Disclaimer: Este fanfiction está basado en el juego "Several Shades of Sadism", sobre todo la ruta de Mei Tarantino, personaje que es imposible no amar, y tiene ciertas semejanzas con Edward. Yo solamente tomo algunas ideas y lo adapto al fandom de Twilight y a la pareja bellward.
CAPÍTULO 3: COMIENZO
POV BELLA
Edward entra a su suite y me indica que entre tras prender unas luces.
El corto pasillo nos lleva al living donde tiene un hermoso y elegante piano de cola. La decoración es muy acorde a lo que yo imaginaba, y el orden en el living se nota. En la mesa de te entre el televisor y los sillones hay varias carpetas opacas una arriba de otra que supongo deben ser documentos o partituras.
Todas las habitaciones del pent-house están insonorizadas, nadie desde afuera puede escuchar lo que pasa dentro.
Es un digno apartamento para un pianista. Mi corazón late rápido por la emoción de pensar en mi nuevo trabajo.
Edward me guía por su suite.
-Este es el living… aquí encontrarás la cocina y el baño… mi habitación se encuentra allí.
-De acuerdo.
-¿Por qué estás tan entusiasmada?
-¿Qué?
Le dedico una mirada ansiosa, mientras él me observa de forma rara.
-Solamente te dije donde están las cosas y tú estás entusiasmada.
-¿Perdón, señor? Sólo me siento complacida de tener nuevas responsabilidades.
-¿Tú disfrutas mucho servir a otros?
-Cuando lo pones de esa manera tal vez suene un poco raro. Pero, yo disfruto hacer felices a las personas con mi trabajo. Entonces, siempre estoy feliz de tener nuevos huéspedes para ayudar.
Al entrar me olvide casi por completo del desentendido que tengo con Edward desde ayer. Me concentré en mi trabajo.
Si, tal vez eso sonó demasiado cursi y loco. Estoy divagando mucho.
Me sonrojo. Emmett se reiría de mí sí me hubiera escuchado. Edward en cambio considera mis palabras en silencio.
-Me temo que yo no lo veo así.
-¿No haces a las personas sonreír cuando tocas el piano?
-No lo sé.
-¿En serio?
Edward cambia de tema rápidamente.
-De cualquier forma, tu habitación está al otro lado de esa puerta de la esquina. Antes de oscurecer traerás tu equipaje aquí.
-Lo haré. –Juro. –Lo traeré más tarde…
Abro mis ojos reflejando sorpresa al analizar su pedido.
Él me indicó cual sería "mi habitación" y me pide que traiga mis cosas a su suite.
-¿Necesitas que te ayude a traerlo?
-Espere…
-¿Perdón?
-Dijiste que esa era mi habitación –suelto.
-¿Qué sucede con eso? Un conserje personal debería suponer que se mudará el huésped por comodidad.
Edward entrecierra los ojos mirándome fijamente.
-Mis hermanos, queramos o no decidieron que seas mi conserje personal, en consecuencia dormirás y vivirás aquí a partir de ahora.
¿Mudarme? ¿Vivir con Edward bajo el mismo techo? ¿Uno de los más ricos y codiciados solteros del país?
Esto es inesperado. Para cualquier otra de mis colegas, esto sería como ganarse la lotería y tratarían de sacarle provecho. Sin embargo, pienso que a mí esto podría ponerme por suelos en muchas formas.
-Sólo para que seamos claros el uno con el otro… Es más probable que te golpee un rayo, que yo a ti.
Edward declara fríamente, como si estuviera leído mi mente.
-Sí, señor. Por supuesto.
Vamos, deja a una chica soñar un poco… Pienso en broma.
-Esto es importante. He notado que te gustan los niños.
-Sí, señor.
-Espero que también te agraden los animales.
-Me gustan también –contesto.
-En ese caso, creo que no habrá ningún conflicto si te quedas aquí. Te debo presentar a alguien.
-¿De verdad?
-Si tú vas a vivir aquí todo el tiempo, espero que tú juegues con ella y ambas tengan una buena relación.
-¿Es a quien se referían tus hermanos?
-¿Quién más sería? –pregunta estudiándome, haciéndome notar que hice una pregunta muy estúpida.
Tiene razon ¿Quién más sería? Su familia lo define como alguien solitario.
-Ven aquí, chica.
Ignorando mi sorpresa, llama a alguien que se encuentra lejos.
Pronto escucho pisadas de un animal corriendo.
"Ella" es la perra que vi ayer. Trota ligeramente hasta detenerse frente a Edward y a mí.
La hermosa collie, se sienta sobre sus dos patas traseras mirando a Edward.
-Estoy en casa, Rachmaninoff –por primera vez lo veo sonreír sinceramente. Parece ser una faceta que sólo demuestra en privado.
-Woof –la perra ladra feliz y mueve la cola a Edward, quien luce muy dulce sonriendo. Tiene la misma cálida expresión que asumió cuando la mencionaron en el living del pent-house.
Él acaricia su cabeza y yo sonrío ante ese gesto. Si él es tan dulce con su mascota entonces tal vez él es un buen chico.
Me agacho a la altura de los ojos de la perra.
-Hola –sonrío manteniendo cierta distancia. -¿Cuál es tu nombre?
Edward sin hablar hace un lado el largo pelaje de su cuello permitiéndome ver su collar rojo de cuero.
-Veamos –acaricio su cabeza mientras me acerco más ver el nombre del collar. –Rachmaninoff. Asi que tienes el nombre del pianista y compositor ruso. Es un lindo nombre. –digo en tono dulce, esa es la mejor manera para que no te vean como un enemigo.
De reojo puedo ver como Edward abre los ojos sorprendido por lo que dije.
¿Por qué?
-Un gusto conocerte…
-Lady Rachmaninoff –completa Edward.
Levanto la vista hacia él.
-Así debes llamarla.
Asiento.
-Bien, Lady Rachmaninoff, al parecer vamos a pasar mucho tiempo juntas a partir de ahora. Espero que no te moleste mi presencia aquí.
-Arf…
Siento que algo golpea mi pierna y me doy cuenta que es su patita izquierda. Sonrío y la acepto cuando me la vuelve a dar.
Edward no sólo la tiene bien cuidada, también la entrenó.
-Toda una dama –comento contenta y me pongo de pie cuando Lady Rachmaninoff se recuesta al lado de su dueño.
-¿Hay algún problema?
-¿Con qué, señor?
-Tú sabes, el trabajo que yo quiero darte es que atiendas a Rachmaninoff. Tú serás su sirvienta. Cuando trabajo no puedo pasar mucho tiempo con ella y se siente muy sola.
-No veo ningún inconveniente en eso. ¿Qué hay de usted?
-¿Qué hay de mí? –pregunta realmente confundido.
-Creí que necesitabas alguien que te ayudara cuando estuvieras preparándote para los conciertos.
-Regla número uno, jamás escuches a mis hermanos. Personalmente no necesito a nadie que haga las tareas por mí.
-Entonces ¿Por qué me aceptaste en primer lugar?
-Por presión… para complacerlos –él suspira. –También, estoy muy ocupado con mis conciertos. Todo lo que tienes que hacer es cuidar de Rachmaninoff mientras tanto. Si tú quieres hacer otra tarea de conserje, sé mi huésped.
Al parecer es alguien demasiado independiente para aceptar ayuda. Y como conserje no hay nada que me hiera más que me digan que yo no soy necesaria. Edward no me da tiempo para sentirme abatida por ese hecho, por el contrario me indica resumidamente lo que él espera que haga.
-Rachmaninoff pasea dos veces al día; y come al mediodía y a la noche. Después se va a dormir hasta el día siguiente. Ella debe tomar un baño entre intervalos de dos semanas. Le gustan las galletitas para perros, aunque no se las doy muy a menudo, te indicaré donde comprarlas cuando falten, al igual que un alimento especial para su raza. ¿Me sigues?
-Por supuesto.
Me está dando trabajo exclusivo de niñera canina, no sé como sentirme al respecto. Humillada es una buena definición. Si me sumara trabajo para él, no me sentiría así.
-También, no quiero que hagas cosas que generen ruidos y distracciones cuando yo esté ocupado.
Eso es comprensible.
-Trata de no molestarme, que no me molesten y eso será suficiente.
-Sí, entiendo.
Es parte de mi trabajo como conserje… pero me siento derrotada.
-¿Señor Edward?
-¿Qué quieres saber? –contesta poco entusiasmado.
-¿Puedo prepararle sus comidas? Yo me preocuparía si usted practica sin alimentarse.
Edward cierra los ojos y suspira suavemente, para después mirarme nuevamente.
-No podré objeciones, mientras no me importunes.
-Seré extremadamente cuidadosa.
-Tan pronto como yo ponga mis dedos en las teclas del piano, no volverás a hablarme, ni darme golpecitos en el hombro.
-Doy mi palabra que si quiero hablarte, esperaré el momento oportuno.
-Dejamos todo claro entonces. ¿Tienes alguna pregunta más?
¿Me está dando permiso?
Yo estoy agradecida de que me de trabajo, no importa que sea trivial en relación con él, por el momento.
¿Puedo empezar a llevar a pasear a Lady Rachmaninoff mañana por la mañana?
-Efectivamente. Hoy ambiéntate e instálate aquí.
Asiente con la cabeza y me echa otra ojeada como si quisiera decirme algo.
-Sobre lo de ayer… -comienzo.
-Olvídalo –corta Edward.
-Solo quería decir que lo siento. No me disculpe como correspondía antes.
-¿Siempre eres tan distraída?
-No, señor.
-Es bueno saberlo.
¿No me va a dar una reprimenda por haber chocado contra él? Luce tan tranquilo al respecto, no esperaba eso de él, después de cómo actuó ayer ante nuestra cercanía. Me soltó de forma abrupta como si yo quemara.
-¿Puedo pedirte algo?
Asiento.
-No volvamos a hablar de ese asunto.
Edward me mira seriamente.
-Si así lo quieres... está bien –acepto.
-De acuerdo –suspira y vuelve a hablar. –Me gustaría empezar a practicar.
-Oh, lo siento.
¿Era eso lo que quería decirme antes de que yo lo interrumpiera?
-Una vez que traiga mis cosas aquí, me excusaré por el día, si lo desea, hasta el almuerzo.
-Te lo agradecería.
Edward camina hacia el piano dándome la espalda Rachmaninoff lo sigue y se recuesta al lado del banco del piano cuando ve a Edward ubicarse allí.
En el momento en que sus dedos tocan las teclas del piano, toda la atmosfera de la habitación cambia. Pareciera que no hay nadie más en la habitación excepto Edward y su música.
Él toca muy rápido, y aún así cada nota que sale del piano es hermosa.
Me doy cuenta porque las personas dicen que es un genio. Charlie, mi padre, una me enseñó cosas sobre esa canción.
Es "Étude No. 1 en C mayor" de Chopin.
No podría olvidar eso, de chica siempre aprovechaba al máximo el tiempo con mi padre, que aún hoy suele ser muy escaso. Yo tengo una vida más sedentaria, y él viaja por todo el mundo, muchas veces al año. Mi madre cuidaba de mí todo el tiempo que él se ausentaba y esperaba pacientemente su regreso.
Él me enseñó muchas cosas sobre arte y música, incluso me llevaba a mí y mamá en sus giras cuando la situación lo permitía en épocas de vacaciones, eso fue hasta que empecé a trabajar en el hotel. Ahora mamá lo acompaña más seguido, porque soy grande y ya no dependo de ella, de todas formas casi nunca estoy en casa.
La pieza de interpreta el chico frente a mí, supone muchas dificultades por su complejidad, pero la toca de forma tan natural, que resulta increíble escucharlo, y verlo tan concentrado y relajado en el proceso.
Como me solicitó, salgo de la habitación sigilosamente, tratando de perturbarlo.
Esto no empezó tan mal como imaginé. Todo saldrá bien.
Pienso mientras salgo de su suite para buscar mi equipaje.
