Seeh! Ya sé. Ni termino en una para meterme en otra, pero comprenderán que el encierro me tiene con las musas muy activas y de alguna manera mis ideas pugnan por salir. Espero disfruten de esta nueva historia. Agradezco la lectura, se aceptan sugerencias (y en caso de ver algún error, mencionarlo). Saludos.


I've got a crush on you

(Sesshomaru/Rin|°Love Story°|)

1. Seasons change, time passes by.

Si tan solo pudiera retroceder el tiempo.

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Desde luego que lo pensó, mil veces… y mil veces no fue lo suficiente para detenerla, estaba decidido Era ahora o nunca. Contra todo pronóstico, Rin hizo lo que hizo, pero lo descabellado del asunto no fue el mero hecho de haberlo hecho deliberadamente y a conciencia, sino con quién tuvo la osadía de hacerlo.

Empecemos por decir que esa mañana de maravillosa pinta, Rin andaba con un ansía irrefrenable persiguiendo con la mirada el puntero del reloj. Tocado el tiempo, el timbre de fin de clases fue la bandera en alto que marcó el inicio de lo que años más tarde sería la tragazón de la vergüenza y el orgullo.

En aquel entonces, Rin no estaba en sus cabales.

Comparada con otras niñas de su edad, Rin era toda una deschavetada para los asuntos del corazón. Lanzada y directa, ella iba a lo seguro, sin dubitaciones y titubeos. Por eso (habiendo reunido el valor luego de haberlo pensado mil veces) desechó de su cabeza lo que había entorpecido su paz mental para poder confesarse (sin tantita pena) al galán de toda la escuela, tres años mayor que ella; un alumno destacado por su sedosa cabellera blanca y del que claramente, para él Rin era un punto en el espacio de la miles de galaxias que alberga el universo, es decir, nada. Un cero a la izquierda.

Luego de batallar en seguirle la pista, Rin consiguió la atención de su crush gracias a su obstinación de perseguirlo por media escuela. Sesshomaru se sabía asechado, y el acoso fue tal que tuvo que frenar la marcha para dar por finiquitado la sensación de hastío que le acalambra las piernas. Para ese entonces ambos estaban en los jardines de la escuela, casualmente despoblado de alumnos. La suave brizna del otoño se acompasaba con el cadencioso trino de los pájaros que buscaban refugio en los árboles. El clímax perfecto para despechar las fervorosas cargas del corazón. Sesshomaru veía a la castaña situada frente a sus narices con graves signos de interrogación entre ceja y ceja; un sudor denso y frío surcaba su sien izquierda, rígida hasta la médula y carcomido de dilemas. Rin estaba con el ansia a flor de piel, intoxicada del placer de miles de mariposas revoloteando su estómago.

No sin temor las menudas manos de Rin le extendieron una carta a Sesshomaru. Al hacerlo, pegó un brinquito de la emoción y su corazón latía desbocadamente haciendo de su sangre agua azucarada. Sesshomaru aceptó la carta (porque no le quedaba de otra) y delante de su acosadora la empezó a leer. ¡Vaya! Estaba con la estupefacción quemándole la garganta, no sabía que decir ni que pensar al respecto. — ¡O sea, que mal chiste!—. El impacto de la ardiente confesión heló sus pensamientos. Su reacción no fue precisamente la de sorber con los ojos miel sobre hojuelas, en su cara traslucía un grave mohín de disgusto. Estaba enfadado de saberse "anhelado" por una mujer que no tenía la pinta de ser bonita ni inteligente. Sus fachas no eran las de una fina dama, la falda de uniforme arrugada y el cabello opaco y desordenado, con mugre en los cachetes.

Aun así Sesshomaru sepultó su mal humor con la típica sonrisa hipócrita del que se sabe oro en un barril de piedras. Ya se las olía de que con un "gracias" no iba ser suficiente para despegar el mal que se le avecinaba, los ojos de Rin eránse de ver como dos ascuas encendidas, a la expectativa de una respuesta, engulléndole de pies a cabeza.

—¿Saldrías conmigo?—. La pregunta de Rin agrandó el desagrado de Sesshomaru. ¿Cómo era posible que una niña de tan bajo nivel haya concebido que tiene oportunidad de formar pareja con él? Sesshomaru estaba abrumado por no decir que la incredulidad anudó a sus neuronas. ("A esta baratija le falta un espejo")

El silencio que se instaló entrambos se descascarilló ante la tenebrosa risa de Sesshomaru cuyo rostro de repulsión se transformó a uno de perniciosa burla.

—Por supuesto—dijo él en tono sarcástico—Me encantaría.

Y fue así como Rin sostuvo una abrasadora relación con su crush de secundaria. En la escuela nunca fueron vistos juntos, nada se supo de ellos en los registros de los chismografos; Sesshomaru tomaba sus cautelas, siempre reservado para con su privacidad. En ese tiempo Rin se desvivió por Sesshomaru, su devoción fue desde la preparación de obentos, notitas amorosas y un teje y desteje de bufandas las cuales Sesshomaru o bien las perdía (a propósito) o las relegaba en olvido en su ropero. Pese que Rin entregó un todo por todo para no recibir nada de nada, jamás se impacientó por un beso o una caricia. Se conformaba con el frío y descuidado tacto de Sesshomaru quien a veces se tomaba la molestia de invitarle un refresco (a escondidas).

Como suele suceder, muchas veces los golpes de la vida aparecen inadvertidamente y cimbran la existencia de uno. La tragedia vino a suceder con el cierre del año escolar. Rin estaba con el pecho congestionado de tristeza, Sesshomaru se echaría andar a otro instituto previo a su formación en la universidad y ella quería impresionarlo con los panecillos que preparó la noche anterior al término de la ceremonia de fin curso. Cuando Rin iba camino a entregárselos, se entretuvo con la marabunta de alumnos que habían formado un círculo en el patio de la escuela. Fue tal su curiosidad que se unió a ellos para descubrir que el júbilo de los aplausos, risas y ovaciones se debían a que Sesshomaru estaba por entregar el segundo botón de su gakuran a la chica más popular de la escuela, Kagura. Rin quedó destrozada, con el trago amargo de que Sesshomaru la descubrió entre la multitud y...

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Pip

Pip

Pip

El sonido de la alarma le hizo pegar menudo brinco en la cama, el sobresalto desaforó el pausado ritmo de su corazón tanto que se tomó su tiempo para despertar con más calma y evitar así los mareos matutinos.

Rin abrió lentamente los ojos y por el dolor enterrado en sus parpados supo que no durmió ni ocho horas seguidas; el sueño rezagado le quemaba las retinas. Se encontró con que ya era tarde y luego de lavarse, peinarse y embutirse (a prisa) una rebanada de pan se las apañó para llegar temprano al trabajo. Mamá le había dejado en el recibidor una lista puntillosa de obligaciones, desde el depósito de pago de proveedores y un manual que debía cumplir con religiosidad para la apertura de la tienda. No era la primera vez que sus padres salían del país y relegaban en sus manos la responsabilidad de la florería, herencia de la abuela. Ya sabía cómo manejar el changarro, después de todo, era hija de la propietaria y a marcha forzada tuvo aprender, aunque evidentemente no le apasionaba ser esclava de la jungla ahí inventada.

Al llegar a local ubicado en una concurrida calle y abrir la cortina metálica, Rin se puso obrar con la limpieza del lugar y la revisión de las flores cuyos pétalos maduros avisaban de su estado perecedero. Kagome, una enérgica chica de secundaria y que trabajaba medio tiempo para la familia Hayato se unió a la labor de hidratar los capullos a unos días por brotar.

—Buenos días—ambas se saludaron, cada cual enfocada en su tarea.

Rin no se entretuvo en conversar, tampoco se le daba mucho la camaradería y el trato familiar con los empleados. Se mantenía al margen habiendo aprendido a desconfiar. Pasadas las doce del día, la campana que advierte las visitas resonó en cada poro de la florería. Kagome despegó su vista de la revista que traía en manos y con exagerado entusiasmo ofreció la bienvenida al recién llegado. El hombre (trajeado de negro) no se inmutó al recibimiento, podría decirse que ni la peló. Ya se paseaba como perro por su casa por entre los anaqueles repletos de flores, perdido en su llamada telefónica.

—Ya sé, Jaken, ya lo sé—se quejaba con vil monotonía—Girasoles, un precioso ramo de girasoles.

Kagome no se dio por vencida en interceptar al "mal educado-intruso", se posicionó detrás de él y le palmeó fuerte la espalda.

—Disculpe, ¿le puedo ayudar en algo?—sonrió pérfidamente la estudiante, una introspección a sus pensamientos y se podía oír la frase: ("Porque no estoy aquí pegada como calcomanía de exhibición).

El cliente se desconectó de la llamada guardando el móvil en el bolsillo de su chaqueta.

— Necesito urgentemente un ramo de girasoles, es el regalo de aniversario de mi esposa.

—No estoy muy segura de que sea la mejor opción como regalo. ¿No está interesado en ver nuestros arreglos florales?

—A ver, niña—protestó el cliente con los brazos en jarras— ¿Crees que tengo el tiempo del mundo para ver tus "manualidades con las flores"?

En su despacho, Rin había oído un murmullo de voces venir del recibidor, acudió a la entrada lueo de percatarse del abrupto silencio.

—¿Todo b-b-bi...

Mentira, mentira, mentira. ¿Eso no le podría estar pasando?

—¡Sesshomaru, tú. Tú ¿Aquí?!—Fue la estrepitosa exclamación de Rin, helada de la sorpresa.

Al aludido casi se le hunden los ojos al ver a Rin… tan diferente de cuando estaba en secundaria. (Pasó gruesa saliva).

—¿Se conocen?—habló Kagome al observar como su patrona tanto como el mal educado intruso se apuntaban el pecho.

—Bueno, no vine aquí con la intención de charlar—rezongó Sesshomaru con el ceño entreverado.

—Eso queda más que claro—le contestó Rin de mala manera—Para eso están los psicólogos.

—En realidad, jefa—se entrometió Kagome para romper con la tensa atmosfera que se cernía sobre de Rin y Sesshomaru—Él está buscando un ramo de girasoles como regalo de aniversario.

— ¡Oh sí! Pues que vaya buscar a otra parte.

—Otra vez tú con tus dramas—arremetió severamente Sesshomaru, cruzándose de brazos y negando con la cabeza—No me digas que todavía estás dolida por lo del botón. Ni siquiera andábamos.

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Rin quedó destrozada, con el trago amargo de que Sesshomaru la descubrió entre la multitud y... al pasar cerca de ella le resopló en la oreja: ¿Te creíste que de verdad andábamos?

Continuará (…)


Gracias por la lectura.