Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
«NUEVE»
Hinata habló durante toda la última hora del trayecto de ese día. Como el día anterior, había tomado su lugar delante de su esposo en la montura y había tomado las riendas de forma que él pudiera seguir «enseñándola cómo se debía montar a caballo». Naruto no había pensado que ella necesitara más instrucción, pero Hinata había insistido en que estaba bastante preocupada por el manejo de su propio caballo, y él se había ablandado y había consentido en seguir con las lecciones otro día más.
Por desgracia, aproximadamente a la media hora de haber empezado el viaje, su sesión de costura, que había durado toda la noche, combinada con el rítmico balanceo del caballo, habían conspirado para arrullarla hasta dormirse. Naruto, por lo visto, había tomado las riendas de sus manos flojas, de alguna manera se las había arreglado para moverla hasta acomodarla contra su pecho sin despertarla y la había dejado dormir.
Ella había despertado bien entrada la tarde, consternada al comprender que había dormido durante tanto tiempo. Determinada a permanecer despierta el resto del día, Hinata había comenzado a charlar, diciendo cualquier cosa que le venía a la cabeza. Había logrado mantenerse despierta… pero entonces, solo una hora más tarde, Naruto había decidido detener los caballos para pasar la noche.
Mientras Hinata estaba molesta porque su marido sin duda vería su siesta como otro signo de su debilidad, ella lo veía como un fracaso de proporciones monumentales. Su trabajo como esposa era proteger y alimentar a su marido. Y ella había fallado dejándole tomar las riendas mientras se dormía. Hinata solo podía esperar que esto no hubiera dañado más sus manos. Juró dejar la costura temprano y dormir esa noche, de manera que tuviera los ojos mas despejados y estuviera en condiciones de manejar su caballo por la mañana.
Hinata temía que sería una tarea complicada. Después de haber dormido durante todo el día, ahora estaba completamente despierta e impaciente por hacer algo. Lamentablemente, su marido tenía otras ideas.
Hinata observó infelizmente mientras los demás trajinaban, levantando el campamento. Ella había querido ayudar, pero Naruto le había ordenado que se sentara y le había dicho que no toleraría ninguna discusión. No le había importado al principio, mientras lady Kushina se sentó a su lado, pero una vez que las tiendas de campaña estuvieron alzadas, su nueva suegra había desaparecido dentro de su propia tienda para ayudar a arreglar el interior. Cuando Hinata había tratado de hacer lo mismo, Naruto había repetido de nuevo la orden de que se sentara y había enviado a Natsu para que se encargara de esos menesteres.
Como si sus pensamientos le hubieran convocado, de repente su marido apareció ante ella. Hinata logró sonreír a modo de saludo.
—Tu criada ha puesto la tienda en orden —anunció él—. Quiero que descanses hasta que la comida esté hecha.
—Pero…
—Ahora —insistió Naruto.
Hinata vaciló un momento, luego emitió un suspiro y se puso en pie. Al haber dormido durante la comida que los demás habían tomado sobre la silla al mediodía, estaba hambrienta. También tenía que aliviarse, pero su marido no parecía estar de humor para escuchar ningún comentario. Tras decidir que podía esperar para ambas cosas, Hinata recorrió el trayecto hacia su tienda.
—Le he hecho la cama por si desea descansar, mi señora —la recibió Natsu cuando entró en la tienda.
—Dormí todo el día, Natsu. No estoy cansada —dijo Hinata con sequedad.
—Sí. Sé que durmió durante todo día. Lord Naruto estaba muy preocupado por usted. ¿Se encuentra bien, mi señora?
—Estoy bien, solo fue que me quedé toda la noche cosiendo. No tenía esa intención —añadió cuando Natsu la miró sorprendida—. Tenía la intención de dejarlo a un lado cuando mi marido se retirara, pero él no vino a la cama, y lo siguiente que supe es que ya era el alba.
—Bueno… —La muchacha pareció algo confundida, entonces agregó—: Estoy segura de que estará contento cuando vea la ropa nueva.
—Sí.
Hinata se animó ligeramente ante ese pensamiento. ¿Seguramente él apreciaría tener ropa en condiciones? Y el entregársela le daría la oportunidad de explicarle su agotamiento y quizá persuadirle de que no era tan frágil como pensaba. La idea le hizo decidirse a seguir trabajando en la ropa enseguida, y se movió hacia el arcón para desenterrar el proyecto.
—Dormiste durante el día y se perdió el queso y el pan que lady Kushina pasó para todos al mediodía, mientras montábamos a caballo. Estoy segura de que ha quedado algo. ¿Le traigo algo para comer?
—Sí, por favor, Natsu. Lo agradecería —murmuro Hinata.
Cerró el arcón y se movió hacia la cama con las calzas que había comenzado la noche anterior. Los tendría acabados en una hora o poco más, pensó, luego podría al menos comenzar la túnica antes de dormir. Haciendo un cálculo aproximado, podría tener ambas cosas en una noche o dos.
Hinata estaba trabajando diligentemente cuando Natsu regresó. La criada había logrado encontrar queso, pan y manzanas. Puso todo al lado de Hinata y le preguntó sobre las mercancías que transportaban en el carro, luego le preguntó si podía ir a ayudar a la criada de su suegra o a algún otro. Oyéndola solo a medias, Hinata asintió con la cabeza y la despidió, luego siguió trabajando, haciendo una pausa cada pocos minutos para tomar un bocado de la comida que la muchacha le había traído. Todavía estaba trabajando cuando Tayuya llegó unas horas más tarde, portando una copa con guisado.
—¿Guisado? —pregunto Hinata con cierta sorpresa cuando aceptó la copa.
—Tía Mei usó la gran olla negra que vuestra madre envió con vos de Hyugaton. —Parecía indecisa—. Le pidió a Natsu que le preguntara si era apropiado.
—Oh, sí —murmuro Hinata, recordando que la criada había estado parloteando cuando le había llevado antes la comida.
—La tía Mei pensó que sería más fácil para Naruto comer si pudiera beberlo de una copa.
Hinata asintió con la cabeza despacio, deseando haber tenido ella esa idea. No se le había ocurrido preguntarse cómo se las arreglaba Naruto para comer. Era la esposa más desconsiderada que existía
—Se suponía que Natsu le había preguntado si también se podían tomar prestadas las copas —dijo Tayuya cuando Hinata guardó silencio durante bastante tiempo. Ella inmediatamente asintió.
—Por supuesto, está bien. —Su madre le había enviado seis copas. Todas habían sido especialmente hechas con sus iniciales y las de Naruto. Sin embargo, el grupo estaba formado por bastante más de seis personas—. ¿Cómo comen todos los demás?
—Los hombres comen conejo asado otra vez. La tía Mei solo hizo suficiente guisado para la familia, porque no había bastantes copas para todos — explico Tayuya—. De todos modos, Naruto sugirió que le trajera algo a usted para que no tuviera que preocuparse por salir de la tienda y pudiera seguir descansando. Hoy estaba muy cansada.
—No dormí mucho anoche —dijo Hinata vagamente, como respuesta a la pregunta que había en el rostro de la muchacha.
—¿Estará bien para viajar mañana? —inquirió Tayuya—. Solo lo pregunto porque Naruto se preocupa porque este enfermando y...
—Estaré bien. Estoy bien. Solo fue que no dormí mucho anoche, así es que hoy estaba cansada. Dormiré esta noche.
Tayuya no parecía creerle, pero asintió cortésmente y dirigió una mirada curiosa a la tela negra de su regazo —¿Qué cose?
Hinata echó un vistazo hacia abajo y sonrió.
—Pensé en hacer unas calzas y una túnica para Naruto. Las suyas están en muy mal estado gracias al fuego. Por eso es por lo que estaba tan cansada hoy. Mi estómago estaba algo revuelto y no podía dormir, así es que comencé con esto. Lo siguiente que supe fue que ya era de mañana —explicó y sostuvo las calzas en alto para que pudiera verlas—. ¿Crees que le gustarán?
—Oh. —Los ojos de Tayuya se abrieron por la sorpresa y se aproximó para tocar la tela—. Le encantarán.
Hinata sonrió con alivio y las volvió a dejar sobre su regazo.
—Espero tenerlas listas en una noche o dos.
—Bien, pero no se quede ciega trabajando en ellas. Debería tener otra vela aquí.
Hinata echó un vistazo hacia la vela que estaba en el arcón. Tenía el vago recuerdo de que Natsu había entrado en algún momento y había colocado allí la vela encendida, pero no estaba segura de cuándo había sido.
—Con una estará bien —dijo Hinata, sonriendo ante la preocupación de la muchacha.
—Vale, pero al menos póngala un poco más cerca de modo que no tenga que forzar los ojos. —Tayuya se movió para recoger la vela mientras hablaba y la puso en el suelo al lado de las pieles—. Ahí... eso es mejor. Bueno… —Se alzó y dirigió una sonrisa a Hinata—. Debería ir a comer mi guisado. Volveré cuando haya terminado y me llevaré vuestra copa para limpiarla con la mía —anunció, luego añadió firmemente—: Y espero que coma hasta la última gota.
Hinata miro a la muchacha escabullirse de la tienda, con una pequeña sonrisa jugueteando en sus labios. A pesar de sus ocasionales meteduras de pata verbales, Tayuya parecía ser una joven encantadora, y apreciaba sus esfuerzos por ofrecerla su amistad. La mirada de Hinata cayó en el guisado y lo olfateó. Olía delicioso, pero en realidad no tenía hambre después de lo que Natsu le había traído. No deseaba ofender a su suegra, o herir los sentimientos de Tayuya, si al menos no parecía que hubiera comido cuando la muchacha volviera por la copa.
La mirada de Hinata se deslizó a la ranura de la tienda. No se había cerrado del todo, y pudo ver a la gente congregada alrededor del fuego en el centro del campamento. Puso a un lado su costura, recogió la copa y se puso en pie. Naruto no se había acercado nunca a ella para atender asuntos personales, y aunque sabía que él había insistido en que debía pedirle permiso antes de ir a ningún sitio sola, seguramente no incluía los asuntos de carácter íntimo, como encontrar algún práctico arbusto. Sería ciertamente embarazoso acercarse a él al lado del fuego y solicitar una escolta para ir a los bosques.
Hinata recordó el día anterior, y cuán incómodo había sido tenerlo solo a unos pasos de distancia, al alcance del oído, cuando había regado los arbustos. No, decidió, no podía haber pensado en incluir este menester en sus órdenes. Además, lo que no supiera no le haría daño, y seguramente podría ingeniárselas para regresar sin ningún percance.
Convenciéndose, Hinata tomó la copa del guisado con ella, se deslizó fuera de la tienda y la rodeó rápidamente hasta ir detrás. Estaba oscuro, lejos del fuego del campamento, y no tenía ninguna pista de dónde estaría el sendero hasta el río, ya que su marido no había considerado adecuado el llevarla allí, pero se dirigió hacia los bosques, abriéndose camino a través de las ramas que la arañaban hasta que pensó que ya estaba a una distancia suficiente de la tienda. Entonces volcó la copa y la sacudió bien para asegurarse que caía todo el guisado, luego depositó la copa en el suelo mientras atendía sus necesidades.
Hinata agarró el dobladillo de su falda por ambos lados y lo levantó sobre sus caderas mientras se ponía en cuclillas entre los arbustos, entonces emitió un pequeño grito asustado de dolor y se enderezó rápidamente, llevándose una mano para frotar sus posaderas. Ortigas urticantes, solo ella podía agacharse sobre un matojo de ellas.
Haciendo una mueca, se movió a varios centímetros de donde había estado, tanteando con cautela a su alrededor con la mano para asegurarse de que no había más ortigas por allí, entonces repitió el procedimiento. Esta vez llevó a cabo la tarea sin incidentes.
Aliviada de tener el asunto atendido, emprendió el viaje de regreso hacia la tienda, y entonces hizo una pausa. Había olvidado la copa. Observando la oscuridad que la rodeaba, Hinata consideró el regresar por ella por la mañana, pero temió no saber exactamente dónde mirar. Y además, Tayuya iba a volver por ella para limpiarla. ¿Cómo podría explicar la pérdida de la copa? La muchacha sabría que no se había comido el guisado, y heriría sus sentimientos.
Lanzando un suspiro resignado, Hinata se movió hacia donde pensó que se había parado al principio, y se arrodilló para buscarla a tientas alrededor. Por supuesto, encontró primero el guisado. Refunfuñando por lo bajo, se limpió la mano en la hierba, luego continuó buscando y esta vez encontró las ortigas.
Vaya por Dios, esta no era su noche, pensó Hinata con exasperación, frotándose las puntas de los dedos heridos con la otra mano, y entonces lo intentó una vez más. Por suerte encontró la copa sin ningún otro incidente y se levantó con alivio.
¿Ves?, no fue tan malo, se decía en silencio mientras se abría paso de regreso hacia la tienda, pero ni siquiera ella misma se lo creía. Hinata hizo una pausa detrás de la tienda y echó primero una ojeada alrededor para asegurarse de que nadie la miraba, luego se dirigió rápidamente hacia la abertura y se introdujo dentro con un suspiro de alivio.
Puso la copa en el suelo, sobre las pieles, recogió su costura y se estremeció ante los pinchazos que sintió en sus irritados dedos. Cambió la costura a su otra mano. En el momento en que apoyó peso sobre su trasero, recordó que sus dedos no eran la única zona de su cuerpo que había entrado en contacto con las ortigas.
Jadeando, Hinata se puso sobre sus rodillas, luego dejó caer la costura y levantó la parte posterior de su falda en un esfuerzo por ver el daño que las ortigas le habían hecho. Por supuesto, sin importar cuánto se retorció y se dobló, no pudo ver mucho. Sin embargo, cuando pasó su mano ilesa sobre el área, pudo sentir los verdugones.
Hinata dejó caer la falda en su lugar con un suspiro desalentado. Parecía que su marido iba a tener razón sobre el vagabundear sola. La parte de atrás le picaba por agacharse sobre unas ortigas, también los dedos de su mano derecha y por lo visto se había arrodillado sobre el guisado. Arrancó un trozo de carne que estaba adherido en su vestido a la altura de la rodilla.
Hinata dejó caer la carne en la copa, apartó la costura y se tumbó de costado. Pasaría por lo menos una hora antes de que los verdugones desaparecieran. Y coser era inadmisible por el momento.
Supuso que era para bien. De todos modos, había estado decidida a dormir esa noche. Solo conseguiría algo más de sueño de lo que había esperado, se dijo Hinata a sí misma. Aun así, estaba bastante deprimida por su propia ineptitud.
—¿ Y bien? —preguntó Naruto a Tayuya en el momento que volvió de la tienda.
—Está dormida —dijo la muchacha disculpándose—. No estaba segura, ¿voy a despertarla o…?
—No —dijo Naruto con un suspiro.
Había pedido a Tayuya que invitara a Hinata a unirse a ellos si se sentía mejor, pero parecía que no iba a suceder. Sacudió su cabeza y movió un tronco hacia el fuego con la punta de su bota.
—¿Comió algo? —escuchó cómo preguntaba su madre y echó un vistazo cuando Tayuya sostuvo la copa que había traído de allí.
—Sí, todo excepto un trocito de carne.
—Bien, estoy segura que solo está un poco cansada por el viaje —dijo su madre.
Naruto gruño.
—Durmió durante todo el trayecto de hoy, y ahora esta durmiendo otra vez —indicó con un tono grave—. Creo que está enferma.
—Estoy segura de que está bien, Naruto —insistió su madre, pero a él no le engañaba.
Podía ver la preocupación en su cara. Aun así, dejó a un lado este tema, al menos aparentemente. Naruto no podía menos que pensar que tenía a la más frágil de las esposas, y tendría que tener un cuidado especial con ella hasta estar seguro de conseguir llegar a su casa sin peligro. Una vez allí, fuera de los rigores del viajar, quizá ella lo haría mejor.
Debían alcanzar Myoboku Ville mañana por la tarde, donde podría recoger a su nuevo escudero. Solo quedaba dos días de viaje más después de eso. Realmente solo eran dos días de viaje de Hyugaton hasta la casa de la familia de él, pero la necesidad de recoger a su escudero los había apartado de su camino. Había sugerido que su madre y su padre siguieran a casa con la mayor parte de los hombres, dejando solo una pequeña escolta para él y Hinata, pero su madre no había querido ni oír hablar de ello. Quería estar cerca de él para cambiar las vendas y asegurarse de que no se hacía más daño.
Su mirada se deslizó hacia la tienda, y decidió que mantendría a Hinata en su caballo con él durante el resto del viaje. De ese modo, ella podría descansar y conservar todas las fuerza que tuviera.
El canto de los pájaros hizo que Hinata se enderezase de su costura y echara un vistazo hacia la ranura de la tienda para observar cómo rompía el alba. Había vuelto a trabajar durante toda la noche.
Su siesta después del encuentro con las ortigas había sido corta, pero lo suficiente para que su trasero se recuperara. Se había encontrado que, después de dormir todo el día, no estaba cansada. Hinata había tomado su costura, diciéndose a sí misma que solo trabajaría un poco, luego dormiría. Por supuesto no lo hizo. La costura había ido tan bien que había seguido trabajando de nuevo durante toda la noche.
Sabía que lo lamentaría más tarde, a lo largo del día, pero, por el momento, Hinata estaba terriblemente contenta consigo misma. Había terminado las calzas y había empezado con la túnica. Otra noche más y la podría tener hecha.
Al imaginar el placer de su marido cuando se las presentara, Hinata enderezó su espalda, que había estado encorvada mientras trabajaba, y luego se puso despacio y dolorosamente en pie. Debería haberse movido un poco para impedir la rigidez, pero no había pensado en eso hasta entonces. Ahora tenía que pagar el precio por estar sentada en la misma posición durante horas.
Dobló la túnica inacabada con esmero y la guardó en el arcón con las calzas, diciéndose a sí misma que no debía tener en cuenta que su marido una vez más no se hubiera unido a ella en la tienda. Hinata no era una mentirosa muy convincente, ni siquiera ante ella misma.
La vida de casada parecía ser mucho más solitaria de lo que había imaginado que sería. O quizá solo ocurría en su matrimonio.
Suspirando, se movió hacia la ranura de la tienda para mirar detenidamente y con añoranza. Ahora que estaba levantada, Hinata fue consciente de la necesidad, bastante urgente, de aliviarse otra vez. Lamentablemente, ninguno de los cuerpos que estaban alrededor del fuego se movía o mostraba cualquier signo de despertar.
Echando un vistazo hacia los bosques circundantes, Hinata pensó en dirigirse a uno de los caminos que estaba al lado contrario del campamento. Probablemente la conduciría al río, comprendió, luego echó otro vistazo a los cuerpos dormidos alrededor de los rescoldos del fuego.
Había encontrado un poco de dificultad en su diligencia la pasada noche, pero había estado en la más absoluta oscuridad, y Hinata estaba segura de que podría arreglárselas mejor ahora que había más luz. Pero su marido le había ordenado que no vagara lejos otra vez sin su permiso.
Hinata comenzó a considerar las repercusiones de desobedecer a su nuevo marido, pero su cuerpo estaba haciendo que sus necesidades fueran dolorosamente claras. Si no salía y se ocupaba del asunto, lo haría en la tienda, le gustara o no.
Refunfuñando por lo bajo, salió de la tienda y se movió furtivamente alrededor del campamento hasta que encontró un camino.
Se desplazó por el camino durante varios minutos, hasta que se abrió en un pequeño claro. Entonces miró alrededor, un poco confundida. No había ningún río a la vista. Aunque podía ver el principio de otro sendero directamente enfrente de ella. Encogiéndose de hombros, cruzó el claro y comenzó a recorrer el nuevo sendero, pero este pareció hacerse más pequeño hasta que desapareció en su totalidad.
Después de vacilar un momento, Hinata cedió a la necesidad y se alivió, entonces se dio la vuelta para regresar por el sendero por donde había venido.
En el pequeño claro que acababa de cruzar, Hinata hizo una pausa. Estaba en el cruce de dos senderos y Hinata no estaba segura de cuál había recorrido. ¿El de la derecha? Los senderos estaban bastante juntos uno del otro, y podría haber tomado el de la izquierda. Decidida a seguir su primer instinto, echó a caminar por el de la derecha, asegurándose a sí misma que si este no era el correcto, simplemente retrocedería unos minutos más tarde y tomaría el otro. Sin embargo, cuando Hinata se dio la vuelta, le pareció que transcurría una eternidad antes de encontrar un claro, y luego le pareció más pequeño que desde el que había comenzado.
Decidiendo que se estaba imaginando cosas, Hinata tomó un nuevo sendero y comenzó a andar otra vez… y diez minutos mas tarde admitió para sí misma que estaba perdida. Peor aún, teniendo en cuenta que el sol ahora había aparecido totalmente en el cielo, no había ningún modo de que volviera a entrar en la tienda sin que su marido lo notara.
Hinata se sentía preparada para sentarse y llorar hasta desahogarse. Era casi como si los hados le dijeran que este matrimonio estaba condenado. Sin embargo, opinaba que los hados eran una pandilla de estúpidos si no tenían el suficiente conocimiento para advertirle antes de que se hubiera casado en vez de después.
Intentando con fuerza no dejar caer las lágrimas no deseadas, Hinata respiró hondo, miró detenidamente a su alrededor en el claro y entonces escogió otro sendero al azar y comenzó una vez más.
Había caminado quizá unos treinta metros cuando casi tiró al suelo a alguien. Su alivio al encontrar una persona duró solo hasta comprender a quién había casi arrollado y lo que había estado haciendo. El hombre que en este momento estaba blasfemando por la interrupción era lord Minato. Su suegro había salido obviamente a atender la misma materia personal que ella, y tenía algo más que la situación en la mano en ese preciso momento.
—¡Oh!
Hinata se apartó de él. Incluso empezó a regresar por el sendero, desesperada por darle intimidad. Sin embargo, no había ido muy lejos cuando comprendió que él era su única esperanza de regresar al campamento antes de que el día llegara a su fin. Hinata hizo una pausa.
Se preguntó si no debería explicarle por qué no seguía avanzando para darle intimidad, pero antes de que pudiera decidir qué decir, él acabó con su tarea y caminó con fuertes pasos hasta llegar a su lado.
—Lo siento si te sobresalté, muchacha —dijo él bruscamente—. Pensé que era el único despierto, o me habría ido más lejos del campamento para atender mis asuntos.
Dado que ella había estado caminando una buena media hora, Hinata no podía imaginar cuánto más lejos del campamento podría haber ido. Pese a todo, no dijo mucho, sino que simplemente le ofreció una sonrisa y esperó que las sombras arrojadas por los árboles escondieran cuán roja y avergonzada estaba.
—¿Es que mi marido todavía no se ha levantado? —preguntó ella con esperanza, a la vez que le seguía.
—Estaba todavía dormido cuando dejé el campamento, pero… —hizo una pausa cuando los dos notaron el sonido de alguien que recorría rápidamente los bosques. Sacudiendo su cabeza, lord Minato terminó—: Pero diría que es él quien ahora se acerca.
—¡Hinata!
Naruto tropezó al salir del sendero directamente delante de ellos y pararse bruscamente.
—¡Estás aquí! Temía que te hubieras perdido en los bosques. ¿No te dije que no vagaras sola?
—Yo... —comenzó Hinata, pero cerró la boca de golpe cuando él utilizó un muñón para impulsarla por la espalda en la dirección por donde él había venido.
Apenas habían recorrido media docena de pasos cuando dejaron atrás los árboles y entraron el claro.
—Pero si no estaba lejos del campamento en absoluto —dijo ella con asombro por todos los ruidos de conversaciones y otras actividades que llegaron hasta ella.
—Estabas perdida —la acusó Naruto, y Hinata hizo una mueca. Realmente tenía que pensar antes de hablar.
—Quizá un poco, sí —admitió ella—. Pero entonces encontré a tu padre, y todo estuvo bien. Además, no fui a la orilla, simplemente deseaba ocuparme de… er… otras cosas —terminó ella vagamente, entonces añadió—: Otras cosas bastante urgentes que no me llevaste a atender la tarde pasada cuando nos paramos a pasar la noche.
—No me pediste que te acompañara a ocuparte de estas necesidades personales —dijo Naruto al poco tiempo, con voz molesta ante el tono de ella—. Y sé que no fuiste a la orilla. Hoy no estamos acampados cerca de un río.
—¿No lo estamos? —pregunto Hinata con sorpresa—. ¿Entonces cómo nos lavaremos?
—No vamos a lavarnos —contestó él sin rodeos—. Si hay suerte, llegaremos a Myoboku Ville por la tarde y podremos lavarnos allí.
—Oh.
Ella frunció el ceño ante eso. Verdaderamente no se sentía cómoda ante la sensación arenosa y polvorienta que le causaba el viajar, y había ansiado disfrutar de un baño en el río. Por otra parte supuso que, después del fracaso de ayer, podría ser más seguro bañarse allá.
Suspirando, Hinata se dio la vuelta y se alejó hacia su tienda, solo para ser detenida por un ligero golpecito en el hombro con el muñón de su marido.
—¿Esposa?
—¿Sí? —preguntó cautelosamente, dándose la vuelta para encararlo.
—Si necesitas ir a descargar la… er… usar el retrete —se corrigió Naruto rápidamente— en el futuro solo tienes que pedírmelo. No puedo leer tu mente en esos asuntos.
—Oh.
Ella parpadeó cuando comprendió sus palabras. Él no podía leer su mente. Por supuesto que no podía, aun así ella había esperado que él supiera de alguna manera que tenía que aliviarse. Mientras ella había estado pensando que él debía percatarse de que tendría la necesidad de ocuparse de este asunto, él probablemente había estado pensando que ella lo mencionaría si lo necesitaba. Suspirando, asintió con la cabeza.
—Sí, esposo.
Naruto asintió, aparentemente satisfecho, entonces se giró y vaciló delante de su padre.
—Voy a dar un paseo por los bosques.
Hinata estaba frunciendo el ceño por el tono de voz ligeramente crispado con el que había hecho el anuncio cuando su padre utilizó el mismo tono para decir
—Me uniré a ti, hijo.
Los observó alejarse, luego sacudió su cabeza con desconcierto y se volvió para dirigirse a la tienda y comenzar a hacer el equipaje. Su marido desearía marcharse tan pronto como todos hubieran desayunado. Además, esto la ayudaría a mantenerse despierta. Hinata ya estaba comenzando a sentirse cansada. Tenía por delante un largo día, pero pensó que si mantenía otra charlita con su marido, el paseo sería menos aburrido y quizá podría mantenerse despierta.
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Continuará...
