"Escondíamos ese romance entre sonrisas que yo no comprendía, tan abstracto como el color de tus ojos, que hoy no recuerdo cafés o negros, pero que sin importar su color, quitan y turban mi sueño"

-Amie Jara, 2017

Wen Yuan no supo cómo llegó a ese prado tan grisáceo y sin esperanza de vida. Lo último que recordaba era haberse acomodado sobre la cama de Xian-Ge de manera cansina, una vez que había terminado de probar los nuevos talismanes junto a HanGuan-Jun, que había ido a visitar a los remanentes Wen en los túmulos funerarios como solía hacerlo desde que él tenía cinco años.

A sus dieciocho, viviendo en un sitio prácticamente moribundo, podría decirse que el color gris del paisaje ya no era algo sorpresivo en su rutina, ni tampoco algo que le incomodara.

"Porque a pesar del gris, A-Yuan todavía puede ver a las flores crecer con los rábanos, ¿no?" Decía su tía Wen Qing, y si ella veía lo positivo de la vida, ¿por qué no debería intentarlo él?

Un grito repentino lo sacó de ese pensamiento de manera inmediata. Escuchó un ruido agudo que no pudo identificar al otro lado del jardín, que seguramente era alguna parodia desagradable a su verdadero hogar, ¿qué haría? ¿podía usar su Dizi de manera ventajosa y pedirle a algún cadáver feroz que le guiara de vuelta a casa? Porque deseaba con todas sus fuerzas salir de aquel sitio y volver a ver a su familia.

Quizás podía intentarlo.

"Practicas las artes oscuras, A-Yuan, pero ellas perturban el corazón. Siempre usa energía pura, que provenga de tu núcleo" le había dicho HanGuang-Jun en una ocasión, así que repentinamente se sintió entre la espada y la pared, sin realmente poder decidir qué hacer. Suspiró, y afirmando su mano en torno a ShaiMing, caminó firmemente por el jardín. Hacía frío, si era sincero, y sus túnicas blancas y rojas no ayudaban realmente con la contención del calor.

Tenía que saber dónde estaba, pero el grito volvió a retumbar de manera concisa, y se sorprendió al ver que, al otro lado de aquel paisaje que parecía tan opaco y cubierto de incertidumbre, se veían colores mucho más vibrantes, especiales e incluso felices, como diría Xian-Ge. Se preguntó, mientras caminaba con una calma absoluta, si acaso no estaba siendo demasiado influenciado por el mayor que se había autodenominado su "papá".

Apartó ese pensamiento de su cabeza en el instante en que los rayos del sol comenzaron a entibiar su cuerpo, y se sintió realmente pleno y feliz al darse cuenta de que, en su caminata sin sentido, había llegado a un sitio donde el rosa eléctrico, el azul prusiano, el verde lima y el amarillo limón eran bañados por aromas que acariciaban los sentidos. Tenía algo de hambre.

Una voz interrumpió sus pensamientos.

-¡Ah! ¡Sé que mencionar injurias va contra el clan pero ¿tengo que aguantar estas bromas?! ¡seguro fue culpa del joven Jin otra vez! –Habló una voz a la distancia, consiguiendo que SiZhui se alarmase evidentemente ante la sensación de inseguridad.

Sus manos se ciñeron a ShaiMing con incluso más fuerza de la usual cuando decidió desplegarla de la faja que iba envuelta a su cintura, sujeta al cinturón del clan. Si bien el joven frente a él tenía ropajes blancos y rojos, parecía nunca haberlo visto y ¿el clan Wen tenía reglas que respetar? las que Yuan seguía fielmente, eran las que irónicamente HanGuang-Jun había traído desde su propia secta y ¿cuál era el nombre de ese clan?

Por algún motivo, durante sus dieciocho años de vida, nunca había estado realmente interesado en otra secta que no fuera la suya. Desde que tuvo consciencia, debía proteger a los que quedaban de su legado, y próximamente se volvería el sucesor del Patriarca Yiling, consiguiendo así su nombre y el deber de resguardar a los suyos.

Pero en ese momento parecía que no había nada más atrapante que el color tan familiar de la túnica que usaba el chico; ese blanco que sin embargo, rodeado de plantas, parecía traer aún más vibración que la que alguna vez pudo apreciar en su vida, y esa coleta alta atada limpiamente con un lazo rojo provocaba una tranquilidad que se permitía denominar como espeluznante y familiar.

No había duda de que era un descendiente directo del clan, un descendiente de sangre, pues ni siquiera aquellos que poco a poco fueron atraídos por el encanto de su papá podrían adquirir ese lazo rojo que decoraba las hebras de su cabello y era la significancia de la relación sanguínea entre ellos.

El chico frente a él repentinamente aguzó sus sentidos, y sus manos cayeron directo a su espada, provocando que Yuan, en completa defensa, levantara su arma y contra ella, susurrara un par de notas sobre el instrumento que había estado sosteniendo de manera recelosa ¿habría cadáveres cerca?

"Cualquier cosa con resentimiento ¡por favor!" imploró.

-¡¿Quién eres y por qué vistes la ropa del linaje directo del clan!? ¡no tienes derecho alguno! –Bramó el muchacho con una voz estruendosa y ¿no era linda también? algo aguda y ruidosa, definitivamente nada parecido a lo que tenía en los túmulos funerarios.

Nada parecido a lo que haya escuchado antes, si se permitía continuar esa línea de pensamiento, y suspiró cuando se dio cuenta de que, a pesar de ese grito, ShaiMing no detectó sed de sangre en el aura del muchacho.

-Soy Wen Yuan, futuro cabecilla del clan Wen, ¿tú eres...? –Preguntó curioso, una vez que separó sus labios de la estructura de bambú que utilizaba como arma espiritual.

-Wen JingYi. –Soltó el chico, aunque su voz por un momento se nubló ante sus ojos y ¿esa fue su voz? ¿qué tipo de sensación turbia en sus sentidos* era aquella? ¿no se hizo más burdo y nebuloso el paisaje, como si intentase confundirle y no explicitar sus palabras?–, es imposible que seas el futuro cabecilla, ¡yo seré el líder del clan!

Ante esa aseveración, Yuan se sintió descolocado. ShaiMing solía reaccionar a las mentiras de forma negativa, alguna cosa había conseguido hacer HanGuang-Jun en su arma para que detectara las falsedades, y sin embargo, el Dizi estaba intacto ante la oscilación de la voz del chico chocando con su estructura.

Algo estaba sucediendo en ese sitio, y era algo que Yuan no comprendía. Sin embargo, por algún motivo, se le hizo risible, y un mariposeo surgió dentro de su estómago cuando una ruidosa carcajada escapó de sus labios.

Sujetó su barriga para no caerse debido a la risa que nació muy profundo en su interior y ¿ese chico en serio no conocía a Wen Yuan? ¿al hijo del patriarca Yiling y HanGuang-Jun? ¿es que acaso había estado recluso toda su vida?

-¡Hey! ¿qué te causa tanta gracia? –Cuestionó el chico frente a él con el ceño fruncido y un rostro enfadado, sujetando con más fuerza la espada con la que había intentado intimidarle antes.

Sus mejillas se hincharon lentamente ante la lánguida risa, y sus manos se separaron de la espada que había estado sujetando con energías negativas, sin embargo no amenazantes. Cualquier intención asesina había sido aplacada por esa carcajada que Yuan había dejado escapar por accidente, de todas maneras, porque había conseguido relajar en demasía el ambiente, aunque ese no fuera su fuerte en particular.

Al menos había conseguido algo interesante.

-Soy hijo de Wei WuXian. –Indicó–, es imposible, realmente imposible que seas cabecilla del clan ¡es algo risible! –Volvió a reír, y entonces el chico llenó sus mejillas aún más de aire, como si acaso estuviera cabreado.

Wen Yuan no se había sentido tan ligero en eones, si era posible señalar. No sabía dónde estaba aún, pero ese niño tan bonito y de mejillas rojas que vestía prístinamente las ropas del clan Wen parecía estar muy seguro de sus palabras, y si algo le había enseñado su Xian-Ge, su papá de palabra, era que jamás en la vida había que amargarle los sueños a otra persona.

Bien, si ese niño quería ser líder de secta, ¿no tendría que acceder por descarte a casarse con él? una sonrisa se asomó por el rostro de Yuan.

-¿Entonces eres mi prometido o algo como eso? –Señaló con más volumen del que le hubiera gustado admitir, y aquel error le sacó otra carcajada ¡seguro HanGuang-Jun le habría fruncido el ceño, tal como ese muchacho! pero su papá también se reiría en ese contexto ¿no? ¡era todo tan loco! hacia menos de media hora, él jamás había visto a un niño como...

¿Cuál era su nombre?

-Joven Wen. –Clamó en defensa Yuan, tratando de evitar mencionar su nombre, y vio de nuevo que ese ceño enfadado se volvía más profundo, ¿no sonreía?–, ¿está perdido? lo puedo ayudar a volver.

-JingYi. Ese es mi nombre de cortesía, ¿tienes uno? –Preguntó el más bajo–, si nos vamos a dirigir la palabra, al menos usemos los nombres de cortesía.

Yuan no estaba realmente familiarizado con los nombres de cortesía, puesto que todos en los túmulos lo llamaban por su nombre de nacimiento, pero de repente la voz de su padre resonó en su cabeza.

HanGuang-Jun había escogido ese, el que era su nombre ante personas que no estaban cerca de él de manera sentimental.

-SiZhui. Soy Wen SiZhui, nombre de nacimiento Wen Yuan. –Señaló sonriente–, ¿no quieres dar una vuelta? estaremos un largo tiempo aquí, hasta que papá note que me he ido.

El chico suspiró, y Yuan pensó que quizás estaba siendo desagradable, persistente y antipático, alguien molesto para nunca haber conocido a otro muchacho de su edad.

Sin embargo, el muchacho asintió.

-Bien. Si estaré perdido, me olvidaré de las reglas un rato y te seguiré, ¿qué es lo peor que puede pasar? –Y ahí iba de nuevo, mencionando reglas que nunca existían en el clan. Aquella situación le hizo ruido.

-¿Seguro eres un Wen? –Preguntó Yuan con algo de inseguridad, mientras comenzaba a balancearse en su propia existencia, recorriendo el prado repleto de flores amarillas, diversos tipos, el polen flotando por el lugar, los insectos revoloteando en este.

-¿Sí? ¿no ves el color de mis ropajes? ¿por qué preguntas eso? –Indagó el chico con sincera curiosidad–, ¡ahora tengo dudas yo! ¿por qué llevas esa cinta? ¿quién te la dio? ¡es de la familia directa, y estoy seguro de que no eres de allí!

Aquello provocó una sensación incomoda en el interior de Yuan ¿cuál cinta? SiZhui no estaba usando ninguna cinta...

-Oh. –Habló el chico frente a él, y de repente Yuan sintió un ahínco desconocido, un impulso recóndito, cuando la sonrisa del chico se hizo en su rostro más ancha y dulce–, ¡no hay de estas flores en mi ciudad! –Señaló, y repentinamente se alejó de su sitio, siendo seguido por el más alto, que no pudo evitar sentir un calor en el estómago.

Era como un niño pequeño. No tenía mucha gente que interactuase con él por su condición como hijo del hombre más temido en el mundo del cultivo, pero repentinamente había un chico que sonreía al mirar flores a su lado porque no parecía procesar que era Wen Yuan, Wen SiZhui, y tampoco preocuparse de las consecuencias de estar cerca de él.

Por una vez en la vida se alegró de ese indirecto rechazo a su nombre, a su estirpe, y repentinamente sólo quería disfrutar de la fragancia de las flores que crecían en ese jardín, de esa libertad de saberse desconocido y acompañado por alguien que lucía agradable.

-Si vives en una zona fría, es realmente probable que no tengas flores de estas. Son caléndulas. –Indicó con una sonrisa, y al ver al chico que seguía con mejillas sonrosadas, sintió que un vuelco en su corazón se apoderaba de su caja torácica ¿qué era ese eterno color cereza en su rostro? ¿y ese brillo inocente en esa mirada? ¿realmente había sufrido la tragedia de ser un Wen?

-Ya veo... en el sitio que vivo hay mucha nieve, raramente se ven flores. Y las que se ven no parecen así. –Dijo, mientras su rostro perdía el brillo que Yuan adoró ver, porque se sentía tan familiar y natural estar rodeado de gente viva, de gente rebosante en alegría, de gente que danzaba en sus propios festivales de cosecha, cumpleaños y celebraciones de cambio de luna.

No podía adaptarse a la sombría expresión del chico que parecía no ver flores de forma seguida. Por algún motivo, su mano se extendió directamente hacia la flor amarilla, y la arrancó pidiendo disculpas mentalmente, sujetándola a continuación frente al muchacho.

-Ten. Supongo que puedes llevártela. –Extendió, y el cielo azul pareció hacerse más profundo y vasto, como si de repente SiZhui fuera consciente de su inconmensurabilidad, una vez que la sonrisa de Wen JingYi se amplió.

"La sonrisa que es como el sol" repitió una voz en su cabeza "es aquella que más te gustará" continuó ese sonido familiar, pero sabía que no podía decir nada al respecto porque ¿no era extraño? ni siquiera sabía dónde estaba, y de dónde era ese remanente de Wen que desconocía al linaje directo, pero parecía provenir de allí.

-Te lo agradezco. –Aceptó JingYi–, entonces tú puedes, eh... –El muchacho pareció mirar a los alrededores, y de repente pareció notar algo. Se desató la espada que llevaba en la cintura y la extendió–, ¡puedes acariciar a MayLin! –Dijo, y SiZhui sintó otra pizca de ternura.

MayLin. Su espada tenía nombre de niña.

-Bueno, es un honor. –Contestó, mientras miraba la espada. Por algún motivo, en el sitio donde iba el apellido, se difuminaba, como si fuera una especie de censura, pero estaba bien, porque él confiaba en ese niño.

De repente algo lo confundió. Era él mirando a la nada.

-En serio lo agradezco, Wen Yuan. –Mencionó JingYi de la nada–, gracias. Ahora, busquemos la salida.

SiZhui asintió, y una sonrisa fue esbozada por él, mientras cerraba los ojos y acomodaba a ShaiMing en su faja.

Hubo un susurro inexplicable y los arboles runflaron dulce y tristemente, enredándose el viento entre las túnicas del chico Wen más alto.

Pestañeó un segundo, y ante el viento que sopló repentinamente, causando nervios, Wen JingYi había desaparecido tan rápido como había sido localizado por él en ese amplio jardín. Al siguiente pestañeo, el frío se colaba por su piel, provocando que esta se erizara por completo, y se descolocara enormemente al abrir los ojos, reconociendo dónde estaba.

Podía ver un techo de piedra. Sintió una dureza en su espalda. Detectó la cama de su papá. La cueva que tenía más talismanes que nada en el mundo, y la superficie más fría que alguna vez haya tenido la desgracia de usar.

Yuan pestañeó una vez más, tratando de recuperar el sentido de la orientación. Sabía y razonaba dónde estaba, pero por algún motivo, su cuerpo no lo procesaba. Todavía sentía que los rayos del sol danzaban tácitos sobre su piel, se deslizaban por cada hebra de cabello erizada que estaba en su brazo, por cada poro que poseía. La memoria borrosa de un chico con el flequillo colgando en su rostro, con una sonrisa cálida sujetando una flor amarilla, de repente danzó en su interior, se abrazó a sus memorias y no parecía dispuesto a soltarle por nada en el universo. Y SiZhui deseaba que por nada en el mundo le dejase, por si fuera poco, porque esa calidez en su interior, ese anhelo desconocido, era algo a lo que por primera vez quería aferrarse.

-¿Qué pasó, cuervito? –Mencionó su papá, acercándose a él, provocando que SiZhui sujetara a ShaiMing en un acto reflejo que lo llenó de culpa–, ¿tuviste una pesadilla?

Una vez más, el sol danzando sobre la piel del muchacho apareció sobre sus recuerdos y ¿era eso una pesadilla?

Negó lentamente, con una sonrisa naciente, que fue respondida con una mirada asertiva por parte de WuXian.

-Soñé con un hada. –Mencionó SiZhui–, un hada onírica. –Suspiró casi encandilado por cada sílaba que se pronunció, cada sílaba que escapó de sus labios con una ternura inherente que no sabía que podía poseer por alguien que no fuera su familia directa.

-¿Y cómo era este hada? –Preguntó su papá, pero por más que Yuan lo intentó, su mente no consiguió salvar resquicio alguno de sus rasgos, exceptuando el hecho obvio que no quería recordar. Que pertenecía al clan y nunca le había visto.

-No lo recuerdo. –Suspiró con agravio y pesadez–, pero temo, con todo el dolor de mi alma, que sea la primera y única vez que le he visto. Sentí que...

-¡Oh! el cuervo se ha enamorado de un hada onírica. –Dedujo WuXian con ternura–, qué tristeza, ¿estás seguro de no poder verle jamás? —Indagó, como si supiera algo, pero SiZhui sabía que no lo hacía, porque aquello en lo que se había inmiscuido era tan único...

Yuan negó, sin embargo, respondiendo a Wei Wuxian.

-Pero no deseo hacerme ilusiones. –Indicó–, no es bueno para alguien como yo.

Su papá acarició sus cabellos, y entonces se levantó.

-Bueno, a veces es bueno no hacer lo que debes, por hacer lo que quieres. –Dijo Wei WuXian, mirando en dirección a la puerta que daba al jardín de cosechas, donde HanGuang-Jun parecía estar dándole instrucciones a algunas personas sobre cómo administrar las plantaciones.

Una mirada que varias veces había visto en el rostro de su papá, y que por supuesto, sabía qué significaba.

-Entonces, A-Yuan, ¿habrá dicho tu hada onírica algo sobre que hoy te toca realizar la ceremonia del cambio de ciclo lunar? ¡porque duermes toda la tarde y ni siquiera te has puesto la túnica, o el tocado! ¡tu tía nos va a matar! –Señaló su papá, tomando su muñeca y levantándolo para que saliera de la cama–, puedes volver a dormir después de la ceremonia pero, ¡andando! –Clamó, y entonces se posicionó tras él, para empujarlo hacia adelante y llevarlo al exterior.

La nubosidad del lugar no se comparó a la calidez del prado, y SiZhui no tuvo más opción que suspirar, y rogar porque la noche llegase a su vida tan rápido como las horas se pasaban cuando estaba jugando con ShaiMing a entonar decentemente, o como cuando le enseñaban el arte del Guqin, que era específicamente el instrumento que HanGuang-Jun llevaba a sus visitas, que poco a poco fueron más frecuentes hasta que el hombre, por algún motivo, se quedó permanentemente.

Entrada la noche, el cansancio se había hecho con sus hombros. La oscuridad bañaba sus alrededores cuando ingresó a su habitación propia, que estaba claramente mejor equipada que la de sus padres. Su tocado de plata, ancho y alto, se sentía realmente pesado, y esas túnicas gruesas que más parecían de matrimonio que otra cosa, le hacían sentir realmente ridículo, pero admitía que le encantaban esas formalidades. El ambiente de fiesta, los bailes, la danza, sus padres felices y aplaudiendo con orgullo mientras pronunciaba los agradecimientos ante la gracia de la noche... nunca quería perderlo.

Fue su último pensamiento antes de cerrar sus ojos en la calidez de su propia cama, aún envuelto en las túnicas grises que su papá le había hecho especialmente a él para destacar de entre todos, para marcar su linaje diferenciado.

Volvió al prado colorido, y él se sentía satisfecho con esa vista. Estaba tan tranquilo todo, con el viento meciendo las hojas de los árboles que ahora estaban opacos en su sector, ¿siempre sería así? siempre se parecería a su hogar, ¿no era así?

-Entonces volviste, ¡Wen SiZhui! –Indicó una voz que le erizó el cuerpo. Esa voz que de nuevo le hacía entender que llegaría a ese prado sólo por curiosidad, por una extraña atracción, porque necesitaba descubrir...

-Oh, Wen JingYi. –Señaló con su voz lo obvio, mientras reía un poco, y ah ¿era esa la felicidad? ¿volver a alguien que creyó que se había inventado y era producto de sus sueños? ¿no era acaso eso un gesto romántico e innecesario?

-¡El mismo! ¿cómo es posible que volviéramos acá? uno no sueña con lo mismo dos veces. –Dijo el muchacho vestido de blanco y rojo, nuevamente, con la cinta en el cabello que lo sujetaba en una coleta alta, y dos mechones de flequillo que caían raudos por su rostro.

Yuan lo miró con curiosidad.

-¡Seguro es culpa del maestro Wei! ¡él es un caso! –Pareció tener una epifanía–, ¡él debe haber abierto algún tipo de portal con esos amuletos completamente extraños que tiene en el clan! –Y vaya, SiZhui de repente sintió un balde de agua fría. El sueño anterior no había tenido tanta información, ¿su papá habría interferido en sus sueños para conectar con otra persona? ¿realmente era algo tan simple como eso?

SiZhui negó con la cabeza.

-Tal vez sólo es mala suerte. –Indicó con algo de pesar, sintiéndose agobiado de repente, y dejándose caer en el pasto para descansar. La ceremonia del cambio de ciclo lunar había drenado su energía, y no estaba dispuesto a gastar más de la necesaria.

-¡Entonces puedo olvidarme de las reglas! –Volvió a mencionar, y aquello provocó que la espalda del más alto se separase del césped donde estaba recostado, para recostar su abdomen en la superficie húmeda.

-Vuelves a decir reglas aquí, reglas allá, ¿realmente eres Wen? –Preguntó esta vez, con una sonrisa tranquila. El sitio realmente le ayudaba a relajarse, y era sumamente agradable salir de vez en cuando, no vivir escondido por el miedo a ser eliminado.

-Supongo, ¿realmente no lo sé? dicen que no parezco mucho provenir de la secta... por mi comportamiento ruidoso, ¡pero no soy ruidoso, soy justo! –Se quejó con un puchero, tomando asiento junto a Yuan, y recostándose inmediatamente; ahí, con JingYi mirando hacia el cielo, y con SiZhui viendo hacia su rostro, repentinamente sintió que nada era más correcto que eso, que estar en esa posición tan tranquila con alguien que se quejaba libremente de su estilo de vida.

Yuan se dio cuenta, por algún motivo, que ese joven no podía ser un Wen. Pero por otra parte, una esperanza dentro de él se instauró. Si no era producto de su imaginación, ¿podría encontrarlo en Yiling, rondando la ciudad? ¿Podría tal vez intentar buscarlo?

-Bueno, no parece que seas mala persona, ShaiMing no reaccionó mal a ti... –Consoló Yuan realmente sin saber por qué, pero sólo lo hizo.

Y se sintió bien, nuevamente, pronunciar palabras de forma descuidada y sentirse tan libre frente a un desconocido aunque tal vez no era algo a lo que debiera acostumbrarse. Pero el estómago que subía y bajaba de JingYi, mostrándole que respiraba calmo, era algo que le gustaba, porque transmitía una paz diferente a la que residía en su día a día.

Era algo tan desconocido y curioso que no podía evitar sentir curiosidad. Con las flores creciendo por los alrededores, SiZhui se sintió algo más envalentonado, y se atrevió a apartar las delgadas hebras de cabello que caían gráciles frente al rostro de JingYi.

-¿Qué haces? –Preguntó con calma el chico debajo suyo, que tenía los ojos cerrados y estaba relajado–, entiendo que sea muy atractivo ¡pero quiero descansar! ¿SiZhui no quiere eso? –Indagó asertivo, y entonces Yuan rió una vez más.

Porque en realidad no sabía qué hacer.

-Soy algo inquieto, sólo lo... –Ante eso, se cortó su voz cuando JingYi cubrió sus labios con su mano.

-¡No lo digas! –Señaló–, hay tres cosas que no podemos decir aquí, ¡estuve leyendo eso! –Indicó–, cuando estuve en Yunmeng Jiang. –Complementó, y SiZhui sabía que tenía libre acceso a ese lugar.

Era otra pista.

-¿Leíste eso...? –Preguntó el muchacho tratando de conseguir información–, ¿a qué te refieres? –Insistió cuando vio al más bajo estirarse un poco, antes de que las nubes en el cielo comenzaran a verse más grisáceas y turbias.

-Cuando desperté, me pregunté por qué repentinamente había desaparecido del prado, por qué te habías ido. Tenía curiosidad, ¡y rompí algunas reglas por esto! pero al ver que no estabas por ninguna parte de la secta... –Aquel detalle aceleró su corazón, ¿JingYi lo estuvo buscando?–, pues, aproveché que soy amigo de un señorito de por ahí, e ingresé a la biblioteca. Estamos en un páramo que está cubierto por energía espiritual limpia. Nuestras energías se contraponen de alguna manera complementaria, y chocan. –Continuó la explicación, y Yuan nunca se había sentido tan absorto por un discurso–, Ante esto, al parecer la alta compatibilidad de nuestras energías, y la poca probabilidad de conocernos personalmente, provocó que se abriera un portal que sólo conecta a nuestros sueños. Podemos saber nuestros nombres, pero no nuestros apellidos, por lo que probablemente sólo escuchas el apellido que tienes, el que pertenece a ti. –Ante eso, SiZhui sintió que su corazón se encogió un poco.

"Entonces las probabilidades de que sea Wen son muy bajas..." pensó.

-¿Algo más que deba saber? –Indagó–, ¿por qué me callaste?

JingYi rió, y juraba que otro mariposeo surgió de su interior.

Qué curiosa sensación.

-Ah, porque el portal es inestable. Hay tres palabras que no podemos decir, o se pierde la resistencia del fluctuar de la energía y entonces despertamos. Yo dije una ayer para agradecerte. Según leí, son palabras específicas para cada acto: agradecer, lamentarse y despedirse. Ya descubrimos la de agradecimiento... ¡podríamos intentar buscar la del lamento! –Dijo JingYi como si hubiera tenido otra revelación, y de repente su rostro se bañó de un tinte juguetón que Yuan conocía demasiado bien como para ignorar. Esa sonrisa, esa mirada traviesa, ese...

-¡Vamos a ver! –Gritó el chico, extendiendo sus manos hacia lo alto, levantándose y entonces, encimándose a Yuan, que se sonrojó ante la repentina cercanía.

¿¡Ese niño no conocía la definición de espacio personal!?

-¡Perdón! –Gritó sobre él, con una sonrisa que develaba sus falsas intenciones, y luego puchereó–, rayos, no es esa.

SiZhui se rió cuando las palmas de las manos de JingYi aterrizaron en ambos espacios junto al cuello de él, sobre sus hombros, teniendo encima el cuerpo del más bajo, todo parecía algo más entretenido.

Como si realmente no tuviera que regularse ante el muchacho frente a él.

-Quizás no funciona si no lo dices de corazón, JingYi. –Tuteó, y entonces el chico frente a él se cruzó de brazos–, ¿no lamentas encimarte a un desconocido? ¡qué osado! –Jugueteó, y entonces JingYi se sonrojó.

Un sonrojo que las flores debían verdaderamente envidiar, por cierto.

-¡No es así! es porque no te conozco que puedo encimarme a ti, ¡no es que lo haga con todos! simplemente estás en mis sueños y el portal los conecta, ¿por qué no aprovechar esa confianza?

-Entiendo, entiendo. Lo lamento. –Se disculpó con sinceridad, pero nuevamente, seguían en ese prado de forma cómoda y como si no necesitaran hacer algo más que posicionarse ahí a descansar.

-Tampoco es la palabra, ¡o no lo lamentas! –Se quejó JingYi–, asertivo de tu parte decir cosas que no sientes, SiZhui. –Bramó con calma, mientras sus manos temblaban un poco.

Brazos esculpidos que podían aguantar muchas cosas, pero seguramente nunca había estado tanto tiempo en esa posición, que era demasiado comprometedora para un chico como él.

Bien, al menos ambos eran desvergonzados.

-Entonces, ¿cuál será la palabra...? –Se preguntó JingYi en voz alta, mientras Yuan veía los cabellos de JingYi, teniendo un impulso.

Un impulso realmente estúpido que no debió seguir.

Su mano se extendió, y ante la realidad del sol, contactó con la mejilla sonrojada de JingYi. El chico sobre él se exaltó, pero no dijo nada por algún motivo, y ante ese gesto, Yuan se sintió con algo de confianza para avanzar. Acunó el rostro del más bajo, y con su índice y pulgar prolijamente acomodó esos revoltosos cabellos tras la oreja del más bajo.

Como si no fuera complicado.

JingYi suspiró y Yuan se preguntó, ¿Cuándo fue que él mismo había olvidado cómo respirar? ¿cuándo fue que toda la sensación se había vuelto agobiante? ¡era su segundo encuentro y él estaba siendo descarado! si hubiera sido con una chica, entonces... entonces seguramente tendría que disculparse.

-Lo siento. –Dijo con una sonrisa, y entonces recibió una negación desde la cabeza de JingYi.

Aunque realmente no lamentaba nada.

Y tan rápido como la sonrisa de JingYi llegó a su retina, se esfumó el prado, y sólo estaba Yuan con su mano extendida, tratando de alcanzar a la nada.

"Lo siento" era la palabra. Ya llevaban dos. "Gracias" y "lo siento" eran esas palabras tabú que lo separaban de la tranquilidad de estar junto a un chico que seguramente no conocería. El chico que le daba una paz inexplicable y lo hacía suspirar.

Y de repente se impresionó, porque a pesar de haber despertado, todavía retenía en sus memorias su nombre, ¿por qué sucedió que esa vez consiguió tener más información al respecto estando consciente? ¿fue por la cercanía que tuvieron? ¿significaba eso que entre más contacto, más retendría...?

Sin estar seguro, se levantó rápidamente, con las túnicas del día anterior aun vestidas, y llegó donde Wei WuXian.

-¡Xian-ge! –Llamó, y WuXian volteó de inmediato, porque pocas veces Yuan lo llamaba de esa manera en voz alta.

-¿Sí, A-Yuan? ¿en qué puedo ayudar a mi rabanito? –Preguntó con calma, mientras SiZhui trataba de formular algo coherente en su cabeza.

Suspiró.

-¿Hay alguien en la secta que se llame... Wen JingYi? –Se atrevió a pronunciar, sabiendo que el apellido no sería el correcto pero, ¿por dónde comenzar? ¿qué podía hacer? era sólo otra lamentable situación donde estaba privado de información.

Sin embargo, saboreó por primera vez la alegría de saberse diciendo el nombre en voz alta, como si no hubiera palabra más bonita que mencionar que aquella que nombraba a su hada onírica.

-No. –Respondió de inmediato–, conozco a cada persona en Yiling y nadie se llama JingYi. Lo lamento. –Finalizó, y Yuan pudo sentir el enorme pesar tanto en su pecho como en la voz de aquel que llamaba papá y hermano.

Entonces JingYi no era un Wen... ¿de qué secta podría ser? para conectar en ese portal, debía ser realmente fuerte.

-Papá, ¿tienes asuntos en Yunmeng a los que se me permita acompañar? –Indagó de repente, cuando un recuerdo difuso y sin rostro llegó a su mente en una voz que no podía procesar y ¿era real? ¿alguna vez lo había oído?

Nunca lo sabría.

-No, pero si los tienes tú, podemos hacer una visita familiar, ¡A-Ling debe extrañar a su primo! –Indicó, y entonces se dirigió a HanGuang-Jun, que estaba practicando con algunas personas–, ¡Lan Zhan! acompañaré al niño a Yunmeng, ¿puedes quedar a cargo?

No había que ser sabio para entender el asentimiento y la caricia en el cabello que le había dado el más alto a WuXian, que no era más que un explícito "cuídate" a su manera.

Yuan recordó de repente el tacto de JingYi junto a su palma, ¿esa mejilla no estaba tibia, para haber estado bajo las nubes profusas? ¿no estaba en demasía cálido contrastando irónico ante el frío del ambiente?

El viaje fue demasiado extenso para su gusto, y durante esos días, no pudo volver a conectar el portal, ¿sería acaso por estar en un lugar sin energía espiritual fuerte y limpia? ¿o de verdad lo había perdido para siempre esa vez?

No podía pensar en que había perdido la oportunidad de volver a ser tan libre.

Cuando arribó a Yunmeng, se dio cuenta de que extrañaba la humedad del ambiente. Yiling, y en específico los túmulos, no eran realmente zonas bellas, y no podía compararse a la sensación de la ciudad del clan Jiang. Casi la misma sensación libertaria que poseía en su prado.

Cuando llegó a la sala de espera en la residencia de Jiang Cheng, y el mayor se presentó ante ellos, reverenció como era debido pese a que el líder siempre le decía que sólo se inclinara si venía representando al clan.

Con eso supo que repentinamente estaba expuesto. Y ante la ceja alzada su tío político, por supuesto.

-Entonces notaste que A-Yuan está raro. –Señaló Wei Wuxian tomando asiento frente a él.

-No es el único raro, A-Ling está vuelto loco leyendo los textos sobre portales, ¿no es extraño? repentinamente todos quieren saber sobre la energía que conecta a los sueños. –Suspiró con hastío–, ¿vienes por eso, SiZhui? –Preguntó Jiang Cheng, mientras se levantaba–, sígueme si es así. –Dijo, poniéndose de pie y siendo seguido por el de túnicas blancas.

-¿Por qué A-Ling está buscando información de los portales? –Cuestionó Yuan, mientras miraba a los alrededores.

-No lo sé, pero supongo que debe estar por ahí todavía. Hay visitas así que hay que ser cautelosos. Cuando A-Ling se junta con ese niño es bastante ruidoso.

Aquello ocasionó una sonrisa en SiZhui. Su primo normalmente asocial tenía alguien con quien ser... ruidoso.

La palabra más linda que Yuan podía procesar, y una sonrisa llegó a su pecho llenándolo de calidez, y escapando de sus labios. Su estómago burbujeó y se llevó una mirada extrañada por parte de su tío político, pero estaba bien, porque él estaba feliz a su manera.

Había viajado por capricho buscando un hada onírica que seguramente nunca vería en persona, pero allí estaba la esperanza.

-¡Joven ama, estoy diciendo que no recuerdo su nombre! ¿Qué puedo hacer? –Señaló una voz aguda que vino acompañada de una sensación que juraba haber tenido antes pero, ¿dónde?

Como si tuviera que reconocer esa voz que estaba seguro, era primera vez que oía.

Escalofríos y rodillas débiles. Volteó en dirección hacia la voz, y vio a Jin Ling con un chico ligeramente más bajo frente a él, con el ceño fruncido y los brazos cruzados. No pudo evitar pensar que lucía ligeramente adorable.

Sacudió la cabeza tratando de enfocarse una vez más. No, él debía estar concentrado.

-Quizás no podamos ir a la biblioteca. –Se detuvo Jiang Cheng repentinamente–, resulta que como tenemos visitas, estará ocupada todo el día. –Su ceño fruncido era evidente, como si realmente le molestara–, ya vino antes, pero ese discípulo de Lan parece muy empeñado en buscar algo.

Aquella aseveración le causó una sensación agradable. Bien, podía esperar una noche. Esperaba volver a soñar con JingYi.

-Entonces, ¿quieres conocer al chico Lan? quizás te agrade. –Comentó a la nada Jiang Cheng–, en serio deberías hacer más amigos de tu edad.

SiZhui negó. Por ahora sólo quería ubicar a JingYi.

-Pero muchas gracias, líder de secta. Si me permite, deseo retirarme a descansar. –Pidió, reverenciando ligeramente–, siento no poderme quedar más tiempo.

-No debes preocuparte, seguro WuXian no quiso que durmieran muy cómodos para "prepararte", y es un idiota. –Agregó–, puedes venir a la biblioteca mañana, diré que te escolten al cuarto. –Y haciendo una señal, un par de sirvientes de Yunmeng se acercaron.

Yuan estaba relajado. La noche comenzaba a danzar en el muelle, y la calma con la que se estaba tomando todo lo mantenía tranquilo. Estaba alegre porque esa noche lo comprobaría.

Si es que acaso necesitaba un sitio cargado de energía espiritual, y de paso, conocer la última palabra tabú, para saber a qué abstenerse.

Quería dormir durante tanto tiempo, porque en realidad, en ese prado salía quien realmente era, un chico que nunca se sintió preparado para estar agotado y dedicándose a la vida de secta, si era sincero consigo mismo. Pero al mismo tiempo, sentía tanta devoción por su gente, si sólo pudiera...

Llegó a la habitación y cerró la puerta. Lentamente removió las túnicas que cubrían su cuerpo, se dirigió al baño caliente que habían preparado con anticipación, y se sintió tan pleno dentro del sitio. Como si nada fuera más genial.

Y cosquilleaba su estómago sabiendo el por qué.

Cuando salió del baño, y se calzó la ropa para dormir, miró la cama. De color morado profundo, con lotos por todas partes, Wen Yuan se sintió como en casa, recordando las veces que vestía de morado cuando era pequeño. Cuando tenía que correr de todos. Meció su cabeza para olvidar aquellos días complicados.

-Si sólo pudiera conseguir paz por siempre... -Pensó SiZhui, mientras se acomodaba en el colchón, y suspiraba perdiéndose en esa sensación que era perder la consciencia.

Al abrir sus ojos, se encontró una vez más sentado en el prado, aunque en ese instante estaba lluvioso. Las gotas caían raudas, y Yuan podía jurar que nunca había visto una lluvia de colores como la que estaba sucediendo en ese momento, una lluvia compuesta de diversas gotas de azul, blanco, rosa, rojo, gris, y otras tonalidades que le sorprendían.

Realmente era un sueño, ¿no?

-¡A-Yuan! ¡la lluvia está muy fuerte! –Gritó esa voz que estremecía sus sentidos, y llegó JingYi, dulce y veloz con una capa que podía dar por firmado, era su túnica exterior, y laestaba usando a modo de paraguas.

Viéndolo con sus ropajes empapados, SiZhui supo lo que querría ver siempre, aun sabiendo que la magia desaparecería más pronto de lo que le gustaría.

Los charcos se formaron en el lodo, y podía ver su reflejo lastimero entre gotitas de colores. Su mundo onírico era curioso, pero le gustaba bastante, y sabía que lo que más le gustaba del paisaje era sentirse tan cercano y libre junto a alguien que no conocía de nada, y sin embargo lo había esperado. Tal como SiZhui lo haría, si se lo preguntaban.

Porque lo había esperado, ¿no es así?

La felicidad se sentía como eso, como tener a alguien que te protegiera de la lluvia y aun así mirase al cielo para deleitarse del fenómeno natural tan maravilloso como lo era la lluvia de colores. Estaba gozando la sensación, esa de tener las túnicas de JingYi sobre él, y sin embargo no podía protegerlo del frío.

De repente quiso abrazarlo, sólo para darle algo de calor.

-¿No tienes miedo? –Preguntó SiZhui, mirando la sonrisa de JingYi fascinado.

-Para nada ¡lo único atemorizante son los fantasmas!

-No me refiero a eso. –Dijo–, ¿no te da miedo que el prado desaparezca? estos dos días que no pudimos vernos, estuve algo preocupado, rogando que fuera la falta de energía espiritual, y sin embargo...

JingYi sonrió como si de repente entendiera su pregunta.

-¡Sé que podré encontrarte! nos conoceremos y entonces nos divertiremos tanto como acá, ¡exploraremos como hemos intentado entender el portal! apenas nos conocemos, ¿por qué se siente como... si fueras otro tipo de lazo? ¡ese tipo de cosas nos explicaremos! y conocerás a mi mejor amigo, ¡se caerán bien! le caerás bien a todos... así que no tengo miedo. –Dijo seguro–, porque estoy confiado en que te encontraré.

Ante esa sensación, sólo sintió ganas de llorar, ¿y ese impulso de mantenerlo consigo? ¿y esa sensación curiosa? ¡JingYi no podía estar siendo sincero! no se conocían de nada...

-Quiero conocerte. –Le dijo, como si leyera sus miedos, y entonces SiZhui asintió, secundando este actuar. Se movieron de donde estaban a un sitio más seco, con la tranquilidad de saberse acompañados, enterados de qué no debían decirse, conversando sobre los tipos de flores que habían en los alrededores, sobre las aventuras de JingYi como aprendiz del líder, y con una calidez curiosa que hacía reir a Yuan.

Porque JingYi era realmente joven, divertido, ingenuo, torpe, sincero y descuidado. Y sin embargo, parecía fluir naturalmente ante las cacerías, ante las luchas, con una extraña conexión con su espada MaiLyn, y una sonrisa que parecía superar al propio sol en comparación con otras cosas.

Fue una velada larga y tendida charlando sobre sus metas, o de SiZhui hablando sobre los problemas que había traído la campaña para derribar el sol en su familia.

-Supongo que fue difícil despedirse de la gente. –Indicó JingYi en un momento, mientras movía sus pies, pues se habían sentado en una banca que dejaba en evidencia que ambos eran más bajo que el promedio que esperaba ese asiento.

-Mnh, es difícil decir que debes irte ¡pero! creo que cuando hay buenos motivos, y sólo quieres vivir en una cabaña para toda tu vida, en la cotidianeidad... ¿no se hace repentinamente fácil? –Señaló con lo que sabía, era anhelo, y JingYi se rió.

Yuan sintió que nada valía más que ese momento en su vida.

-¡Cuando nos veamos, me aseguraré de tenerte una cabaña en mi clan! y que nadie te moleste. –Prometió con una sonrisa.

Promesas, promesas, más promesas que quería cumplir.

-Suena perfecto. —Le contestó, con esa sensación de tibieza que adaptaba pasear por su pecho cada segundo que lo veía cerca suyo, que lo tenía a su lado.

Mientras JingYi divagaba, escuchó de su historia, una aventura familiar y se quedó mirando atentamente al muchacho.

-¡Y entonces el señor WangJi le dijo...! –Y JingYi cesó su relato repentinamente, como si se hiciera demasiado consciente de la situación–, ¿A-Yuan? ¿qué pasará si digo la palabra..? hemos dicho varias palabras de despedida y aún no despertamos.

Yuan de repente fue consciente de que todo era un sueño.

Y que la magia sin duda se rompería.

Con una sonrisa, acercó su mano a la frente de JingYi, y apartó su flequillo con sutileza, con gran calma.

-Entonces nos vemos mañana. –Sonrió–, prometo verte mañana.

-¿En serio?

-Sí. Y puedes terminar de contarme esa historia. –Sonrió–, así que puedes decir la palabra con confianza. Si es la correcta, entonces nos veremos mañana.

Un miedo se instauró en su pecho, de cierta manera. Como si acaso esa fuera la última vez que se verían aunque no sería así realmente.

-Bueno. –Sonrió–, ¡entonces le dijo adiós!

Y de repente sus ojos se abrieron lentamente a las cinco de la mañana, sabiendo esto por la posición del sol con respecto a su cuarto, y estando relajado.

El techo que se hacía omnipotente ante su pequeña existencia. Lágrimas que habían dejado pegajoso su rostro y ¿había llorado? ¿por qué?

Tenía algo de sed. Con esa idea en mente, se dirigió a la cocina por un vaso de agua, y entonces vio la puerta de la biblioteca entreabierta. Alguien estaba durmiendo sobre la mesa baja del centro. Alguien que vestía de blanco, con una pristina cinta en la frente, y decoraciones azules en el traje que vestía. Su pecho subía y bajaba con gran calma, y Yuan nuevamente tuvo esa sensación, ¿por qué se sentía tan familiar? ¿por qué sentía que debía reconocerlo? ¿qué había con toda esa curiosidad sin resolver?

No lo entendía, y no sabía si quería hacerlo. Sólo quería huir, al menos hasta que escuchó un murmuro desde el interior de esa sala.

-A-Zhui... por qué siempre te vas. –Comentó esa voz, con algo de tristeza, ¿quién era A-Zhui? chismear era algo erróneo, lo sabía pero...–, ¡no! –Despertó el chico, y Yuan comenzó a correr en dirección a la cocina, asustado por ser descubierto y por la repentina sensación de estar siendo regalado.

Se sentía como si su pecho danzara en su interior. Qué era esa sensación familiar, qué era ese miedo, esa sensación de debilidad, de sentirse indefenso.

Quería ver a JingYi, y no podría hasta entrada la noche.

Pero se sentía como tanto, tanto tiempo...

Para cuando retornó a su cuarto, la biblioteca ya estaba vacía. Y entonces supo que quizás debería leer un poco acerca del tema que le había alejado de su secta en cuestión. Cuando decidió ir al lúgubre sitio, vio que todos los libros estaba ahí, ordenados y recién revisados, pero ¿a quién más le interesaría el tema, sino a él?

Ignoró eso de forma veloz. No era importante de todas maneras.

Suspiró cuando decidió acomodarse en la mesa baja. Eran cosas que ya sabía, energías opuestas complementarias lograban un equilibro y abrían el portal, dentro de este las horas no pasaban tan velozmente, y tampoco sufrían dolencias. El portal era inestable, y ante emociones que podían desestabilizar el corazón de una persona, el portal colapsaba. Había una parte escrita en dialecto de Yunmeng que, él sabía, si no crecías en la zona no podrías leer.

"El portal se cierra definitivamente de esta manera" leyó, y continuó adueñándose de la información durante esa tarde que se pasó más veloz de lo que hubo pensado. Una vez acabó los textos que allí había, sintió algo de vergüenza, y decidió que si por cosas del destino, lograba recordar algo al interior de este sueño, no lo haría, no diría eso...

-¡Pero Jin Ling! ¡es verdad! –Habló una voz con insistencia–, ¡pude volver a verle! –Y la voz emocionada se atascó un poco–, no puedo seguir así...

-Eres el único romántico estúpido y empedernido que se enamora de alguien que no conoce. –Se quejó su primo, y Yuan se sintió culpable, ¿no era malo espiar?

¿No se sintió aludido con esas palabras?

-¡No estoy enamorado! –Contestó–, es diferente, estoy cómodo, como nunca lo he estado, cuando acaricia mi cabello es como ¡woah! y cuando se ríe... A-Ling, necesito encontrarlo. –Continuó el chico, con un deje de anhelo–, necesito hacer algo, por favor. No puede quedar ahí, ¡no puedo dejar que se pierda!

Su primo resopló.

-Bueno, mi primo... él debe saber algo. Hablaré con él, ¿sí? ahora deja de molestar y vamos a entrenar. –Pidió, y ambos muchachos se alejaron.

Yuan continuó mirando al chico más bajo, con una atención que no sabía que podía darle a otras personas, con una atención que simplemente reconocía como extraña.

Una campana de viento sonó en sus oídos, en su cabeza, causando nostalgia e incomodidad.

Y nuevamente, ante eso, quería ver a JingYi. Necesitaba verlo, porque quería comentar lo que había descubierto, lo que había aprendido, y las implicancias que eran estar ahí en ese portal.

No le explicaría...

Cuando se decidió a dormir, no pensó realmente en un árbol que estuviera cerca de los ríos de Muelle de Loto. Él sabía que dormir en los árboles era cosa de su papá, pero seguramente no le dirían nada.

Una ventisca se aproximaba.

Una vez que sus ojos se cerraron y llegó al lugar, se sentó entre las flores de camelia. Su corazón comenzó a latir veloz, ¿qué le diría?

Parece que había llegado antes.

"Paso tanto tiempo con él... dormir es un paraíso si llego a este sitio, me quedaría toda la vida de ser necesario" pensó "y tengo que preguntarle si él siente lo mismo, si este portal no se armó por algo falso, si ambos queríamos... salir de la rutina y nos encontramos".

El viento meció las flores.

"Lo extraño" sopesó "y no debería, pero extraño trenzar su pelo y ver flores, extraño caminar y que se tropiece, que se ría de la nada" continuó, con un rostro serio mientras acariciaba las flores "lo extraño...".

Era tan patético. Era su cuarto encuentro y cada vez que sentía nostalgia quería verlo, como si acaso ese anhelo de pasado guardara relación con esa sensación de dolor incomprensible, como si esos días que pasaron yendo y viniendo se hicieran tan tiernos que no querían ser borrados.

Es que JingYi era una cercanía inmediata a su felicidad, y ese "tengo que hacer algo" se ligaba a conservar ese brillo en sus ojos.

Como si el portal pudiera ayudar, apareció JingYi con un sombrero de paja que parecía torpemente bordado por él, hilado con paciencia y dulzura, ocasionando la emoción en el pecho de Yuan.

-¡A-Yuan! ¡hice un sombrero! –Dijo el muchacho, llegando a su encuentro y encimándose a SiZhui, que seguía en el césped.

Por vez primera no fue tan confuso para el más alto, ni recibirlo ni acomodarlo en su regazo, mientras el chico pasaba el sombrero a su cabellera con gran premura.

Yuan lo envolvió en sus brazos como si no quisiera perderlo y ¿podía culparse? esas emociones tan lindas, tan profundas, tan dulces, ¡quería conservarlas! si sólo se pudiera...

Fue una tarde romántica. Una tarde dulce entre ellos, mientras compartían vivencias una vez más, y miraban el agua del río fluir. Mientras se relajaban mirando el agua, JingYi se quitó sus zapatos, y por algún motivo, la prenda pasó de roja a blanca con líneas azules.

Pero Yuan no le prestó mucha atención a eso, perdido como él solo entre el atardecer, y acurrucado sobre el hombro de JingYi, sentados frente a ese lago, mientras conversaban de todo, ¿qué más podía pedir?

-No te vayas. –Pidió de repente JingYi–, mira, es tonto, lo sé, pero leí que en este mundo el tiempo no pasa como afuera y pensé ¿no quieres que pasemos la noche? ¿no sientes curiosidad por cómo luce el prado en la oscuridad? sólo... no me dejes. –Susurró–, es tu opción, pero de verdad-

-No me quiero ir. Y me parece perfecto pasar la noche contigo. –Contestó, viendo que el sol poco a poco terminaba de ocultarse, ¿lo extrañarían afuera? ¿de verdad pasaba tan diferente el tiempo?

Dormir eternamente... ¿era posible?

Si era sincero, sabía que había algo en su interior que estaba molestando. Esa sensación de su corazón al latir veloz mientras JingYi respiraba sobre su pecho cuando decidieron dormir a la intemperie, envueltos dulcemente en las túnicas de Yuan, porque eran las más anchas, era algo que comenzaba a ahogarlo. No era fuerte para poder definirla en una palabra y luego escupirla, pero sí sabía que había visto su reflejo al pensar en JingYi, y esa mirada cargada de adoración no era algo desconocido.

Estaba comenzando a enamorarse, y no estaba desesperado por ello; al contrario, con JingYi abrazado pulcramente, con sus manos contactando la ropa de Yuan, sólo podía pensar en que le encantaba esa silueta revoloteante, pero le fascinaba aún más dormido, como si no pudiera hacer algo al respecto, se ciñó a su cuerpo.

Podría estar días así, caminando tan libremente por los alrededores, con una tranquilidad que no sabría nombrar, sujetando la cintura del más bajo y simplemente charlando, creando recuerdos juntos, o incluso él tocando música en su dizi, mientras JingYi cantaba.

Pasaría mil días más de esa manera.

-¿A-Yuan? –Preguntó la voz aletargada de JingYi mientras él chico le miraba con sueño–, ¿estás bien? –Indagó curioso.

-Mnh. –Señaló–, es sólo que... ah, hay tantas cosas en mi cabeza. –Confesó–, y tenerte tan cerca sólo me hace peor. –Aceptó, desviando la mirada con algo de nervios.

-¡¿Cómo así?! –Se alteró JingYi, y de repente una sonrisa maliciosa se cruzó por su rostro cuando recordó que estaba bajo la túnica de Wen SiZhui, recostados sobre el césped algo húmedo de rocío–, entonces, ¿si hago esto... –Preguntó, mientras se levantaba un poco, se encimaba y aproximaba el rostro hasta que sus narices estaban muy cerca–, ...qué sucede?

-Te quiero besar.

-No veo por qué no lo has hecho, A-Yuan. –Retó, mientras ladeó un poco el rostro y rozó castamente sus labios–, creo que ya avancé mucho hoy. –Aceptó con algo de vergüenza, y ¡oh! repentinamente Yuan tomó asiento, dejando que la túnica resbalara por la espalda de JingYi mientras rodeaba el cuerpo del más bajo con sus brazos y lo besaba.

Y si bien antes hubo besado, jamás se había sentido de esa manera tan idónea. Jamás se había sentido tan perteneciente a otro sitio.

Después de un rato de besos, de caricias y risas que comprendían como bulliciosas, JingYi acarició el rostro de Yuan con algo que no pudo nombrar sino como adoración, tan pausado, con calma, con lentitud como si nada más le hiciera tan feliz que estar con él.

A Wen Yuan le gustaba ese chico de nombre JingYi, y lo sabía, le gustaba lo que hacía JingYi cuando se le entregaba completamente, amaba la confianza, la calma, la libertad... amaba tanto.

-A-Yuan, quizás ya haya que volver a nuestros sitios ¿nos veremos mañana? –Preguntó, y Yuan asintió, dejando un dulce beso en su frente.

-Verás que encontraremos una solución. –Sonrió.

-Gracias. –Dijo JingYi, antes de besarlo fugazmente.

Yuan despertó con frío a las tres de la madrugada en el mismo árbol donde se había quedado dormido, con algo de vértigo y culpa, pero definitivamente sintiéndose la persona más afortunada del universo.

Porque por muy lejos que estuvieran, estaban conectados por sus sentimientos.

Porque no lo dejaría, porque no lo dejarían, porque no se dejarían sin el amor del otro y quería confiar en sus habilidades para encontrar al chico.

Se levantó de su posición y al pisar el suelo, sintió que algo dolía. Su espalda había estado recostada mucho tiempo en una superficie inusual, y tendría que abstenerse a emitir ruidos, aunque seguramente sabrían que había dormido al exterior.

Pero no podía conciliar el sueño, y pensaba que quizás, en algún lugar, estaba JingYi pensando en él.

Caminó por los pasillos del lugar, mirando de vez en cuando al lago, donde estaba de nuevo ese discípulo de Lan, arrojando piedras a la nada, sin un motivo aparente.

"¿Estará bien?" pensó SiZhui, queriendo acercarse. Al ver que la piedra chocaba contra el agua, al escuchar el chapoteo y el sonido de impacto, lo pensó nuevamente.

Quizás el muchacho estaba frustrado y deseaba estar solo. Quizás Yuan no estaba viviendo lo suficiente para entender la indignación del muchacho y eso sólo sería molesto.

No podía denominar ese escalofrío en su columna ni esa sensación cosquilleante sobre sus labios con otro término que no fuera "amor", aunque sentía que era tan extraño. Entonces, ¿JingYi y él sí eran almas gemelas, tal como decía ese portal? ¿entonces sí estaban destinados a verse?

Pero en vida, ellos...

SiZhui negó con vehemencia, porque su cuerpo se sentía débil. Todavía conservaba esa sensación eléctrica de la boca de JingYi contra la suya, con una voz ronca pronunciando su nombre, con la sensación de olvidar respirar...

Dolía. Dolía tener que aferrarse a sensaciones sin rostro, porque su mente no era lo suficientemente poderosa como para recordar un par de ojos, o una facción del rostro, y se quedaba con el anhelo, con las ganas...

Cuando pasó por al lado del cuarto de los mayores, pudo oír la voz de su papá. Esa voz tan dolorosa que sólo usaba cuando decía verdades absolutas, y Yuan se quedó para escucharlo tras la puerta corrediza, escondido.

-Me preocupa lo serio que es respecto a ese niño. –Mencionó su papá con voz agotada–, es tan terco como Lan Zhan, y yo más que nadie quiero que se vaya con él pero ¿cuál es la probabilidad de encontrarlo? ni siquiera tú, A-Cheng, que fuiste de los primeros en experimentar el portal pudiste hacer algo, ¿no hay que decirle...?

Jiang Cheng suspiró ruidosamente y SiZhui sintió ganas de llorar, llevando sus manos a su boca para tapar cualquier ruido que saliera de esta. Tenía tanto temor, porque él entendía qué estaba haciendo, estaba arriesgando la línea de sangre principal de dos clanes, no sólo la suya, y eso lo frustraba tantísimo...

-Déjalo. Ya se le pasará. Después de cierto tiempo dejé de buscar a Jiang Huan. –Exclamó–, así que no lo molestes si nunca has enfrentado eso. Sabrá lo que hacer, porque a diferencia de ti, A-Yuan es un niño inteligente criado por HanGuang-Jun también. Algo habrá sacado de él y no solo hará lo que quiere por sobre lo que debe. —Sentenció.

SiZhui, que estaba al exterior de ese sitio, se sintió repentinamente enfermo. Era verdad, tenía responsabilidades, cosas que hacer, obligaciones que cumplir, no podía quedarse con alguien que no conocería por mucho que lo quisiera...

Se sentía débil camino a su cuarto, como si el aire no quisiera llegar a él, como si hubiera bebido diez jarras del licor de frutas que preparaba su tío Ning, como si no quisiera volver al portal nunca más, porque ¿cómo era posible que su mejor noche acabara en eso? apenas había rozado esos labios de índole onírica y ya debía renunciar a ellos.

Pero si lo pensaba bien, ¿no era lo mejor? era verdad que apenas habían pasado unos días pero él ya había tomado tantas decisiones en un instante que se volvieron en toda una vida, ¿por qué no era lo mismo con respecto a querer a una persona? ¿por qué no se podía mantener aquello?

Quería proteger al más bajo y lo sabía. Sabía que necesitaba cuidarlo de la mirada fría y la tristeza que su tío llevaba encima por haber sido maldito con el portal, y aunque nadie lo protegiera a él ¿importaba? sólo quería cuidar al muchacho con quién soñaba.

Esa noche no tuvo el valor de dormir, no ante la idea de sellar el portal como lo había hecho. Quizás debía charlar con su padre primero, conversar sobre la situación y ver qué podía hacer al respecto...

Pero es que no se había dado cuenta de que soñar como lo estaba haciendo sólo haría que sus corazones palpitaran la sangre a sus cuerpos con dolor, se torturaría cada día con esa decisión, y temía tanto, porque a pesar de todo quería seguir dormitando por toda su vida, sin deberes que le impidieran ser feliz.

El viaje de vuelta a Yiling fue más veloz cuando decidieron usar las espadas que Jiang Cheng le reservaba a SiZhui. El menor por elección propia usaba a su dizi como arma, ya que no debía manchar sus manos con sangre, pero ¿no era lo mismo usar la energía resentida y ocasionar el derrame de la sangre?

No pensaba en eso. Lo único que había en su mente mientras el aire rozaba y alteraba sus cabellos, era JingYi y el hecho de que debía dejarlo, la tristeza de abandonarlo sin siquiera haberlo tenido, esa angustia que casi no podía nombrar.

-A-Yuan... -Llamó Wei WuXian con algo de duda en su voz-, lo sabes, ¿no? –Preguntó intentando aligerar el ambiente cuando llegó al lugar–, sabes lo que harás.

-Mnh. –Respondió conciso–, no dejaré la secta, pero quiero hablar con padre antes de tomar alguna decisión. –Pidió, y WuXian asintió al llegar, mientras iba corriendo a los brazos de su compañero, y se abrazaban fuertemente.

SiZhui los miró con ternura y envidia no retenida. Al menos ellos pudieron hacer algo para quedarse juntos.

Cuando WangJi lo vio, entendió sin palabras la situación, y asintió en lo que se dirigía al interior de la cueva que WuXian usaba de cuarto. El sitio donde tuvo ese primer sueño...

-Sé que piensas quedarte a cargo de la secta. Estoy orgulloso. –Dijo WanJi–, pero no parece que quieras hablar de eso.

SiZhui negó.

-¿Por qué comenzó a aparecer en mis sueños? todos sabían que era mala idea que diera satisfacción a mi curiosidad, y sin embargo, Xian-Ge le llamó "hada onírica", se rió y contentó, como si olvidara mi responsabilidad...

-Él estaba feliz. –Contestó–, yo también. A-Yuan tiene persona destinada.

Yuan bajó la cabeza con algo de tristeza, y negó meciendo sus cabellos en el acto.

-También sabían que no podría conocerle, tal como le pasó a tío Cheng, ¿no? ¿por qué me dejaron divagar entonces?

WangJi pareció pensar un minuto antes de responder.

-Es importante. –Sentenció–, conocer el amor al menos una vez.

SiZhui negó con su cabeza, sintiendo ganas de llorar.

-¿Aunque ahora quiera huir a ese lugar?

-A-Yuan no lo hará. –Dijo con seguridad su padre.

Yuan detestaba esa seguridad.

-No lo haré, pero desearía tener el coraje de hacerlo. —Contestó sincero, antes de que sus ojos se llenaran de resolución—, Esta noche... cerraré el portal. Antes de amarlo, tengo que hacer algo, evitarnos ese dolor, si es posible. –Sintió que las ganas de llorar se agolpaban en sus ojos con rapidez, y apretaban en su garganta–, y después de eso, quiero conocer a las personas que me faltan por conocer.

WangJi asintió.

-Es buena idea. Mañana te presentaré a alguien. Descansa un poco y... suerte. –Fue una pequeña caricia en el cabello, pero sintió que era lo que más necesitaba.

Esa cama que estaba ahí, helada, incómoda, esperaba por él, y seguro que a esas horas, JingYi también aguardaba.

Cerró los ojos, y cuando se dio cuenta, ya estaba bocarriba, mirando los ojos de JingYi tan grises como los recordaba. Con una cinta en el cabello que él conocía.

Él sabía de dónde era. Porque HanGuang-Jun tenía la misma cinta prístina decorando en lo alto de su rostro.

"Lan..." se dijo mentalmente, y de repente sintió un balde de agua fría, ¡necesitaba despertar! ¡Despertar y contarle a alguien que el chico era un Lan! ¿cómo era posible que justo ese día el portal decidiera mostrarle el verdadero color de sus ropas? ¿y el verdadero registro de su linaje?

-¡Eres un Wen! –Exclamó JingYi desde esa altura tan corta, y el alma de SiZhui se sintió como si abandonara su cuerpo–, ¡al fin sé de qué clan eres!

Y si SiZhui fue ahí para cerrar todo contacto, cuando vio que JingYi lo aceptaba, que no le importaba que fuera un Wen, descubrió que no quería dejarlo, porque su aceptación era lo más importante.

Pero se lo prometió.

-Pensé... que siempre lo habías sabido. –Dijo con timidez, susurrando contra la piel de JingYi que estaba tan cerca.

-Para nada. Pero estoy feliz ya que estoy más cerca de encontrarte ahora. –Se alegró evidentemente–, ¿vamos? ¡encontré una cabaña!

Y Yuan entendió que el destino era lo peor del universo, lo que más repudiaba y que seguiría guardando rencores al despertar. Pero si lograba abrir sus ojos y sólo retener su nombre un poco más, sólo un poco más...

-A-Yi. –Llamó tierno por vez primera, con suma inseguridad–, sé que estamos bien así pero... por favor, no vayamos a la cabaña. Sé que dije que deseaba vivir en una, pero si lo deseo mucho más, contigo a mi lado, nos hará mal. –Confesó–, a ambos.

JingYi se tambaleó un poco y se alejó de SiZhui, mientras le extendía una mano y lo ayudaba a ponerse de pie.

-¿Qué quieres decir? –Preguntó JingYi con un temblor de voz–, vamos A-Yuan, no juegues, no llenes de tensión el ambiente ¡no es el estilo! –Trató de reír, y le dolió lo falaz de esa sonrisa, de su mirada, del dolor ¿estaba condenado a cargar con la melancolía por siempre? ¿condenado a recordar que rompería a dos personas en vez de festejar siendo una?

-No podemos dejar nuestras sectas, y es algo que sabemos. Estar juntos no le hará un bien a nadie, ¿lo olvidas? somos futuros líderes de secta, no podemos seguir jugueteando, A-Yi.

Las manos de JingYi se hicieron un puño, con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron.

-Si me vas a llamar A-Yi sólo para dejarme, ¡puedes comer tus jodidas palabras, Wen SiZhui! –Reprendió duramente–, ¿quién piensas que eres? ¿sólo otro estúpido que puede recordarme lo agobiante que es estar en una secta donde no calzo? ¿otra persona que quiere casarme y obligarme a tener hijos que no quiero mi quise? ¡tenía suficiente con los ancianos! ¡se supone que estoy aquí para ser libre! ¡no quiero seguir lidiando con los mayores!

-¡Ni yo con mis padres! –Argumentó Yuan–, ellos no tienen otro cabecilla más apto que a mí, me han entrenado desde siempre para esto, ¡no puedo evitarlo! –Exclamó, mientras JingYi y él, que ya estaban de pie en el sitio de las caléndulas amarillas, comenzaron a caminar tratando de crear distancia–, tenemos que tomarnos en serio esto, aunque no queramos.

-A-Yuan, apenas ayer estabas conmigo, prometiendo que no querías dejarme, ¿qué cambió en un día? –Los ojos tristes y vacíos de Jiang Cheng llegaron a su mente. No quería verlos en A-Yi.

Pero no podía decirle que eso es lo que había cambiado. El anhelo de verlo por siempre feliz no estaba dentro de esa conexión espiritual.

-Leí más sobre el portal y no me gustó condicionarnos ¡Tenemos que vivir más! A-Yi, me gustas, en serio me gustas, y es entretenido estar contigo, no me molesto, me divierto ¿cómo no lo haría? ¡consigues que todo sea tan...! —Se cortó el discurso el mismo—, es genial. Haces de mí alguien que no sabía que era, y quiero hacer lo correcto. Pero incluso si el portal conecta almas gemelas o lo que sea, todavía estamos llenos de dudas y ansiedades. Debemos estar bien y tranquilos...

-A-Yuan. —Clamó con algo de inseguridad, extendiendo una mano que no alcanzó a ejercer agarre alguno.

-Cerraré el portal, A-Yi. Ya sé cómo, y no quería hacerlo sin decirte que realmente me gustas, y que si logro recordarte apenas despierte, te encontraré. Es una promesa. Despertaré y te encontraré.

Sujetó su manga, y entonces hizo que le mirara de frente, tratando de atrapar su atención.

-A-Yi, por favor...

-Hazlo. Si lo harás, hazlo ya. No quiero seguir acá. –Dijo el chico resignado–, pero si no vienes por mí...

SiZhui lo soltó, para inmediatamente acercarlo por la cintura y abrazarlo, para sentir su calor y sentir lo que era tener su vida entre sus brazos. Para sentir esa adoración profunda una vez más.

-Lo haré. Me esforzaré. –Le dijo, mientras se separaba y miraba a sus ojos–, A-Yi... –Murmuró, mientras lo besaba sutilmente.

No quería llorar ni que el muchacho frente a él llorara. Estaba bien, porque conseguiría recordarlo.

-Te quiero. –Le dijo JingYi–, de ti depende que avance más. –Sonrió antes de darle otro beso casto, y apretar su cuerpo, como quien no quiere dejarse ir.

Porque tenían deberes.

-Lo siento. Gracias, y adiós, A-Yi. –Dijo de forma fluida las palabras tabú, provocando que despertara repentinamente, sobresaltado.

El chico en sus sueños, ese chico de sonrisa dulce... ¿cuál era su nombre? ¿por qué sentía que debía recordarlo? que era lo más importante de su vida.

¿Cómo se veía? ¿qué era esa sensación de angustia que estaba en su pecho?

-Lo olvidé... –Susurró, como si no pudiera creerlo–, de dónde era, ¿quién era? ¿qué hacía? –Pensó con desespero, levantándose mientras sus ojos comenzaban a arder en angustia–, no, no, es un bloqueo temporal, ¡lo recordaré! ¡lo buscaré! y entonces podremos... ¿podremos? –Se preguntó–, ¿por qué me siento así...? como si algo faltara... ¿qué sucedió?

Y de repente no hubo angustia. Como si ni siquiera supiera por qué se despertó llorando realmente.

-Ya lo recordaré. Esta sensación de vacío no puede durar mucho, ¿no? –Se dijo, tratando de ignorar ese nudo en su pecho, esas ganas de llorar que venían de la nada, ese cosquilleo en los labios que no comprendía, ¿con qué había soñado?

¿Había soñado?

-Qué curioso... –Murmuró, mientras se acomodaba la túnica–, ¿por qué me siento así?

Y su padre entró al cuarto, diciendo que tendría una reunión con alguien, así que debía ir junto a él a la sala que habían decorado para eso. SiZhui todavía tenía esa sensación de vacío.

Una vez oyó "no te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes" pero ¿cómo notar y lamentar lo que pierdes, si ni siquiera lo recuerdas? ¿cómo llorar la pérdida de lo desconocido?

No tenía tiempo para ello. Debía seguir a su padre. Mientras iba a sus espaldas, cada paso era una memoria; una flor de caléndula, una camelia, un gorro de paja bordado por unas manos, unas túnicas blancas, ¿cuál era el nombre de esa persona? ¿quién era esa persona? ¿qué pensaba Yuan de esa persona?

Se sintió curioso ver una silueta de blanco, como si estuviera de funeral, bebiendo el té con una gracia particular. No tenía la elegancia de HanGuang-Jun, pero ahí estaba, grácil de todas maneras, tranquilo y transmitía la sensación de ser una revolución tácita.

Tácito...

-¡Oh, HanGuang-Jun! –Se volteó el muchacho con severa alegría, y el corazón de SiZhui se estremeció por un minuto–, ¿él es...? –Preguntó con curiosidad, mirando a Yuan, y si la sensación que tuvo tenía nombre, podía jurar no poder pronunciarlo*.

-Wen SiZhui. –Reverenció–, futuro líder del clan Wen, aspirante a un título que asemeje al de mi papá, el Patriarca Yiling. –Sentenció, como si con toda esa información pudiera esclarecer algo pero, ¿qué?

-Un gusto. Soy Lan JingYi, futuro líder del clan Lan. –Sonrió con alegría, y un pensamiento llegó a la mente de Yuan.

Un pensamiento que está seguro, tuvo alguna vez en su vida.

"Su sonrisa es como el sol..." Razonó, y sin embargo, negó con la cabeza.

-Pueden charlar. –Dijo WangJi–, no tardo.

Y por algún motivo, mirar los ojos de JingYi era algo que Yuan no podía hacer. Porque lo miraba, observaba cada rastro de su perfil con delicadeza, experimentando una sensación que no comprendía, porque sentía que no podía reconocer al chico frente a él, que no podía saber dónde lo había visto antes, aunque debía hacerlo, porque todos sus sentidos vibraban ante su presencia. No reconocía ese rostro familiar.

-Hey, Lan JingYi. –Llamó con algo de esperanza–, ¿nos hemos visto antes?

Algo pareció refulgir en los ojos de Lan JingYi después de dichas esas palabras.

-No. –Dijo, sin embargo–, es primera vez que conozco a alguien como tú, Wen SiZhui. –Cortó la conversación algo abrupto. Como si no quisiera abordar el tema.

Yuan estuvo incómodo. No pudo entablar una charla con el chico, ni en ese momento, ni en la ceremonia de ambos tiempo después, donde recibieron la ornamenta que decoraba sus cabezas el día que se volvieron líderes de secta; sólo tenía una sensación incómoda y de nostalgia, un sentimiento que le decía que detestaba esos ojos tan taciturnos y perdidos a la hora de beber el té, o que detestaba verlo rondar los campos rodeados de flores amarillas, como buscando algo, a alguien, como si acaso también hubiera perdido a alguien...

Eran todos los días iguales incluso cinco años después de sus nombramientos como líderes, y del comienzo repentino de estudios sobre unos portales misteriosos, investigación liderada por Jiang Cheng y su mano derecha en el tema, Lan JingYi, que parecía haber encontrado un diario que narraba algunas historias al respecto.

Estaban dando a conocer la investigación ante el mundo del cultivo, y eso los llevaba a esa sala de juntas ese día en particular.

La reunión se estaba llevando a cabo en Muelle de Loto, y por algún motivo, a JingYi se le notaba la tristeza en los orbes temblorosos, en las manos frías que de vez en cuando chocaban con las de SiZhui e incluso en el pálido color de su piel; si estaba deprimido, no obstante, nadie pudo esclarecer el por qué.

Reconocía demasiado rápido el olor de la melancolía aunque no pudiera detectar el por qué de ella; reconocía sus propios nervios cuando la mirada de Lan JingYi caía sobre él, y ese temblor que provocaba que su corazón retumbara de una manera que ni siquiera esos cinco años después comprendía completamente.

Tampoco podía entender por qué le daba un miedo en el corazón cada vez que cerraba sus ojos, como si acaso alguna vez no pudiera volver a abrirlos, como si acaso pudiera quedarse atrapado en sus sueños sin una posibilidad de salir de él, cuando cada mañana esa mala sensación de esfumaba al abrirlos de nuevo.

Lan JingYi ahí, delante de él, mientras explicaba qué efectos tenían esos portales, ¿podía decirle a Wen Yuan qué sucedía con su persona? ¿podría explicarle quién era él mismo ante su silueta impávida cada que se plantaba frente a él con esa mirada minuciosa, juiciosa, como si supiera algo que él no, pero luego suspiraba y se desviaba para explicar mucho más sobre la información que a Yuan le gustaba? Una sensación de poderío, sumisión y subordinamiento que Yuan desconocía pero ante JingYi, inamovible, etéreo ante él, era tan fácil rendirle culto... quería que le explicara el por qué de esas sensaciones.

Necesitaba saber que había en la cabeza de JingYi, qué había con esa tensión tan incómoda entre ambos, con ese dolor en su pecho cada vez que Lan JingYi alzaba una libreta que lucía algo agraviada, y contemplaba sus hojas con añoranza, con afán, con un profundo dolor que no podía ocultar ante nadie.

Pero ninguno se atrevía a hacer la pregunta final, y sabía que Lan JingYi, pese a todo, tenía dudas similares a las que tenía Wen Yuan, pero JingYi tenía su propia investigación al respecto.

Y luego estaba SiZhui, que todavía suspiraba al ver flores amarillas, campos de caléndulas que temblaban y se llenaban de rocío nocturno, que le provocaban una sensación de haberlo vivido, pero jamás lo hizo. Quizás en sueños, pero eso no contaba, ¿no?

No era real... pero seguía enamorado de una figura que danzaba ante el viento, que mecía sus cabellos con gracia, imitando al sol en su sonrisa.

Comenzó a sentirse ahogado en cuanto JingYi comenzó a explicar las restricciones que había descubierto en el portal, como si acaso él entendiera en carne propia esas limitaciones, ¿por qué lo miraban con tanta tristeza en esa sala? ¿había algo que no estaba entendiendo?

JingYi carraspeó.

-Según mis investigaciones, este portal distorsiona la realidad. Conecta sueños y provoca que las personas no recuerden detalles como sus nombres, sus rostros, sus vivencias. Cuando la persona que escribió este diario conoció al chico con quien se conectó el portal, vio al muchacho frente a él con ropas de su clan, y se presentó con ese apellido. Al parecer, el portal evita que se conozcan en la vida real... —JingYi pareció estar dolido ante eso, y Yuan estaba tan cansado, que se levantó abruptamente—, este portal provoca que se censure toda información de la otra persona.

Yuan se sintió enfermo ante esa aseveración, ¿no era cruel? ¿por qué la fusión de ambas energías que eran complementarias, harían esa tragedia desarrollar? ¿por qué no podía ser todo más normal?

Sólo quería caminar entre las flores y pensar en ese hada onírica de sus días de adolescente.

Alzó su mano pidiendo la palabra con un respeto improvisado que agradecía llevar intrínseco.

-Lo siento, líder de clan, ¿podemos tener tiempo de receso? –Pidió como una súplica que esperaba no sonara desesperada–, necesito... procesar algunas cosas. –Señaló, y JingYi asintió con un mohín que no pudo nombrar, pero era parecido al dolor.

-De todas maneras, me da dolor de cabeza esto. Podemos dejar la reunión hasta aquí. –Sonrió a Yuan con ternura, y SiZhui no entendía de nuevo ese revoloteo en su interior.

"De todas maneras, el líder de secta es muy agradable, pero..." Yuan se lamentó un poco por su hilo de pensamientos "pero la curiosidad me carcome, y necesito preguntárselo" se dijo, mientras veía a los otros líderes retirarse, y decidió esperar a JingYi al exterior del salón de juntas de Muelle de Loto.

Cuando lo vio acercarse, pudo sentir su corazón alterarse como era usual, esa falta de respiración tan común y característica, e incluso ese sudor de manos que todavía no lograba definir.

No quería hacerlo.

-Lider de secta Lan. –Se inclinó SiZhui, una vez que el muchacho ligeramente más bajo, con un tocado de jade y cabellos desastrosos cayendo sobre su rostro, se ubicó frente a él, después de verle fuera de la sala esperándole.

-Líder de secta Wen. –Repitió el gesto con calma, mirándolo como si algo estuviera perdido, como si hubiera una herida que no se podía salvar ni cerrar. Un rostro desinteresado, e incluso dolido, que buscaba rastros de algo que ninguno parecía entender–, ¿qué se le ofrece? ¿no necesitaba algo de tiempo?

SiZhui levantó la cabeza y sonrió cálido, porque le era natural ante el joven frente a él, por algún motivo.

-Sólo quería hacer un comentario, si me lo permite. –Dijo, llevando una mano a sus labios dejando escapar una sonrisa tierna y sonora que hizo que se suavizara el gesto de Lan JingYi.

El más bajo ladeó el rostro, como si lo retara de forma juguetona, y una vez más esa sensación, ¿qué era? ¿por qué sentía que podía palpar un recuerdo que jamás conoció? Nunca estuvo con el chico frente a él siendo engreído, pero esa sonrisa...

-Por si no lo ha notado, líder del clan Wen, ya ha hecho un comentario, ¡pero adelante! –Contestó alegre, mientras Yuan acomodaba su propio tocado después de la reunión investigativa, que se había caído un poco por la conmoción.

-Parece saber bastante sobre la situación de los portales. –Sentenció con seguridad, mirando cómo las manos de Lan JingYi comenzaban a temblar ligeramente–, como si lo hubiera vivido. –Indicó, apretando los labios, temblando por algún motivo.

Porque sentía que tenía que reconocer algo, pero no lo hacía, algo faltaba, no lo procesaba. La mirada del joven frente a él se volvió algo turbia, y un suspiro cansino salió de sus labios; era como si ya le hubieran preguntado mil veces y él no tuviera las respuestas que todos deseaban oír, era como si en realidad ni siquiera quisiera saber esas respuestas porque serían absurdamente dolorosas, y él no quería eso.

-Es lo que parece, Patriarca Yiling. –Aseveró de forma fría y concisa–, y pediré que por favor no diga nada al respecto. Seguro él no querría que revelara nuestro secreto. Aunque no puedo revelar quién es él, si ni siquiera lo recuerdo –Finalizó cortante, con una sonrisa amarga, y cuando avanzó hacia adelante sobrepasando a Yuan, un viento familiar lo envolvió, una calidez que ya había tenido, y el familiar sonido de las hojas del árbol alto que estaba frente a ellos meciéndose calmo le provocó familiaridad.

Como si algo naciera de su interior, como un ahínco inexplicable, tuvo la necesidad de retener su muñeca, y con la sensación de haber hecho eso antes, como todo lo que había sucedido últimamente que guardaba profunda relaciones con Lan JingYi, extendió su mano tratando de alcanzar al chico.

Wen Yuan no lo comprendía con seguridad, pero no pudo sujetar esa mano y decirle al joven que lo entendía bastante, que de hecho, había algo en su interior que ardía y flameaba con necesidad, buscando respuestas a preguntas que no siquiera podía formularse; en cambio, sólo pudo ver la libreta que contenía la información que JingYi estaba leyendo frente a todos. Sus ojos fueron allí, y esa letra pulcra que había visto en varias cartas políticas...

¿Esa era la letra de JingYi? ¿por eso mencionó aquello?

De repente tuvo un necesidad imperiosa de volver a dormir, como si acaso así pudiera hundirse en ese anhelo casi impronunciable, y volver a unos ojos que no tenía sentido extrañar.

Quería acariciar al chico dentro de sus sueños, pero no podía vivir por siempre allí, y mucho menos podía querer acariciar a alguien que no recordaba en lo absoluto. Entendía esa mirada tan oscura y taciturna en los ojos del líder Lan, porque seguramente él tenía la misma mirada apagada desde esa última vez que despertó llorando, teniendo sólo una respuesta para el comentario del muchacho más bajo frente a él, que lo evitó fríamente, ante la sentencia de no revelar información sobre alguien, debido a la desgracia de no recordarle.

"Lo entiendo, líder de secta, porque seguramente mi niño querría que mantuviera en secreto nuestros sueños entre gotas azules, blancas, rojas y grises" pensó, mientras veía esos ojos tan tristes como los de su tío perderse, y a esa espalda alejarse.

Había perdido sus sueños, sus esperanzas, debido a que era muy joven. Y ni siquiera entendía cuánto había perdido.