Exención de responsabilidad: My Hero Academia, sus personajes, historia, películas, y cualquier elemento comerciable no me pertenecen, son propiedad de Kōhei Horikoshi, y sus respectivos dueños. Escribo esta historia sin ánimo de lucro.

Estoy sorprendido por el rápido apoyo que el fic está encontrando. Puede que sea por la idea, puede que sea por que Boku no Hero está en auge gracias a su historia y su espectacular anime... pero debo agradeceros a todos los que habéis empezado a seguirla.

Lograré que ese apoyo que estáis dando, valga la pena.

Empieza oficialmente el viaje de Midoriya y sus amigos después de la introducción al mundo del capítulo pasado.

.

MY HUNTER ACADEMIA

CAPÍTULO 1

EL PRIMER ENCUENTRO

.

Izuku Midoriya abrió los ojos, y contempló las vigas de madera del techo de su habitación. La luz entraba ya por la ventana del lateral de la misma. Un nuevo día había comenzado. Era un joven pecoso, de pelo verde, grandes y verdes ojos soñadores, y de complexión ligeramente atlética.

Un día normal. Como todos los demás.

Izuku Midoriya era un joven de quince años que pertenecía a ese cada vez más reducido cincuenta por ciento de la población que nacía sin ninguna habilidad especial. La mayoría de los niños de la ciudad habían tenido suerte de tener algún tipo de poder. En su actual generación, casi todos los niños tenían un poder, que se manifestaba conforme pasaban los años. Magia, habilidades de ninjutsu, habilidades marciales... incluso algunos eran bendecidos con las habilidades genéticas y destacaban con facilidad por encima del resto.

No todos llegarían a ser Hunters, solamente algunos de ellos lo lograrían. A muchos les servirían para ser grandes soldados, a otros les servirían para realizar trabajos cotidianos... y los menos afortunados, por lo menos, tendrían sus simples poderes para el día a día. Pero para Izuku, todos ellos les parecían geniales.

Los raros, en su generación, eran los que nacían sin ningún poder... como él mismo.

Y eran ellos también los que eran objeto de burla por la mayoría de los niños de la escuela donde había asistido durante años.

– No me desanimaré. Hoy puede ser el día en que se despierte mi poder ¡Apuesto que será magia! – fue lo primero que el joven peli verde dijo, y saltó de la cama. Rápidamente, se vistió con una camisa ajustada de lino blanco, una chaqueta marrón clara abierta por encima, y se calzó unos pantalones azules oscuros largos, enfundados al final de los mismos por unas botas oscuras de cuero. La primavera estaba empezando, pero todavía el clima era algo fresco, frío para su gusto. El hecho de estar en una ciudad costera aclimataba el ambiente, pero en los últimos años las variaciones térmicas habían ido en aumento, un problema más en una era repleta de problemas de toda clase.

Salió de la habitación y recorrió un estrecho pasillo de paredes de piedra pintada de blanco, hasta llegar al salón comedor de la modesta casa en la que vivía con su madre. Estaban en la tercera planta de un grupo de viviendas más pequeñas que las casas normales, que los arquitectos habían diseñado para aprovechar las laderas de la colina sobre la que crecía esa parte de la ciudad.

Lo llamaban pisos.

– Buenos días Izuku – le saludó su madre con alegría, que estaba en la cocina lateral al salón preparando al fuego el desayuno. Era una mujer bajita y regordeta que había tenido que criar sola a Izuku, pero que lo había hecho de maravilla. Por un par de bocetos y cuadros que el joven había visto, su madre de joven había sido una mujer muy hermosa, pero la carga de tener que cuidar de su hijo sola, y trabajar al mismo tiempo, la había desgastado con los años.

Izuku no sabía nada de su padre, salvo que por alguna razón, les había abandonado en el pasado a los dos. Tampoco le había preguntado nunca a ella por él, ni quería de hecho saber nada de alguien a quien ni recordaba.

– Buenos días okaasan – contestó el joven sin poner mucho énfasis en el saludo. Se había levantado pensativo esa mañana. Su madre no comentó nada al verle desanimado, ya que respetaba los tiempos de su hijo. Se sentía muy afortunada de haber tenido un hijo como él, que nunca daba problemas y era un ejemplo de buena persona.

Solamente lamentaba que éste no hubiera logrado despertar ningún poder en su interior.

– Desayuna rápido, creo que hoy tenías que ir fuera de la ciudad con algunos compañeros de la escuela ¿verdad? – se interesó su madre, sirviéndole el desayuno. Izuku asintió y se animó un poco.

– Estamos haciendo entrenamientos de combate en el campo de entrenamiento que hay en la playa del sur, okaasan – dijo, y ahora sí, sonrío mientras miraba hacia un armario cerrado con una cadena.

En ese lugar, se guardaba la espada de entrenamiento que Izuku estaba usando desde hacía cerca de tres años. Una espada de acero sin filo, para no herir a nadie.

– ¿Cómo van tus clases de esgrima? – se interesó su madre – Ya te he dicho que no me gustaría que entraras al ejército Izuku...

– Lo hemos hablado muchas veces, tranquila – contestó el joven. Había terminado el desayuno, y se levantó agradeciendo la comida para luego abrir el armario y sacar su espada corta, envuelta en una funda blanca.

– Escúchame. Está bien que entrenes para ser más fuerte... pero tú lo sabes... la gente sin... – empezóa decir su madre, pero se tuvo que cortar a sí misma, sabiendo que lo que iba a decir, le dolería al joven, ya que era alguien bastante inseguro. Izuku agachó la cabeza, y su sonrisa desapareció para convertirse en una línea curvada que auguraba su preocupación y temor.

– Lo sé. Sé que alguien sin ninguna habilidad, en el ejército, es la carnada de primera línea... los que primero mueren. Yo no quiero eso. Yo solo quiero ser más fuerte, y tener la oportunidad de proteger a los demás... igual que hace él – y señaló el único capricho caro que Izuku había pedido en toda su vida.

Un cuadro del Hunter número uno del país, y seguramente, uno de los más grandes del mundo. El hombre gracias al cual incluso los dos países vecinos a Ken, el reino militar de Draconsis, al norte, y el archipiélago de Gundamar, al suereste, tierra de comerciantes, hubieran unido esfuerzos contra los monstruos de todo tipo que asolaban y se internaban desde las fronteras, y que seguían causando grandes estragos.

All Might. Un hombre enfundado en una armadura plateada y azulada, con una capa roja, blanca y azul, y que en vez de espada llevaba unos gigantescos puños metálicos de colores negros y amarillos enfundados a sus manos, mientras sonreía y miraba hacia el horizonte.

Izuku lo había visto en acción en varias ocasiones, en las mágicas pantallas de las plazas de la ciudad desde las que se retransmitían noticias de todo el mundo y en ocasiones curiosos programas de entretenimiento que congregaban a mucha gente para verlos. También le había visto en varias ocasiones que había visitado la ciudad, siempre desde lejos, sin poder acercarse a él.

Pero su seguridad, su valor, su amabilidad y su poder le habían hecho digno de la mayor de las admiraciones, rozando incluso la veneración, del peli verde. Era todo lo que él quería ser.

– Yo quiero... ser un Hunter okaasan – susurró Midoriya, casi como si el diera vergüenza reconocerlo. Su madre, soltando un suspiro, solamente podía apoyar a su hijo en su sueño imposible.

– Esfuérzate entonces, Izuku – dijo, sonriendo y mirando un reloj – Y lo primero que debes hacer entonces... es no llegar tarde – añadió, dándose cuenta de la hora y poniendo los brazos en jarras.

El peli verde, puso los ojos en blanco y palideció, para luego salir corriendo de casa, casi olvidándose la espada por las prisas.

Después de correr durante un rato, y enfundarse el cinto al que se sujetaba la espada durante el trayecto, llegó hasta la puerta sur de la ciudad.

Su ciudad, una ciudad costera llamada Ithil, ubicada en la costa noreste del país de Ken, era un lugar relativamente seguro para los tiempos en los que vivían. Era una ciudad amurallada, construida sobre la base de una colina en la que había otras tres murallas interiores, hasta llegar a la cima en la que se encontraba una gran ciudadela cuadrada. La ciudad estaba también protegida parcialmente por el propio mar. La casa de Izuku se encontraba en la parte oeste de la misma, en la base de la colina principal. La zona sur, y el puerto que había tras esa zona, eran un área con casas más grandes, en una planicie con árboles e incluso algunos parques. La blanca muralla en ese lugar parecía incluso más alta, contrastando con los edificios de piedra que quedaban a la sombra de la misma. Los guardias le reconocieron al momento, ya que el joven, pese a vivir en una ciudad densamente poblada, cruzaba mucho por ese lugar, para ir a los campos de entrenamiento que se encontraban fuera de la ciudad.

– No te esfuerces tanto, chico, que luego hay días que vuelves a casa a rastras. Un día si llegas muy tarde te encontrarás las puertas cerradas – se burló medio en broma uno de los guardias de la puerta, que llevaba una cota de malla oscura, hombreras y brazales de metal plateado, y la casaca de color azul que representaba el color de la bandera del país de Ken, y que había dejado el casco descuidadamente abandonado contra la pared del muro.

– No... señor – contestó el joven, terminando de recuperar el aliento, para después volver a correr. Los cuatro guardias, apoyados en sus lanzas relajadamente, rompieron a reír divertidos por la actitud de Midoriya.

Ese muchacho les caía bien, por eso se metían ligeramente con él. Los cuatro tenían habilidades, por eso les habían asignado la protección de esa puerta.

Izuku siguió corriendo hasta que llegó al campo de entrenamiento, varias explanadas de tierra con caballos, soldados, y extrañas máquinas de entrenamiento, que se encontraban entre dos acantilados bajos, justo junto al mar.

– Realmente eres tonto Deku... vienes corriendo para pasarte recibiendo palizas un día más – le saludó una voz dura y burlona a sus espaldas.

– K...Kacchan – murmuró Izuku, tragando saliva y girándose. A sus espaldas, con una coraza retráctil de acero negro que permitía la movilidad del abdomen, y unos guardabrazos rojos, se encontraba un joven de ojos rojos y cabello rubio puntiagudo. Su mirada y su actitud corporal indicaban que era alguien extremadamente agresivo.

Su nombre era Katsuki Bakugo. En la infancia, Midoriya le seguía a todas partes, y le admiraba totalmente, cosa de la que Bakugo siempre fue consciente. Nunca fueron amigos, pero durante años, iban juntos a todas partes. Y sobre todo, ambos tenían una sola cosa en común: su total admiración hacia All Might, el Hunter número uno.

– ¿Con quién vas a perder hoy Deeeku? – siguió preguntando Bakugo, mientras chocaba su puño derecho con la palma de su mano izquierda. La pandilla de Bakugo, cinco jóvenes que estaban tras él, se rieron como idiotas siguiendo sus bromas, pero el rubio los ignoró totalmente, e incluso pareció que se sentía molesto de sus risas.

– No... no sé si perderé – contestó Izuku, mirándose los pies, y recordó las palabras de su madre antes de salir de casa – Pero me esforzaré – consiguió decir sin tartamudear, provocando las carcajadas de los que estaban detrás de Bakugo. El rubio, sin embargo, no se rió, si no que apretó los dientes furioso y alzó una ceja en señal de negación.

– ¿Que te esforzarás? Para qué. Fuiste el único de nuestra clase que no consiguió obtener un poder... eres el más patético de todos, Deku – dijo cruelmente el peli rubio, provocando el enmudecimiento de Midoriya.

– Izuku, no le hagas caso por favor – pidió otra voz diferente, esta vez, una voz amable y serena de mujer joven.

Izuku se giró, y se encontró con una joven muy conocida por él en los últimos meses.

Se trataba de una peli negra llamada Yaoyorozu Momo, de dieciséis años, que tenía una habilidad marcial increíble: era capaz de generar de su propio cuerpo toda clase de objetos, de ataque y defensa, y además, era una experta en el uso de cualquier clase de arma. No solamente eso, conforme pasaba el tiempo y ella entrenaba y estudiaba, había comenzado a darse cuenta de que era capaz de crear distintos materiales. Portaba una armadura que la cubría los desarrollados pechos, un faldar de cuero negro, grebas y brazales metálicos, todo de color plateado y con algunas zonas pintadas de rojo, pero el resto de zonas de su cuerpo dejaban al descubierto su hermosa piel, pues necesitaba esas zonas descubiertas para poder usar su extraña habilidad.

Nada más verla, como le ocurría siempre, Izuku se puso rojo como un tomate.

– Momo chan – consiguió decir, mirando hacia todas partes menos a la chica.

– Siempre eres tan divertido – se rió ella, sin entender nada – Coge una armadura, y vamos a entrenar ¿Algún problema con eso Bakugo? – añadió dirigiendo una mirada furibunda al rubio, que apretó los dientes y se giró, para irse a entrenar hacia un grupo de rocas con unos magos que parecían estar esperándolo. Cabe destacar que Momo era una joven tranquila, agradable, y modesta... pero tenía su genio con los abusones y los prepotentes. Su forma de ser y su objetivo de ayudar a los demás la hacían chocar con facilidad con alguien como Bakugo.

– Haz lo que quieras y pierde tu tiempo con ese perdedor. Yo seré el que irá a UA – vaticinó sin detenerse, mientras apretaba el puño delante de su rostro.

Si Izuku y Bakugo se conocían de la infancia, y de haber ido toda la vida a la escuela juntos, para diversión del segundo y desgracia del primero, Momo e Izuku se habían conocido el año anterior.

Izuku, al aceptar que nunca tendría un poder, a la edad de doce años, decidió no rendirse. Comenzó a estudiar las habilidades marciales, magias y ninjutsus de todos los Hunters que pudo, y al mismo tiempo intentó aprender todo lo posible del mundo y de los monstruos que lo poblaban.

Y al mismo tiempo, decidió entrenar su cuerpo. Si no podía tener poderes, al menos, sería un buen luchador. Quizá no sirviera de nada, pero no estaba dispuesto a quedarse cruzado de brazos mientras todos a su alrededor se veían tan geniales.

Su timidez absoluta le impidió relacionarse con nadie... pero gracias a la ayuda de alguien, que le entregó su actual espada de entrenamiento, tuvo por un breve tiempo un mentor que le enseñó lo básico del manejo de la espada.

Cuando esa persona desapareció de la vida de Izuku, o más bien, de sus entrenamientos, a la edad de catorce años, el joven peli verde siguió entrenando duramente, solo. Su forma de ser le hacía peor espadachín de lo que su talento podía haberle hecho ser, sobre todo porque un espadachín debe ser alguien seguro de sí mismo, resolutivo, y que jamás dude. Un solo error, puede costar la pelea y la vida cuando se tiene una pelea contra otro espadachín, o lo que es peor, contra un monstruo.

Y el problema de Izuku eran su inseguridad, nervios, y timidez. Porque por el contrario, su mente era sumamente hábil, se podría decir que incluso era un genio para idear estrategias, analizar situaciones y personas, y además, tenía esa fuerza de voluntad de seguir adelante superando incluso su débil cuerpo y su incapacidad social.

Y entonces fue cuando Yaoyorozu Momo y él se conocieron. Ella era de una de las familias más poderosas y pudientes de la ciudad, grandes comerciantes que residían en un palacio que se encontraba en la cima de un pequeño acantilado situado en el lado norte del puerto y protegido por la muralla marítima, desde la cual dirigían todos los asuntos del puerto con maestría, habilidad, y sorprendente generosidad.

Momo había sentido lástima al ver a ese joven pecoso entrenando solo, y había ido a hablar con él. Con el paso de los días, y las semanas, esa lástima se transformó en amistad. Izuku, entrenamiento tras entrenamiento, incluso había logrado volverse algo más seguro de sí mismo.

Todavía era alguien muy normal como espadachín, y más si se tenía que medir con una experta en todas las armas como era Yaoyorozu. Pero iba mejorando.

– ¿Izuku sigues aquí? – preguntó Momo al peli verde, que llevaba cerca de medio minuto con la mirada perdida en los recuerdos.

– ¿Eh? – preguntó a su vez Izuku, que miró a Momo sin verla, hasta que finalmente reaccionó y comenzó a hacer un montón de aspavientos con las manos mientras le saltaban gotas de la cara – Sí, sí mi ar-armadura, voy Momo chan, perdón – contestó hablando muy rápido, y salió corriendo para ajustarse un peto de cuero con refuerzos de acero y unos guanteletes del mismo metal.

– ¿Por qué me pide perdón por algo así? – se preguntó la chica sin poder evitar soltar una risita por lo bajo. Siempre le había parecido un chico gracioso, pero le preocupaba esa falta de seguridad suya.

Y estaba decidida a cambiar eso para que su amigo y compañero de entrenamiento pudiera mejorar.

Izuku regresaba corriendo, distraído, y Momo hizo aparecer una lanza sin punta ni filos en los lados de uno de sus brazos. Lanza que enarboló con la punta roma por delante, directa hacia el rostro del peli verde.

– ¡Giiiiaaaaaa! – fue el gritito que soltó éste, cuando tuvo que hacerse a un lado a toda velocidad para esquivar el ataque.

...

Ah, sí, olvidé mencionarlo, pero aunque yo no era especialmente brillante con la espada, ni tenía habilidades especiales... sí que era bastante ágil y rápido

Izuku se deslizó por el suelo hasta quedar detenido, apuntando al costado vulnerable de Yaorozu, pero sus nervios como siempre le jugaron una mala pasada. La mejor opción habría sido desenvainar a la carrera y cortar al estilo desenfunda y enfunda pasando por la espalda del desprevenido atacante, pero en vez de eso Izuku comenzó a correr, se detuvo a desenvainar, y luego volvió a correr, dando tiempo a Momo a crear con su brazo un escudo con el que desvió la estocada.

El peli verde trastabilló, y estuvo a punto de caer de bruces al suelo, pero en el último momento se rehízo, solo para tener que echarse hacia atrás a toda velocidad para esquivar un lanzazo barrido que hizo Momo con la mano que tenía atrás mientras arqueaba su cuerpo, en un veloz giro. Izuku retrocedió, cauteloso, y buscó una abertura por la que atacar.

Pero Momo no le iba a esperar.

Lanzó el escudo a un lado y se lanzó al ataque con la lanza. Izuku retrocedió asustado, y tropezó con una roca, cayendo de culo al suelo. La joven no pensaba detenerse, y lanzó un barrido descendente, obligando a Izuku a interponer su espada en horizontal, parando el golpe.

"Qué fuerza... tan monstruosa" pensó Midoriya al notar la presión con la que era aplastado contra el suelo con facilidad.

Por suerte, no todo en Izuku eran avales negativos. Su inteligencia y astucia estaban a un nivel muy distinto a su habilidad para la esgrima y fortaleza mental. Deslizó su espada a un lado, y luego bloqueó con el guardabrazo izquierdo la lanza, desviándola hacia su costado y logrando que el arma se golpeara contra la tierra y la punta se hundiera profundamente. Izuku rodó, se levantó, y no dio tiempo a Momo para respirar, volviendo a atacar por el costado.

Yaoyorozu también era rápida en reflejos y reacción. No intentó recuperar la lanza, si no que, aprovechando el impulso de su golpe, rodó hacia delante, e hizo aparecer en sus piernas dos espadas cortas curvadas.

– Te dije que ibas mejorando, Izuku – afirmó la peli negra, que se lanzó sobre éste. El chico interpuso su espada para detener un tajo ascendente, pero Momo amagó luego con una finta, bajando la guardia del peli verde, le lanzó una patada contra el cuero de la coraza de la zona abdominal, forzándole a retroceder deslizándose sobre la tierra, y en un último y veloz ataque, que vino desde abajo, le arrancó la espada de las manos, mandándola a volar haciendo giros en el aire hasta que se clavó contra la tierra.

– Ahhhhhhhh, sigo sin tener ninguna posibilidad – suspiró Izuku, sudando, y cayendo al suelo mientras cerraba los ojos.

– Pero vas mejorando poco a poco. Tu problema es que te falta confianza Izuku – afirmó Momo, que se dirigió hacia el lugar donde había caído el arma – Bien, ¿continuamos? – añadió, mientras la arrancaba y se la lanzaba al peli verde, que falló en cogerla y tuvo que amagar dos veces en el aire hasta que logró asirla.

– Sí... Sí, por favor, Momo chan – rogó el peli verde, inclinando la cabeza ante la joven, que solo pudo reírse mientras le decía que se levantara con la mano.

Por desgracia, el mundo en el que vivimos... no es un lugar seguro. Los soldados y jóvenes que se encontraban ese día en el campo de entrenamiento de una zona en apariencia segura del país de Ken... lo íbamos a descubrir en ese mismo instante.

.

Nota del autor: tema recomendado One Piece Epic OST - Sakusen Kaishi (duración 3:23)

.

De repente, las tranquilas aguas del mar se elevaron como si algo hubiera explotado, y de entre el agua y la espuma salió la cabeza escamosa de un Secrex. Izuku lo reconoció al momento, por sus ojos amarillos, su cabeza plana por arriba en forma de flecha, y su largo y ancho cuello que culminaba en dos poderosas garras delanteras. El vientre de color marrón claro fue lo siguiente en salir, mientras el monstruo emergía de las profundidades lanzando un poderoso rugido que obligó a todo el mundo a taparse los oídos y a muchos a agacharse aterrados mientras cerraban los ojos.

Sus patas traseras hicieron contacto con la arena de la playa, provocando un temblor que derribó al suelo a la mitad de los presentes, e Izuku contempló a uno de los monstruos a los que algún día deseaba enfrentar.

Debía medir doce metros de alto, desde las patas hasta la cabeza. Sus patas delanteras culminaban en unas enormes manazas con tres garras de gran envergadura en cada una. Las patas traseras se doblaban en un arco hacia atrás, haciendo que el Secrex pareciera estar siempre inclinado hacia delante.

Su cuerpo estaba cubierto de grandes escamas en placas de color rosáceo, y la piel de las junturas tenía una tonalidad verdosa. La cola del monstruo, tan peligrosa como los gigantescos colmillos que se veían entre sus fauces, estaba culminada por dos grandes guadañas filosas, como si de una gigantesca y obscena hacha se tratara.

El primero en reaccionar, fue el capitán del grupo de soldados que se encontraba allí.

– ¡Niños corred hacia la ciudad y dad la alarma! – les gritó a todos los jóvenes que estaban siendo entrenados ese día – ¡Soldados, cumplid con vuestro deber! ¡Cargad! – gritó, y desenvainando una espada de más de un metro de largo, se lanzó al ataque con decisión.

Casi nadie pudo moverse. Momo había quedado totalmente estática por el miedo, pero Izuku no. Habría nacido sin habilidades, pero había una cosa más valiosa que ninguna, que despertaba en él cuando había personas en peligro.

El valor.

El Secrex, rebautizado con esa abreviatura del nombre original Second Rex, pues era un monstruo clase T-Rex que se sostenía sobre dos patas, golpeó unas rocas con la cola partiéndolas en pedazos. Uno de esos trozos fue directo contra Momo e Izuku, y éste reaccionó tan rápido como pudo, saltando sobre la chica protegiéndola con su cuerpo y haciéndoles rodar a ambos por la tierra justo a tiempo como para esquivar los fragmentos, que se estrellaron contra el suelo rompiéndose en pedazos.

– ¡Momo chan estás bien! – gritó Izuku, poniéndola una mano en el hombro. Ante su grito de miedo, la chica finalmente reaccionó, y se puso en pie mientras adoptaba una pose de guardia. A ambos les temblaban las piernas.

– S... sí. Me me salvaste Izuku... gracias – logró decir ella sin recuperar el control de sí misma aún.

– ¡Apartad de mi camino extras! – gritó Bakugo, saltando en el aire rodeado de una explosión.

Esa era la magia de Bakugo. Porque Bakugo era un mago, aunque no era un mago convencional. Su estilo de pelea era tanto a distancia como cuerpo a cuerpo, pero era caótico y sin sentido, por lo que Izuku había podido analizar durante años. Se dejaba llevar por su temperamento y no evaluaba bien las situaciones... como en esa ocasión.

El rubio había nacido con una gran habilidad para la Magia Explosiva. Era capaz de generar destructivas explosiones que se generaban de su propio cuerpo, y a las que él mismo era inmune.

El Secrex, al verle venir a él por arriba, y al capitán y varios soldados por abajo, lanzó otro rugido, y volteó su cola, intentando alcanzar al joven.

– ¡Kacchan! – gritó Izuku, asustado por la trayectoria de la poderosa cola del monstruo

– ¡NO ME SUBESTIMES BESTIA ASQUEROSA! – berreó Bakugo, lanzando nuevas explosiones en el aire y elevándose por encima del barrido lateral de la guadaña. Lanzó una explosión al cuerpo del monstruo, envolviéndole en ella, y luego saltó hacia atrás, para aterrizar en el suelo.

El capitán de los soldados, desde abajo, se internó en el humo generado, y siguió el sonido del choque del metal contra algo muy duro, hasta que reapareció volando por los aires, con la armadura rota en pedazos, y cubierto de sangre. Se estrelló contra una roca gravemente herido.

– ¡Capitán! – gritaron los soldados, furiosos y aterrados. Algunos comenzaron a correr hacia él, otros huyeron, y algunos atacaron al monstruo cegados por la ira.

– Quietos... idiotas – murmuró el capitán, mientras escupía sangre, no muy lejos de Bakugo, que le miró con los ojos muy abiertos por la impresión. Era la primera vez que veía a alguien tan herido, o que se veía en una situación tan complicada. El Secrex salió finalmente de entre el humo, y lanzó dos dentelladas a dos soldados, que salieron huyendo para no ser devorados. Tenía un par de cortes en una pata y en la panza, y una leve quemadura en el costado provocada por el ataque del peli rubio, pero parecía que esas heridas más lo habían enfurecido que dañado.

– Mierda... le di con todo y aún no está muerto... – murmuró, y apretó el puño, que le estaba temblando – Yo seré... el Hunter número uno, cazaré a todos los monstruos del planeta. ¡Tú solo eres un trofeo en el camino, estúpido monstruo! ¡SHINEEEEE! – gritó Bakugo, y volvió a saltar hacia el aire usando sus explosiones.

Izuku supo lo que iba a ocurrir, y salió corriendo hacia el Secrex recogiendo una lanza por el camino. El monstruo observó a Bakugo, y repitió el ataque de su cola, pero Bakugo había subestimado la inteligencia de ese monstruo. El barrido iba de abajo para arriba, y cuando Bakugo se elevó con sus explosiones, la guadaña de la cola seguía yendo hacia él.

– El más grande héroe... es quien los salva a todos... de los monstruos ¡All Might! – gritó Izuku, con una súbita resolución nacida de la situación de emergencia, y lanzó la lanza con certera precisión contra el ojo del Secrex, clavándola en el reborde del mismo y logrando semi cegarle, y sobre todo, hacerle rugir de dolor, provocando que la cola que iba a dar a Bakugo se desviara.

– ¡Maldito inútil no intentes robarme la gloria! ¡Sólo eres un normal! – gritó Bakugo, lanzando una nueva explosión al rostro del Secrex, que retrocedió un par de pasos mientras volvía a rugir, y cayendo justo al lado de Izuku, que retrocedió más asustado por el rubio que por el monstruo. Bakugo le dirigió una mirada furiosa, y siguió gritándole – ¡Lárgate de aquí Deku, no tienes ninguna habilidad, no podrás hacer nada contra eso! – gritó.

Izuku apretó los dientes... pero ambos se habían distraído. El Secrex estaba cargando contra ellos en ese momento, y Bakugo ni siquiera se había dado cuenta.

El peli verde no dudó un instante, contrario a su naturaleza habitual. Sin dudarlo, empujó a Bakugo, apartándolo de la trayectoria del monstruo, y solo tuvo tiempo para agarrar un escudo del suelo y cubrirse contra la embestida, aunque sabía que iba a ser del todo inútil.

– ¡IZUKU! – gritó Yayorozu, corriendo súbitamente desesperada hacia él, y extendiendo su mano, pero sabía que era tarde. También lo supo Bakugo, que no podía creerse que ese antisocial hubiera priorizado salvar su vida a la suya propia.

– Voy a morir... voy a morir – murmuró Midoriya desesperado, y no pudo evitar cerrar los ojos cuando las fauces del Secrex se lanzaron sobre él.

Todo sucedió muy rápido. Hubo un sonido de impacto muy fuerte, una corriente de aire pasó junto a Izuku, y al segundo siguiente notó que estaba volando siendo llevado por alguien.

Izuku abrió los ojos, y supo que había muerto.

Porque no era posible lo que estaba viendo.

– Joven... priorizaste el proteger a los demás, por encima de tu propia seguridad... ¡fuiste todo un valiente! – le dijo un hombre de pelo rubio y facciones muy marcadas, mientras sonreía con una gran sonrisa reluciente cargada de seguridad– ¡Fuiste un verdadero Hunter! – añadió, el hombre que le estaba cargando en brazos mientras volaban sobre el agua del mar...

Definitivamente, debía estar muerto.

Porque quien le había dicho esas palabras... era nada más y nada menos que el Hunter a quien más admiraba.

All Might

.

.

.

Hasta aquí este primer capítulo. ¿Qué os ha parecido?

Ya hemos conocido a dos de los compañeros de clase de Izuku, Momo, con la habilidad marcial de generar objetos de ataque y defensa de su cuerpo, y Bakugo, con su magia explosiva. Poco a poco, iremos conociendo a todos los demás.

Y al fin apareció el mayor héroe... perdón, quise decir Hunter jejeje

Si os preguntáis por el mapa del mundo de esta historia, es un poco complicado de explicar. Los países de la historia son todos costeros, y se encuentran en un extremo del gran continente donde se desarrollan los acontecimientos. El interior del continente es territorio salvaje, y allí no hay ciudades y lo dominan totalmente los monstruos y otras cosas. Intentaré algún día subir un mapa para que sea más sencillo de ver.

Espero vuestras reviews amigos!