Hola a todos.
Les traigo el penúltimo capítulo, gracias a uno de los comentarios me di cuenta que a lo largo de la historia no había explicado por qué Eriol estaba un tanto resentido con Syaoran, por lo que tuve que modificar un poco esté capítulo de como lo había escrito originalmente.
Quiero agradecer a todos por sus comentarios, pero haré una mención, especial para Camili y Lin Lu Lo Li, que gracias a sus comentarios me hicieron darme cuenta que había dejado algunos cabos sueltos por ahí. Gracias de verdad.
Espero que lo disfruten y por favor no me maten. Nos leemos la siguiente semana.
Saludos, Tinuviel.
Desclaimer: los personajes no me pertenecen, son del grupo Clamp, la historia es original mía.
Capítulo 5
Nunca había sido bueno con las palabras, mucho menos con las que denotaran afecto o preocupación; él era bueno con palabras relacionadas a la ciencia o los números, y era ahí donde radicaba su dificultad de comunicarse con las demás personas, sobre todo si esa persona era Sakura Kinomoto. ¿Por qué? Porque ella era puro corazón, pero sabía desenvolverse con cualquier persona, era una persona extremadamente noble, a veces temperamental y, otras tantas, despistada hasta la medula.
Se había llegado a enamorar de ella casi por accidente, no iban en el mismo salón, ni tenían amigos en común; cierto día que buscaba a una compañera de clases, la vio, ambas platicaban con seriedad. Se aproximó para pedirle a su compañera los apuntes de la clase a la que no había entrado y por educación le presentaron a Sakura, quien se limitó a sonreírle, y justo esa sonrisa fue su condena.
Estaba nervioso, no tenía idea de que decirle a Aiko, porque en realidad no había palabras correctas, odiaba estar a la espera de lo que fuera a suceder con ella…si tan solo tuviera idea de cómo era el temperamento de su hija, sería más sencillo. De puro nervio comenzó a pasar sus manos en su cabello, le era imposible creer que fuera mucho más fácil hablar con un montón de desconocidos sobre balances generales, que con una niña de cinco años; por el amor a Dios, tenía tres sobrinos, con los cuales podía conversar. Pero al final de cuentas con ellos convivía desde que llegaron al mundo.
—No te van a venir a matar, deja de pasarte las manos por la cabeza—le dijo su madre.
—No sé qué decirle, aparte no creo que sea una buena idea que estén en la habitación—le contestó Syaoran, mientras veía a sus hermanas.
—Sólo dile que quieres tener la oportunidad de pasar tiempo con ella, contesta lo que te pregunte con honestidad—le aconsejó Feimei.
—También puedes pedirle perdón, realmente sabrás que decir cuando estés con ella—le dijo Fanren.
—Sé paciente, no creo que tarde mucho en aparecer, regresaremos en un rato—le contestó Ieran mientras se ponía de pie e indicaba a sus hijas que era momento de abandonar la habitación.
Una vez solo, se quedó pensando en los diversos escenarios que podrían darse en este encuentro, en su mayoría no eran nada alentadores, no tenía más remedio que esperar. ¿Cuál era la posibilidad de echarlo a perder más de lo que estaba? Muchas sin duda, ¿cuán favorable podría ser el resultado? Pero lo más importante ¿Cuánto tiempo tendría para conocer a la niña? Con cada pregunta iba en aumento su ansiedad e incertidumbre; ojalá tuviera la habilidad de regresar en el tiempo, así podría decirse a sí mismo que era el idiota más grande del mundo. Estaba con esa serie de cuestionamientos cuando escucho que tocaban la puerta a modo de anuncio, y espero deteniendo el aliento a que se abriera la puerta y aparecieran.
Lo primero que sus ojos registraron era a Aiko sentada en la silla de ruedas, y poco después tenía la visión completa de madre e hija frente a su cama; Syaoran se levantó como pudo de la cama y se sentó en la silla que antes ocupaba su madre para poder estar a mejor rango de visión de la niña.
—Los dejare solos, cuando terminen toquen la puerta—les dijo Sakura con aparente calma.
—¿No quieres quedarte?—le preguntó Syaoran con la esperanza de hacer más sencilla la situación.
—Aiko, ¿quieres que me quede?—le preguntó la castaña a la niña, dándole a entender a Syaoran que él no tomaba las decisiones.
—No mami, voy a estar solita con Syaoran—le contestó Aiko con una sonrisa, la cual tranquilizo a los dos adultos.
—Los dejo solos en ese caso—les contestó Sakura mientras caminaba a la salida y cerraba la puerta tras ella.
Ambos se quedaron en un silencio un tanto incomodo, ninguno parecía querer ser el primero en hablar; ambos estaban con el ceño fruncido, sin duda señal de que no tenían idea de cómo iniciar a hablar. Syaoran tuvo que recordarse que el adulto era él y, como tal estaba en la obligación de comenzar con la conversación, por ello se removió incomodo en su asiento y vio como Aiko se sobresaltó al notar que él se movía.
—Primero que nada…no soy muy bueno expresando mis sentimientos, pero estoy dispuesto a contestar lo que quieras preguntarme—le dijo él un tanto serio.
—Estaba bien, el tío Touya tampoco es bueno con eso—le contestó muy bajito la niña.
—Yo…yo siento mucho que te enteraras de esa forma que soy tu papá—le dijo Syaoran mientras trataba de buscar la mirada de su hija.
—¿De verdad eres mi papá?—Aiko se atrevió a levantar la vista al formular dicha pregunta.
—Sí, sí Aiko, soy tu papá, en eso ni tu mamá ni yo mentimos—él quedó viendo como la niña apretaba los puños y trataba de no llorar.
—¿Tú no me quieres verdad? —Syaoran quedó viendo pasmado como Aiko trataba con todas sus fuerzas de no llorar mientras le hacia la pregunta —¿Por eso dejaste a mi mamá? Porque no me quieres.
—¡No!—se apresuró a contestar el castaño.
—¿No me quieres?—Aiko bajo la cabeza y comenzó a temblar en señal de que estaba llorando.
—¡No!...no es eso…si te quiero, pero no es por eso que no estoy con tu mamá—y fue en ese momento en que se animó a tomarla del mentón y obligarla a verlo a los ojos.
—¿Por qué no somos familia? ¿No quieres a mi mamá?—le preguntó Aiko haciendo otro puchero, clara señal de que iba a seguir llorando.
—Quiero a tu mamá, pero no como se quieren los papás…no somos familia porque soy un tonto—en realidad quería decirle que era el imbécil más grande que había pisado la tierra, pero no era una palabra que quería que aprendiera de él.
—¿Se divorciaron? Por qué mi amigo Kim me contó que sus papás dejaron de quererse y se fueron a vivir a casas diferentes, que por eso ya no veía a su papá—le contestó Aiko muy rápido.
—No me divorcie de tu mamá, porque no nos casamos, nos separamos, dejamos de ser novios…—vio a la niña fruncir el ceño como él lo hacía cuando no estaba satisfecho con algo—Aiko, quiero que te quede claro que no todos papás que se divorcian dejan de ver a sus hijos por eso ¿o.k?
—O.k…pero entonces…¿Por qué no quieres ser mi papá?—Syaoran suspiro, dado que iba ser difícil contestar eso.
—Por miedo, por tonto; porque créeme soy muy tonto cuando me lo propongo—
—¿Por eso mi mamá está enojada contigo? ¿Por qué eres tonto?—Aiko estaba cada vez más perdida y no entendía muy bien que quería decirle Syaoran en realidad.
—No, Sakura no está enojada porque sea un tonto, está enojada, porque le dije y le hice cosas que la lastimaron mucho y porque fui un tonto contigo—él comenzaba a sentir de nueva cuenta los nervios y comenzó a pasar sus manos por su cabello.
—Creo que entiendo un poco más…sólo no sé porque me tienes miedo, yo no muerdo, tampoco soy mala—le contestó Aiko.
—No te tengo miedo porque puedas lastimarme, me da miedo que sea yo el que te lastime—le contestó Syaoran un poco más relajado.
—Entonces no seas malo, ni muerdas, ni patees, ni digas cosas hirientes…solo si es para defenderte—le dijo la niña con simpleza.
—Lo intentare, así como intentare ser un buen papá para ti, si eso es lo que tú quieres—le contestó el castaño.
—Eso estaría bien…solo que no sé si pueda decirte…ya sabes…la palabra con p—le contestó Aiko sonrojada.
—Está bien, no tienes que decirlo si no te nace hacerlo, seré paciente, lo prometo—le contestó Syaoran aliviado de no ser rechazado por su hija.
—¿Syaoran tengo más tíos? —
—Sí, dos tías...también tienes tres primos—
—¿Cuándo me mejore puedo conocerlos? —preguntó Aiko notablemente emocionada.
—Tus tías están aquí y quieren conocerte, tus primos no viajaron con ellas, pero si tu mamá te da permiso iremos a conocerlos ¿te parece? —
—Sí…—Aiko se quedó callada y abrió los ojos muy grandes, provocando que Syaoran se asustara y cuando estaba por llamar por ayuda se detuvo ante el grito de salió de su hija—¡La señora Li es mi abuela!
—Me temo que sí…—
—¡Anoche mi abuelita me leyó un cuento! Le tengo que decir a mi abuelito, le puedo decir que ya sé que es tener una abuelita—Syaoran no pudo evitar sonreír y sentir que no todo estaba tan mal.
—Creo que le daré la señal a Sakura para que venga por ti, no quieres que tu tío Touya se enoje—
—Syaoran, voy a ponerme bien para que puedas ser mi papá—le dijo Aiko con una sonrisa que hicieron que los ojos de Syaoran se llenaran de lágrimas y corriera a abrazarla.
—Y yo prometo ser un buen papá, prometo no tener más miedo y prometo ayudarte a ponerte bien—le contestó mientras trataba de no llorar abrazado al cuerpo de su hija.
Una vez que estuvieron más tranquilos, Syaoran se puso en pie y tocó la puerta como les dijo Sakura que lo hicieran una vez que hubiera terminado de hablar; ni bien se había alejado de la puerta cuando esta se abrió dando paso a la castaña, quién con ojo crítico observaba las facciones de su hija. Resignada de no saber a ciencia cierta que habían estado hablando se aproximó a Aiko y comenzó a llevarla a la salida.
Habían transcurrido diez minutos desde que Aiko fue llevada de regreso a su habitación cuando ingresó Touya, otro médico y una enfermera, quienes inmediatamente comenzaron a prepararlo para llevarlo a quirófano.
—Te explicaremos una vez más en que conquiste el procedimiento—le dijo Touya —Se te administrara anestesia general, se realizaran dos incisiones, una en cada lado de la cadera, se colocaran dos agujas de las cuales se extraerá la médula ósea, se sacaran a diferentes niveles y el tiempo estimado es de dos horas, terminando contigo iniciaremos a transfundir a Aiko. Para terminar, se te dejará un día en observación y se te dará el alta mañana mismo ¿Alguna duda?
—¿Quién hará el procedimiento? —Syaoran espera que no fuera Touya, ya que no confiaba en el temperamento del hermano de Sakura.
—No puedo realizar el procedimiento por cuestiones éticas, el caso es demasiado cercano a mí para realizarlo, puedes estar tranquilo…después ya veremos cómo te haré sufrir—le contestó Touya de mala gana.
—No podía esperar menos de ti—le contestó Syaoran.
—Te mantendré vigilado—
Lo cambiaron de camilla y se lo llevaron al quirófano, donde todo estaba listo para comenzar con el proceso, le colaron la anestesia y conforme iba perdiendo el conocimiento, su cerebro comenzó a pensar en Sakura.
En realidad, no había sido difícil hablar con Sakura la primera vez que se animó a hacerlo con la intención de cortejarla, por el contrario, se dio cuenta que era muy fácil y cómodo hacerlo, sin embargo, lo que si era difícil era seguir el ritmo de una charla referente a literatura, ya que no era muy habido a la lectura y ese era el motivo por el cual comenzó a leer cada libro que recordaba que Sakura había mencionado; se había vuelto un experto en memorizar lo que a la castaña le interesaba.
Estaba seguro que podía ganarse el corazón de Sakura, pese a saber que ella estaba interesa en un tal Yue, y por lo que había logrado investigar, se trataba de un chico que había conocido desde antes de entrar a la preparatoria; la ventaja que tenía ante el tal Yue, era que no estaban en el mismo instituto, por lo que él podía ganarse el corazón de la castaña por medio de la perseverancia. Y por cómo se llamaba Syaoran Li, iba a pedirle a Sakura que fuera su novia.
Touya había estado al pendiente de la situación de Aiko sin estar necesariamente presente, había utilizado a una de las enfermaras como espía y por eso mismo ante la atenta mirada de su padre, entro sin permiso, ni anuncio previo a la habitación en la que están su hermana y sobrina.
—¿Estás más tranquila monstruito? —
—Sí, gracias por dejarme hablar con Syaoran—le contestó Aiko a su tío con una sonrisa.
—¿No le dirás papá? —le preguntó Touya con la ceja alzada.
—Touya, deja de hacer lo que sea que estés haciendo—le advirtió Sakura.
—Quedamos que le diría papá cuando quiera hacerlo—le contestó Aiko ignorando la advertencia que su mamá le había hecho a su tío.
—Me parece un acuerdo conveniente—le contestó el médico con una sonrisa.
—¡Basta Touya! ¡Deja tus celos guardados por un rato! —lo regañó Sakura adivinado lo que su hermano estaba pensando y sintiendo de lo dicho por Aiko.
—Tío Touya, siempre vas a ser mi tío favorito en el mundo—le contestó la niña con una sonrisa.
—Soy tu único tío…y no, Eriol no cuenta como tu tío—se adelantó a decir al ver que su sobrina iba a replicar.
—Eres muy envidioso tío, también quiero mucho al tío Eriol—le dijo Aiko con las mejillas infladas por el enojo.
—Sólo yo puedo aguantar a los monstruos—le contestó Touya mientras le acomodaba la almohada.
—Eres un tonto hermano—le dijo Sakura mientras rodaba los ojos.
—En una hora van a venir por Aiko—les dijo Touya—así que regresare más tarde.
—Está bien—le contestó Sakura mientras veía a su hermano salir de la habitación.
—Mami ¿tú crees que el abuelito se enoje si le digo que primero quiero ir a conocer a mis nuevos primos antes de ir con él al viaje? —le preguntó Aiko mientras se retorcía los dedos.
—No creo que se enoje, se alegrará mucho por ti, sobre todo porque eso te hará feliz a ti—le contestó Sakura mientras se sentaba a su lado.
—Mamita…Syaoran me prometió que va a ser un buen papá—
—Y va a cumplir su promesa—le dijo la castaña mientras acariciaba el brazo de la niña.
—¿En serio? —le preguntó Aiko con los ojos llenos de ilusión.
—De verdad, es muy raro que Syaoran no cumpla sus promesas—le contestó Sakura con una sonrisa.
—¡Qué bueno! —
—Voy a dejar que entren tus tíos y tu abuelito, para que te deseen suerte, recuerda que no podrás verlos hasta mañana—
—Está bien…mami, ¿puedes perdonar a Syaoran? —le preguntó Aiko con esos ojos tan llenos de esperanza que por un segundo la desarmaron.
—No lo sé, creo que necesito tiempo para poder perdonarlo—le contestó Sakura tratando de ser lo más amable y sincera posible.
—Estoy segura que no quiso lastimarte apropósito, él me dijo que puede llegar a ser muy tonto—le contestó la niña.
—Te prometo que lo intentare, ahora dame un beso para que pueda llamar a tus tíos y tu abuelo—la castaña trataba de dejar de lado el tema que al parecer su hija quería solucionar lo más pronto posible.
Cuando salió del cuarto no vio a las Li por ningún lado, lo cual le dio un gran alivio, así que se aproximó a su familia para informales que podían pasar a ver a Aiko en lo que ella salía a tomar aire. Ya que en ese instante necesitaba fumar, su cuerpo era la representación física del estrés, tenía la espalda demasiado tensa y la cabeza hecha un lío; comenzaba a crees que iba a vivir con esa tensión todo lo que le quedara de vida, estaba llena de preocupaciones, algunas viejas y otras nuevas, y cada una igual de aterradora; en situaciones como esas era cuando más añoraba tener a su madre con ella.
Se encontraba muy nerviosa, no sabía exactamente como sobre llevar los sentimientos que le despertaba Syaoran, no tenía a nadie que le diera un consejo para saber qué debía hacer con respecto a sus confusos sentimientos, pero la realidad era que no quería cualquier consejo, quería el consejo de su mamá, el problema era que había fallecido cuando ella tenía nueve años. Pensar en que podría haberle aconsejado era muy confuso, dado que no confiaba si era lo que realmente lo hubiera dicho su madre o lo que su subconsciente anhelaba.
Syaoran se había encargado de acaparar muchos aspectos de su vida, le gustaba pasar tiempo con él, se divertía hablando con él, aparte de que le enseñaba cosas que jamás pensó hacer, como por ejemplo enseñarle a jugar billar; si Touya se enteraba, seguro armaría un escándalo y buscaría la forma de hacerle daño a Syaoran. Porque para que ella aprendiera tenía que estar el castaño muy pegado a su cuerpo y era una sensación agradable y excitante, ansiaba los días en los que se escapaban al billar junto a Tomoyo y Eriol.
Pasaron algunos días más antes de que Syaoran llegara a la preparatoria con un ramo de rosas y le pidiera que fueran novios. No podía estar más contenta con eso, el chico que le gustaba también gustaba de ella y eso era maravilloso porque en verdad esperaba que eso pasara, deseaba poder besarlo y pasar más tiempo con él, le gustaba más allá del físico; no era ciega, Syaoran era un chico atractivo, con un cuerpo marcado, alto y de facciones finas, con unos ojos cautivantes y expresivos; pero también era sumamente listo, un alumno que podía llegar a ser excelente sino se dedicara a perder el tiempo siendo rebelde y saltándose horas por considerar las clases aburridas. En pocas palabras la hacía perder la cabeza con una facilidad que le daba miedo.
Sakura sabía, de igual manera, que su novio era el objetivo de muchas otras chicas de la preparatoria, habría de ser más despistada de lo normal para no darse cuenta de ese pequeño detalle; pero no era una novia celosa, confiaba en Syaoran, porque cada que estaban juntos la hacía sentir querida, especial y sobre todo la hacía sentir única. Se complementaban muy bien, se ayudan con las materias que se les dificultaban, trataban de pasar tiempo fuera del horario escolar, aunque eso significara enfrentarse a los celos locos de su hermano. Todo parecía ser irreal, demasiado perfecto. Pero así pasaron los tres años de preparatoria, llenos de amor, seguridad, respeto y confianza; los problemas no eran problemas para ellos, ya que en su ingenuidad el amor que sentían por el otro era más que suficiente.
Pero al momento de pasar a la universidad todo era un cambio constante, se comenzaron a distanciar, ya que no estaban en la misma carrera ni en la misma facultad; estaban conociendo gente nueva, lo cual era bueno, pero el costo era su relación, porque se vieron rebasados por los distintos horarios y actividades que manejaban, hasta que un día pasó lo inevitable, Syaoran comenzó a distanciarse aún más de ella sin razón aparente. Se volvieron semanas y en un abrir y cerrar de ojos fueron meses, Sakura dejó de sentir la felicidad de ver al castaño, puesto que de una forma u otra terminaba lastimada por él, y parecía que Syaoran no se daba cuenta de lo miserable que la hacía sentir.
Y la duda comenzó a comerle las entrañas después de que se encontrara a su amigo Eriol, él en un principio se mostró un tanto distante con ella y conforme pasaron los minutos se dio cuenta que estaba actuando un poco raro con ella, al principio pensó que era porque estaban en época de exámenes, pero de la nada su amigo le pidió hablar con ella con una seriedad nada propia en él. Pensó que tenía que ver con Tomoyo por lo que accedió a hacerlo; sin embargo, nada tenía que ver con su mejor amiga.
—Sakura ¿terminaste con Syaoran?—le preguntó él mientras se acomodaba los lentes.
—No, solo que tenemos horarios muy distintos y actividades extra curriculares distintas ¿Por qué?—le explicó la castaña con un poco de extrañeza.
—¡Vaya! Pensé que habían terminado…aunque creo que deberías terminar con él—le contestó Eriol sin atisbo de burla o sarcasmo.
—¡¿No crees que es un poco drástico?! Además es tu mejor amigo ¿Por qué me dices algo como eso?—le preguntó Sakura un tanto escandalizada.
—Tú también eres mi amiga, es cierto que te conozco desde hace poco tiempo a comparación de mi amistad con Syaoran, pero te aprecio bastante como para aconsejarte que termines con él—le contestó él sin titubeos.
—Y tú sabes que no te delataría con Syaoran o con Tomoyo si me dices algo en confidencia…¿Qué sabes que yo no?—le preguntó la castaña con la misma seriedad que tenía su amigo.
—Me presentó a una chica como su amiga con beneficios, cuando le dije que no le creía porque sabía que aún estaba contigo, la llamó y la beso frente a mi…me sentí muy molesto y decidí irme sin dirigirle la palabra—le soltó Eriol mientras veía con tristeza como los ojos de su amiga se llenaban de lágrimas.
—Es tu amigo de la infancia, no deberías estarme diciendo esto—le dijo quedamente Sakura.
—Sakura…no te mereces esto, Syaoran no es el mismo y no creo poder seguir siendo su amigo íntimo después de esto—le contestó el pelinegro mientras le limpiaba una lagrima a la castaña.
Después de la confesión de Eriol, se fue a buscar al castaño a su facultad, ya que sabía que debía de estar ahí, pero cuando llegó no lo encontró por ningún lado; le hablo al celular sin obtener respuesta alguna, desesperada comenzó a preguntarle a sus compañeros de curso si sabían de él; cansada y sin ánimos se comenzó a encaminar a su casa, estaba a mitad de camino cuando Syaoran le regresó las llamadas, le dijo que había ido a hacer trabajo en equipo a casa de una compañera, que la vería en dos días; pero ella estaba tan desesperada que le dijo que estaba cerca de su casa y que iría a verlo que necesitaba hablar con él de manera urgente.
Syaoran le había negado la acusación de que estuviera viendo a alguien más, que eran ideas e inseguridades de ella y que su conocido lo debió haber confundido con alguien más…Sakura le intentó creer, pero en el fondo sabía que metía, Eriol no era capaz de ser tan vil ni de inventar algo como aquello; por eso cuando le contó que Syaoran había negado todo, él le volvió a repetir que lo mejor era terminar con la relación, que ella no merecía algo como eso; pero ella realmente amaba al castaño y prefirió esperar, pero nada cambio, las cosas con el castaño siguieron igual y ella dejó de confiar en él.
Syaoran terminó con ella 15 días después de haber cumplido cuatro años de noviazgo, la razón era porque se comenzaba a sentir atraído por una de sus compañeras de clases; Sakura no podía creer aquello, ¡era inaudito!, lo peor de la confesión que le había hecho Syaoran era que la había engañado con esa chica, no una vez, sino varias veces en los últimos dos meses confirmado lo que Eriol le había dicho, pensó que dolería menos, pero la realidad fue que le dolió el doble. Con el poco orgullo que le quedaba se alejó de ahí y se fue lo más rápido posible, no estaba con ánimos de llorar frente a la persona que acaba de romperle el corazón en mil pedazos.
Después del tercer cigarro, se dio cuenta que tenía muchísimos años que no pensaba en cómo había conocido a Syaoran y como había terminado siendo su novio; pero sobretodo tenía muchos años que no pensaba en cómo le había roto el corazón, definitivamente tenía muchas cosas que perdonarle al castaño y no estaba segura si quería intentar perdonarle todo lo que paso después. Una parte de su corazón le guardaba mucho resentimiento, enojo, frustración y desilusión; ojalá la vida le alcanzara para poder perdonarle, más ahora que Aiko quería pasar tiempo con él, por su hija tendría que hacer el esfuerzo de perdonarlo y así tener una relación cordial para el bien común de la niña.
Cuando llegó a la sala de espera de la zona en la que estaba Aiko, se encontró con las hermanas de Syaoran, estas al verla le regalaron una sonrisa y la invitaron a sentarse con ellas; Sakura soltó un suspiro, no iba a poder eludirlas por siempre y más le valía comenzar de una vez, con esas dos mujeres todo podía pasar.
—Sakura, queremos que sepas que nos importas mucho, pese a que las cosas con nuestro hermano salieran tan mal—le dijo Feimei.
—No se preocupen, también ustedes son importantes para mí, tienen un lugar especial en mi corazón y de todo corazón les digo que, si deseo que Aiko las conozca, se merece tener el amor y cariño que pueden darle—les contestó Sakura con una sonrisa, porque muy en el fondo sabía que ellas dos serían unas excelentes tías para su hija.
—Nos encantaría poder pasar con ella todo un día, debe ser una lindura, como lo eres tú y como lo era Syao de niño—le dijo con emoción Fanren.
—¿Tienes fotos que puedas mostrarnos? —le preguntó Feimei con mucha emoción.
—Sí, sobre todo si tomamos en cuenta que Tomoyo es aficionada a la fotografía, por lo pronto puedo mostrarles las que tengo en el celular—les contestó la castaña y sonrió aún más cuando las dos mujeres frente a ella soltaron un grito de pura emoción.
—¡Es hermosa! ¡Podría comerla! —le dijo Fanren viendo la foto en el celular de Sakura.
—¿Te imaginas toda la ropa que podríamos ponerle? ¡Se verá como una muñeca! —dijo Feimei a su hermana mientras tenían ese brillo en la mirada que hacía temblar a Sakura.
—No creo que le guste mucho que la vistan como a una muñeca…—susurró Sakura para ella misma, pero las hermanas Li la escucharon.
—¡Tonterías! Seguramente Tomoyo ya se encargó de acostumbrarla a ponerle toda clase de ropa—la contradijo Feimei.
—Por eso mismo les digo que no le gustara mucho la idea—
—¿Por qué en eso tiene que parecerse a Syaoran? —preguntó Fanren con algo de frustración.
—¿Genética? —preguntó Sakura un tanto temerosa.
—La convenceremos, cuando salgan de este hospital la llevaremos a conocer a los demás miembros de la familia y tu vendrás con nosotras—la amenazó Feimei.
—Está bien—le contestó Sakura un tanto insegura.
Las tres se quedaron conversando por algunos minutos más, cuando aparecieron varias enfermeras, claro indicativo que había llegado la hora de preparar a Aiko y que dentro de nada regresarían a Syaoran a la habitación que había ocupado todo el día de ayer; Sakura se excusó con las dos mujeres y con gran velocidad se puso el traje para entrar a pasar tiempo su hija; después preguntaría como había salido Syaoran de su intervención. Cuando entró se encontró con su papá dándole a Aiko un abrazo y un beso; intercambio miradas con Tomoyo y Eriol, ambos se acercaron a darle un beso a la pequeña y salieron de la habitación. Fujitaka antes de salir le regalo una sonrisa a sus chicas, sabía que ese era un momento difícil para ambas y necesitarían privacidad.
Sakura se sentó junto a Aiko y dejó que la niña se acurrucara junto a ella, ambas estaban en silencio sin saber muy bien que decir, pero disfrutando de la compañía de la otra; de improviso la niña abrazo a Sakura y recargo la cabeza en el pecho de su mamá escuchando su corazón latir.
—Mami me gusta el latido de tu corazón—
—Y a me gusta que te acuestes sobre él—le dijo Sakura mientras acariciaba la espalda de su hija.
—Voy a ponerme bien, porque quiero pasar más tiempo contigo, eres la mejor mamita del mundo—y Aiko intensificó su abrazo, dejando a Sakura con los ojos llenos de lágrimas.
—También quiero pasar más tiempo contigo, eres la luz de mi vida, te amo como no tienes idea, eres mi amor chiquito—le contestó la castaña abrazándola.
—Todo va a salir bien—
Permanecieron unos minutos más abrazadas, cuando Touya ingresó junto con una de las enfermeras, para comenzar con la preparación del trasplante, está sería la parte más complicada, ya que tendrían que colocarle una vía central a Aiko y sería una batalla y una tortura por que comenzaría a implorarles que la dejaran, porque la niña había adquirido miedo a las agujas; no importaba si era el mismo Touya quien las pusiera, el resultado sería un enfrentamiento lleno de suplicas y llantos.
—Monstrito ¿te acuerda de lo que hablamos y de la promesa que me hiciste? —le preguntó el tío con calma.
—Que con el trasplante tenían que cambiarme la vía central y que yo no iba a llorar—le contestó la niña mientras se acurrucaba más al cuerpo de su madre.
—Es el momento de cumplir la promesa…y yo lo haré con mucho cuidado—se apresuró a decir Touya al ver que su sobrina quedaba viendo a la enfermera.
—¡Cruce los dedos! —gritó Aiko y su tío la quedo viendo entre enojado y resignado.
—De todos modos, tenemos que hacerlo—le contestó Touya.
—¿Quieres que me la coloquen a mi primero? —le preguntó Sakura, mientras quedaba viendo a su hermano para darle a entender que no iba recibir un no como respuesta.
—¿Si se la coloco al monstruo primero te dejaras? Y nada de cruzar los dedos o te amarrare a la camilla—la amenazó Touya mientras le advertía a Sakura que no podría meterse con la mirada.
—Está bien—le contestó Aiko resignada.
—Es en serio lo que te voy a amarrar a la camilla si no te dejas por las buenas—le reitero el médico mientras se acercaba a Sakura.
Touya asistido por la enfermera comenzaron con la colocación de la vía central en el cuello de Sakura, mientras ella trataba de mantenerse tranquila para demostrarle a su hija que nada malo le iba a pasar; pese a que la realidad era que le deban terror las agujas. Aiko por su lado no quitaba los ojos de encima de su mamá y las manos de su tío, quien con calma coloco la vía en su hermana, ya después se la quitaría.
—Bien, ahora es tu turno señorita y nada de poner resistencia o te podría lastimar—le dijo Touya mientras le acariciaba la cabeza.
—¿Puedo tomar la mano de mi mamá? —le preguntó la niña.
—Sí, mientras estés lo más quieta posible—
La pequeña mano de Aiko se aferró a la de su madre con toda la fuerza que tenía, Sakura por otro lado le sostenía la mano con poca fuerza, cuando le retiraron la vía central vieja, le pusieron un parche con dibujo de conejitos; pero cuando Touya comenzó a preparan el otro lado del cuello de su sobrina, la niña dio un pequeño brinco que hizo que se detuviera un momento para pedirle una vez más que no se moviera, que lo haría lo más rápido posible. Aiko asintió con la cabeza y de nueva cuenta apretó la mano de Sakura con mucha fuerza y comenzó a respirar de forma rápida y sonora, cuando terminaron de colocar la vía central nueva, la niña comenzó a sollozar.
—Ya acabamos, no llores, fuiste muy valiente y muy bien portada—le dijo la enfermera mientras le regalaba una sonrisa.
—Fuiste muy valiente amorcito—le dijo Sakura mientras le acariciaba la cabeza.
—No deja de ser horrible—les dijo Aiko mientras sorbía de la nariz intentando no llorar.
—Bueno, si es horrible, pero es necesario; ¿Te acuerdas de lo que te dije que iba a pasar después de que colocáramos la vía central?—le preguntó Touya.
—Sí, iban a trasladarme a otra habitación para conectar unos tubos a una maquina con unas bolsas llenas de médula, sangre y otras cosas que no recuerdo—le contestó la niña.
—Bien, yo me voy a quedar contigo, tu mamá no puede estar aquí sí estoy yo, habíamos platicado de esto muchas veces; va a venir tu médico y la enfermera para controlar el procedimiento, es posible que no te sientas muy bien, por esos se van a quedar—le dijo Touya tomando sus manos con mucho cuidado.
—¿Cuándo termine se va a quedar mi mamá?—le preguntó Aiko.
—Sí, cuando terminen yo me quedaré en lo que tu tío va a descansar un rato para que regrese por la noche—le contestó Sakura mientras le dejaba un beso en la frente —obedece a tu tío, al médico y la enfermera, yo estaré con tu abuelito, te amo.
Sakura salió de aquella habitación y unos minutos después ingreso el médico que se encargaba del caso de su hija junto con el camillero, al poco tiempo la trasladaron a otro sector de la misma ala, los vio alejarse y sólo cuando los perdió de vista se fue a sentar donde estaba su padre, quién a verla se puso de pie y le extendió los brazos para abrazarla. Ella se dejó cobijar por los brazos de su padre, mientras escondía el rostro en su pecho; no sabía que sería de ella sin el apoyo y el amor que su papá le brindaba hasta en los momentos más angustiantes de su vida.
Justo dos días después de que le había confesado a Touya que estaba embaraza había tomado la decisión de ir a visitar a su padre para darle la noticia que sería abuelo y de verdad esperaba que su papá tomara la noticia con alegría y no le dijera que estaba desilusionado de ella, podía lidiar con el enojo, pero no con la desilusión.
Cuando llegó a la casa de su padre se quedó unos instantes debatiendo si era buena idea tocar o si mejor se regresaba, tal vez después le diría, cuando tuviera un poco más de valor para hacerlo, sin embargo, para su mala fortuna, la puerta de abrió dejando ver la figura de su papá, quién regaló una sonrisa y la invitó a pasar y se instalaron en la sala de casa.
—¿Papá ibas de salida?—le preguntó Sakura.
—No, la verdad es que te vi por la ventana, pero como tardaste en tocar decidí ver si estabas bien—le contestó Fujitaka.
—Sí, lo que pasa es que quiero darte una noticia…es importante—le dijo la castaña, mientras jugaba con sus dedos,
—Hija, ¿todo ésta bien? ¿necesitas dinero?—le preguntó su padre un tanto preocupado.
—No necesito dinero, todo está bien, es una noticia que puede ser linda para ti—le dijo Sakura mientras lo quedaba viendo fijamente.
—¿Y que puede ser?— le preguntó su padre con una sonrisa.
—Estoy embaraza—le contestó ella mientras no perdía de vista las acciones de su padre.
Fujitaka por varios minutos perdió el habla, incluso llegó a borrar la sonrisa que generalmente estaba en su rostro y eso hizo que Sakura comenzara a preocuparse; no sabía que sería de ella si su padre reaccionaba mal a esta noticia, pero tampoco podía culparlo en qué hacer, ya que en su momento ni ella supo muy bien cómo reaccionar a la noticia y, sin embargo, deseaba que su padre no la dejara de lado o la desconociera, no quería pasar por ese trago amargo.
—¡¿Voy a ser abuelo?!—le cuestionó Fujitaka con la voz temblorosa.
—Papá…vas a ser abuelo…y de verdad no quería…yo no quería—de los nervios Sakura comenzó a dejar de hilar las palabras adecuadas para seguir con la conversación de esta índole —yo…lo siento tanto…no quería desilusionarte.
—¡No!...¡Oh Dios!...Sakura no estoy desilusionado—se apresuró a decir su padre cuando la vio comenzar a llorar —Estoy consternado…pero sin duda estoy feliz.
—¿De verdad?—le preguntó la castaña un poco dudosa a la vez que levantaba la cara para ver a su papá a los ojos.
—De verdad, estoy tan feliz que no puedo describírtelo—y Fujitaka le regaló la sonrisa más linda que había visto y sin poder contener más la emoción la abrazo y aprovecho a para decirle al oído —Hija, tal vez no tengas todo el dinero del mundo, pero me tienes a mí y a tu hermano para apoyarte, tiene años que entendí que eres una mujer y no una niña. Yo me siento el papá más afortunado del mundo, al saber que podré conocer a mi nieto o nieta.
Sakura se soltó en llanto ante lo dicho por Fujitaka, así como la llenaron de fuerza y de esperanza, y cuando, por fin, pudo controlar su llanto, siguió explicándole a su padre la situación real de su embarazo y pese a que conforme avanzaba en su explicación del cómo termino de esta manera (sin mencionar a Syaoran); su padre sólo pudo reiterarle que no se encontraba sola y que confiaba en ella y las decisiones que hasta el momento había tomado, recalcando que el hecho de convertirlo en abuelo llenaba su corazón de felicidad genuina. Y ella no pudo más que agradecer al cielo de tener a un papá tan amoroso y compresivo.
Cuando recuperó la conciencia tardo en recordar cual era la situación actual en la que se encontraba, le costó poco entender los sonidos a su alrededor y moría por saber cómo había resultado la extracción de medula. Pero sentía la garganta seca y eso le generaba mucha molestia; giro el rostro y se encontró con las facciones de su madre, estiró el brazo y la toco ligeramente.
—Agua…por favor—Syaoran desconoció su voz.
—Debes tomarla con calma—le dijo su madre una vez que le pasó el vaso con agua.
—¿Cómo salió? —preguntó una vez que su garganta dejó de sentirse tan seca.
—Bien, en este instante deben estar realizando el trasplante a Aiko—le informó Ieran.
—Madre, necesito hablar con Sakura…¿podrías ir por ella?—
—No creo que quiera separarse de la sala de espera, pero le daré el mensaje—y sin más su madre se puso en pie y comenzó a caminar a la salida de la habitación.
Cuando Sakura le informó que abandonaría la relación clandestina que tenían pensó que sería por un par de meses, en lo que ella se daba cuenta que no podría estar sin tenerlo en su vida; pero las cosas salieron mal, ese tiempo que había pensado bastaría para que ella se diera cuenta que por lo menos necesitaban ser amigos había pasado.
Syaoran extrañaba verla, platicar con ella, extrañaba tenerla cerca, y eso no quería decir que no quisiera a Midori, todo lo contrario, estaba comenzando a amarla; pero Sakura era su mejor amiga y tal vez no se lo había dicho, ni se lo hubiera demostrado, pero lo era. Y por eso mismo estaba descolocado, llevaba días sin poder sacarse de la cabeza la imagen de la castaña de ojos verdes de lo más feliz al lado de otro.
Por alguna razón de lo más masoquista y estúpida los fue siguiendo, Sakura estaba diferente, estaba llena de alegría y no dejaba de sonreír, esa sonrisa se podía ver reflejada en sus ojos, lo que la volvía sumamente cautivante y de forma inconsciente comenzó a acercarse para poder hablar con ella, sin embargo, se detuvo de golpe, Sakura estaba besando a aquel hombre con el que iba.
Y se negaba a aceptar que una parte de él estaban hirviendo en celos, porque eso era imposible, estaba convencido que era extrañeza y un poco de sorpresa, ya que si se ponía a hacer memoria de cuando él comenzó su nueva relación, Sakura no se quejó de que saliera con Midori, incluso parecía que le daba igual. Esas conclusiones le hicieron ver que estaba dolido con Sakura, ¿Cómo pudo dejar de amarlo tan pronto? Le era frustrante saber que le importaba tan poco a la ojiverde y al mismo tiempo se convencía que era porque la quería como si fuera su mejor amiga.
Pero una vez que estuvo más calmado y se dedicó a pensar con detenimiento, concluyó que lo más sensato era dejar las cosas con Sakura en paz y dedicarse de lleno a la relación con Midori, quién con el pasar de los meses se convirtió en su cómplice y su amor por ella se fue intensificando; por ello se dedicaba a ignorar la existencia de Sakura pese a que la vida y sus amistades se empeñaran a traerla a colación, porque su pareja y su ex merecían ser felices, así como él se empeñaba a serlo.
Sin embargo, en sueños a veces estaba Sakura, con sus sonrisas y sus palabras dulces, lo incitaban a besarla, a amarla y sobre todo a adorar su cuerpo. Syaoran despertaba agitado y con una clara confusión, no tenía una explicación lógica para estos sueños; hasta que cansado de esta situación determino y se convenció que estos sueños se debían al estrés y que por ello no tenían sentido; su realidad era distinta y Midori era lo que él necesitaba para sentirse pleno y él quería darle el lugar que se merecía a su lado y por ello intentaba poner el mundo a sus pies.
—Tu madre me dijo que necesitabas hablar conmigo—Syaoran no notó el momento en que Sakura había ingresado a la habitación.
—Necesito decirte varías cosas y deseo que nos pongamos de acuerdo en otras tantas—
—Si es para poder establecer tu contacto con Aiko tienes la libertad de hacerlo, ella lo que desea es poder conocer más de ti y tu familia, porque puedo jurar que no me interpondré entre ustedes—le contestó ella.
—Gracias, de verdad gracias, pero no es solo eso de lo que quiero hablarte—le contestó el castaño.
—No creo que tengamos más de que hablar, Syaoran me hiciste daño, yo te hice daño, no creo poder dejar tantas heridas de la noche a la mañana—le contestó Sakura mientras se sentaba a los pies de la camilla.
—Lo sé, no pretendo que sea pronto, soy consciente de que yo te hice más daño del que tú me hiciste a mi…Sakura de verdad quiero tener una relación cordial contigo—le suplicó Syaoran mientras la veía suspirar.
—¿Qué hay de Midori?—
—¿Qué tiene que ver Midori en esto?—preguntó él un tanto desconcertado.
—Midori es tu pareja de años, no creo que le haga muy feliz la idea de tenernos cerca de ti…y tiene todo el derecho del mundo a no estar conforme con lo que sea que pretendas tener—Sakura lo quedó viendo con cierta reserva ya que lo que ella quería era terminar con la situación lo más pronto posible.
—No creo que eso importe considerando que ella fue muy clara al decirme que no quería volver a saber de mí en lo que le restara de vida—el castaño quedó viendo los movimientos de la castaña para poder intentar dilucidar qué pasaba por su cabeza.
—Lo debí suponer, lo siento tanto por ella—
—No parece que lo lamentes tanto—le soltó él un tanto molesto.
—Alguna vez te dije que cuando se supiera la verdad iba ser el fin de tu relación, incluso te llegué a decir que ibas acabar con ella y así ha sido, alguna vez yo fui ella—le soltó Sakura.
—Claro…toda la culpa es mía—Sakura quedó viendo a Syaoran con el ceño fruncido—¡Pobre de ti! Te tocó conocer al peor ser humano sobre la faz de la tierra.
—¡Sí! Me tocó conocer al peor ser humano y me llenó de tanta mierda que aquí estoy una vez más comportándome como un animal herido queriendo defenderse—le contestó Sakura molesta.
—¡Es increíble tu dramatismo! Siempre pudiste decirme que no y te habría dejado tranquila…¡no vengas a decir que te obligue!—le reclamó el castaño igual de molesto.
—¡Muchas veces te dije que no! ¡Muchas veces te puse un hasta aquí! Pero llegabas siempre a insistir, a decir que necesitas a tu amiga…y créeme cuando te digo que esa se volvió en tu mejor excusa y yo era demasiado idiota para creerte—le dijo ella con una mezcla de enojo y frustración.
—¡No fue jamás una excusa! ¡Por el amor a Dios Sakura! Siempre te dije la verdad al decir que quería tu amistad y que necesitaba de ella—dijo Syaoran con frustración.
—¡Los amigos no tienen sexo! ¡¿Qué clase de pretexto es ese?! ¡No querías mi amistad, querías a la idiota que caía rendida a tus encantos! ¡Eso querías!—le gritó Sakura dejando al castaño sorprendió.
—¡No! Tal vez en su momento no podía admitirlo, no quería admitir que tenías todo el poder sobre mí y me aterró, en realidad siempre te amé, aun te amo—le soltó Syaoran dejando a Sakura con los ojos muy abiertos y obligándola a retener el aliento.
—¡Mentira! ¡Es una mentira más tuya! ¡Tú no puedes amar a nadie más que a ti mismo Syaoran Li!—Sakura se había puesto de pie mientras se aleja de él.
—No te alejes…por favor, es verdad lo que te digo, de verdad te amo…yo simplemente fui un idiota…quiero que seamos una familia con Aiko—con cada palabra que decía Syaoran, Sakura negaba con la cabeza y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—¡Es mentira! ¡MALDITO SEAS!—le gritó ella mientras las lágrimas caían libres por sus mejillas.
—Créeme cuando te digo que aún te amo y que deseo que seamos una familia—le rogó él mientras trataba sentarse.
—¡Mentira!—le siseo Sakura mientras se acerca a él—¡Tú te encargaste de dejarme en claro que no me querías! ¡Sólo tú me recalcaste que no querías que yo fuera la madre de tus hijos! ¡Y fuiste tú el que dejó muy claro que Aiko era un error y que por lo tanto no querías saber nada de ella!
—No quería hacerte daño créeme—le suplicó Syaoran mientras trataba de alcanzarla para poder consolarla.
—¡Púdrete en el infierno Syaoran Li! No puedo perdonarte tanto, no quiero y sobre todo no deseo hacerlo—le dijo Sakura llena de enojo mientras limpiaba sus lágrimas con furia.
—Sakura…por favor…las quiero a ambas—
—Puedo dejarte conocer a Aiko…pero a mí no me hables, no me mires, no me toques y sobre todo déjame tranquila, si de verdad me amas como dices, me dejaras de molestar, estoy tan rota y cansada que no quiero tenerte en mi vida—le contestó ella altera antes de salir dando un portazo.
Syaoran quedó sumido en el silencio, y fue en ese momento cuando el peso de la conciencia lo abrumó, en verdad había matado el corazón de Sakura y ella en verdad lo quería lejos de su vida. Se sentía tan frustrado de no poder salir, de seguir estático en donde estaba, cuando lo que necesitaba era salir corriendo; el enojo y la desesperación lo hizo determinar que había tenido suficiente reposo y comenzó a quitarse los monitores, pero justo en el momento en el que iba a quitarse la intravenosa apareció su hermana.
—¡Syaoran!—Feimei corrió a detenerlo—¡No puedes hacer esto! ¿Por qué lloras?
Y esa simple pregunta lo abofeteo, lo dejó confundido, en ningún momento fue consciente que lloraba, él sabía que había perdido algo sumamente valioso en su vida.
Su cuerpo quemaba, era tanta la ira que la cobijaba que sentía que su cuerpo estaba en llamas ¿Quién se creía Syaoran para jugar con ella de esa forma? ¿Con qué derecho venía a querer reclamarlas como familia?; las lágrimas no dejaban de bajar por sus mejillas, era tanto su enojo que no sabía distinguir si era un llanto de tristeza o coraje, pero le quemaba el alma.
Cuando conoció a Syaoran no le prestó mucha atención, por eso la segunda vez que le habló le costó un poco ubicarlo de donde lo conocía, pero recordaba que lo había visto en el salón de Chiharu. Fue amable con él, porque llegó hablarle en el receso donde estaba particularmente sola, ya que sus amigas estaban ocupadas. Su primera impresión fue que era atractivo, sin embargo, era un poco superficial, hablaron mucho de deportes y nada más. Cuando ella comenzó a hablar de que amaba tener la nariz sumergida en libros, fue como hablarle a la pared. Una lástima, porque realmente era guapo.
Al pasar de un mes, Syaoran se acercó a ella, le dijo un simple hola y no despegó los ojos de su lectura (estaba muy enfrascada leyendo Marianela), por lo que él le pidió que interrumpiera su lectura un instante, puesto que quería preguntarle algo importante; puso el separador de libros y levantó el rostro para ver qué era lo urgente que tenía Syaoran por decirle; por ello mismo cuando le preguntó si quería ser su novia quedó pasmada. No iba a negar que le gustaba, tampoco negaría que se la pasaba muy bien con él, pero ser su novia era un poco apresurado. Y fue cuando por unos instantes su memoria le evocó el recuerdo de "Orgullo y Prejuicio"; cuando vino a reaccionar se encontraba diciéndole a Syaoran "sí quiero ser tú novia".
Como maldecía ese momento de su vida, Sakura sabía que en ese instante había sellado un destino y un camino que no sabía exactamente donde terminaría. Los años que fueron novios eran los únicos recuerdos que aún mantenía intactos de tanto dolor; los años que siguieron fueron una constante de caídas, lágrimas y, de palabras y acciones que terminaban en heridas, su alma estaba llena de ellas. Incluso una parte de su embarazo y del nacimiento de Aiko poseían tristeza.
—Sakura ¿Qué ocurre?—la castaña se levantó suelo y quedó viendo a quien la llamaba.
—¡Tomoyo!...yo…lo siento, perdí la noción del tiempo—
—Volviste a discutir con Syaoran—le afirmó Tomoyo mientras la analizaba.
—Estoy cansada de pelear con él…ya no quiero…no tengo fuerzas—le susurro Sakura.
—Y aun así te peleas con él—le contestó la amatista.
—¡Quiere que seamos una familia porque me ama!...¿no crees que es cruel?—le preguntó las castañas mientras de nueva cuenta sus ojos se llenaban de lágrimas.
—¡Ay Sakura! Muchos años he estado observando esta historia; siempre supe que él aún te ama, pero se obstinó en demostrar lo contrario…y tú, mi amada amiga, dejaste de amarlo, pero no de quererlo, ¿no es así?—le preguntó Tomoyo mientras la guiaba por los pasillos del ala de cuartos aislados.
—No quiero seguir queriéndolo—le susurro Sakura al oído mientras la abrazaba.
—El hecho que lo quieras no quiere decir que volverás a amarlo o a querer compartir tú vida con él, lo sabes; tienen heridas tan profundas que sanar que el deseo de Syaoran tardará en cumplirse o bien jamás se cumplirá y tendrá que aceptarlo—la amatista la consoló por varios minutos en silencio.
—Gracias—
Cuando Sakura se sintió con la fuerza suficiente para regresar a la sala de espera junto con su padre, había pasado una hora y media desde que Aiko comenzó con el trasplante de médula. En compañía de Tomoyo comenzaron a caminar de regreso y justo cuando pasaron la estación de enfermería, una luz roja junto con un pitido las puso en alerta.
La rapidez y eficiencia con la que se desenvolvía el personal de enfermería era como ver una danza, coordinada, rápida y ruda, casi rayando en lo frenético; Sakura y Tomoyo se pegaron lo más posible a la pared para dejarles el paso libre y no entorpecer su trabajo. Y fue en ese instante que el miedo y el caos se desataron en la mente y corazón de Sakura, sin ser consciente de sus acciones apretó la mano de su amiga y con eso instintivamente le transmitió su preocupación y miedo creciente; ambas se vieron inmersas en el frenesí y voltearon a la dirección a la que se dirigía el personal del hospital; Sakura en su mente comenzó a repetirse una y otra vez "no sigan hacia donde está Aiko", y fue el turno de Tomoyo se apretarle la mano con fuerza desmedida.
