preocupada Tomoyo trataba de quitarle aquel traje hermético. Sólo se dejó hacer, no tenía fuerzas, ya no, no tenía idea de cómo hacer que su hija la escuchar o simplemente volver a tener su confianza y cariño.

—Sakura, hija ¿Qué pasó?—Fujitaka se puso en cuclillas para poder ver a su hija que no paraba de llorar.

—Sakura—la llamó Tomoyo al ver que la castaña se negaba a decir palabra alguna.

—Hija no puedo ayudarte si no me dices que sucede—Fujitaka la tomó del rostro y con los pulgares limpio las lágrimas de su hija.

—Tu papá tiene razón, necesitamos saber que sucede—Tomoyo comenzó a frotar la espalda de su amiga en un intento de ayudar a que se reconfortara.

—Papá levántate, tengo que hablar con Sakura—el médico salió de la habitación y con paso lento se aproximó a su hermana—Tomoyo ¿Podrías ir con Aiko?

—Yo me encargo de ella…sólo no seas duro con Sakura—le dijo Tomoyo mientras se ponía de pie y se iba a preparar para entrar a ver a su sobrina.

—Sakura, necesito que te concentres y pongas mucha atención—le dijo Touya mientras la obligaba a verlo—Logre calmar a la niña, la convencí para que te escuche, por lo menos ella necesita la verdad tan retorcida que tú y el mocoso armaron.

—¿Me odia?—le preguntó muy bajo la castaña mientras traba de contener la nueva oleada de lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos.

—Hijo, ¿Qué pasa?—

—Aiko ya sabe que el mocoso es su papá—

—Touya contéstame…¿me odia?—le volvió a preguntar su hermana viéndolo a los ojos, a lo que sólo pudo atinar a dejar salir un suspiro.

—Claro que no, está dolida y molesta—

—¿Cómo pasó? Hija, te aseguro que mi nieta te ama—

—Discutía con él, me altere y…Aiko escuchó todo—les contestó mientras bajaba la mirada.

—Debería hablar con mi nieta, tal vez sería bueno que salieras a tomar un poco de aire—le aconsejó su padre mientras le toma la mano.

Sakura se levantó sin decir más, necesitaba estar sola, necesitaba ordenar sus ideas, pero sobre todo necesitaba buscar la forma de decirle a su hija la verdad, como su hermano había dicho ella y Li lo habían arruinado todo con aquella relación tan enfermiza que llegaron a tener. No podía culparla, ella había dejado que la situación se saliera de control, el haber mentido, el dejar para después hablar con su hija…había hecho muchas cosas pensadas con el sentimiento y el corazón y no con la cabeza. Ahí estaban las consecuencias, era madre soltera, su hija no tenía un padre y para terminar la fórmula del caos, tenía que recurrir a su padre para poder darle más tiempo de vida.

Syaoran había escuchado todo lo que había dicho Aiko a su madre cuando se enteró de la verdad y sintió que seguía haciendo sufrir a las únicas mujeres a las que estaba decidido no volver a dañar. Escuchó el llanto de su hija y la plática que sostenía con Touya, la forma en que ella trataba de saber cómo habían llegado a eso y la forma del médico de hacerle ver que era igual de ignorante que ella, sólo ayudaron a que la niña pidiera hablar con Tomoyo. Y ahí estaba él escuchando a medias como la dulce mujer le decía a grandes rasgos lo que había sido el embarazo y de cómo había sido tomada la decisión de que ella no supiera la verdad, hasta que fuera necesario. Escuchó decir a Aiko que odiaba a su madre una vez más y una Tomoyo levantar la voz (cosa extraña) para hacerle ver a la niña que su madre había actuado por el bien de ella y que debía darle la oportunidad de escucharla; lo siguiente que escuchó fue la dulce voz de Tomoyo cantarle a la niña.

—A veces pienso que no puedes ser más egoísta y te terminas superando—frente a él enfundado en aquel traje se encontraba Eriol, viéndolo con el ceño fruncido.

—No sabes de que hablas—le contestó el castaño molesto.

—¿Estás seguro?—Eriol tomó asiento al lado del castaño.

—No tienes idea de cómo pasaron las cosas—

—Tú no querías un compromiso tan grande como ser padre, porque la empresa estaba primero al igual que tu orgullo y reputación; nunca tomaste en serio a Midori y eso mismo te hizo buscar a Sakura...—Eriol guardo silencio al ser interrumpido de forma brusca.

—No quieras dejar a Sakura como una santa, que pudo haber dicho que no—rugió molesto el castaño.

—Tienes razón pudo haber dicho que no, pero la diferencia es que ella no tenía pareja, en cambio tú…bueno no podemos decir lo mismo, crees que ni Tomoyo ni yo nos dimos cuenta de que la buscabas y salías con ella, dejaste de hacerlo cuando ella comenzó a salir con aquel tipo, que dicho sea de paso es ligeramente peor que tú, pero porque ella te pido que la dejaras—

—¿Qué demonios quieres Eriol?—

—Dejarte en claro que pese a ser mi amigo, no voy a permitir que sigas jugando como hasta ahora, debes entender que alteras a Sakura y que si te buscó fue porque Aiko lo necesita—le contestó el morocho de manera seria.

—¿Me estas amenazando?—le cuestionó Syaoran.

—Tómalo como desees, al parecer por fin tu conciencia te ha alcanzado—Eriol se levantó y camino rumbo a la salida—Pero el tiempo no se detiene y no perdona, ten eso en mente de ahora en adelante.

La había visto de lejos, ella iba sola caminando por aquellas calles que la conducían a su casa, él estaba pasando por ese lugar por casualidad, desde que había terminado con Sakura procuraba darle su espacio. Pero verla con aquella falda y esa blusa que tan bien definía su figura, le hicieron preguntarse qué sería de ella, si estaba mejor, si lo odiaba o lo había perdonado.

Decidido comenzó a seguirla, tenía que admitir que Sakura se veía un poco decaída; después de algunos minutos la vio ir en dirección contraria a la de su casa, comenzó a cuestionarse si estaba viendo a alguien, apretó un poco el paso, no deseaba perderla de vista. Fue cuando se dio cuenta que ella se dirigía al parque donde había hablado por última vez, eso hizo que se congelara y se dio cuenta que no era buena idea ir tras ella, Sakura necesitaba tiempo para sanar; cuando estaba por dar media vuelta y regresar por donde había venido; ella hablo.

—Hola Syaoran—

—Lo siento no quería incomodarte—le contestó él.

—No te preocupes, fue un alivio ver que eras tú—le contestó ella con una sonrisa fingida.

—Tengo que irme—Syaoran estaba nervioso, su corazón latía muy rápido y fue cuando se percató que la quería aun.

—Adiós, cuídate—ella siguió su camino, casi con la necesidad de alejarse de él.

Fue en ese momento en que decidió que trataría de volver a estar en la vida de la castaña, estaba seguro que no iba a costarle mucho, era cuestión de hablar y de seguir adelante, había tenido suficiente respiro. Estaba incompleto sin Sakura y estaba convencido que iba terminar con el dolor de la castaña si llegaba y volvía a cortejarla para regresar a tener una relación aún más sólida y fuerte que antes.

Pero con el pasar de los días, las cosas fueron tomando un rumbo distinto, comenzó a tener sentimientos y cierta atracción por Midori, una chica a la cual conoció en la facultad en la que estaba; y por las tarde se tomaba el tiempo para hablar o salir con Sakura, estuvo en ese juego hasta que decidió que Midori era lo que necesitaba en su vida, con la que tenía más cosas en común; sin embargo, le era difícil poder alejarse de la castaña de ojos verdes, la necesitaba en una constante, tal vez ya no como novia, pero si era necesaria. Y jugó con los sentimientos de Sakura, al no poder cumplir lo que había prometido "volver a intentarlo", la castaña lo descubrió por una indiscreción de Eriol y fue suficiente para ganarse el odio de más de una amistad y el reclamo mudo de Sakura, quién con la frente en alto y con una sonrisa apagada le dijo que si en verdad la quería un poco, aunque fuera como amigos la dejaría tranquila y dejaría que sanara cada herida.

Y lo cumplió, de verdad lo intentó con todas sus fuerza, pero al año, coincidieron en un evento realizado por Tomoyo, él decidió ir solo, ya que estaba seguro que sus amistades harían sentir incomoda a Midori. Al verla una vez más deseo que Sakura siguiera siendo parte de su vida, sentía una atracción magnética por la castaña y ese fue el inició de una relación de tira y afloje, en donde él la buscaba y ella trataba con todas sus fuerzas decirle que no, pero al final terminaba cayendo en sus brazos. No fue hasta que al año y medio, Sakura con una determinación y un brillo nuevo en aquellos ojos le pidieron (exigieron) que dejara de buscarla, que deseaba tener una relación seria y comprometida con un chico de su facultad.

Él cumplió con ello al pie de la letra, hasta ese día que se volvieron a encontrar en la fiesta dada por Eriol; Sakura había llegado mucho tiempo antes y se encontraba conversando con Tomoyo y algunas personas a las que no conocía, la observó a lo lejos por unos minutos hasta que se distrajo con la conversación que Eriol había iniciado. La vio consumir alcohol y eso lo extraño; poco tiempo después se encontró tomando varias cervezas, no estaba prestando atención a tu alrededor, hasta que una chica que conversaba con un grupo de mujeres dijo: "lamentó que Kinomoto tenga tan mala suerte con los chicos, el último fue un infeliz". Fue en ese momento que supo que ella estaba libre y una parte de su ser lo llevo a acercarse a ella y hablar.

—Fue terrible como acabaron las cosas, me marginó todo lo que quedó del semestre y termino engañándome con una chica de la facultad—

—Lo siento mucho Sakura—y realmente sentía saber que había sido miserable.

—Ya quedó en el pasado, espero dejar de quererlo—y ella le dio otro sorbo la bebida que tenía en las manos.

Al poco tiempo llegó Tomoyo y se llevó a la castaña, Syaoran sabía que la amatista no dejaría a Sakura en sus manos más por el estado en el que se encontraba; fue en ese instante que deseo poder hacerla feliz, nunca le gustó verla decaída y sin brillo en sus ojos y aunque a causa del alcohol sus ojos estaban brillosos, él sabía que muy dentro de ella seguía sufriendo, en realidad no deseo indagar más sobre el asunto cuando se encontraban conversando; tal vez porque una parte de su ser iría a buscar al chico y terminaría metido en una gran pelea y eso era lo que menos necesitaba.

Lo que quedaba de la noche se dedicó a observar Sakura detenidamente, estaba en una fase más desinhibida; en algún punto de la velada la castaña logró hacerse de un micrófono y la escuchó cantar con un sentimentalismo que le calaba, porque en algún punto del tiempo que llevaba sin saber de ella, la visualizó haciendo lo mismo pero dedicando cada palabra a su persona. Lo hizo sentir fatal y deseo poder hacer algo para ayudarla, esa Sakura no era de su agrado, simplemente descubrió que odiaba verla mal y eso ayudó a que se diera cuenta que una parte de él odiaba haberla hecho sufrir.

Pero esa noche se dedicó a verla, no iba a intentar nada, estaba seguro que Sakura necesitaba descansar de todo, ya después intentaría hablar con ella. Y al cabo de una semana le habló, la invitó a salir y ella con un par de dudas decidió aceptar aquella propuesta; ese día conoció a una castaña distinta, era llamativa, había dejado de lado aquella inocencia que en un principio lo cautivó, era más atrevida y con algunos temas o situaciones era aún muy crédula; era simplemente seductora y cuando él intentó hacerle ver que deseaba pasar tiempo a su lado, aquellos ojos verdes lo observaron de una forma desconocida y supo que lo que iba a decirle cambiara algunas cosas.

—No quiero tu amistad, no quiero ser tu amiga y no quiero ser tu novia, porque sé que aún no terminas con Midori—

—Quiero que seas mi amiga Sakura, te extraño y…—guardó silencio cuando la vio mover la cabeza negativamente.

—No me quieres como amiga, ni como novia y yo tampoco te quiero como amigo, ni como novio…Syaoran me doy cuenta que no me quieres ni un poco, me ves con deseo y a mí me pasa lo mismo ¿por qué tratas de engañarme otra vez?—Sakura estaba hablando lentamente y posiblemente era para no llorar frente a él una vez más.

—¿Qué han hecho contigo?—le preguntó Syaoran un poco consternado.

—Verme como un rato de diversión, supongo, dado que tanto tú y él me engañaron con otras chicas—le contestó Sakura con una sonrisa que no alcanzó sus ojos.

—Sakura yo…yo no te engañe—

—Sé que no fue con Midori, pero si lo hiciste con otra chica…como sea, no tiene caso, lo que yo quiero es algo que nos convendrá a los dos— y no supo qué decir y ella decidió continuar hablando—quiero ser la otra, aún me atraes sexualmente, pero no deseo una relación y tú…bueno aunque la quisieras no puedes tenerla y yo no quiero ningún tipo de relación.

—Sakura eso es básicamente ser mi amante—le contestó él saliendo del asombro inicial.

—Quiero saber por una vez en la vida que se siente ser la otra, creo que nunca seré la persona que merezca una relación—

—¿Qué te hizo?—

—Nada que no hubieras hecho tú antes, pero eso no viene al caso, quiero que me digas si te interesa o no—

—¿Estás segura?—

—Sí—

Después de que ellos tuvieran esa plática, volvieron a coincidir en otra fiesta dada por Eriol, básicamente porque a Sakura y a él los tenía sin cuidado si estaban en el mismo espacio, al final del día cada uno quería a otra persona. Pero fue en esa fiesta que conforme pasaba la velada se fue acercando a ella, como si se trata de un predador, primero quedaron frente a frente y ella solo atino a sonreírle, pero la sonrisa jamás alcanzo sus ojos. Al pasar de media hora se armó de valor y le comenzó a hacer platica, ella no hizo el esfuerzo por decirle más de lo necesario y él tuvo que conformarse con ello, pero eso no fue impedimento para que se diera cuenta de que la castaña ahora consumía más alcohol y que estaba por caer en el estado de ebriedad que jamás había visto y jamás pensó ver. En algún punto ella tomó el control de la situación y le pregunto si deseaba salir de ahí e ir a un lugar más divertido y apropiado para ellos.

Salieron de la casa de Eriol con algunos minutos de diferencia para evitar algún tipo de regaño por parte de sus amigos, una vez juntos tomaron dirección al hotel de paso más cercano, Sakura tenía una actitud completamente diferente, más atrevida; y a su ego le dolió, en ese entonces, admitir que Sakura era más experimentada que él en el cama. Y fue ahí donde se hizo adicto a ella una vez más. La quería de esa forma, menos niña y más mujer; sin embargo, no todo estaba bien, el cuerpo de Sakura había perdido peso y eso lo intrigaba, porque era una chica saludable que su apariencia nunca fue un problema y ella se lo dijo sin más cuando cayó en cuenta que Syaoran no dejaba de verla.

—Tengo un desorden alimenticio y con la bebida…ya sabes una terrible combinación—

—¿Por qué?—y fue la pregunta más estúpida que había hecho en su vida.

—Un idiota más grande que tú me convenció que estaba gorda y que era aburrida—le dijo mientras volvía a besarlo.

—Nunca fuiste gorda ni aburrida—y con trabajo detuvo la boca de la castaña y la obligo a verlo a la cara—Tampoco te comportas de este modo.

—Me canse que me lastimen, quiero estar del otro lado por lo menos una vez—

Fue la única razón que encontró para seguir con ello, que ella estaba dispuesta a seguir con el juego; sin embargo, no fue algo frecuente, conforme la castaña iba recibiendo ayuda fue regresando un poco de la vieja Sakura y obtuvo lo que en realidad anhelaba, a su vieja amiga, la chica más increíble que la vida le podía dar. Pero pese a tener claro lo que quería de la castaña, una parte de su ser no podía de dejar de desear cada parte de su cuerpo y eso fue un verdadero problema; las consecuencias estaban ahora frente a sus ojos y podía escuchar una de ellas sollozar en los brazos de Tomoyo.

Se había cansado de caminar, no tenía ganas ni de fumar, ella era consciente de que tarde o temprano su hija terminaría sabiendo quién era su padre y sabía que no la entendería, ni ella misma era capaz de entender cómo había llegado a esa situación, ni mucho menos como se permitió siquiera considerar ser la otra durante tantos años. Y ahora se encontraba vagando sin rumbo fijo por los alrededores del hospital; si tan solo hubiera sabido mantener la boca cerrada y no dejarse llevar por el enojo. A veces extrañaba ser aquella Sakura toda dulzura, comprensión y amor, no quedaba más que un cascarón, era casi un fantasma, lo poco que quedaba de ella lo usaba en Aiko, su hermosa hija era la única que podía hacerla ver a aquella Sakura hasta en los peores momentos, eso a veces la hacía querer tratar de ser así siempre.

Habían pasado cuatro meses desde que había inicia el tratamiento de Aiko, en apariencia la niña estaba igual que siempre, y eso le alegraba y llenaba de esperanzas, ya que eso indicaba que su hija deseaba luchar para seguir con vida; no pudo evitar sonreír mientras acomodaba la ropa recién doblada en las cajoneras del cuarto de Aiko, en lo que su hija se encontraba viendo televisión en la sala; Sakura se encontraba tan absorta en su tarea que no sé percato que la niña estaba por entrar a la habitación.

—Mami—la llamó quedito, mala señal.

—¿Te aburriste de la tele?—le preguntó Sakura sin voltear a verla.

—Mami…algo extraño pasa—le contestó Aiko con la voz comenzado a quebrarse.

—¿Te sientes mal? ¿Quieres que llame a tu tío?—le preguntó ella mientras se acercaba a la niña.

—No…me toque el cabello y…y lo rompí…mami rompí mi cabello—le contestó la niña mientras se soltaba a llorar.

—No llores…no rompiste tu cabello—Sakura se arrodilló frente a ella e intentó atraerla hacia sí, pero la niña no se dejó.

—¡Si lo rompí! Mira—y fue cuando la niña abrió la mano y de ella cayeron varios cabellos.

—Aiko deja que te abrace ¿sí? Para que te diga porque no rompiste tu cabello—

—¿No rompí mi cabello?—le preguntó ella entre sus brazos mientras seguía llorando.

—No, claro que no—

La tomó en brazos y ambas se fueron a la sala para hablar tranquilamente, Sakura sabía que tarde o temprano algo así podría pasar y explicarle a Aiko sería difícil, por lo que tuvo que tomarse un tiempo para escoger las palabras adecuadas y poder decirle por qué que su cabello se estaba cayendo por el medicamento, eso provocó que Aiko llorar con más fuerza, no quería ser una niña sin cabello y aparte amaba su cabello. Sakura le dijo no debía desanimarse, que pronto se pondría bien y que todo iba a estar perfecto y que su cabello volvería a crecer, le dijo que era la niña más hermosa que había en el mundo, con cabello o sin el ella era hermosa.

Sakura ama demasiado a su hija, estaba completamente enamorada de ella, desde que estaba en su vientre la vio perfecta, hermosa y necesaria, por eso la idea de perderla le aterraba, no sabía exactamente como podría soportar su pérdida, era su mundo, esa niña se convirtió en su único mundo. Y le frustraba no poder tener en su poder sanarla, la llenaba de impotencia saberse inútil en eso; se limitaba a tomar su mano, a tomarla en brazos o simplemente a darle palabras de aliento o de consuelo, para eso había servido hasta este momento, porque ahora ella no servía para nada, había lastimado a su hija, a su único tesoro y estaba segura que no iba a permitirle tomarle la mano.

Entre lágrimas la castaña se dejó caer en la calle, no había fuerzas en sus piernas, no tenía aliento alguno, estaba destruida completamente, porque cada una de las decisiones que había tomado en el pasado la alcanzaron finalmente. Su llanto era profundo, desgarrador, y no se dio cuenta que frente a ella estaba hincado Eriol hasta que le extendió un pañuelo. Haciendo que ella recobrara un poco el sentido de la realidad, ambos se pusieron en pie y comenzaron a caminar de regreso al hospital.

—Podrías usar a las hermanas de Syaoran como tributo de paz con Aiko—Sakura lo volteo a ver y le hizo una mueca parecida a una sonrisa—Lo sé, es un truco bajo, pero podría dar resultado.

—Creo que quieres verme en más problemas de los que ya tengo—

—Sakura, tu mayor problema es la intervención que tendrá Aiko—le contestó Eriol.

—¿Un problema a la vez?—le susurro ella.

—Un problema a la vez, Tomoyo está consolándola, incluso tu padre estaba por entrar a hablar con ella cuando salí a buscarte—

—Gracias, de verdad gracias—

—Sakura, no impidas que se conozcan, Aiko necesita conocerlo, le hará bien…en cuanto a Syaoran…—

—No quiero pensar en lo que es bueno o malo para él—Eriol solo llegó a asentir con la cabeza.

Siguieron caminando unos metros más hasta quedar frente al hospital, Sakura tomó varias bocanadas de aire antes de animarse a entrar, vio el reloj de su celular y se dio cuenta que faltan dos horas para que ingresaran a Aiko y a Syaoran a quirófano; Eriol le dio un apretón en el hombro para darle a entender que no se encontraba sola, aunque ella se empeñara en olvidar que contaba con familia y amigos que se encontraban preocupados por la niña y por ella. Una vez que la castaña se decidió a ingresar al hospital, se encontró con la otra hermana de Syaoran y se vio abrumada por varias preguntas que no alcanzó a comprender.

—Fanren es necesario que reúnas a Feimei y a tu madre, Sakura tiene algo importante que comunicarles, pero primero vera a la niña—le contestó Eriol al ver que su amiga no diría nada hasta no ver a su hija.

—Por supuesto, Sakura— Fanren guardó silencio por un instante antes de continuar—… lamentó todo lo que mi hermano hizo.

—Gracias— fue la única respuesta que se atrevió a dar la castaña.

Eriol y ella siguieron caminando por los pasillos, antes de que sus piernas se pusieran a temblar involuntariamente, se encontraba aterrada de entrar a ver su hija; una cosa era saberla molesta con ella y tener que enfrentar un interrogatorio que evitó por casi seis años; y por otro lado estaba el miedo de verla por última vez, que las cosas terminaran de salirse de control y ella al final de cuentas terminará sin la niña de su vida. Eriol no le quitaba los ojos de encima, tratando de anticipar algún movimiento suyo y al ver que no obtenía una respuesta se limitó a enseñarle una cajetilla de cigarros; Sakura salió de su trance y simplemente asintió y se encaminó fuera del hospital una vez más.

—Hay dos cosas de las cuales me arrepiento y eso es haberle enseñado póker a Aiko y haberte enseñado a fumar—le dijo Eriol mientras le pasaba la cajetilla a Sakura.

—De la segunda estamos de acuerdo que ha sido útil—le contestó ella mientras soltaba el humo contenido en sus pulmones.

—Puede que te dé algo de razón—y fue el turno del hombre de encender un cigarro —Sakura ¿alguna vez te arrepientes de haber tenido a Aiko?

—No…aunque de lo que me arrepiento es de haber dejado a Syaoran entrar en mi vida cuando estaba vulnerable—le contestó ella.

—Tal vez debimos haberle puesto al tanto y alejarlo de ti—le contestó Eriol un tanto pensativo y dejando escapar el humo de sus pulmones.

—A veces creo que de no haber sido en ese tiempo, después hubieran sucedido las cosas, al final solo existe lo inevitable y hubiera pasado todo de igual forma—le dijo ella mientras volvía a darle una calada al cigarro.

—Parece que estás muy convencida de ese hecho—

—Somos amigos en común, tarde o temprano hubiéramos terminado de la misma forma, tampoco podía pedirles que tomaran partido…es más sino era en las fiestas eventualmente terminaríamos saliendo todos juntos—

—¿Aún lo amas?—la pregunta de Eriol la tomó por sorpresa y le tomo un tiempo meditar la respuesta.

—No lo sé, tal vez lo ame o tal vez no, estoy tan dolida de la última vez que tuvimos contacto que ese sentimiento me impide saber si lo amo o no—Eriol la observo y esperó a que terminará de pensar—la verdad pase lo que pase con Aiko dudo poder tener algo de nuevo con Syaoran, independientemente si descubro que aún lo amo.

—Sakura, solo quiero que realmente seas feliz, tal vez deberías darte la oportunidad con aquel hombre con el que trabajabas.

—Creo que eso no podría ser posible por el momento, Eriol, ¿tan molesto estás con Li como para sugerir algo como aquello?—

—Sí, pero mis motivos no son algo que discutiré contigo—le respondió él.

—No deberías enojarte por algo que sabemos eventualmente pasaría, al final del día lo mejor de todo fue Aiko—le respondió Sakura mientras apagaba la colilla del cigarro en la suela de su zapato.

—Sakura…—

—No lo digas…ya lo sé—

Sakura y Eriol volvieron a adentrarse al hospital sumidos en silencio, cualquier cosa que intentaran decir estaba de más, su amistad se había hecho muy estrecha y muy sincera en los últimos seis años. Una vez que llegaron vieron a Tomoyo sentada y con el ceño fruncido.

—¿Tomoyo?—la aludida se giró a ver a su marido.

—Fujitaka entró con la niña, estaba esperando a que llegaran…la señora Li y sus hijas están en la otra habitación—

—¿Creen que debería hablar con ellas antes de hablar con Aiko?—preguntó Sakura un tanto nerviosa por lo que tenía que hacer.

—Sería ideal que hablaras primero con Aiko, nosotros podemos pedirles a las Li que esperen un poco, al final todos estaremos aquí lo que resta del día—le contestó Eriol.

—Sakura, lo mejor es que digas todo y no te guardes nada—le aconsejó Tomoyo.

—No tengo otra alternativa—le contestó la castaña, mientras soltaba un suspiro cargado de ansiedad.

—Es mejor que todos sepan que fue lo que paso, no es necesario que se conserven más secretos entre todos nosotros—puntualizó Eriol a la par que se quedaba cerca de Tomoyo y veía asentir a Sakura.

Sakura estaba convencida que las terapias le habían servido para saber qué es lo que hacía falta en su vida y lo principal, dejar de lado la errónea idea que tenía sobre su cuerpo y la comida; seguía preguntándose cómo había permitido que Iwao le hiciera creer que estaba con ella por lastima y principalmente que estaba pasada de peso por comer en exceso. Aún con el pasar de los días, se descubría contando las calorías de su comida o haciendo ejercicio de forma desmedida.

En los únicos momentos que no sentía todo ese remolino de emociones y pensamientos dañinos era cuando se encontraba con Syaoran, pese a saber que él estaba aún saliendo con aquella chica y en ocasiones eso la hacía sentir mal; lo había hablado con su psicóloga e iba a comenzar a alejarse de él de forma gradual, lo importante era que ella estuviera bien, por ello necesitaba permanecer con un perfil bajo con el castaño para que no sospechara que estaba terminando poco a poco con aquella relación clandestina que mantenían. Pero le era difícil no entregarse a esos ojos castaños que a veces la observaban con devoción. Pero sobre todo, para que Syaoran dejara de hacerle preguntas incomodas respecto a su relación fallida y que le trajo más daño que bien. No deseaba que él supiera que había perdido la cabeza por un hombre que se mostró poco sensible la mayor parte del tiempo y cuando la sentía perdida la regresaba a su lado con palabras crueles disfrazadas de falsa amabilidad y amor.

Pero Syaoran era de las pocas personas que la conocían y por eso mismo una de las veces que se vieron le hizo saber que si había notado su falta de peso, su falta que apetito o las veces que rechazaba alguna golosina. También le hizo saber que aunque ella no se lo dijera abiertamente sufría por aquel chico que solo la había ilusionado. Sabía que tarde o temprano tenía que dejarla seguir su vida, ya sea que ella siguiera con el trato de ser amigos con derechos de forma ocasional o si se iba de su vida para estar ella sola. Que cualquiera que sea la decisión que ella tomara la iba a respetar; eso le quitó a Sakura un gran peso de encima, no deseaba terminar mal con Syaoran por el bien de todos y sobre todo por el bien de sus amigos en común.

Ahora a varios años de distancia se daba cuenta que fue una ilusa al creer que había superado a Syaoran y que hubiera sido preferible haber terminado la relación de la peor manera desde un principio. Para sólo, tal vez, en el remoto caso de volver a verse las cosas hubieran terminado mejor, tal vez siendo amigos o volviendo a estar juntos; pero en su historia eso ya no era posible, todos los puentes que pudieron haber sobrevivido estaban rotos. A lo que aspiraban era a tener un trato cordial por Aiko y no más.

Estaba tan sumida en sus propias cavilaciones que no se percató en el momento en el que su padre salió de la habitación de su hija, sino hasta que sintió que le apretaba el hombro para llamar su atención. No hubo necesidad de decir absolutamente nada, ya que con solo mirarse a los ojos supo que su padre había conseguido tranquilizar a Aiko y convencerla de darle la oportunidad de hablar con ella. Sin más fue a ponerse el traje para poder entrar y enfrentar a esa pequeña niña que seguramente aún se encontraba furiosa.

Cuando entró vio Aiko sentada mientras con mucho esfuerzo trataba de dejar de llorar ya que tallaba sus pequeños ojos con mucho coraje, eso termino de hacerla sentir miserable; después de soltar el aire retenido en sus pulmones se aproximó a su hija con algo de miedo y recelo.

—Aiko…quiero que sepas que te amo más que a mi vida y que nada de lo que me digas o te diga va a cambiar eso ¿entendido?—

—¿Por qué nunca me dijiste quién era mi papá? ¿no me ama?...¿se odian?...¿o sólo me odia a mí?—le preguntó la niña muy bajito mientras gruesas lágrimas caían por sus mejillas.

—No te odia…yo…bueno nosotros creímos que lo mejor era que no supieras quién era él porque en su momento era la mejor opción—le contestó Sakura tratando de cuidar lo que salía de sus labios.

—Entonces no me ama—susurró la niña mientras apretaba las sabanas y contenía el llanto que se empeña en salir.

—Aiko…escúchame con mucha atención, no vamos a volver a hablar de esto en mucho tiempo, aun eres muy pequeña para entender lo complejo de esto. Syaoran y yo nos amamos muchísimo, pero éramos muy jóvenes y en algún punto de nuestra vida decidimos que lo mejor era ir por caminos separados, sin embargo, seguimos siendo amigos por algunos años más; un día sin planearlo estábamos recibiendo la noticia de que venías a este mundo…—la castaña tomó aire mientras se devanaba los sesos para seguir con lo siguiente.

—¿No querían tenerme?—le preguntó la niña levantando la mirada y dejando ver el miedo que sentía hacia la posible respuesta.

—Teníamos miedo, mucho miedo, los hijos cambian la vida, tu cambiaste mi vida y no me arrepiento de ello, aún me da miedo tenerte…me da miedo porque te amo, porque eres mi mundo y mi persona favorita…—l

—¿Syaoran me tiene miedo?—

—Supongo que aún se siente asustado, cuando supimos que estabas en camino, Syaoran estaba preocupado por otras cosas que también era muy importantes para él, y su atención estaba dividida en todas esas cosas importantes y en ti…llegamos al acuerdo de que lo mejor para ti era no conocerlo y sin embargo, siempre cuido de ti cuando estabas en mi vientre, por eso sé que tiene miedo y ese miedo no lo deja ver que te ama—le contestó Sakura mientras apretaba las manos, ya que no tenía ni idea si lo que decía era cierto, pero Aiko aún era una niña y no podía darse el lujo de ser tan sincera con ella.

—¿No sabe si me ama?—preguntó la niña con miedo.

—Creo que si te ama…¿Sabes? Me ha pedido pasar tiempo contigo, pero le dije que eso dependía de que si tú querías pasar tiempo con él y conocer a toda su familia—le dijo Sakura lo que si era cierto, que era la petición que había hecho Syaoran.

—Mami…¿amas a Syaoran?—la pregunta de Aiko tomó un poco por sorpresa a la castaña, quien se concedió un instante para contestar.

—Lo quiero mucho, fue por muchos años mi mejor amigo, pero ahora ese sentimiento no sé si existe...—

—¿Y si no me ama?—Aiko volvió a tener los ojos llenos de lágrimas al formular esta pregunta.

—Si no te amara, no hubiera venido corriendo a hacerse los estudios para ver si era compatible contigo ¿necesitas más prueba que eso?—una parte de Sakura sabía que podría estar engañando a su hija al declarar algo como eso por Syaoran, pero necesitaba también que la niña estuviera tranquila antes de entrar al procedimiento.

—No…pero…mami, ¿estás enojada conmigo?—

—Claro que no, pero tú sí estabas enojada conmigo y te pido disculpas por no decirte nada…—

—Abuelito me dijo que te pidiera disculpas porque sólo estabas cuidándome y protegiéndome—le contestó la niña agachando la cabeza.

—Aiko, mi amor, siempre voy a cuidarte y protegerte; pero eso no quiere decir que no vaya a equivocarme—

—Mami te amo mucho, fue mentira lo que dije…yo no te odio—y sin más la niña se lanzó a los brazos de su madre y se puso a llorar.

—Sé que no me odias, que estabas enojada, cuando nos enojamos decimos cosas que en realidad no sentimos, también te amo muchísimo—le contestó Sakura mientras le acariciaba la cabeza.

Ambas se quedaron abrazadas unos cuantos minutos más, era la forma que tenían para pedirse disculpas cuando discutían y al mismo tiempo era la manera en la que Sakura aprovechaba para disfrutar de su hija; por otro lado Aiko se rehusaba a separarse de su madre, necesitaba seguir sintiendo que no la había lastimado con sus palabras, cuando hablo con su abuelito se dio cuenta que se había equivocado y que necesitaba pedirle perdón a su madre y dejarla explicarle las cosas.

—¿Quieres conocerlo de verdad?—le susurro Sakura.

—¿Tengo que decirle papá si acepto?—le pregunto Aiko muy quedito.

—Sólo si tú quieres decirle papá, nadie te va a obligar a hacerlo si no quieres—le explicó mientras la separaba un poco de ella para verle el rostro.

—¿Puedo hablar con Syaoran antes de que vengan por mí?—le preguntó la niña.

—Supongo que sí, pero tendría que dejarte para hablar con tu tío Touya y para que hable con Syaoran—la castaña tomó las manos de su hija y comenzó a acariciarlas.

—Yo puedo hablar con el tío Touya y así no pierdes el tiempo—le sonrió Aiko.

—Le diré a la enfermera que le avise a tu tío—y sin más Sakura se puso de pie y se encamino a la salida de aquella habitación.

Cuando Ieran llegó a la zona en la que estaban su hijo y su nieta ingresados se encontró con una escena bastante extraña para su gusto; los hombres de la familia Kinomoto estaban discutiendo y eso era algo que tenía entendido no pasaba con frecuencia. Pero en cuanto se percataron de su presencia y observo la forma en que el hermano de Sakura la veía, supo que su hijo estaba involucrado en dicha discusión, sin embargo, no pudo preguntar nada ya que en cuanto Touya se marchó, Fujitaka se aproximó a ella.

—Buenos días señora Li, es necesario que conversemos un momento—le dijo el hombre con una sonrisa.

—Estoy de acuerdo con usted señor Kinomoto; de antemano le pido una disculpa por los inconvenientes que mi hijo pudo haberle causado a su familia—Ieran se inclinó sin darle tiempo al padre de Sakura de impedirlo.

—Señora Li es algo que a nosotros no nos compete, es algo que tanto Sakura y Syaoran deben de arreglar, más ahora que Aiko sabe que su hijo es su padre—le dijo Fujitaka mientras la invitaba a sentarse.

—¿Sakura decidió decirle a la niña?—preguntó la mujer con cierta sorpresa.

—Me temo que fue más por un accidente que por predeterminación; si me he atrevido a hablar con usted es porque me preocupa el destino de mi nieta y de mi hija ahora que la verdad se sabe—y como pocas veces Fijitaka tenía un semblante serio y firme.

—Creo que no estoy entendiendo lo que trata de decirme—le contestó Ieran.

—Uno de los temores de Sakura es que intenten quitarle a Aiko, dado que su familia es más adinerada e influyente que la nuestra y es algo que no pensamos permitir si se llegara a dar el caso—le contestó él.

—Ese posiblemente hubiera sido el escenario si nos hubiéramos enterado que Syaoran desconocía de la existencia de la niña, pero no es el caso, aparte de que le tenemos mucho cariño a Sakura—la madre de Syaoran se tomó un momento para escoger las palabras adecuadas —Podría decir que el temor de Sakura me sorprende, pero es una madre y no importa que tan buena relación tengamos, pero Aiko estará primero para ella.

—Lamento haber parecido muy rudo, pero las chicas me preocupan más de lo que me gusta aceptar abiertamente—le contestó Fujitaka ya más calmado.

—Señor Kinomoto, lo único que deseamos con mis hijas es poder pasar tiempo con Aiko, al final es también parte de mi familia, sin embargo, entendemos que por las circunstancias ella prefiera pasar tiempo con ustedes y es algo que aceptamos—leran se quedó sin más que decir y espero a que el padre de Sakura también ordenara sus sentimientos e ideas.

—Estoy seguro que Aiko va a querer pasar tiempo con ustedes en cuanto sepa que tiene más tías y primos; es momento que entre a hablar con mi nieta—y con una sonrisa en el rostro Fijitaka se puso de pie para ir a colocarse el traje para entrar a la habitación de Aiko.

Estaba preocupado, no sabía exactamente cuánto tiempo había pasado, pero necesitaba saber si Aiko estaba más calma o si Sakura estaba bien o se encontrada deambulando por los alrededores con cigarro en mano. Se lamentaba enormemente estar en aquella habitación y sin poder salir a voluntad; no dejaba de repetirse que era el ser humano más egoísta que existía en la tierra y al mismo tiempo se encontraba consternado ya que no podía dejar de llorar.

Estaba por ponerse en pie cuando la puerta de la habitación se abrió dando paso a su madre y a sus dos hermanas; estaba, sin duda alguna, muerto, esas tres mujeres iban a terminar con la poca paz que tenía y espero a que fueran ellas las que iniciaran con aquella discusión, sin embargo, estaban inusualmente calladas y eso lo puso más nervioso.

—Buenos días, hermanito—saludo Fanren.

—Buenos días—le contestó mientras limpiaba las lágrimas con fuerza.

—Ay hermanito, sino estuviera tan molesta contigo ya estuviera abrazada a ti para consolarte—le soltó Feimei.

—No es como que necesite de tu consuelo—le contestó Syaoran molesto.

—Xiao Lang ten más respeto por tus hermanas, no es culpa de ellas que volvieras a hacer estupideces—tanteo Ieran mientras analizaba las reacciones de su hijo.

—¡Sólo le pedí que me dejara pasar tiempo con la niña!—

—Eso explica por qué el hermano de Sakura se fue mascullando algo referente a dejarte morir con la anestesia—dijo Fanren con algo de diversión.

—¿De verdad te causa gracia? Fanren estás cada día más afectada de la cabeza, ese hombre siempre me ha querido muerto—le contestó él exasperado.

—¿Y tú lo culpas?—le preguntó Feimei muy seria.

—¿Estás defendiendo a Touya?—

—No, pero usa ese cerebro tan "brillante" que dices tener—le contestó Feimei sin dejarse intimidar por su hermano—Imagina que un día te llegas a enterar que Fanren está embaraza, no te dice quién es el padre en su momento, algunos años después tu sobrina tiene una enfermedad espantosa y es ahí donde te enteras que el padre no quiso tenerla, qué prefirió seguir con su vida y que pese a acceder a ayudar a su hija, venga como amo y señor y quiera, ahora sí, ser el padre…creo que tiene todo el derecho de desear que desaparezcas del mapa.

—Hijo, cruce palabras con Fujitaka, hasta él estaba a la defensiva, tienen miedo que les quitemos a la niña…no me veas así y no digas nada hasta que termine—le advirtió Ieran al ver que Syaoran iba a hablar—obviamente le dije que esté no era el caso considerando que tú sabías de la existencia de la niña ¿Cómo, en nombre de Dios, pudiste ser tan irresponsable?

—¿Cómo es que fuiste tan insensible y tan macho hermano? Básicamente te criaste entre mujeres—preguntó Fanren.

—No sé qué decir—les dijo Syaoran mientras se sentía cada vez más pequeño y de nueva cuenta lo invadían las ganas de romper en llanto.

—Tienes que pedirles perdón…—Ieran no continuó por interrupción del castaño

—Le pedí perdón a Sakura y solo recibí su condescendencia—

—Existen heridas que no pueden sanar con los años, no pretendas que te acepten con los brazos abiertos, en realidad deberías pedirle perdón a toda la familia, no solo a Sakura—le contestó Feimei.

—Deberías enfocarte en tu hija, no estoy segura si algún día podrás obtener el perdón completo de Sakura—le aconsejó su madre.

Claro que tenía razón al darle ese consejo, sabía de antemano que lo importante era Aiko, no había forma para borrar todas las heridas causadas. Y eso era lo más devastador de la realidad que se tendía a sus pies.

Cuando Sakura se recuperó del todo ella misma se alejó de él, pasó otro año que no supo mucho de ella, más lo que Eriol decía ocasionalmente y más ahora que tenía algunos meses de haber concluido con la universidad y estar oficialmente graduados. Sin embargo, por azares del destino vio a Sakura saliendo del centro comercial y se animó a saludarla, pero no pasó a más, al parecer la castaña estaba con el tiempo encima.

Volvió a pasar un año completo antes de volver a encontrarse, en esta ocasión terminaron en una reunión en casa de una amiga en común que tenía algún tiempo sin saber de ella, al no estar presentes Eriol ni Tomoyo se vieron en la necesidad de hablar y fue cuando un deje de nostalgia se apoderó de ellos.

—Sabes, volví a encontrarme con Yue, regresó del extranjero—le dijo Sakura sin maldad alguna.

—¿Al fin salen juntos?—le preguntó él con cierta molesta de saber que el individuo que siempre lo hizo sentir inseguro en su relación estaba de regreso.

—No exactamente, tuvimos bastante de relaciones formales, salimos en plan de amigos con beneficios, si alguno quisiera algo más y el otro no, nos dejaremos de ver…—le contestó Sakura un tanto triste.

—Eso quiere decir que quieres una relación con Yue—

—Él también la quiere, pero consiguió una beca para ir a realizar su master fuera de Japón, sería muy estúpido tener una relación a distancia por dos años—le contestó ella.

—Eso es cierto, sería una pérdida de tiempo…—

Esa conversación marcó algo en su ser que no lo dejaba tranquilo, pensó que después de tantos años Yue ya no significaba nada, pero se equivocaba, tal vez después de todo Sakura estaba destinada a tener algo que ver con Yue y esa idea le hastiaba y lo volvía loco; no lo entendía, sobre todo porque él ya era feliz con Midori. Sin embargo, sus emociones lo llevaron a buscar a Sakura y ella al haber cambiado un poco su forma de ver las relaciones humanas accedió a ser su amiga con derecho, pero eso trajo consigo que tuviera que soportar por seis meses conversaciones donde Yue salí a relucir.

Pero cierto día, Sakura estaba más decaída de lo normal y fue cuando ella, entre dolida y resignada le comentó que Yue estaba comenzando a salir con otra chica y le pido de favor que dejaran de hablar como pareja y volvieran a ser amigos. Esa tarde en particular para él las cosas salieron mejor de lo que esperaba ya que ella se mostró más abierta al hablar con él de su vida en general, de lo que esperaba del futuro y por unas horas sintió que eran otra vez una pareja y esa sensación le gustó y aterró al mismo tiempo, porque se dio cuenta que Midori no eran tan indispensable en su vida y en sus sentimientos.

—Disculpen…pensé que Li seguía solo—se disculpó Sakura cuando vi el cuarto lleno.

—No te preocupes, estábamos por salir—le contestó Feimei.

—Puedo regresar después—

—Espera…¿qué es lo que necesitas?—le preguntó Syaoran al ver que iba a salir de nueva cuenta.

—Yo…bueno…lo cierto es que Aiko quiere hablar contigo antes de que entres a quirófano—le contestó Sakura un tanto nerviosa.

—¿De verdad?—le preguntó el castaño un tanto escéptico.

—De verdad, dejare que tú le hables de tus hermanas, regresaré cuando Aiko convenza a Touya de dejarla verte, con permiso—

—Sakura…gracias—

—No lo hago por ti, si por mi fuera…olvídalo, es por ella—

Sakura cerró la puerta y se quedó un rato de pie sin saber muy bien porque se contuvo, él merecía saber que ella estaba en desacuerdo de tenerlo presente en su vida una vez más; pero al parecer el amor a su hija logró contener ese sentimiento de rencor. Al levantar la vista se encontró con su hermano y este, a su vez no le quitaba la vista de encima.

—La respuesta es no—le dijo el médico muy serio.

—No tienes idea de lo que te va a decir—le contestó ella mientras apretaba el puente de su nariz.

—Tiene que ver con el idiota que está detrás de la puerta en la que estás apoyada—

—¿Y qué pretendes que haga? ¿Le vas a negar a Aiko conocerlo como lo que es?—lo retó Sakura un tanto molesta.

—Sí, eso quiero, quiero decirle que no necesita conocerlo, porque siempre estaré yo, que conmigo tiene todo…—le admitió Touya.

—Eres su tío favorito en el mundo, te ama…pero eres su tío, no su padre…sólo dile que sí, debe estar tranquila antes del trasplante—Sakura caminó hacia su hermano y lo vio directo a los ojos.

—Yo no la voy a llevar hasta la habitación del mocoso—

—Yo lo haré—le contestó ella rodando los ojos al no recibir respuesta y solo ver cómo su hermano pasaba de largo y se metía a la habitación de Aiko.

Sakura sabía que su estado emocional sería el peor del mundo una vez que la niña hablara con Syaoran, dolería una vez más, se mentiría si dijera que no dolería. Soñó tantas veces durante su embarazo que el castaño fuera un padre para Aiko, y sentía aún ahora, casi seis años después el mismo sin sabor de la desilusión.

Touya y Tomoyo la habían llevado a la fuerza al médico al mes de haber dado a luz, estaba consternada, ella amaba a su hija, pero no la quería cerca, no quiera tocarla, no quería mirarla; le dolía, porque ella había tomado la decisión de traerla al mundo y rechazaba tener contacto con ella. Pero era extremo traerla al médico, sólo era miedo de madre primeriza, ella era llorona por naturaleza y era normal que llorara por todo, no era nuevo; pero ese par no entendía razones.

Lo platicó con el médico, le dijo estaba asustada y que era mejor que su hermano, Tomoyo o su padre se ocuparan de tan pequeño humano, que ella había nacido torpe y que lo que menos deseaba era matar a su hija. Después de verlo asentir varias veces y anotar algunas cosas; le dijo "señora Kinomoto tiene depresión post parto".

—Puedes llevar a la niña con el idiota ese, le puse un cubre bocas y ya la dejé en la silla de ruedas, si se baja de ahí será castigada—le dijo Touya sacándola de su ensimismamiento. Y a ella no le quedó otro remedio que ir por su hija, mientras se repetía "ya es tarde para esta familia que no debía ser".