(suspiro) Es tan cómodo actualizar un lunes, hay que volver a las viejas costumbres, me dan más tiempo para pensar. Frozen no me pertence.
Disfruten.
Capítulo anterior:
-Recoge tus cosas Kristof, nos vamos ahora mismo-
-Estas segura de haber dejado todo así?- preguntaba un confundido cosechador de hielo.
-Si… es lo mejor- suspiraba con resignación el príncipe.
Después de que la reina y Olaf escucharan lo que dijo Anna empezaron a empacar, casi no hubo despedidas y para cuando todos reaccionaron ya estaban muy lejos para regresar. A una distancia prudente de su hermana, la princesa volvió a cambiar en su collar y continuaron el viaje en silencio hasta que llegaron a Aland; Kristof no estaba seguro de que lo que hacía Anna era lo correcto, pero la iba a seguir apoyando como el buen amigo que era.
-Alteza, señor Kristof, tan pronto volvieron?- Era Brandon que los recibía en la puerta apenas se había enterado de que volvían.
-Si, buenas Brandon… voy a descansar del viaje en mi habitación- pasaba casi sin mirar a nadie y se adentraba en las puertas del castillo.
-Algo mal?- decía un confundido mayordomo.
-No, nada… fue un largo viaje es todo- suspiraba el recolector- creo que haré algo parecido, llevaré a Sven a su lugar e iré a mi habitación-
-Esta bien, avísele al príncipe que su majestad lo espera en la cena- se despedía de manera formal el mayordomo.
-Vale nos vemos- y partía también.
La reina junto con Olaf llegaban también a Arendelle, pero no podían descansar y la reina se instaló de nuevo en su despacho para completar la semana de trabajo atrasado que tenía, fue la mejor manera que encontró para mantenerse distraída y no pensar en todo lo que había pasado. No quería pensarlo, pero la idea de hacer a Anna su esposa aún después de cómo se habían separado le seguía pareciendo tentadora "eso se puede?" es lo que piensa siempre al final y de manera inconsciente al final de la jornada se traslada a ver de nuevo los papeles que había traído desde el despacho de sir Bjorn la vez que quería deshacerse del matrimonio "no pierdo nada mirando".
A la hora de la comida, se reunió con su "padre" para una cena privada y poder hablar sin que nadie les vigile; el rey aunque hacía las preguntas necesarias acerca de su viaje se notaba que no era un hecho importante para él y rápidamente dirigió la conversación hacia algo que no había mencionado en un buen tiempo.
-Ya envié la respuesta de que tenemos representante en la carrera por la mano de la reina en Arendelle- decía un tanto orgulloso- estoy seguro que pronto habrá una alianza entre nuestros reinos.
-Si, también lo espero- es cierto que la idea de casarse con su hermana aún le generaba una expectativa inigualable y estaba ansiosa porque su hermana recibiera actos de amor romántico plenamente consciente de ellos; pero en el fondo de su mente aún quedaba la espinita de su anterior disputa, queriendo borrar ese pensamiento agitó la cabeza y siguió hablando- haré todo lo posible para que la reina me escoja-
-Y estoy seguro de que así será- decía comiendo con una sonrisa- esa reina es una persona afortunada-
-Por qué lo dices Albert?- le dio curiosidad lo último.
-Porque sin siquiera proponérselo ella, ya la amas tanto, y haces todo esto por ella- dejaba de comer y miraba seriamente- pero recuerda nuestro trato, aún si no te escoge, quiero que reines aquí-
-Tiene mi palabra- decía también mirándolo serio.
Terminaron de comer y separaron sus caminos con la promesa de reunirse en la mañana y que su majestad continuara instruyendo al príncipe en sus actividades. Cuando llegó a su habitación, se dio cuenta de que Kristof ya dormía, pero ella no podía, en pijama se dirigió hacia la ventana dudosa en hacer lo que quería hacer, pero una promesa era una promesa, y ella no iba a empezar a faltar a su palabra, no ahora.
Querida Elsa,
Llegué bien a mi destino, con amor,
Anna
Más corto que lo usual, pero sinceramente no sabía cómo hablarle a su hermana en estos momentos, nunca habían discutido así (al menos no desde la coronación); obvio que a los largo de los 2 años que han convivido desde que se reunieron han tenido unas cuantas disputas; pero eran más sobre temas del reino, nada tan personal y era la primera vez que sentía lo que su hermana debió haber sentido la vez que discutieron en el baile de la coronación y ella hizo lo mismo que su hermana en ese entonces, ella huyó.
La reina no se percató de cuanto tiempo pasó leyendo, pero cuando le llegó un golpeteo de la ventana primero pegó un brinco de sorpresa en su silla y soltó el pergamino de sus manos, miró desde donde se había originado el sonido y al ver el inconfundible aleteo junto con el hielo que brillaba a la luz de la luna una pequeña sonrisa se formó en sus labios.
-Anna- soltó con un suspiro mientras se dirigía a abrir su ventana para dejar pasar a la pequeña ave "no olvidaste tu promesa" retiraba el mensaje y lo abría para leer.
No le sorprendía que el mensaje fuera tan corto y estaba más que feliz que aún después de todo su hermana le dijera que la amaba; pero aun así sintió una pequeña decepción al notar el evidente enojo que sus palabras transmitían; sus letras por lo general relataban todo lo que hacía durante el día.
Desechando el sentimiento deprimente ella misma decidió continuar sus mensajes en el tono como los había estado haciendo desde hace un tiempo, aún no perdía la esperanza de tentar a su hermana lo suficiente para que volviera con ella.
Quería princesa mía,
Es tan bueno oír noticias de ti, ya me empezaba a preocupar que no llegara mensaje, pero supongo que estabas esperando que llegara a Arendelle, te extraño, ahora más que nunca porque por unos días pude dormir en tus brazos, ya no me extrañas? Espero tu llegada con ansias, con todo el amor de mi corazón,
Tú reina Elsa.
Releyó el mensaje dos veces, y aunque le parecía corto, no pudo evitar el carmín que cubrió su rostro por sus palabras, era parecido en el tono a los que había mandado antes, pero después de todos sus pensamientos acerca de casarse con Anna, no pudo evitar sentirse avergonzada por su nivel de descaro, si alguien más leyera esa nota era posible que pensara cosas que no eran. De todos modos la envió tal cual la había escrito a la primera "Anna nunca se ha quejado".
La princesa se encontraba esperando la contestación que estaba más que segura de que no llegaría, ya era muy tarde y lo más probable era que su reina ya estuviera durmiendo, pero algo no la dejaba conciliar el sueño del todo, así que simplemente se puso a leer alguno que otro documento para matar el tiempo y esperar que el aburrimiento la durmiera. Estaba terminando la quinta ley, cuando una paloma se posó cerca de la llama en su escritorio con un papel amarrado en su pata. Había dejado la ventana abierta y casi se cae de su silla de la impresión.
"Elsa me …contestó?" indecisa si abrir el mensaje o no se dedicó un par de minutos para tratar de adivinar las palabras que podrían estar escritas en su interior. Su lado pesimista estaba mostrando ganar la batalla cuando se imaginaba desde un regaño, hasta la decepción en las palabras escritas de su hermana; sacudiendo su cabeza se dispuso a abrirlo, total no podía ser tan malo. Jamás imaginó lo que encontró escrito, una sonrisa estalló en su rostro y aunque aún su cara cambió a una de color rojo, el sentimiento reinante en su interior era uno de puro alivio "Elsa no me odia" aunque triste, era el pensamiento que la había atormentado en su vuelta al reino.
Guardó la carta junto con las otras y se dispuso a dormir, ahora estaba lo suficientemente descansada para conciliar el sueño casi de inmediato; desde el día siguiente iba a trabajar más duro.
Los días y las semanas pasaron en el reino de Aland y cada vez los ciudadanos, en especial la población femenina y el común, veía con mejores ojos al encantador príncipe. A los ojos de todas era el perfecto caballero amable y compasivo, pero a la vez justo y decidido que todas querían; pero ya se había empezado a regar el chisme de que el corazón del príncipe ya estaba cautivado por una reina del norte, y aunque algo desilusionadas, apoyaban los esfuerzos del príncipe en contraer nupcias.
Otro era el caso de la nobleza, a pesar de todas sus buenas características y del parecido y la palabra del rey de que era su hijo de sangre legítimo, aún mostraban cierta desconfianza y en sus círculos privados aún no veían con buenos ojos al heredero; pero cuando las intenciones del príncipe con respecto a su matrimonio se hicieron públicas, decidieron que en beneficio de todo el reino dejarían que los gobernase. Ya esperarían como le iría en sus planes de cortejo.
-Ya escuchaste?- entraba por una puerta y se sentaba en el único sofá de 3 plazas del lugar.
-Qué cosa?- una voz que sonaba como si recién lo hubieran despertado un tanto irritado, en el otro lado del sofá.
-Lo de la boda-
-Cuál boda?-
-Cómo que cual boda, la del príncipe- decía con un tanto de emoción.
-El príncipe? Con quién se va a casar?- eso si le parecía interesante.
-Pues con la reina de las nieves de Arendelle, es que no te enteras de lo que andan diciendo en el reino- decía empezando a fastidiarse.
-Si he escuchado algo…- bostezaba- pero eso no es seguro, solo va a ir a cortejarla-
-Detalles- desestimaba lo que le habían dicho moviendo la mano- sabes cuanto poder tendríamos si esa boda se llevara a cabo? Olvídate de controlar Aland, podríamos tener un nuevo imperio en el horizonte- exclamaba mientras se ponía de pie.
-Y el plan inicial?- lo miraba con duda, pero la codicia era lo que lo había traído hasta donde está.
-A quien le importan los planes iniciales, esta es nuestra oportunidad- decía volviéndose a sentar sin prestarle atención a la tercera figuraba que escuchaba todo desde afuera con rostro imperturbable.
-Interesante- decía para sí mismo mientras se disponía a salir con paso sereno.
El tiempo pasó, y el tiempo límite que tenía la princesa para seguir con su viaje estaba llegando a su fin, pero no podía salir aún de Aland, porque para el baile faltaba medio mes, y con la cantidad de trabajo que iba aumentando gradualmente en su oficina, en la mente de la princesa se sentía como que el rey quería desentenderse completamente de su reino; pero esto no era posible porque se la vivía haciendo juntas aparentemente con su consejo, que aún desconfiaba del príncipe y no lo dejaban participar.
-Kristof qué hago?- iban hacia donde estaba Sven, después de un almuerzo ligero habían decidido salir un rato del castillo para despejarse, y aunque el cosechador no lo decía en voz alta, tanto tiempo encerrado lo estaba desesperando.
-Pues yo consideraría como prioridad arreglar las instalaciones del orfanato del sur, según lo que me dicen prácticamente se está cayendo a pedazos, en cambio la carretera puede esperar un poco más- decía serio, desde hace unos días el príncipe se vio tan abrumado con el trabajo que empezó a enseñarle a Kristof para que le ayudara y él seguía con la conversación que tenían antes de almorzar.
-Eso no Kristof, el otro asunto- trataba de bajar la voz un poco.
-La distribución de cosechas?- volteaba a mirar al príncipe.
-Tampoco- suspiraba.
-Los impuestos?-
-Kristof …- se le acercaba a susurrarle para que nadie más escuchara- … el asunto con mi hermana-
-Hay algún problema entre ustedes?- Kristof era consiente que las hermanas habían dejado pasar la discusión que habían tenido cuando se separaron en segundo plano y seguían escribiéndose normalmente.
-Un problema que digamos problema como tal? No… pero puede que pronto haya uno- decía volviendo su mirada al frente y cerciorándose de que no hubiera nadie cerca que pudiera escucharlos.
-Cómo así?- expresaba confundido.
-El tiempo se me está acabando- seguía caminando.
-Tiempo? Pero aún faltan semanas para el baile inicial- veía a Sven a lo lejos y empezaba a caminar más rápido.
-Si pero- su frase quedaba inconclusa al ver a Brandon acercándosele de manera apurada.
-Pero?- volteaba su mirada hacia donde el príncipe fruncía el ceño.
-Su alteza, señor Kristof- paraba para tomar aire- su majestad me informa que hoy va a poder observar la junta del consejo de esta tarde-
-En serio?- se le hacía raro pues ninguno de los miembros había dado muestras de todavía simpatizar con él.
-En serio, aun así, su majestad opina que sería prudente por ser la primera vez- obviamente dando por entendido que olvidara el fracaso de la anterior vez- tratare de ser un locutor menos activo-
-En pocas palabras que se calle y no opine nada- decía con evidente fastidio el cosechador de hielo.
-Si lo ponemos en términos coloquiales yo diría que si- decía viendo ceñudo al amigo del príncipe, pues según él, ese no era la manera de expresarse de un mayordomo.
-Tranquilo Kristof- ponía una mano en el hombro de su amigo- también yo pienso que sería prudente-
-Pero Andrew, eres su príncipe, deberían tratarte con más respeto- decía mirándolo serio.
-Y lo harán, solo hace falta que se acostumbren- soltaba el hombro y dirigía su mirada al otro mayordomo- nos vamos ahora?- le enviaba una sonrisa cortés.
-Por supuesto- decía dando media vuelta- por aquí por favor.
-Tenemos una conversación pendiente- sujetaba el brazo del príncipe para susurrarle al oído.
-Después- se soltaba y empezaba a seguir al mayordomo.
-Vamos Sven- decía acercándose a su peludo amigo para sacarlo de su confinamiento- parece que por hoy tendremos la tarde libre- y se montaba para salir por las puertas principales.
-"Y Anna?"- decía el cosechador simulando la voz de Sven.
-Ella tiene otras cosas por las que preocuparse- se movía para empezar un trote ligero.
Como vieron, el propósito del viaje de la reina, es para que ella se diera cuenta de que también quiere casarse con Anna. El factor que nunca consideró Anna en sus planes es que la reina vivió tanto tiempo encerrada, que simplemente el tabú del incesto no lo tiene tan marcado como Anna piensa(en los libros que ha leído de historia antigua es obvio que han aparecido matrimonios entre familiares para salvaguardar el trono) claro está que lo que opine la población en general es otra cosa.
Hasta la próxima.
