Disclaimer: Este fanfiction está basado en el juego "Several Shades of Sadism", sobre todo la ruta de Mei Tarantino, personaje que es imposible no amar, y tiene ciertas semejanzas con Edward. Yo solamente tomo algunas ideas y lo adapto al fandom de Twilight y a la pareja bellward.
CAPÍTULO 4: ¿PAZ O GUERRA?
POV BELLA
-Alice, necesito tu ayuda. –Digo cuando finalmente me encuentro con ella en el living.
-¿Sí, Bella? ¿Mi hermano te trató mal o algo?
Sus ojos me escanean en busca de una señal que le indique que me hizo algo.
-No, él fue… -¿cómo podría definirlo?
Alice me indique que me siente a su lado y lo hago.
-Somos amigas, puedes hablarme.
-No estuvo… mal. No está acostumbrado a tratar con gente ¿verdad?
-Qué extraño –Alice lo considera. – ¿Qué querías preguntarme?
-¿Qué comidas le gustan?
-Creo que deberías saber que no se alimenta muy bien. Me refiero a que se pasa tanto tiempo absorto en sus prácticas que termina preparándose cosas rápidas y pidiendo servicio a la habitación. A veces nosotros debemos ir a recordarle la hora que es. Supongo que cualquier cosa que le des le gustará, solo ten cuidado con el pescado cuando era más pequeño tuvo problemas por reacciones alérgicas según me contó, mejor evítalos.
Asiento.
-Pide algo en la cocina del hotel por hoy. Después ves que haces. Nosotros saldremos esta noche a una fiesta de cumpleaños, por lo que estarás sola. Si necesitas algo, llámanos.
-¿Con saldremos te refieres a toda la familia?
Edward no mencionó nada.
-Toda la familia, menos Edward. Él odia las reuniones sociales de la familia y no sabe disimularlo, por lo que prefiere no ir. Lo entiendo, a nadie le agrada la familia de Esme, hasta ella se avergüenza de ellos. Como sea, me alegra que Edward ahora te tenga a ti, pensé que iba a ser más difícil convencerlo. Le cuesta mucho abrirse a otros y es poco demostrativo, pero es una buena persona. Ya te darás cuenta.
Las siguientes horas me la paso en la cocina del hotel, viendo los menús disponibles y escogiendo platos para él. Por suerte, un chef amigo me dice lo que casi siempre pide él para comer, haciéndome más fácil la tarea. Yo por mi parte tomo nota de todo lo que le gusta para preparárselo yo misma en los próximos días y comprar los ingredientes necesarios.
Sin darme cuenta, toda la mañana pasa. Voy a la oficina de mi jefe para informar la decisión tomada y él tras una llamada a administración, me indica que puedo ir a pedir la tarjeta magnética especial de la suite de Edward, que es de uso exclusivo para personal del hotel. Jamás podemos ingresar a ninguna habitación sin informar antes a administración y registrarnos digitalmente, por cuestiones de seguridad. Un conserje personal debe tener contacto permanente con el huésped, así que es estos casos nos dan la tarjeta por tiempo ilimitado, o hasta que el huésped se va y termina nuestro trabajo.
Nuestro jefe nos dijo a todos que el tiempo mínimo de trabajo será de dos meses, se puede ampliar si el huésped está conforme con nuestro trabajo, o acortarse si surge algún otro problema con alguna de las dos partes. No sé como sentirme respecto a la idea de estar atada por dos meses a un hombre que apenas me tolera. Pero haré mi mejor esfuerzo, he tenido que tratar con todo tipo de gente.
Aunque no por tanto tiempo… No por dos meses enteros, y menos viviendo bajo el mismo techo.
Esto es todo un reto, incluso tal vez para él.
Cuando entro a su suite, lo hago de la forma más silenciosa posible, escucho el piano a lo lejos, no dejo de tocar, por lo que creo que no me sintió llegar.
Adentrándome un poco en el comedor veo a Edward sentado en un banco y a Rachmaninoff acostada a los pies de él en silencio. Al verme mueve la cola, pero no se mueve. Como me pidió que no lo molestara me voy directo a la cocina. He pedido la comida para…
Veo la hora del reloj de pared y me doy cuenta que falta media hora para que la traigan. Tengo tiempo para preparar la mesa mientras tanto.
A la hora acordada traen la comida. Escucho el timbre y me voy directo a la puerta. Pero antes miro en dirección a Edward quien detuvo repentinamente su interpretación, pero se relaja al verme con la intención de ir a recibir a quien esté llamando y vuelve su vista a sus partituras.
El mozo entra con un carrito y lo lleva a la cocina. Edward ingresa a cocina tras nosotros.
-Yo no pedí que trajeran nada –dice.
-Pero yo sí, señor Edward. Creí que era lo mejor por hoy. Gracias por el favor –miro al mozo y le entrego un billete como propina. Este se va con inclinándose a modo de saludo frente a ambos.
-Con su permiso. Disfruten de la comida.
Abro la boca para explicarle que es solo para Edward, porque yo comí en la cocina mientras hablaba con los cocineros, pero no alcanzo a decir nada antes de que se vaya. Edward lo guía hacia la puerta y lo despide.
Cuando Edward entra me mira molesto y yo me espero lo peor.
-Debiste avisarme antes de hacerlo.
-Me dijiste que no debía molestarte mientras tuvieras tus dedos en las teclas del piano. Solo pedí tu almuerzo, en base a tus preferencias. Les pregunte a los cocineros personalmente.
-¿En serio? –Edward sonríe irónico. –Te tomas muy en serio tu trabajo ¿no?
-Tengo el deber de preocuparme por satisfacer tus gustos y necesidades. Ahora que lo sé, la próxima vez cocinaré yo. ¿Hice algo inadecuado?
-No realmente. Solo estaba probándote, incluso cuando entraste no me dirigiste ni una palabra.
-Ese fue tu pedido.
-Y lo cumpliste. –Sus ojos entrecerrados me perforan y examinan intimidantemente, pero no retrocedo, ni cambio mi expresión normal. Sigue probándome, quiere sabes que tan débil soy o si me achico frente a él, pero no le daré ese gusto. Incluso se acerca a mí a modo de hacerme retroceder, pero sigo en mi lugar inmóvil.
-Sé lo que pretendes, pero no renunciaré a trabajar para ti, solo porque me mires así. Soy muy responsable en mi trabajo.
-En ese caso, creo que debemos acostumbrarnos a la presencia del otro por los siguientes dos meses.
-Bien dicho. ¿Trato?
Tiendo mi mano en su dirección. Ese gesto desconcierta a Edward y mira mi mano inseguro. ¿Siempre es así con las personas?
-No muerdo –le digo. –Hagamos las paces si quieres que olvide todo lo que pasó hasta hace unos segundos y empecemos de cero.
-Trato. No volveré a intentar deshacerme de ti. –contesta. –Aunque deberías saber que nunca tomo la mano de una mujer. Te la debo –sonríe triunfante, haciéndome enojar. Bajo la mano. Retirando lo dicho sobre que sería más fácil tratar con él.
-Noticia de último momento "El famoso pianista Edward Masen Cullen, es alérgico a las mujeres". Sería un buen titular. Y en el subtitulo "¿Cuál es misterio detrás de esa extraña conducta?"
-Para ser una conserje personal te tomas bastantes libertades.
-Y tú no eres muy amable tampoco. Pero está bien, no estaba hablando en serio, no te preocupes, no iba a exigir una respuesta. Tu comida se va a enfriar si no te apresuras. Le daré de comer a Lady Rachmaninoff.
Busco la bolsa de alimento y mido en la balanza la cantidad de alimento recomendada por día según su peso. Para después trasladarla a su plato.
-¿Dónde come ella?
-Casi siempre en la cocina, pero en ocasiones en el living –contesta de mala gana. No me importa que siga enojado conmigo, él tampoco se ganó mi respeto al rechazar mi mano y mi intención de sellar una tregua entre ambos. Llevo el plato de su collie al comedor, para alejarme de él. Lo dejo cerca de su cama rosa claro con un gran moño en un tono similar pero más oscuro.
-Lady Rachmaninoff –ella sigue a un costado del piano, seguramente esperando que Edward regrese. –Tu comida –le sonrío y ella se levanta rápido trotando hasta su plato, acaricio su cabeza cuando pasa por mi lado y ella se sienta frente a su plato para comer.
Me siento en el sofá, mirando a Rachmaninoff comiendo con ganas, lo que me ayuda a distraerme de la discusión de recién.
Sin importar lo que diga su familia, estoy casi segura que convivir con Edward será difícil.
Mike me dijo que esperaba que yo tuviera más suerte que él, pero de nada sirvieron sus buenos deseos. Tal vez ahora mismo, yo esté peor que él.
