Hola a todos.
Bueno aquí está el último capítulo de esta historia, para mi significa darle al fin un cierre a un ciclo que no había podido dejar de lado en su totalidad, fue muy difícil para mí terminar este capítulo en particular ya que lo deje abandonado por un año, la primera vez fue porque falleció mi abuelo de forma inesperada, pero pese a no tener la mejor relación con él, me afecto de un modo que no esperaba y cuando lo retome al poco tiempo a uno de mis sobrinos lo diagnosticaron, curiosamente, con leucemia, el nene tiene dos años, así que me hizo revaluar si valía la pena terminar de escribir esto; él aún sigue luchando con la enfermedad, hasta el momento tiene un buen pronóstico, pero con esto del covid se ha retrasado su plan de quimios.
Quiero agradecer enormemente a todas las personas que se tomaron la molestia de leer "Cúmulo de decisiones", no importa si dejaron un comentario o no, no tengo palabras para expresar lo que significa para mí.
La historia no tiene un epilogo, no pensé jamás en hacerlo ya que el final, es justamente lo que yo quería y al final es una representación metafórica de lo que significó darle fin a un ciclo con muchos tropiezos. Si en algún momento llego a tener la inspiración o alguna idea para hacer el epilogo lo haré, pero no prometo nada. Basta de palabras, les dejó sin más el último capítulo, el cuál es el más largo.
Declaimer: Los personajes no me pertenecen son de la creación del grupo Clamp, la historia es original mía.
Capítulo 6
Aiko había aprendido en sus cortos años de vida que estaba rodeada de personas que la amaban y se preocupan por ella como su mamá lo hacía; pero nadie había podido ganarle a su tío Touya en las demostraciones de amor, cuando no era niña enferma su tío llegaba casi todos los fines de semana a sacarla a pasear con su mamá; iban al parque de diversiones o las llevaba a comer hamburguesas con queso al McDonald y no tenía reparos en comprarle lo que ella quisiera y en ocasiones se quedaba a dormir en su casa.
Aiko disfrutaba de jugar a las adivinanzas con Touya, amaba poder pasar tiempo con él, aunque la regañara o retara por hacer algo mal. Cuando enfermó, era él quien le explicaba qué medicinas debía tomar y porque tenía que cuidarse más que otros niños; a veces odia cuando dejaba de ser su tío y se convertía en su doctor, porque siempre le decía que no, la regañaba al igual que regañaba a su mamá. Por eso cuando estaba fuera del hospital disfrutaba más de su compañía.
—¿Cómo te sientes monstrito?—le preguntó Touya cuando la vio inusualmente callada.
—Con sueño—le contestó Aiko girando un poco a verlo.
—Es normal—le contestó él mientras veía los monitores donde se marcaba el ritmo cardiaco.
—Tío…¿te acuerdas del último día de padre al que fuiste conmigo?—le preguntó la niña mientras lo quedaba viendo con el ceño fruncido.
—Sí, fue un día bastante divertido—le contestó Touya mientras le tomaba una mano.
—Fue el mejor festejo del Día del padre—le dijo Aiko con una sonrisa.
—¡Claro! Ganamos todas las competencias deportivas—
—¡Sí! Pero fue aún mejor porque después fuimos por helado y pizza, también nadie te llamó del hospital y pasamos todo el día juntos—le contestó su sobrina mientras le regalaba una sonrisa.
—Tuvimos mucha suerte, siempre seré tu tío favorito—le contestó Touya con mucho orgullo.
—No…bueno sí, pero eres más como mi papá—le susurró Aiko mientras le daba un apretón de manos; dejando a un Touya muy conmovido.
—¿De verdad?—y la vio asentir—¿Qué hay de Eriol o de Syaoran?
—De verdad ¡no te miento!...el tío Eriol es el mejor tío del mundo y de Syaoran no lo sé, aún no lo conozco…pero quiero conocerlo—le dijo la niña muy tranquila.
—¿Es necesario que conozca a Syaoran?—le preguntó un tanto molesto.
—Sí…me gustaría conocer a mis primos—le contestó Aiko con emoción—No quiero que te enojes, es curiosidad.
—No me enojo—le contestó Touya soltando un suspiro.
—Entonces ¿Por qué tienes cara de enojado?—le preguntó la niña.
—No estoy enojado, ya sabes que esta es mi cara siempre—le dijo él cruzándose de brazos.
—Tío, ¿puedo preguntarte algo?—le dijo ella un poco nerviosa.
—Sí, tú siempre puedes preguntarme lo que sea—Touya quedó viendo a su sobrina con un poco de inquietud al verla tan seria.
—¿Vas a cuidar siempre a mi mamá?—la pequeña quedó viendo a su tío con intensidad.
—Siempre ha sido así, no tienes que preocuparte por ella—le contestó el médico un poco perturbado por la pregunta.
—¡Qué bueno!—
—¿Por qué preguntas?—
—No quiero que mamá esté sola—le contestó Aiko bajando la mirada.
—Todos vamos a estar con ella…incluso tú—le contestó Touya, tratando de ocultar su preocupación.
—No me siento bien—le dijo la niña mientras cerraba los ojos.
Touya se quedó sumido en el silencio mientras su mente divagaba entre recuerdo de viejos pacientes, sabía por experiencia que cuando el cuerpo estaba cansado de pelear, tenía un último empujón y las personas aparentaban mejorar y poco después sus cuerpos se apagaban por completo. Fue en ese instante en el que la realidad lo golpeó con fuerza y llegó a él la conciencia de que ese podría ser el caso su pequeño monstruo; se levantó y quedó viendo fijamente a la enfermera que estaba frente él, con un gesto preguntó si su sobrina estaba en esa etapa y buscó con desespero una respuesta negativa en los ojos de su colega…sin embargo, esa respuesta nunca llegó, sabía lo que se avecinaba y sólo fue capaz de cerrar las manos en puños.
Los fines de semana eran los únicos días en los que Sakura podía dedicarle a Aiko toda su atención y energía, eran los días que disfrutaba más de toda su semana; y casi siempre comenzaban de la misma manera, sentía el peso bólido de su hija caer sobre ella despertándola con un "mami es hora del desayuno mamá e hija". Y era en ese instante que abría los ojos con una sonrisa y atrapaba a su hija en sus brazos y la llenaba de besos.
Tenían el desayuno "mamá e hija" que consistía en preparar el antojo de Aiko, quien no dejaba de seguir los pasos de su mamá en la cocina, algunas mañana se dedicaba a cantar lo que aprendía en la escuela y otras a contarle a su mamá lo que había soñado, dependía mucho si el sueño era interesante o bien si era alguna pesadilla. Sakura le sonreía y se perdía en la felicidad con la que iniciaba sus mañanas de fin de semana; cuando el desayuno terminaba, ambas hacían el concurso de levantar la mayor cantidad de objetos fuera su lugar y después Sakura se dedicaba a limpiar el departamento y Aiko se perdía entre caricaturas. Ambas se bañaban y se alistaban, ya sea para salir o recibir visitas; la pequeña Aiko disfrutaba mucho que su mami peinara su cabello, y se lo hacía saber con un "mami es la mejor peinadora del mundo".
Por eso cuando Aiko salió por primera vez del hospital intentó regresar esa normalidad a sus vidas, intentaba que los fines de semana fueran los mejores y que la rutina siguiera en pie; sin embargo, Aiko se fatigaba con mayor frecuencia, en ocasiones le pedía dormir un poco más, las horas de comida se volvieron nutritivos y sumamente tensos para ambas y el ritual de peinar el cabello de su hija quedó en el olvido; las quimioterapias habían acabado con el cabello de Aiko. Y las visitas eran más y llenas de reservas, nada era igual; Sakura odiaba tanto la situación que por las noches, cuando su hija dormía profundamente, pasaba varias horas llorando en silencio; eran ella y sus lágrimas llenas de miedos, de impotencia y tristeza.
Había ocasiones en los que no podía dormir o descansar apropiadamente, ya que sufría de terrores nocturnos, su mente no la dejaba en paz, le mostraba todos los escenarios angustioso y estresantes, desde encontrar a Aiko en su habitación sin vida, hasta el hecho de soñar que no existía en la vida de los demás y ella estaba siendo juzgada por presentar un cuadro de locura; y las menos frecuentes, que Syaoran regresaba para apartarla de su lado y entraban en juicio donde demostraban que ella era la causante de la enfermedad de Aiko. Sakura sufría en silencio, había aprendido a golpes a resistir y llevar esa carga emocional sola y dejarla ir en el silencio y soledad de su habitación; en ocasiones con llanto y muchas otras en pláticas con su subconsciente, había aprendido a contenerse y ser racional a ojos de todos, en soledad y cuando estaba por explotar, el llanto era un aliciente.
Corrió tras las enfermeras, no se fijó si Tomoyo iba con ella, quería llegar con Aiko, veía borroso, pero no sabía si era porque estaba tan asustada que estaba a punto de desmayarse o eran las lágrimas las que le impedían ver con nitidez. Cuando les dio alcance fue porque había ingresado a donde su hija se encontraba y fue cuando vio su peor pesadilla, Touya estaba haciendo RCP a Aiko, fueron unos segundos que vio aquello antes de que la puerta se cerrara; y lo próximo que sintió fue su garganta desagrada por un lastimero grito de dolor.
Había comprado boletos para el cine, Sakura llevaba semanas, no, más bien meses emocionada con la idea de ver la película de su actor favorito; ese fue el motivo por el que consigo entradas para llevarla al pre estreno. Amaba verla sonreír, él solo deseaba hacerla feliz y sabía que con esos boletos ella lo sería, porque cuando ella intentó comprarlos ya estaban agotados. Por eso estaba ahí, de pie en medio del pasillo esperando a que Sakura saliera de su última clase.
—Syao, gracias por esperarme—le dijo ella sonriente.
—Sabes que no me molesta—diciendo esto aprovecho para darle un beso en los labios.
—Porque es tu deber de novio—
—Así es, ahora quiero me contestes ¿tienes algo que hacer en la noche?—le preguntó Syaoran.
—La verdad es que no, ya tengo terminado el ensayo de mañana ¿por qué?—le preguntó Sakura mientras lo veía a los ojos.
—Porque tendremos una cita—y le puso al frente las dos entradas al cine, vio cómo Sakura parpadeó y agrandó los ojos al darse cuenta que película verían y en qué horario, le regalo una gran sonrisa y un grito de puro júbilo.
Aquella salida fue la única que él le concedió al fanatismo de Sakura y había valido toda la pena del mundo, porque desde que le entregó las entradas y hasta al día siguiente la sonrisa de la castaña no abandonó su rostro y fue sin duda el último de los gritos de alegría genuina que pudo escucharle.
—¿Cómo te sientes hermano?—le preguntó Feimei trayéndolo a la realidad una vez.
—Un poco adormilado—le contestó Syaoran mientras observaba como su otra hermana salía de la habitación.
—Deberías dejar de pelear con tu cuerpo y dormir—le contestó ella mientras le acariciaba la mano.
—Mi mente no deja que descanse…—le susurro.
—¿Sientes culpa? ¿Es eso?—y en ese instante viendo los ojos maternales de su hermana volvió a sentirse como el niño que ella se empeñaba en cuidar.
—No es solo culpa, también hay algo de miedo…no supe ordenar mis prioridades—le dijo Syaoran con el ceño fruncido.
—¡Oh Syaoran! Bien sabes que nadie puede adivinar las consecuencias de nuestras decisiones y solo nos resta enmendar lo que hicimos mal y esperar a que a quiénes hacemos daño nos perdonen—y como cuando eran niños Feimei se acostó a un lado de su hermano mientras acariciaba su cabello.
—Sakura no es la misma…no podre enmendar todos mis errores con ella, incluso dudo poder hacerlos con Midori—
—Una chica a la vez, ahora descansa y repón fuerzas porque te esperan días difíciles—y se quedaron en esa posición hasta que el sueño venció los ojos del castaño.
Su familia era pragmática, a excepción de sus hermanas que eran en extremo temperamentales, pero sus padres y él eran prácticos y tomaban lo que les servía; esta era la razón por la que nunca había cuestionado la idea de estudiar una carrera económica y ganarse la vida con ello. Pero cuando llegó Sakura a su vida, quién venía de una familia donde las emociones y pasiones eran igual de respetables que la razón; comenzó a cuestionar si realmente deseaba estudiar economía o tal vez otra cosa, Sakura lo descolocaba en todos los sentidos.
De las primeras veces que hablo con ella, le dijo con una enorme sonrisa que ya sabía que estudiaría en la universidad, ella deseaba estudiar periodismo, tenía un don para contar las cosas, amaba la literatura y por ello sabía que su destino estaba en el periodismo y cuando ella le preguntó que deseaba estudiar no pudo decirle a ciencia cierta qué; nunca se lo había cuestionado y ella con una sonrisa le dijo que no tenía de que preocuparse ya que aún tenía tiempo de averiguar qué era lo que le apasionaba.
Por eso cuando descubrió que podía estudiar para periodista deportivo, la tentación creció en él; amaba los deportes, todos y cada uno de ellos, desde el futbol soccer hasta el tiro con arco, sabía todas las reglas de los juegos, la época de olimpiadas o mundiales eran algo que le llenaban el alma y sólo cuando conoció a Sakura fue consciente de ello. Fue ella quién le dio ánimos para que se sincerara con sus padres y les dijera que no deseaba estudiar para economista, que deseaba ser un cronista deportivo.
En un principio todo había salido bien, sus padres no habían pegado el grito en el cielo, por el contrario apoyaron la decisión que había tomado; o eso creyó. El verano previo a que comenzaran a meter solicitudes a las universidades, el hermano de su padre había aparecido para ofrecerle trabajo de medio tiempo en su despacho contable, como asistente. Syaoran le había contado a Sakura sobre esta oportunidad de tener dinero extra y ella, siendo una de las personas que más lo apoyaban le dijo que tomara la oferta, total era muy bueno con los números.
Pero justo el último día en que estaría en el despacho, su tío le hizo una oferta que; desde su crianza y temperamento de practicidad y racionalidad, no podía dejar pasar, si él estudiaba contabilidad, se quedaría con el despacho; su tío no tenía hijos a quien heredarlo, y mientras estuviera estudiando, los periodos vacacionales podría trabajar de medio tiempo con él para ir adquiriendo experiencia. De inmediato le contó a Sakura, porque él creía y afirmaba que todo era en post al futuro de ambos; ella con una sonrisa le hizo saber que la decisión que él tomara era la correcta y ella iba a estar ahí para apoyarlo, que con los años podría dejar de ser un pequeño despacho y volverlo una empresa, consolidarla y después podría realizar lo que lo apasionaba.
Un frío indescriptible y paralizante comenzó a propagarse por su cuerpo obligándolo a cobrar conciencia, la incomodidad iba en aumento y cuando creía que no iba a poder salir de dicho letargo; un grito se coló por sus oídos, un grito que reconocería en cualquier lado. Syaoran abrió los ojos de golpe y con desespero intento descifrar que pasaba a su alrededor. Estaba solo, sus hermanas y madre no estaban cerca; ese grito era de Sakura, la angustia comenzó a hacer acto de presencia y comenzó a ponerse en pie, tenía que salir y ver que todo estuviera bien.
—¿A dónde crees que vas?—le preguntó su hermana saliendo del baño.
—Sakura…¿no escuchaste?—le dijo el castaño atropelladamente, mientras se ponía en pie.
—No, estaba en el baño…seguramente fue una pesadilla—le contestó Feimei, mientras se ponía frente a él para taparle el paso.
—¡No lo fue!...¡hermana algo paso!—le contestó Syaoran alterado mientras trataba de hacerla a un lado.
—¡Está bien! ¡está bien!...cálmate, no puedes salir de aquí sin la orden de un médico, puedo ir a investigar que pasa—le prometió ella mientras le tomaba el rostro con ambas manos para obligarlo a verla a los ojos.
—Fei…por favor, deja que vaya contigo—le dijo el castaño.
—Hermanito…sabes que no lo haré, lo que te hicieron es delicado—le susurro Feimei.
—Por favor…—le rogó Syaoran conteniendo las lágrimas de desesperación.
—No puedo…Syao no lo haré—le dijo ella afligida—pero puedo marcarle a Fanren y pedirle que investigue ¿Sí?
Derrotado, dejó que la razón tomara control una vez más, Syaoran dejó que su hermana lo volviera a meter en la cama y le recostara; la vio tomar su celular y marcar a Fanren, cada segundo que pasaba sin saber nada iba perdiendo el autocontrol que tenía. Todo se fue al carajo cuando vio a su hermana con lágrimas bajando por sus mejillas y negando con la cabeza; el mundo quedó en mutismo y el vértigo de emociones se desbordo, lo último que Syaoran sintió fueron los brazos de su hermana rodearlo con fuerza.
El caos estaba reinando en su interior y a su alrededor, después de unos minutos de forcejear con Tomoyo dejó de insistir para pasar a ver a Aiko, no había sentido, no había nada que hacer, su vida no tenía sentido. Estaban esperando junto a los demás a que el medico de su hija saliera a darles la fatídica y funesta noticia; todo a su alrededor se movía con una agónica parsimonia, sentía que su alma estaba fuera de su cuerpo. Sintió cuando su hermano se aproximó a ella y entre lágrimas la abrazo pidiendo perdón; también fue vagamente consciente cuando su papá la separo de Touya. Sintió cuando Eriol la sentó y le pasó un brazo por sus hombros para recostar su cabeza sobre su hombro.
Sakura sabía que tenía que dominar sus emociones y ser funcional, debía poner en práctica todo lo que sus malas decisiones la hicieron aprender, su obligación era mantenerse cuerda y no depender de la asistencia de nadie, después en su soledad podría derrumbarse.
—Sakura…—la llamó quedamente Tomoyo.
—Hay que ir por la documentación de Aiko a la casa de mi papá—le dijo la castaña con mucha calma.
—No nos adelantemos…Sakura tu sabes que…—Tomoyo se quedó callada al ver a su amiga negar con la cabeza.
—Lo viste, sacaron a Touya…así que debemos ir por los papeles ¿Sí?—le pidió Sakura con los ojos cristalinos.
—Voy a mandar a alguien por ellos—le contestó la amatista abatida por no saber que más hacer.
"¿Cuánto tiempo habría pasado desde que vio que intentaban reanimar a su hija?" era la única respuesta que necesitaba saber Sakura en ese instante, deseaba con toda su alma sentir que tenía control sobre algo, la incertidumbre seguía latente; había una parte de su ser que deseaba y anhelaba que pudieran reanimar a Aiko y que la tardanza del médico era porque estaban haciendo valoraciones para darle un plan a seguir, de todo corazón esperaba que eso fuera lo que estuviera pasando en aquella habitación.
No podía seguir sin tener respuesta, la necesitaba y tenía que obligar a su cuerpo a ponerse en pie para ir por ella, Touya estaba fuera de sí, así que no podía depender de él, ya no más; debía ser fuerte...así que se puso en pie y comenzó a caminar a la estación de enfermería. Fue consciente que las personas a su alrededor la observaban con reserva y preocupación, tomó un respiro profundo y comenzó su andar y sabía que detrás de ella iban Tomoyo y Eriol.
—¿Sí saben que no necesito de su cuidado?—les preguntó Sakura mientras se giraba a verlos.
—Somos tu apoyo, no todos los días vas a reunirte con tu ex—le contestó Tomoyo.
—Solo le voy a devolver las chamarras que tenía en mi casa—le contestó la castaña rodando los ojos.
—Pero tú eres caperucita y él es el lobo feroz, ¿si sabes que los lobos pueden comer a las personas?—le preguntó Eriol con sorna.
—¿Crees que este lobo quiera comer los huesos que dejó?—le preguntó Sakura con sarcasmo.
—¡Sakurita que ruda! No pensé que se te diera de encanto el sarcasmo—le dijo Tomoyo con una sonrisa.
—Este lobo es bastante tonto, tal vez quiera jugar con los huesitos que dejó escondidos—le soltó Eriol con una sonrisa socarrona.
—¡Que te den por el culo Eriol! No necesito que estén detrás de mí como si fuera una princesa desvalida, puedo defenderme de Syaoran si es necesario—le contestó Sakura con enojo y deteniendo su andar para ver a sus dos amigos a la cara.
—¡Tranquila Mulan! No pretendemos estar con ustedes en el mismo espacio, estaremos cerca por si necesitas de apoyo moral—le respondió Eriol ignorando el improperio que le habían dicho.
—Así es, estaremos cerca, no vamos a estar pegados a ti, sabemos que puedes manejar a Syaoran…pero también sé que aun te duele y si necesitas de nosotros estaremos cerca, siempre ha sido así—le dijo Tomoyo tomando las manos de la castaña con cariño.
—Perdón, pago mi enojo con ustedes—le dijo Sakura apenada.
—No tienes de que preocuparte, a mí me divierte verte soltar improperios, es divertido escucharlos con tu voz y porte de niña buena—se burló Eriol.
Siguió caminando por aquel pasillo y con forme se aproximaba a su objetivo sentía que las piernas le temblaban y las manos comenzaron a transpirarle de forma descontrolada; tragó saliva al sentir la garganta seca y vaciló por unos instantes, Sakura dudaba poder soportar las noticias de los médicos. Estaba por emprender su caminar cuando se acercó el oncólogo de Aiko y contuvo el alimento.
—Señorita Kinomoto, hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos para recuperar a Aiko, lamentablemente su cuerpo no recibió muy bien el tratamiento y…—el médico quedó callado al ver que su interlocutor comenzaba a temblar.
—¿Está muerta cierto?—le preguntó Sakura en su susurro.
—No lo está, se encuentra consciente, pero tiene falla hepática y los riñones han dejado de funcionar en más de un 60%—el médico tomó una pausa para dejar que la castaña asimilara la nueva información.
—¿Morirá pronto cierto? ¿Eso es lo que trata de decirme?—Sakura comenzó a jugar con sus dedos.
—Me temo que le quedan un par de semanas, el cuerpo de Aiko tiene altas posibilidades de rechazar el trasplante, dado el estado crítico de los riñones ¿Qué desea hacer? —le preguntó apenado el oncólogo.
—Me llevaré a Aiko a casa, es lo mismo si está aquí o allá…gracias por todo—y Sakura con las lágrimas nublándome los ojos se inclinó ante el médico.
Tomoyo que siempre se mantenía serena acaba de romper en llanto al escuchar al médico y con la pesadumbre que la inundaba se aproximó a Sakura y la tomó en brazos; ambas como siempre en la vida se dijeron todo sin necesidad de decir absolutamente nada, el dolor de Sakura calaba a la amatista y viceversa. Cuando ambas estuvieron más tranquilas se separaron y caminaron hacia donde estaban los demás; era su turno de comunicar las desalentadoras noticias.
Touya alzó la vista y vio entrar a su hermana, quien tenía los ojos y nariz roja del llanto y a su lado Tomoyo que tenía el mismo semblante que ella. Touya se dio cuenta que no había podido ayudar a sus monstruos y apoyando los codos sobre los muslos escondió la cabeza entre sus manos, el llanto le ganó y la culpa hizo acto de presencia.
Por otro lado estaba Fujitaka tratando de encontrar calma y paz, su hija iba necesitar todo el apoyo que pudiera darle; estaba completamente trastornado, ni en todos sus años de vida había experimentado tanto dolor y desesperanza como ahora, así como jamás había sentido tanta esperanza y alegría; cuando vio a Sakura cerca de ellos al lado de Tomoyo y unos pasos atrás a Eriol con el semblante abatido, supo, sin lugar a dudas que su pequeña nieta había perdido la batalla.
—Papá, Touya…Aiko está despierta, pero los riñones han dejado de funcionarle en un 60% y aparte tiene daño hepático…—y Sakura tomó aire para continuar—lo mejor es que la llevemos a casa y hagamos de sus días los más cómodos.
—Puedo pedir una licencia en la universidad y estar con ustedes—le dijo su padre mientras la abrazaba.
—Sakura…yo lo siento…no puede ayudarla—la castaña se despegó de los brazos de su padre y se aproximó a su hermano.
—Oh Touya…eres tú quien más la haz ayudado…pero sabíamos que podía no funcionar…gracias por todo hermano—Sakura se abrazó a su hermano y sin poder evitarlo ambos rompieron en llanto.
—Debemos hablar con la familia Li—dijo después de algunos minutos Eriol.
—¿Quieres que yo les diga?—le preguntó Fujitaka a Sakura.
—No, yo hablaré con ellas, preferiría que comenzáramos a ver los papeles para llevarnos a Aiko a casa—les dijo la castaña para después comenzar a caminar hacia donde estaban las Li.
Ieran fue la primera en ver a la castaña acercarse, la dejó sin aliento ver la falta de vida en su semblante, por instinto se puso en pie y comenzó a acortar la distancia entre ellas, le extendió los brazos para dejarle saber que tenía cobijo y consuelo entre sus brazos. Sakura sintió los ojos llenos de lágrimas una vez más; la mamá de Syaoran seguía siendo como su segunda madre y verla ofrecerle refugio en sus brazos fue más de lo que pedía en ese instante.
—¿Qué pasó?—
—¡Ay Ieran!...¡No funcionó!...—Sakura se quebró al sentir como era aprisionada y contenida en ese abrazo, la realidad de las cosas comenzó a golpearla sin descanso y terminó de romper su corazón y alma.
—Cerezo mío llora, llora y quita un poco de dolor de tu alma—le dijo Ieran acunándola mientras ella misma se permitía llorar con ella.
Sakura escondió el rostro en el pecho de la señora Li y siguió llorando por varios minutos hasta que un rayo de sensatez le dijo que necesitaba decirle que eran libres que estar con hija todo el tiempo que le quedara; así que con varias respiraciones profundas logró calmar su llanto y delicadamente deshizo el abrazo de Ieran. Y fue consciente que Fanren estaba aguardando por ellas con los ojos llenos de lágrimas, respetando el momento que tenía con su madre.
—Aiko tuvo una complicación severa y presentó fallas en el hígado y riñones, vamos a llevarla a casa y esperaremos a que…a que ella decida partir, pueden pasar todo el tiempo que deseen con ella, estoy segura que le encantará saber todo lo que puedan contarle—les dijo Sakura con voz queda mientras contenía nuevas lágrimas.
—Gracias ¿Será buena idea traer a los niños?—le preguntó Fanren.
—No habrá problema, seguro a Aiko le alegrará conocerlos…iré a terminar de hacer el papeleo—le informó Sakura mientras se ponía de pie.
El tiempo se detuvo, no podía salir del estado de conmoción en el que estaba inmerso, parecía que era una broma de muy mal gusto la que le estaba gastando la vida; observaba a la castaña frente a él con el ceño fruncido y lleno de incredulidad. No era cierto lo que ella había dicho, ¡por todos los cielos la vio tomarse las pastillas! ¡No podía estar embaraza! O ¿sí? Debía ser una jodida broma.
—¿Estás jugando conmigo?—le pregunto escéptico
—Tú regalo de cumpleaños podré dártelo dentro de nueve meses—le contestó Sakura seriamente.
—Ese tipo de regalos no me agradan…—le contestó Syaoran con recelo.
—¡Dios que difícil eres!—la castaña comenzó a reír.
—¡No tiene gracia!—le reclamó.
—Vale no tiene gracia, pero si tu cara…ok…ok es broma—le soltó Sakura con las manos arriba en señal de rendición.
—¡Casi me infarto! Supongo que ya te bajó—le soltó él con notable alivio, para después pasar al asombro.
—No me veas así, no me ha bajado, pero las post day pueden retrasar el ciclo—le dijo ella restándole importancia.
—¿Cuánto tiempo llevas de retraso?—
—Un par de días, nada fuera de lo normal—le dijo Sakura quitada de la pena.
Después de ese día, la duda se instaló en su ser, iba a tener muchos problemas si Sakura resultaba embarazada; eso significaría dejar en pausa varias cosas y no podía darse ese lujo, pero tampoco era un patán ¿cierto? Afrontaría las consecuencias de ser necesario. Sin embargo, no tenía un momento de paz y comenzó sin ser consciente a presionar a Sakura, todos los días, tres veces al día le envía mensajes para preguntar si ya había tenido la regla. La fastidio por semana y media hasta que ella, claramente harta de la situación, le dijo que si tanto ere el problema estaba dispuesta a hacerse una prueba de embarazo. Syaoran no lo pensó dos veces y le tomó la palabra, más que nada porque el miedo a haber cometido un error no lo dejaban tranquilo.
No sabía exactamente qué había pasado, pero cuando Feimei le dijo lo que había pasado con Aiko, el dolor y la culpa comenzaron a calar todo su ser, comenzó a quitarse todo lo que tenía encima, se encontraba tan fuera de sí, que por unos instantes llegó a desconocerse. Su hermana comenzó a gritar por ayuda, no sintió que intentaba detenerlo sin éxito; ingresaron a toda prisa dos enfermeros que a duras pudieron someterlo y después todo fue oscuridad.
—¿Xiao Lang me escuchas?—se giró por inercia y se encontró con su madre.
—Tuve una pesadilla—le dijo con voz ronca.
—Hijo…es necesario que mantengas la calma—le contestó Ieran.
—Aiko va a morir ¿verdad?—le susurró Syaoran con pesadez.
—Sí…hijo…—
—Lo jodí todo…mamá lo jodí absolutamente todo—y sin poder evitarlo el castaño se soltó a llorar como un niño.
—¡Ay hijo!...no sé qué decirte—le dijo Ieran mientras se acostaba a su lado y comenzaba a acariciar el cabello de su hijo como cuando era niño.
—¿Crees que Sakura me dejara estar ahí?—le preguntó en voz baja Syaoran.
—Va a dejar que todos pasemos tiempo con Aiko, ya mandamos a traer a los niños para que se conozcan—
—No será cómodo para ellos estar en el hospital—le contestó lacónico.
—Van a trasladar a la niña a casa de los Kinomoto, Touya va a monitorearla, la familia no quiere más médicos—le informó Ieran a la vez que sintió como su hijo solo asentía con la cabeza.
Syaoran no hizo nada más, se quedó viendo a la nada por horas, observó el ir y venir de su madre y hermanas, ninguna le hablo, era de las pocas veces que se los agradecía. Sentía el alma rota y la vida desecha, era un dolor tan distinto a todos lo que había experimento en sus 31 años de vida. El vacío comenzó a tragarlo poco a poco, rememorando una y otra vez los errores cometidos, las palabras hirientes dichas y las vidas que destruyó a su paso.
Perdió la noción del tiempo y por ello mismo le importó poco cuando llegaron a notificarle el alta, se vistió con desgano, sus movimientos eran mecánicos y no despegó los ojos del suelo. Por ello cuando salió de esas cuatro paredes y se percató que Eriol estaba frente a él se sobresaltó.
—Me han ordenado que venga por ustedes, vamos a preparar las cosas de Aiko en casa—le dijo.
—¿Por qué me deja estar cerca si…—Syaoran guardo silencio cuando Eriol le sonrió.
—Porque al final del día Aiko quiere conocer a su papá—
—¿Nos dará tiempo?—le preguntó Syaoran no muy convencido.
—El personal de oncología va a despedirse de ella, le tomaron más cariño por ser la sobrina de Touya—le explicó su amigo con pesadez.
—¿Aiko lo sabe? ¿Sabe lo que le espera?—le preguntó el castaño preocupado.
—Ella lo ha sabido desde hace tiempo, nunca se le ha mentido sobre su condición, así que lo intuye—le dijo Eriol soltando un suspiro.
—¿Por qué sigues hablándome cuando sabemos que tiene años no tenemos una relación tan cercana como antes?—le pregunto Syaoran.
—Soy el único amigo real que te queda, porque aunque no estuve de acuerdo con las decisiones que tomaste, te aprecio y te tengo cariño y vas a necesitar un amigo en los próximos días—le contestó con simpleza el pelinegro.
Syaoran no supo que más decir, así que se dejó guiar por Eriol, iba en silencio, al igual que su madre, sus hermanas había ido por sus respectivos hijos, lo que le da cierto toque amargo a todo lo que pasaba a su alrededor. Nada le importar y ahora se daba cuenta que su empresa no tenía el gran valor que creyó que tenía. Había dejado ir el mayor de los tesoros que la vida pudo darle y no iba a poder recuperarlo jamás.
La opresión en el pecho se negaba a desaparecer, llevaba varios días con ella, no se atrevía a decir nada, suficiente dolor se notaba en el aire; aún no podía creer que estaba viviendo su peor pesadilla, sin embargo, se obligaba a sonreír y ocultar la tristeza que la consumía lentamente, no deseaba que Aiko se diera cuenta. Comenzó a bloquear todo tipo de emoción negativa, reprimió su llanto a un grado alarmante hasta para ella misma. En cuanto dejara fluir todo de nuevo estaba segura que se rompería para no volver a pegarse nunca más.
Suspiro sonoramente antes de ponerse a cocinar, había una lista de toda la comida que a Aiko le gustaba comer y tenía que hacer porciones grandes, ya que toda la familia se encontraba en casa; fue realmente emotivo ver el rostro de su hija lleno de alegría de conocer a la familia de su padre; volvió a soltar otro suspiro de resignación, no había cruzado palabras con Syaoran desde el hospital, ambos rehuían la presencia del otro, había tanto que decir y tanto que callar que era abrumador para ambos.
—Tía Sakura—la castaña bajo la vista al hijo pequeño de Fanren
—¿Qué pasa Tao?—
—Aiko quiere saber si pude salir a jugar un rato—le dijo el niño de ocho años.
—Sí puede, ¿podrías decirle a tu tío que la ayude a llegar a la sala?—
—Sí tía—
Sonrió por pura inercia y su mente le trajo uno de sus tres pensamientos recurrentes, "que linda familia podríamos haber tenido"; Sakura sacudió la cabeza y se volvió a concentrar en preparar la comida. Pese al inusual moviendo dentro de la casa, ella sentía una gran soledad colarse sin permiso alguno en su corazón. La risa de los niños le parecía irreal, sobre todo cuando la de su amada hija iba menguando.
—Sakura, debemos hablar—le dijo Touya una vez que ambos se había repuesto de sus respectivas crisis.
—No…por favor hermano, no quiero saberlo—le imploró Sakura mientras se recargaba en la pared.
—Debes escucharme, tampoco es fácil para mí—le contestó él con tristeza.
—No tienes la culpa de nada, de vedad…—
—No es eso de lo que vamos hablar, Sakura escúchame bien…Aiko va a entrar un subidón, no se sabe a ciencia cierta cómo ocurre o por qué, pero es un periodo corto donde los pacientes parece mejorar para desmejorar abruptamente ¿comprendes?—le preguntó Touya mientras le sostenía la mirada.
—Sí, Aiko está en eso—le susurró Sakura.
—En casa la voy a tener bajo analgésicos y cuando lo peor llegue la administraré morfina para que no sufra—
—Estaba bien, lo que sea mejor para ella—le contestó bajando la mirada.
Y era cierto, Aiko llevaba dos días con una energía que no tenía desde hacía dos años, y por momentos llegaba a pensar de forma ilusionada que los médicos se habían equivocado y que viviría por muchos años más; sin embargo, al recordar la conversación con su hermano caí de nueva cuenta en la realidad, apretaba los dientes y las manos en puño hasta enterarse las uñas en las palmas.
Aiko le había contado una noche antes que estaba muy contenta de poder estar en casa y poder tener a sus abuelos con ella, porque podía seguir llenándose de recuerdos; pero sobre todo poder escuchar las historias que ellos tenían para ella; también le contó que estaba sumamente encantada de conocer a sus tías, sobre todo porque la llenaban de besos y abrazos, pero que le daban algo de miedo cuando se juntaban con su tía Tomoyo, porque entre las tres le tomaban una infinidad de fotos, aunque le divertía que obligan a sus primos a posar con ella.
Pero cuando le preguntaba por Syaoran, Aiko guardaba silencio y le sonreía misteriosamente, para después decirle "es un secreto"; ella dejaba de insistir y se recordaba que todo era en pos de su hija. Sakura comenzó a dormir en la misma cama que su hija, ya que un miedo irracional se apoderaba de ella, si Aiko partía por la noche ella quería estar ahí.
La dinámica familiar había cambiado tan rápido que se sentía perdido, su madre se había encargado de conseguir la renta de una casa por un mes, la cual estaba a un par de cuadras de la casa de los Kinomoto; resultando ser muy práctico al momento de ir a dormir. Aiko había recibido todos estos cambios muy contenta, sobre todo estaba emocionada de poder conocer a todos. Syaoran le sonreía y la abraza cada que podía o la tenía cerca, su hija se dejaba hacer y aprovechaba para saber más cosas de su papá. Así como ella se encargaba de contarle todas las cosas buenas que había vivido y había un acuerdo tácito entre ellos de no hablar de la enfermedad.
Ambas familias convivían con una paz con tiempo de caducidad, no había forma de saber qué acciones se tomarían cuando inevitablemente Aiko partiera. Sabían que era probable que el caos reinara y que emociones muy violentas e intensas se dieran paso entre los castaños. Sin embargo, nadie tenía la valentía suficiente para hablar con ellos; Touya observaba a Sakura alejarse lo más posible de Syaoran cuando se encontraba con su sobrina, no sabía cómo actuar ni cómo proteger a su amada hermana de lo que estaba próximo a suceder.
Sakura evitaba estar con Aiko cuando llegaba el momento de que Touya la monitoreara y le pusieran los analgésicos, simplemente no quería recordar que todo había sido inútil, se quedaba sentada a mitad del pasillo, recargando la espalda sobre pared y alzando el rostro al techo, siempre con la intención de dominar su tristeza y ganas de llorar desconsoladamente, su fuerza se iba cada día un poco más junto con su hija. Eso era aún peor que cuando desesperaba al principio del tratamiento Aiko.
¿Cómo sería capaz de conseguir tantas unidades de plaquetas y sangre para Aiko? Su familia era pequeña y no tenía amigos por montones como para pedirles que fueran donadores sanguíneos; ¿Por qué necesitaban tanto? Ni siquiera Touya podría ayudarla con esto, ya que sabía que la situación en cuanto a las donaciones sanguíneas eran escasas y las reservas eran de importancia para todo el hospital. Con ojos llenos de lágrimas le comentaba a Tomoyo sobre todo esto. Tanto la amatista como Eriol se ofrecieron a ser donadores, al igual de Fujitaka, lamentablemente tanto su papá como su hermano no podían donar, el primero por haber tomado medicamentos hacia cuatro días y, su hermano había donado apenas hacía un mes y podría hacerlo cuando hubiera cumplido tres meses de la donación anterior.
Esta situación se repitió un par de veces más, así que tuvo que recurrir a pedirle a sus amigos que le comentara a más personas, y en una ocasión que nadie podía hacer las donaciones tuvo que pagar a algunas personas que se dedicaban a dar sangre regularmente y que pasaban por todos los filtro que tenía el banco de sangre.
—¿Sakura, estás bien?—le preguntó su papá.
—Sí…estoy esperando a que mi hermano termine de revisarla—le contestó la castaña huyendo de su mirada.
—Mi pequeña Sakura, a veces solo necesitamos dejar fluir todo lo que el alma lleva consigo y le hace daño, es el primer paso para la resignación y sanación—le aconsejo Fujitaka mientras con algo de esfuerzo se sentaba al lado de su hija.
—Si hago eso…tengo miedo de no poder levantarme—le confesó ella en un susurro.
Fujitaka no supo que contestarle, no había perdido a ningún hijo, ni había estado en una situación similar a la de Sakura; tampoco sabía cómo podría sobreponerse a algo tan horrible cómo perder a un hijo. Por lo que optó por guardar silencio y hacerle compañía.
Pasaron dos semanas cuando el cuerpo de Aiko llegó al punto de no retorno, Syaoran se quedaba con ella incluso si dormía, a veces se le unía alguna de sus hermanas o su madre; no había palabras que lograran trasmitirle paz alguna, ni mucho menos consuelo; estaba cargando todo el peso de sus decisiones y le resultaba abrumador. No tenía ni fuerzas para hablar con Sakura, la veía de lejos y conforme Aiko se apagaba la energía de la madre también menguaba. Se sentía un desgraciado y deseaba por momentos poder tomar el lugar de su hija.
—Li, ¿puedes salir un momento?—lo llamó Sakura desde la puerta de la habitación, por lo que tardo un poco en entender la petición de Sakura.
—Sí, enseguida voy—le contestó viendo una última vez a Aiko dormir y saliendo de la habitación.
—Yo…creo que deberías quedarte a dormir aquí—le dijo Sakura cuando ambos estuvieron en el jardín.
—¿Estás segura?—le preguntó él con un poco de asombro.
—Sí, es evidente que está comenzando a ponerse más amarilla y Touya comenzó a administra la morfina—le contestó la castaña.
—Sí, lo sé—le dijo Syaoran muy serio.
—Los niños…no sería bueno que vieran todo esto, lo hablé con tus hermanas y están de acuerdo—le dijo Sakura mientras jugaba con sus dedos.
—¿Quieres que me vaya?—le pregunto el castaño mientras la observaba negar con la cabeza.
—No, eso le romperá el corazón a Aiko, creo que es momento que te quedes aquí a pasar las noches—le soltó ella sin ánimo.
—Me quedaré en el sillón—Syaoran sabía que la castaña lo hacía por su hija y no por él, lo mínimo que podía hacer era darle espacio.
—Mi habitación está libre, puedes dormir ahí—le contestó Sakura.
—No es necesario…—Sakura lo interrumpió.
—Quédate en esa habitación, es lo mínimo que puedo ofrecerte, Aiko se enojará si no lo haces—le contestó mientras cruzaba los brazos frente a su pecho.
—¿Ella te lo pidió?—sea aventuro a preguntar temiendo la respuesta.
—Fue idea de ambas…Li, no soy tan insensible ni irracional—le dijo Sakura.
—Lo sé…iré por mis cosas—y sin más decidió salir del escrutinio de los ojos verdes de ella.
Syaoran no tardó en regresar y volver a estar al lado de su hija, cuando la vio estaba despierta, le comentó que iba a quedarse a dormir, por lo que Aiko sonrió y tomando una de sus manos entre la suya le pidió de favor que le contara un cuento antes de dormir; con un nudo en la garganta lo único que alcanzó a hacer el castaño fue a asentir con la cabeza.
Los siguientes dos días las cosas no mejoraron para Aiko, la mayor parte del tiempo estaba durmiendo y poco a poco dejo de hablar con las personas. Syaoran había pasado en vela por las noches, esperando a que la niña decidiera dejarlos; así mismo estaba al pendiente de Sakura, quién comía poco, no dormía y siempre estaba ocupada con algo. La observó una noche salir al jardín, la vio sentarse sobre el pasto y comenzar a fumar sin detenerse; por un instante se propuso bajar y hacerle compañía, pero desistió al darse cuenta que en realidad ella estaba sola para llora.
Y justo esta mañana Sakura se había sentado frente a él en la mesa del comedor, estaban junto a Fujitaka que se encontraba inusualmente callado, Touya estaba revisando a Aiko como cada mañana; así que no habían comenzaron a comer, un par de minutos después lo vio sentarse a su lado y tomar aire.
—Es hora, no sé cuánto tiempo vaya a tomar, su ritmo cardiaco va bajando poco a poco, le administre morfina, retire el catéter y el suero, permanece únicamente con el oxígeno…yo me he despedido de ella—les comentó Touya para después esconder el rostro entre sus manos; los cuatro adultos se quedaron en silencio perdidos en sus pensamientos.
—Llamaré a la familia Li y a Tomoyo—le dijo Sakura mientras se levantaba y salía del comedor.
—Iré a ver Aiko—anunció Fujitaka en un susurro dejando la comida intacta.
El momento había llegado, se levantó lo más pronto que pudo de la mesa, ya que ver a su hermano en ese estado estaba calando todo su ser y necesitaba ser un poco más fuerte. Como pudo logró comunicarse con la señora Li, quién le dijo que estaban por salir y que tratarían de llegar lo más pronto posible; marcó el número de Eriol, si hablaba con Tomoyo comenzaría a llorar solo por escuchar su voz y aún se rehusaba a llegar a eso, quería que su hija la viera tranquila.
Vio llegar a la familia de Syaoran, se saludaron y las dejó pasar a despedirse de Aiko, se quedó en el pórtico de la casa esperando a que llegaran Eriol y Tomoyo; no se percató en el instante en el que el castaño se sentó junto a ella, hasta que le puso la mano sobre el hombro, volteó a verlo y se dio cuenta que tenía los ojos rojos, ella sabía que había llorado y sintió una inmensa tristeza por él, porque eso le indicaba que había mucho arrepentimiento en su ser.
—No dejes que Aiko te vea así—le dijo ella.
—¿Cómo puedes estar tan calmada?—le preguntó Syaoran sentándose a un lado.
—Porque luche con ella…sabía que no había garantías…pero dimos lo mejor de las dos—le contestó Sakura viéndolo fijamente a los ojos.
—Perdóname Sakura…perdóname por no haber estado con ella ni ayudarte—le suplico él rompiendo en llanto.
—No puedo…yo no puedo, no ahora…pídele perdón a ella, estoy segura que no tiene resentimientos ni rencor hacia ti—le contestó ella mientras le tomaba una mano.
—¿Cómo lo sabes?—
—Siempre le dije que gracias a ti ella pudo estar en esta vida—le susurró Sakura.
—Sakura…—Syaoran se quedó callado al verla negar con la cabeza.
—No digas nada…también gracias a ti pude ser madre de la niña más hermosa y maravillosa del mundo—y sin más Sakura decido entrar una vez más a la casa.
A los pocos minutos llegaron Tomoyo y Eriol, ambos evitaron abrazar a Sakura a sabiendas de que estaba a la menor provocación del llanto, el matrimonio se fue a la habitación de Aiko a avisarles a las Li estaban ahí para despedirse de la niña. Sakura fue a la cocina a esconderse un rato de todas las personas que se encontraban dentro de la casa, quería unos momentos de paz.
¿Por qué no podía tener paz? ¿Por qué esas palabras llenas de agradecimiento lo estaban llevando al desasosiego? Syaoran comenzó a alborotar su cabello violentamente mientras trataba de poner en control sus emociones, Sakura realmente le dijo en serio esas palabras, no las dijo por decir, realmente le agradecía su estupidez. Trato de disimular un poco cuando vio que Tomoyo y Eriol habían llegado, ambos pelinegros lo saludaron e ingresaron a la casa; aguardo por lo menos diez minutos más antes de ingresar él también.
En la pequeña sala estaban ambas familias esperando a que sus amigos salieran de la habitación de su hija; se quedó en silencio observando a las personas a su alrededor y se dio cuenta que jamás había visto al imponente Touya Kinomoto tan mal, tenía un semblante de dolor total que sus ojos se encontraba lleno de lágrimas que se negaba a derramar. Por otro lado se encontraba Fujitaka, quien había perdió la sonrisa afable que adornaba su rostro para ser sustituida por un ceño fruncido, delatando la preocupación y tristeza que se sentía en general. Su madre, estaba serena, perdida en sus pensamientos, seguramente asimilando sus emociones; y sus hermanas, como cuando su padre murió, se encontraban llorando en silencio tomándose de las manos.
Era curioso como trabajaba su cerebro en ese instante, dándose cuenta de detalles que poco servían, por ejemplo, se quedó viendo el comedor servido con el desayuno que nadie tocó. Todo parecía estático, él se sentía así, suspendido en una realidad que pasaba con rapidez y que no podía detener. Por eso cuando vio que sus amigos regresaban a la sala retuvo el aliento, Tomoyo se encontraba devastada, se notaba que amaba a Aiko como a su propia hija y vio a Eriol conteniéndola a duras penas. Y fue hasta ese instante en que vio a Sakura salir de la cocina, se aproximó a él y le dijo que fuera él primero a despedirse de Aiko, sin embargo Eriol les comunicó que Aiko quería tenerlos a dos con ella en ese instante.
Sakura observó a Syaoran y con un asentimiento de cabeza le dijo que estaba bien si iban juntos, caminaron a la par hasta la habitación de su hija y entraron lentamente. La encontraron despierta y un poco ausente; no pudo evitar sentir el estómago revuelto y el pecho comprimido, con cuidado se acostó a su lado derecho y Syaoran del lado izquierdo.
—Ya estamos aquí mi amor—le susurró Sakura mientras le acariciaba la cabeza.
—Que…bueno…los…extrañé—les contestó Aiko pausadamente.
—Sh, sh,sh, no hables corazón, no te fuerces—le dijo Syaoran mientras le besaba la mano con sumo cuidado.
—Mi hermosa hija…puedes descansar…mami va a estar bien, te lo prometí—Sakura la abrazo con cuidado y acercó su cabeza a su pecho.
—Mami…te…amo—
—Aiko, gracias por dejarme entrar en tu vida…gracias por dejarme amarte—Syaoran aguantó el llanto y al igual que Sakura rodeó el cuerpo de su hija en un abrazo.
—Papi…te…amo—le dijo Aiko sonriendo y sintiendo el abrazo que sus dos padres le daban y se sintió segura y amada.
—¡Oh mi dulce niña! Duerme que velaré tu sueño junto a papá—
Ambos se quedaron con ella tomándola de las manos por una hora, es lo único que podían hacer en ese instante, fue en el transcurso de esos 60 minutos que sintieron y vieron como poco a poco la respiración de Aiko fue menguando, el cómo entraba y salía del estado de inconsciencia y unos instantes antes de que diera su último aliento y su respiración se detuviera por completo les deseo dulces sueños a ambos y cerros los ojos, para no abrirlos nunca más.
Sakura dejó salir un lastimero gemido y se abrazó al pequeño cuerpo y comenzó a mecerlo mientras lloraba a viva voz, dejando salir todo lo que llevaba semanas guardando, su agónico llanto caló tanto el alma de Syaoran que solo atinó a abrazarlas a ambas y fue en ese momento en que el permitió a sus lágrimas salir. En la sala el resto de la familia supo que todo había acabado cuando escucharon el llanto desgarrador de Sakura.
Fujitaka cerró los ojos con fuerza implorando por el descanso de su amada nieta y la pronta resignación de Sakura, ya que sabía que se avecinaba otro tipo de batalla para su amada hija y realmente rezo por ser lo suficientemente fuerte para ella. Touya al escuchar a su hermana comenzó a llorar con nunca antes, ni cuando su madre falleció se había desmoronado como en estas últimas semanas, y la impotencia de no haber podido ayudar a su amada Aiko hizo que se levantara y saliera de la casa azotando la puerta, se iría por un rato al hospital o se volvería loco.
Las hermana Li ahogaron a duras penas sus ganas de gritar junto a Sakura, ya que no podían dimensionar lo que era perder a un hijo, menos bajo las circunstancias en las que la pequeña Aiko dejaba este mundo. Ambas mujeres se abrazaron y como llevaban haciéndolo toda la vida se dieron consuelo mutuamente, sabían que tendrían que ayudar a su hermano a lidiar con todos los sentimientos que se acumularían en su alma y necesitaban ser fuertes por él. Ieran limpio una lágrima solitaria que resbaló por su rostro y al igual que Fujitaka rezó por el descanso de su nieta y la resignación de su hijo y Sakura.
Tomoyo se abrazó a Eriol y apretó con fuerza la camisa de este, ya que no deseaba llorar, quería ser fuerte para su mejor amiga, pero ama tanto a Aiko que las lágrimas pronto comenzaron a mojar a su esposo y su cuerpo temblaba a causa del llanto, le tomó algunos minutos recomponerse y de entre los presentes decidió ir por los castaños para que pudieran comenzar con los trámites de defunción y entierro. Cuando ingresó al cuarto la imagen que la recibió terminó de quebrar su entereza y con cautela se aproximó a Sakura que aún tenía a su hija en brazos y le suplicaba que abriera los ojos y no la dejara sola; con mucho cuidado y delicadeza logró que la castaña dejara descansar a Aiko sobre la cama. Y abrazo a Sakura que estaba entre los brazos de Syaoran y la castaña se aferró a su mejor amiga como si fuera su tabla de salvación.
—Tomoyo…¡me quiero morir!—le dijo Sakura mientras se dejaba caer al piso.
Ambas mujeres estabas de rodillas abrazadas una a la otra, desechas en llanto, Sakura trataba de hablar pero su dolor eran tan intenso que no podía articular palabra alguna, tenía los ojos hinchados y rojos, su cuerpo no dejaba de sacudirse involuntariamente y le decía a Tomoyo una y otra vez que deseaba morir, partiéndole el corazón a los tres testigos dentro de la habitación.
Eriol llegó justo detrás de su esposa y se encontró con una escena realmente desgarradora; así como Tomoyo se encargaba de darle soporte a Sakura, él se aproximó a Syaoran, quien estaba completamente perdido, llorando tan desconsoladamente como la castaña, con facilidad logró sacarlo de la habitación y sentarlo en la sala. Sus hermanas lo abrazaron y él sencillamente se dejó hacer; no tenía ánimos, sentía que se encontraba fuera de su cuerpo y su único deseo era poder estar solo, merecía estar solo.
Sakura no lograba recuperar la compostura, sentía el alma hecha pedazos, le dolía todo el cuerpo, no tenía fuerzas, estaba entregada a su perdida, sus ojos se negaban a parar de llorar; perdió todo sentido del tiempo, sentía que estaba suspendido y que no había forma de atrasarlo o adelantarlo, su más grande tesoro no estaba más con ella. Había luchado tanto por nada, se sentía tan molesta con la vida, tenía la cabeza hecha un caos, su alma dolía, estaba paralizada por el dolor.
A los 40 minutos Tomoyo logró levantarla y sacarla de la habitación, ya que faltaba poco para que llegaran por el cuerpo de Aiko, afortunadamente habían dejado lista la ropa con la que vestirían a la niña y no tendrían que hacer buscar a Sakura. Al poco tiempo la castaña dejó de llorar y quedó en un estado lacónico preocupante.
Eriol conocía a Syaoran y sabía que era necesario dejar que llorara en silencio y esperar a que él hablara primero, podía hacerse una idea de lo que sentía su amigo y no era precisamente tristeza, más bien podía intuir que la culpa estaba golpeándolo duramente. Posiblemente estaba pensando en varias formas de flagelarse; debía estar pendiente de eso, no iba a ser sano que eso sucediera. De alguna lo convencería de ir con algún especialista en la salud mental.
Cuando vio salir a Sakura junto con Tomoyo, se descubrió deseando poder cambiar de lugar con Aiko, quería regresarle a Sakura toda la felicidad de merecía; él como fuera no le hacía falta a nadie, pero sobretodo sabían que de él no había mucho que esperar. De verdad deseaba poder estar en el lugar de su hija, él merecía todo el castigo del universo, no ellas…no Sakura. Y una vez más en su vida, se daba cuenta que era muy tarde para poder cambiar las cosas; una vez más persiguió un sueño que tenía poco valor en comparación de lo que pudo haber recibido de su hija.
Ieran con mucho pesar se levantó a preparar un poco de té para Sakura, ahorita que Touya había salido con rumbo desconocido, debían poner a dormir a la castaña, necesitaba descansar, así que recurriría al té de valeriana. Syaoran necesitaría otro tipo de tratamiento y ese aún no estaba listo; era necesario tenerlo vigilado y tratar de adivinar en qué momento intervenir para que no saliera huyendo.
No se atrevía a soltar la mano de Tomoyo, tenía miedo de soltarla y no poder soportar todo, sentía el cuerpo temblar, pero nada, absolutamente, nada se comparaba al vacío que sentía en su corazón, de verdad ya no deseaba seguir en este mundo, quería poder evaporarse. Su hija no estaba más, no volvería a escucharla decirle mamá, no tendría su risa, no la volvería tocar nunca. Y nuevas lágrimas corrían libres por su rostro al recordar todos estos hechos; aferraba con más fuerza la mano de Tomoyo. Se distrajo un poco cuando Ieran le tendió una taza de té, con cuidado comenzó a beberlo y al poco tiempo comenzó a sentir como sus párpados pesaban y clamaban por descanso; como niña pequeña se recostó en el regazo de Tomoyo y la oscuridad la cobijó.
Vio dormir a Sakura a la distancia, así como vio cómo llegaban a dictaminar la causa de muerte de Aiko y posterior era llevada a la funeraria, debía agradecer que la castaña se durmiera, la imagen de cómo sacaron a su hija iba a terminar de derrumbarla; definitivamente no necesitaba verla salir en una camilla dentro de una bolsa negra. Syaoran soltó un suspiro y comenzó a caminar de un lado a otro, sentía que se ahogaba, tenía las manos completamente empapadas de sudor y su mente estaba recordándole una y otra vez que no debería estar ahí. No tenía ningún derecho.
—Syaoran debes parar—le detuvo Eriol poniendo una mano en el hombro del castaño.
—No puedo, siento que me ahogo—le contestó
—Vamos a dar una vuelta—
—No quiero salir de aquí...—
—Tomoyo va a saber lidiar con Sakura—le contestó Eriol adivinando el motivo de su negativa.
—Tomoyo no debería liderar con ella sola—le dijo Syaoran molesto.
—Tampoco tú, al final tú no eres la pareja de Sakura; deja que mi esposa se encargue y deja que yo me encargue de ti—
—No tienes que hacerlo—
—Soy el único amigo que tienes y pese a todo te recuerdo que aún me considero tu amigo y no deberías pasar por todo esto tu solo—le dijo Eriol con seriedad.
A Syaoran no le quedó más remedio que aceptar, sabía que Eriol tenía razón, aún se consideraban amigos, aunque hablaran muy poco; así que salieron de la casa y comenzaron a caminar sin un rumbo definido en silencio, ya que lo único que necesitaban era la compañía del otro. Eriol también sentía una gran tristeza en su corazón, había perdido a su ahijada y vaya que la amaba y le haría falta escucharla.
Tomoyo ayudó a Sakura a cambiarse de ropa para ir juntas a la funeraria, la castaña despertó en un estado lacónico, por lo que solo se dedicaba a acatar lo que su amiga le dijera; este mismo estado hacia que la castaña se sintiera en otra dimensión, por eso cuando llegó al lugar donde velarían a Aiko por lo que restara del día, contestaba con un "gracias por venir" casi mecánico. Reconoció a varias enfermeras del hospital y algunas mamás de los compañeros de clases de Aiko.
Se sentó cerca de donde estaba su hija, vio como poco a poco a su alrededor iban depositando flores blancas; Tomoyo seguía a su lado y de vez en cuando le pedía que tomara algo de agua, ella obediente lo hacía. Touya llegó un par de horas de después, ella por instinto corrió a su encuentro y dejó que la abrazara, escondió su rostro en su pecho y en silencio lloro mientras su hermano la sostenía. Al cabo de un rato fueron a sentarse junto a Tomoyo, Sakura quedó en medio de ambos y le sostenían cada uno una de sus manos.
Syaoran llegó junto a Eriol a la funeraria en el instante en el que Sakura salía disparada a abrazar a su hermano; el castaño tuvo un sinsabor, ya que esa misma imagen la presenció cuando estuvo en el funeral del abuelo de la castaña, le pareció ver a la Sakura desamparada de aquella vez. Eriol sacó a Syaoran de su trance cuando lo condujo al lado de las Li y para su sorpresa el papá de Sakura estaba a un lado de su madre.
—Lamentó tanto tu perdida—le dijo Fujitaka a Syaoran mientras se ponía de pie para abrazarlo.
—Yo debería ser el que le dijera esto—le susurró el castaño cerrando los ojos con fuerza.
—Como se hayan dado las cosas…al final del día también perdiste a tu hija—le contestó.
—Perdóneme…de verdad lo siento tanto—le pidió Syaoran mientras agachaba la cabeza y evitaba llorar.
—Yo no tengo nada que perdonarte Syaoran, porque al final del día, gracias a ti mi hermosa Aiko pudo estar en esta vida…gracias a ti pude experimentar el ser abuelo y fue realmente maravilloso—le contestó Fujitaka mientras lo obligaba a levantar la cabeza.
Cuando la noche estaba en su punto medio, la familia fue la única que quedó en el recinto haciendo guardia; ninguno de los presentes se atrevió a decir palabra alguna entre ellos, en un par de ocasiones se dejó oír algún sollozo. Tomoyo dejó a Sakura a cargo de Touya un par de horas en lo que ella se sentaba junto a Eriol; la castaña se dejó consolar por su hermano y él estuvo con ella en cada sollozo y en cada lágrima, ya que sentía un gran pesar en el corazón. Él como médico había visto a muchos niños perder la batalla y algunos casos habían tocado su ser; pero perder a su amada sobrina era un dolor magnificado en varias escalas; Touya había albergado esperanzas de poder ayudarla a tocar la campana del pabellón de oncología pediátrica que anunciarían que habían ganado la batalla... Ahora solo le quedaba cuidar a su hermana.
Cuando comenzó a amanecer, la realidad una vez más llamó a su puerta con más fuerza que en los últimos días, estaban a unas horas de darle sepultura a Aiko; por lo que un violento azote de dolor comenzó a carcomer a los presentes en la sala por dentro. Syaoran estaba realmente perdido y necesitado de paz, le era muy difícil lidiar con ese ambiente que se lograba sentir, le dolía darse cuenta que Sakura estaba muerta por dentro, su imagen era realmente alarmante, ya que parecía que todos los años que había luchado junto a su hija, la habían alcanzado y parecía otra persona. Realmente necesitaba sentir un poco de paz.
—¿Cómo te sientes?—le preguntó a Aiko.
—Aún muy cansada—le contestó.
—Es normal, me puedo quedar contigo si eso quieres, no es necesario que platiquemos esta tarde—le dijo Syaoran mientras se sentaba en la cama a un costado de su hija.
—Está bien…—le contestó Aiko mientas se acomodaba buscando quedar abrazando al castaño.
Estuvieron un par de horas en esa posición disfrutando de la cercanía del otro, Aiko había colocado su cabeza sobre su pecho y su semblante era muy apacible, realmente disfrutaba escuchar los latidos del corazón del castaño; Syaoran por su lado no dejaba de observarla y acariciar su espalda, se detuvo cuando sintió que Aiko se removía y se acomodaba para quedar viéndolo detenidamente.
—¿Necesitas algo?—le preguntó él preocupado.
—Sí—
—¿Quieres que vaya por Touya?—
—No…quiero saber algo importante—le susurro Aiko.
—¿Qué es eso importante?—Syaoran se preocupó un poco, ya que cualquier cosa podría salir de esa pequeña boquita que podría ponerlo en aprietos como cada vez que hablaban de cosas importantes.
—¿Quieres a mamá?—le preguntó la niña en voz baja, como si decirlo en voz alta fuera algo malo.
—Sí, la quiero mucho—le contestó él sin vacilar.
—¡Qué bueno! Entonces podré pedirte un favor—le dijo Aiko con alegría y regalándole una gran sonrisa.
—¿Qué favor?—
—Puedes cuidar a mamá cuando ya no esté, también puedes darle otro bebe y yo podré tener un hermanito o hermanita que cuidar desde el cielo—aquellas palabras y esa esperanza lo dejaron desarmados y completamente en blanco.
—Voy a cuidar a tu mamá, eso no lo dudes…pero no puedo prometerte que podré darte un hermanito o hermanita…tú eres nuestra única hija y por el momento deseamos que siga igual—le contestó Syaoran después de algunos minutos de meditar qué respuesta darle.
—Pero…yo…no quiero que estén tristes…no quiero que mamá y tú estén solos—le susurro Aiko con tristeza.
—¡Ay mi amor! La tristeza es normal cuando perdemos algo que amamos mucho y nosotros te amamos muchísimo, pero la tristeza no es eterna con el tiempo va menguando aunque en ocasiones vuelve a presentarse…pero Sakura es fuerte y yo también, no debes preocuparte por nosotros; además no estamos solos—le contestó Syaoran mientas le levantaba el rostro y le depositaba un beso en la coronilla.
—¿Me lo juras?—le preguntó la niña.
—Te lo juro—
—¿Cuándo ya no esté puedes tomarle la mano a mamá? Necesita que le tomen de la mano para calmarla, yo lo hacía y siempre funcionaba, mami volvía a sonreír—le explicó Aiko.
—Le tomare la mano si ella me deja—le contestó Syaoran.
—Ya le hice prometer por el dedo chiquito que dejara que la tomes de la mano cuando se asuste…ya sabes que mamá se asusta fácilmente—le contestó ella con una sonrisa.
—Entonces también te lo prometo por el dedo chiquito que tomaré la mano de Sakura cuando se asuste mucho—y ambos entrelazaron los dedos meñiques para sellando su promesa.
Sin darse cuenta había comenzado a llorar al recordar la última conversación que tuvo con su hija, y ahora no estaba seguro si iba a poder mantener su promesa; no sabía en qué condiciones se encontraba Sakura, tampoco se atrevía a conversar con ella, quería darle todo el espacio que ella necesitara; él se sentía muy avergonzando y culpable con ella…Syaoran realmente sentía un inmenso vacío en su corazón.
No supo cuánto tiempo pasó desde que fue consciente que comenzaba a amanecer, pero en algún punto llegaron los encargados de la funeraria para avisarles que iban a trasladar el cuerpo de Aiko a donde enterrarían; se puso en pie con la ayuda de Touya y en silencio comenzó a seguir aquel pequeño ataúd. Sakura se mantuvo en silencio durante el tiempo en que duró el caminar hacia la última morada de su pequeña; su padre y su hermano la tenían en medio de ambos, tras de ella iban Tomoyo y Eriol; y unos pasos más atrás la familia de Syaoran. Realmente era un cortejo pequeño e íntimo, estaban ahí las personas que realmente lamentaban la falta de su hija en este mundo; Sakura sintió cómo se le comprimió el corazón un poco más.
Detuvieron su andar después de algunos minutos, y en ese instante se animó a levantar la vista, frente a ella se encontraba un sacerdote; en ese mismo instante comenzó a perder su capacidad de razonar, dado que no recordaba haber pedido que llegara algún sacerdote, en realidad no era capaz de recordar en qué comento habían llamado a los de funeraria el día anterior, tampoco sabía cómo se había pagado todo esto. Sakura comenzó a tener síntomas de ansiedad al darse cuenta que no había hecho nada de estas cosas, ¿cómo había terminado todo esto aquí?, ella no había visto nada por haberse entregado al dolor de forma ciega. Y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, comenzó a sentir que el aire le faltaba, ella se sentía atrapada en un espiral de angustia sin fin.
El sacerdote había llegado a dar las oraciones pertinentes para darle Santa sepultura a Aiko y pidió a cada uno de los presentes que oraran para el pronto descanso de la pequeña y para que la resignación llegara a cada uno de ellos, por esto mismo nadie se percató que Sakura estaba comenzando a tener un ataque de ansiedad. Hasta que el sacerdote concluyó y esto dio pie a que comenzaran a bajar poco a poco el ataúd y fue en ese momento en que el caos reino.
Sakura cayó de rodillas mientras se llevaba las manos al pecho intentando poder jalar aire, Touya se apresuró a auxiliarla, pero no pudo hacer mucho, ya que la castaña comenzó a pedir a gritos que detuvieran todo, que por favor se fueran, que dejaran a su hija en paz; su hermano intento razonar con ella y no obtuvo resultados, Fujitaka pidió que esperan un poco antes de seguir con todo, con cuidado ayudó a Sakura a ponerse en pie y a tratar de tranquilizarla, sin obtener resultado y fue justo cuando la castaña estaba amenazando con llevarse a Aiko a casa que la sorpresa se instando en la familia. Nadie espero ver a Syaoran acercarse a Sakura y abrazarla con fuerza.
—¡Suéltame!—le demandó ella mientras se revolvía entre sus brazos.
—¡No! ¡Escúchame!—le dijo él mientras la abrazaba con más fuerza.
—¡Déjame!...¡Syaoran déjame!—le gritó Sakura mientras lo empujaba por el pecho.
—¡Sakura escúchame! ¡Sabes que debemos hacerlo!—Syaoran trataban de contenerla en sus brazos mientras ella optaba por comenzar a golpearle el pecho.
—¡No me queda nada!—le grito ella mientras comenzaba a llorar con más fuerza.
—No nos queda nada Sakura...yo le prometí a Aiko que cuidaría de ti—le susurro él mientras sentía como poco a poco Sakura dejaba golpearlo.
—No te necesito…necesito a mi hija…no pude protegerla—le confesó ella mientras su llanto se intensificaba.
—Yo sé que no me necesitas, pero justo en este instante sí…estoy seguro que también le prometiste cosas a Aiko…lo sé porque también le prometí algunas y voy a cumplirlas—Y al decirle esto Syaoran vio como esos ojos verdes se abrían más de la cuenta.
—¿Tomarás mi mano solo por esta vez?—le preguntó Sakura al recordar su promesa.
—Sí, la tomaré hasta que esto termine o tú estés más tranquila—le susurro Syaoran mientras entrelazaba sus dedos con los de ella.
Cuando todos vieron que Sakura se calmó, dieron la orden de que todo siguiera su curso; ambos castaños se quedaron tomados de la mano, mientras observaba en completo silencio cómo quedaba colocada la lápida con el nombre de Aiko Kinomoto Li, pues al final Aiko le había pedido a Sakura que deseaba tener el apellido de Syaoran. Este detalle hizo que las lágrimas salieran raudas de los ojos de todos los integrantes de la familia Li.
Ninguno de los dos dijo palabra alguna, se acompañaron en silencio…ese silencio que era su amigo desde que se conocieron; habían aprendido que juntos podían pasar cada trago amargo que la vida les pusiera en su camino. Pero desafortunadamente en esta ocasión era la última vez que se acompañarían, en el fondo de su ser lo sabían, se habían roto tantas veces que no podían pegarse sin que les faltaran piezas, sus caminos definitivamente estaban separado, la muerte de Aiko era la pieza más grande que les faltaría para poder pegarse por completo. Su historia había llegado a su fin de una forma cruel y llena de heridas que necesitarían mucho tiempo para sanar.
No se dieron cuenta cuando se quedaron solos, tampoco sabían cuánto tiempo llevaban de pie frente a Aiko, pero de alguna forma sabían que estaban despidiéndose entre ellos, sabían que les serias difícil poder tener incluso una relación de amistad. Su gran historia de amor estaba empañada por muchos agravios y sin sabores, la culminación máxima del amor que pueden tener los amantes había desaparecido, su amor no bastó para salvarse ellos, ni para poder detener la enfermedad de su hija; y sin embargo, al mismo tiempo estaba tatuado en sus almas y sus corazones. Detrás de todo el amor que se tuvieron había un cúmulo de decisiones que los condujeron a separarse…sería la última vez se soltarían las manos para caminar por senderos opuestos.
Nos estamos leyendo.
Con cariño:
Tinuviel
