Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
«OCHO»
Hinata apenas había reunido coraje hasta el grado en que estaba dispuesta a unirse a todos alrededor del fuego para la comida nocturna, cuando de repente se oyó un carraspeó fuera de la tienda y un tímido:
—¿Hinata?
—¿Sí?
Ella miró curiosamente hacia la solapa cuando se levantó y Tayuya la miró con inseguridad.
—¿Puedo entrar? —preguntó la chica.
—Por supuesto.
Hinata le sonrió dándole la bienvenida, y su mirada curiosa se desplazó a la carne que la chica traía en una cama de hojas.
—Los hombres asaron algunos conejos que cazaron, y cuando no saliste para unirte a nosotros me di cuenta de que debes de estar demasiado avergonzada después del espectáculo que ocurrió anteriormente, así es que pensé que quizá quisieras que te trajera algo.
Hinata deslizó su mirada sobre la carne que ella empujó hacia delante y luego levantó su mirada a la cara de la chica. Tayuya estaba ruborizada por la vergüenza, y Hinata supo que su propia cara se veía también ruborizada después de que la chica dejara escapar su discurso. Estaba tan avergonzada por los hombres que la veían, que ni siquiera había pensado en Tayuya y la reacción de las criadas. Una humillación abrasadora corrió ahora a través de ella cuando pensó en la imagen indecorosa que debía de haber dado.
Al darse cuenta de que estaba siendo grosera, Hinata forzó una sonrisa y aceptó el alimento.
—Gracias, Tayuya. Fue muy atento de tu parte pensar en mí.
Tayuya sonrió ampliamente.
—Sé queyo me habría muerto si todos me hubieran visto cuando me arrastraban por el campamento tan desnuda como el día que nací. —sonrió de modo tranquilizador—. Sé que vuestros primos se metían con vos por eso, pero serás más feliz en Konoha. Naruto y lord y lady Namikaze nunca se burlarán de vuestro aspecto, como lo hacían vuestros primos. Los Namikaze son personas maravillosas y aceptan a todos, por grandes o feos que sean.
Tayuya parpadeó cuando oyó sus propias palabras, entonces dijo rápidamente.
—No es que seas fea. Solo quería decir que silo fueras, ellos… o no… — obviamente confusa y avergonzada por el lío que había formado con unas palabras que pretendían tranquilizar, Tayuya rió nerviosa y se giró rápidamente para abrir la solapa—. Debería regresar al fuego antes de que Lady Kushina se pregunte dónde estoy.
Se fue antes de que Hinata pudiera decir algo, aunque no estaba segura lo que habría dicho. Una parte de ella sentía como si otra vez debiese haber dado las gracias por la consideración de la chica, pero sus intentos de animarla solo habían conseguido que Hinata se sintiese todavía peor.
Suspirando con desánimo, se sentó en el camastro de pieles y contempló la carne que la muchacha había dejado. Era una pierna completa y olía deliciosamente, pero Hinata en verdad no tenía hambre. No es que la tuviera antes de la visita de Tayuya. Después de la paliza que su estómago había sufrido a lomos del caballo, la última cosa en la que estaba interesada era en la comida. Pero Hinata sabía que debía comer. Había sido un día largo en la silla y sin duda lo sería otra vez el día siguiente, y después de comprender que Naruto estaba preocupado por que no fuera la esposa fuerte y competente que había esperado, estaba determinada a mantener su fuerza.
Haciendo una mueca, Hinata tomó un poco de carne y dio un pequeño bocado, mordiéndose la lengua al hacerlo. Murmurando para sí, escupió la carne y frotó la lengua sobre el paladar, tratando de calmarla. No creía haberse mordido tan fuerte, pero sentía un hormigueo en la lengua. Sacudiendo la cabeza ante sus repentinas tendencias torpes, suspiró y se forzó a tomar otro bocado de carne, pero no encontró placer en ello. La lengua seguía hormigueando y el estómago comenzó a revolverse en el momento de dar el primer bocado. No estaba contento con la paliza que había recibido ese día, y se rebelaba totalmente ante su intento de poner algo en él.
Hinata renunció al alimento después de dar apenas un par de bocados y lo apartó, entonces se recostó en las pieles. Cerró sus ojos y trató de relajarse, esperando que el estómago se asentara si le daba la oportunidad, pero una vez que estuvo tranquila e inmóvil, no hubo nada para distraerla de las quejas de su cuerpo y Hinata simplemente fue más consciente del hormigueo de su lengua y de su estómago trastornado. También comenzó a sentirse un poco inquieta, como si hubiera hormigas corriendo a través de su piel expuesta.
Frunciendo el entrecejo, se frotó los brazos y la cara con las manos, luego se incorporó bruscamente cuando su estómago se rebeló completamente. Cubriendo su boca con una mano, Hinata se puso en pie y salió rápidamente de la tienda, precipitándose detrás de ella y cayéndose de rodillas justo a tiempo para expulsar lo que había comido. No hubo ninguna arcada, ni una advertencia, solo una expulsión violenta y repentina del alimento.
Haciendo esfuerzos por tomar aire una vez que estuvo calmada, Hinata se recostó en sus rodillas y presionó una mano en su estómago, poco dispuesta a levantarse hasta estar segura que sus penosa experiencia había terminado. Por suerte no había comido mucho, y por el momento parecía que su estómago se había calmado, contento de estar vacío otra vez. Parecía que no iba a comer esa noche.
Hinata pasó sus dedos despacio sobre su estómago, apretando suavemente y estremeciéndose ante el dolor que tenía debido al violento paseo. Una lengua magullada y un estómago dolorido, era un desastre. Los hados parecían confabularse contra ella en este momento.
Sacudiendo la cabeza ante sus propios pensamientos fantasiosos, Hinata se alzó cuidadosamente y esperó un momento para estar segura de que no enfermaría otra vez, entonces avanzó despacio hasta el frente de la tienda, deslizando su mirada sobre las personas alrededor del fuego mientras lo hacía. Nadie parecía haber advertido su repentina huida de la tienda. Ni advirtieron su espalda que se deslizaba dentro, menos mal. Lo último que necesitaba era que su marido supiera que había vomitado. Eso solamente reforzaría sus preocupaciones en cuanto a su vigor.
Ante la vista del alimento que descansaba al lado de la cama, hizo una mueca y el estómago retumbó amenazante, como si le advirtiera de lo que haría si trataba otra vez de comer. Hinata no tenía intención de hacer algo así, pero no quería que cuando su marido viniera a la cama viera que no había comido. Recogiendo la carne, retrocedió hasta la solapa de la tienda, se cercioró de que nadie miraba y entonces se deslizó detrás de la tienda y tiró el alimento en el bosque.
De vuelta otra vez dentro de la tienda de campaña, Hinata recogió la túnica desechada de Naruto. Natsu normalmente habría recogido cualquier ropa que estuviera tirada por ahí, pero Hinata supuso que no habría sabido qué hacer con el retazo de tela. Era de Naruto, y ya solo servía para poco más que trapos, aunque dudaba que su marido estuviera de acuerdo con eso, ya que era todo lo que tenía para ponerse. Él estaba ahora ahí fuera, sin ni siquiera eso para cubrirlo. No es que hubiera tenido mucha utilidad para mantenerle caliente, pensó mientras examinaba los agujeros en la prenda.
Dando la vuelta a la tela en sus manos, dirigió su mirada hacia el arcón que estaba contra una pared de la tienda. Allí había tela que su madre había enviado con ella, tela para hacer nuevos vestidos que sustituyeran a los dos que habían sido destruidos durante el día de su boda. Seguramente podría hacer ropa nueva para su nuevo marido. Él ciertamente la necesitaba, y sería algo que podría hacer para complacerlo.
Hinata dejó caer la túnica al final de la cama de piel y se movió hacia el arcón. Colocó la vela con cuidado en el suelo a su lado, abrió el arcón y miró dentro frunciendo el entrecejo. Había tres colores diferentes de tela, un rojo que era más profundo y encantador que el vestido rojo que había perdido en el fuego, una tela marfil y un azul bebé muy semejante a la tela que habían utilizado en su traje de novia. Hinata dejó caer la roja y la azul bebé, pero colocó la marfil aparte y recogió un vestido negro semejante al que llevaba puesto.
Hinata pasó la mirada del vestido a la tela marfil, mientras se formaba en su mente una imagen de su marido con calzas negras y una túnica blanca.
Una vez que la imagen tomó forma, no podía permitirle irse. Significaría arrancar las costuras del vestido negro, por supuesto, pero había abundancia de tela para hacer a Naruto un par de calzas con él. Además, ella ya tenía un vestido negro. ¿Quién necesitaba dos?
Con la decisión tomada, se movió a la cama para empezar el trabajo de rasgar las costuras del vestido negro.
Una vez que hubo quitado las puntadas, Hinata desplegó la tela de la falda en las pieles y comenzó a cortarla. Había cosido muchas ropas para su hermano y su padre. Así a ojo, su marido era más del tamaño de su hermano que de su padre, pero todavía mayor. Cortó en consecuencia y comenzó a coser, feliz de encontrar finalmente algo que hacer para complacer a su marido.
Hinata trabajó hasta que la vela comenzó a derramarse en su recipiente de madera en el arcón. Frunció el entrecejo, frotó sus ojos doloridos y miró hacia la vela justo antes de que se apagara. Debería haberse quedado en completa oscuridad, pero no era así. La luz grisácea se filtraba por la solapa abierta de la tienda.
Dejando a un lado las calzas inacabadas, se puso de pie, con un gemido bajo en su garganta cuando su cuerpo se quejó del movimiento después de estar sentada tanto tiempo en la misma posición. Frotándose la espalda dolorida, Hinata se movió hasta la solapa de la tienda y miró fuera, consternada al encontrarse mirando el pálido gris antes del amanecer. Había trabajado durante toda la noche.
Hinata apenas había admitido eso cuando se dio cuenta de que su marido no había ido a la cama para acostarse.
Mirando fuera, hacia el centro del campamento, echó un vistazo a las formas oscuras de los hombres durmientes, y supo que su marido era uno de ellos. Él había dormido fuera, en la tierra dura, antes de unirse a ella en su tienda.
Se tragó el nudo que se había formado de repente en su garganta, giró y observo las pieles en el rincón de la tienda. Supo que si intentaba dormir ahora, no solo lloraría hasta dormirse, sino que se sentiría peor cuando se despertara. Los demás se despertarían pronto, y el poco de sueño que lograría no sería suficiente. De hecho, sospechó que solo la haría sentirse peor.
Suspirando, se movió hacia el arcón. Hinata hizo a un lado la vela consumida y sacó una tira de lino y su vestido marrón del arcón, luego salió de la tienda. Se movió silenciosamente fuera del campamento, tras encontrar y seguir el camino al río con facilidad. El loco alboroto de Naruto por él la noche antes había dejado un rastro.
En la orilla del agua, Hinata se detuvo e inhaló profundamente mientras miraba alrededor. El aire era fresco, con los olores tempranos de la mañana, y el bosque comenzaba apenas a moverse. Era un momento tranquilo y pacífico. Sonriendo débilmente, se deslizó fuera de su vestido y avanzó en el agua.
El agua del río estaba fría, y Hinata fue rápida en su baño. Y más rápida todavía secándose y vistiéndose con el vestido marrón. Recogió el vestido negro con el que había dormido y empezó a recorrer el camino al campamento cuando vio una codorniz en la orilla del claro. Hinata se detuvo.
Imaginando el sorprendido placer de su marido cuando ella le presentara huevos frescos cocinados en los rescoldos del fuego de la noche, dejó caer su vestido negro y se movió detrás del pájaro, siguiéndolo mientras anadeaba a lo largo del sendero. No había ido lejos cuando divisó el nido justo a un lado del sendero. Sus labios se curvaron ante la vista de los huevos acomodados allí. Hinata espantó al pájaro, luego se dejó caer de rodillas para estar más cerca, ajena al hecho que su pelo se estaba enredando horriblemente en las ramas y su vestido se embarraba. Podría arreglar eso más tarde. Quería aquellos huevos para su marido.
Naruto rodó sobre su espalda, haciendo una mueca ante la rigidez en sus huesos. Él nunca había disfrutado durmiendo al aire libre en el suelo duro, pero anoche le había parecido el menor de dos males. Su mirada se deslizó a la tienda donde había esperado dormir y frunció el ceño. Después de pasar la tarde incapaz de dejar de recordar su cuerpo desnudo abrazado a él, la idea de unirse a su joven y bella esposa en su lecho de pieles había sido atrayente.
Demasiado atrayente. Naruto había podido imaginar fácilmente su cuerpo caliente, suave y desnudo, que se abrazaría a él en la oscuridad, sus nalgas que presionarían su miembro, sus pechos que descansarían contra el brazo con el que la envolvería. La simple idea lo había provocado, y el conocimiento de que no sería capaz de hacer ni una maldita cosa con esa excitación lo había mantenido lejos.
Naruto apartó la piel en la que se había envuelto y tiritó en el aire fresco de la mañana. Esto le recordó que todavía tenía el pecho desnudo. Incluso con los agujeros y el hedor de humo prendido a ella, su túnica arruinada le había prestado un poco de protección de los elementos. Pero no había deseado arriesgarse a entrar en la tienda de campaña para tomar la túnica, no con la memoria del pecho desnudo de Hinata todavía bailando en su cabeza.
¡Buen Dios! Naruto nunca se había considerado un hombre terriblemente lujurioso. Había tenido los impulsos usuales y, en el pasado, había tratado con ellos cuando habían surgido, pero nunca había sido alguien que se regodease en persecuciones carnales. Mas cuando la imagen de su esposa ardía en su cerebro, estaba tentado a regodearse. Quería recorrer con las manos y los labios cada parte de su cuerpo suave y redondeado y…
Matando ahí sus pensamientos, Naruto renunció a cualquier idea de traer su túnica hasta que hubiera tenido un chapuzón frío y agradable en el río. Un chapuzón frío, largo y agradable. Realmente largo.
Suspirando, Naruto caminó dando traspiés somnolientamente a través del campamento hacia al sendero que llevaba al río. Un chapuzón energizante era justo lo que necesitaba, se aseguró, y frotó con sueño su cara, tratando de despertarse mientras se movía a lo largo del sendero.
Naruto no estaba bien por la mañana. Por lo general necesitaba remojarse bien la cabeza para despertarse completamente.
Suprimiendo un bostezo con la mano, Naruto trató de planear su mañana. Necesitaba desaguar el dragón y darse un chapuzón en el río, luego comenzar a despertar los demás para ponerse en camino. Esperaba alcanzar hoy Suna para presentarse a su escudero nuevo. El chico era hijo de Gamabunta. El hombre se había acercado a él a hablar sobre el muchacho en cuando había oído que el último muchacho de Naruto se había perdido, pero no antes de saber que Naruto dejaba el sendero de la guerra.
Los ojos de Naruto dieron con un arbusto de bayas, y sus pies se ralentizaron cuando se acercó. Las bayas estaban repletas, maduras y jugosas, y sintió inmediatamente que se le hacía la boca agua de pensar en comerlas. Naruto era un hombre más de carne, pan y queso, pero su negativa a permitir que cualquiera le ayudara a comer significaba que hacía demasiado tiempo desde que había comido apropiadamente.
El ayuno no era tan malo. Lo había hecho antes, y realmente no le afectaba después de solo un día. Afortunadamente, era capaz de tener una copa entre sus dos manos vendadas y todavía era capaz de beber, pero estaba lo suficientemente hambriento como para que en ese momento las bayas le parecieran tan buenas como unas piernas de cordero asadas enteras y colgadas de las ramas.
Haciendo una pausa al lado del arbusto de bayas, Naruto miró hacia atrás por donde había venido. Nadie lo seguía por el sendero. Lamiéndose los labios, volvió su atención a la fruta, luego se arrodilló ante el arbusto y se inclinó hacia delante para agarrar una baya madura entre los labios.
Naruto la sacó del arbusto, casi gimiendo cuando la fruta entró en su boca, rociando su dulzor sobre la lengua y el paladar. Era un sabor del cielo, el néctar más excelente, y se estaba inclinando hacia delante para agarrar otra antes siquiera de haberse tragado esa. Naruto estuvo allí arrodillado durante bastante rato, engullendo las bayas una tras otra como una abeja que chupa el néctar de una flor… hasta que oyó un crujido en los arbustos a su derecha.
Deteniéndose, miró por el camino en esa dirección, mientras sus ojos se estrechaban. No había nada que ver, pero Naruto todavía podía oír que algo se estaba moviendo cerca de las zarzas, algo grande. ¿Alguna clase de animal? Se olvidó brevemente de las bayas mientras espiaba un pájaro entre las ramas. Su cuerpo regordete y marrón y el brillante colorido lo hizo reconocible como una codorniz antes de que se deslizara entre las zarzas y quedara fuera de su vista.
Todavía de rodillas, Naruto empezó a seguirlo con la idea de agarrar al animal para una comida que pudieran tomar más tarde, o quizá lo siguiera a su nido para ver si había huevos allí. Podría ser agradable despertar a su esposa con una comida caliente para que desayunara.
Se movió lenta y calladamente sobre sus rodillas, siguiendo el sonido de las ramas que se rompían. Cuándo divisó un destello de marrón a través de las ramas, juzgó que estaba lo suficientemente cerca para atrapar al pájaro y se lanzó hacia delante, con las manos vendadas extendidas en la esperanza de que podría capturarlo entre los trozos de tela. Cuando esto resultó, sin embargo, su objetivo era mucho mayor de lo que había esperado. Esto quedó claro cuando se cayó a través de las ramas que habían estado obstruyendo su vista. Para entonces era demasiado tarde, ya estaba aterrizando sobre la espalda y el trasero de alguien cubierto con una larga falda marrón de lana.
Naruto gruñó ante el impacto, mientras el cuerpo se desplomaba bajo su peso, con un sonido que casi ahogó el chillido sorprendido de la mujer sobre la que había aterrizado. Él rodó lejos de ella inmediatamente, y ella se apartó de él antes de girarse sobre su costado y quedársele mirando boquiabierta.
—¿Esposo?
Ella le miró fijamente con asombro.
—Esposa.
Naruto miró fijamente a Hinata con confusión, tratando de razonar lo que estaba haciendo allí. Entonces notó el pelo húmedo y sus ojos se entornaron.
—Estuviste nadando.
Hinata parpadeó, luego asintió lentamente con la cabeza.
—Sí. Me bañé en el río.
—Después de que casi te ahogas ayer, ¿pensaste que podías nadar esta mañana sola?
Naruto la fulminó con la mirada, furioso porque ella se hubiera arriesgado de esa manera cuando él casi la había perdido el día anterior. ¿Dónde estaba su sentido común? ¿Cómo había terminado casado con una mujer tan hermosa pero tan tonta? Ya era suficientemente malo que ella fuera débil, frágil e ignorante, pero qué descorazonador era encontrar también que era completamente insensata.
—Yo…
—Hinata —interrumpió él agudamente—. Te podrías haber ahogado de nuevo, y esta vez yo no habría estado allí para salvarte.
Se puso de pie en los arbustos, entonces miró hacia abajo, esperó hasta que ella agarró su muñeca y tiró de ella para ponerla en pie.
—Yo no me ahogué…
—No, y estoy agradecido por eso—interrumpió él otra vez—. Pero ya que Dios no consideró adecuado dotarte de un sentido común que igualara tu belleza, en el futuro no irás a ninguna parte ni harás nada sin pedirme permiso primero —ordenó él en tono grave.
Frunció el ceño aún más cuando notó el estado de la parte delantera de su vestido. La falda estaba cubierta por barro, pero la parte superior del vestido cubierta de una mezcla fangosa que era amarillenta en algunos puntos y clara en otros. Su cara y cuello también tenían ese fango brillante.
—¿Qué demonios tienes por toda la cara y el cuello y el frente de tu vestido?
—Huevos de codorniz —admitió ella con un suspiro—. Descubrí una codorniz cuando estaba a punto de volver del río y pensé que quizá te gustaría. Estaba recogiendo los huevos cuando saltaste sobre mí.
Parte de la cólera de Naruto se desvaneció con su explicación. Si era porque ella había tenido el mismo pensamiento que él y había deseado presentarle igual regalo sabroso, o porque él era responsable del desastre que ahora cubría su parte delantera, no podía decirlo, pero la mayor parte de su cólera se escapó en un largo suspiro y se tragó el resto cuando notó la expresión desalentada en su cara.
—Los huevos habrían sido agradables. Yo también pensé en ellos cuando vi la codorniz, por eso terminé lanzándome sobre ti. Ahora vamos —dijo él bruscamente, ofreciéndole la mano antes de recordar los muñones que eran en ese momento.
Hinata simplemente colocó la mano en el brazo e ignoró la mano.
Agradecido que no le diera una gran importancia a su discapacidad temporal, Naruto la dirigió hacia el sendero y luego hacia la orilla del río. Esperó pacientemente mientras ella entraba lentamente en el agua, luego recogía puñados de aluvión y pequeños guijarros y los utilizaba para limpiar el huevo de la cara, el cuello y el frente de su vestido. Naruto había esperado que se desvistiera y se bañara de nuevo, pero suponía que el vestido sería más difícil de limpiar si se dejaba que los huevos se secaran antes de lavarlo.
Su desilusión pronto dio paso al interés, sin embargo, cuando Naruto notó la manera en que el vestido húmedo se adhería a cada una de sus curvas. Se encontró moviéndose más cerca de la orilla del río mientras la miraba inclinarse y escurrir el agua, y entonces se dio cuenta de la forma en que esta caía como una cascada por la tela marrón que la envolvía como una segunda piel.
Naruto se encontró deseando que llevara el puesto vestido rojo que había lucido en la celebración de su boda. Ese vestido había sido de una tela sedosa, el color más brillante y más favorecedor que este marrón soso. No obstante no se quejaba. Marrón o roja, la tela se adhería amorosamente y a él le provocaba pensamientos de unirse a ella en el agua y quitarle la ropa, o recorrer con sus manos todos los lugares a los que ahora se adhería.
A pesar del espesor de la lana, Naruto estaba seguro que podría ver el contorno de sus pezones donde el agua los había hecho ponerse erectos. Quiso apartar la tela húmeda y reemplazarla con su boca. Quiso agarrar las protuberancias entre sus labios y dar golpecitos con su lengua … —¡Por la sangre de Cristo!
—¿Mi señor esposo?
Hinata se giró hacia él con sorpresa ante la maldición, y Naruto inmediatamente avanzó a trompicones para unirse a ella en el agua.
—¡Esposo! ¿Qué...?
—Me cayó algo de huevo a mí también —mintió Naruto bruscamente.
A decir verdad, sus pensamientos rebeldes habían alentado a una cierta parte de su anatomía a despertar y estirarse con interés. Naruto había echado un vistazo hacia abajo en medio de un pensamiento para encontrarse luciendo una erección… e incapaz de hacer nada con ello.
Apenas podía admitirlo ante ella, así es que Naruto se había sumergido en el agua hasta la cintura para esconder su estado lamentable y le había mentido sobre la razón para ello. Las buenas noticias eran que el agua fría había cuidado de la erección casi inmediatamente; las malas noticias eran que se le recordó urgentemente que originalmente se había dirigido aquí para aliviarse y no era más capaz de manejar la tarea de desabrochar sus pantalones de lo que lo había sido antes, y que le condenaran si pedía la ayuda de su esposa en el asunto.
—Venga, estamos bastante limpios —dijo él brevemente, luego giro y pisó fuerte fuera del agua.
Volvió la espalda y esperó con impaciencia mientras ella se cambiaba del ahora empapado vestido al negro que él había notado tirado en la tierra en la tierra cuando habían entrado.
En el momento en que Hinata terminó de vestirse, Naruto la apuró hacia el campamento. La dejó en su tienda y se alejó para encontrar a su padre y pedirle ayuda con su lavado. Era siempre una tarea vergonzante, y estuvo contento cuando terminó rápidamente. Naruto no podía esperar hasta que se pudiera quitar sus condenadas vendas, pero su madre había sugerido que pasarían al menos dos semanas antes de que estuviera lo suficientemente curado para ir sin ellas. Naruto ya sabía que esas dos semanas serían las más miserables de su vida.
Suspirando sobre ese triste hecho, condujo a su padre de vuelta al campamento y frunció el ceño cuando vio la tienda de campaña medio derrumbada y los dos hombres que se movían en los bosques detrás de ella. Naruto les llamó y avanzó para ver lo que pasaba.
—Una de las estacas de la tienda estaba clavada muy fuerte en la tierra. Voló de la mano de Sora, sobre su hombro, cuando logró sacarla —le dijeron a Naruto—. Ninguno de nosotros vio donde se fue, así es que tenemos que buscarla.
Naruto se agitó con irritación por la interrupción.
—Vuelvan a recoger la tienda. Buscaré la estaca.
Cuándo la mirada de hombre se desplazó indecisa a las manos vendadas de Naruto, él sintió que se le endurecía la boca.
—Llamaré cuando la vea y alguno de vosotros puede venir a cogerla. Recojan la tienda. Me puedes ayudar a mirar cuando hayan terminado.
Encogiéndose de hombros, los dos hombres volvieron a desmontar la tienda de campaña, y Naruto se giró hacia los bosques. No tenía ni idea de a qué distancia podría haber volado la estaca, o en que dirección, y no sería capaz de recoger la maldita cosa, pero tenía realmente ojos y esos, al menos, funcionaban.
Naruto había estado registrando el suelo del bosque durante varios minutos cuando casi tropezó con un zorro muerto. Miró hacia el pobre animal con compasión, entonces notó los centímetros de pierna de conejo roída que salían de su boca y se arrodilló para examinar la escena más de cerca. La pierna de conejo solo estaba levemente roída, dejando ver que la carne se había asado. Dado que dudaba que los zorros hubieran empezado a asar sus conejos, Naruto solo podía asumir que la pobre criatura enferma había tropezado con los restos de alguien y había dado un par de mordiscos antes de expirar, o que alguien estaba colocando deliberadamente carne envenenada para matar a las criaturas.
Un grito a su izquierda lo hizo levantar la cabeza. Uno de los hombres anunció que habían encontraron la estaca de la tienda. Aparentemente, los hombres habían terminado de desarmar la tienda y se le habían unido en el bosque. Ahora que la tienda estaba recogida y la estaca localizada, podían marcharse. Otro día de viaje significaba otro día más cerca de Suna y su nuevo escudero.
Olvidándose del zorro, Naruto se enderezó y había dado varios pasos cuando puso el pie en algo blando y casi perdió pie. Echando un vistazo, vio que alguien había estado enfermo en el bosque. Haciendo una mueca, arrastró su bota por la hierba para quitar la porquería mientras volvía rápidamente al campamento.
Naruto rezó cada paso del camino para que la forma en que había ido su mañana hasta ahora no fuera un presagio de las cosas por venir. Realmente esperaba que hoy fuera mejor que el día anterior, de hecho, mejor de lo que habían sido los dos días anteriores, pensó Naruto. Las cosas no habían ido bien desde que había llegado a Hyugaton. Supuso que la boda había ido bastante bien hasta que su novia se desmayó, pero desde entonces todo había sido solamente una calamidad después de la otra. Naruto comenzaba a pensar que estaba maldito.
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Continuará...
