Frozen no me pertenece
Capítulo anterior:
Con todo el amor que te tengo, siempre tuya,
Elsa
-Ok, esto es más difícil de lo que pensé- decía a un lado del camino
-Y qué esperabas?- su amigo se bajaba de su reno para hablarle
-No sé… que caminaran más lejos de nosotros tal vez?- decía volteando a mirar las 10 personas atareadas instalando el campamento donde se iban a quedar- cómo le voy a hablar a Elsa si todas estas personas verán la paloma de hielo?-
Ya era tarde noche del primer día de viaje y todos los sirvientes estaban preparando las tiendas donde la comitiva real iba a descansar esa noche, eran un total de 12 personas contando al príncipe y su ayudante; realmente eran muy pocos para una visita real, pero tenían permiso del rey para que el proceso de cortejo fuera lo más privado posible, así que solo llevaba sirvientes y caballeros para su protección. Sin embargo, al todos dormir tan cerca, era muy probable que alguien se diera cuenta de la mensajería y empezara a sospechar.
-Bien…- el rubio se rascaba la cabeza tratando de pensar en algo-… ya escribiste el mensaje?-
-Si- se palmeaba el bolsillo derecho del pantalón- lo escribí sin que me vieran-
-Tú solo vete al bosque a esconderte y enviarlo- empujaba al príncipe viendo que todos estaban distraídos con las carpas.
-Qué les vas a decir cuando vean que me tardo en regresar- decía dejándose empujar.
-Ya me inventaré algo- le daba un último empujón- tú solo ya vete-
Apenas Anna considera la distancia prudente para que la cubran los árboles, saca la paloma de la bolsa y la envía volando con su mensaje, esperando y rezando para que su hermana se diera prisa en contestar; no lo leería inmediatamente, esperaría hasta estar encerrada en su tienda sola para leerlo adecuadamente. Mientras el príncipe miraba al cielo, sintió cuanto realmente extrañaba a su hermana, con el ajetreo de ser un nuevo príncipe y las preparaciones del viaje, pudo estar lo suficientemente distraída para no pensar en ello, pero en la quietud del bosque, solo quería volver a ver el rostro de su reina.
En Arendelle, la reina se estaba preparando para dormir, cada día más ansiosa por escuchar de su princesa, sabiendo que se estaba acercando para volver a ella; cuando se hubo puesto el camisón, escuchó el repiqueteo característico de la ventana y se apresuró a abrirla para que entrara la paloma y desenredar el mensaje de su pata.
Querida Elsa,
Va mi primer día de vuelta, si calculo bien, debería estar llegando dentro d días, los caminos han estado despejados y el clima ha sido excelente para viajar, Kristof solo se la ha pasado quejándose de que quiere volver al hielo (en todo el viaje no le he dejado ni acercarse a un cubito) en parte es para molestarlo; pero también con el hielo empezaría a recordarte, en la noche es cuando más te pienso, no puedo esperar para volver a verte.
Con amor,
Anna
La reina había reído un poco con la parte de Kristof, pero al final suspiro y quedó con una sonrisa esperanzada en el rostro. Se acercó a su escritorio y cogió papel y pluma para responderle a su hermana; satisfecha con lo escrito lo ató a la pata de la paloma y la envió volando de nuevo por la ventana, mañana sería otro día largo de espera así que luego de volver a leer la nota se acostó en la cama de su hermana y se dispuso a dormir.
Anna se estaba impacientando "y si aún no le ha llegado? Que probabilidades hay de que un depredador la confunda con una paloma real? Por qué tarda tanto en contestar? Será que pasó algo con Elsa?" en realidad el tiempo de espera era el mismo de siempre, pero con la presión de tener que volver al campamento, se le estaba haciendo increíblemente largo.
-Andrew!- se escuchaba una voz a lo lejos.
-Joder Elsa, apúrate- susurraba el príncipe mientras se escondía detrás de un gran árbol.
Cuando el príncipe alzó la vista pudo divisar un punto que brillaba en la noche así que con una gran sonrisa alzó los brazos para que la paloma aterrizara en sus manos.
-Andrew- un mano se posaba en su hombro
-Ah!- del susto saltaba y soltaba a la paloma que se metía en su bolso nuevamente- dioses, Kristof, no me asustes así- decía poniendo una mano en su pecho para calamar su corazón.
-Perdón, perdón- decía levantando ambas manos en señal de rendición- es que cuando se dieron cuenta de que no estabas les dije que fuiste al bosque para ir al baño, pero tardabas demasiado, así que me ofrecí para ir a buscarte antes de que los guardias dijeran nada- se volteaba y empezaba a caminar- volvamos rápido al campamento-
-Voy- decía palmeando su bolso donde sentía la forma familiar de la paloma.
En la oscuridad de la noche, cuando la mayoría estaba durmiendo o haciendo guardia a los alrededores, Anna encendía una vela para sacar la paloma de su bolsa y poder leer el mensaje de su hermana.
Querida princesa mía,
Estoy tan feliz porque ya vienes de regreso, solo puedo imaginar que tan desesperante este Kristof en estos momentos, que mala. Por otro lado también te hecho mucho de menos, cuento las horas para que regreses a mí, mi vida no es la misma sin ti. Vas a tener que compensar todo el tiempo que estuviste alejada de mí, no te voy a quitar las manos de encima en un buen rato apenas cruces el umbral del castillo.
Con todo el amor que te tengo,
Tú reina Elsa
También con un suspiro la princesa volvía a guardar la correspondencia, soplaba la vela y se disponía a dormir, tenía plena confianza en que Kristof y Sven hicieran guardia para que nadie entrara de improvisto en su tienda y viera su verdadera forma sin el collar.
De esta forma pasó la semana.
Eran las primeras horas de la mañana cuando la comitiva real pudo vislumbrar Arendelle desde encima de una colina.
-Su alteza- decía el capitán de la guardia- veo Arendelle- señalando a lo lejos la ciudad junto con el castillo.
-También lo veo capitán- daba vuelta a su caballo para dirigirse a su comitiva- vamos a quedarnos en una posada por ahora ya que la invitación al castillo inicia desde el baile, andando- decía tratando de parecer lo más calmado posible.
-Claro alteza- decía Kristof, quien era el único que podía sentir las olas de ansiedad saliendo de su príncipe- le explicamos a todos el plan?-
-Correcto- decía el príncipe dando una mirada- bien, la idea de llegar antes es tener más tiempo para conocer Arendelle, sus ciudadanos y sus opiniones- en esta parte ponía una mirada seria para que no cuestionaran sus órdenes- así que nos vamos a separar hasta el día del ingreso real, quiero informes de lo que hayan averiguado para entonces, esta claro?-
-Pero… alteza, y su seguridad?- decía uno de los soldados.
-Como todos saben soy una cara nueva para el mundo, así que estoy confiado en que no me vayan a reconocer-
-Pero sigue siendo arriesgado que vaya solo por ahí- decía otro soldado
-Ahh- suspiraba dramáticamente- esta bien no estaré solo, Kristof se quedará conmigo- decía como no queriendo la cosa.
-Solo él?- preguntaba el capitán
-Si solo él… vayan yendo mientras decido con Kristof donde nos quedaremos- decía señalando con el brazo para que siguieran la marcha.
No muy convencidos, la comitiva real se dirigió a Arendelle siguiendo las órdenes de su príncipe dejándolo atrás con su "sirviente". Cuando se perdieron de vista, tanto el caballo como el reno arrancaron a todo galope por la ruta familiar hasta llegar a una casa de madera a las afueras de Arendelle. Descabalgaron y se encerraron dentro de la casa con el príncipe inmediatamente quitándose el collar.
-Uff- decía el picador de hielo sentándose en un sofá de la casa- por un momento pensé que no funcionaría y tendríamos que idearnos otra forma de zafarnos de la comitiva real- cerraba los ojos mientras recordaba que hace 3 días no tenían ni idea de lo que iban a hacer para que Anna volviera al castillo antes del baile.
-Lo mismo yo- decía la princesa sentándose en otro mueble y a mitad de su trasformación.
-No te duele?- decía con cierto asombro mientras veía la transformación sucediendo ante él detenidamente por primera vez.
-No, se siente como…- se tocaba la mandíbula tratando de pensar en como describir el sentimiento- … como si botara aire y me achicara.
-Eh- volteaba a mirar por la ventana- ya se está haciendo tarde- volteaba a mirar la forma completa de la princesa- te vas a quedar? Aún tienes un día por todo lo que sabe su majestad-
-No, me voy ya- decía poniéndose de pie mientras sacaba un vestido para cambiarse y se encerraba en el baño, cuando volvió a salir se volvió a ajustar las botas.
-Oh- decía con una sonrisa traviesa- tanto afán por ver a tú mujer?-
-…- la cara de la princesa no se podía poner más roja- solo quiero sorprenderla!- decía saliendo por la puerta y pisando fuerte.
-Si eso dices- decía también siguiéndola
-Nos vemos mañana en el castillo Kristof- decía golpeando sus espuelas al caballo para que empezara a acelerar con rumbo al castillo.
-Nos vemos- decía moviendo la mano aunque difícilmente se vería, ya que los últimos rayos de sol desaparecían.
Mientras la princesa se dirigía a toda velocidad al castillo, podía ver como se encendían las luces dentro de los hogares de la gente y algunas antorchas para iluminar los caminos. La verdad estaba nerviosa por el encuentro con su hermana y como ella fuera a reaccionar, así que quiso hacerlo lo más privado posible y no entró por las puertas principales, sino por un camino alternativo que había descubierto en una de sus muchas exploraciones a los alrededores de Arendelle y que por ahora parecía que nadie había descubierto.
Era un túnel con una puerta secreta metida dentro de un árbol a las afueras del castillo, que conectaba directamente con el salón de pinturas, más específicamente la pintura de una puerta, así que se subió la capa sobre su cabeza para que las pocas personas que deambulaban por ahí no las reconocieran y entró al castillo.
La reina ya estaba en su habitación esperando ansiosamente la llegada de la paloma que le diría que su princesa volvería mañana, mientras esperaba derritió su vestido de hielo y se puso el camisón para estar más cómoda; cuando hubo terminado se sentó en la silla del escritorio a esperar, estaba tan concentrada que no escuchó el ruido fuera de su puerta y solo miraba por la ventana, luego hubo silencio, un ruido más y a los pocos minutos la paloma llegó.
Querida Elsa,
Por qué cierras la puerta, si el amor es una puerta abierta
Anna
Tardó un par de segundos en comprender el mensaje y cuando lo hizo sus ojos se abrieron de par en par de asombro mientras que en una ráfaga de viento casi que volaba a la puerta de su habitación. Con manos temblorosas sostuvo el picaporte y lentamente giró la perilla para abrir el espacio suficiente para que un ojo viera lo más maravilloso que podía ver en esos momentos, dio un par de pasos atrás para que la persona entrara mientras sus ojos empezaban a ver borroso por las lágrimas.
La viajera ingresó a la habitación y cerró la puerta detrás de ella, dejó su equipaje en el piso y extendió los brazos para recibir con una sonrisa de oreja a oreja a su amada reina, que pegó un brinco mientras se aferraba a su cuello sollozando.
-Te extrañé Elsa- susurraba al oído enviando escalofríos en la columna contraria con sus palabras.
-Y yo a ti, Anna-
Han pasado 84 años... :D
