Bueno, ya estoy un poco más inspirado, así que comenzaré con lo que vendría a ser la segunda parte del capítulo pasado. Aprovecho en estas notas del autor para decir (por si acaso) que mi Fanfic alternativo Sin Muros ya fue actualizado. Sin más autospam que hacer, procederé a responder las Reviews.

RCurrent – Gracias por tolerar mi inexcusable ausencia. Quizá para cuando publique éste capítulo ya haya comenzado a leer tu obra en Wattpad (plataforma que en lo personal me agrada, pero no lo suficiente como para escribir en ella).

CSR Stories – Tu comparación con una estrella fue perfecta, pero incompleta. No olvides que al morir una estrella pueden pasar 3 cosas. O genera una supernova, o puede, repito, PUEDE generar una nebulosa, o (lo más probable) se convierte en un agujero negro. Y para mi TLH Fandom últimamente (Repito, no todo el fandom, pero si una porción que se hace notar y mucho) se está convirtiendo en esto. Y para mi desgracia lo consumen todo dejándolo en un punto sin retorno. Ergo NSL, Ergo Luaggie, Ergo Loudcest (que no me desagrada, pero ése tabú ya es mi problema). Y repito, el día en que no vea tus críticas, será el día en que yo haya fallado como escritor en general. Tus reviews son bienvenidas siempre. Y al igual que tú, te deseo lo mejor.

Por cierto, para terminar la respuesta, la secuela se aproxima.

Sin más que agregar, (a no ser que alguien comente justo cuando publique esto) comencemos.


Capítulo 5

Miedo a la calma (Parte 2)


Lynn se había logrado refugiar en la coraza hueca de un árbol cercano. Había dormido tranquila ahí, después de aquél episodio alucinógeno extraño que casi hace que caiga por un barranco. Bueno, tranquila no era la palabra correcta, ya que al despertarse por los rayos de luz emergentes, que alumbraban aquel pequeño espacio del tronco hueco, sintió un dolor de cabeza bastante fuerte. La textura de la madera era cómoda, producto al musgo acumulado en ésta. Así que no tuvo demasiados problemas con las astillas o la corteza. Salió del tronco hueco, y estiró sus extremidades. Le encantaría hacer sus ejercicios matutinos, pero tenía que moverse rápido. No quería ser sorprendida por algún desagradable sujeto como Coule, o por el mismo mercenario rojo. Así que, agarró su mochila, el fierro, y prosiguió su camino alejándose de las flores que había pisado. No sabía por qué, pero algo le decía que esas flores pudieron haber causado aquél episodio.

Y aunque siguió su camino, aunque iba recorriendo aquél ambiente tan irónicamente bello, se detuvo en seco luego de lo que parecían horas pero pudieron ser minutos. Se detuvo por una simple pregunta. ¿Ahora qué iba a hacer? Esa pregunta podía derivar perfectamente en un centenar más. Pero prefirió mantener su cabeza centrada en aquella incógnita porque, después de lo acontecido horas atrás, comprendió que divagar era la peor opción para tomar en ésta situación.

¿Qué tenía que hacer? Buscar un refugio estable. El tronco hueco era un buen escondite, y el sendero era relativamente fácil de conseguir. Sólo encontrar las flores azules extrañas y listo. Pero a la vez no sería eficiente porque no sabía si habrían más senderos de flores así en todo el lugar. Eso sin mencionar que su estómago estaba ya pasando factura por quedarse unas cuantas horas sin suministro alguno. Que mala suerte el que Lynn Loud sea la hermana que más come.

Los ríos no tenían ni un solo pez, y Lynn no ha oído el cantar de un ave en el tiempo que llevaba ahí. Cosa que debería de ser extraño ya que se supone que es normal ver aves en zonas boscosas, o al menos escuchar sus cantares. Siguió caminando entre los árboles. Ésta vez evitando a toda costa la dirección donde, según ella, había montañas. No querría repetir un encuentro como el que tuvo…

Lynn caminaba por el bosque, ya logrando avistar otra vez esa zona con tierra seca y árida. Esa zona donde ella había despertado por primera vez. Parecía un tipo de desierto, o sabana seca. La sensación de sus pies descalzos en la tierra seca era incómoda, y más por la herida que sufrió cuando escapó de aquella escotilla. El caminar, todo en general, le era incómodo; y Lynn sólo fijó la mirada en el horizonte. Intentando ver que tan lejos era capaz de llegar hasta encontrar una zona con comida… Y no a otro participante de aquel siniestro juego.

Las horas pasaban conforme Lynn seguía caminando como un animal desorientado. No sabía cuánto tiempo exactamente había pasado, pero se sentía con bastante sed en ese momento preciso. Buscó entre los agujeros, esperanzada de que hubiese alguna madriguera con algún animal el cual pudiese comerse. No le importaba que tan tierno se viera, ni qué pensase su hermana Lana si se enterase de qué estaba pensando. Ella no tenía miedo de matar a animales más pequeños por su supervivencia.

Caminó y caminó, hasta que sintió el mismo césped frío de antes. Cuando encontró aquel escondite antes de que aquellos lunáticos quisieran matarla, o violarla, se sorprendió bastante que no hubiesen hecho lo último mientras estaba inconsciente. Pero era extraño. Normalmente, en las películas, cuando los hombres estaban demasiado tiempo sin algún desahogo sexual, sus hormonas se alborotaban a tal punto que se comportaban como animales violadores. Las redes sociales lo han dicho, las series criminalísticas donde descubren a un violador lo dicen. ¿Por qué no la agredieron así desde un principio? Era una chica.

Quizá no se dieron cuenta de su sexo, pensó por un momento la joven con cabello blanco. Quizá tuvo la suerte de que, los muy bastardos, no fuesen tan listos como para descubrir que ella era una chica.

En éste momento, se detuvo con la mirada algo fija en la nada.

-No… Coule… - El chico al cual ella mató por accidente, después de reventarle un testículo, y de desgarrar su zona genital… Habló con un tal Bolt. – El… le preguntó… - Lynn comenzaba a temblar. Estaba con sus ojos abiertos, y cuando creyó que las lágrimas no podían salir de nuevo, ahí estaban. Contradiciendo la lógica biológica. Solo unas dos gotas rebeldes que querían salir.

Coule iba a divertirse con ella, según dijo el tal Bolt. Coule había mencionado que, el ganado sólo servía para divertir a Jiner, o para dárselo a alguien más. Pero, ¿Qué pasó mientras estaba inconsciente? ¿Por qué tenía moretones y marcas de agarre fuerte? Por qué…

Ella inmediatamente se quitó la camisa de Coule, e inspeccionó su cuerpo. Las marcas seguían frescas. Marcas de agarres, de manipulación. Su pecho no fue muy explorado gracias al cielo, pero… Entonces fue ahí donde empezó a retirar sus pantaloncillos. Estaba temblando, tanto que cerró los ojos del miedo. Al sentir que ya no los tenía, y que estaba sólo en bragas, se atrevió a abrir los ojos, preparada para lo peor.

Sus blancas y tonificadas piernas si tenían moretones. Algunos negros, y otros ya rojos. Trató de ver sus muslos mejor, y al ver que había marcas de palmas en este, se empezó a hiperventilar. Sus bragas, sus bragas estaban rojas. En su mente, en su inocencia, quería pensar que era producto de haber matado a Coule. Debía serlo. Tenía que serlo. Pero no quería comprobarlo. Su mano se detuvo antes de intentar quitárselas. ¿Valdría la pena? Es su cuerpo después de todo. Sus manos temblaban cuando se estaba obligando a si misma a bajar su ropa interior.

Sólo la bajó lo suficiente para ver su pelvis al descubierto. Y se contempló a si misma. No había nada fuera de lo ordinario. Nada apreciable. Esto podía significar que el señor, si es que existía, tuvo misericordia con ella. Suspiró aliviada. Sintió que el peso en su pecho se fue de golpe. Subió sus bragas, pero al soltarlas, sintió un leve dolor o irritación. Esto no le interesó mucho, quizá fuese la hierba… Quizá.

Lynn volvió a ponerse la asquerosa y hedionda camisa del bastardo rubio y patético, el cual había matado por accidente. Ella era de las Louds que siempre se idolatraba a sí misma producto de su egocentrismo; algo que compartía con Lola, siendo honestos. Siempre molestaba a Lincoln con sus hornos daneses, su ropa no era precisamente la más limpia de la casa, y sus suspensores solían heder lo suficiente como para dejar inconsciente a Lincoln por casi una hora.

Pero el hedor de Coule no era como el de Lynn. No era hedor producto del esfuerzo físico, ni de, en casos extremos, fluidos residuales, producto de prácticas extremadamente intensas. Era un hedor como si se tratase de algún tipo de metal. Un metal oxidado. Eso, y carne putrefacta. Mientras caminaba, el hedor era, en este momento, la cosa que cruzaba por la mente de Lynn. Podía percibir el hedor de ahora, lo que parecían ser tripas descompuestas; también orina, y… Algo que sólo olía cuando su hermano tardaba más de veinte minutos en su cuarto… Un olor entre orina, y algo más…

Y aun si fuese muy irónico, también el hedor a vómito se sentía en esa camisa. Era, en cortas palabras, una camisa asquerosa.

Lynn siguió caminando, intentando ignorar su olfato para no sufrir más del hecho de tener, para su desgracia, la camisa de un gusano patético que tuvo la muerte más dolorosa que podría concebir un hombre. La sed ya era un problema muy serio, y sintió que caminó por lo que parecían ser horas. Sin embargo, tenía que seguir caminando le gustase o no. Ya había salido de la zona que parecía un bosque o pradera, y volvió a lo que sería, según ella, la zona árida. Según su sentido de orientación básico que, obtuvo gracias a las excursiones familiares, la zona árida estaba a la izquierda del bosque y montaña. ¿Qué habría más allá de la zona árida? Eso es lo que ella averiguaría en este momento.

El sol era bastante fuerte, pero le sorprendió que el suelo no se calentara. Era tierra seca, no arena al menos. Pero aun así el caminar le incomodaba. Mientras caminaba por la zona en cuestión, encontró una escotilla cerrada fijamente. Tenía un casco extraño y oxidado parecido al que ella se quitó en un principio, pero lo que le sorprendió fue que había un número en la frente.

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El número le causaba intriga, pero sabía que esa zona era posiblemente una de las escotillas donde alguno de los participantes pudo haber escapado como ella. Sin embargo, al juzgar por lo oxidado del casco, y al mismo tiempo por la poca señal de vida que había, el casco fue dejado ahí hace meses. Lo agarró, y lo revisó. Mismo mecanismo que el de ella. Tubos largos que se podrían insertar en la tráquea para la oxigenación, un juego de seis tubos, tres en cada lado del casco, y esos extraños resortes que, posiblemente, taparían los tubos para que la persona afectada muera de asfixia. Aunque el suyo era más como un respirador ensartado en la nariz, para que cuando el tiempo expirase, ella inhalara el aire aparentemente tóxico del lugar.

Por mera curiosidad también notó algo. El casco tenía pegado al fondo una grabadora, aunque esta se veía reciente, casi como nueva; esto causó curiosidad en nuestra protagonista. Decidió con valor sacar la grabadora, y presionar el botón de reproducción.

-"Me sorprende lo lejos que eres capaz de llegar, Lynn Loud." – Decía la voz de Crowman, el hombre que le explicó el proceso de su objetivo anteriormente. – "Estoy rompiendo innumerables reglas al pedirle a alguien que hiciese esto por mí. Pero todo lo que sea para mantener más interesante el juego, ¿verdad?" – Su voz sonaba distinta… Como si estuviese mal de la garganta. Una tos repentina confirmó esto. – "Este juego normalmente dura un trimestre, y estuviste dormitando demasiado tiempo. Así que te daré una pista para que sepas a donde ir." – Aquello era bastante extraño para Lynn Loud, pero ¿qué cosas no eran extrañas en éste momento? - Hay un valle al frente tuyo, si caminas unos Doce o Veinte kilómetros de tu posición actual, lo verás. Ahí hay un par de supervivientes pasivos; unos cuatro. Si los asesinas, estarás a menos de un mes de ganar el juego." - ¿Un mes? ¿No se supone que el juego empezó hace apenas 3 días? – "Pero eso sí, debes cuidarte. Puede que haya algo más peligroso esperándote. La siguiente grabación la encontrarás en una columna en forma de martillo." – Dicho esto, la grabación se terminó.

Lynn ya tenía un nuevo rumbo marcado. Doce o veinte kilómetros. Sería un recorrido extremadamente largo. Pero Lynn ya había recorrido distancias así de largas antes. No representaría un desafío exageradamente grande. Agarró su mochila, y guardó la grabación. Si algo aprendió Lynn en este largo trayecto, es que cualquier cosa le será de utilidad.


Capítulo corto, pero que complementa bien al anterior. Me disculpo por millonésima vez por mi ausencia, pero bueno. Ya no hay excusas válidas más allá de las mismas. Depresión, bloqueo, universidad y Venezuela.

Es navidad BTW, así que intentaré ser productivo hoy. Porque si me lo propongo por esta semana, sé muy bien que no haré nada.

PD: Me parece que Cantidad no define Calidad. Intentaré hacer capítulos cortos pero sencillos, así avanza mejor mi historia, en lugar de exigirme capítulos de 10 mil palabras sin estar al 100% de mi.