¡Hola! Agradezco nuevamente el tiempo que se toman en darle lectura, los comentarios, follow y favoritos. Espero el capitulo les sea de agrado.
Capítulo 3: I hate you
El televisor acabó hecho trizas, a martillazos.
Pero el televisor no fue lo único con lo que el padre de Rin descargó el peso de su furia. El señor era el mismísimo demonio de Tasmania destruyendo a su paso lo que encontraba por su casa. Al cabo de unas horas, tanto Rin como su padre nadaban en un mar de basura. Ambos estaban con la quijada por los suelos, sin hablarse ni mirarse. Rin con las manos prensadas a los cabellos rezumando del miedo en el sofá, y su padre rebullendo del coraje con la cabeza a medio meter en el congelador. La madre, al llegar a casa, tan pronto cruzó la puerta y avanzó un paso, quedó horrorizada con lo que veía, al borde del colapso, eminentemente afectada semejaba que había visto algún tipo de aparición que la desfalcó de aliento. Rin, rebelándose contra la nerviosidad que proyectaban sus padres, se armó de valor y soltó (cantandito y sin vaciles) toda la sopa. Contó con lujo y detalle el pequeño altercado con el prestigiado Sesshomaru Taisho, desde el atrevimiento de golpearle el pecho, hasta el altisonante intercambio de palabras y finalmente, la negación del servicio. Papá estaba que le daba un patatús, respiraba entrecortadamente (sin poder contener la tos), y mamá lloraba a grandes catástrofes con la culpabilidad elevada en potencia. Cuando le preguntaron el porqué de su actuar, Rin sufrió de graves retortijones en el estómago y corriendo fue a encerrarse al baño para vomitar la bilis atravesada en su garganta. Sus padres anidaron la ligera sospecha de que tal vez su hija… ¿Estaba embarazada de ese hombre?
La madre fue a golpear con brutalidad la puerta del baño exigiéndole a Rin explicaciones. Mientras tanto, tembloroso a rabiar, el padre de Rin, arrastrando la lengua, profería una sarta de sandeces encausadas a su pronta "abuelez". Rin procedió a lo sencillo y común en situaciones de peligro, es decir, a puerta cerrada no llegan los golpes. Después de vaciarse en vómito y limpiarse, optó por refugiarse en la bañera e ignorar que ahí afuera el gallinero estaba revuelto. No obstante, si por algo sobresalía su madre era por su despiadada intrepidez a la hora de resolver las cosas a su antojo. Mamá fue por un cuchillo a la cocina y con éste utensilio deslizándolo por la estrecha ranura de la puerta, consiguió violar la privacidad de su hija. Rin se protegió el rostro previendo que le sería zampada una cachetada, pero, adverso a lo que adivinaba iba a pasar, ocurrió que su madre se aproximó a ella con delicadeza y, atrayéndola suavemente a su pecho, la abrazó para acariciarla con ternura.
Rin puso una cara de a seis fuera que peregrinaba en una plutónica visión alterna a la realidad que la embestía.
—Recuerda que estamos para apoyarte—le oyó decir a su madre con ternura, cubriéndole de besos la frente. Entonces apareció su padre y su temple también se había transformado, siendo que ya no había en él esas voraces chispas de irracionalidad que acompañan su enojo.
—Debiste sincerarte desde el principio—dijo él no pudiendo resistir colocar su mano en el vientre su hija.
El tacto de su padre le estremeció el espinazo; la sensación de agobio creciendo en su interior la impulsó a romper con el abrazo y enredarse con la cortina de baño a modo de barrera. Sus empequeñecidos ojos se asomaban al ras de la tela.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué el cambio tan repentino?—profirió Rin con voz desquebrajada.—¿No están molestos por lo que hice?
Su madre esbozó una ancha sonrisa, sus delgados labios (curvados en totalidad) trasmitían claro mensaje de compresión e indulgencia.
—¿Molestos? ¿Por qué habríamos de estarlo, cariño? Sólo dinos… ¿Cuándo y cómo fue que pasó…"eso"?—y sus mejillas se ruborizaron tanto al hacerse a la idea de que sería abuela.
El corazón de Rin se le oprimió de dolor, un desagradable escalofrío le recorrió la nuca al tratar de rememorar la fecha del incidente; si acaso dos semanas a lo sumo. Perfectamente la figura de Sesshomaru se dibujó en su cabeza y nada le desagradaba de sobremanera que tener que llenar sus pensamientos de él, sobretodo en circunstancias críticas que apelan a la razón.
El silencio de su hija fue en demasía melifluo y desdeñoso.
—Bueno, los "accidentes" pasan, hija—concertó su padre ladeando la cabeza.
—Lo importante—agregó su madre desenroscándola de la cortina de baño—es que hayas tenido el valor de contarnos.
—Iré a limpiar—dijo Rin, innegablemente contrariada. Salió del baño y su aspecto era de avanzada incertidumbre. ¿Por qué sus padres (de febriles atormentados) cambiaron repentinamente de humor?
—No te molestes—. Su padre se apresuró a tomarla del brazo y la condujo a su habitación—Yo limpiaré por ti. Sería bueno que descansaras, imagino que estás agotada. Te hemos hecho pasar por un mal momento—.Un destello pasajero de risa aflojó la seriedad de su cara.
Rin se fue a la cama con una montaña de preocupaciones sepultándole el sueño. Esa noche Rin no durmió, y no sea por los imperfectos cambios de genio en la voluntariosa naturaleza de sus padres, como la vaca que rumea por horas el pasto ya tragado, así Rin releyó innumerable veces el viejo álbum de fotos de su escuela secundaria. Cada vuelta de página, era el relampagueo de su viejo y calamitoso amor por Sesshomaru estrujando su frágil pellejo. No hubo día en sus tiempos de colegiala que dejara de pensar en él. Contada de manera sencilla, Sesshomaru fue un todo por todo aunque para él ella haya sido un despojo de material humano.
De todos los retratos de los alumnos de su escuela, él era el más sobresalía en las fotografías.
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Tenía la esperanza que de que algún día él esperaría por ella en la salida de la escuela. Acabadas las clases, cuando Rin salía del salón corría a galope a la entrada principal de la escuela y, sorteando ágilmente lo cientos de alumnos que desfilaban a sus costados, ella, aparragada contra una pared, solo tenía ojos para Sesshomaru. Éste cruzaba a un lado de ella y no mostraba esmero en voltear a verla. Para Rin, con solo tenerlo (un poquitín cerca suyo) aun así sea dos mugrosos instantes, ya le era suficiente. De verdad que ya estaba habituada a la rutina escolar de salir corriendo de clases para verlo. Por mucho que se diferenciaban entre sí en cuanto al ser físico y estado social, ella lo amaba.
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A la mañana siguiente…
El padre de Rin se retorció los bigotes al ver que su hija salía a prisa del departamento. La madre intervino para detenerla, le apresó los hombros y la acarreó a la cocina.
—¿A dónde crees que vas?—lanzó sin tapujas la pregunta su madre. El padre agravó la mirada hacia su hija se puso colorado ya que le calaba el duro sentimiento de ser prontamente "abuelo".
Rin enmudeció por dos segundos antes de responder quedamente:
—Tengo que resolver esto lo antes posible. No quiero que empeoré nuestra situación, es por el bien de la florería—y de solo imaginar que iría a ver a Sesshomaru el estómago se le revolvió e instintivamente se llevó las manos a su panza.—¡Yo soy la responsable de que estemos arruinados!—discutió con deber sagrado.—Iré hablar con él y me escuchará.
La madre no pasó por alto el ademán de su hija.
—¡Pero qué imprudente!—protestó su padre con amargo resabio—. ¿Qué no aprendes tu lección, señorita? Te dejamos un minuto sola y mira lo que pasa—Sus manos teatralmente apuntaron el vientre de Rin.
—No sé qué les pasa, déjenme—.Agarró su bolso y se fue.
Rin fue a la central de la compañía Taisho. El enorme edificio era un gigante de hierro que se enarbolaba hasta el cielo. Ella era un alma de las miles que se arremolinaban en los alrededores, y por su casual vestimenta se podía adivinar que no era empleada de ahí, ya que los transeúntes ahí ambulantes vestían traje del tipo negocios y portaban maletín. Ella estaba muy lejos a pertenecer a la estirpe de empresarios. Luego de malgastar aliento subiendo un par de escalones, llegó a la entrada del edificio. El oficial de seguridad la detuvo con justa causa al reparar en su sencilla ropa que no combinaba con los civiles de la empresa.
—Buenos días. Lamento informarle que no puedo permitirle el acceso.
Rin se sintió peor que una criada. Había percibido la repulsiva mirada que le dedicó el oficial de seguridad.
—Tengo asuntos pendientes con el amo y señor de esta empresa—soltó con divertida chocarrería—.Si es que no me cree, vaya y pregúnteselo personalmente.
—Vuelvo a repetir—aseveró el oficial con voz gruesa (de hombre)—.Usted no tiene…
Rin ya estaba más que preparada en caso de hubiera una negativa. El plan B nunca falla porque se atiene a la frase "golpe avisa". Y con admirable brío aterrador, Rin pateó la entrepierna del oficial y mientras que éste rodaba por los escalones de golpe recién propinado, Rin se lanzaba como proyectil al interior del edificio. Corría y corría por entre las personas que habían sido testigo de la refriega. Su meta a alcanzar era los elevadores. Y mientras corría, corría con harta energía, le herían a muerte viejas memorias, la exaltación, el frenesí de las carreras a la salida de escuela para ver a Sesshomaru. Sin embargo, el sentimiento era adverso al de aquel entonces, ya no la movían los hilos del amor, su sangre, el hambre de verlo se mezclaban con la alevosa pasión del odio.
Te odio, Sesshomaru.
Te odio, Sesshomaru.
Te odio, Sesshomaru.
—Rin—oyó a lo lejos su nombre.
(Continuará).
(Thank you so much for reading. I push myself too hard to write a decent and satisfactory story. It is a pleasure for me to know there are people who likes what I do. The most rewarding part about being a fanfiction writter is making people happy)
Ya se le complicaron las cosas a Rin, sobretodo cuando se entere que sus padres la creen embarazada de Sesshomaru. Pero es que suele pasar que las cosas se malinterpretan a la menor sugestión posible. Y Rin no fue muy explicativa con lo de Sesshomaru, creyendo sus padres que lo que Rin le hizo a Sesshomaru es porque tal vez éste no se quiere hacer responsable del niño. Hahahahaha!
