un poco más largo que de costumbre... disfruten


Capítulo anterior:

Yo…- "de verdad voy a hacer esto? Voy a tener miles de responsabilidades más, vale la pena todo esto?"-… si señor- le estrechaba la mano- "por Elsa vale la pena cualquier cosa"


Después de estrechadas las manos, el mismo rey procedió a mostrarle el castillo para que se fuera acostumbrando, mientras iban hablando de la política actual y de las nuevas funciones de Anna en su nuevo reino. Así siguieron hasta el almuerzo al cual se les unió Kristof y se separaron del rey para que cuadrara lo último de la reunión de personal. Kristof y Anna mientras esperaban en una sala contigua a donde se daría la reunión.

-Andrew- lo miraba seriamente.

-Si Kristof?- le volteaba a mirar

-Que yo sepa, nunca he firmado nada para volverme un jodido sirviente, Anna!- decía parándose del sofá donde estaba sentando y alzando las manos.

-Shhh, baja la voz, alguien podría oírte- lo sujetaba del brazo y lo volvía a sentar.

-Lo siento… pero es en serio, yo no sirvo para esto, sabes que lo mío es vivir a la intemperie en el campo… y el hielo es mi vida!- volvía a pararse.

-Lo sé, lo sé… esto solo va a ser de momento Kristof, necesito a alguien de confianza conmigo en estos momentos y no hay nadie en este lugar que confíe más que en ti; asi que por favor, por favor… puedes aguantar hasta la boda de Elsa? Después de eso buscaré a alguien más, te lo juro- decía juntando las manos y con mirada suplicante.

-Pero eso son 10 meses Andrew… es mucho tiempo- decía volviéndose a sentar y con mirada cansada.

-Lo sé y lo entiendo… te lo compensaré, cualquier favor que me pidas después de esto, dalo por hecho, sea lo que sea- le extendía la mano.

-Pues si lo pones así- estiraba la mano y la estrechaba- como es un favor sea lo que sea te lo pediré de inmediato… vamos a dar todo de nosotros para que te cases con tú hermana, vale? Porque quiero que ella me haga muchas esculturas de hielo para decorar mi casa- decía lo último con una gran sonrisa en la cara.

-Kristof- se le aguaban los ojos- dalo por hecho yo… me voy a casar con Elsa- le apretaba la mano.

-Esa es la actitud que me faltaba- y le daba unas palmadas por la espalda.

-Alteza, señor Kristof- decía entrando Brandon por la puerta lateral- su majestad les espera- decía haciendo un movimiento con su mano hacia la puerta.

-Bueno, es hora alteza, estas listo?- se paraba Kristof para ir a la puerta.

-Yo nací más que listo- se daba ánimos a si misma Anna-


En la sala había más gente de lo esperado, era un salón como para 200 personas de pie y estaba completamente lleno, había una tarima para quien quisiera dirigirse al público porque generalmente usaban este salón para reuniones entre la servidumbre u otros usos menores; cuando el rey dio un paso a un lado y Anna entró de frente, más de 200 pares de ojos se le quedaron viendo fijamente y analizando cada detalle de su apariencia. Anna estaba completamente nerviosa por el escrutinio que le estaban dando "y eso que son solo los que sirven… cómo será la nobleza de este lugar?" pensaba aún más nerviosa por dentro la princesa.

-Les presento por primera vez a todos ustedes a mi hijo y único heredero del reino de Aland, el príncipe Andrew- hubo un prolongado silencio después de las palabras del rey.

-Es el príncipe?!- gritaba una criada de fondo.

-Es tan guapo!- gritaban otras desde otro lado.

-Pero majestad… está seguro?- preguntaba algún soldado o siervo en el fondo.

-Si… como sabemos que no es todo un engaño?- gritaba algún otro desde el fondo.

-Tiene pruebas de que es el auténtico?!- y así empezaba una discusión entre todo el mundo, lanzando diferentes preguntas que duró hasta que se le agotó la paciencia al rey.

-Silencio!... es mi palabra, que no creen que no reconocería a mi propio hijo así hayan pasado los años que hayan pasado? Aparte tiene la carta que yo mismo le envié para que se presentara, y nadie más aparte de mi sabía donde estaba o que se iba a presentar… ni siquiera sabían que existía, es imposible que haya algún engaño aquí- respondía el monarca y volvía a acallar a toda la multitud.

-Cómo ha dicho mi padre- hablaba Anna con la voz más varonil que había practicado para que nadie notara el pequeño temblor que le quería salir y aparentando completa tranquilidad- nadie sabía que yo existía… y sinceramente padre solo me avisó hace pocas semanas que yo era el heredero de este gran reino; y aunque las circunstancias son inusuales para todos, no voy a permitir que se cuestionen las palabras de mi progenitor, él es el rey y por tanto su palabra es una verdad absoluta en este reino.

Con la última declaración todo el mundo quedaba en silencio mirando al que sería su futuro monarca; al rey solo se le podía notar una mirada de orgullo hacia su "hijo".

-Como lo ha dicho el príncipe, este es mi veredicto, el será mi heredero y como tal exijo respeto y obediencia para con él de parte de todos ustedes, no siendo más pueden regresar a sus funciones- el rey levantaba una mano como despedida y salí por la entrada lateral en la que habían entrado Anna y Kristof, ellos lo seguían de cerca.

-Y ahora su majestad?- preguntaba Anna.

-Andrew muchacho, no te afanes y llámame aunque sea por el nombre, que ahora somos familia… dejemos que los empleados difundan los rumores y ya mañana haremos la presentación oficial frente a mi consejo, como te habrás dado cuenta, no todos van a aceptarte de inmediato y vamos a necesitar que la noticia no les llegue desprevenidos, por ahora… Brandon-

-Si majestad?- aparecía casi de la nada el mayordomo.

-Lleva a Andrew y su sirviente a descansar y búscales un ama de llaves para que esté con ellos- se ponía una mano en el mentón y empezaba a pensar-…veamos quien sería buena para un joven … ya sé, llama a Hilda, que ella se ocupe de ellos-

-Seguro majestad?- preguntaba un poco dudoso.

-Pues claro Brandon, quien mejor que ella para instruir a este inexperto príncipe- decía dando una vuelta y mirar a Anna a los ojos- ella va a asegurarse que aprendas todo lo que haga falta acerca de como funcionan las cosas aquí, hazle caso y te irá bien- le apretaba los brazos-

-Por supuesto majes- … quiero decir; por supuesto Albert- decía dando una pequeña sonrisa.

-Eso está mejor- lo soltaba- nos vemos a la hora de la cena entonces- y así salía de la sala donde se encontraban.

-Por aquí por favor alteza, señor- decía abriendo otra puerta y guiándolos hacia la nueva habitación de Andrew.


La habitación podría decirse que era muy parecida con respecto a su vieja habitación en Arendelle con respecto al tamaño y distribución, pero había varias diferencias con respecto a las cosas que había, puesto que estaba casi vacía y una puerta lateral a la que no le veía función por ahora. Apenas ingresaron Brandon hizo sonar una campanilla de oro que se encontraba es una mesita al lado de la puerta.

-Alteza, cada vez que necesite de la asistencia de otro sirviente diferente de el señor Kristof, solo necesita hacer sonar esta campanilla y vendrán de inmediato- al momento de finalizar lo que había dicho un jovencito de no más de 12 años entraba y se inclinaba ligeramente-

-Me mandó a llamar señor?- decía refiriéndose al mayordomo.

-Claro, no sé si fuiste a la reunión hace apenas unos minutos, pero te quería presentar al príncipe Andrew, alteza este va a ser su mensajero para todo lo que requiera; se llama Thomas- decía presentándolos.

-Un placer estar al servicio de su alteza- decía un poco nervioso el joven.

-El placer es todo mío, te presento a mi mano derecha, el señor Kristof Bjorman- decía señalando al rubio que se había mantenido al margen, observando todo en el cuarto.

-Mucho gusto- respondía Thomas.

-Bien Thomas, te mandé a llamar porque necesito que traigas de inmediato a la señora Hilda, ella va a ser la ama de llaves del príncipe- al escuchar ese nombre el mensajero se puso todavía más nervioso.

-Seguro señor Brandon?- decía mirándolo fijamente.

-No cuestiones muchacho, son órdenes del rey… después de traerla ve a mirar si ya llegaron el sastre y el carpintero real, este lugar necesita adecuarse lo más pronto posible, tráelos apenas los veas, me has entendido- decía Brandon esperando respuesta.

-Por supuesto, si me disculpan- hacía otra reverencia y se iba por donde habían entrado

-Hey Brandon, para qué es esta puerta?- señalaba el rubio.

-Esa puerta es para conectar las habitaciones del príncipe con las suyas propias, es costumbre que los sirvientes personales de la realeza vivan junto a su protegido- decía un poco sorprendido con la rápida familiaridad con que lo trataba Kristof.

-Mmmmm… ya viste Andrew, me voy a poder meter en cualquier momento, así que nada de travesuras fuera del matrimonio oíste- decía levantando las cejas sugestivamente y dedicándole una sonrisa maliciosa.

-Cállate Kristof- iba y le golpeaba en la cabeza- … no crea nada de lo que le diga este reno-niño señor Brandon, solo dice estupideces- decía dirigiéndose hacia el mayordomo y lo miraba seriamente- yo no soy así.

-Claro Alteza, no tomare ese comentario en cuenta- decía aún más sorprendido por como se trataban entre ellos- si no es muy atrevido de mi parte, donde se conocieron usted y el señor Kristof , alteza- decía más que un poco curioso.

-Kristof es mi mejor amigo señor Brandon, el se crió cerca de mi y nos volvimos amigos debido a ciertas circunstancias- "no creo que sea prudente revelar más allá de eso"

-Comprendo- en ese momento sonaba la puerta- bueno, permítame presentarles a su nueva ama de llaves, la señora Hilda- decía yendo a abrir la puerta, donde un enredo de faldas como un torbellino entro directamente hacia Anna, y antes de que lo supiera era sujetada fuertemente por las mejillas y unos ojos violeta le devolvían la mirada.

-A ver que tenemos aquí… buen estado físico, dentadura reluciente, cabello… un poco desaliñado, pero lo puedo arreglar y esos ojos, muchacho cuando termine contigo vas a ser el príncipe por el que la realeza femenina de todo el mundo va a estar suspirando- decía soltando la cara de Anna después de haberla zarandeado desde diferentes ángulos mientras hablaba- Brandoooon!... por qué no me dijiste que tan buen diamante en bruto teníamos de príncipe?- decía mirando seria hacia el mayordomo- de haberlo sabido, hace años me hubiera puesto a trabajar en un plan para su imagen!- decía empujando con un dedo contra el pecho del mayordomo mientras lo empujaba hacia la pared.

-Espere señora Hilda- decía intentando que parara el empuje de la señora- yo me enteré hasta hoy también, el único que sabía de su existencia era el rey.

-Ese rey bueno para nada tuyo- se detenía al ver la mirada que le estaba dando el mayordomo- pero ya no importa- decía volteándose hacia Anna- sígueme querido, hay mucho por hacer para volverte un príncipe en… cuando va a ser la presentación del príncipe con la nobleza Brandon?- volteaba a mirar al mayordomo.

-El rey ha mandado que se presente mañana en la sala del consejo, y por la demás nobleza, no estoy seguro, supongo que se irán enterando gradualmente- decía pensativo el mayordomo.

-No en mi guardia si puedo evitarlo- decía volteando de nuevo a Brandon- la llegada del príncipe no puede darse de esa manera, tiene que ser enterado todo el reino de inmediato, ve y dile a ese rey tuyo que vamos a estar teniendo una cena con la nobleza de todo el reino dentro de una semana para hacer la presentación formal- decía empujándolo hacia la puerta y cerrándola detrás de él- estos hombres sinceramente necesitan de una mujer para que puedan hacer las cosas bien- decía quejándose para voltear a ver a Anna.

-En cuanto a ti- decía señalándolo- primero necesitas ropa y cosas jovencito, no puedes ir vestido con esos trozos de tela a los que llamas vestido; vamos a necesitar del sastre y el carpintero real de inmediato-

-Disculpe señora Hilda, pero Brandon ya llamó por ellos, Thomas se fue a esperarlos- decía Kristof interrumpiendo al ama de llaves-

-Oh, pero que tenemos aquí… no solo tengo uno, sino 2 hombres guapos y jóvenes para transformar- decía con una sonrisa felina- se puede saber quien es este otro encantador joven, déjame verte- y volvía a hacer algo parecido a las observaciones que había tenido con Anna.

-Él es Kristof señora Hilda, mi mejor amigo y quien va a ser mi sirviente principal y mano derecha-decía tratando de distraer a la señora para que soltara la pobre cara de Kristof, que se veía más magullada que la suya.

-No te preocupes muchacho, tal vez no vayas a ser un rompecorazones mundial como tú querido príncipe, pero me asegurare de dejarte en un estado casi igual y por el que suspiren todas las mozas jóvenes del reino- decía soltándolo- bueno, no queda de otra que esperar a Thomas… pero no nos vayamos a aburrir, cuéntenle a estos viejos huesos un poco más acerca de ustedes muchachos- se sentaba en un sofá que había cerca a la chimenea de la habitación.

-Usted no se ve mayor que en sus 35 años señora Hilda- respondía Anna, sentándose en un sofá de frente.

-Pero que coqueto y encantador nos ha salido este príncipe no le parece joven Kristof?- decía con una pequeña sonrisa de lado- pero no gastes halagos en este vieja y más bien cuéntame como fue tu viaje?-


Los 3 se sentaron y hablaron de cómo había sido su viaje desde Arendelle, claramente omitiendo el lugar de partida y todo lo relacionado con ese lugar. Para cuando llegaron el sastre y el carpintero, la mayoría de lo que iba a ser su historia de fondo, ya había sido transmitida a la señora Hilda y se pusieron a trabajar en las medidas y todo lo que necesitara Anna. La señora Hilda a pesar de su personalidad tan extrovertida, era muy eficiente en lo que hacía y para la hora de la cena, ya tenía la mayoría de sus preparaciones hechas- el resto llegará después- les había dicho a los 2 jóvenes cuando se retiraba para que fueran a cenar.

Lacena transcurrió sin ningún hecho llamativo, excepto por el nuevo respeto con que se dirigían al príncipe y un par de miradas significativas por parte de las siervas- eres todo un donjuán- había dicho el rey con una sonrisa maliciosa luego de notar la tercera mirada que una sierva insistente le estaba dando

-Albert- había suspirado- usted sabe que no estoy interesado- terminaba comiendo un pedazo de carne que había partido.

-Yo solo decía- y entre él y Kristof se reían suavemente.

A la hora de dormir Kristof se despidió y salió por la puerta lateral del cuarto, habían acordado que para que nadie viera accidentalmente la forma femenina de Anna mientras dormía, mantendrían bajo llave su habitación en las noches y para cualquier emergencia debería llamar primero a Kristof para que él le avisara y nadie se enterara.

Sola y en su forma femenina en camisón, Anna se puso a escribirle a su hermana; el día había sido una completa locura y lleno de acontecimientos, pero ni así, pudo evitar pensar en ella y extrañarla como loca. Cuando hubo terminado se sentó a esperar.


-Olaf, puedes quedarte quieto? Me estás poniendo nerviosa amiguito- decía Elsa sentada en la ventana por donde llegaban las palomas mensajeras de Anna y vestida con el camisón de dormir.

-Pero es que no llega… dijiste que en la noche llegaba y hace rato es de noche- decía con sus brazos de ramita señalando el cielo-tengo que contarle sobre las abejas! Para que ella no se termine picando como yo- decía como la situación más de vida o muerte que había tenido.

-Ya llegará… solo se un poco más paciente, si?- decía enviándole una mirada de calma y volteando a ver de nuevo por la ventana.

-Cuando la paloma llegó Olaf se puso a saltar de arriba abajo y la reina se dispuso a leer su correo mentalmente (seguía sin entender por qué quería que las letras solo las leyera ella, pero iba a seguir su instinto por ahora)

Para mi querida reina,

Te extraño Elsa, creo que eso es lo más importante que me ha pasado hoy. Hemos visto muchas cosas con Kristof por los alrededores, pero nada se compara con estar contigo y en casa; no creas que por esto, no estoy disfrutando el viaje, lo estoy y mucho. He aprendido tanto Elsa, tantas personas diferentes, tantas costumbres diferentes, cada descubrimientos es más y más emocionante. Dime como te fue hoy? Qué tanto has pensado en mí? Y cuánto me extrañas, estaré ansiosa esperando tú respuesta.

Con amor,

Anna

Elsa se había esperanzado con las primeras letras de que su hermana la extrañara tanto y tal vez decidiera volver antes de tiempo, pero luego de leerla completamente se daba cuenta de que eso no era una posibilidad aún… tal vez si hacía que Anna la extrañara todavía más, podría hacerla cambiar de opinión; así que empezó a idear un plan, pero necesitaba estar sola para llevarlo a cabo.

-Olaf ya viste cómo funciona el correo, dame tú carta y mañana tendrás tú respuesta de Anna- decía cogiendo el pergamino del hombre de nieve.

-Vale- se lo daba y se sentaba a su lado.

-Olaf, voy a … Necesitar un poco de privacidad para contestar esto, me entiendes?- decía volteándolo a mirar.

-Claro Elsa, aquí no va a entrar nadie- decía mirando la puerta cerrada.

-Me refería a ti también Olaf… no es nada personal, es solo que quiero estar sola, me haría ese favor?- decía con una pequeña sonrisa.

-Haberlo dicho antes Elsa- salía por la puerta con una sonrisa- nos vemos mañana con mi respuesta de Anna- decía y cerraba la puerta.

-Hora de trabajar- susurraba la reina y se ponía a escribir la carta, cuando la hubo terminado, amarró los pergaminos a la paloma y se fue a dormir con la carta de Anna "espero que funcione" era su último pensamiento antes de ir a dormir.


Anna casi se había quedado dormida mientras esperaba los hechos del día la habían dejado agotada, hasta que escucho el repique en la ventana. Cuando vio que habían 2 pergaminos se sorprendió, y esta dio paso a la alegría al ver que el primer pergamino era de Olaf, al parecer había tenido recientes problemas con un grupo de abejas y le recomendaba no acercarse mucho a ellas "tomada debida nota Olaf" pensaba con una sonrisa la princesa. Cuando abrió la correspondencia de su hermana, nada la había preparado para eso, a medida que leía más y más se ponía cada vez más roja y casi deja caer la carta de sus manos.

Para mi muy amada princesa,

Obvio que te extraño un montón, cada día es difícil sin que estés a mi lado, y no soy solo yo hasta Olaf insistió en enviarte una carta él mismo; pero estoy segura de que yo soy la que más te extraña. Extraño tu risa, tus ojos, tu presencia; quisiera tenerte aquí a mi lado para abrazarte a la cama y no soltarte nunca. No quisieras también tenerme en tus brazos, para quedarnos dormidas al suave compás de nuestras respiraciones? Tú sosteniéndome de la cintura y yo con mi brazo alrededor de tú estómago, sin que nada nos separara. Voy a quedarme pensando en eso hasta irme a dormir y poder soñar contigo.

Con amor,

Elsa

"Cómo se supone que debo interpretar esto Elsa?" se quedaba dando vueltas la princesa en su cama, muy sonrojada.


Lo sé, lo sé... pero Elsa es muy inocente y todavía ve su amor como amor fraternal. Tanto tiempo encerrada no la hacen entender que eso ya está fuera de los límites familiares. Pobre Anna. Nos vemos.