Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
«DOS»
¡Buen Dios, el vendaje se estaba reventando!
Hinata no fue realmente consciente de aquel hecho al principio. Había notado que parte de su incomodidad parecía aliviarse cuando estaban a mitad de camino a la capilla. Habrían llegado a la capilla y estarían a mitad de la ceremonia en aquel punto, pero su madre había aparecido con la brillante idea de que ella, Bya y Natsu deberían andar delante del caballo, cada una transportando una cesta de flores que esparcirían ante la montura de Neji mientras lideraban el camino hacia la capilla. Había pensado que era una idea muy romántica y había perdido algunos instantes despojando a su jardín de los mejores brotes.
Hinata también había pensado que era bastante dulce en su momento. Pero ahora, cuando su incomodidad se alivió otro poco y comprendió que el desgarrón que su madre había hecho en la parte de abajo de su vendaje se estaba ampliando más por decisión propia, decidió que había sido la peor idea de su vida.
—¿Cuál es el problema? Te has puesto bastante tiesa —dijo Neji cuando Hinata se enderezó delante de él.
No era que ella no se hubiera sentado ya erguida en la silla de montar mientras cruzaban el patio del castillo hacia la capilla, pero Hinata estaba estirando su espalda ahora tanto como podía. Y su respiración, que realmente había sido un jadeo superficial, ahora se había detenido enteramente mientras intentaba desesperadamente hacerse lo más pequeña posible e impedir que el desgarrón se rasgase más.
—¿Hinata?
—Apresúrate —jadeó ella.
—¿Apresurarme? Pero... —Echó un vistazo a su madre y a las dos criadas, que estaban caminando delante de ellos, luego detrás otra vez, y ella vio que su preocupación aumentaba—. ¿Cuál es el problema con tu cara, Hinata? Está toda roja e hinchada.
Hinata liberó el aliento que había estado conteniendo y siseó
—No importa mi cara. El vendaje esta cediendo, Neji. Tengo que desmontar. Ahora.
Para su alivio, él no vaciló más, pero llamó a su madre y le explicó el problema y que debían acelerar esta procesión. Asintiendo con la cabeza, lady Hanna se apresuró hacia las criadas y sostuvo con ellas una conferencia en susurros. Entonces las mujeres se pusieron en camino de nuevo, esta vez a paso acelerado. De hecho, pasaron de un meandro lento a un casi trote, caminando rápidamente, esparciendo flores a una velocidad ligeramente frenética mientras Neji impulsaba a su montura para seguir sus pasos.
Habían avanzado quizá otros tres metros cuando Hinata fue consciente de una liberación definitiva del vendaje. Esta vez pudo oír la tela rasgándose bajo su vestido. Neji la oyó también.
—Más rápido —llamó él suavemente a las mujeres. Entonces, cuando el sonido desgarrador apareció otra vez, simplemente siseó—: ¡Muevanse!
Lady Hanna echó un vistazo alrededor con gran consternación, luego se apresuró fuera del camino cuando su hijo urgió a su caballo al trote. Las tres mujeres corrieron rápida y ligeramente detrás de ellos, arrojando flores a sus espaldas mientras corrían hacia delante. Hinata no podría decir con seguridad cuál de ellas era la más aliviada cuando Neji finalmente detuvo su montura. No se sorprendió al encontrar que todos los invitados a la boda que se habían reunido delante de la capilla miraban boquiabiertos la demostración.
Neji se deslizó de su montura y se giró para encontrarse a Hinata siguiéndole en un frenesí de faldas, apeándose con prisa indecente en un esfuerzo por impedir que el desgarro en su vendaje se extendiese más.
Ella se quedó entonces muy quieta, respirando apenas mientras esperaba para ver si todo estaba bien o si saldría precipitadamente del vestido como una uva escapando de su piel.
—¿Esta todo bien? —preguntó Neji ansiosamente.
—Sí. Así lo creo —murmuró Hinata.
Ciertamente, el vendaje estaba lo suficientemente firme en su sitio como para que ella no pareciera ser capaz de respirar mucho.
—¿Está todo bien? —preguntó su madre jadeantemente cuando llegó hasta ellos.
Bya y Natsu, también sin aliento por la carrera, llegaron pisándole los talones.
—Sí. No pienso que llegara muy lejos. ¿Cómo me veo?
Su madre la revisó críticamente, luego se estiró hasta pellizcar sus mejillas.
—Estas un poco pálida, pero por lo demás encantadora.
Hinata se estuvo quieta mientras su madre trataba de devolver un poco de color a su piel. La atención a sus mejillas, sin embargo, le recordó de uno de los insultos con los que Tokuma la había atormentado algunos años atrás. Había dicho que tenía mejillas regordetas como una ardilla con nueces en su boca y la había seguido durante una semana entera gritando «¡Mejillas regordetas! ¡Mejillas de ardilla regordeta!» Ahora, Hinata se imaginó con un aspecto completamente ridículo, con su cuerpo forzadamente esbelto e hinchadas mejillas regordetas.
—Así. —Su madre retrocedió y le ofreció una sonrisa vigorizante—. Te ves encantadora. ¿Puedes caminar el resto del camino?
Hinata echó un rápido vistazo nervioso sobre su hombro a la distancia hasta los escalones de la iglesia. Neji se había parado antes de lo que le habría gustado, pero pensó que podría arreglárselas con la distancia si fuera muy despacio.
—Sí.
Hinata hundió sus mejillas, intentando tener menos aspecto de ardilla cuando se dio la vuelta para colocarse de cara a la iglesia.
Los invitados se separaron como el Mar Rojo ante Moisés, abriéndole un camino por el que andar. Hinata comenzó a avanzar lentamente. Muy lentamente. Tan lentamente que apenas se movía, y, aún así, estaba jadeando y luchando con un sentimiento de mareo después de solo un puñado de pasos.
—¡Dios Santo, parece un pescado! —jadeó Minato Namikaze de impresión, luego gruñó cuando el codo de su esposa encontró el camino a su esófago—. Perdón… pero se parece —refunfuñó él con disgusto, luego sacudió la cabeza—. Esposa, no recuerdo sus mejillas todas fruncidas y sus labios todos apretados cuando la vimos de niña y estuvimos de acuerdo con el contrato. ¿Y tú?
—No.
Lady Kushina se concentró en la muchacha que caminaba hacia ellos. Dios bendito, la chica se movía tan despacio y laboriosamente que se le podría perdonar a uno el pensar que caminaba hacia su muerte en vez de hacia su prometido. Lady Kushina observó con ojos entrecerrados la cara fruncida de Hinata, y entonces se relajó un poco.
—Creo que está succionándose las mejillas.
—¿Para qué?
Naruto finalmente se unió a la conversación mientras miraba acercarse a su novia. Si su madre contestó su pregunta, Naruto estaba demasiado distraído por su preocupación por su novia para oír su respuesta. No era su belleza lo que lo preocupaba. La verdad era que la parte inferior de su cara estaba más bien contraídaen ese momento, haciéndola parecerse un poco a un pez, pero incluso así podía ver que sus labios eran suaves y llenos. También tenía una nariz recta, y grandes y límpidos ojos grises. Y su pelo era de un precioso negro azulado, recogido en lo alto y con pequeños zarcillos sueltos para ablandar su cara. Sospechó que si liberara sus mejillas, sería más que pasablemente bonita.
No, no era su belleza lo que preocupaba a Naruto en ese momento, era el modo en que andaba. Estaba tan tiesa como un soldado con las costillas rotas y se movía a un paso extremadamente lento, que únicamente se esperaría de alguien débil o enfermizo. Lo último que Naruto deseaba era una novia débil o enfermiza. En realidad había estado esperando a una esposa robusta y sana que le ofreciera comodidad y fuerza a través de las pruebas que la vida sin duda les tendría guardadas.
Sin embargo, ahora había poco que Naruto pudiera hacer sobre el asunto. Si ella era débil o enfermiza, él lo averiguaría bastante pronto y tendría que arreglárselas. Este contrato de esponsales había sido preparado en su nombre cuando él era solo un niño, y su honor no le dejaba ninguna opción más que apoyarlo.
Hizo falta un codazo de su padre para hacerle comprender a Naruto que su prometida había llegado a su lado y que, en vez de girarse para ponerse de frente al sacerdote, todavía estaba dándole la espalda al hombre mientras la contemplaba con disgusto.
Sacudiéndose bajo el recordatorio no tan sutil de su padre, gruñó un saludo y ofreció una sonrisa a la muchacha.
Hinata cerró sus ojos, luego parpadeó para abrirlos otra vez y dirigió una silenciosa oración de gracias a Dios cuando Naruto de Konoha le sonrió. Durante un momento, en el cual su corazón se había detenido, había temido que el horrible vendaje y el hundir las mejillas como lo estaba haciendo hubiesen sido para nada. Había estado segura que él haría como Shion y sus hermanos habían sugerido y la rechazaría categóricamente.
Con piernas débiles y temblorosas, y el miedo que parecía que casi se comía su fuerza, Hinata no se dio vuelta hacia el sacerdote inmediatamente, sino que fijó la mirada en su prometido.
Su madre no le había estado mintiendo cuando le dijo que era apuesto y fuerte. El hombre era ambas cosas. Sin embargo, su apariencia no fue lo primero que notó. Fue su tamaño. Era extremadamente alto, con hombros casi tan amplios como la puerta de la capilla de detrás de él. Y sí, era apuesto. Pero, más importante para ella, obviamente era amable, ya que aunque su expresión inicial lo había delatado y había mostrado su decepción con ella como novia, la sonrisa con la que ahora la honraba le aseguraba que no rechazaría este matrimonio. Sí. Era increíblemente amable, decidió, y se enamoró un poquito de él en el acto por no rechazarla.
Un carraspeo del sacerdote devolvió a Hinata de nuevo a la situación en curso. Se dio la vuelta para colocarse de cara al hombre santo. Su expresión la hizo comprender que mientras ella había estado ocupada comiéndose con los ojos a su prometido, él había comenzado la ceremonia y ahora aguardaba alguna respuesta de su parte.
—¿Acepto? —ofreció.
Enrojeció por el modo en que sus palabras fueron destrozadas por el esfuerzo para mantener sus mejillas hundidas. Tuvo que mantenerlas en su lugar mordiéndolas suavemente con sus dientes. Sin embargo, nadie lo comentó, y Hinata se obligó a relajarse y aspirar algo del aire que tanto necesitaba. Solo que allí parecía haber muy poco aire para respirar. La muchedumbre de gente que los apretujaba parecía estar acaparándolo avariciosamente para ellos. Intentando llenar de aire sus pulmones con algo más de fuerza, Hinata se agarró inconscientemente el brazo de su prometido y se dijo que no debía aterrorizarse, pero la cara del sacerdote vacilaba ante ella, su voz se tornaba más fuerte y luego se desvanecía en sus oídos. Oh, no, pensó tristemente, esto no está nada bien.
La preocupación de Naruto por el estado de la salud de su novia creció mientras la ceremonia proseguía. Ella había agarrado hacía unos momentos su brazo. Eso no era tan extraño en sí mismo, pero la naturaleza desesperada, parecida a una garra, del apretón sí lo era. Ahora, mientras la larga ceremonia continuaba, estuvo seguro que ella comenzaba a oscilar sobre sus pies muy ligeramente. Luego, cuando llegó el momento de ella de repetir los votos, su voz era entrecortada y débil.
Naruto la miró con preocupación, tan distraído que no estuvo seguro al principio por qué su padre le había dado un codazo cuando se sacudió bajo su codo.
—Puedes besar a la novia.
El modo en que el sacerdote dijo las palabras sugirió que no era la primera vez que las había dicho.
Naruto se dio la vuelta para ponerse totalmente frente a su novia, mirando ceñudamente la forma en que ella respiraba. Tomaba aliento de manera superficial y rápida, casi jadeando. También parecía terriblemente débil. Sospechando que este podría ser un matrimonio corto gracias a su obvia mala salud, Naruto se inclinó para presionar sus labios contra los suyos. Ella sabía a hidromiel. Sus labios eran suaves y calientes e… ¿idos?
Naruto abrió sus ojos con asombro cuando la muchedumbre alrededor de él soltó un grito sofocado. Tuvo el tiempo justo para agarrar la forma de su novia que se desplomaba. Se había desmayado.
Naruto miró boquiabierto a su novia inconsciente, parte de su mente conmocionada, la otra parte notando que ella era, en efecto, pasablemente bonita. Más que aceptablemente bonita, ahora que la inconsciencia había hecho que dejara de succionar sus mejillas. De hecho, aparte de su palidez inusual, era encantadora.
—¿Qué pasa con la muchacha?
Fue el padre de Naruto quien hizo aquella pregunta. Sus palabras actuaron como una especie de desencantamiento de todos los demás. La muchedumbre rompió a charlar inmediatamente mientras la familia de Hinata se precipitaba a rodear a Naruto donde él la agarraba contra su pecho.
—¿Qué esta pasando? ¿Está bien? —bramó lord Hiashi, con aspecto alarmado.
Naruto tuvo que tomar esto como un buen signo. Parecía sugerir que la muchacha no era dada al desmayo, y que este podría ser un acontecimiento extraño. Era alentador.
—Ella esta bien —aseguró lady Hanna a todos, mientras ella y dos criadas avanzaban entre la multitud para abanicar la cara de Hinata.
—Mira, quizá yo debería...
Neji Hyuga, el hermano, trató de arrebatar a la muchacha del agarre de Naruto, y ahí fue cuando la propia conmoción de Naruto pasó.
Frunciéndole el ceño al hombre por tratar de hacer lo que era ahora su deber, Naruto lo apartó de un codazo y alzó a Hinata en sus brazos... o lo intentó. Su nueva novia no era muy manejable. De hecho, de las caderas al cuello era alarmantemente inflexible. Terminó tendida sobre sus brazos, recta como una tabla, con la cabeza y las rodillas colgando como si fuera una hiedra. Era de lo más desconcertante.
Gruñendo, Naruto avanzó hacia delante, dejando rápidamente atrás a las mujeres que se abanicaban mientras se abría camino a la fuerza entre la bulliciosa muchedumbre.
Su mirada bajó varias veces a la cara de su novia mientras cruzaba el patio hacia el torreón. El hecho de que fuera bonita debería haberlo animado. Después de todo, ningún hombre deseaba casarse con una moza con cara de pescado, pero incluso su belleza no era suficiente en su mente para compensar su constitución obviamente débil. En verdad, prefería tener una esposa poco agraciada y sana que una bonita pero enferma.
Los años de Naruto en la campaña lo habían llenado de ciertas esperanzas respecto a una esposa. Había pasado muchos, demasiados, años luchando batalla tras batalla, viviendo en tiendas de campaña mediocres que goteaban cuando llovía y no hacían nada para no dejar pasar la frialdad de la noche.
Al principio había sido una magnífica aventura. Había disfrutado de la camaradería de sus compatriotas. Pero cuando una batalla había seguido a otra, y hombre tras hombre habían caído a su lado, dejándole arrodillado entre sangre y muerte, la magnífica aventura había comenzado a perder el interés.
Naruto se había descubierto anhelando la comodidad de una cama seca, un hogar caliente y el pecho suave de una buena esposa para reposar su cansada cabeza. Solo su lealtad a su rey, y su deseo de proteger y vigilar a su hermano Menma, quien lo había seguido para luchar y había sido más lento en perder su entusiasmo, habían evitado que Naruto dejara el sendero de la guerra y volviera a casa. Pero cuando Menma murió, con el pecho atravesado por una espada sarracena, Naruto perdió su interés en la batalla.
Como si se diera cuenta, el Rey Ricardo le había dado permiso para llevar a su casa las noticias de la muerte de su hermano, y había sugerido que Naruto podría ocuparse ahora de su boda. Naruto había regresado de inmediato con las amargas noticias. Después de permitirse un tiempo corto para que pasase la pena, había enviado entonces nuevas de que deseaba reclamar a su prometida.
Todo el tiempo había estado esperando, deseando incluso, que su novia fuera consoladoramente llenita y fuerte. Una mujer que no aplastaría cuando yaciera con ella, y cuyos senos llenos y suaves pudieran ser un cojín para su cabeza durante las frías noches de invierno.
—Ohh.
Naruto abandonó sus pensamientos ante aquel gemido. Su novia estaba volviendo en sí. Sospechaba que había sido la brisa fresca que palmeaba sus mejillas lo que la había reavivado. Cuando levantó su cabeza y se esforzó débilmente por verlo, trató de colocarla una posición más erguida en sus brazos, pero ella todavía no se doblaba.
Él no consideró aquel hecho y lo que podría significar durante mucho tiempo porque ella comenzó a luchar en sus brazos. Bueno, eso era una descripción amable. Tiesa como estaba por el centro, lo que ella estaba haciendo era más bien dejar caer su cabeza y piernas a través de sus brazos alzados.
—¡Se lo ruego! ¡Déjeme ponerme en pie! —Ella estaba a la vez sin aliento y aparentemente avergonzada terriblemente por todo el calvario.
Tratando de calmarla, Naruto le dirigió una tranquilizadora sonrisa y le dijo:
—Descansa.
Hinata detuvo su lucha y se quedó inmóvil cuando su nuevo marido gruñó aquella palabra. No podría decir si estaba enojado o no. No parecía enojado, pero su expresión era una mueca. Ella supuso que estaba algo molesto por su desmayo. No había dado un espectáculo muy bueno en la boda, con su ceceo, su desmayo y todo lo demás.
Recordando su ceceo cuando había dicho «Acepto», Hinata se dio cuenta de que ya no estaba hundiendo sus mejillas. Lo hizo ahora rápidamente, esperando que no hubiera notado su cara rechoncha. Entonces miró detenidamente por encima de su hombro para ver que todos los invitados a la boda los seguían a cierta distancia. Él andaba muy rápidamente a pesar de la carga de llevarla, y con cada paso los dejaba aún más atrás. Ella suspiró tristemente. Era todo terriblemente embarazoso. Tampoco podía ser bueno para su marido llevarla tan lejos. Neji la había llevado bajando la escalera, pero realmente este era un buen trecho más que aquél.
—Se lo ruego, mi señor —intentó ella de nuevo, liberando sus mejillas brevemente para hablar—. Bájeme antes de que se lesione. Soy demasiado pesada para que usted...
Ella hizo una pausa incierta. Su nuevo marido había dejado de andar y la contemplaba ahora con asombro. En el momento en que ella notaba su sorpresa, de repente él se echó a reír.
Después de un momento, él meneó la cabeza y dijo:
—Apenas me haré daño llevando una cosita como tú. ¡Mujeres!
Dijo esto último en un tono de exasperado desconcierto y siguió andando otra vez, aparentemente ajeno al hecho de que Hinata se había sonrojado hasta una sombra aún más profunda de rosado. Ella difícilmente era «una cosita», pero dejó sus protestas y sufrió el resto del viaje en silencio.
Fue un gran alivio para ella cuando finalmente llegaron al torreón y entraron. Fue un alivio incluyo mayor ser colocada sobre el banco de la mesa de caballete. Hinata enderezó afanosamente sus faldas y evitó encontrar la mirada del hombre que ahora se colocaba en el banco al lado de ella. Estaba tan nerviosa que fue casi un alivio cuando las puertas del torreón se abrieron y la gente comenzó a andar bulliciosamente por el gran salón.
Lady Hanna estaba a la cabeza de la muchedumbre que se precipitaba a llenar el cuarto. Se movió rápidamente al lado de Hinata, con una expresión preocupada.
—¿Estás bien, querida? ¿Te has recuperado?
—Sí —contestó Hinata.
—Te ves mucho mejor —comentó una mujer que solo podía suponer que era la madre de Naruto, parándose al lado de lady Hanna.
—Sí. Así es. —Lord Hiashi se detuvo a su lado y acarició su hombro torpemente. Entonces sacudió su cabeza y dijo a un hombre que se parecía mucho a una versión más vieja de Naruto—. Esto es de lo más inquietante. Hinata nunca se ha desmayado en su vida. Debe de ser toda la excitación.
Hinata cerró los ojos, deseando que todos simplemente se sentaran y dejaran estar el asunto. Era terriblemente embarazoso.
—Estoy segura de que es solo la excitación —dijo alguien.
Hinata abrió los ojos para mirar detenidamente a su interlocutora. La mujer era aproximadamente de la edad de su madre, con pelo cobrizo y una cara bonita.
—La tía Mei tiene razón —estuvo de acuerdo una muchacha pelirroja y menuda—. Mi prima era también así. Era la más robusta de las mujeres. No se había desmayado ni un solo día en su vida... hasta que se quedó embarazada. Entonces se desmayaba ante la caída de una pluma.
—¡Tayuya!
La pelirroja mayor, tía Mei, jadeó de espanto.
—No quise decir que lady Hinata lo esté, por supuesto que no podría estar embarazada —dijo la muchacha rápidamente. Estaba sonrojada y se veía horrorizada de que sus palabras hubieran sido tomadas así—. Solo quise decir que fue la tensión de la maternidad, y que la tensión de la boda y todo eso…
Su voz se desvaneció mientras miraba alrededor, con un gesto de impotencia, a los gestos horrorizados de los que la rodeaban. La expresión de Tayuya sugería que nada le gustaría más que simplemente desaparecer en el acto.
Dado que conocía bien ese sentimiento, Hinata sintió despertar su compasión por la muchacha. Sabía lo incómodo que era ser el centro de todas las miradas. Ella misma lo detestaba, y era aún peor cuando se era el centro de atención debido a algo tonto que uno había dicho o hecho. Forzando una sonrisa, afrontó aquello mismo para ayudar a la desafortunada muchacha.
—Por supuesto que no lo hiciste —dijo ella suavemente—. La verdad es que todo esto es muy tonto. He estado trabajando mucho para ayudar a arreglar todo. Además, estaba nerviosa y no he estado durmiendo bien. Y estaba bastante congestionado delante de la iglesia con toda la multitud alrededor, ¿no es cierto?
—Sí —estuvo de acuerdo su madre rápidamente, tratando de ayudarle a diluir la situación—. Vengan, deberíamos sentarnos. La cocinera ha estado trabajando durante días en este banquete, y planeándolo durante más tiempo aún. Está más que impaciente por comenzar a servirlo.
Para alivio de Hinata, todos comenzaron a colocarse en la mesa. Dejó escapar un pequeño suspiro de alivio por eso y echó un vistazo tímidamente al costado, solo para dejar caer sus ojos inmediatamente cuando vio a su nuevo marido mirarla detenidamente.
—Gracias.
Le miró de nuevo con sorpresa ante aquellas palabras suavemente dichas. —¿Por qué, mi señor?
—Por no ofenderte por la elección desafortunada de palabras de Tayuya y por ayudar a calmar el asunto.
Sonrojándose, Hinata se encogió levemente de hombros y comenzó a alisar distraídamente el mantel blanco que su madre había insistido que debía ponerse sobre la mesa principal.
—Estoy segura de que no quiso insultar.
—Es todavía joven y a veces torpe —dijo él, luego añadió con una mueca sardónica en sus labios—: Y, me temo, un poco mimada. Madre siempre ha lamentado no tener una hija y volcó todo su afecto en Tayuya cuando ella llegó para formarse en Konoha. Madre sentirá verla irse.
—¿Entonces su formación ha terminado? —preguntó Hinata.
Naruto se encogió de hombros.
—Se formó en Konoha porque iba casarse con mi hermano Menma. Ahora que él está muerto, su padre está buscando un marido alternativo para la muchacha. Había decidido que ella debería volver a casa mientras realizan la búsqueda, y su tía Mei vino a recogerla, pero madre trata de convencerle de que permita que Tayuya se quede hasta que tenga que casarse. Se ha enviado una nota a su padre, y Mei se va a quedar hasta que consigamos una respuesta. —Su mirada se deslizó a lo largo de la mesa hacia la muchacha—.
Temo que madre quedará decepcionada.
—¿No piensa que su padre la dejará quedarse? —preguntó Hinata con sorpresa, y él negó con la cabeza.
—Es una joven bonita. Sospecho que su padre puede haber encontrado ya un partido para ella, y querrá que esté en su casa para prepararse para el matrimonio.
—Aparenta tener al menos Veinte años, mi señor. No es precisamente una niña.
—Tiene dieciocho años —corrigió él.
Sorprendida, Hinata echó un vistazo a través de la mesa a la muchacha en cuestión. Tayuya tenía realmente una cara joven, piel clara, rasgos de duendecillo. Hinata supuso que había sido engañada por la figura de la joven. Aunque era pequeña en la cintura y en altura, también estaba sumamente bien desarrollada en el área del pecho. De todos modos, a los dieciocho años era suficientemente mayor para el matrimonio y no se la consideraba una niña.
Hinata no pensó más en el asunto cuando las puertas de las cocinas se abrieron y los criados comenzaron a entrar en fila llevando fuentes de comida. El primero de los servidores se dirigió a la mesa principal, mientras los demás se repartían entre las mesas inferiores. La comida olía deliciosa, y Hinata sonrió a la muchacha que se paró ante Naruto y ella para servirlos. Naruto comenzó a amontonar el alimento en el tajadero que compartirían, dejando a Hinata que se concentrara en su miseria.
Todavía encontraba difícil respirar. Era bastante malo cuando estaba de pie, pero sentada sentía como si hubiera una gran banda alrededor de sus costillas, que se las aplastaba. Lo que, por supuesto, había. Hinata no podía siquiera imaginar el ser capaz de tragar ninguno de los alimentos que Naruto estaba amontonando en el tajadero.
Si no había espacio para aspirar algo tan efímero como el aire, seguramente no habría espacio para el alimento… lo que parecía una forma de tortura para Hinata, ya que tenía bastante hambre. Había estado demasiado nerviosa para comer el día antes mientras habían esperado la llegada de su prometido y su familia. De hecho, recordaba ahora Hinata, había estado bastante nerviosa también la noche antes y simplemente había picoteado su comida, así es que habían pasado casi dos días desde que había comido realmente. Y aquí estaba ella, toda atada como un pavo e incapaz de comer.
Para empeorar las cosas, también estaba caliente y sudorosa, y estaba comenzando a sentir unos incómodos picores donde el vendaje terminaba debajo de sus pechos. La parte superior de la tela parecía estar rozando la parte inferior de sus senos, irritando poderosamente la carne sensible de esa zona. Hinata trató de estirar su columna vertebral en un esfuerzo por encontrar algún alivio y quizá un poco de aire, pero el esfuerzo pareció hacer poco bien.
—Come.
—¿Hmmm?
Hinata echó un vistazo distraído al hombre que estaba junto a ella. Por lo visto había terminado de llenar el tajadero y ya había hincado el diente.
Naruto gesticuló hacia la comida y repitió:
—Come.
Cuando Hinata miró detenidamente el alimento con anhelo secreto, pero no se movió para tomar nada, él suspiró y dijo:
—Había esperado una esposa saludable, con un apetito saludable.
La desilusión de su voz fue suficiente para hacer que Hinata cogiera un muslo de la selección en el tajadero y lo alzara a su boca. Sin embargo, no lo mordió, sino que simplemente lo sostuvo bajo su nariz y ante sus labios y aspiró. El olor suculento de la carne asada casi la tenía desvanecida de placer y deseo, pero sabía positivamente que no había ninguna forma de que el alimento cupiera en su actualmente comprimido estómago. Más probablemente se alojaría en algún lugar entre sus senos y se añadiría a su incomodidad.
—Esta bueno, ¿no es así? —comentó su nuevo marido, aparentemente buscando conversación.
Hinata asintió con la cabeza inmediatamente y dio un mordisco, ya que él la miraba con expectación. Lamentablemente, él no volvió su atención de vuelta al tajadero como ella había esperado, sino que continuó mirándola, y Hinata se vio obligada a masticar… y masticar. Dios mío, sabía a manjar de los dioses. De todos modos, temía ahogarse con ello si se lo tragaba, así es que masticó la carne hasta convertirla en un amasijo en su boca mientras él miraba, luego masticó un poco más.
—Pienso que has masticado bastante —comentó él al fin con diversión.
Con poco más que hacer aparte de eso, Hinata tragó el bocado de carne. Para su alivio, el alimento no se atoró en su garganta como había temido, sino que encontró espacio en su apretado estómago. Hinata estaba emitiendo justamente un suspiro de alivio cuando oyó y sintió que el vendaje cedía un poco. Se sintió inmediatamente llena de alarma y se puso rígida en su asiento, enderezándose aún más para tratar de impedir que la tela siguiese rasgándose, pero fue en vano. El sonido de desgarro apareció de nuevo.
—¿Oíste algo? —preguntó Naruto.
—No —chilló Hinata, con el mordisco de pollo batiéndose en su vientre apretado.
—¿No? Hmm. —Él echó un vistazo a su alrededor—. Estoy seguro de que oí algo, aunque no esté seguro de lo que era o de dónde vino
Con miedo de moverse o incluso respirar, Hinata dejó caer sus brazos para presionar sus codos contra sus costados en un esfuerzo vano por sujetarse.
—¡Ahí está otra vez!
Naruto echó bruscamente un vistazo alrededor, primero mirándola a ella, luego más allá en un esfuerzo por encontrar la fuente del sonido. Hinata no miró alrededor. Conocía la fuente. Podía sentir que sus pulmones se ampliaban un poco con cada sonido de desgarro, y mientras segundos atrás había tenido miedo de moverse y empeorar la situación, ahora estaba casi desesperada por dejar la mesa antes de aprender lo que era la verdadera humillación. Durante un momento buscó desesperadamente en su mente una excusa para marcharse, pero cuando el sonido de rasgadura se oyó de nuevo, dejó de perder el tiempo buscando una excusa y se apresuró a ponerse en pie.
Su sentido de la oportunidad fue malo. Un criado acababa de pararse detrás de ella y Naruto, sosteniendo una bandeja con un jarrete de jamón. Hinata empujó al desprevenido hombre mientras se levantaba, deslizando al jarrete de jamón fuera de la bandeja mientras se volcaba de sus manos. Actuando por instinto, Hinata se dobló para agarrar el trozo grande de carne. Fue un mal instinto. No hubo confusión acerca del fuerte sonido de desgarro cuando hizo eso. Se inmovilizó inmediatamente, con sus manos en el jarrete de jamón que yacía en los juncos.
—¿Hinata? —preguntó su madre con incertidumbre. Hinata cerró los ojos y comenzó a rezar. Hasta ahora era solo el vendaje lo que se había ido. El vestido que llevaba puesto aguantaba, pero sabía que las costuras no durarían mucho tiempo. Por favor Señor, déjame llegar escalera arriba, rogó, luego se enderezó.
Dios aparentemente estaba comprometido en otra parte. Hinata apenas se había enderezado completamente cuando las costuras de su vestido comenzaron a dividirse. Instintivamente apretó el jarrete de jamón contra su pecho, tratando de esconderse detrás de él mientras su vestido estallaba como la piel de una uva demasiado madura. El jarrete de jamón no era lo bastante grande para esconderla. Fue obvio por la expresión de Naruto mientras la miraba boquiabierto.
—¡Hinata! —jadeó su madre con consternación ante el silencio repentino, mientras todos los ojos se volvían hacia ella.
Con lágrimas de humillación que manaban de sus ojos, Hinata se mordió el labio y sacudió la cabeza cuando su madre se levantó para moverse a su lado.
—Lo siento, mi señor —logró decir Hinata sin que su voz se quebrara—. Deseé parecer agradable y… mi vestido no me entraría y... madre y Bya me vendaron, pero el vendaje se ha rasgado y...
Su voz murió repentinamente cuando Shion dejó escapar un chillido de risa. Fue seguida rápidamente tanto por Tokuma como por Tetsu. Los tres casi se cayeron del banco con su diversión. Nadie más participó en la risa, aunque una risa tonta escapó de Tayuya antes de su tía la callara. Por lo demás, los invitados y la gente de Hyugaton observaban todos a Hinata con compasión y pena, pero eso únicamente completó su humillación.
Mortificada, dejó caer el jarrete de jamón y se dio la vuelta para huir hacia el gran pasillo, corriendo escaleras arriba hacia su cuarto tan rápidamente como sus piernas la permitían. Ahora que podía respirar otra vez, eso era bastante rápido.
.
.
Continuará...
