Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC


«TRES»


Naruto miró asombrado a su novia mientras huía escaleras arriba. Se movía muy rápidamente para ser alguien que se había desmayado durante la ceremonia de su boda. Estaba maravillándose de ello cuando su madre se repuso de su sobresalto y salió disparada persiguiendo a su hija. Un par de criadas la siguieron. Entonces lord Hiashi murmuró algo a su hijo y también se levantó.

Naruto notó con cierta satisfacción que el hombre hacía una pausa para reprender al trío que se estaba riendo groseramente. Una vez que el hombre continuó escaleras arriba, Naruto se reclinó en el banco y miró detenidamente a su alrededor, más bien perplejo por lo que acababa de pasar. ¿Su novia había reventado su vestido a causa de un vendaje? Aquello tenía poco sentido para él.

—No entiendo nada, ¿y tú? —le preguntó por fin a su madre.

—Sí. Yo sí. Pobrecita.

Lady Kushina se levantó y llamó a su criada. Luego las dos siguieron al creciente desfile que había empezado a subir por las escaleras, dejando a Naruto igual de aturdido. Un vistazo a la expresión de su padre le indicó que el hombre mayor no entendía más que él la situación. Si acaso, Minato Namikaze parecía incluso más perplejo de lo que se sentía Naruto. Aun así, Naruto le preguntó:

—¿Entiendes algo de lo que ha pasado? ¿Qué quiso decir ella con eso de los vendajes?

Lord Minato sacudió la cabeza, aparentemente tan perplejo como su hijo. Naruto estaba empezando a sentirse un poco frustrado cuando el trío que estaba más allá en la mesa empezó a reírse estrepitosamente una vez más. Según podía recordar Naruto de las presentaciones que habían tenido lugar cuando llegaron, esos tres eran primos de su novia, y la mujer que intentaba sin éxito hacerlos callar era su madre y la tía de ella. Estaba a punto de espetarles que se callaran cuando uno de ellos, el llamado Tokuma, explicó entre carcajadas: —La tonta hizo que la vendaran. Pero ningún vendaje podría sostener su vientre y el vendaje reventó. Su pobre vestido siguió el mismo camino.

—¿Por qué tendría ella que hacer eso? —preguntó Naruto con verdadero desconcierto.

—La causa es que ella es una vaca, y quería parecer esbelta y atractiva para usted —dijo el que se llamaba Tetsu, mientras el trío estallaba en nuevas carcajadas.

Naruto no estaba divertido. Con una expresión tormentosa, se puso lentamente en pie y su mano se movió hacia su espada. Eso dejó al trío de inmediato en silencio. Inmóvil, Naruto les frunció el ceño, debatiéndose sobre qué hacer. Supuso que no sería buena idea matar a sus parientes políticos durante el día de su boda. Por otra parte, realmente parecían necesitar que les enseñara una lección. Su comportamiento mostraba una carencia absoluta de respeto hacia los demás, lo que incluía a su madre, de aspecto acosado, su prima y esposa de él e incluso a su tío, que los había acogido cuando no tenían ningún lugar a donde ir. Sí, en su mente tenía claro que necesitaban que les enseñaran una lección, pero quizá otro día. El no matarlos hoy sería un buen regalo de bodas para su esposa.

El silencio del recinto pareció ensordecedor mientras Naruto analizaba al ahora nervioso trío. Permitiendo que su mano abandonara su espada, Naruto echo un vistazo hacia la escalera, luego vaciló. Después de un momento miró a su padre, luego a su nuevo cuñado. El hombre había permanecido en silencio todo el tiempo, mirándole estrechamente. Ahora Naruto preguntó:

—¿Qué hago? ¿Debería ir yo también arriba? Ella es mi novia.

Neji Hyuga consideró la pregunta, entonces escuetamente le sugirió:

—Mejor espere un poco. Hinata estaba muy avergonzada.

—Sí. ¿Y quién no lo estaría, con una familia como esa? —Él miró con repugnancia hacia los primos—. Tendré que hacerla saber que no la considero responsable de la necedad de sus primos.

Para asombro de Naruto, Neji sonrió de repente y dijo:

—Creo que será bueno para ella, mi señor.

Naruto lo contempló aturdido, luego sacudió la cabeza y pasó por encima del banco para dirigirse hacia las escaleras. A pesar de lo que el hermano pensara, iría tras ella. Ella era su novia. Era su deber calmarla cuando estuviera disgustada e iba a calmarla, maldición.

—Pobrecita mía —arrullaba Lady Hanna, frotando suavemente la espalda de Hinata mientras ella sollozaba sobre las frescas sábanas de su cama.

—Soy una idiota —gemía Hinata sobre las sábanas.

—No. Eres brillante y encantadora, y estuviste maravillosa en la boda.

—¡Me desmayé!

Hinata alzó la cabeza para llorar, y Bya y Natsu llegaron en ese momento, deslizándose silenciosamente en la recámara. Hinata echó un vistazo a sus expresiones compasivas y dejó caer su cabeza en la cama una vez más.

—Sí, verdaderamente te desmayaste. —Su madre suspiró, entonces se puso en pie y hubo un crujido mientras ella se movía por el cuarto—. Venga, debemos cambiarte de ropa y regresar al banquete.

—¡Cambiarme!—Hinata se sentó tiesa sobre la cama, con el horror pintado en su cara—. ¡No puedo regresar al banquete, madre! ¡Me humillé totalmente! —Gimió cuando recordó toda la horrible experiencia—. Santo Dios, creo que me moriré por la vergüenza.

—No —le aseguró su madre al tiempo que recogía un vestido rojo que antes habían desechado. Comenzó a sacudirlo—. Solo parece que morirás de vergüenza. Este es uno de esos momentos inoportunos en la vida. Habrá muchos más. Todo que tienes que hacer es mantener la cabeza bien alta y caminar con orgullo.

Empezó a cruzar la habitación de nuevo con determinación, con las dos criadas un paso detrás de ella, obviamente listas para ayudarla a forzar a Hinata a que se metiera dentro del vestido si era necesario. Las tres se pararon al pie de la cama y la observaron con gesto grave.

—Venga, este es tu banquete de bodas, tu celebración. Solo tendrás uno… Si Dios es complaciente y tu marido no muere. Y asistirás a él.

Hinata contempló el vestido rojo que su madre sostenía, consideró el rebelarse y luego supuso que también debería volver abajo. Tendría que enfrentarse a todo el mundo antes o después. Supuso que sería mejor hacerlo ahora y terminar de una vez. Soltando un aliento tembloroso, enderezó los hombros y se deslizó fuera de la cama para quitarse los restos de su arruinado vestido.

Fue en aquel momento cuando lord Hiashi llegó y entró como un huracán en el cuarto.

—¡Padre! —chilló Hinata y cruzó los brazos sobre la delgada camisola que llevaba puesta, al tiempo que se abalanzaba detrás de su madre y las criadas para cubrirse.

—¿Está bien? —demandó lord Hiashi.

—¡Padre!

Hinata empezó a llorar otra vez, elevando la cabeza lo suficiente para fulminarle con la mirada desde el hombro de Natsu.

—¡No me vengas con eso de «Padre»! ¡Soy tu padre!—bramó Hiashi Hyuga.

Entonces hizo una pausa y frunció el ceño antes sus propias palabras. Suspirando sacudió la cabeza y observó los rastros de lágrimas en la parte de cara que podía ver. Su expresión se ablandó y caminó con largas zancadas hasta rodear al trío de mujeres para tomar a Hinata por los brazos. Sin hacer caso a su obvia vergüenza dijo:

—Te veías maravillosa, Hinata. Aunque te ves más maravillosa ahora mismo que no estás atada como un pavo.

—Oh, papá.

Hinata se mordió el labio, luego se lanzó sobre el pecho de él con un sorbetón.

—Vamos, vamos. Esto no es el fin del mundo —la calmo él, acariciando torpemente su espalda.

Hinata se acomodó contra su pecho, sintiéndose tan mimada y segura como cuando era una niñita y se lamentó.

—¿Por qué no puedo ser mas… elegante? Solo yo podría reventar así mi vendaje delante de todos.

—Bueno, eso es culpa mía —suspiró él, aporreándola en la espalda un poco más fuerte al distraerse—. Sí, lo heredaste de mí.

—¿De ti?

Hinata se retiró un poco para poder mirarle detenidamente, con sorpresa. —Mm-hmm —afirmó él con la cabeza—. ¿Ves esta cicatriz?

Hinata siguió su gesto hasta la cicatriz al lado derecho de su ojo. Había estado allí desde que ella podía recordar.

—Esa es la que recibiste en la batalla de Hiruzen.

Él pareció un poco disgustado.

—Sí. La batalla de Hiruzen. Pero nunca te dije exactamente como la conseguí en la batalla de Hiruzen, ¿o lo hice?

—No.

—Porque es un poco embarazoso. Temo que no fue por un tema muy distinto del tuyo. Yo tenía un par de calzas nuevas. Quería impresionar a tu madre. Pero las malditas eran demasiado pequeñas. No me quedaban bien en absoluto, pero yo era demasiado orgulloso para decirlo y hacer que el sastre me hiciera unas nuevas.

Pensé que terminaría por acomodarlas. —Gimió al recordarlo—. Bueno, me las coloqué y me dirigí a Suna a cortejar a tu madre. Me encontré con la batalla en Hiruzen en el trayecto. Hiruzen era un amigo, y pensé que le tenía que echar una mano y disfrutar así de un poco de deporte en mi recorrido, de modo que me detuve y me uní a la batalla. Era casi el final de la batalla cuando las costuras de mis calzas estallaron. —Se estremeció ante el recuerdo—. Por instinto alcancé a tapar mis partes y lord Shimura tuvo un golpe de suerte.

Rozó la cicatriz de su cara con un disgusto remoto.

—Fue condenadamente embarazoso, te lo digo en serio. Y el repugnante de Shimura lo estuvo contando durante los siguientes seis meses. Se partía de risa cada vez que lo contaba. Me lo restregaba a cada momento, hasta que finalmente lo maté en la batalla de Genzo.

Hinata se estremeció.

—Mis primos se reirán de esto durante toda la eternidad.

—Sí. —Hiashi pareció disgustado ante la mención de su sobrina y sobrinos—. Es una vergüenza el no poder matarlos a ellos.

—¡Hiashi! —le reprendió lady Hanna, pero con poco ardor.

Su padre simplemente se encogió de hombros, sin parecer arrepentido, y Hinata se mordió el labio para evitar reírse. El hombre no sentía más cariño por el trío que ella. Demostraba claramente que se sentía fastidiado por su presencia en la casa, y los toleraba solo para no disgustar a su esposa.

El sonido de unos pies al arrastrarse atrajo la atención de Hinata al hecho de que lady Kushina y su criada habían entrado en algún momento en el cuarto. La nueva suegra de Hinata tenía ahora un gesto tan comprensivo como inseguro de la bienvenida que recibiría.

Dirigiéndole una sonrisa a la mujer, Hinata salió del abrazo de su padre y alcanzó el vestido que su madre sostenía. Naruto eligió ese momento para irrumpir en la recámara, y toda la humillación que su padre había calmado regresó con fuerza renovada. Apresurándose a esconderse detrás de su padre, apoyó su cabeza contra su espalda mientras él se giraba para encarar a su nuevo yerno.

—¡Ya aquí! ¿Cómo es eso, mi señor? No debería…

—¿Está ella bien? —le interrumpió Naruto con impaciencia.

Hinata sintió relajarse la espalda de su padre ante la obvia preocupación que había en la voz del hombre más joven.

—Sí. Ella esta bien.

—¿Hinata? —preguntó Naruto, haciendo obvio que no se sentiría tranquilo hasta que lo viera por sí mismo.

Suspirando, Hinata rápidamente se pasó el vestido por la cabeza, lo colocó en su lugar y salió de detrás de su padre. Para alivio suyo, Natsu se apresuró a ir detrás de ella inmediatamente para atar los cordones de su vestido. Esperando que su cara no estuviera toda roja y manchada por el llanto, alzó la barbilla y se obligó a enfrentarlo. De todos modos, al final tendría que hacerlo, sería mejor que acabara de una vez.

—Estoy bien, mi señor —dijo Hinata con tranquila dignidad—. Algo avergonzada, pero bien.

—Sí. Bueno. Esas cosas pasan —le aseguró él, luego añadió—. Y no quiero que te preocupes. No hay nada por lo que debas avergonzarte. No te juzgaré por el comportamiento de tus primos.

Hinata hizo una pausa, sintiendo que la confusión la inundaba. Un rápido vistazo hacia sus padres le reveló que ellos compartían su confusión.

—¿Mis primos, mi señor?

—Sí. Aunque su comportamiento es imperdonable, no tendría que apenarte hasta el punto de que huyas de vuestro propio banquete de bodas.

—Oh. Er… bueno, realmente, mi señor, no fueron sus crueles burlas las que me hicieron dejar la mesa, estoy completamente acostumbrada a ellas — le aseguró ella con incomodidad, tan avergonzada por tener que explicarlo que no notó la forma en que los ojos de él se entrecerraban—. Me retiré para reparar mi… cambiarme de… ¿seguramente notaste que las costuras de mi traje estallaron?

—Oh, eso. —Él se encogió de hombros suavemente—. Como te dije, esas cosas pasan. Temí que estuvieras tardando tanto debido a la angustia por esos primos tuyos.

Hinata lo contempló. Él estaba haciendo a un lado, como si no tuviera importancia, algo que para ella había sido hacía breves momentos el fin del mundo.

—¿Esas cosas pasan? —le salió con un borboteo.

—Sí. Yo siempre rompo las costuras de mis túnicas. Tayuya me ha hecho una en cada cumpleaños y en Navidad desde que vino para que mi madre la instruyera, pero las hace demasiado estrechas en los hombros. Están bien mientras estoy en reposo, pero en el momento que tomo mi espada y flexiono mis músculos, las muy malditas se rasgan abriéndose de par en par.

—Él se encogió de hombros una vez más—. Apenas es digno de preocuparse.

Ahora, su mirada se deslizó sobre ella y su vestido rojo, y Hinata se mordió el labio, con miedo de que sin el vendaje le disgustara. Estaba haciendo todo lo posible para no estremecerse cuando él anunció:

—Te ves mucho mejor ahora. Hay color en tus mejillas, y ya no estás aspirando y con aspecto de pescado.

—¿Aspecto de pescado? —jadeó Hinata con consternación.

—Sí.

Cuando él apretó los labios y aspiró las mejillas para mostrarle cómo se había visto, Hinata sintió que se ruborizaba otra vez. No había comprendido cuán ridícula debía de haber parecido. ¡Y había imaginado que tenía mejor aspecto! Entonces notó con inquietud que él había comenzado a fruncir el ceño. Estaba disgustado con su novia después de todo, pensó con angustia. Hinata estaba preparándose para que expresara con palabras su disgusto cuando él avanzó y alcanzó su cabello. En escasos segundos había retirado las cintas que Natsu acababa de colocar allí.

—Tienes un cabello precioso. Me gusta que esté suelto. Lo dejaras en libertad para mí —anunció él con aprobación, luego tomó su mano y caminó con largas zancadas hacia la puerta.

Hinata correteó detrás de él, sonriendo radiantemente sobre su hombro hacia sus padres, lady Kushina, Bya y Natsu.

—Le gusta mi cabello. Debo dejarlo suelto para él. Recuérdame esto, Natsu —gimoteó ella, luego salió al pasillo y fue a la carrera para mantener el ritmo de los pasos mucho más largos de su marido.

Para su alivio, Naruto se paró en lo alto de la escalera. Se dio la vuelta como si fuera hablar, entonces repentinamente frunció el ceño cuando se percato de su estado encendido y falto de aliento.

Hinata forzó a su boca abierta y jadeante a cerrarse y a aspirar el aire por la nariz. Normalmente no estaría sin aliento por un pequeño trote, pero sospechaba que su cuerpo todavía no se había repuesto totalmente del vendaje.

—Lo siento, esposa. Olvido que eres una cosita tan pequeña. Debo acostumbrarme a nivelar mis pasos a los tuyos.

—¿Pequeña? —Hinata casi lloró ante esa palabra. Nadie en toda su vida la había llamado pequeña.

—Sí. Bueno, no eres tan flacucha como la mayoría de las mujeres, gracias a Dios. Tendría miedo a que enfermaras o a que te aplastara, llegado el caso. Por suerte, estás bien redondeada y tienes un poco de carne sobre los huesos, así que no te perderé entre las sábanas. Pero todavía eres mucho más pequeña que yo, y tendré que aprender a caminar más despacio contigo.

Naruto estaba haciendo un dibujo en su brazo con la mano mientras hablaba, por lo que ella sabía que él no era consciente de todas las expresiones que pasaron a través de su cara. Hinata no estaba segura de cómo debería sentirse después de este anuncio. Bien redondeada y con un poco de carne sobre sus huesos no parecía que fuera un elogio, pero al menos no parecía sentir rechazo. Antes de que pudiera decidir si estaba de verdad contento con ella o solo lo hacía para que se sintiera mejor, había terminado de colocarla a su lado y comenzado a bajar las escaleras.

Hinata estuvo bien los primeros pasos, pero entonces el gran salón apareció a la vista, con las mesas de caballete y la multitud de la celebración, y ella comenzó a reducir la marcha. Naruto lo notó inmediatamente y fue rápido al adivinar la razón.

—No debes temer a tus primos —ordenó él—. No te molestaran otra vez.

Su profunda mirada se deslizó con curiosidad sobre la firme expresión de él, pero no le preguntó cómo podía asegurar eso. En cambio, inspiró profundamente y se quedó cerca de su marido mientras entraban en el salón. El silencio que cayó sobre las mesas cuando se apercibieron de su retorno fue de desconcierto. Hinata se sintió enrojecer y muchísimo se temió que definitivamente parecía una cereza con su vestido rojo.

Cuando tomó asiento en la mesa de caballete, echó un vistazo nervioso en la dirección de sus tres primos, pero estaban silenciosos, con los ojos firmemente fijos en sus tajaderos. Parecía que no la molestarían otra vez, comprendió con algo cercano al asombro, y tuvo que preguntarse cómo lo había conseguido Naruto. Ningún tipo de amenazas o palizas por parte de Neji o su padre lo habían conseguido, pero de alguna forma, en solo unos pocos momentos antes de perseguirla escaleras arriba, Naruto había logrado hacer callar el temible trío.

Aquella comprensión hizo que Hinata mirara a su marido con brillantes ojos llenos de gratitud. Él pareció no notarlo. Estaba ocupado llenando el tajadero que compartían con los alimentos recién hechos. Hinata lo observó con asombro renovado cuando él amontonó una montaña de comida delante de ellos.

Hinata estaba comenzando a preocuparse ante la posibilidad de que él hubiera supuesto que por su tamaño ella debía de comer como un cerdo, cuando la distrajo la vuelta de sus padres y lady Kushina. Ella les sonrió a todos algo nerviosamente y luego volvió a prestar atención al tajadero. El hombre engullía la comida como si no hubiera un mañana. Casi la mitad del montón había desaparecido. Parecía que el llenarlo no era algo con segundas por su tamaño. Ella tomó nota de su condición muscular con nuevo respeto y fue pillada mirándolo fijamente cuando él dejó de comer de improviso para echarla un vistazo.

—No comes. ¿No tienes hambre?

Hinata arrancó los ojos de sus piernas y levantó su cabeza para afirmar rápidamente.

—La verdad, me encuentro muerta de hambre, mi señor. No he comido nada desde anteayer.

Él sacudió su cabeza.

—Entonces, no me extraña que te desmayaras.

Desviando la mirada, él alzó una mano para conseguir la atención de varios criados, quienes inmediatamente se apresuraron a servirle. Al poco tiempo el tajadero contenía otra montaña de comida.

—Come —ordenó él después de que los criados se alejaron, y hasta sostenía un trozo de queso delante de sus labios.

Enrojeciendo con una extraña mezcla de vergüenza y placer ante este gesto tan romántico, Hinata abrió su boca para tomar un mordisquito del queso y casi se ahogó cuando él hizo entrar toda la porción dentro de su boca. En el momento en que logró tragar el queso, él ya tenía más preparado en sus labios. Hinata pronto comprendió que todo esto no era ningún gesto romántico. Su marido la alimentaba como si temiera que ella no lo hiciera. El hombre estaba ciego o loco, pues cualquiera que la mirara asumiría que ella ya comía demasiado, aunque se equivocaran. Hinata a menudo se saltaba comidas y aun así parecía no haber mucha diferencia en su tamaño.

Naruto siguió alimentándola hasta que ella finalmente protestó con una carcajada y le comunicó que ya no podía comer ni un pedacito más. Él sonrió abiertamente ante el tintineo de su carcajada y dejó caer su último ofrecimiento con una inclinación de cabeza.

—Lo hiciste muy bien —expresó él como si alabara a una niña.

Hinata sacudió su cabeza atontada, luego echó un vistazo hacia el lado donde habían tocado su brazo. Su madre y lady Kushina estaban ahora a su espalda.

Natsu, Bya y la criada de lady Kushina, también estaban con ellas.

—Ha llegado el momento de que te prepares para ir a la cama.

La diversión de Hinata desapareció y tragó fuertemente ante el anuncio de su madre. Había estado tan ocupada por una preocupación o por otra desde la ceremonia que se había olvidado completamente de esta parte de sus esponsales. Sintiendo que el calor del rubor volvía a su rostro, evitó mirar a Naruto y se levantó de mala gana para ser conducida hacia las escaleras.

Hinata se deslizó por los preparativos como en una niebla. Bueno, mejor dicho, se sentía como alguien que se dirigía hacia su propia ejecución en la horca; sabía lo que vendría, sabía que sería desagradable, pero estaba indefensa para impedirlo. Todos la verían desnuda. Para Hinata este era el acontecimiento más horrible que podría ocurrir, y su cerebro estaba completamente desconcertado por la misma idea de lo que pasaría y que no podría hacer nada para prevenirlo o evitarlo.

—¿Te sientes bien, querida?

La voz afectada de su madre se abrió camino a través de la niebla que había en la mente de Hinata. Puesto que sabía que no sería capaz de hablar, simplemente afirmó con la cabeza en respuesta y se deslizó desnuda bajo las ropas de la cama que lady Kushina mantenía alzadas para ella. Apenas se había colocado allí cuando le llegó el sonido de voces masculinas y risotadas amortiguadas por la puerta.

Hinata acercó inconscientemente más la sábana cuando el sonido se hizo aun más cercano. Entonces la puerta se estrelló al abrirse y un enredo de cuerpos masculinos irrumpió en la recámara. Naruto estaba en el centro, ya medio desnudo y sitiado por casi media docena de pares de manos que le quitaban cada prenda de vestir. A los pocos segundos de la entrada en la recámara arrancaron las sábanas. Quedó expuesta solo lo suficiente para que Naruto fuera empujado en la cama al lado de ella, pero Hinata murió mil muertes en ese tiempo, durante aquellos breves segundos que duraron como una eternidad, cuando sintió que su cuerpo era barrido por todos los ojos allí presentes.

—¡Oh, sí, eres un hombre afortunado! —gritó alguien—. Ella será una mullida almohada para la cabeza de un caballero.

—Sí, y también le mantendrá caliente durante los largos y fríos inviernos —dijo alguien más. En el momento que Naruto estuvo dentro la cama, Hinata rápidamente tiró de las sábanas hasta su cuello.

La recámara se vació tan rápidamente como se había llenado, las mujeres siguieron a los hombres, hasta que Hinata y Naruto se quedaron solos, aunque Hinata apenas lo noto. Ella estaba algo aturdida y maravillada por el hecho de que no hubieran hecho ni un solo comentario grosero sobre su tamaño. De hecho, los hombres habían parecido darle en realidad la enhorabuena a su marido, como si él hubiera ganado un premio. Disfrutó de este hecho durante unos momentos antes de que en alguna parte de su cabeza surgiera la idea de que quizá no habían sido sus primos los únicos intimidados por su marido.

—¿Esposa?

Hinata echó un vistazo hacia Naruto y comprendió que había estado tan consumida por la preocupación acerca de esa parte de estar desnuda delante de todo el mundo que no había permitido a su mente que fuera más allá. Ahora le golpeó el hecho de que era el momento de la consumación. Trató de tragar, pero no había nada que tragar. Su boca estaba tan seca como el desierto. También tenía problemas para respirar de nuevo, aunque ahora estuviera definitivamente más libre de ataduras.

La madre de Hinata le había explicado todo lo que pasaría esta noche, como una buena madre debería hacer. No había parecido terriblemente atractivo o digno, pero su madre le había asegurado que estaría bien. Hinata lo encontró difícil de creer en ese momento cuando su marido se inclinaba sobre su encogida figura. Sus pensamientos murieron repentinamente cuando Naruto la besó. Ella se puso rígida bajo la caricia, y sus labios se apretaron cuando él hizo vagar su boca sobre la de ella.

No estaba segura de si le gustaba la caricia. Antes de que pudiera decidir, sintió su mano en su seno a través de las sábanas y se asustó por la sorpresa. Abrió su boca para protestar y se encontró de repente con que esta se llenaba. Hinata estaba lo suficientemente segura de que era su lengua, aunque no tuviera ni idea de por qué la pondría dentro de su boca. A menos claro que él estuviera comprobando si tenía todos los dientes.

Él sabía al whisky que había bebido en la comida, cosa bastante agradable. Esperó a que el examen acabara, segura de que debería estar contento al comprobar que en efecto tenía todos sus dientes, pero la investigación se hizo larguísima y creó algunas sensaciones bastante raras en ella. Hinata sentía el irresistible impulso de chupar aquella lengua, y quizá hasta de examinar sus dientes. Decidió que chupar podría ser una aberración mientras que el examinar sus dientes probablemente sería aceptable, por lo que abandonó la idea del chupetón y deslizó su propia lengua hacia delante para moverla tímidamente alrededor y dentro de su boca.

La verdad, no consiguió sentir mucho cuando recorrió los dientes.

En el momento que su lengua se movió, él comenzó a luchar con la suya. Esto agitó ciertos sentimientos dentro de ella, de modo que Hinata no notó cuando tiró él las sábanas lejos de sus pechos hasta que casi estuvieron libres. Intentó agarrarla rápidamente, pero era demasiado tarde. Hinata supuso que no debería estar avergonzada al encontrarse desnuda en la cama con su marido. Después de todo, seguramente ya la había visto cuando habían retirado las sábanas para meterlo en la cama. Pero por otra parte, había sido un rápido vistazo y seguramente no habría visto mucho, ¿no? No tenía ningún interés en que él viera más.

Hinata apenas había analizado todo eso cuando Naruto comenzó a apartase del beso. Supo inmediatamente que él desearía mirar con detenimiento los pechos que había dejado expuestos. Incómoda y muy avergonzada por su gran tamaño, deslizó prontamente sus brazos alrededor de su cuello y le atrajo de nuevo, besándole con una seriedad que antes no había conseguido. Incluso cedió al impulso de chupar su lengua como había deseado hacer antes. Cualquier cosa para distraerlo de mirar lo que sus manos habían revelado con tanta inteligencia.

Hinata sintió su sorpresa por su comportamiento tan agresivo, y estuvo aun más sorprendido cuando su propio beso se hizo más intenso. Ella sintió su mano en su pecho de nuevo. Esta vez no saltó ante su toque, pero su cuerpo se arqueó exigiendo la caricia. Sus acciones estaban teniendo un raro efecto sobre ella. Los pezones de Hinata de repente estaban completamente sensibles y le hormigueaban cuando él los acarició y los apretó, algo que nunca había experimentado. Nunca había pensado que sus pechos fueran capaces de sensaciones tan agradables. Solo había pensado en ellos como algo que Dios había dado a las mujeres para que alimentaran a los bebes, pero definitivamente era el placer lo que los hinchaba y hacía que sus pezones sobresalieran hacia fuera.

Después de varios momentos en los cuales su cuerpo entero se convirtió en una masa depravada por el placer, Naruto intentó otra vez romper el beso. Inundada por el placer que él estaba creando en ella, Hinata casi le dejó hacer, pero entonces el temor asomó dentro de ella. Con miedo de que él la rechazara si la veía desnuda y entonces seguramente se apartara de ella, apretó sus brazos alrededor de su cuello.

Él se quedó quieto, luego volvió a acariciarla y besarla, por lo visto preparado para cortejarla un poco más, pero Hinata sabía que no podía frenarlo mucho más tiempo. Durante un momento estuvo pérdida respecto a lo que debería hacer; pero entonces una brillante idea se formó en su cabeza. Apagaría la vela. Él no sentiría repugnancia si no podía verla. Retirando uno de los brazos que le sujetaban, lo lanzó a ciegas hacia un lado, tratando de encontrar la vela que su madre había dejado encendida cerca del cabecero de la cama.

Al principio Hinata no pudo encontrar la vela, y estaba tan distraída con su ciega búsqueda que no notó la mano de su marido que se arrastraba hacia abajo hasta que alcanzó y ahuecó el vértice de sus muslos. Ella se sacudió bajo él, dejando escapar un gemido de su boca hacia la de él cuando todo el placer que él había estado agitando repentinamente se agrupó allí. Entonces, su búsqueda por hallar la vela se hizo un poco frenética, su otra mano barría la superficie del arcón un poco salvajemente. Definitivamente sintió cuando su mano golpeaba la palmatoria… con bastante fuerza. El ruido sordo que lo siguió tuvo un tono más siniestro.

Entonces Hinata rompió el beso ella misma, echando un vistazo desesperado hacia el arcón. La vela no estaba en ningún lugar a la vista. La había hecho caer del arcón. Aun así, todavía había luz en el cuarto. Hinata estuvo a punto de girarse en la cama para mirar y estar segura que se había apagado cuando de repente la boca de Naruto se cerró sobre un pezón. Se quedó rígida sobre la cama y miró detenidamente hacia abajo, a la parte superior de la cabeza de él con un placer y horror combinados. ¿La habría visto desnuda? Dios mío, eso se sentía tan bien. ¡Y había pensado que era placentero cuando su mano le había acariciado el seno! Aunque, ¿debería él estar haciendo eso? Se suponía que eran los bebes los que se amamantaban de los pechos de una mujer. ¿Qué habría visto él antes de bajar su boca hasta su pecho? Tendría…

Repentinamente todos sus confusos pensamientos murieron cuando su mano se deslizó bajo las sábanas que todavía cubrían sus caderas y encontró de nuevo el centro de ella.

Su madre no había mencionado esta parte, pensó Hinata vagamente cuando su cuerpo comenzó a temblar. Estaba completamente segura de que recordaría este hecho si su madre lo hubiera mencionado. No. No lo había mencionado. Hinata estaba tan abrumada con todas estas sensaciones que él había creado en ella que le llevó un momento el comprender que su cabeza se había elevado y ahora podía verla desnuda. Al menos desde la cintura… y estaba frunciendo el ceño.

Inmediatamente la desilusión apagó el placer que Hinata había estado experimentando. Él estaba disgustado con ella. Detestaba hasta solo mirarla. Aquella comprensión se hizo más evidente cuando él de repente saltó de la cama, la alzó entre el revoltijo de las sábanas y se precipitó hacia la puerta.

¿Pero qué le pasaba?, se preguntó ella con horror. ¿Seguramente no la tomaría abajo y la humillaría delante de todos? Para alivio suyo, no la transportó hacia abajo para humillarla en público, sino que simplemente la dejo allí en el corredor, como un orinal que necesitaba que lo vaciaran, luego se movió hasta inclinarse sobre la barandilla, bramando algo a los que se encontraban abajo, la dejó allí y se metió de nuevo apresuradamente en la recámara.

Hinata permaneció de pie en el corredor, agarrando la sábana a su alrededor y mirándole fija y melancólicamente, sintiendo que su corazón comenzaba a romperse. Entonces sus ojos se posaron con apatía sobre las llamas que habían empezado a lamer las cortinas de la cama.

—Fuego —susurró ella.

Sus ojos se abrieron sorprendidos cuando su cerebro algo lento y atontado comprendió qué era exactamente lo que él había estado gritando a los que se encontraban abajo. Fuego. No se había deshecho de ella como si fuera basura. No se había quedado horrorizado por lo que había visto de ella. La había colocado en el corredor solo para resguardarla de todo daño mientras luchaba contra el fuego, que su vela, obviamente, había comenzado.

¡Oh! ¡Era tan valiente y galante!

Y corría peligro de quemarse, comprendió cuando lo vio agarrar rápidamente sus calzas y golpear con ellas el fuego. Entonces, apretando más firmemente las sábanas a su alrededor y remetiendo la punta de la sábana entre su piel y la tela, corrió rápidamente en su ayuda.

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Continuará...