Y de nuevo, no podía contenerme. Aquí otra locura. Corto, sin contexto demasiado obvio, pero existente.
Como pista, diré que me inspiré un poco en amor vendido y que el piso que ocupan es el mismo (?
Datos del fic:
Pareja: Naruhinasasusakunaruhinasasusaku. (Cuarteto)
Advertencias: ooc, Poliamor, Lime o proximidad a ello. AU.
Disclaimer: Naruto no me pertenece. Los derechos a su creador Kishimoto.
El cuarteto perfecto de la navidad
No importa a quien mi alma ame, no importa si es el momento de dar amor, os amaré incluso en la oscuridad.
—¿Crees que les gustará?
Sakura se detuvo para mirarla. Pequeña, con la bolsa con la compra pegada contra su pecho generoso y las mejillas enrojecidas. Se inclina, llegándole su perfume de lavanda, cosquilléandole la nariz. No puede evitar besarla.
Hinata, tan adorablemente dulce, corresponde, pero cuando se aparta la sorpresa se muestra en su rostro. Sakura le sonríe y la toma de la mano.
—Te aseguro que les encantará. Babearan. Yo he babeado.
Sí. Lo recordaba.
Sakura había tenido la loca idea de aprovechar que era navidad para comprar un regalo extra para Hinata. Y sabía cuánto le gustaba la ropa. Se habían recorrido varias tiendas en busca del vestido de invierno perfecto y al final, terminaron entrando a otras tiendas.
La idea llegó cuando vieron el maniquí con la ropa puesta. Sakura la había mirado, asentido y aunque Hinata quiso huir, logró convencerla, aferrándola de la cintura para evitar su huída.
—A los chicos los volverá locos —aseguró—. Somos tres contra una.
Aquello la había hecho rendirse completamente. Hinata se había probado la prenda y Sakura no había podido reprimirse a acompañarla al vestuario y comérsela ahí mismo.
Por supuesto, la prenda había terminado en aquel paquete que ella cargaba ahora contra su pecho.
Hinata le dio un suave apretón, algo más animada, mientras caminaban hacia el apartamento que compartían con dos hombres. Naruto Uzumaki y Sasuke Uchiha las esperaban sentados en el sofá, mirando cualquier cosa random en la televisión.
Sasuke tenía un brazo por encima de los hombros de Naruto y este tenía la mejilla marcada cuando levantó la cabeza para mirarlas al mantenerla apoyada contra su pecho.
—¿Qué tal ha ido? —cuestionó levantándose emocionado.
—Hasta esta noche no hay regalos —advirtió Sakura correspondiendo al beso que le dio antes de alejar los regalos de él—. ¡No seas travieso, Naruto!
Naruto intentó birlar un regalo a Hinata, engañándola con uno de esos besos que la desarmaban. Por suerte, Sakura atrapó la bolsa antes de que tuviera tiempo de hacerlo. Hinata lo regañó con una palmada cariñosa en el pecho, antes de que Sasuke, quien se había acercado a ellos silenciosamente, se inclinase también para besarla, haciendo lo propio después con ella misma.
—Odio la espera —protestó Naruto apoyándose contra el sofá con la cadera—. No me gusta.
—Pues tendrás que hacerlo, porque esta te gustará mucho —aseguró—. ¿A que sí, Hinata?
La susodicha asintió.
—Eso espero —balbuceó al encontrarse con la mirada de Sasuke—. A todos.
Sakura les guiñó un ojo y se afanó en esconderlo todo de forma que Naruto no lograse encontrarlo.
Se fijó en la fotografía que adornaba el dormitorio en la pared. Salían los cuatro abrazados de cualquier forma, con sus brazos enredados y sus caras pegadas. El cuadro estaba sobre la cama de matrimonio, grande y lo suficiente ancha como para cuatro personas, aunque a veces estaban algo apretados, si tenían en cuenta lo grandes que eran Naruto y Sasuke.
Se fijó en los peluches, en las cajas llenas de regalos que adornaban la única estantería de la habitación y en el gran armario donde su ropa se mezclaba. Al fin y al cabo, ellas eran expertas en robarle las ropas a los chicos, más cómodas que las suyas mismas y más reconfortantes gracias a su aroma.
Hinata amaba ponerse las llamativas de Naruto y a ella le gustaban más las oscuras de Sasuke, aunque no era raro que también intercambiaran el momento.
No pudo evitar sonreír. Aquel lugar, tan pequeño y grande a la vez, era su pedacito de cielo, con la gente que más amaba.
Si años atrás, cuando era adolescente perdida del mundo alguien le hubiera leído la mano y prometido que iba a amar a tres personas a la vez, no se lo habría creído. Pero ahí estaba. Amaba a Hinata Hyûga, Sasuke Uchiha y Naruto Uzumaki.
Primero conoció a Hinata, quien a su vez ya conocía a Sasuke y después, conocieron a Naruto por un amigo de Sasuke, Shikamaru Nara. ¿Cómo empezó la cosa? No estaba segura. Cuando se quiso dar cuenta tenía sentimientos confusos por todos ellos.
Hinata le aceleraba el corazón con su ternura, con su bondad y con la pasión que podía llegar a despertar cuando estaba cómoda y segura. Naruto la llevaba a puntos excitantes y sacaba lo mejor de su energía. Sasuke le recordaba la oscuridad y la morbosidad oculta tras todo cuando la besaba o tocaba.
Y lo mismo les sucedía a los demás.
Llegaron a un punto en que no podían estar separados, en que tocarse era necesario y por eso, terminaron en donde vivían ahora, juntos, como en una lata de sardina perfecta.
Llevaban ya tres años.
Por supuesto, no todo era un camino de rosas. Hubo muchas disputas, muchas lágrimas y separaciones. Hinata lloró tanto que todavía le dolía el corazón de recordarlo. Naruto y Sasuke llegaron a las manos antes que a los besos. Y finalmente, algo cuadró para que de ser un solo ser, fueran cuatro.
Era el cuarteto perfecto, como le gustaba a Hinata apodarlo.
—¡Sakura, la cena está lista!
La voz de Hinata la regresó a la realidad. No se había dado cuenta de cuánto tiempo llevaba encerrada en la habitación, con los recuerdos danzando en su mente durante ese tiempo.
—¡Voy! —exclamó.
Empezaba a quitarse la camiseta para ponerse algo más cómodo cuando Naruto entró. Se quedó mirándola por un instante hasta que se acercó. Superándola en altura al igual que Sasuke, se inclinó para besarle la espalda, huesuda, perfilando su columna hasta su cuello.
—Vamos a cenar —le dijo entre beso y beso—, Hinata ha hecho todos nuestros platos preferidos, ttebayo.
—¿Estás de broma? —exclamó sorprendida y volviéndose hacia él. Sus ojos fueron directamente a sus pequeños senos y cuando se lamió los labios, supo que estaba poniéndoselo muy difícil—. He estado demasiado tiempo aquí dentro pensando.
—Sí —reconoció él roncamente—. Aquí hay una marca que cuando os fuisteis no estaba.
Naruto pasó el índice por encima de uno de sus senos, mirándola fijamente.
—Sí, ha sido cosa de Hinata —confesó mirando el lugar, parpadeando al notar su caricia—. Se me fue de las manos en una tienda y hemos tenido sexo allí.
Naruto gruñó roncamente y dio un paso atrás.
—¡Joder, la próxima vez os acompañaré! O me llevaré a Sasuke —añadió sonriendo pícaramente.
Sakura quería ver eso.
Terminó de vestirse mientras él esperaba y se unieron a Hinata y Sasuke, quienes estaban besándose en la cocina. Al verles, Naruto sonrió y se acercó a ellos.
—¿Falta algo? —preguntó ella mirando la mesa.
—Nosotros —respondió Sasuke pasando por su lado cargando la cesta del pan.
Sakura le dio una palmada en la espalda para seguirle, acariciándole en el transcurso antes de sentarse.
Cuando Hinata y Naruto se unieron a ellos, la chica se abanicaba, acalorada.
—Es la tercera navidad que pasamos juntos —dijo tras carraspear y recuperar el aliento.
Sakura asintió y la miró, sonriente.
—Sí —confirmó Sasuke a su vez que Naruto.
—¿No quieres más? —cuestionó Naruto después, tomándole la mano para besársela.
Hinata asintió, ruborizada.
—Muchas.
Naruto esbozó una sonrisa amplia. Ella le besó la mejilla al estar más cerca y hasta le ofreció comida que, con gusto, Hinata probó.
—Ahora que pienso —recordó Hinata repentinamente—. Ahora en diciembre se acerca vuestro aniversario.
Naruto casi dejó caer el tenedor, mirando a Sasuke, quien enarcó una ceja, como si intentara recordar algo que se le escapaba. Sakura miró por encima de su hombro hacia el calendario.
—Cierto —confirmó.
—Oh, mierda —masculló Naruto.
—Te habías olvidado —gruñó Sasuke mirándole y echándose hacia atrás para cruzarse de brazos.
Naruto levantó las manos para negar.
—No, que va. Ni hablar —mintió claramente.
Hinata y ella tiraron de la mesa hacia ellas para darles espacio antes de que la comida terminara por los suelos si empezaban una pelea.
—Quizás no debí de preguntar —susurró Hinata mordisqueándose los labios.
Sakura miró el reloj.
—Quizás deberíamos de adelantar "eso" —propuso.
Hinata se ruborizó, preguntándose si era correcto. Ya habían terminado casi la cena y seguramente se dedicarían más a picar y beber que otra cosa. Por supuesto, Naruto y Sasuke estaban más enfrascados en su disputa, así que tras que asintiera, ambas se marcharon para prepararse.
Un rato después, las voces de los chicos las alertaron cuando preguntaron por ellas. Sakura asomó la cabeza por la puerta, cubriendo su cuerpo.
Sasuke estaba en la puerta, mirándola fíjamente.
—¿Qué estás tramando, Sakura? —cuestionó.
Ella se lamió los labios. Sasuke no era como Naruto, que enseguida podría distraerlo.
—Sólo espera en el salón con Naruto, anda —suplicó uniendo las manos.
Sasuke se inclinó más hacia ella, apoyando una mano en el linde de la puerta. Sakura tuvo que levantar más la cara para poder mirarle. Se lamió los labios.
Sabía que él podía empujar la puerta fácilmente y descubrir el pastel, pero rezaba porque por una vez fuera paciente.
Cuando se inclinó hacia ella para besarla, Sakura casi voló, con el corazón latiéndole en el pecho. Eran tantas las veces que él le había tomado el pelo de ese modo.
Sin embargo, se retiró junto a Naruto en silencio.
Cuando cerró, Hinata estaba escondida tras la cama, mirándola preocupada.
—Se fue —garantizó—. Aunque con Sasuke ya sabes que no puedes fiarte. Si hubiera sido un ninja, sería uno de los mejores, seguro.
—Estoy segura de que sí —confirmó Hinata saliendo de detrás de la cama—. ¿Crees que no debía de preguntar lo de su aniversario?
—No, al contrario. Ninguno de los dos lo recordaba —explicó—. Por eso se enfadan y discuten.
—Porque se niega a aceptar que han cometido tal error —añadió Hinata sonriéndole.
Les conocía tan bien como ellas se conocían. Sakura se acercó y echó hacia atrás su cabello para despejar sus hombros. La suave piel tan perfecta que poseía era encantadoramente tentadora.
—Estás hermosa, Hinata —susurró.
—Tú también —correspondió sonrojada—. Te queda muy… bien.
Notó su mirada, deseosa. ¿Qué regla decía que las tímidas no podían sentir deseo sexual?
—Seguro que ambos logran arreglar el tema de su aniversario, no tienes que preocuparte. Y esta noche, es navidad, tenemos que disfrutarla.
Hinata asintió y ella desvió la mirada hacia el otro calendario que colgaba de la pared. Debido a que Naruto era algo desordenado con las fechas, habían colgado calendarios con apuntes en las dos habitaciones que solían ocupar más.
Ellos, Sasuke y Naruto, celebraban su aniversario en enero, cuando ambos reafirmaron su relación y comenzaron a salir. Naruto y Hinata en abril. Hinata y Sasuke en mayo. Ella con Naruto en noviembre, con Sasuke en diciembre y con Hinata, en junio. Y, los cuatro juntos, en Agosto.
Mucha gente no lo entendía y hasta los tachaba de raros. A ellos no les importaba. No necesitaban que los demás lo comprendieran.
—¿Sakura?
Hinata posó una de sus manos sobre su mejilla y la devolvió al presente. Le sonrió y besó los dedos, para después ir juntas hacia el exterior.
Escuchaban a Naruto hablar de algo a lo que Sasuke de vez en cuando añadía alguna frase corta. Apagaron las luces y ambos enfocaron primero el techo para ver la lámpara, luego hacia la calle para asegurarse de que era un problema de su luz, pero cuando vieron el árbol de navidad encenderse, enfocaron mejor hacia las dos sombras que eran ellas mismas.
—¡Feliz navidad!
Naruto encendió de nuevo las luces y su boca se abrió tanto que estaba segura de que su quijada había crujido. Sasuke, se sentó, apoyando los codos sobre sus rodillas y con su mano, se acariciaba el mentón, mirándolas alternadamente con ojos brillantes.
Hinata se acurrucó junto a ella, sonrojándose.
Sakura se volvió para pegar su cuerpo al suyo. Sintió las zonas calientes donde su piel se encontraban. Las pronunciadas cumbres de ella contra las suyas, sus curvas, su aroma.
Aquello era una invitación clara.
Pero ellos parecían querer admirar aún más ambos trajes.
Hinata y ella llevaban el mismo excepto en la parte inferior. Era una burlesca forma sexual de una mamá Noel. Con corset apretado en sus bustos, una falda muy corta rodeando sus caderas y mientras que Hinata tenía un pantaloncillo corto, Sakura sólo llevaba un tanga que se aferraba a las medias por cinchas.
Naruto se alejó del interruptor para sentarse junto a Sasuke, aferrándole de la rodilla.
—¿Tu ves lo mismo? —cuestionó.
Sasuke asintió lentamente. Pudieron ver la forma en que su nuez se movía cuando tragaba.
—¿Os gusta? —preguntó divertida.
Hinata tragó también, nerviosa. Estaba poniéndose como un tomate maduro.
—Gustar es poco —aseguró Naruto acomodándose la entrepierna.
Hinata se cubrió el rostro, azorada.
Las campanas resonaban en la calle cuando ambos decidieron que era suficiente espera. Se engancharon a sus hombros y ellos las dejaron entre sí para intentar abrazarse grupalmente.
—Feliz navidad —dijeron a la vez.
Antes de que sus bocas estuvieran ocupadas en otra cosa. Antes de que su sala, tan perfectamente decorada con los adornos de navidad, fuera mancillada por sonidos húmedos, risas, gemidos y nombres disparejos.
Más tarde, desnudo, Sasuke les entregaría a cada uno, estirados sobre las alfombras y una manta cubriéndoles mientras veían nevar, una copa de champán a cada uno, antes de acurrucarse contra Hinata.
Brindaron en silencio, contemplando los cristales, disfrutando del calor del cuerpo del otro, con partes propias enlazadas.
Naruto metió la mano libre por debajo del sofá, sacándo dos cajas envueltas en papel rosado y lila. Le entregó uno a cada una.
—Vuestro regalo de navidad. Aunque no se compara al vuestro —reconoció con un deje pícaro.
Sakura le dio un codazo en broma antes de abrir su regalo.
Hinata recibió una pulsera enlazada con cuatro cadenas y con la inicial de cada uno en ellas. Y Sakura, un anillo con la misma semejanza.
—¿Qué le has regalado a Sasuke? —curioseó Hinata mientras dejaba que Sasuke le pusiera la pulsera.
—Una muñequera de las que quería —respondió Naruto—. Y él unas entradas para el próximo partido de los Konoha H.
Hinata la miró asustada.
—Empiezo a pensar que el nuestro ha sido más… ¿tonto? No ha sido nada que perdure.
—¿Estás de broma? —cuestionó Naruto—. No olvidaré esa imagen en mi vida.
—Tampoco —añadió Sasuke besándole los cabellos.
Hinata se acurrucó contra su hombro, sonrojada y feliz. Sakura hizo lo mismo sobre Naruto.
—Chicos, creo que os quiero todavía más.
Los demás se rieron. No de ella, sino con ella. Que era algo muy distinto.
Quizás fuera la navidad, la magia de quererse de un modo más intenso. Pero Sakura estaba segura de que cada vez que abriera los ojos cada mañana y viera el rostro de uno de ellos, los amaría más y más.
Eran sus tesoros, los hombres y la mujer que jamás hubiera encontrado de ir por individual. Lo que demostraba que a veces, el amor y la pasión podían estar donde no nos atrevemos a mirar.
¡Fin!
12 de mayo del 2020
El año de la pandemia.
¡Gracias por leer!
