Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC


«SEIS»


—Por favor, Naruto, sube al carro. Te lastimarás más las manos si...

—No subiré al carro como una anciana o un niño enfermo. Además, no hay lugar en él con las criadas y todo lo demás. Parece que mi esposa se lleva la mitad del castillo de Hyugaton con ella.

Hinata y su madre se pararon al pie de las escaleras del castillo e intercambiaron miradas infelices. Lo habían visto alzarse hasta la silla cuando bajaban por la escalera, usando sus manos vendadas a pesar de su herida, pero ahora estaban lo bastante cerca para ver los resultados de este esfuerzo. Naruto tenía un color enfermizamente pálido, y el sudor cubría su frente y labio superior. Esto hablaba más claramente del dolor que la acción le había causado que si hubiera gritado su agonía en voz alta.

De todos modos se sentaba tieso y derecho en la silla, con el orgullo sosteniéndole erguido mientras luchaba por enroscar las riendas alrededor de sus manos vendadas. Desistiendo de convencerle, su madre se dio la vuelta y se movió para unirse a Hinata y su madre en las escaleras, con la preocupación marcada en su rostro en forma de profundas líneas.

—Se hará más heridas con su tonto orgullo que con el incendio.

Hinata se mordió el labio y asintió. Sus ojos se desplazaron a la expresión obstinada de su marido y consideró qué hacer. Hanna Hyuga no había criado a ninguna tonta. Hinata se parecía a su madre, una mujer terriblemente inteligente, y como tal, había prestado mucha atención a la instrucción de su madre. Lady Hyuga había considerado necesario formarla no solo sobre cómo llevar una casa o tratar con el personal. Hanna también había pensado que era importante formar a su hija en cómo tratar con los hombres. La primera lección que le había enseñado era que los hombres eran las criaturas más obstinadas, cabezonas y orgullosas que Dios había creado, y que una mujer tenía que ser astuta y rápida de pensamiento para impedirles matarse con ese orgullo.

Este, a juicio de Hinata, era uno de esos momentos sobre los que su madre la había advertido. No tenía ninguna duda de que su marido insistiría en continuar su viaje a pesar de sus manos heridas, arriesgándose a una infección y la muerte simplemente por negar su debilidad. La vida con su padre y hermano le había enseñado que los hombres tendían a ser realmente tontos para esas cosas.

—Padre, quizá pudieras ayudarme —dijo Naruto, manejando torpemente las riendas.

Cuando ella oyó que Naruto pedía a su padre que le enrollara las riendas alrededor de sus manos vendadas y las atara de modo tal que pudiera controlar a su caballo, decidió que este era uno de esos momentos en que una esposa inteligente tenía que actuar para salvar a un marido de su propio orgullo.

—Oh, querido —jadeó ella en voz alta mientras se precipitaba hacia delante para quedarse de pie al lado de su suegro, distrayéndolo de hacer lo que su hijo le solicitaba.

—¿Oh, querido?

Minato Namikaze la observó con lo que ella sospechaba que era esperanza. Su marido simplemente parecía receloso mientras la contemplaba.

—Oh, querido, ¿qué? —preguntó Naruto, con una expresión severa Hinata batió sus pestañas a su nuevo marido y forzó una sonrisa incierta.

—Me temo que no sé montar a caballo.

—¿Qué?

Ambos hombres la miraron detenidamente sin expresión.

Hinata se encogió de hombros suavemente.

—Nunca he tenido que hacerlo. Nunca he viajado fuera de Hyugaton. Esperaba ir en el carro, pero subestimé todas las cosas que madre tenía la intención de enviar conmigo.

Naruto contempló a su joven esposa. Tenía una cara fresca y unas mejillas sonrosadas, y estaba sonriéndole alegremente. Era tan encantadora como un día de primavera, pero también estaba resultando ser la más indefensa de criaturas. Se había desmayado en su boda, fue lo bastante torpe como para iniciar un incendio en su noche de bodas y ahora admitía que no podía montar a caballo. Parecía que Hinata no era la novia fuerte y experta que él había esperado.

Su mirada fija se deslizó a la cara de su padre, pero el hombre miraba hacia a las mujeres que estaban en las escaleras. Su madre parecía preocupada, pero la madre de su novia parecía simplemente aturdida. Antes de que Naruto pudiera comprender esto, Hinata capturó su atención otra vez.

—¿Tal vez podrías enseñarme a montar a caballo?

Naruto notó la forma en que la confusión desapareció del rostro de lady Hyuga ante su sugerencia, pero no tuvo mucho tiempo para considerar el asunto, ya que su madre avanzó precipitadamente, con una sonrisa radiante en su cara.

—¡Bien! ¡Qué idea tan maravillosa! Montarás a caballo con Naruto y él te mostrará como hacerlo. Solo debería llevar un par de días. Para cuando lleguemos a Konoha te habrá convertido en una jinete experta. Encantador.

Naruto se movió en la silla, sintiéndose como si se hubiera perdido algo. Todos parecían tan condenadamente contentos que estaba seguro que pasaba algo, pero no podía entender el qué. Frunció el ceño ante el asunto cuando su esposa agarró la mano de su hermano y lo arrastró avanzado.

—Ayúdame a montar, por favor, Neji.

—Puedo ayudarte a… —la voz de Naruto se desvaneció.

Era demasiado tarde para protestar, Neji ya la había colocado en la montura delante de él.

Ella giró su cabeza para sonreír sobre su hombro a Naruto, con un dulzor que en cierta forma le hizo sospechar. Apartando el incómodo sentimiento, Naruto se quejó en voz baja de las esposas y las mujeres en general, luego se movió para tomar las riendas, pero en lugar de eso ella las agarró y preguntó inocentemente:

—Si vas a enseñarme montar a caballo, ¿no debería ser yo la que sostenga las riendas?

Naruto vaciló, reacio a dejar el control de su montura, luego se recostó con un suspiro.

—Muy bien.

Él no se sintió mejor cuando ella le sonrió satisfecha. Puso sus brazos alrededor de su cintura casi de mala gana, la sintió acurrucarse contra él y sospechó que iba a ser un largo viaje a casa, a Konoha.

Hinata estaba terriblemente contenta consigo misma. Finalmente sentía que había hecho algo bueno como esposa. Podría haber convertido la ceremonia de bodas, la comida de celebración y la noche de boda en un lío, pero aquí y ahora había dado su primer paso correcto. Había burlado a su marido y lo había engañado para cuidarle sus manos heridas.

Hinata frunció el ceño ante sus propios pensamientos. Señor, estaba orgullosa de haber engañado a su marido, de utilizar astutas mentiras para hacerle pensar que no podía montar a caballo de modo que pudiera tener una excusa para montar con él y tomar las riendas. Este era realmente un día triste, decidió, y suspiró pesadamente, luego echó un vistazo hacia abajo, a su madre, cuando la mujer mayor puso una mano en su rodilla sobre su vestido.

—Lo harás bien, hija —dijo en un tono tan tranquilizador como si hubiera leído los pensamientos de Hinata. Apretó su rodilla—. Te queremos y te visitaremos pronto.

Hinata sintió las lágrimas en sus ojos y parpadeó en un esfuerzo por detenerlas, pero no se detuvieron. Estaba abandonando Hyugaton, el único hogar que había conocido nunca, y se marchaba lejos, a lo desconocido, con un hombre al que apenas conocía. Era un paso aterrador, aterrador y doloroso.

—Te quiero, madre —le susurró ella.

Luego se sintió aliviada cuando Naruto dijo gruñendo algo de un adiós y golpeó con los talones los flancos de su montura, impulsándola a moverse. Parpadeando para alejar las lágrimas, apretó las riendas y prestó atención a dirigir al animal fuera de los muros de Hyugaton.

Hinata no había mentido completamente cuando había convencido a su marido de que debería cabalgar delante de él. Había mentido sobre su incapacidad de montar a caballo, ya que lo hacía desde muy joven y era bastante buena. Sin embargo, no había hecho nunca viajes largos. Nunca había tenido la necesidad de abandonar Hyugaton. Hinata suponía que se había imaginado que cabalgarían durante una hora, pararían a descansar y refrescarse, luego montaría un poco más y pararían para la comida del mediodía y otro descanso y entonces seguir de nuevo.

Se había equivocado. Habían comido el almuerzo sobre la silla, fruta, pan y queso que Naruto había sacado de una bolsa que colgaba de la silla. O, mejor dicho,ella comió. Con sus manos vendadas según estaban, Naruto había sido incapaz de comer por sí mismo. Había hecho el intento, tratando de sostener un trozo de queso en su mano vendada, pero apenas había dado un par de mordiscos antes de que el queso se cayera al suelo. Ella se había ofrecido a alimentarlo, pero Naruto había sacudido la cabeza y había gruñido que no tenía hambre.

El corazón de Hinata sufría por él. El hombre era demasiado orgulloso para aceptar su ayuda y pasaría hambre. Habría pensado que era un completo idiota, salvo que seguramente no era peor que su tontería con el vestido. Suponía que el orgullo hacía tontos a todos.

Por lo general, montaron en silencio a lo largo del día. Fue un alivio cuando encontraron un claro a primera hora de la tarde y Naruto anunció que pararían aquí para pasar la noche. Hinata desmontó rápida e impacientemente, demasiado rápida e impacientemente. Sus pies golpearon la tierra y casi se doblaron. Se vio obligada a agarrarse de la pierna de su marido y a la silla para mantenerse de pie.

—¿Estás bien, Hinata?

Minato Namikaze estuvo a su lado inmediatamente, tomando su brazo para ayudarle a permanecer derecha.

Hinata le dirigió una sonrisa y asintió con la cabeza, demasiado avergonzada para mirar detenidamente a su marido cuando liberó la pierna de él. Permitió que su nuevo suegro la condujera a un árbol caído en el borde del claro y la dejara allí para comenzar a estirar sus piernas mientras él volvía para ayudar a su esposa a desmontar. Para gran alivio de Hinata, lady Kushina estaba también algo afectada por el tiempo en la silla y se apoyó sobre el brazo de su marido mientras la conducía a unirse a Hinata

—Descansen un poco, señoras, mientras vemos como acampar —instruyó lord Minato.

Hinata y lady Kushina lo miraron retroceder para acercarse a los hombres que ahora desmontaban y acomodaban a los caballos. Ambas mujeres suspiraron largamente, y luego compartieron sonrisas sardónicas.

—¿Estás tan dolorida y cansada como yo lo estoy? —preguntó la señora Kushina, riéndose de sí misma.

Hinata inclinó la cabeza, asintiendo.

—Gracias a Dios que no soy solo yo. No es que esté feliz porque usted también esté cansada —añadió ella rápidamente.

—Entiendo, querida —le aseguró lady Kushina suavemente.

Hinata se relajó

—Siento que todo esto se haya confabulado para obligarte a abandonar Hyugaton antes de lo planeado. Esperaba que tuvieras la posibilidad de llegar a conocernos a todos nosotros mejor antes de tener que abandonar a tu familia.

Hinata echó un vistazo hacia lo lejos y tragó el nudo en su garganta, luego se forzó a encogerse de hombros.

—Podemos conocernos en el viaje y una vez en Konoha.

—Sí, y espero que nos hagamos amigas. Mi gran pena era no haber tenido ninguna muchacha además de mis chicos. Quiero a mis hijos, pero envidio el que tu madre tenga uno de cada uno, y estoy contenta de poder darte la bienvenida como mi hija.

Hinata sonrió y alargó el brazo para apretar la mano de la mujer, luego desvió su atención cuando las otras mujeres se les acercaron. Lady Mei y Tayuya también habían montado a caballo, y a Hinata no le sorprendía ver que estaban tan tiesas como ella y lady Kushina. Sin embargo, estaba sorprendida de notar que las criadas que las seguía también se movían rígidamente. Parecía que viajar en el carro no había sido mucho mejor que ir a caballo.

—Lord Minato hizo que los hombres colocaran primero las tiendas de campaña, de modo que pudieran estas listas para nosotras mientras los hombres terminan con las otras tareas para acampar —anunció Tayuya mientras se dejaba caer en el tronco al lado de lady Kushina.

La madre de Naruto murmuró algo similar a un reconocimiento por esta información cuando Mei se colocó al lado de la muchacha; entonces todas quedaron en silencio mientras miraban a los hombres levantar las tiendas de campaña y comenzar a desenrollar las pesadas telas para cubrirlas. Había dos tiendas de campaña, una mayor que la otra.

Hinata sabía que una tienda de campaña de viaje era un lujo inusual, y supuso que el hecho de que viajaran con dos de ellas era un signo que su marido y su familia eran muy ricos. Era agradable saberlo, pero Hinata tenía una preocupación más inmediata. Tenía una necesidad seria y algo urgente de aliviarse, pero era más bien embarazoso tratar el asunto. Las funciones corporales no eran algo sobre lo que se animara a las chicas a hablar, y había estado tratando no de hacer caso de sus necesidades, pero estaba llegando al punto en que ya no podría seguir negándolas.

Hinata estaba segurísima de que estaba a punto de reventar cuando un par de piernas se paró de repente delante de su cara. Levantando su cabeza, miró detenidamente a su marido con una combinación de alivio y pregunta.

—La tienda de campaña esta lista —le anunció, y tendió una mano para ayudarla a levantarse.

Hinata vaciló, luego no hizo caso de su mano vendada y se puso rígidamente de pie sola, suspirando cuando su intención de no causarle más daño en sus manos vendadas hizo que apareciera un ceño en su rostro. Él hacía todo lo posible por fingir que no estaba herido, y por lo visto no apreciaba el que no le siguiera el juego.

Sacudiendo la cabeza, ella tomó su brazo y escuchó mientras él la conducía a través del descampado hacia la tienda mayor

—Esta será nuestra tienda —le anunció, sorprendiéndola—. He asignado a dos hombres para que descarguen todo lo que necesites para equiparla. Ya están empezando por la ropa de cama, pero si hay algo más que quieras, debes decírselo.

—Sí, Naruto —murmuró Hinata, echando un vistazo detrás de ellos y llenándose de alivio cuando notó que Natsu los seguía.

No tenía ni idea sobre como equipar una tienda de campaña, y dudaba que Natsu la tuviera tampoco, pero con un poco de suerte, entre las dos podrían resolverlo.

—¿Tienes alguna preferencia sobre dónde preparar el lecho? —preguntó Hinata cuando él levantó la solapa de la tienda para que ella entrara.

Naruto se encogió de hombros cuando ella liberó su brazo y entró delante de él en la tienda de campaña.

—La esquina derecha de atrás debería estar bastante bien —sugirió él—. ¿Hay algo más que desees antes de que ayude a los demás?

—Sí. —Hinata sintió que el rubor le subía a sus mejillas y contempló la esquina que él había señalado mientras admitía—, tengo necesidad de usar el retrete, mi señor. Y un baño después del polvoriento viaje hoy no estaría nada mal. —Tras haber pasado la parte embarazosa de la petición, se dio vuelta hacia la entrada de la tienda diciendo—, comprendo que ambos son inadmisibles aquí fuera, pero…

Su voz murió cuando vio que él ya no estaba en la entrada de la tienda.

Frunciendo el ceño, se acercó a la entrada y miró hacia fuera. Su marido era bastante alto, más de una cabeza por encima de la mayor parte de los hombres. Hinata no tuvo ningún problema para descubrirlo, pero se quedó desconcertada cuando vio que estaba del otro lado del campamento, hablando seriamente con su madre y su padre.

—¿Un retrete? ¿Realmente pidió un retrete y un baño?

Minato Namikaze compartía el horror obvio de su hijo.

—Sí. ¿Qué hago? ¿Debería poner a los hombres a cavar un pozo y…?

—¿Y qué? ¿Levantar vuestra tienda de campaña sobre él? Santo Dios.

Su padre sacudió su cabeza ante la sola idea.

—No puedo creer que espere que le caves un retrete, Naruto —interrumpió lady Kushina con exasperación—. Si la muchacha tiene que ir ahora, difícilmente querrá, o incluso podrá, esperar horas mientras los hombres cavan uno para ella. Sin duda te estaba preguntando qué clase de arreglos se acostumbran a hacer mientras se viaja.

—Ah. Sí, puede haber estado preguntando eso —estuvo de acuerdo Naruto con alivio—. También me preguntó por un baño, para deshacerse del polvo del viaje, y debe de comprender que no puedo presentarle uno.

—Sí. Perfecto. Entonces… encuéntrale algún lugar en el río, aislado y agradable, donde pueda atender ambos asuntos —sugirió su madre suavemente

—Sí.

Él asintió con la cabeza, obviamente aliviado por haber resuelto la crisis.

Lady Kushina sacudió su cabeza mientras lo miraba volver a su tienda.

—Ha pasado demasiado tiempo en las Cruzadas.

—Hmm. —Minato cabeceó para mostrar su acuerdo, pero sonreía abiertamente mientras lo hacía—. Ella le gusta. El muchacho está impaciente por complacerla.

—Sí, lo está. —Lady Kushina se unió a su risa abierta—. Sí. Lo está. Elegimos bien.

—Túelegiste bien, mi amor. —Minato le dio el crédito debido—. Aunque todavía está más allá de mi comprensión cómo supiste cuando ella era un bebé que crecería perfecta para el muchacho.

—Fue fácil. Te imaginé con su madre.

—¿Qué? —Minato Namikaze se giró hacia su esposa conmocionado—. ¿Hiciste qué?

—Bien, era obvio incluso entonces que Naruto crecería para ser igual a ti. Se parecía mucho a ti desde que era solo un niño. Y Hinata se parecía muchísimo a su madre. Simplemente traté de imaginar como podrían funcionar tú y lady Hanna si no existiéramos ni lord Hiashi ni yo, y me pareció que podrían arreglárselas muy bien.

—Bien, nosotros… yo… ella… Ella es una buena mujer, pero... Pero yo te amo a ti, pequeña mía.

Lady Kushina sonrió abiertamente ante la incomodidad de su marido.

—Sí. Pero tampoco habría sido difícil para ti amarla. Y fue lo que me decidió por Hinata para nuestro hijo.

Minato abrió la boca, luego la cerró fuertemente otra vez, pues era lo bastante listo como para dejar morir este tema sin comentarios adicionales. Un hombre finalmente aprendía qué temas eran peligrosos y cuáles eran seguros para hablar con su esposa. Este era definitivamente uno de los peligrosos.

—¿Esposa?

Naruto pegó su cabeza a la tienda de campaña, relajándose cuando la divisó ocupada con su criada arreglando las pieles que debían ser su cama para la noche. Se le había ocurrido que si ella tenía que «visitar el retrete» con urgencia, no podría esperarlo mientras él se escapaba para hablar del asunto con sus padres. Se sintió aliviado cuando vio que no había sido tan impulsiva o tonta como para ponerse en marcha sola. Una esposa obediente era una esposa lista, y una esposa lista era una buena esposa en el libro de Naruto.

—¿Sí, mi señor?

Hinata dejó a Natsu en la cama y se acercó a él inmediatamente.

—Ven —fue todo lo que dijo.

Luego giró y comenzó a alejarse, esperando hasta que hubieron dejado el campamento antes de colocar su mano vendada bajo su brazo para ayudarla a mantener el equilibrio cuando cruzaron la desigual tierra del bosque. Estuvo muy contento cuando ella no le lanzó una lluvia de preguntas en cuanto a su destino. En su mente estas eran pruebas adicionales de su obediencia.

Momentáneamente satisfecho con la novia elegida por sus padres y con su vida en general, comenzó a silbar una melodía mientras caminaban. El hábito, uno en el que se complacía cuando estaba solo, estaba tan arraigado que ni siquiera era consciente de que lo hacía. La condujo hacia abajo, hacia la ribera del río, y luego a lo largo de él una cierta distancia antes de sentirse satisfecho de que el sitio que había elegido estaba fuera del camino. Entonces dio la vuelta para afrontarla y vaciló.

Naruto no estaba seguro de qué hacer ahora. Estaban casados. Ella era su esposa. Sin embargo, no habían consumado el matrimonio. ¿Significaba eso que podría quedarse y mirarla bañarse, o la caballerosidad insistiría en que le permitiera tener su intimidad? Su lado más básico, la mitad inferior en realidad, lo urgía a quedarse y mirar. La mitad superior, solo una porción diminuta de su cabeza, lo impulsaba a ser cortés.

Ella se había mostrado tímida durante su noche de boda. Había tenido bastantes problemas para liberarla de la sábana que agarraba tan fuertemente en torno a ella. Entonces el incendio había arruinado bastante su vista. A decir verdad, no había podido ver gran cosa, pero eso no venía al caso. Obviamente todavía sería tímida con él a su lado, y él realmente debería permitirle su intimidad mientras se bañaba.

Naruto no estaba terriblemente contento con los dictados de su conciencia, pero alivió su mitad inferior asegurándose que la vería bastante pronto. Tan pronto como sus manos se hubiesen curado y él fuera capaz, de hecho.

—¿Mi señor esposo?

Esposo. Naruto sonrió ante la palabra. Ahora era un esposo. Su marido. Había comprendido eso, por supuesto, de forma abstracta, pero tenerla a ella llamándole esposo en cierta forma lo hacía más real para él. Lo hacía sentirse bastante orgulloso y halagado. Él era un marido. Pertenecía a alguien como su padre y su madre se pertenecían el uno al otro. Tenía a una esposa propia. Lo hacía sentir… bueno… cálido por dentro… y un poco mas viejo en realidad, comprendió con sorpresa, se sintió en cierto sentido más maduro.

—¿Esposo?

Apartando sus pensamientos, Naruto volvió su atención a su pequeña esposa.

—¿Sí?

—¿Qué hacemos aquí?

—Me dijiste que deseabas bañarte y atender otros asuntos. Este parece un lugar apropiado.

Hinata echó un vistazo alrededor con nuevos ojos, luego suspiró, —Ah, querido.

Naruto frunció el ceño.

—Comprendo que es un poco tosco, pero es lo mejor que puedo conseguir mientras viajamos. Seguramente puedes comprender que no puedo darte un baño apropiado y...

—Ah, sí. Por supuesto, esposo. Estoy muy contenta. Este lugar es encantador.

Ella le interrumpiópara tranquilizarlo.

—¿Entonces por qué el suspiro y ese «ah querido»?

—Es... es solo que desearía que me hubieras explicado dónde íbamos cuando me recogiste. Entonces podría haber pensado en traer algo con lo que secarme y...

Ella se detuvo y se mordió los labios cuando él blasfemó. Entonces él usó la mano vendada para darle la vuelta y la mantuvo en su espalda mientras la empujaba de vuelta por el camino por el que habían venido.

Hinata estaba roja y sin aliento cuando abandonaron la línea de árboles y entraron en el campamento. Él la metió rápidamente en la tienda.

—Llévate todo lo que necesites. Esperaré aquí —la instruyó él, luego se quedó fuera de la entrada de la tienda, erguido y severo, con los brazos cruzados sobre el pecho.

Hinata lo miró detenidamente durante un momento, tratando de decidir si él estaba enojado con ella por ser una molestia, luego decidió que perder el tiempo sin duda le enojaría más y entró rápidamente en la tienda. Regresó unos momentos más tarde con un bolso que llevaba lo que necesitaría, y se encontró siendo aliviada del bulto. Naruto lo tomó entre sus manos vendadas y la llevó a toda prisa de regreso por dónde habían venido, obligándola a seguirlo. Hinata comenzaba a sentirse un poco como un caballo arrastrado por el bocado, pero permaneció silenciosa mientras corría para mantenerse cerca de su marido. Parecía que él había olvidado que tenía que medir sus pasos. Ella no iba a recordárselo.

Él la llevó hasta el lugar que había elegido primero, pero se detuvo de manera súbita cerca del claro. Como iba pegada a sus talones y no estaba preparada para la parada repentina, Hinata se golpeó contra sus pies y casi dobló las piernas de él antes de sostenerse, luego murmuró una disculpa y se equilibró con una mano en la espalda de él. Cuando no hubo respuesta a su disculpa, rodeó a su esposo buscando ver que había llamado su atención. Sus cejas se elevaron al ver a lord y lady Namikaze que se besaban dentro del claro. Hinata había pensado que el afecto que sus padres compartían era raro. Pero parecía que no era tan extraño como había pensado.

Murmurando algo para sí mismo sobre que le había robado el lugar, Naruto giró sobre sus talones y empezó a salir del claro, con Hinata siguiéndole de nuevo. Para su alivio, se movían algo más lento esta vez, y fue solo unos minutos después que él encontró otro lugar que lo dejó satisfecho.

—Estaré detrás de aquel arbusto si me necesitas —fueron sus palabras de despedida; entonces depositó su bolso y la dejó sola en el claro.

Hinata contempló el punto por donde había desaparecido entre los árboles y sintió latir su corazón con la gratitud por la consideración al permitirle tener intimidad. No se le había ocurrido que él podría esperar quedarse mirandola y… bueno… pero ahora se dio cuenta de que habría estado en su derecho de hacerlo. Estaba terriblemente agradecida que no lo hubiera hecho… hasta que reflexionó sobre por qué podría no querer.

Por supuesto que no quería. ¿Quién desearía verla desnuda? Tras deprimirse totalmente con sus propios pensamientos, Hinata suspiró y empezó a desnudarse, en absoluto incómoda porque él estuviera al otro lado de un arbusto. No tenía miedo de que mirara. Estaba tan segura como si se encontrara en su propio cuarto con la puerta cerrada con llave. Naruto nunca se molestaría en tratar de verla

Iba a mirar. No, no iba a hacerlo. Sí, lo haría. No, no lo haría.

Naruto discutía consigo mismo repetidamente mientras escuchaba el suave frufrú de su esposa desnudándose un poco más allá. Realmente quería mirarla. Iba a hacerlo. Era su esposa. Su propiedad. Tenía derecho a mirar.

Pero era un comportamiento terriblemente descortés, y realmente bastante infantil. Le recordó esa vez en que con su hermano, siendo muy joven, habían echado una ojeada por entre los arbustos a una chica de pueblo que se bañaba. Sí, era muy bajo echar una ojeada por entre los arbustos a su esposa desnuda como si fuera un niño pequeño, se dijo a sí mismo.

Sonó un suave plaf. ¿Algo golpeando la tierra? ¿Su vestido quizá? ¿O ya se lo había sacado? ¿Estaría ella ahí de pie, toda piel cremosa bajo el sol poniente? Casi podía imaginarla con su suave pelo oscuro cayendo sobre sus senos plenos y rozando las cumbres de sus redondeadas caderas. Naruto se lamió los labios ante la imagen que se formaba en su mente. Tenía que mirar. Realmentetenía que hacerlo. Lo estaba matando. No era mejor que un muchacho lujurioso. Él…

Se suponía que tenía que estar protegiéndola. Debía asegurarse que nadie se le acercara, y de que ella no sufriera ningún daño como ser atacada, o raptada o ahogarse. Sus oídos atraparon el suave sonido de una salpicadura y se puso rígido. ¿Era una salpicadura de «bañarse para quitarse el polvo del día» o era una salpicadura de ahogamiento? Podría ser cualquiera, pensó dándose la vuelta para encarar los arbustos que se situaban entre él y su desnuda y mojada esposa.

Desnuda y mojada. Las palabras recorrieron su cabeza, y decidió que realmente debía comprobarlo, solo eso. Solo una rápida ojeada para estar seguro de que estaba bien.

Por supuesto, replicó su conciencia, podría llamarla para estar seguro que estaba bien y no mirarla.

—Cállate —refunfuñó Naruto a su conciencia, y usó sus manos vendadas para apartar las ramas del arbusto y echar una ojeada

—Tsk, tsk, tsk. Echando una ojeada como un jovencito grosero.

Naruto liberó los arbustos tan rápidamente ante aquellas divertidas palabras que las ramas azotaron su cara. Blasfemando, se enderezó y se dio la vuelta para fulminar con la mirada a su padre. Logró infundir un poco de indignación santurrona en su voz.

—Solo comprobaba para estar seguro de estaba bien.

Minato Namikaze arqueó una ceja ante aquella respuesta y sonrió abiertamente mientras se sentaba a su lado

—Entonces te he criado mal. Yo miraría si fuera tu madre. Demonios, estaría en el agua con ella.

Naruto se rió del tono descontento de su padre, luego hizo la pregunta obvia.

—¿Entonces por qué no estás en el río con madre?

—Lo estaría si no hubieras venido. Me preparaba cuando nos interrumpiste. Tu madre decidió que lo mejor era comportarnos mientras estaban tan cerca.

Su resentimiento era evidente.

—Lo siento. —Naruto estaba teniendo problemas para sonar sincero. Estaba bien saber que no era el único que sufría—. No creí que se hubieran dado cuenta.

—Ah, sí. Tu madre se dio cuenta. Sabes que tiene ojos detrás de la cabeza cuando sus muchachos están cerca.

La última palabra apenas había dejado la boca de lord Minato cuando la siguió una mirada afligida.

Naruto sintió que la culpa lo inundaba, como siempre lo hacía cuando sus pensamientos volvían a su hermano muerto. Se sentía culpable por no haber sido capaz de salvarlo, culpable por ser el que había sobrevivido. Mantuvo silencio durante un largo momento hasta que su padre se aclaró la garganta y los distrajo a ambos de la muerte de Menma.

—¿Y?¿Lo estaba?

—¿Estaba quién qué? —preguntó Naruto aturdido.

—La joven Hinata, ¿estaba bien?

—Ah, sí. —Naruto suspiró pesadamente—. Está jugueteando en el agua hundida hasta el cuello.

Minato se rió de la voz pesarosa de Naruto, sabiendo que el agua que cubría a su esposa hasta el cuello no era lo que había estado esperado descubrir al echar una ojeada entre los arbustos.

—Quizá deberías comprobarlo otra vez. Las cosas están muy tranquilas del otro lado de las ramas.

Naruto vaciló, luego se colocó de rodillas sobre la piedra y apartó los arbustos otra vez para mirar detenidamente a través de ellos. La visión de su esposa que flotaba en la superficie del agua, pálida y quieta, hizo que lanzara una brusca maldición.

—¿Qué pasa? —preguntó Minato, notando la alarma de su hijo, pero Naruto estaba demasiado ocupado abriéndose paso con dificultada para rescatar a su esposa para contestarle.

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Continuará...