7.
Ella estaba encantada.
El día había resultado marchar con normalidad y muy alegre, justo como Alice se encontraba en ese momento: bailando y riendo con amigos y familiares. Miró a Alice con una sonrisa sincera y llena de esperanza para la feliz y nueva pareja de esposos.
Sin embargo, no pudo mantener su vista enfocada en ellos mucho tiempo porque Edward Cullen la estaba mirando muy fijamente, a lo lejos, como un león asechando a su presa y esperando el momento justo para sorprenderla.
No le dio importancia, ya que ya había lanzado su propuesta implícita hace unos momentos. Solo quedaba en él aceptar o no. Bella era una mujer decidida y no se andaba con rodeos al momento de expresarle a un hombre su deseo sexual. Y era humana, así que podía tener esos deseos.
Sobre todo ella que poseía un gran atractivo y ningún tipo se le escapaba nunca. Su última víctima, el buenito de Jacob Black, había caído rendido a sus pies sin necesidad de seducirlo...tanto.
El joven apenas la había visto se había boquiabierto con su belleza y sensualidad. No pasó mucho tiempo para que ambos empezar a frecuentarse e iniciar su tórrida aventura amorosa. La cuál por cierto, Bella lamentaba haber influído tanto en él, incluso Jacob se llegó a enamorar de ella. Bella solo quería disfrutar de los brazos poderosos que poseía el muchacho enorme.
Grave error.
Estaba segura de que le costaría mucho sacarse su cara de decepción de la mente. Al fin y cabo él había sido un encanto con ella.
Pero tan sumida estaba Bella en sus propias cavilaciones que no notó la presencia de alguien que se acercaba a donde ella estaba parada, y con su copa de champaña en la mano.
—¿Señorita Bella? —saludó aquel extraño con una sonrisa cordial y una mirada un tanto escalofriante. Bella enarcó una ceja y lo miró con algo de extrañeza— mi nombre es Aro Voltouri —se presentó el tipo— un placer el conocerla por aquí.
—¿Un placer? —susurró— ¿usted ya me vio antes?
—Oh no —rió él sujeto con soltura— disculpeme sino le aclaré antes la situación. Yo conocí a su padre en Volterra, mi ciudad natal —relató con elocuencia él—, y nos volvimos a encontrar de nuevo en Washington. Me dijo que tenía una hija que era amiga de la familia Cullen.
—Sólo de Alice —aclaró.
Aro sonrió aún más, si es que aquello era posible. Bella sintió una extraña sensación nacer desde lo más recóndito de su interior. ¿Quién era aquel sujeto y que deseaba al venir a hablarle?
—El punto es que, solo me acerqué a saludarle y comentarle que conozco a su padre —siguió explicándole—, pero si eso le incomoda puedo marcharme. No hay ningún problema.
Bella carraspeó con incredulidad de que estuviera así de cerca con un amigo de su padre, el cual por cierto daba mucho miedo.
—No se preocupe, señor Aro —susurró— su presencia no me incomoda es solo que... —calló un segundo intentando encontrar las palabras adecuadas—... siempre me siento un poco cerrada a los extraños. ¿Usted comprende no? —dijo con voz tenue, y pensando que no quería herir al sujeto. Tampoco tanto. Aro se acercó a ella y le tomó la mano, se la besó con devoción y luego empezó a alejarse del lugar.
—Ciao Bella —dijo con voz sugerente—, le aseguro que nos encontraremos en la siguiente oportunidad —luego de eso se marchó sin más de ahí donde ella estaba parada. Se dio la vuelta inmediatamente al sentir una acompasada, pero algo errática respiración. Notó que atrás suyo había estado Edward Cullen, quizá el tiempo que había estado hablando con el señor.
—¿Qué hace usted ahí? —Edward no respondió a su pregunta, continuó mirándola como si quisiera devorarsela viva y un asomo de sonrisa oscura se formó en su comisura labial.
—Ten cuidado con ese tipo —susurró tan gravemente que Bella llegó a pensar que había gruñido más bien que susurrado— es un falso y doble cara.
—¿Y como lo sabe? —cuestionó seriamente—. No me diga que se volvió detective —dijo con ironía marcada en su voz dulce y suave. Sin embargo, Edward no se inmutó por eso y más bien la tomó arrastrándola lejos del resto de los invitados que ahí yacían— ¡Oiga, que cree que hace! ¡suélteme!
—Cállate, aceptaré tu propuesta ¿me oíste? —con eso estampó sus suaves labios en los de ella, y Bella quién al principio no pudo corresponderle debido a la calidez del beso, comenzó a reaccionar y corresponderle con ánimos. Su beso era dulce, cálido, lleno de celos y enojo por haberla contemplado charlar con aquel hombre, pero eso ya no importaba porque lo tenía donde quería.
Tenía amarrado a Edward Cullen, y no escaparía por más que así lo deseara.
—Oh Ed.
—¿Si? —preguntó.
—Bésame más —lo tomó del cabello y estampó sus suaves labios nuevamente contra los de ella. Le sabían a gloria— y luego... házmelo —le pidió jadeando, pero no pudo seguir hablando al disfrutar como él metía la lengua deliciosamente en cavidad bucal. Estaba deliciosamente endiosada.
¡Y quería más de él!
¡Ahora!
—Vamos a dentro —la soltó dándole un beso en su mejilla, la miró de pies a cabeza y le extendió una mano, la cuál ella tomó sin más y sin replicas de por medio.
—No quiero que dejes nada para las demás mujeres ¿me oíste?
Edward sonrió de lado.
—Ya veremos, nena —susurró empezando a tirar suavemente de su mano para conducirla al interior de su mansión—, veremos tu desempeño en la cama y después juzgaremos lo demás. ¿Sí? Por ahora solo dedicate a sentirme.
Mañana no vas a poder caminar.
