Disclaimer: Este fanfiction está basado en el juego "Several Shades of Sadism", sobre todo la ruta de Mei Tarantino, personaje que es imposible no amar, y tiene ciertas semejanzas con Edward. Yo solamente tomo algunas ideas y lo adapto al fandom de Twilight y a la pareja bellward.
CAPÍTULO 6: EMMETT
POV BELLA
Al llegar al hotel nuevamente, le doy una de las galletas para perros que Edward me facilitó el día anterior para su paseo, si se ponía difícil. Me indico que no debía abusar pero que se las daba como un premio a su buen comportamiento.
-¿No fue un agradable tiempo, Lady Rachmaninoff?
Ella da un complacido resoplido.
-Parece que también te gusto. Te volveré a sacar más tarde.
Escucho pasos entrando al living, me levanto del suelo rápidamente y veo a Emmett, dedicándome una sonrisa o riéndose ¿quién sabe?
-Buenos días, Emmett. Te despertaste temprano.
-Hola, Bella. Tienes razon, pero no tanto como tú. Tenemos un compromiso con Rose al que podemos faltar. En serio ¿Edward te hizo salir tan temprano? Que poco considerado resultó mi hermanito.
-En realidad, Rachmaninoff no paraba de insistir en salir.
¿Quedó muy mal si le digo que tiene razón?
-Vamos, Bella. No debes preocuparte por ser o no diplomática conmigo. Yo esperaba que tuvieras problemas con él. Conociéndolo, seguro te dijo que lo dejarás solo, que no lo molestarás y que odia la idea de respirar el mismo aire que tú estando viviendo bajo el mismo techo. Por qué te quedarás con él ¿no? Ayer te vi de lejos cargando unas maletas y llevándolas a su suite.
Asiento.
Él lo sabe, ¿es por eso que todos parecían encontrar divertido el hecho de que Edward y yo estuviéramos juntos? ¿Ellos esperabas que él reaccionará así?
Ese pensamiento me hace sentir molestia ante sus actitudes.
Emmett se acerca a mí.
-¿Preparada para trabajar con nosotros? Estoy seguro que mi hija estaría encantada de estar contigo y Rose y yo no te podríamos una pared que te separe de nosotros como él. Mi hermanito es muy aburrido, nunca supo lo que era divertirse y hablo en todos los aspectos y ámbitos. Lo único que hace es tocar el piano el día entero y cuidar de su perra. Si cambias de opinión, te recibiremos con gusto.
-Nada impide que pase tiempo con Kate si ella quiere, o que la cuide si ustedes necesitan salir y no pueden llevarla, pero me quedaré con Edward.
-¿Por qué?
-Me gustan los desafíos. Y él no me podrá asustar con sus actitudes arrogantes e intimidatorias.
-¿Ya intentó echarte?
-Más bien quiere que yo renuncie.
-Era esperable. Tienes más agallas de lo que creí. En ese caso te deseo suerte. Hey, Rachmaninoff ¿Qué tal el paseo?
La perra sentada a mi lado en actitud protectora entrecierra los ojos mirándolo amenazadoramente, y le gruñe y ladra, debo alejarme un poco y tironear de su correa para que no lo ataque.
-Todavía recuerda mi cara. –La expresión de Emmett se vuelve seria.
-Juro que se estaba comportando bien antes.
-No sé porque me odia tanto, siempre se enoja conmigo cuando me ve y nunca le he hecho nada–suspira. –Ya que sigues dispuesta a trabajar para Eddy, por favor dale algo de entrenamiento a su mascota.
-Sí, señor.
-Bien, mejor voy a ver si Rose y Kate están listas para poder irnos. Oh, y Bella. No te sientas incomoda por hacerle frente a él, no es algo que un conserje debería hacer, pero cuando se trata de Edward, es mejor que te ganes su respeto de alguna forma.
Emmett desaparece antes de que siquiera pueda responderle.
Rachmaninoff sigue gruñéndole a Emmett aún después de verlo desaparecer. Eso me hace volver a la realidad nuevamente, ¿la actitud hostil de ella será porque no le gustan otras personas que no sean Edward? Tal vez en eso se parece a su amo.
-Vamos a casa, Edward te debe estar extrañando.
Ante la mención de Edward, me observa y me sigue cuando empiezo a caminar, tratando de no hacer nada que la agite aún más.
Cuando abro la puerta Rachmaninoff entra trotando hasta llegar al living. Edward nos escucha porque de inmediato, la bella melodía del piano se detiene abruptamente.
Edward nos recibe al final del pasillo, Rachmaninoff salta y pone sus patitas delanteras en el abdomen de Edward.
-Bienvenida a casa, pequeña. ¿Te portaste bien en el paseo?
Ella ladra en respuesta y Edward ríe. Eso es algo tan extraño de ver. Acaricia su cabeza y orejas suavemente. Pero ella olisquea en el aire.
-¿Quieres la galleta? Sentada.
Su perra obedece y Edward saca de su bolsillo otra galleta para perros y se la da.
-Buena chica –la felicita al dársela. Rachmaninoff se aleja contenta y se recuesta en su cama para comer su premio.
Después se acerca a mí.
-¿No hubo ningún problema?
-No, señor. Ella ha disfrutado del paseo… Solo que…
-¿Sí?
-¿Rachmaninoff acostumbra a ladrarle y gruñirle a las personas que no le agradan?
-¿Mi Rachmaninoff te parece estúpida? –pregunta ofendido.
-¿Qué? Claro que no. Es que pasó algo recién. Emmett se acercó a mí para saludarme y Rachmaninoff se enojó, le gruñía y ladraba muy fuerte incluso cuando él desapareció de la vista de ella.
-¿En serio?
El rostro de Edward cambia totalmente cuando escucha el relato, no esperaba esa reacción de él. Sonriendo y riendo de algo a lo que yo no le encontraba la gracia. Parece un niño pequeño que hizo una travesura por el placer de divertirse.
Mis labios se abren y se vuelven a cerrar, porque no sé qué decir o pensar de él y la situación.
-Bien hecho, Rachmaninoff. Eres una buena chica.
Mira en dirección a su mascota y ella levanta la cabeza moviendo sus orejas.
-Disculpe, Señor Edward. ¿Puedo preguntar qué es tan divertido?
Edward se para a medio metro de mí y levanta mi cabeza a su altura delicadamente con sus dedos desde el mentón, haciendo que los latidos de mi corazón se descontrolen y empiece a temblar.
-¿Por qué debería decírtelo a ti, chica tonta?
De nuevo esa mirada dirigida a intimidarme.
-¿Me tienes miedo? –pregunta.
Me tomo por sorpresa, pero no le tengo miedo. No sé que me pasó cuando sus dedos me rozaron.
-Pensé que eras alérgico a las mujeres, entonces actúa acorde a ello –le digo fingiendo seguridad.
Edward parece darse cuenta de que su mano sigue en mi mentón, pero no me suelta, el toque sigue suave y gentil, aunque su voz indique lo contrario.
-Eres un dolor de cabeza, Isabella Swan.
-Igualmente, Edward Cullen.
Si piensa que me dejaré humillar y sin decir, ni hacer nada, está muy equivocado. Él es tan difícil de tratar.
-Podría echarte por desafiarme y decirle a mis hermanos que te tomen ¿sabes? Sin embargo, si lo hiciera, los demás sentirían que han ganado su apuesta, y se burlarían de mí de por vida por qué no pude convivir en armonía con una mujer como tú. Así que hagamos un trato.
-¿De qué se trata?
-Tú harás todo lo que yo te pida y me obedecerás, como la buena conserje personal que se supone que debes ser.
-¿Y tú?
Edward roza con su pulgar mi mejilla y yo me sonrojo violentamente sin poder hacer para evitarlo. Él sonríe con ironía y burla.
-Eres una chica muy extraña. Te dejaré en paz haciendo tu trabajo. Y en dos meses abandonarás esta suite, ganarás el ascenso que tanto anhelas y no nos volveremos a ver las caras. ¿Trato?
Edward deja mi mentón en paz y suspiro, quedándome apoyada en la pared. Sin embargo no se aleja demasiado.
¿Quién querría seguir viéndole la cara de todas formas? Él es un joven muy apuesto, y un excelente pianista, sin embargo cuando observa a las personas, o abre la boca te olvidas de eso. Seguramente dejar de trabajar para él será un alivio cuando el plazo acabe.
Como el odia el contacto humano en general, no hago el intento de ofrecerle mi mano. No volveré a cometer el mismo error dos veces. Además mi corazón aún late intensamente dentro de mi pecho y no quiero que él lo note.
Este sería el segundo trato que hacemos en un día y medio.
-Señorita Swan, mi tiempo es muy valioso. ¿Cerramos el trato, o no?
-Por supuesto. Acepto el trato.
-Dos cosas más.
-Escucho.
-Número uno, no menciones a nadie nuestro trato. Y número dos, no es que importante pero, yo le enseñé a Rachmaninoff a ladrarle a mi hermano Emmett. No le des importancia, Rachmaninoff no le ladra a nadie más que a él.
-¿Por qué la entrenaste para hacer eso?
-Porque… -empieza y luego se detiene. – ¿Tengo alguna obligación de contártelo?
Me dedica una hostil mirada.
-No, pero me parece extraño.
Supongo que es algún tipo de venganza por la extraña relación que tienen. Pero ¿poner a su perra como arma no es algo extremo?
-Continua con tu trabajo –me indica esquivando mi pregunta, debe haber una historia detrás del entrenamiento que le dio a su perra. –¿Te puedo pedir una última cosa?
-Claro.
-No me llames señor, las formalidades las reservo para mi trabajo. Mientras tú y yo vamos a pasar ocho largas semanas aquí, sería extraño. Puedes irte, prepara el desayuno y déjalo sobre la mesa del living.
-Sí, s…
Edward me mira con curiosidad, esperando que acate su pedido.
-Sí, Edward.
Al parecer ya es algo normal que los integrantes familia Cullen no acepten ser tratados con tanta formalidad por alguien con quien tienen más contacto, aunque me sorprende el pedido viniendo de Edward. Asiente y se aleja de mí, para volver a su práctica de piano. Lady Rachmaninoff sigue a Edward y se sienta a un costado del taburete, moviendo la cola y ladrando una vez cuando ve a Edward con sus dedos sobre las teclas. Ella disfruta de la música de él también.
-No me olvide, Rachmaninoff. ¿Aún así quieres escucharme?
Ella vuelve a ladrar.
-De acuerdo. Lo haré sobre todo porque no le generaste ningún problema a Isabella.
Mientras observo a ambos y veo a Edward tratar tan dulcemente su mascota, me pregunto nuevamente porque es tan extremadamente cerrado y temperamental con las personas. Los demás siempre dicen que hay muchas más cosas de él que no deja que los otros vean. Por lo que veo, su lado dulce es una de aquellas cosas.
Retrocedo unos pasos discretamente y me dirijo a la cocina para preparar el desayuno de ambos. Rachmaninoff no me dio tiempo a ni siquiera comer y no la quería hacer esperar.
