Disclaimer: Sonic the Hedgehog no me pertenece. Es propiedad de SEGA.

Nota: Los personajes asumen edades mayores a las originales; Amy tiene 16 y Sonic 19.


Capitulo 1

Rosas rojas.

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El sol había alcanzado su punto máximo en el cielo. Un ligero viento soplaba de vez en cuando y aminoraba un poco el calor.

Amy Rose dejó de lado su pequeña pala de jardinería, se quitó el enorme sombrero de sol que llevaba puesto y observó con orgullo el trabajo que la había mantenido ocupada desde temprano. No era ningún secreto que una de sus mayores aficiones era la jardinería; su pequeño oasis se encontraba detrás de su choza, delimitado por una sencilla cerca de madera.

Poseía diversos tipos de flores y árboles frutales: geranios, lavandas, claveles, tulipanes, manzanos, duraznos… pero sin duda sus favoritos eran los rosales, especialmente aquellos de color rojo, pues representaban amor, pasión y entrega.

Los mismos sentimientos que tenía por Sonic.

Sonrió, colocó de nuevo su sombrero, se hincó y mientras escarbaba un lugar para sus petunias, su mente fantaseó con la idea de que él estuviera aquí con ella, compartiendo una de sus aficiones.

Aparentemente el destino quería que las cosas corrieran a su favor.

—Amy, ¿estás aquí?

Ella giró en dirección a la voz que la llamaba y su corazón latió con fuerza.

—Sonic… — susurró Amy.

El aludido abrió la puerta y avanzó con calma por el jardín, mirando atentamente la flora en el; ella apretó la pequeña pala contra su pecho.

Esto realmente no podía estar pasando.

— Hola Ames, ¿Qué tal todo?

— ¿Qué haces aquí? —preguntó ella, sintiendo como el rubor subía por sus mejillas. El erizo rascó la parte posterior de su cabeza, claramente nervioso.

— Bueno… salí dar un paseo y, no sé… decidí pasar a verte.

Amy le regaló una genuina sonrisa. Se sentía alagada con su presencia.

— Me alegra mucho tu visita, y aunque me encantaría ponerme al día contigo, estoy un poco ocupada.

Sonic le dio una sonrisa de lado.

— Bueno… podría darte una mano con eso.

Amy tuvo una dulce sensación en el corazón.

— Eso sería maravilloso.

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Sonic no imaginó lo entretenido que podía resultar trabajar con la tierra. Pasó el resto del día escarbando y haciendo hoyos, traspasando plantas a la tierra, quitando las mala hierbas, poniendo abono y regando. Sin duda fue algo divertido.

Mientras la tarde caía, él se encontraba barriendo el jardín. En cierto momento su mirada se posó en Amy, quien terminaba de regar los rosales. Le provocaba curiosidad el interés y la pasión que ella ponía al realizar estas labores y el amplio conocimiento que tenía de estas cosas; mientas trabajaban ella le explicó diversas cosas acerca de las plantas: cuáles eran las mejores para determinada estación, como evitar las plagas, cuáles era conveniente tener en sombra, porque los tulipanes debían ir al lado de los geranios y muchas cosas más.

Reflexionó en el paso del tiempo: poco quedaba de aquella niña enamorada que lo perseguía a todos lados proclamándole su amor y darse cuenta de ello, era como un golpe bajo para su ego. Sin embargo, Sonic estaba seguro de que la rosada aún tenía sentimientos por él, y si bien, era cierto que la había rechazado infinidad de veces, no había sido porque le desagradara, siendo sincero consigo mismo, era muy linda y la quería mucho, pero en su corazón…

— Esas hojas no van a barrerse solas.

Sonic se había ensimismado tanto, que por un momento olvidó que la chica en quien pensaba se encontraba a escasos metros de él. Amy estaba frente a sus rosales, con una mano en la cintura y la otra cargando una canasta con sus utensilios de jardín. El azulado se sonrojó ligeramente, bajó la mirada y sin decir nada siguió haciendo su trabajo.

Amy soltó una risilla al verlo así, no eran común en él ese tipo de reacciones, aun así, podía asegurar que conocía cada una de las facetas y estados de ánimo del chico mejor que nadie. Era uno de los privilegios de ser su mejor amiga.

Amiga.

Un suspiro pesado salió de sus labios y no pasó desapercibido para él; se apresuró a juntar las hojas y colocarlas dentro de una caja de cartón.

Amy se acercó con una gran sonrisa en el rostro mientras que Sonic se puso de pie y sacudió sus manos para quitar un poco de tierra de sus guantes; estando frente a él, con delicadeza acarició su mejilla para después colocar un suave beso, retrocedió rápidamente y vio con orgullo como las mejillas de su compañero se pintaron de un fuerte carmesí.

— Muchas gracias, no hubiera podido terminar sin ti.

— Vamos, Ames— dijo un poco nervioso— sabes que no es nada, realmente disfrute hacer esto contigo. Quizá un día puedas ir a mi choza y ayudarme un poco a mejorar el jardín y…

Amy dejó de escucharlo. Se perdió en sus ojos verdes mientras el deseo de lanzarse a sus brazos se volvió casi incontrolable… amaba tanto a este hombre.

El sonido de su canasta cayendo y regando todas sus herramientas la hizo volver en sí. Rápidamente ambos se agacharon para levantar las cosas, pero al momento que lo hicieron sus frentes chocaron entre sí, inclusive el sombrero de Amy cayó de su cabeza. Ambos soltaron un gemido de dolor, se miraron a los ojos y empezaron a reír.

Sonic se levantó y continuó riendo mientras palpaba su frente; Amy se dejó caer de espaldas mientas reía, con una mano frotaba su golpe y con la otra agarraba su estómago.

Un ligero viento sopló en aquel jardín y algunos vilanos de dientes de león volaron entre ellos; con calma dejaron de reír y se miraron sin decir nada. Sonic se quedó ahí de pie y Amy se acomodó para quedar sentada en el pasto.

— ¿Sabes cuáles son mis flores favoritas?— soltó de repente la erizo rosada.

La pregunta desconcertó a Sonic, quien no respondió, aunque, a decir verdad, ella no esperaba que lo hiciera.

— Amo las rosas— respondió ella— pero las que me fascinan son aquellas que son rojas. Cuenta una leyenda que fueron creadas por una gran deidad para ayudar a los enamorados a expresar sin problemas sus sentimientos, dedicar una flor de estas sería la máxima prueba de amor. Su color representa el fuego, el deseo y la pasión. También simbolizan admiración y respeto. Mi jardín en su mayoría tiene rosas rojas porque me ayudan a expresar todo lo que siento por ti.

El rostro de Sonic se cubrió de un fuerte rubor ante sus palabras y la sonrisa que ella le daba sólo lograba ponerlo más nervioso, realmente no podía creer que ella tuviera esa clase de efecto sobre él. Igual sabía que hablaba enserio al decir que su jardín era una especie de santuario dedicado a su persona… que equivocado estaba al creer que el amor de Amy por él había disminuido.

Lo único que él atinó a hacer ante esto, fue extender sus manos hacia ella para ayudarla a levantarse; la rosada las tomó y sin gran esfuerzo se puso de pie. Ambos se quedaron ahí, estáticos, aún unidos, mirándose a los ojos.

Amy deseaba poder quedarse así para siempre, que su mirada transmitiera todo su sentir y que él pudiera corresponderle. Con calma, acercó su rostro al del erizo y juntó sus labios con los de él. Sonic ni siquiera intento alejarse, realmente había esperado esto, por lo que simplemente cerró los ojos y se dejó llevar por el momento: ella comenzó a pasar con delicadeza sus manos por las largas púas azules; él posó sus manos en las mejillas de ella, en un intento de profundizar el beso; ante tal acción, Amy comenzó a soltar unas lágrimas.

— Hey, ¿qué sucede? — preguntó él separándose de sus labios, pero sin soltar su rostro. Ella simplemente bajó la mirada, en un inútil intento por esconder el llanto silencioso que ahora no podía controlar.

Cómo le explicaba que lo que acababa de suceder era lo que más deseaba en la vida. Que con ello confirmaba nuevamente sus sentimientos por él. Para ella esto era más que un simple beso.

— Está bien si no quieres decirlo, yo…

— Ese es el detalle Sonic— dijo ella devolviéndole la mirada — ya no quiero callarlo... no puedo callarlo más. Quiero que me dejes quedarme contigo, quiero conocer todos tus secretos, desde los más bellos hasta lo más obscuros... quiero darte las piezas de mi ser, déjame enseñarte lo que tengo para hacerte feliz.

Sonic sonrió con sus palabras, estas realmente reconfortaron su corazón. Estaba seguro de que a su lado las cosas serían agradables. Además, deseaba recompensar todo lo que ella había hecho por él; realmente quería cuidarla, protegerla y amarla.

— Amy, yo… quiero darte lo mismo, permíteme cuidarte y demostrarte mi afecto.

Ella no daba crédito a sus palabras. Con gran felicidad, y sin poderse controlar se lanzó a los brazos de Sonic, lo inesperado del momento hizo que éste perdiera el control y que ambos cayeran. Algo en el erizo macho se agitó al verla llorar nuevamente, por lo que decidió tomar la iniciativa esta vez y besó con apremio los labios de su compañera, en un intento de reconfortarla.

Este jardín era testigo del amor que ambos erizos habían aceptado y de la promesa silenciosa de hacer lo posible para que funcionara.

Amy sentía una gran dicha, estaba segura de que de lo amaría hasta morir, quizá a Sonic le tomaría un poco más de tiempo, pero sería paciente, pues finalmente estaba mostrándole ese lado que siempre anheló.

Sonic tenía miedo. Hacía mucho que no experimentaba emociones así, pero estaba seguro de que Amy lo merecía, ella sería paciente con él y lo ayudaría a que sus sentimientos florecieran, después de todo ella era buena en eso.

Por ahora, ambos se permitieron disfrutar del inicio de esta etapa juntos.


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Hola.

De nuevo con un relato de estos erizos a los que amo mucho, de verdad que sí. Realmente había pasado un largo tiempo desde la última vez que me obsesione con un ship, porque si, cuando me obsesiono con algo no puedo quitármelo de la cabeza. Me he leído muuuchos fics de esta pareja porque pues la cuarentena me ha dado bastante tiempo para ello y para escribir mis propias cosas.

Espero que te guste esto, disfrute mucho escribirlo y editarlo como 15 veces antes de publicarlo. Realmente espero que este todo correcto, porque enserio, fue más lo que me tarde revisándolo que escribiéndolo.

En fin, si has llegado hasta acá, te lo agradezco mucho.

Saludos.