Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
«CINCO»
Naruto estaba soñando que estaba luchando contra un fuego. En su sueño, no tenía nada para combatir las llamas. Preso de la desesperación, comenzó a luchar contra ellas con sus manos desnudas, forzándose a ignorar la agonía mientras el rugiente fuego lamía la carne de sus dedos y palmas. El dolor era insoportable y finalmente le forzó a despertarse.
Naruto se sentó con un jadeó y levantó las manos delante de cara para mirarlas mientras el fiero dolor le seguía en su despertar. Miró fijamente, sin expresión, sus manos vendadas durante un momento, luego las dejó caer en su regazo y cayó de nuevo en la cama mientras recordaba que realmente se había quemado las manos. Observó duramente la tela que sobresalía por encima de la cama, tratando de bloquear el palpitante dolor mientras su mente vagaba por los acontecimientos de la noche anterior. Su noche de bodas no había sido lo que él había esperado.
El pensamiento hizo que Naruto mirara a su costado, solo para encontrar la cama vacía a su lado. Parecía que su mujer ya se había levantado e ido. Frunciendo el ceño, apartó las sábanas de una patada, luego se sentó de nuevo. Parecía que debería discutir unas cuantas cosas con su esposa cuando la encontrara. No sería muy duro con ella, se aseguró Naruto a sí mismo. Era una novia reciente, después de todo, pero Hinata tenía que aprender las cosas que la harían ser una buena esposa. Cosas como que una mujer no dejaba la cama hasta que su marido estaba despierto y también levantado. ¿Qué hubiera pasado si él hubiera querido terminar lo que dejaron incompleto la noche anterior? No es que pudiera hacer un buen trabajo con sus manos como estaban, pero aun así…
Sus pensamientos se detuvieron cuando se puso de pie al lado de la cama y miró alrededor de la habitación, siendo lentamente consciente de que no tenía nada para vestir. Todas sus ropas, hasta la última puntada, habían sido destruidas por el fuego la noche pasada, tanto aquellas que le habían quitado los hombres que estaban en el camino de la puerta, como las de su arcón, que se habían inflamado. Naruto había llevado puesto solo el lino que su madre había usado para secarle después de su baño.
El recuerdo de aquel baño humillante le hizo fruncir el ceño en ese momento ante el lino en cuestión. Ser bañado como un bebé y por su propia madre había sido algo doloroso. Y no es que ella hubiera estado enfadada por la tarea. Simplemente se había enrollado las mangas y se había puesto manos a la obra, como si estuviera bañando a uno de sus perros en Konoha. Luego le ordenó salir del baño, lo secó rápidamente, enrolló el lino alrededor de su cintura y lo envió de vuelta a su habitación.
Naruto sacudió su cabeza ante el recuerdo, luego desvió su atención a la contemplación del lino en el suelo. Era evidente que no había ningún modo de que fuera capaz de coger el trozo de ropa y colocarlo alrededor de su cintura de nuevo. Lo tocó levemente con la punta del pie, preguntándose si podría conseguir introducir su pie bajo él y alzarlo lo suficiente como para cogerlo en una de sus manos vendadas. Entonces, por supuesto, tendría que manipularlo hasta que lo tuviera alrededor de la cintura…
¿A quién estaba engañando?, se preguntó Naruto con irritación. No había manera de que pudiera atar el lino en torno su cintura por sí mismo. Por desagradable que fuera la admisión de que necesitaba ayuda, la necesitaba. Necesitaba tomar prestadas ropas de alguien, y necesitaba ayuda para ponérselas.
Si su mujer estuviera allí, podría haber obtenido su ayuda para tratar con el problema. Pero no estaba, otra razón para hablar con ella sobre no dejar la recámara hasta que él estuviera levantado y listo.
Irritado de nuevo por su ausencia, cruzó la habitación hacia la puerta, esperando que sus padres estuvieran todavía en su propia habitación y pudieran ayudarle en el tema. El pestillo le dio un poco de guerra, pero al final consiguió accionarlo y se encaminó hacia el vestíbulo. Estaba a medio camino del cuarto que habían dado a sus padres en el lado opuesto del vestíbulo cuando la puerta de enfrente se abrió y lord y lady Hyuga salieron.
Naruto se detuvo abruptamente, lo mismo que la pareja mayor. Por un momento, los tres se quedaron congelados en el sitio; sus nuevos parientes políticos jadeando, él dejando caer sus manos vendadas para cubrirse lo mejor que pudo. Entonces la puerta de sus padres se abrió y Minata Namikaze salió. Naruto gruñó ante la vista de él, y el pequeño sonido hizo que su padre desviara la mirada hacia él.
—¡Hijo! —rugió Lord Minato, su mirada pasando desde lord y lady Hyuga hasta su desnudo hijo—. ¿Qué demonios estás haciendo de pie en el vestíbulo totalmente desnudo?
Con un suspiro, Naruto simplemente sacudió la cabeza, haciendo una pausa cuando vislumbró la puerta abierta a su lado. Era la puerta de la habitación de Hinata. El daño no había sido tan malo como había parecido la noche antes, se dio cuenta sorprendido. El fuego parecía haber estado confinado en su mayor parte a la cama. El humo todavía era denso la noche anterior cuando le habían sacado del cuarto, y había estado seguro de que la habitación entera había desaparecido. Se había equivocado.
Con la esperanza de que su arcón quizá también hubiera escapado de los peores daños, Naruto se giró bruscamente y entró en la habitación, olvidándose totalmente del trío del vestíbulo hasta que oyó las bruscas disculpas de su padre de su parte.
Ignorando el sonido, Naruto caminó por la destruida habitación en busca de su arcón. Cualquier esperanza murió en el momento en que sus ojos aterrizaron en los carbonizados despojos. La tapa del arcón estaba desaparecida, dejando el ennegrecido fondo y los bordes, y unas pocas cenizas en su fondo. Allí no había nada que pudiera salvar, reconoció con un suspiro. Entonces su mirada se desvió a los humeantes restos de sus ropas de la noche anterior. En su desesperación había usado su túnica y calzas para golpear las llamas la pasada noche. Ahora los restos de las ropas yacían en dos arrugados montones en el suelo.
Haciendo una mueca, Naruto tocó con el pie cada bulto de tela. Habían sido empapados con agua cuando los hombres habían irrumpido con cubos, pero ahora estaban secos. Muy secos. Parecían incluso haberse endurecido en la forma en la que los habían dejado tirados.
—¡Por Dios! ¡Menuda la que has montado ahí fuera!
Naruto miró hacia su padre mientras entraba en el cuarto. El hombre mayor sacudió su cabeza y cerró la puerta, luego se reclinó pesadamente contra ella con un suspiro. Cuando Naruto no hizo comentarios, Minato Namikaze frunció el ceño y se movió hacia delante.
—Necesitas ropas, por supuesto. Debería haber pensado en eso. No fue hasta que entraste en este cuarto cuando me di cuenta de por qué estabas vagando desnudo.
—Tengo ropas aquí —dijo Naruto, luego admitió con no poca reluctancia—: Sin embargo, necesito ayuda para ponérmelas.
—Bueno, por supuesto que te ayudaré, hijo. ¿Qué ropas tienes…? —su voz se detuvo cuando siguió la mirada de Naruto hacia los pequeños montoncitos del suelo—. ¡Por Dios! No tendrás intención de ponerte esas, ¿verdad? ¡Están destrozadas!
Inclinándose, consiguió levantar la pila de lo que parecía ser lo que había quedado de la túnica de Naruto. Al alzarla del suelo, hizo una especie de sonido como de desgarro y se quedó recta como una tabla mientras la sujetaba. —No puedes ponerte esto. Te conseguiré una de mis túnicas y… —Tus túnicas no me sentarán bien.
Minato se detuvo a medio camino de la puerta y se giró con un ceño. Sus hombros se alzaron cuando vio la talla de su hijo.
—Sí. Me has superado. ¿Cuándo te has hecho un chico tan grande? — Frunció el ceño brevemente, luego sacudió la cabeza y ondeó la endurecida prenda—. Pero no puedes ponerte esto. Quiza Neji…
—No mendigaré ropa. Mi propia ropa me servirá hasta que lleguemos a casa —insistió Naruto gravemente—. Simplemente da una sacudida a la túnica; se suavizará cuando me la ponga.
Minato abrió la boca como para discutir, luego sacudió de nuevo la cabeza y volvió atrás.
—Las ropas de Neji probablemente tampoco te servirán. La verdad, mides por lo menos quince centímetros más que cualquier otro de hombre de aquí.
Hizo falta algo más que una sacudida para que las ropas de Naruto pudieran utilizarse. Su padre tuvo que estirar la ropa de su posición inicial y golpearla enérgicamente antes de que fuera adecuada para utilizarse, si es que adecuada era la expresión apropiada para unas ropas que estaban manchadas por el humo y llenas de agujeros. Pero aunque la túnica y las calzas de Naruto olían a humo y estaban estropeadas con agujeros y manchas, cubrían todas las partes importantes, y Naruto decidió que tendrían que servir.
Sus manos estaban doloridas, la cabeza ahora le dolía y no tenía paciencia para buscar ropas que podrían estar libres de manchas y olores, pero que se rasgarían ante el primer movimiento que hiciera. Simplemente tendría que ocuparse de que regresaran a casa tan pronto como pudieran. Mientras que Naruto no se había preocupado demasiado por las últimas tendencias en ropa, y normalmente tenía solo dos mudas, de manera que siempre tenía una para ponerse mientras estaban limpiando la otra, su hermano Menma tenía una talla parecida a la suya y había seguido mucho más la moda. Habría uno o dos atavíos en la habitación de su hermano en Konoha. Naruto podría apañárselas hasta que llegaran a casa.
Naruto dudaba que su madre estuviera contenta con la necesidad de viajar de inmediato. La intención había sido descansar aquí durante unos días, de manera que Hinata estuviera más acostumbrada a ellos antes de que volvieran a casa. Esa había sido la idea de su madre. Naruto no entendía qué le hacía pensar que la chica necesitaba tiempo para conocerles mejor. Tendría el resto de sus vidas para ello.
Sin embargo, su madre había insistido, y él y su padre habían aceptado para complacerla. Ahora, sin embargo, la necesidad había cambiado sus planes. O al menos los planes de él, pensó Naruto mientras seguía a su padre al pasillo. Su madre y su padre podrían quedarse detrás si lo deseaban. Pero él y su esposa se marcharían tan pronto como tomara el desayuno. Irían en busca de su nuevo escudero, luego… —Oh, ahí está tu madre.
Naruto recorrió el pasillo con la mirada hasta que vio a su madre hablando con lord y lady Hyuga.
—Sigue hacia abajo y ya te alcanzaremos —sugirió su padre.
Asintiendo, Naruto continuó hacia las escaleras mientras su padre se movía para unirse al trío.
Hinata fue la primera persona con la que se topó cuando llegó al salón principal. Su mujer estaba sentada a la mesa. No estaba sola. Esos primos suyos estaban con ella y, a juzgar por su expresión infeliz, adivinó que el trío estaba siendo grosero de nuevo. Naruto buscó instintivamente su espada, haciendo una mueca cuando su mano vendada chocó contra su empuñadura. No podía usarla.
Desarmado, Naruto quedaba reducido a mirar al trío mientras se aproximaba. Afortunadamente para su estado de ánimo, los tres eran lo suficientemente cobardes como para dejar la mesa incluso sin su espada para respaldar su irritación. Dejando escapar un gruñido satisfecho, Naruto se dejó caer en el banco junto a su esposa, poniéndose al alcance de su sorprendida cara.
—Esposo, estás levantado.
Naruto no hizo comentarios sobre su sorpresa. También mostró lo que consideró una gran contención al no reprocharle el venir abajo sola y dejarle a él para defenderse por sí mismo. En lugar de eso, preguntó:
—¿Qué te estaban diciendo tus primos para hacerte tan infeliz?
Para su gran interés, su novia enrojeció con vergüenza y evitó encontrar su mirada, mirando en su lugar hacia su copa de hidromiel mientras contestaba:
—Nada que merezca la pena repetirse, mi señor. De hecho, ya lo he olvidado. —Aclarando su garganta, dijo alegremente—: ¿Tienes hambre, mi señor esposo? ¿Te importaría compartir tu desayuno conmigo?
Naruto estaba seguro de que estaba mintiendo, y consideró el explicarle que las esposas no mentían a sus maridos sobre nada, ni siquiera sobre cosas insignificantes como cualquier palabra cargante que sus primos pudieran decirle, pero la brillante sonrisa que ella le dedicó fue casi deslumbrante y su suave voz dirigiéndose a él como «mi señor esposo» era música para sus oídos. Cuando ella cogió un trozo de pan para él, se encontró a sí mismo olvidándose de su enfado y alcanzando el ofrecimiento, solo para detenerse cuando su mano vendada se alzó entre ellos, un gordo y redondo muñón que era tan inservible como aparentaba.
Suspirando pesadamente, dejó caer la mano y se giró hacia la mesa, dándose cuenta que él era ahora el avergonzado.
—Podría alimentarte, mi señor —ofreció Hinata gentilmente, entendiendo el problema.
—No tengo hambre —mintió severamente Naruto, rechazando someterse a sí mismo a la humillación de que su nueva esposa tuviera que alimentarle como a un mero niño pequeño.
Echó la vista hacia un lado para ver a Hinata observándole con algo peligrosamente cercano a la piedad y gruñó:—Come.
Ella dudó, y Naruto estaba a punto de ordenarle comer de nuevo cuando un sirviente entró corriendo con una copa de hidromiel para él.
Aliviado porque hubiera algo que se veía capaz manejar, Naruto alzó cuidadosamente las dos manos vendadas para sujetar la copa entre ellas y llevarla a su boca. El alivio le recorrió cuando Hinata finalmente desvió su atención de él, y Naruto bajó la copa un poco y tragó mientras la miraba. Estaba llevando un poco de queso a su boca y la miró, repentinamente con la boca seca, mientras ella mordía un poco y lo masticaba despacio.
La acción despertó en él otra hambre que era incapaz de satisfacer, y Naruto sintió sus entrañas revolverse con desesperación. No podía comer, no podía vestirse y ni siquiera podía acostarse con su esposa. La vida de casado se estaba convirtiendo en algo totalmente ajeno a la felicidad para Naruto. De hecho, se parecía bastante más a un infierno. Una vez que tuviera a su nuevo escudero con él las cosas irían mejor, se aseguró a sí mismo, viendo a Hinata darle otro mordisco a la comida. Al menos entonces tendría al muchacho para ayudarle a vestirse y comer.
Todavía sería incapaz de acostarse con su esposa, pero…
Los pensamientos de Naruto murieron y tragó fuertemente cuando su mujer sacó su pequeña lengua rosa y la pasó sobre sus labios, tanto superior como inferior, capturando y limpiando cualquier pequeña miga que hubiera dejado detrás. En su mente, Naruto pudo casi sentirle lamiendo los labios de él... y cosas más al sur de su cuerpo, partes que no se habían quemado y a las que no les importaba que sus manos lo estuvieran.
El repentino sonido metálico de su copa golpeando la mesa y la fría salpicadura del líquido cayendo por su pecho y su regazo devolvió la atención de Naruto a la realidad. Poniéndose en pie con un rugido sorprendido, miró hacia el desastre que había hecho y sintió la vergüenza teñir sus mejillas de un rojo brillante mientras su esposa le miraba boquiabierta.
Ella abrió la boca para hablar, pero fue una voz detrás de él la que habló con preocupación:
—Hijo, ¿estás bien?
Girándose despacio, sintió hundirse sus hombros cuando vio a su madre y su padre junto a lord y lady Hyuga apresurándose a través del gran vestíbulo hacia ellos. Parecía que habían sido testigos de su espectáculo vergonzante de ineptitud.
Naruto cerró sus ojos brevemente, luego sacudió su cabeza y los abrió anunciando:
—Hinata y yo nos iremos en una hora hacia Suna para recoger a mi escudero, luego continuaremos hacia Konoha. Pueden acompañarnos o quedarse aquí, como deseen.
Ignorando los asombrados jadeos que este anuncio provocó, se giró sobre sus talones y salió del torreón en busca de los establos para encargarse que prepararan a sus caballos. Era la única posesión que permanecía intacta después de la noche de bodas. Naruto esperaba que esto no fuera un presagio de lo que estaba por venir.
—Lo siento, querida. El plan original era quedarnos aquí durante un tiempo tras la boda para que pudieras acostumbrarte a nosotros. Sin embargo, temo que Naruto… —Lady Kushina suspiró, luego explicó—: Solo tiene las ropas que lleva puestas para vestir; todo lo demás se perdió en el fuego. Y con sus manos heridas como estan, no puede comer sin ayuda… o vestirse… o cualquier otra cosa, en realidad. Tener a su nuevo escudero con él le será de gran ayuda, estoy segura, y…
—Está bien, mi señora —interrumpió Hinata gentilmente—. Lo entiendo. No estoy enfadada.
Su mirada se deslizó hacia la cara de su madre, y Hinata supo que no podía decirse lo mismo de la dama. Hanna Hyuga estaba obviamente enfadada con la idea de que su hija se fuera tan pronto. También obviamente estaba mordiéndose la lengua para no hablar del tema. Hinata estaba segura de que la madre de Naruto era consciente de la angustia de la otra mujer, y que ello avivaba su necesidad de excusar la repentina decisión de su hijo.
—Supongo que debería ir a ver que todo está guardado y preparado para salir —dijo Hinata con calma—. ¿Madre? ¿Te gustaría acompañarme?
—Sí, querida.
Hanna Hyuga cogió la mano que Hinata ofrecía y la agarró casi desesperadamente mientras caminaban hacia las escaleras. La agarró como si nunca la fuera a dejar ir. Hinata sabía que la siguiente hora iba a ser la más dura de su vida. Estaba a punto de dejar a su madre, su padre, su hermano, todo y a todos los que había conocido y amado.
Estaba a punto de seguir a su nuevo marido, un hombre que apenas conocía, a través de Inglaterra hacia su nuevo hogar, un lugar que nunca había visto, lleno de gente que nunca había encontrado y no conocía. Hinata nunca había esperado que crecer fuera tan duro y tan doloroso. Le parecía que los hombres lo tenían más fácil. Neji, cuando se casase, podría traer a su esposa aquí, y nunca se esperaría de él que se hiciera un lugar en otra parte. No parecía justo.
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Continuará...
