Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC


«SIETE»


El agua había estado algo fría al principio, pero Hinata se había adaptado a ella rápidamente. Ella siempre disfrutaba nadando. Cuando era una niña, sus padres los llevaban a menudo a ella y a Neji a una excursión por el río. Hinata siempre había esperado con mucha ilusión aquellos paseos, pero entonces su tía había llegado con los primos. Ellos, por supuesto, tuvieron que ser incluidos en las excursiones, y a Hinata se las habían arruinado con sus insultos sobre que era una gran ballena que flotaba en el río.

Estas cosas siempre eran dichas lo bastante lejos de los adultos como para estar seguros de que no les oyeran por casualidad. Hinata había sentido menos y menos alegría cada vez con la natación hasta que la rechazó por completo. Al menos no había olvidado cómo hacerlo. Había nadado un poco, y ahora flotaba felizmente en el agua, completamente relajada, en el conocimiento de que su marido estaría atento para que nadie la molestara.

Hinata apenas había tenido ese pensamiento cuando la tomaron de debajo de los brazos y la levantaron del agua. Hinata casi gritó, pero una mirada hacia abajo le mostró un par de manos vendadas en los brazos que la llevaban, y ella comprendió que era su marido. Tan rápidamente como la habían tomado, aquellas manos cubiertas de lino se desplazaron sobre ella y se encontró apretada contra su amplio pecho. Atontada y aturdida, oía a su marido gritando incoherencias sobre ahogamientos y demonios mientas corría fuera del agua con ella.

Hinata trataba de entender lo que él trataba de decirle. ¿Se habían ahogado su madre o padre río arriba justo cuando ella se estaba bañando? ¿O habían sido atacados y muertos por algunos diablos mientras ella flotaba inconscientemente?

El horror la consumió pensado en que una u otra posibilidad les hubiera acontecido a sus encantadores padres políticos. Hinata se quedó inmóvil contra el pecho de su marido mientras él salía corriendo del agua y empezaba a correr a través del bosque. No había confusión sobre la tensión en los brazos que la sostenían apretada fuertemente contra su pecho. Su marido era presa del pánico. Naruto no parecía de los que se aterrorizaban fácilmente, así es Hinata supo a ciencia cierta que algo grave ocurría.

El hecho de que ni siquiera hubiera parado para dejarle recoger su vestido era otro signo de la gravedad de la situación. Le hizo pensar que debían de estar siendo atacados, ya que si el asunto tuviera que ver con que uno de sus padres se estuviera ahogando, estaba completamente segura que él no estaría corriendo a través del bosque llevando a una esposa bastante grande y pesada, así como desnuda.

Hinata podría haberle preguntado qué es lo que había ocurrido, pero había estado en silencio desde que la arrastró fuera del agua, y temía que pudiera estar guardando el secreto de dónde estaban si eran atacados. Parecía que no debería retrasarle intentando hacerle hablar mientras corría, así que se obligó a permanecer quieta y silenciosa en sus brazos.

Cuando alcanzaron el campamento, Hinata se sintió de repente mortificada por su estado de desnudez. Notó las reacciones sorprendidas de los hombres cuando Naruto llegó cargado con su bulto desnudo. Era obvio que no tenían ni idea de lo que pasaba. Cuando Naruto finalmente comenzó a reducir la marcha, Hinata decidió que ahora podría preguntarle que había ocurrido para causar este alboroto, pero antes de que pudiera hacerlo, Naruto la había levantado y colocado de golpe boca abajo sobre su vientre, cruzada sobre el lomo de un caballo, dejándola sin aire. Transcurrió un segundo escaso antes de que su marido estuviera sobre el caballo con ella. Una rodilla desnuda estaba a unos centímetros de su cara, la otra rozaba sus piernas y nalgas cuando hizo que la bestia empezara a correr.

Cualquier posibilidad de Hinata de recobrar el aliento murió cuando se encontró dándose golpes repetidamente sobre el lomo del caballo. Gruñía con cada sacudida cuando se dio cuenta de algo que presionaba firmemente su trasero. Solo le tomó un momento comprender que debía de ser la mano vendada de su marido, colocada allí para sostenerla quieta en su lugar mientras él los llevaba cabalgando hacia la seguridad.

Hinata gimió entre gruñidos cuando comprendió que su marido estaba montando en círculos, con su trasero desnudo en alto y a plena vista de los hombres. En ese punto ella determinó que si sus hombres no mataban a quienquiera que los hubiera atacado y causado todo este alboroto, seguramente ella misma lo haría.

Hinata pronto se dio cuenta que su marido estaba hablando de nuevo. Hablaba en voz baja. La cabeza de ella estaba más cerca de los cascos del caballo que de la boca de él, pero de todos modos pudo distinguir algunas palabras. Sonaban como una mezcla de maldiciones y rezos, o quizás una súplica y una diatriba. Hablaba de alguien llamado Menma y diciendo a quienquiera que se dirigiera que no se podría llevar a Hinata como se había llevado a Menma. Amenazaba a aquel con quien hablaba con consecuencias graves, y Hinata comenzaba a pensar que su marido estaba loco cuando atrapó la palabraDios y comprendió que era al Creador a quien se dirigía.

Fue entonces cuando las cosas empezaron a aclararse en su mente. Se le ocurrió que hacer montar a alguien atado al lomo de un caballo era un método común para intentar reanimar a una víctima que se ahogaba. Hinata comenzó a pensar que podría haber entendido mal las cosas. Quizá Naruto no había estado gritando sobre su madre o su padre cuando la había sacado del agua. Quizá él había pensado que ella había...

¡Dios del cielo! Su marido había confundido su flotación con un ahogamiento. Estaba tratando de salvar su vida. ¿No era lo más dulce del mundo? Ese pensamiento terminó en «oomph» cuando Naruto hizo saltar al caballo sobre algo y ella sufrió una sacudida particularmente repugnante en su estómago. Aparentemente él oyó el sonido del aire saliendo de sus pulmones puesto que la mano sobre su trasero se endureció, apretando su nalga mientras la llamaba por su nombre con urgencia. Entonces comenzó a reducir la marcha de su montura.

Hinata consideró varios asuntos durante los breves momentos que le llevó al caballo disminuir la velocidad hasta parar. Si, como empezaba a pensar, su marido estaba intentando salvar su vida, estaba segura que no apreciaría el parecer tonto si ella explicaba que no se había estado ahogando. Estaba también el hecho de que en ese momento ella estaba en cueros, con el trasero en alto sobre el caballo de su marido. Era la situación más humillante en la que uno podía encontrarse. Verdaderamente, Hinata comenzaba a lamentar el no haber estado ahogándose. Todavía estaba tratando de decidir qué hacer cuando el caballo paró por completo y Naruto logró alzarla y girarla sobre la espalda para ponerla en su regazo, sin duda dañando sus pobres manos mientras lo hacía.

Hinata mantuvo los ojos cerrados. Se las arregló, sin embargo, para cubrirse con un brazo colocado estratégicamente sobre sus senos desnudos mientras el otro bajaba para permitir que sus dedos se posaran sobre la zona de vello rizado en el vértice de sus muslos.

—¿Hinata?

Durante un momento, ella no supo qué hacer, y luego decidió seguir con la simulación de haberse casi ahogado, o al menos no negarlo. Abrió sus ojos con un parpadeo y luego los cerró de nuevo, intentando mostrar una actitud de «me-siento-algo-débil-porque-casi-me-ahogo-y-estoy-ajena-al-hecho-deque- estoy-desnuda». Esperaba que si simulaba que no estaba desnuda, él podría no notarlo.

—¿Hinata?

—¿Naruto?

Hinata abrió un ojo, bastante orgullosa del temblor que puso en su voz. Hizo que sonara débil y casi ahogada.

—Gracias a Dios —le oyó respirar.

Ella abrió ambos ojos para ver que, a pesar de sus esperanzas, ahora que la crisis había pasado, él por lo visto se estaba dando cuenta de su estado de desnudez. Hinata se encogió interiormente cuando su miraba vagó sobre su cuerpo expuesto. Podía sentir el rubor acalorándola a causa de su mirada, y se movió incómoda, tratando de colocarse en posición fetal en su regazo.

Su acción pareció hacerlo consciente de su angustia, y Naruto de repente desplazó los ojos a la cara de ella. Se aclaró la garganta y se sentó más recto, luego de repente desmontó, llevándola con él. Hinata se encontró depositada suavemente sobre la hierba y se tomó un momento para desear que no hubiera ningún bicho o gusano bajo su trasero desnudo mientras juntaba las rodillas y las alzaba hacia sus pechos en un esfuerzo para esconder tanto de ella como fuera posible. Miró hacia arriba, se encontró a Naruto quitándose su túnica, y sintió una emoción como un timbre de alarma que la recorría. ¿Seguramente no planeaba consumar el matrimonio aquí? ¿Es que la vista de su desnudez lo había apasionado tanto que tenía que poseerla ahora?

Aquella emocionante posibilidad murió en ella cuando terminó de quitarse su túnica y se la deslizó por la cabeza. Simplemente estaba tratando de cubrirla, se dio cuenta Hinata, extrañamente decepcionada. Debería haberlo esperado, por supuesto. No era de las que levantaba pasiones en nadie, pensó Hinata mientras él se ponía en cuclillas para introducir sus manos dentro de las mangas de la túnica, vistiéndola como a un bebé.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó ansiosamente una vez que estuvo cubierta

—Ee… bien…. gracias —murmuró, luego se dio cuenta de que su mirada se había deslizado hacia abajo y una expresión extraña cubría su cara.

Hinata echó un vistazo hacia abajo y vio que su túnica estaba en peor situación de lo que había pensado. Naruto no había tenido mucha opción salvo usar la túnica y las calzas que había utilizado para apagar el fuego. La túnica ahumada y llena de agujeros era todo que tenía para vestirse, pero Hinata no había notado hasta ahora cuán dañadas estaban sus ropas. La túnica olía a humo y tenía muchos agujeros donde el fuego la había quemado. Uno de ellos estaba justo ubicado de forma que permitía que su seno asomara a través de él.

Ah, Dios mío, pensó Hinata, sonrojándose cuando Naruto extendió la mano e intentó empujar su pecho dentro del agujero con una mano vendada. Incapacitado como estaba, era un esfuerzo imposible.

Apartando las manos de él, ella misma asumió la tarea. Hinata colocó su pecho dentro de la túnica, luego movió la tela de modo que el agujero no estuviera en un punto tan delicado. Después mantuvo la cabeza baja, demasiado avergonzada para levantarla y encontrar su mirada. Su mirada baja la dejó con la vista clavada en sus manos vendadas, y

Hinata inspiró con sobresalto cuando las miró realmente. A pesar de las gruesas vendas, la sangre asomaba a través de las ropas en ambas manos. Parecía sangre fresca.

Esta pequeña tentativa de rescate no había sido por lo visto buena para él. —¡Mi señor!

Ella intentó agarrar sus manos, pero las liberó repentinamente cuando él lanzó un siseo. Hinata alzó los ojos a la cara de él y sacudió su cabeza lentamente, asombrada de que él hubiera sido capaz de llevarla a pesar de su dolor.

—Debemos volver y atenderlas.

La respuesta de Naruto fue un gruñido desdeñoso, pero se puso de pie. Cuando le ofreció su muñón vendado para ayudarla, Hinata tomó su brazo por encima de la muñeca y se levantó también, sin importarle ya lo que debía de parecer ahí de pie, desnuda salvo por la túnica, con el pelo húmedo cayéndole por la espalda. Ahora estaba totalmente preocupada por el bienestar de su marido. Tomando su codo, lo urgió a ir hacia el caballo, luego vaciló y lo encaró.

—¿Te ayudo a montar? –-preguntó ella con preocupación.

Naruto resopló ante la posibilidad y simplemente la agarró bajo los brazos con sus manos vendadas y la subió cuidadosamente al caballo. La acción fue rápida, pero no tanto como para que ella no alcanzara a ver la mueca de dolor que brevemente endureció su expresión. Mordiéndose la lengua para impedirse regañarlo por su orgulloso comportamiento, Hinata se sentó silenciosamente mientras él montaba detrás de ella y agarraba las riendas para girar la montura hacia el campamento.

Lord y lady Namikaze se lanzaron precipitadamente sobre ellos tan pronto entraron en el campamento, pero Naruto no paró su montura con los otros caballos. En cambio, cabalgó directamente hasta su tienda. Aliviada de no tener que cruzar el campamento con un atuendo tan escaso, Hinata se deslizó rápidamente del caballo. Por el rabillo del ojo, descubrió a lord y lady Namikaze que avanzaban rápidamente, y oyó sus preguntas preocupadas por su bienestar. Sin ningún deseo de estar allí más tiempo del necesario con una túnica llena de agujeros, dejó a Naruto para que les respondiera y entró en la tienda. —¡Ah, mi señora!

Natsu se precipitó sobre ella en el momento en que Hinata entró, con la ansiedad dibujada en su cara mientras la tomaba de los brazos y la revisaba.

—¿Está bien?

—Estoy bien, Natsu. En serio —le aseguró ella cuando la preocupación de la criada no se alivió.

—¡Ah, gracias sean dadas al buen Dios! —dijo por fin, relajándose—. Estuve cerca de morir cuando lady Kushina me dijo que se había ahogado. Gracias a Dios lord Naruto fue capaz de traerla de vuelta.

Ella iba y venía agitadamente alrededor de Hinata por la pequeña tienda hasta la cama improvisada que habían construido de pieles y linos. La criada había estado ocupada, observó Hinata; la tienda era tan cómoda ahora como podía serlo. Había incluso una vela parpadeante sobre el arcón, que añadía luz mientras la tarde oscurecía el cielo.

—Ahora salga de esa túnica mojada. Debemos conseguirle algo caliente y abrigarla para que no enferme de los pulmones —ordenó Natsu.

—No enfermare de los pulmones –le aseguró Hinata, pero rápidamente se quitó la túnica de Naruto mientras la criada movía la vela al suelo para que pudiera abrir y buscar a través del arcón. Cuando la criada sostuvo una tira de lino para que se secara, Hinata la apartó. Su paseo a caballo la había secado. Ya no tenía húmedo más que el pelo. Sin embargo, estaba impaciente por vestirse antes de que Naruto regresara.

—Encuentra el bolso con hierbas y linos limpios que embalamos para atender a los heridos, Natsu —la instruyó Hinata mientras se ponía una muda limpia y luego aceptaba el vestido negro que la chica le tendía.

—¿Tiene alguna herida? —preguntó Natsu con preocupación mientras empezaba a buscar los artículos que le había pedido.

—No, pero mi señor esposo le hizo poco bien a sus manos con todo eso de andar transportándome de acá para allá.

—Ah. Sí. La criada de lady Kushina, dijo que sus manos quedaron fuertemente quemadas —murmuró la muchacha, con su cabeza hundida dentro de unos arcones—. Piensa que pasarán un par de semanas antes de que cure, y eso solo si no se hace más daño con este viaje.

Hinata frunció el ceño. No había sido totalmente consciente de lo herido que estaba, pero había sospechado que no estaba bien cuando su madre había estado tan preocupada porque montara en el viaje hacia Konoha. Se alegraría de tener la posibilidad de ver cuán profundas eran las heridas de sus manos cuando volviera a la tienda.

Hinata tuvo que esperar un largo rato. Justo cuando comenzaba a pensar que tendría que ir detrás de él, la solapa de la tienda se hizo a un lado.

Aliviada de que finalmente hubiera llegado, Hinata se puso de pie, con una sonrisa brillante de bienvenida en su rostro que se apagó cuando vio que era la madre de Naruto y no el mismo Naruto.

—Ah. —Consciente de su debilitada sonrisa, trató de recomponerla, y luego explicó para pedir disculpas—: Esperaba a Naruto. Sus vendas necesitan cambiarse.

—Ya me ocupé de eso —le aseguró lady Kushina mientras se enderezaba dentro de la tienda—. Sufrió poco daño, gracias a Dios, y tiene posibilidades de recuperarse, será el mismo en un par de semanas.

—Ah.

Hinata se resintió, la desilusión surgió dentro de ella. Se estaba sintiendo de más como esposa. No parecía que la necesitaran para nada de lo que hacía normalmente una esposa. Estaba casada, pero aún tenía que consumar el matrimonio. Aún no había visto su casa, ni siquiera había realizado tareas de esposa allí, y dudaba seriamente que se le permitiera hacerlo, ya que la madre de él estaba todavía viva y bien, y sin duda firmemente a cargo de Konoha ville. Y ahora no le permitían ni siquiera atender sus heridas como lo haría una buena esposa. Comenzaba a parecer como si realmente no la necesitaran para nada.

—Lo siento, Hinata —dijo lady Kushina—. Sé que ahora es tu responsabilidad el atenderlo. Temo que me lleve algún tiempo acostumbrarme al hecho de que mi hijo ahora tiene a una esposa para tales cosas.

—Está bien, mi señora —suspiró Hinata, sentándose de golpe en las pieles— Me temo que soy un fracaso como una esposa.

—Oh, no, niña. —Lady Kushina avanzó, con la consternación en su cara— Eres una esposa encantadora, y perfecta para Naruto.

—Creo que quiere decir perfecta para el dolor —dijo Hinata con sequedad—. Hasta ahora he incendiado el castillo de mis padres, he conseguido que Naruto se quemara mientras trataba de apagarlo, y he agravado su herida al hacerle pensar que me estaba ahogando así es que tenía que...

—¿Hacerle pensar? —Lady Kushina la interrumpió con un grito ahogado— ¿Estabas fingiendo?

—No, por supuesto que no, pero él entendió mal. Yo solo flotaba sobre mi espalda. Entonces, de repente, Naruto me estaba sacando del agua y arrastrándome por ahí tan desnuda como el día que nací.

Lady Kushina boqueó con horror.

—¿Por qué no dijiste algo?

—Yo… bien, al principio estaba demasiado asustada, y luego pensé que quizás estábamos siendo atacados. Él gritaba algo sobre ahogamiento y diablos, y yo no estaba segura de lo que pasaba. Pensé que quizá alguien los había atacado y ahogado a usted o a lord Minato… —Se encogió de hombros con impotencia—. Cuando comprendí lo que realmente estaba mal, me encontraba con el trasero desnudo y en alto sobre el lomo del caballo. —Sacudió la cabeza—. No quería avergonzarlo haciéndole saber que se había equivocado, así es que le dejé pensar que me había salvado.

Se calló, segura de que lady Kushina estaría horrorizada por su estupidez. La mujer la miró boquiabierta de manera horrorizada durante varios minutos.

Agachando la cabeza con vergüenza, Hinata agradeció que Natsu hubiera salido para unirse a la criada de su suegra cerca del fuego y no fuera testigo de su confesión más humillante. En lo que a ella concernía, esto solo era otro fracaso de su parte. Ella se puso tiesa, luego levantó su cabeza ante el sonido velado que emitió la mujer mayor y contempló a su suegra con incredulidad cuando lo emitió nuevamente. Un sonido más parecido a una risita había escapado amortiguado de detrás de la mano que lady Kushina había alzado hasta su boca. Al instante siguiente, la mujer dejó la obvia lucha que estaba llevando a cabo y rompió en vendavales de risa.

Hinata sonrió inciertamente y esperó a que su diversión mermara.

—Oh, Hinata —suspiró lady Kushina por fin. Agachándose con facilidad para sentarse a su lado en las pieles, pasó el brazo alrededor de los hombros de Hinata y la abrazó seriamente y con fuerza—. Pobrecita, no me río de ti, sino de todos nosotros. Estos últimos días han sido una calamidad detrás de otra. Primero tu desmayo en la boda, luego el incendio, ahora este ahogamiento que no era un ahogamiento.

—Sí. Parezco una palurda torpe.

—¿Tú? No. Tú no, niña. Tu madre me dijo que fue idea suya atarte para que usaras el vestido para la boda. En cuanto al incendio, tú puedes haber golpeado la vela, pero fue Naruto el que trató de apagarlo con sus manos. De no ser porque bajaste corriendo para buscar ayuda, su orgullo probablemente habría hecho que expirara en ese incendio. Luego hoy, el hombre interpretó mal la situación, confundió tu flotación con ahogamiento y te transportó como un loco. Nada de eso fue realmente culpa tuya. Fue... bueno… el destino, supongo. Pero el destino parece estar trabajando contra ti por el momento.

—¿Contra mí? —Hinata la miró con sorpresa— Yo no he sido la que ha resultado herida por esos incidentes. Ha sido Naruto.

—Sí. Pero… —Lady Kushina vaciló, y luego confesó tristemente—: Pasé todo el tiempo mientras vendaba las manos de Naruto escuchándole preocuparse por la posibilidad de que su novia no fuera lo que él había esperado. Que pareces frágil, inepta y propensa a accidentes.

Hinata frunció el ceño antes estas noticias. Era todo menos frágil. Estaba bien entrenada y era terriblemente eficiente... por lo general. En cuanto a ser propensa a accidentes, no solía serlo.

—¿Qué hago?

—Bueno… —Lady Kushina consideró brevemente el asunto—. Supongo que podríamos decirle que se confundió al pensar que te habías ahogado — ofreció, sonando dudosa.

Hinata sacudió la cabeza.

—Entonces él se sentiría un tonto por tratar de rescatarme. No, no podría hacer eso. Una esposa debería proteger el orgullo de su marido.

—Sí. Bueno… —Lady Kushina pensó otro instante—. Supongo que podrías admitir que realmente sabes montar a caballo.

—¿Sabía que podía? —preguntó Hinata con sorpresa.

—La noche del banquete, tu madre me estuvo hablando de tus logros. La equitación estaba entre ellos. Supe inmediatamente que estabas exponiendo tu falta de habilidad para evitar que Naruto tomara las riendas y se dañara más las manos.

Hinata asintió con la cabeza.

—Sí, y si ahora admito tener esa habilidad, él insistirá en tomar las riendas el resto del viaje —refunfuñó infeliz—. Y entonces se hará más daño.

—Sí. Puede ser. Los hombres son tan tontos cuando se trata de su orgullo. —Lady Kushina suspiró otra vez—. Bueno, entonces, quizá lo único que podamos hacer es dejar que las cosas sigan como están y mostrar con tu futuro comportamiento de lo que eres capaz. Y te ayudaré no interviniendo ni asumiendo tus deberes en el futuro —le aseguró a Hinata disculpándose—. Es solo que estoy acostumbrada a hacer todas las cosas. Si en el futuro lo olvido, por favor, dímelo y me apartaré.

Hinata asintió con su cabeza solemnemente, aunque sabía que probablemente no diría nada. Era bastante para ella saber que su suegra no intentaba deliberadamente minar su lugar en la vida de su marido. No tenía ningún deseo de quejarse de la mujer mayor y olvidar que solo actuaba como una madre con su hijo.

—Sé que estás avergonzada de que todos te hayan visto desnuda, pero cuando estés suficientemente recuperada, ven y reúnete con nosotros al lado del fuego. La cena debería estar lista pronto. —Lady Kushina palmeó su hombro afectuosamente y luego salió de la tienda.

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Continuará...