Sábado por la noche y este lugar está medianamente ocupado, a mi alrededor no hay más de 8 personas cuando la capacidad de este es casi bordeando las 30 ¿Cómo es esto posible? Pues gracias al cartel que está en la entrada "Fuera de servicio", sólo unos pocos sabemos que no es así. New York es un lugar lleno de gente y lugares donde puedes estar realmente solo no hay, salvo por este. Un bar olvidado que no desea ser frecuentado.

- Lo siento, ¿Podrías darme lo más fuerte que tengas? - dije tratando de desviar su mirada.

- Define "Fuerte" - dijo volteando a ver las botellas - ¿Buscas olvidar momentáneamente algún amorío o ya no te aguantas a ti mismo? - bromeó - En caso de ser el segundo agradeceria que me dieras un número de contacto, luego no podré sacarte de aquí. - Sonrió mientras sacaba un vaso de debajo del mueble y limpiaba la superficie de este con un paño seco y lo plantó frente a mi.

- No planeo beber más de un vaso o dos, estaré bien con ello.

- Entiendo. sólo queda prohibido la violencia dentro de este lugar - Miré a mi alrededor y reí sarcásticamente para mí ante lo dicho ¿Buscar pelea con personas que están igual o peor que tú? ¿Tendrán ánimos para ello? Lo seguí con la mirada mientras se dirigió a la repisa, tocó una por una tratando de seleccionar la que mejor creía y volvió a hablar - Entonces.. ¿Qué tan intenso es tu dolor?

- ¿Viste Titanic? Pues yo soy la banda y mi vida es el barco...

- ¿Te acabas de comparar con Titanic? Chico, te equivocaste de bar - soltó una risa y bajó una botella para rellenar el vaso con un líquido color miel.

¿Alguna vez te mencioné que tus ojos tenían el mismo color que ese trago que solías beber con frecuencia? Eran como el Whisky, varias veces me pregunté si anterior a ese periodo (en donde te perdiste en el alcoholismo) ¿Tus ojos tenían el mismo color? o ¿Eran un tono más oscuro? ¿Es posible que fueran cambiando con el trago al igual como lo hizo tu personalidad? Cuántas veces no te vi perdido ante el mismo trago que tengo hoy entre mis manos. Pues... muchas.

Aquel hombre apartó la vista de mi y fue a atender a otra persona que había llegado, me tomé unos segundos meditando si debía realmente estar allí ¿Te molestaría verme aquí, por mi propia cuenta? Seguramente sí, lo siento. Llevé hasta mis labios el vidrio que contenía el líquido, dejándolo pasar a través de ellos. Es curioso… Antiguamente esta solía ser conocida como "agua de vida" según su origen… En la edad media los alcoholes destilados en abadías y monasterios eran considerados un medicamento excelente, pero tu no lo consumías como lo haría un pueblo en ruina. Esto no funciona para heridas internas, sólo físicas. Por más que quisieras sanar por dentro esto no te iba a ayudar, es ridículo. Pero estoy haciendo exactamente lo mismo que tú, busco consuelo en algo que no hace más que quemarme por dentro.

- No quiero ser un entrometido, pero ¿Estás bien? - interrumpió.

"Para nada, estoy del asco." Recuerdo haberte preguntado lo mismo en diferentes situaciones y tu respuesta solía ser la misma, pero no hacías que se viera de esa forma... al final siempre terminabas la oración riendo.

- Sí, sólo no estoy acostumbrado a esto - agité el vaso revolviendo el destilado, el hombre de ojos azules detuvo mi movimiento y colocó hielo dentro de él. Seguramente para aligerar su contenido.

- La verdad, luces terrible… y mojado - volvió a hablar examinándome

- Gracias por la honestidad ¿Venía incluida con el trago? - Solté girando los ojos en otra dirección - No quiero sonar desagradable, no estoy en mis mejores días - tomé lo que quedaba del vaso hasta terminarlo.

- ¿Quieres desahogarte? Te sorprendería la cantidad de historias que he escuchado en este Bar - Cruzó sus brazos sobre la barra y me miró fijamente - unas tristes y otras que rayan en lo ridículas.

Muchas veces he escuchado sobre personas que le cuentan su vida a extraños, dicen que es una buena terapia. Te ayuda a soltar todo lo que llevas cargando, pues a quien le dices las cosas no puede juzgarte, no puede divulgar tus secretos ante el mundo cuando ni siquiera sabe tu nombre, son personas que no vuelves a ver en tu vida. Pero este no es mi caso, no me tengo permitido contar mis secretos. No desde que me volví una figura tan pública.

- No soy el tipo de persona que le cuenta sus problemas a un desconocido - o el que le cuenta sus problemas a las personas, pensé para mi mismo.

- Quentin - dijo volviendo a tomar la botella y rellenando el vaso frente a mi - Soy Quentin Beck - Se tomó unos segundos y prosiguió - Seguramente no me recuerdas, solíamos ir a la misma universidad ¿Empire State, No? - dijo dudando como si tratara de recordar algo - Hasta fuimos compañeros de laboratorio y odiábamos al Doctor Connors. ¿Recuerdas el día que te puso una baja calificación y nos vengamos de él robando los exámenes? Sí, fue lindo hasta que nos expulsaron. Luego me fui de la universidad y nunca más te volví a hablar. - reí ante su elocuencia y él volvió a hablar - Ahora que recuerdas que somos íntimos amigos desde la universidad, ¿Hay algo que quieras decirle a quien solia ser tu compañero de experimentos?

- Pues... desde hace unos días soy viudo- solté mi pesar.

- Lo siento por ello - respondió - recuerdo que tenías una familia muy cariñosa ¿Puedes apoyarte en ellos no? - agregó dudoso.

- Eres mi mejor amigo y olvidas que soy huérfano - le dije entrando en su juego.

- Pues soy un pésimo amigo, deberías replanteartelo y no enviarme una tarjeta en navidad. - Solté una carcajada, en este momento no me hace mal un poco de compañía.

El juego siguió por unas horas hasta casi acabar con la botella de destilado, hablamos como si nos conociéramos de toda la vida gracias a su ingenio, fue agradable poder despejarme un poco de lo intenso que todo estaba siendo. Apenas van dos días desde que ya no estás y es una idea que aún no asimilo, es como si fuera mentira. Mi cabeza quiere engañarme diciéndome que te fuiste de viaje y volveré a verte en unos días más. Como cuando tenías importantes juntas a las cuales no podía acompañarte por estar en periodo de exámenes. No he dejado de llorar desde entonces, pero sé que el sufrimiento que llevo no es ni la mitad de lo que será dentro de unas semanas... o días, cuando por fin entienda lo que es real, porque a pesar de que vi tu cuerpo dentro de ese ataúd no lo quiero aceptar.

Tampoco quiero creer en cuentos más allá de la muerte, no quisiera saber que estás aquí acompañándome en el mismo lugar de donde yo mismo te quise sacar hace unos años.

Con ese último recuerdo en mente decido que ya es hora de volver, el reloj clásico sobre la repisa marrón marcaba cerca de las una y media de la mañana. No sé cómo me siento, no estoy cansado, pero mañana seguramente tendremos asuntos legales que discutir no es un trámite del que quiera ser parte, pero yo me involucré en esto ¿Verdad?

Mi interlocutor me miraba interrogante, como si esperara alguna respuesta a algo que hubiera dicho, pero estaba más que claro que había perdido el hilo de esa conversación.

- Gracias Beck, pero ya debo volver a casa - dejé bajo el vaso el billete más grande que traía en mi billetera, con eso cubriría todo lo bebido y su compañía.

- Podría acompañarte si me esperas hasta terminar el turno - sugirió.

- Vivo a unas cuantas calles de aquí, no tienes porque preocuparte.

- Estas ebrio y triste, eres potencialmente un peligro social - dijo esperando alguna risa de mi parte, pero no le di el gusto y siguió hablando ya más serio - Realmente no me molesta, espérame allí - apuntó hacia una alejada mesa - Descansa unos minutos, te veo en un rato.

Asentí ante el consejo, no me siento ebrio como él dice, pero quizás así funciona esto de beber, simplemente no sabes cuando lo estás. Me senté en la butaca, era mucho más cómodo que el banco de la barra. Con los brazos cruzados sobre la mesa usándolos de almohada para mi cabeza examiné más a detalle el lugar como si nunca lo hubiera visitado.

Cuando estás solo puedes apreciar más los detalles, las veces que estuve aquí los pasé completamente por alto. El bar es modesto, clásico y silencioso, no hay ventanas que den al exterior, el suelo es de madera, del mismo color que las vigas del techo que hacen juego con el mobiliario y contrastan bien con los forros rojos de las sillas. ¿Así es estar ebrio? ¿Te importa realmente las pequeñeces a tu alrededor? ¿O soy yo quien trata de desviar mi pensamiento a cualquier cosa?

Vuelvo a mirar a la barra. Tu lugar favorito solía ser el que hace poco ocupe, justo al frente, donde todas las botellas descansan en la repisa que llena de un extremo a otro esa pared, cada una tiene su respectivo lugar que según veo están catalogados por categoría como si fuera una biblioteca. Delante ellas el hombre que hace unos minutos me atendió charla con otra persona, se ríen como si realmente fueran grandes conocidos y le golpea con su puño, hundiendo la mano en el cuello de pelo de su chaqueta, con la intención de hacerlo callar.

Quizás lo son y no juega como lo hizo hace minutos conmigo. Desvió la mirada de él para verme y sólo me dedicó una sonrisa, mientras yo me volteo a mirar la pared. Las manchas que tiene esta me resultan casualmente interesantes al igual que las pequeñas grietas. Puede que quiera seguir su consejo y me hunda en la oscuridad de mi subconsciente por unos minutos…

- Hey, chico - dijo tocando mi hombro - vamos ya es tarde.

Asentí ante lo dicho, refregué mis ojos y di un largo bostezo, estirando mis brazos adormecidos. Una chaqueta que descansaba sobre mis hombros cayó entremedio de mi espalda y el respaldo, la tomé y se la tendí asumiendo que sería de él - No, póntela. Estás húmedo y afuera está helando - acepté el gesto y me quité la chaqueta del traje, mi suéter estaba un poco húmedo pero por suerte no mojado. Saliendo del bar vi el reloj en la pared son cerca de las cinco de la madrugada del día domingo.

- Espero que dormir te haya servido de algo - se dirigió a mi preocupado.

- ¿Cuánto dormí? - le pregunté avergonzado.

- Aproximadamente casi cuatro horas - dijo más en tono de duda que afirmación.

- ¿Me esperaste cuatro horas? -le pregunté exaltado.

- No, tú me esperaste a mi cuatro horas - sonrió - Caminemos te servirá para despejarte. ¿En qué dirección vas?

- De verdad, no es necesario que me acompañes, puedo traerte tu chaqueta mañana, bueno mejor dicho, más tarde.

- Los domingos realmente está fuera de servicio - se mofó de mi propuesta - ¿Entonces… en qué dirección? - volvió a preguntar.

- Voy cerca de East River, por la primera avenida cruzando con la vigésima tercera calle. - respondí sin darle mucha importancia.

- Pero eso está del otro lado, ¿Así pensabas irte solo? - preguntó molesto. El hombre es mayor que yo, debe estar cerca de los 35 años o algo así, seguramente piensa que soy un chico que está cursando el bachillerato en ciencias según la historia que se inventó. - Eso esta casi, como a una hora de aquí.

- 38 minutos a pie… Si tomas esta misma calle y conectas con la décima- respondí sin darle interés a lo que estaba diciendo, él sólo se encogió de hombros y me guió por la calle, tras un largo minuto le volví a hablar- ¿Quisieras contarme algo real sobre tí?

- Prefiero mantener el Misterio de mi personaje - respondió, mirando la ciudad con cuidado. En Manhattan no puedes fiarte de los callejones, personas extrañas salen de allí.

- Suenas como un loco - metí las manos dentro de los bolsillos ajenos - me sentiría más cómodo conociendo algo más que tu nombre ¿O también es un invento? ¿Realmente alguien puede llamarse Quentin? - bromeé un poco, entre todo lo dicho, realmente estoy volviendo a casa con un desconocido.

- Lo dices como si fuera lo peor, ni siquiera yo sé el tuyo - dijo como si realmente no le importara - Si, mi nombre es ese. Solía trabajar en la industria cinematográfica, pero no funcionó... tras ello volví a replantearme lo que quería hacer y terminé envuelto en una Ingeniería, pero aunque demostré ser un diseñador e inventor destacado tampoco funcionó.

- ¿En qué trabajabas específicamente? - pregunté interesado ante el descubrimiento

- Tecnología holográfica - dijo sin más, dando a entender un sentimiento de pesadez con el tema.

Desvié la conversación sobre ese tema para preguntarle por cosas más triviales y la plática volvió a fluir, ahondó un poco más y me contó cómo terminó en ese bar, resumiendo… amigos suyos eran los dueños, a pesar de ser algo pasajero, le gustaba.

Le conté un poco más sobre mí, se sorprendió cuando le dije mi edad, y que había terminado una maestría en Biofísica y estaba pronto a cursar un doctorado en Bioquímica en la misma universidad que él nombró en su historia ficticia. Primero dudó de la veracidad de mis palabras y a raíz de eso le mostré la credencial universitaria, revelándole mi nombre con el.

La caminata se sintió a gusto, es como si realmente hubiera estado con alguien cercano, se sintió como cuando compartía con mi mejor amigo, con quien compartía departamento en la universidad, uno que perdí hace un tiempo… volteé la vista hacia el cielo tratando de buscar alguna estrella pero atrás quedó ese color azul tan profundo, dando paso a uno más claro.

¿Alguna vez tuviste la oportunidad de ver un amanecer? La gente suele asociarlo a tantas cosas... pero sólo es un juego de luces dispersándose en diferentes colores del espectro crepuscular. Desde la otra orilla del río cubriendo los edificios una banda amarilla casi naranja se mezcla con el arco anticrepuscular, que luce tímidamente rosa y sobre ella como una caricia se iluminan los rayos del sol en las nubes terminando en un color lavanda. Son pocas las veces que he visto como amanece la ciudad, el cómo se tiñe el cielo y contrasta con la silueta oscura de los edificios y en otros sólo se refleja en sus ventanales.

- Lo que me gusta de los turnos nocturnos, es exactamente esto - dijo el hombre a mi lado - Todos los días es diferente, bueno seguramente debes saberlo es seg-

- Según la cantidad de partículas sólidas finas en suspensión - le interrumpí de forma automática.

- Eres un sabelotodo.

- Perdón, fue involuntario.

- Nunca te disculpes por ser listo. - sonrió y volvió a retomar el camino.

Estábamos sólo a unas cuantas cuadras de llegar y comencé a caminar tras cada paso más lento, si él lo notó agradezco que no me apresurara. La presión vuelve a mi pecho cuando tengo que introducir la llave en la cerradura, retengo el aire en mis pulmones y la abro.

Este lugar ahora me hace sentir tan vulnerable.

Lo invité a entrar, le ofrecí algo caliente para beber pero no aceptó, le devolví su chaqueta y este automáticamente se la colocó, en su torso no llevaba más que una camisa celeste de manga larga ligeramente arremangada. No se quedó mucho tiempo, dijo que si necesitaba alguien con quién hablar podía volver a verlo en bar. Se despidió de mi deseándome "Buenos días" y se fué sin antes dejar una nota en la mesa junto a la entrada, donde Tony solía escribir las cosas que se le ocurrían de camino a casa. Podía pasar más de 20 minutos allí ignorándome completamente y no paraba hasta que terminaba de anotar lo que sería su próximo gran avance tecnológico. Terminó por abrir la puerta y salió por ella despidiéndose con la mano a la cual le devolví el gesto y cerró tras ello.

Indeciso fui a revisar la agenda, no quise tomarla sólo leí lo que estaba en ella.

Apuntó su número junto a un seudónimo: Mysterio.