Disclaimer: Este fanfiction está basado en el juego "Several Shades of Sadism", sobre todo la ruta de Mei Tarantino, personaje que es imposible no amar, y tiene ciertas semejanzas con Edward. Yo solamente tomo algunas ideas y lo adapto al fandom de Twilight y a la pareja bellward.
CAPÍTULO 5: RACHMANINOFF
POV BELLA
Llega la mañana y despierto en una cama desconocida. Me giro y los rayos de sol dan en mi cara.
Tuve un sueño que hace mucho no tenía. Soñé que estuve en un hotel de Estados Unidos, durante uno de sus largos viajes. Mamá había salido a comprar algunos víveres y papá estaba en algún teatro en jornada de trabajo. Yo salí de la habitación para investigar el lugar, sin que me estuvieran controlando, fue el peor error que cometí. No recordaba el número de habitación, ni en que piso estaba, después de todo tenía cinco años. Y me perdí en alguno de los pasillos, me sentía mal y sola, me puse a llorar. Eso al parecer alertó a una de las jóvenes conserjes, era linda, amable y amigable. Ella me preguntó porque lloraba, me abrazo y consoló hasta que me tranquilice. Le conté que me había perdido y que quería a mis padres de vuelta conmigo.
Ella prometió que los encontraría, pero necesitaba datos que yo no tenía, entonces me acompañó a la entrada y me preguntó los nombres de mis padres para que pudiera averiguar a través de la computadora cual era mi habitación y me llevará allí ella misma. Tomo la llave correspondiente y me dejó dentro la habitación segura.
Una vez allí me preguntó si me había escapado, cuando le dije que sí y que no volvería a hacerlo nuevamente, ella se sintió más tranquila. Ella se quedó conmigo unos cuarenta minutos jugando y entreteniéndome para que dejara de sentirme tan mal. Hasta que la llamaron para hacer otra tarea urgente en otra habitación. Y quince minutos después llegó mi madre, pero yo ya estaba casi durmiéndome.
Desde ese día supe lo que quería ser conserje como esa chica que cuidó de mí esas horas. Yo le dije a mis padres ese deseo que tenía cuando me preguntaron al entrar en la secundaria que quería hacer en el futuro y me apoyaron en mis estudios.
Es hora de empezar a trabajar.
Cuando estoy por salir de la cama, siento algo a mi lado y doy un salto para salir de la cama. Los latidos de mi corazón están fuera de tiempo. Mis ojos se abren como platos y siento un ladrido, mis ojos se dirigen a fuente del sonido.
La mascota de Edward está sobre mi cama, y lo estuvo por no sé cuánto tiempo.
Está eufórica, feliz e impaciente.
Al darme cuenta que no se trata de un peligro inminente me relajo.
Solamente se trataba de Lady Rachmaninoff. Cierro los ojos y respiro profundo.
-¿Acostumbras a subirse a la cama de otros ¿No Lady Rachmaninoff?
Ella se acerca a mí y lengüetea mi mano. Sonrío y la acaricio.
-Estoy bien, sólo me asustaste. Mientras no le moleste a Edward…
-¿Mientras no me moleste qué?
Doy un paso atrás sorprendida y veo a la puerta.
-Deberías bajar la guardia, Swan. Nadie podrá lastimarte mientras estés bajo mi techo. Y ella pareces agradarle, jamás la he visto tan entusiasmada con las visitas. Es extraño –intercambia miradas entre las dos –Rachmaninoff, ven conmigo.
Ella obedientemente se baja y se mueve hacia él moviendo la cola. Al parecer ya no está molesto por la discusión de ayer. ¡Espera! Edward está en mi habitación y yo… bajo la mirada y veo mi conjunto para dormir. Mi cabello debe ser un desastre y la camiseta con tirantes negra y el short del mismo tono no parecen apropiados. ¿Pero cómo iba a pensar que él iba a irrumpir en la habitación? Mis mejillas enrojecen, al darme cuenta de esto. Pero Edward ni se inmuta, o prefiere no hacer ningún comentario al respecto.
-Buenos días, señor.
-Buenos días –saluda, siendo más amable que ayer. Busco una bata de seda en el armario en el que guarde mis cosas y me la coloco rápidamente para taparme. Que me viera así fue muy incomodo.
-Creo que quiere que la saques a dar un paseo.
¿Cómo sabe que soy yo quien lo hará? ¿Por qué no fue a subirse a la cama de Edward y pedírselo?
-¿Quién lo hacía cuando yo no estaba y no tenias tiempo?
-Dos conserjes del hotel que me asegure que cuidarían de ella en sus paseos. Mike Newton y Seth Clearwater.
Seth es un excelente chico, amable y adorable. Pero...
-¿Mike? ¿En serio?
-¿Dije algo que no debía? ¿Acaso ustedes…?
Mis mejillas se incendian al comprender lo que insinúa.
-Jamás, pero jamás se me ocurría involucrarme con alguien como Mike, señor. Es solo que es compañero mío, y lo conozco, nunca creí que se llevara bien con los animales o quisiera cuidar perros ajenos.
-Me alegra saber que no tienes tan mal gusto –me da una sonrisa de aprobación o burla, con él todo es posible. –Pero deberías saber que por una generosa propina, Mike puede ser de lo más servicial.
-Es una coherente y lógica explicación… acorde a él –respondo. -¿Cómo acabó Lady Rachmaninoff aquí?
-Si estás insinuando que yo entré a espiarte en la noche y dejé que ella entrará, mejor trata tu problema de paranoia con quien corresponda.
¿Se está burlando de mí? Edward luce serio como de costumbre, por lo cual es difícil saber cuando habla en serio y cuando no.
Edward es muy raro y cerrado para su propio bien.
-Estoy psicológicamente bien, señor. Agradezco la preocupación. ¿Entonces fue ella quien abrió la puerta? –Me contengo de responderle de mala forma.
-¿Estaba cerrada?
-Sí, pero sin llave.
-No ha salido mucho últimamente, probablemente estaba muy agitada. Si no quieres ser molestada solo ponle llave. Y si te preguntas porque entré es porque escuché tu grito, y como la puerta estaba entreabierta vine a ver si te había pasado algo. Alice me matará incluso si te haces accidentalmente un corte en la mano bajo mi vigilancia. Te dejaré sola.
Se da vuelta, pero vuelve a observarme.
-Tomate una hora para salir hoy. Cuando vuelvas debes prepararme el desayuno.
-De acuerdo –me pone feliz que haya aceptado finalmente. –No le importa esperar a que yo vuelva?
-Una vez que esté listo, encuentra un momento cuando yo no esté ocupado para hacérmelo saber.
Eso significa que a él le da igual. Hay algo gracioso en la manera en el que se niega responder mis preguntas.
-¿Te sientes enferma o algo?
-No, señor. Solo acabo de despertarme.
Aún me siento incomoda de que él me haya visto desarreglada y recién salida de la cama.
-Debo decírtelo… pareces un manojo de nervios y te ves terrible.
Me sorprendo al ver la leve sonrisa maligna de él.
¿La primera cosa que él hace en la mañana es insultarme?
Ese pensamiento me enfurece. También que él luzca tan despierto y perfecto con simplemente una bata puesta. No hay ni un solo integrante de la familia que no haya sido bendecido con una envidiable genética.
Antes de pueda hablar él ya ha salido de la habitación y cerrado la puerta.
Lady Rachmaninoff se queda conmigo, mirándome contenta y ansiosa. Ajena a todos los problemas que hay entre los humanos.
-Me vas a tener que esperar, Lady Rachmaninoff. Tratare de ser rápida.
En vez de tomar el uniforme de trabajo, escojo un común conjunto deportivo que me trajeron mis padres de su último viaje hace unos meses.
Si voy a caminar por una hora será mejor que utilice algo cómodo, después de vestirme, me observo en un espejo. Por más horrible que haya sonado, Edward tiene razon. Mi cabello ondulado está completamente despeinado, mi rostro no luce mejor, me tranquiliza que haya vuelto a su color normal, pero ahora está demasiado pálido como de costumbre. El aspecto bronceado es algo que mi cuerpo no acepta, no importa cuántas horas haya pasado al sol, nunca me bronceo. No es algo que me importe tampoco. Sin embargo, ahora recién levantada imagino que luzco aún más blanca de lo que soy, más teniendo el susto que me pegué al ver a Rachmaninoff a mi lado sobre la cama.
Maldición.
Debo hacer algo.
Me meto al baño de la habitación y me maquillo en tiempo record allí, cuando estoy conforme con mi aspecto, guardo el maquillaje nuevamente en el cofre.
Peino mi cabello esperando obrar un milagro en él en los pocos minutos que tengo.
La perra de Edward me observa cada movimiento pacientemente.
Le sonrío.
-Eres una buena chica. ¿Verdad, Lady Rachmaninoff?
-Woof.
-Sí, lo eres –acaricio su cuellos mientras busco un coleta para mi cabello. –La espera será recompensada para ti.
Rachmaninoff, me lame la mano amistosamente, es una señal de sumisión, y una forma de demostrarme que le agrado.
-Al menos alguien no me odia –comento más para mí misma que para la collie. En mi mente recuerdo todas mis discusiones y charlas con Edward. No estoy segura si eso cambiará algún día.
-Arf, arf.
Me río, me causa ternura como parece quererme responder a su forma.
Ato mi cabello en un rodete, resulta cómodo para una larga caminata. De todas cuando vuelva, deberé bañarme.
-Ya estoy lista. ¿Dónde tienes tu correa?
Ella mira hacia la cama en respuesta y se encamina hacia ella saltando.
Su correa está sobre el lado izquierdo de la cama de dos plazas en la que duermo
-Gracias, Rachy –Me arrodillo frente a ella y acaricio su cabeza. –No tenía ganas de cruzarme con tu amo justo ahora. Trataremos de salir sin que no nos note ¿de acuerdo?
Ella ladra como mostrándose de acuerdo.
-Buena chica.
Engancho la correa al collar y ella corre hacia la puerta.
Edward se encerró en su habitación seguramente arreglándose para iniciar el día. Cuando estoy más cerca, puedo escuchar ruidos desde fuera. Suspiro y sigo a Rachmaninoff que debe estar esperándome en la puerta. Me aseguro de haber guardado la tarjeta, dinero y el celular el bolsillo con cierre de mi chaqueta.
Bien, no falta nada.
Excepto… veo una nota adhesiva pegada a la puerta de entrada.
La saco de allí y la leo.
"Si surge algún problema, solo llámame.
–Edward."
Y debajo puedo el número de celular de él.
De verdad, ama mucho a su perra. Tal vez sea la única afortunada de conocer el lado sensible, que él oculta frente a todos.
Sacudo mi cabeza, mientras pego la nota adhesiva en la carcasa del teléfono.
Hago una lista mental de las cosas que he observado desde ayer:
Talentoso.
Físicamente hermoso (aunque eso es algo que nunca presume)
Misterioso.
Extraño.
Poco demostrativo con los humanos.
Sensible con los animales.
Prepotente por momentos.
Serio.
Poseedor de un extraño sentido del humor.
Y lo peor del asunto es que no me soporta, y seguro preferiría que no estuviera con él, acabando con su preciada soledad.
