Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC


«Prólogo»


—Oh.

Aquel suave aliento hizo que Hinata se volviera desde donde estaba, de pie sobre la mesa de caballete. Lady Hyuga, su madre, había susurrado y ahora se detuvo al bajar las escaleras para mirar con ojos acuosos mientras Natsu se enredaba con el dobladillo del vestido de Hinata.

Lady Hanna Hyuga había estado muy a menudo últimamente con los ojos llorosos, desde que habían recibido la noticia de que Naruto Namikaze de Konoha había regresado finalmente de las Cruzadas y deseaba reclamar a su prometida. La madre de Hinata no estaba llevando bien el casamiento que se aproximaba.

Más concretamente, no reaccionaba bien al hecho de que Hinata se mudaría pronto a Konoha después de que las nupcias finalizaran. Hinata sabía que su madre estaba feliz de verla casada y lista para tener nietos. Era la parte de irse lejos lo que lady Hyuga no quería. Por otro lado, Hinata y su madre habían estado muy próximas. Tan próximas que, en lugar de ser enviada lejos cuando joven, Hinata se había educado en las rodillas de su madre, enseñada con paciencia y amor.

—Oh. —Lady Hanna respiró otra vez cuando cruzó el gran salón, con su criada en los talones.

Hinata compartió una sonrisa con Natsu, luego sacudió su cabeza hacia su madre y dijo con tierna exasperación,

—¿Me veo tan horrible que eso te hace llorar, madre?

—¡No! —negó lady Hanna con un jadeo—. Te ves encantadora, querida mía. Muy encantadora. El azul del vestido resalta el azabache de tus cabellos. Es muy apropiado.

—¿Entonces por qué pareces tan desgraciada? —preguntó suavemente Hinata.

—Oh. Es sólo que pareces tan...tan señora. ¡Oh, Bya! Mi bebé es ya una mujer crecida —se lamentó a la criada que estaba a su lado.

—Sí, mi señora. —Bya sonrió con paciencia—. Sí lo es. Es tiempo de que se case y deje esta casa para construir su propio hogar.

Ante las amables palabras de la criada, los ojos de lady Hanna se llenaron otra vez de lágrimas. Amenazaban con rebasar sus pestañas y verterse sobre su cara cuando lord Hiashi Hyuga, quien había estado sentado silenciosamente en una silla junto al fuego, intervino con un chirrido de piel y el sonido de la cota de malla.

—Sin lágrimas, mi amor —la reprendió mientras se movía para unirse a las mujeres en la mesa de caballete—. Esta es una ocasión alegre. Además, hemos tenido a nuestra Hinata más de lo que yo había esperado. De no ser por el rey y sus Cruzadas, habríamos perdido a nuestra muchacha a los catorce o un poco después.

—Sí. —Lady Hanna se movió para apoyarse en su marido mientras miraba con aprobación a su hija—. Y estoy también agradecida que hayamos podido mantenerla hasta los veinte. No obstante voy a echarla tanto de menos.

—Como yo —estuvo bruscamente de acuerdo lord Hiashi. Rodeó a su esposa con un brazo mientras se volvía hacia su hija—. Estás hermosa, niña. Justo como tu madre en el día de nuestra boda. Naruto es un hombre afortunado. Nos haces sentir orgullosos.

Por un momento, Hinata se asustó al ver los ojos de su padre tan vidriosos, como si también pudiera ponerse a llorar; entonces aclaró su garganta y le dirigió una sonrisa ladeada a su esposa.

—Simplemente tendremos que distraernos tanto como sea posible de nuestra pérdida.

—No puedo pensar en nada que me distraiga de perder a nuestra hija — dijo Lady Hanna tristemente.

—¿No? —Una mirada traviesa cruzó la cara de Hiashi Hyuga, y Hinata se divirtió al ver su mano caer desde la cintura de su madre para tocar su trasero a través de sus faldas—. Puedo proponer una cosa o dos —le dijo y luego la alejó de la mesa en dirección a la escalera—. Vayamos a nuestro cuarto y podremos hablar de esas ideas.

—Oh. —La voz de lady Hanna sonó entrecortada, y sus siguientes palabras, aun cuando protestaba, fueron algo débiles—. Pero Bya y yo íbamos a hacer un recuento de las provisiones y ver qué...

—Puedes hacer eso más tarde. Bya puede ir a descansar un poco entretanto —anunció Lord Hiashi.

La criada sonrió abiertamente, luego se deslizó fuera del cuarto mientras su señora protestaba.

—¿Pero qué hay de Hinata? Me gustaría...

—Hinata estará aquí cuando regresemos abajo —dijo mientras la urgía a ir arriba—. Ella no se marcha todavía.

—Si es que al final se marcha.

Hinata se sobresaltó por la sorpresa de aquel insulto dicho suavemente desde detrás de ella. Logró mantener su equilibrio en la mesa de caballete solo gracias a la rápida acción de su criada, que la agarró del brazo para estabilizarla.

Hinata murmuró las gracias a la muchacha y se volvió con cuidado para afrontar a la interlocutora.

Shion.

Su prima parecía desagradable como siempre. Su rostro alargado estaba delgado y pálido, y había una divertida burla en los ojos que se deslizaban sobre Hinata.

—¿Qué piensas, Tokuma?

La mirada fija de Hinata se desplazó hacia los dos hombres jóvenes que acompañaban a la mujer. Los hermanos de Shion, Tetsu y Tokuma, tenían los mismos rostros como de perros, que en ese momento mostraban crueles sonrisas. Ellos tres debían de haber entrado mientras había estado distraída por la partida de sus padres.

Magnífico, pensó tristemente. Si Hinata había sido bendecida con unos padres amorosos, el destino había compensado aquella bondad maldiciéndola con tres de los primos más horrorosos que pudieran existir. El trío parecía vivir para hacerla sentir miserable. Nada disfrutaban más que la oportunidad de señalarle sus defectos. Lo habían hecho desde su llegada a Hyugaton unos diez años antes, cuando el castillo de ellos había sido invadido y su padre asesinado. Sin ningún otro lugar a donde ir, su madre había traído a sus niños a Hyugaton, y ellos se habían convertido rápidamente en la ruina de la existencia de la joven Hinata.

—Creo —La nariz de Tokuma se alzó cuando se dejó caer en el banco y echó su cabeza hacia atrás para dar un vistazo a Hinata y su vestido— que una vez que ese Namikaze eche una mirada al bovino en que su prometida se ha convertido, romperá el contrato y huirá como si temiera por su vida.

— Me temo que Tokuma esté en lo cierto, Hinata —dijo Shion con fingida compasión cuando Hinata se estremeció ante sus palabras—. Pareces un arándano grande y enorme con ese vestido. Quiero decir, no creo que el color sea un error, ya que de rojo pareces una gran cereza y en marrón un gran terrón de...

—Creo que entiendo la idea, Shion —dijo Hinata calmadamente mientras Shion y Tetsu se unían a su hermano en el banco.

El cálido brillo que había florecido bajo los elogios de sus padres murió con una muerte brusca. De repente ya no se sentía encantadora. Se sentía desaliñada y gorda. Lo que era. Sólo cuando sus padres estaban alrededor con su amor incondicional y aceptación olvidaba brevemente ese hecho. Por alguna extraña razón, Shion, Tetsu y Tokuma estaban normalmente allí para recordarle lo contrario.

—Yo mismo he encontrado algunas veces encantadores y deliciosos arándanos.

Hinata se volvió hacia la puerta ante aquellas agudas palabras para encontrar a su hermano Neji cerrando la puerta. No estaba segura de cuánto hacía que había entrado, pero el modo en que fulminó con la mirada a sus primos le hizo pensar que hacía rato. No lamentó cuando se levantaron y se fueron directa y rápidamente hacia la puerta de las cocinas.

Neji los miró con fiereza hasta que se fueron, luego se dio la vuelta hacia su desinflada hermana.

—No les permitas hacerte esto, Hinata. No pareces un arándano. Te ves hermosa. Como una princesa.

Hinata forzó una sonrisa mientras él la alcanzaba para darle un apretón en la mano.

—Gracias, Neji.

Su expresión era preocupada, y Hinata sabía que no creía haberla convencido. Durante un momento pensó que él insistiría en que era encantadora, como haría un buen hermano, pero entonces pareció dejarlo pasar con un suspiro resignado.

—¿Sabes dónde está padre?

—Se fue escaleras arriba con madre —le dijo Hinata; entonces algo del brillo volvió a sus ojos y añadió—, para discutir métodos de distraerla de su ánimo deprimido a raíz de mi partida.

Neji alzó las cejas, luego sonrió abiertamente mientras se volvía hacia las puertas.

—Bueno, si bajan en cualquier momento, por favor, dile a padre que necesito tener unas palabras con él. Estaré abajo en el campo de práctica.

—Sí. —Hinata lo miró marcharse, luego echó un vistazo hacia abajo cuando su criada tiró de la tela de su vestido—. ¿Qué piensas, Natsu?

—Pienso que podríamos recoger otro poco en los hombros, mi señora. Ahí está un poco suelto.

Hinata retorció su cuello y trató de examinarse detenidamente. Su imagen de los hombros era demasiado cercana y borrosa como para decir cómo se veían. Tenía una mejor visión de sus pechos demasiado generosos, su vientre suavemente redondeado y unas caderas que consideraba demasiado amplias en el vestido azul. Un arándano, había dicho Shion, y de repente la tela que Hinata había elegido con todo cuidado perdió su belleza ante sus ojos. Se imaginó como un gran arándano redondo, del que su cabeza sobresalía como un tallo.

Hinata manoseó la tela tristemente. Era una tela encantadora. Pero ni siquiera la tela más encantadora podía convertir a un pollo viejo, redondo y tonto en un cisne.

—¿Mi señora? ¿Se lo recojo en los hombros? —preguntó Natsu.

—Sí. —Hinata permitió que la tela se deslizara entre sus dedos y enderezó sus hombros resueltamente—. Y en la cintura también. Y corta todo lo que sobre.

Los ojos de la criada se dilataron.

—¿La cintura? Pero el talle encaja perfectamente.

—Lo hace ahora —estuvo de acuerdo Hinata—. Pero para la boda, juro aquí y ahora que perderé al menos diez kilos, con suerte cinco, antes del día de la boda.

—Ah, mi señora —comenzó Natsu con preocupación—, no creo que sea una buena idea...

—Lo es —dijo Hinata firmemente. Sonriendo con determinación, se desplazó de la mesa caballete al banco y luego al suelo—. Perderé cinco kilos antes de la boda y eso es todo. Por una vez en mi vida estaré bonita, delgada y... elegante. Naruto de Konoha estará orgulloso de reclamarme.