Capítulo 18 Explicación


¡Hinata no se había ido!

Naruto la divisó a través de las puertas correderas de la sala mientras ella permanecía de pie en medio del patio trasero mirando en dirección a Heartache Mountain. Músculos que no se había dado cuenta que tenía tensos, comenzaron a aflojarse. Aun estaba aquí.

Había estado entrenando en el gimnasio cuando Konohamaru había irrumpido en la sala de pesas diciendo que su esposa había cargado el ordenador en el coche y se preparaba para regresar a Konoha. A Konohamaru le había llevado un par de horas dar con él y cuando Naruto había salido disparado para casa, aún llevaba pantalones cortos, una camiseta gris empapada de sudor y deportivas; lo había aterrorizado que ella se pudiera haber ido.

Aún no entendía por qué ella haría algo tan drástico. Concedido, había sido hosco y grosero esa mañana. Lo había lamentado desde entonces y ya había tomado la decisión de volver con tiempo suficiente para tomarse su sopa de fideos casera. Pero suponía que Hinata armaría una buena. Fácilmente se la podía imaginar estrellándole una sartén de hierro en la cabeza, pero no se la podía imaginar haciendo las maletas y yéndose.

Ahora ella estaba ante él, arreglada y reservada y se le ocurrió que la única persona que conocía, cuyas ropas estuvieran tan pulcras como las de ella, era su hermano menor. Había escogido uno de esos vestidos de cintura alta, de algodón, cómodo para viajar, de color crema, con grandes botones marrones en todo el frente. Le quedaba tan holgado que nadie podría notar que estaba embarazada, pero de alguna manera parecía pulcra y elegante. La amplia falda del vestido cubría la mayor parte de sus piernas, pero no esos pequeños tobillos delgados o los estrechos pies dentro de unas sencillas sandalias de piel.

Una diadema de carey retiraba pulcramente el pelo de su cara. Observó el juego de la luz del sol en las hebras negras y pensó lo bonita que estaba. Era maravillosa, su esposa, y mientras la miraba, sintió un revoltijo de emociones: ternura y lujuria, confusión y resentimiento, cólera y deseo. ¿Por qué tenía que ir y enfadarse ahora con él? Un mal carácter era más que suficiente en cualquier familia y ese mal carácter le correspondía a él.

Pero su carácter no era el problema real. Un par de horas en el dormitorio y la haría olvidarse completamente de lo gilipollas que había sido esa mañana y de cualquier estúpida idea que tuviera sobre regresar a Konoha. No, el problema real era más profundo. ¿Por qué le tenía que haber dicho que le amaba? ¿No entendía que una vez que esas palabras se decían, nada volvía a ser lo mismo?

Si únicamente hubiera entrado en su vida diez años antes, antes de estar preocupado por estar haciéndose mayor, antes de no ver más que un espacio en blanco esperándolo cuando dejara de jugar al fútbol. Era fácil para la profesora pensar en establecerse. Ella tenía un trabajo importante que la mantendría ocupada el resto de su vida. Él no y ahora no podía superar la sensación de que su vida se dirigía sin rumbo en una dirección que no estaba listo para tomar, una dirección que podría satisfacer a Asuma Yuhi, pero que sin duda alguna no servía para él.

Cuando agarró el pomo de la puerta corredera de cristal, sintió sólo una cosa. Hinata estaba seriamente enfadada y el mejor lugar para conseguir que se le pasara era debajo de las sábanas. Pero antes de poder llevarla allí, tenía que hacer las paces con ella.

—Hola, Profesora.

Hinata giró hacia la voz de Naruto y se hizo sombra en los ojos con la mano. Estaba despeinado, sudoroso y guapísimo cuando salió a la terraza. Algo se atascó en su garganta, algo grande y doloroso que la hizo sentir que se ahogaba.

Él se apoyó en el marco de la puerta y le brindó una amplia sonrisa lobuna.

—Me he estado entrenando y no he tenido tiempo de ducharme, así que si estás de humor para un poco de sexo salvaje, será mejor que subas corriendo esas escaleras ahora mismo y me vayas preparando el agua.

Ella metió las manos en los bolsillos del vestido y lentamente subió las escaleras de madera. ¿Cómo podía comportarse él así cuando había hecho algo tan imperdonable?

— Danzo Shimura llamó esta mañana. —Se adentró en la terraza.

—Aja. ¿Y que me dices de meterte en la ducha conmigo para que me puedas restregar la espalda?

— Shimura te envió un informe. Lo leí.

Finalmente atrajo su atención, aunque no pareció particularmente alarmado.

—¿Desde cuándo te interesa leer mis contratos?

—El informe era sobre mí.

Su amplia sonrisa desapareció.

—¿Dónde estaba?

—En tu escritorio. —Ella lo miró de reojo y trató de tragarse la burbuja de dolor que estrangulaba su voz—. Necesitas tomar una decisión sobre mí de inmediato porque sólo tienes dos días antes de que se reúna la Junta de directores de Laboratorios Sanofi. Afortunadamente, tu abogado ya ha hecho el trabajo inicial. Se reunió con Nagato Miles y los dos se pusieron de acuerdo sobre los detalles más sórdidos. Todo lo que tienes que hacer es firmar un cheque con montones de ceros.

—No sé de lo que hablas.

—¡No te atrevas a mentirme! —Cerró sus manos en puños—. ¡Le ordenaste a Shimura que me llevara a la ruina!

—Voy a llamarle ahora mismo y aclarar esto. Es un malentendido. —Se giró hacia las puertas correderas, pero llegó antes de que las pudiera abrir.

—¿Un malentendido? —No pudo disimular su amargura—. ¿Le dices a tu abogado que destruya mi carrera y dices que es un malentendido?

—Nunca le dije eso. Dame sólo una hora y luego te lo explicaré todo.

—Explícate ahora.

La miró y se imaginó que merecía algo más y se separó de la puerta diciendo improperios.

—Dime lo que ponía ese informe.

— Shimura le prometió a Nagato Miles, el director del proyecto Sanofi, que les darás a los laboratorios un cheque con la condición de que me despidan. —Inspiró profunda y temblorosamente—. Nagato espera hablar contigo antes de despedirme, luego planea anunciar tu generosidad a la Junta de directores cuando se reúnan el miércoles.

Naruto maldijo suavemente por lo bajo.

—Espera que coja a ese hijo de puta. Ésta no es la primera vez que Shimura carga demasiado las tintas.

—¿Me estás diciendo que todo esto es idea suya?

—Joder, claro que lo es.

La emoción atravesó su garganta.

—No hagas esto, Naruto. No juegues conmigo.

La afrenta relampagueó en sus ojos.

—¡Sabes que no haría algo así!

—¿Entonces no le dijiste que me investigara? ¿No le dijiste que se enterara de donde era más vulnerable para usarlo contra mí?

Él se frotó la barbilla con los nudillos, pareciendo más intranquilo que nunca.

—Fue hace mucho tiempo. Es complicado.

—Soy muy brillante. Explícate.

Él se dio la vuelta hacia las puertas correderas y el corazón de Hinata se hundió al tiempo que intentaba que sus sentimientos no se mostraran en su mirada.

—Tienes que recordar cómo estaban las cosas entre nosotros cuando todo esto comenzó. Nunca he sido un hombre que dejara que nadie se aprovechara de mí y quería castigarte. —Se metió el pulgar en la cinturilla de los pantalones y lo movió hacia atrás—. Le dije a Danzo que quería desquitarme y le ordené que te investigara para poder saber por donde atacarte.

—¿Y qué salió en tu investigación?

—Que no tienes nada que ocultar. —Finalmente la miró—. Que eres genial y trabajadora. Y que tu trabajo lo significa todo para ti.

—No necesitabas un equipo de detectives para saber eso.

—No te conocía.

—Entonces decidiste quitarme mi trabajo —dijo quedamente.

—¡No! —Agarró el pomo de la puerta—. Después de las primeras semanas, me calmé y lo olvidé todo. ¡Lo olvidé!

—No te creo. Ningún abogado pondría en movimiento algo así sin autorización.

—Tenía mi autorización. No para esto, pero… —Empujó la puerta, la abrió y entró en la casa—. Es sólo que nunca tuve tiempo para decirle que lo olvidara todo. ¡Eso es todo!

—¿Cómo es eso? —Le preguntó mientras lo seguía.

—Es sólo que no hablamos de eso. —Se detuvo al lado de la chimenea—. Tuvimos que hacer un montón de cosas. Uno de mis contratos se fue a la mierda. Era un completo desbarajuste y llevó tiempo ponerlo bien. Luego se fue de vacaciones y pasé de contestar un par de llamadas suyas

—¿Por qué?

—No estaba de humor para tratar sobre los contratos.

—Yo no soy un contrato.

—No. ¡No creía que lo había entre nosotros fuera un jodido contrato! —Pareció frustrado—. Nunca se me ocurrió que intentaría tomar medidas contra ti sin mi aprobación para seguir adelante.

—Pero suena como si tú ya se la hubieras dado.

—Sí, pero… —Extendió la mano en un gesto que fue extrañamente vulnerable—. Hinata, lo siento. No pensé ni por un minuto que hiciera nada sin hablar conmigo.

Ella debería haberse sentido mejor. Después de todo, no había estado conjurando contra ella el mes pasado, pero todavía se sentía fatal.

—Esto no habría ocurrido si hubieras cogido el teléfono y le hubieras dicho que recogiera sus perros. ¿Por qué no lo hiciste, Naruto? ¿Tenías miedo de perder tu hombría echándote atrás?

—Es sólo que no parecía importante, eso es todo. Las cosas estaban bien entre nosotros y la venganza era lo último en lo que pensaba.

—Estuvo mal que no le dijeras a tu sanguijuela todo esto.

Se pasó la mano por el pelo ya despeinado.

—Mira, el daño aún no está hecho. No tengo intención de darle a Sanofi ni un penique y si alguien trata de echarte, les pondré una denuncia por discriminación tan rápido que no sabrán ni quienes son.

—Es asunto mío, Naruto, no tuyo.

—Sólo dame un par de horas. Arreglaré todo esto, te lo prometo.

—¿Y entonces qué? —preguntó quedamente.

—Después no tendrás que preocuparte de nada parecido otra vez.

—Eso no es lo que quiero decir. Después de que lo arregles todo, ¿qué pasará entre nosotros?

—No pasará nada. Todo volverá a ser como antes. —Él se movió hacia su estudio—. Voy a hacer las llamadas telefónicas, luego descargaré tu coche y podremos salir a comer. No me puedo creer que quisieras irte.

Ella lo siguió a su estudio y se detuvo en la puerta. Se frotó los brazos, pero el escalofrío que sintió venía de dentro no de fuera.

—No creo que vayamos a ser capaces de que las cosas vuelvan a ser como antes.

—Te aseguro que podemos. —Él se movió hacia su escritorio—. Te juro por Dios que voy a despedir a Shimura.

—No lo culpes por lo que tú comenzaste —dijo suavemente.

Él se giró hacia ella con el cuerpo rígido.

—¡No sé como te atreves a decir eso! ¡Tú eres la que comenzó todo, no te olvides!

—¿Cómo voy a olvidarme si me lo echas a la cara cada vez que puedes?

La miró encolerizadamente y le devolvió una mirada similar. Luego ella apartó la mirada. Este juego de echarse las culpas no valía para nada.

Se metió sus manos con fuerza en los bolsillos de su vestido y se recordó a sí misma que su peor miedo había sido infundado. Él no había estado planeando nada contra ella al mismo tiempo que hacían el amor. Pero el nudo horrible de su estómago no desaparecía. Lo sucedido era meramente un símbolo de todos los problemas que permanecían latentes entre ellos, problemas que ella había ignorado o había tapado con colorines como si no existieran.

Ella recordó la esperanza que había tenido sólo un par de días antes de que la amase. Recordó todos los castillos en el aire que había construido en su cabeza. Era irónico que ella, una persona tan acostumbrada a los métodos científicos pudiera haber abandonado tan rápidamente la lógica en pos de sus deseos.

Sacó las manos de los bolsillos y las unió delante de ella.

—Necesito saber hacia dónde nos dirigimos, Naruto, y cuales son tus sentimientos por mí.

—¿Qué quieres decir?

La incomodidad en su voz indicaba que sabía exactamente lo que ella quería decir.

—¿Qué sientes por mi?

—Tú sabes lo que siento.

—En realidad, no lo sé.

—Entonces, no has debido prestar atención.

Él iba a hacer esto todavía más difícil de lo que era, pero ella no se iba a echar atrás. El tiempo de la ilusión había pasado. Necesitaba saber exactamente dónde estaba.

—El único comentario directo sobre el tema que puedo recordar, es oírte decir que te gusto.

—Por supuesto, me gustas. Ya lo sabes.

Ella le sostuvo la mirada y se obligó a sí misma a decir las palabras que parecían estar atascadas en su garganta.

—Te dije que te amaba.

Él bajó la vista y ella se dio cuenta de que él no era capaz de mantenerle la mirada.

—Supongo que yo…, yo me siento halagado.

Ella se clavó las uñas en las palmas de las manos.

—No lo creo. Creo que mi sinceridad te asusta muchísimo. Y también creo que tú no me amas.

—¿Qué diablos significa todo esto? —Él miró hacia su escritorio—. Nos llevamos mejor de lo nunca pudimos suponer y vamos a tener un niño. ¿Por qué tenemos que ponerle una etiqueta a esto? Me preocupo por ti y eso para mí es mucho. —Se sentó en la silla como si la discusión hubiera terminado.

Ella no lo iba a dejar así. Quizá había ganado un poco de sabiduría en los últimos meses, o tal vez fuera simplemente obstinación, pero ahora esperaba de esta relación algo más que sexo y algunas risas.

—Me temo que eso no es suficiente para mí cuando pienso en el futuro.

Él hizo un ademán impaciente con la mano.

—El futuro se hace a sí mismo. Ninguno de nosotros puede saber que va a pasar.

—La última vez que hablamos del futuro, la idea era que obtendríamos el divorcio tan pronto como el bebé naciera. ¿Es eso lo que quieres ahora?

—Falta mucho. ¿Cómo sé que puede ocurrir?

—¿Pero es ese todavía tu plan?

—Ese era el plan original.

—¿Y ahora?

—No lo sé. ¿Cómo podría saberlo? Se vive día a día.

—No quiero medir mi futuro por días.

—Bueno, pues así es como va a ser por ahora.

Él no cedería y no podía aceptar eso. Las lágrimas llenaron sus ojos, pero ella se negó a dejarlas caer. Tenía que liberarse ahora, cuando aún tenía su dignidad intacta y tenía intención de hacerlo honestamente.

—Me temo que no puedo soportarlo más, Naruto. No tenía intención de enamorarme de ti, sé que no me lo pediste, pero es lo que sucedió. Parezco destinada a fastidiarte siempre. —Se lamió los labios resecos—. Me vuelvo a Konoha.

Él se levantó de golpe detrás del escritorio.

—¡Y una mierda que te vas!

—Contactaré contigo después de que nazca el bebé, pero hasta entonces, apreciaría si te comunicaras conmigo a través de mi abogado. Te aseguro que no pondré ningún tipo de impedimentos en lo referente a las visitas.

—Estás huyendo. —La miró con cólera, con una actitud claramente agresiva—. No tienes valor para quedarte y hacer que funcione, te escapas.

Ella luchó para hablar con tranquilidad.

—¿De qué serviría que intentara que funcionara? Todavía querrías el divorcio.

—No tengo prisa.

—Pero aún piensas en eso.

—¿Qué más da? Somos amigos y no hay ninguna razón para que se vuelva desagradable.

El dolor creció en su pecho cuando él confirmó lo que ya sabía. No veía su matrimonio como algo permanente. Era cuestión de tiempo. Le dio la espalda y se fue al vestíbulo.

Él estuvo a su lado en un instante. Una vena latía en su sien y su expresión era salvaje. No la sorprendía. Un hombre como Naruto no se tomaba bien los ultimátum.

—¡Si piensas que voy a correr detrás de ti, te equivocas! En cuanto salgas por esa puerta da nuestro matrimonio por terminado. Estás fuera de mi vida, ¿me oyes?

Ella inclinó la cabeza rígidamente y se tragó las lágrimas.

—¡Lo digo en serio, Hinata!

Sin chistar, siguió su camino y salió de su casa.

Naruto no permaneció allí viéndola partir. Pateó la puerta cerrada y entró en la cocina, dónde agarró una botella de whisky escocés de la despensa. Por un momento no pudo decidir si era para beberla o para estrellarla contra la pared. Que lo condenaran antes de que lo empujara hacia algo para lo que aún no estaba preparado.

Él sacó el tapón e inclinó la botella hacia sus labios. El whisky ardió en su garganta. Si esa era la manera en que ella quería las cosas, entonces de acuerdo. Se pasó el revés de la mano por los labios. Era hora de que su vida regresara a la normalidad.

Pero en lugar de sentirse mejor, quiso echar la cabeza para atrás y aullar. Tomó otro trago y pensó en sus quejas contra ella.

¡Le había ofrecido más de lo que nunca le había ofrecido a ninguna mujer, ¡su jodida amistad! ¿Y qué hacía ella? ¡Se la tiraba a la cara sólo por que no se ponía de rodillas y le rogaba que escogieran un maldito papel para la pared!

Su mano agarró con fuerza la botella. No se iba a rendir. Había montones de mujeres allí afuera a cada cual más joven y bonita, mujeres que no tenían el impulso de pelearse con él por cada pequeñez, que harían lo que él quería y que cuando se lo pidiera le dejarían solo. Eso es lo que quería. Alguien joven y bello que lo dejara solo.

Tomó otro trago. Luego entró en su estudio donde se puso a la tarea de beber seriamente.


Hinata sabía que no podía irse hasta que le dijera adiós a Mito. También sabía que no podía ceder a su dolor ahora mismo, así que parpadeó y aspiró profundamente mientas conducía hacia Heartache Mountain. El coche de Mai no estaba a la vista y se sintió agradecida de poderle decir adiós a Mito sin testigos.

La casa parecía otra desde la primera vez que la había visto. Naruto la había pintado de blanco. Él había arreglado los postigos caídos y el escalón roto. Cuando entró y llamó a Mito, se negó a recordar la risa que habían compartido cuando habían estado trabajando.

Cuando llegó a la cocina, vio a Mito a través de la puerta de tela metálica. Estaba sentada al sol, en el exterior, desgranando guisantes sobre un tazón de alfarería que tenía en el regazo. Cuando Hinata miró el movimiento rítmico de los dedos nudosos de Mito, quiso tomar el tazón y abrir ella los guisantes. Desgranar guisantes era una tarea que no se hacía con ningún aparato. Se realizaba exactamente igual ahora que hacía cientos de años. Repentinamente le pareció que desgranar esos guisantes llevaría algo sólido a su vida, la uniría a todas las mujeres que la habían antecedido, a todas las mujeres que a lo largo de la historia habían desgranando guisantes y sobrevivido a la pena de que sus hombres no hubieran correspondido a su amor.

Se mordió el labio, luego salió. Mito giró la cabeza.

—Hace tiempo que no venías de visita.

Ella se sentó en la silla del césped al lado de Mito y miró el tazón que reposaba en su regazo y al periódico donde iba depositando las vainas. En ese momento, su contenido le parecía precioso y completamente necesario para su bienestar.

—¿Puedo hacer eso?

—No me gusta que se desperdicien.

—Bien. —Sus manos temblaban cuando tomó el tazón. Con concentración extrema, inclinó la cabeza, cogiendo una de las vainas y doblando cuidadosamente los extremos. Aparentemente no lo hacía mal por que Mito no la criticó. Abrió la vaina y dejó caer los guisantes en su regazo concentrándose en la tarea de desgranar los guisantes.

—'sos guisantes los compré en la tienda. Los que crecerán en mi huerto serán mejores.

—Desearía quedarme aquí lo suficiente para verlo. —Su voz parecía casi normal. Tenía un tono un poco incierto. Como una sombra. Pero era casi normal.

—'starán listos mucho antes de que Naruto tenga que irse a entrenar y os vayáis a Konoha.

Hinata no dijo nada. En vez de eso, cogió otra vaina, hincó la uña del pulgar en el extremo y la abrió.

Durante los siguientes minutos se dedicó a los guisantes, mientras Mito miraba brincar un pajarito de una rama a otra del magnolio. Pero en vez de traerle paz, la calma de Mito y el calor del sol sobre su piel, junto con su repetitiva tarea, hizo que mantener sus defensas en su lugar se volviera difícil y lentamente se desmoronó emocionalmente.

Una lágrima salió de sus ojos, recorrió su mejilla y salpicó encima del corpiño de su vestido de algodón. Cayó otra y luego otra. Se le escapó un hipido trémulo. Continuó desgranando guisantes y dejando que saliera su pena.

Mito miró cómo el pájaro emprendía el vuelo y luego siguió el camino de una ardilla en el mismo árbol. Una de las lágrimas de Hinata goteó en los guisantes.

Mito comenzó a canturrear suavemente en voz baja. Hinata acabó los guisantes, luego buscó frenéticamente si se había dejado alguno.

Mito metió la mano en el bolsillo de su viejo delantal, extrajo un pañuelo rosa y se lo entregó. Hinata se sonó y comenzó a hablar.

—Yo no q-q-quiero hacerlo, Mito, pero ya no puedo aguantar más. Tengo que irme. N-n-no me ama.

Mito frunció sus labios con desaprobación.

—Narutobi no sabe lo que siente.

—Es lo suficiente mayor para saberlo a estas alturas. —Se sonó con enojo.

—Nunca he conocido a un hombre que odiara más hacerse viejo. Normalmente, cumplir años les molesta a las mujeres.

—No podía marcharme sin despedirme. —Tenía que escaparse y casi dejó caer los guisantes cuando se levantó.

—Dámelos antes de que se te caigan al suelo.

Hinata lo hizo. Mito se puso de pie.

—'res una buena chica, Hinata Namikaze. Él recuperará pronto la cordura.

—Creo que no.

—Algunas veces una esposa necesita un poco de paciencia.

—Me temo que no me queda. —Más lágrimas rodaron por sus mejillas—. Además, no soy una esposa de verdad.

—Francamente, 'so es una tontería.

Ella no tenía palabras para discutir, por lo que envolvió la pequeña mujer, de endebles huesos, entre sus brazos.

—Gracias por todo, Mito, pero me tengo que ir. —Después de un tierno abrazo, se apartó y se giró hacia la casa.

Al hacerlo vio a Kushina Mai en la puerta de atrás.

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