Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC


«DIEZ»


—Mi señora.

Hinata echó un vistazo y sonrió al muchacho delgado y de cabellos morenos que se precipitaba a través del campo hacia ella. Gamatatsu, el nuevo escudero de Naruto, tenía diez años, pero era alto para su edad. También era muy delgado y tenía el rostro de un ángel. El chaval rompería corazones cuando fuera más mayor.

Cuando se precipitó hacia ella, Gamatatsu tropezó con una roca y se estrelló en el suelo. Hinata tuvo que obligarse a no saltar y correr para ver si estaba bien. Naruto observaba desde el otro lado del campo, sacudiendo su cabeza ante la torpeza del niño, y sabía que no aprobaría su apresuramiento hacia el muchacho. Lo había aprendido el día antes, cuando habían llegado a Myoboku Ville para recoger al chaval y él se había caído por la escalera para aterrizar hecho un ovillo a sus pies. Hinata había comenzado entonces a avanzar para ayudar al muchacho, pero Naruto había levantado un brazo ante ella para contenerla, luego sacudió su cabeza cuando ella lo miró detenidamente.

Como había sucedido entonces, Gamatatsu rápidamente se puso en pie y siguió como si nada hubiera pasado. Su sonrisa estaba de nuevo en su lugar cuando se paró ante ella.

—Su Señoría dice que pueden ir a preparar la tienda para la noche, mi señora. Los hombres la tienen montada, y los arcones y las pieles están dentro.

—Gracias, Gamatatsu —murmuró Hinata, incapaz de resistirse a devolverle la sonrisa.

Saludando con la cabeza, se dio la vuelta para volver apresurado al lado de Naruto, entonces se detuvo repentinamente y se giró de nuevo cuando Hinata se puso en pie.

Ah, y él dijo que la bajaría al río para lavar los platos una vez que terminase de supervisar… la supervisión… er … cuando haya hecho lo que esta haciendo —terminó el muchacho, habiendo olvidado obviamente lo que había dicho su señor exactamente.

—Gracias, Gamatatsu —repitió Hinata.

El muchacho asintió y se alejó, logrando hacer todo el camino hasta estar al lado de Naruto sin caerse otra vez.

Meneando la cabeza, Hinata siguió hacia la tienda. El chaval era entusiasta y alegre, y torpe como él solo, pero Hinata sospechaba que la torpeza se debía simplemente al nerviosismo. Una vez que se asentase, estaba segura de que la mayor parte de su torpeza desaparecería.

Realmente no había mucho que hacer dentro de la tienda. Los hombres habían amontonado las pieles en la esquina como de costumbre, y Natsu colocaba linos y otra piel cuando Hinata entró. Era más o menos todo lo que requería el arreglo de la tienda, además de poner la vela en el arcón, para que estuviera preparada para encenderla cuando la última luz del sol desapareciera.

Tras agradecer a Natsu sus esfuerzos, Hinata asintió cuando su criada preguntó si podría ir a ayudar a la criada de su suegra. Las criadas se estaban haciendo amigas. Una vez sola, Hinata se movió hacia el arcón para sacar la túnica y las calzas que le estaba haciendo a Naruto. Hinata no estaba segura de cuánto tiempo estaría Naruto fuera, pero estaba tan cerca de la finalización de la túnica que no podía resistirse a trabajar en ella aunque solo fueran unos momentos. Primero quería comprobar de nuevo las costuras en las calzas y estar segura de que eran perfectas.

Hinata habría terminado la túnica la noche antes pero Naruto la había sorprendido uniéndose a ella en la cama en Myoboku Ville. Realmente, si quería ser honesta consigo misma, probablemente no lo habría terminado. Estaba luchando para mantenerse despierta y coser cuando su marido había entrado en el cuarto. El permanecer toda la noche despierta y luego obligarse a permanecer despierta todo el día en la silla le habían hecho sentirse exhausta y sin fuerzas para cuando habían llegado a Myoboku Ville para recoger a Gamatatsu.

Habían llegado a Myoboku Ville justo después de la cena, fueron recibidos cariñosamente por lord y lady Myoboku y les fue servida una comida rápida mientras les preparaban sus cuartos y sus baños. Hinata había estado tan agotada para entonces que había caído virtualmente dormida sobre la comida. Una vez que la comida terminó, se había sentido agradecida de escaparse escaleras arriba para bañarse.

Hinata no creía haber disfrutado nunca antes tanto de un baño. Había permanecido en remojo en el agua perfumada durante mucho más tiempo de lo que normalmente lo haría, sumamente feliz de quitarse la mugre de los dos días de viaje. Después había secado su pelo al lado del fuego, antes de instalarse en la cómoda cama con su costura. Se había encontrado cabeceando sobre el trabajo, con unos ojos que se cerraban continuamente y trataban de permanecer así. Había sido casi un alivio cuando Naruto entró en el cuarto diez minutos más tarde con su escudero pegado a los talones.

El muchacho le había sonreído, pero Naruto simplemente había gruñido algo como un saludo hacia donde estaba ella, después había caminado hacia la tina donde el muchacho le ayudó a desnudarse.

Hinata había mirado boquiabierta su espalda musculosa y desnuda hasta que se introdujo en la tina. Capaz finalmente de pensar de nuevo cuando la mayoría de esa carne desnuda había sido ocultada por los lados de la tina, había hecho un ovillo con lo que estaba cosiendo y lo había remetido debajo de la cama. Se había acostado y subido las sábanas, planeando simular que estaba dormida hasta que Naruto acabase su baño y dejara el cuarto. Entonces trabajaría de nuevo en su túnica. Sin embargo, apenas había cerrado los ojos cuando el fingimiento se convirtió en realidad.

Hinata había dormido profunda y pesadamente, y se había despertado y había encontrado a Naruto en la cama al lado de ella. No había dejado la habitación para dormir abajo con sus hombres. Había pasado la noche a no más de unos pocos centímetros de ella... y ella había dormido en esta ocasión tan feliz.

Hinata suspiró sobre su costura. Si él no hubiera venido a su habitación para bañarse y ella no se hubiese dormido, habría terminado su túnica anoche y se la habría presentado esta mañana. En cambio, había conseguido la primera noche de sueño completa desde que había comenzado este viaje, pero la túnica estaba inacabada.

Supuso que no importaba mucho. La terminaría en una hora o así y luego podría mostrársela. Al menos él podría llegar a casa viéndose espléndido, como el hijo del lord, en la manera en que debía verse, en vez de como si acabara de escapar de un incendio.

—¡Hinata!

Tayuya se precipitó en la tienda, entonces se detuvo repentinamente a la vista de su costura.

—¿Sí? —preguntó Hinata, pero Tayuya contemplaba fijamente la túnica en su regazo con asombro.

—Vaya, está casi terminada —dijo con sorpresa y avanzó para mirarla—. Es encantadora. Es muy buena con la costura. Parece que yo nunca consigo mantener rectas mis costuras —confesó ella irónicamente, luego frunció el ceño—. Pero, de nuevo, aquí está demasiado oscuro aquí para que hagas tan delicado trabajo.

Hinata echó un vistazo a su alrededor y observó con sorpresa que, mientras había estado trabajando, el sol había continuado su viaje descendente.

—Dios, arruinaras los ojos estando así —protestó Tayuya, y se movió para coger la vela del arcón y colocarla en el suelo al lado de la pila de pieles.

Hinata se sorprendió de ver que estaba encendida. Natsu debía de haberse deslizado de nuevo dentro de la tienda y ocupado de ello sin que lo notase. Era muy afortunada de tener a la muchacha como su criada. Natsu no hacía solo lo que se esperaba, sino que se ocupaba de aquellos pequeños extras que la hacían indispensable.

—Sí, esto está mejor —anunció Tayuya con una sonrisa satisfecha cuando se enderezó—. Al menos no tenemos que temer que se quede ciega estando con nosotros.

Palmeó el hombro de Hinata afectuosamente antes de irse.

Hinata la miró fijamente, advirtiendo que la muchacha había estado tan distraída por la preocupación por sus ojos que había olvidado preguntar o decirle para qué había entrado en la tienda. Meneando la cabeza, volvió su atención de nuevo a su costura, con su mente reflexionando sobre lo que podría haber sido.

Momentos más tarde, un exasperado Naruto se agachó a través de la solapa, mascullando para sí sobre chicas tontas y con cabeza de chorlito. Hinata rápidamente escondió la túnica detrás de su espalda. Le dirigió una sonrisa inquisitiva cuando su marido se enderezó.

—Tayuya debía decirte que ahora puedo llevarte al río, si lo deseas — anunció él, luego frunció el ceño cuando descubrió la vela el suelo, tan cerca de las pieles—. Comenzarás un incendio si pones la vela ahí, esposa.

—Yo... —Hinata cerró la boca antes de explicar que no había sido ella sino Tayuya quién lo había puesto ahí. No era una acusica. Además, no había protestado por las acciones de la muchacha.

—Apágala, agarra lo que necesites y ven —dijo Naruto, decidiendo aparentemente dejar estar el asunto, después se giró y se agachó para salir de la tienda.

Soltando un pequeño suspiro de alivio, Hinata sopló la vela mientras se levantaba, luego cogió una amplia brazada de lino del arcón y se apresuró detrás de él.

—No puedo oírte.

Naruto comenzó a girarse hacia ella mientras se bañaba en el río.

Hinata respondió inmediatamente.

—No sé que decir.

Naruto dejó de girarse y se relajó un poco. Esta era la primera vez que la había llevado a bañarse en un río desde que casi se ahoga. Una vez aquí, él le había dicho al principio que no se volvería de espaldas a ella, explicándole que no deseaba otro incidente como ese. Sin embargo, cuando sus hombros se habían hundido y ella había dicho que estaría bien sin bañarse esa noche, Naruto se había ablandado. Al parecer su esposa seguía siendo tímida. Pero él no permitiría que su timidez le negara la oportunidad de bañarse después de un largo día en la silla. Acordó mantener su espalda girada mientras que ella siguiese hablando, de modo que él supiera que estaba bien. Al principio, ella le había dicho simplemente lo que estaba haciendo.

—No estoy en el agua aún; todavía me estoy desnudando —había anunciado en el momento en que su espalda se giró—. ¿Debo decirte solo cuándo voy a entrar, o...?

—Sí —había dicho Naruto bruscamente, sin desear una descripción detallada de cómo se desvestía.

Su imaginación llenaba ella sola su mente de imágenes, y era una completa tortura. Su esposa era torpe, propensa a los accidentes, débil y aparentemente no muy cordial, pero también era un pequeño paquetito atractivo. Bastante tortura era montar a caballo durante las horas de día, teniéndola delante en la silla, con su trasero presionado contra él, la parte externa de los muslos de ella presionando contra la parte interna de los suyos, la parte inferior de sus senos rozando contra la parte superior del brazo que mantenía alrededor de su cintura mientras montaban a caballo.

Naruto había pasado mucho tiempo durante los últimos tres días tratando de evitar moverse en la silla para apretarse contra ella, o levantar su brazo para rozar sus pechos. Con ella manejando las riendas, había tenido poco más que hacer aparte de fantasear. En aquellas fantasías sus manos estaban curadas y ocupadas: desabrochando y apartando la tela de su vestido de sus hombros, de modo que sus pechos desnudos se derramaran en sus manos anhelantes, luego exprimiendo y amasando la suave carne redonda, pellizcando suavemente cada pezón.

En su mente, besaba y mordisqueaba su cuello mientras acariciaba sus pechos, con sus murmullos suaves y excitados y su aliento jadeante como una música para sus oídos, mientras dejaba caer una mano sobre su estómago suavemente redondeado para deslizarse entre sus piernas, atormentándola hasta un nivel de excitación tal, que ella misma se giraba para ponerse de cara a él en el caballo, luego le despojaba de sus calzas y lograba, con su ayuda, levantarse, para descender luego por sí misma sobre su vara, que ella montaba mientras ambos montaban a su caballo.

Por supuesto, en la realidad su montura probablemente no se tomaría bien tales actividades y sin duda se encabritaría y los tiraría a ambos al suelo. También, en la realidad, sus manos eran vendados muñones y él no podía hacer nada con ello de todos modos… lo que era algo de lo que se resentía poderosamente.

El incendio no solo había dañado sus manos y tomado sus ropas, sino que lo había privado de su noche de bodas… y de cada noche desde entonces. Naruto estaba seguro de que él le habría dado a su esposa una «buena mirada» en cada ocasión que hubiera tenido si no hubiera estado dañado. Ciertamente, la parte baja de su cuerpo demostraba interés cada vez que estaba cerca de ella. Ya no parecía ayudar el que evitara estar cerca de ella por la noche, durmiendo al lado del fuego con los hombres en vez de en la tienda, con ella desnuda y tan tentadoramente cerca, aún tan intocable como una monja gracias al estado de sus manos.

Si pudiera, Naruto le haría montar a su propio caballo, pero a él le correspondía entrenarla en las áreas en las que lo necesitaba. Aunque le pareciera que tenía un don innato para montar a caballo, ella aseguraba no tener la suficiente confianza en sus habilidades para montar sola. Si ese era el caso, veía como su deber mantenerla en su montura hasta que estuviera más segura de sí misma. Habiendo aprendido de forma dura que era propensa a los accidentes, Naruto no correría ningún riesgo innecesario.

—¿De qué debería hablar? —preguntó Hinata, distrayendo a Naruto de sus pensamientos.

—Eso importa poco, solo habla —dijo Naruto—. Dime cómo fue crecer en Hyugaton.

Naruto quería saber en qué había sido formada. La equitación era una habilidad que la mayor parte de las damas tendría, y pensó que era mejor saber a qué tenía que enfrentarse y en qué necesitaría formarla.

—Oh, bueno —dijo Hinata, y después se lanzó a un discurso incoherente.

Naruto pronto comprendió que debería haber sido más específico, y sencillamente haberle preguntado lo que le habían enseñado, porque a su esposa tendía a gustarle el sonido de su propia voz. A pesar de su agotamiento obvio, ayer había hablado sin parar, en el último día de su viaje a Myoboku Ville, y en lo que llevaban de día, el primero de su viaje de dos días a casa, ella continuaba con su cháchara. No es que realmente le importara. En aquel tiempo había aprendido mucho sobre su esposa. Estaba consiguiendo un cuadro bastante detallado de quién era ella, de su familia e infancia.

Probablemente más detallado de lo que ella se daba cuenta, pensó Naruto. Hinata no dijo ni una palabra desagradable sobre sus primos. No le dijo que ellos se burlaron de ella y la hicieron sentirse inferior, o que su llegada a Hyugaton había sido una plaga en lo que hasta entonces había sido una infancia perfecta, con el cariño de sus padres, un hermano afectuoso y un hogar seguro. No dijo ni una palabra contra ellos, pero él lo vio. Había sido rápido en reconocer al trío como resentido y cruel, y había encontrado poca paciencia para con ellos. Entendía su resentimiento al habérseles robado su padre, su casa y su herencia, pero decía poco de ellos el que se desquitaran con Hinata.

Naruto suponía que eran la envidia y el instinto de ir contra el miembro más débil de un grupo lo que hacía que se comportasen tan mal. No podían atacar a su tía y a su tío de la misma manera, y Neji no habría vacilado en golpearlos si lo hubieran intentado con él. Sin duda los golpearía cuando los agarrara atormentando a Hinata, pero Naruto estaba igualmente seguro de que nunca la atacaron cuando otros podían ser testigo de ello, y que Hinata nunca les acusaría. Su negativa a contar chismes era una opción honorable, pero la había dejado indefensa ante sus ataques verbales contra su autoestima

Para el momento en que Hinata terminó de bañarse y estuvo sin peligro fuera del agua vistiéndose, Naruto había llegado a la conclusión de que lo que tenía que enseñar a su esposa era su propio valor. Estaba también completamente seguro de que no había conseguido a una novia tan inepta como había pensado. Unos padres tan cariñosos y preocupados como parecían ser los suyos no enviarían a su hija al mundo sin las habilidades que necesitaría para continuar con éxito en la vida.

Naruto sospechó que la torpeza de Hinata y su ineptitud aparente realmente solo eran resultado de su baja estima y su turbación con él… como la tendencia de Gamatatsu de tropezar con sus propios pies era resultado de su nerviosismo y su impaciencia por complacer.

Dándole el tiempo y el cuidado apropiado, Naruto estaba seguro de que tendría a la perfecta esposa.

—Estoy lista, esposo.

Naruto dirigió la mirada hacia ella y se encontró sonriendo. Estaba vestida con otro vestido poco atractivo, demasiado grande y oscuro, y su pelo estaba húmedo y severamente apartado de su cara hacia atrás. De todos modos, su belleza se le mostraba tras todo eso. Sus ojos eran enormes e iluminados con buen humor y bondad, y su boca se curvaba en una sonrisa amable.

Sus padres habían hecho bien, decidió Naruto. Estaba contento con la novia que habían elegido para él. Pensó que incluso podría llegar a desarrollar afecto por ella algún día. Por el momento, era bastante que le gustase. Estaba bien que te gustara una esposa. Hacía más fácil el pasar una vida con ella.

Advirtiendo que estaba allí de pie, sonriendo abiertamente como un idiota, Naruto hizo todo lo posible para limpiar la sonrisa de su cara y gesticuló para que ella se moviese delante de él hacia el camino de regreso al campamento. Mientras caminaban, consideraba maneras que pudiesen alentar su autoestima. Si fuera su caballo, la alimentaría con una manzana de vez en cuando y la acariciaría en la grupa. Si fuera su escudero, le daría una palmadita calurosa en la espalda y un «bien hecho». Naruto no tenía idea, sin embargo, de cómo alentar a una esposa.

—¡Oh, no! ¿Qué...?

El grito asustado de Hinata lo apartó de sus reflexiones. Comenzó a preguntar que la había trastornado así, pero ella se precipitaba ya hacia su tienda. Naruto la siguió, notando que una muchedumbre se había reunido alrededor de la tienda humeante.

Maldiciendo, comenzó a correr persiguiendo a Hinata, mientras ella se abría camino a empujones entre la muchedumbre.

—¡Esposa!

Él agarró su brazo para tratar de pararla cuando ella comenzó a entrar en la tienda, recordando sus manos vendadas solo cuando sus muñones de lino se deslizaron inútilmente de su brazo.

Blasfemando, entró en la tienda después de ella.

—Todo está bien —dijo su madre cuando se dio la vuelta para contemplar el daño—. Nadie está herido, y eso es lo más importante.

—Sí —estuvo de acuerdo su padre, moviéndose rápidamente a su lado.

A juzgar por el grito triste con que Hinata miró fijamente los restos socarrados de las pieles, Naruto adivinó que ella no estaba de acuerdo.

—¿Qué ha pasado? —preguntó en tono grave.

—Parece como si una vela hubiese prendido fuego a las pieles —admitió su padre de mala gana.

Naruto miró inmediatamente a su esposa y gruño.

—Te dije que estaba demasiado cerca de las pieles. También te dije que la apagases antes de venir conmigo.

—¡Lo hice! —gritó ella —. La apagué.

—Obviamente no —dijo él bruscamente—. Sin duda tenías prisa y solo le diste un buen soplido, luego viniste detrás de mí sin esperar a ver si estaba apagada.

Los hombros de Hinata se hundieron vencidos.

—Tienes razón, esposo. Debe de ser lo que pasó. Todo esto es culpa mía.

Naruto frunció el ceño ante su reacción; parecía afligida, y enormes lágrimas rodaban por sus mejillas. Era condenadamente duro echarle una regañina por esta última catástrofe cuando ella parecía tan abatida.

Suspirando, movió incómodamente sus pies y refunfuñó:

—Bueno, esto es solo un manojo de pieles. Nadie ha sido lastimado y no se ha dañado nada importante.

—Nada importante —repitió Hinata y entonces, para su gran turbación, se dejó caer de rodillas e irrumpió en grandes sollozos ruidosos.

Naruto estuvo más que aliviado cuando su madre los ahuyentó a él y a su padre fuera de la tienda, asegurándoles que ella atendería a Hinata. No tenía ninguna pista de qué hacer con ella. Era obvio que había cogido cariño a la cama de piel, eso era lo único que podía pensar. Su arcón estaba en el extremo opuesto de la tienda e intocado por del fuego. Eran solamente las pieles las que habían sufrido. Al parecer, alguien había notado el incendio antes de que se extendiera más. Incluso la tienda misma estaba intacta.

Sí, debían de ser las pieles por lo que estaba disgustada, decidió Naruto, y determinó conseguir un montón entero para ella cuando alcanzaran el castillo de Konoha. Las haría poner delante de la chimenea para que pudiese reclinarse en ellas siempre que lo deseara. De hecho, él se uniría a ella allí. La idea era atractiva, relajarse ante un fuego rugiente durante una tarde desapacible de invierno, bebiendo sidra calentada con especias.

No, sidra no, decidió. Hinata probablemente la derramaría por su vestido. Tirar la sidra podría afectar su autoestima, y hacerle pensar que él la creía torpe más allá de la redención. ¿Quizá si la tuviera primero desnuda y luego le diera su sidra caliente con especias delante del fuego rugiente, sobre las pieles? Sí, eso funcionaría, decidió él, sonriendo ante la imagen. Hinata desnuda, con una copa de sidra caliente con especias en su mano. Entonces, ni siquiera le importaría si la derramaba. Simplemente se inclinaría hacia delante y la lamería de ella. Bueno, eso era una idea. Lamer la sidra de sus senos redondos y plenos, dejar a su lengua rizarse alrededor de sus pezones, haciéndolos erguirse, luego...

—¿Por qué demonios sonríes? Tu esposa acaba de prender fuego a tu cama —saltó su padre.

—Sí, lo ha hecho.

La sonrisa de Naruto se ensanchó, entonces se contuvo y logró serenar su expresión.

—Lo siento, hijo. Hinata es una muchacha bastante agradable, pero parece realmente propensa a la calamidad. Si yo lo hubiera sabido...

—Ella está muy bien. No hay ninguna necesidad de pedir perdón. Estoy muy satisfecho de tenerla como esposa.

—¿Qué? —Minato Namikaze lo miró fijamente con asombro—. ¿Te golpeó la cabeza mientras estaban al lado del río?

—No, por supuesto que no.

Naruto frunció el ceño ante la sugerencia.

—Bueno, algo ha pasado —dijo su padre—. Has hecho poco más que quejarte y preocuparte de que es enfermiza e inepta desde la primera vez que la viste. ¿Y ahora, cuándo ha convertido tu cama en un montón de ceniza, estás «muy satisfecho de tenerla como esposa»?

Naruto frunció el ceño al hombre más viejo con irritación, pero no discutió. En lugar de eso, llamó a su nuevo escudero y se dirigió con él hacia el río para bañarse y considerar modos en los podría comenzar a trabajar sobre la autoestima su esposa.

—Hinata, querida mía. Por favor, no te lo tomes así.

Lady Kushina se arrodilló a su lado y la envolvió en sus brazos.

Hinata trató de dejar de llorar, pero no parecía poder evitarlo. Simplemente se recostó contra la mujer y sollozó hasta partírsele el corazón. Estaba agotada por la falta de sueño, y, realmente, esto era demasiado. Todo había ido mal desde la boda, absolutamente todo. Esto de quemarse las pieles era solo el remate final.

Hinata había contado con que la túnica y las calzas reparasen mucha de la opinión equivocada de su marido acerca de ella. No podía decirle que podía montar a caballo, o que en este momento no era propensa a la desgracia, porque claramente lo era, pero darle la túnica y las calzas habría sacado a la luz al menos una de sus habilidades.

También le habría dado la oportunidad de hacerle saber que normalmente no estaba tan cansada y enferma. Podría haberle explicado que estaba agotada durante el día porque había estado trabajando por las noches en su ropa. Por encima de todo, había trabajado tan arduamente, y todo ese trabajo se había arruinado en un momento de falta de atención. Hinata había pensado que la vela estaba apagada e incluso tenía un vago recuerdo del pequeño rizo de humo que salía de ella, pero por lo visto se había equivocado.

—Hinata, querida. —Lady Kushina casi gimió mientras la mecía en sus brazos—. Seguramente todo esto no es por las pieles. Se pueden reemplazar.

Hinata sacudió su cabeza contra el pecho de la mujer. Sus lágrimas finalmente se reducían, pero no estaba en condiciones de hablar.

—¿Qué pasa entonces, niña? ¿Es que temes que Naruto solo lo vea como otro ejemplo de tu torpeza e ineptitud?

Hinata hizo una pausa, luego irrumpió en fuertes sollozos otra vez.

Lady Kushina dejó de tratar de calmarla durante un rato y simplemente la meció como a una niña. Cuando sus chillidos finalmente se suavizaron en sollozos e hipidos y Hinata finalmente se apartó para ponerse erguida, lady Kushina tomó su mano y la palmeó esperando a que hablase.

—¿Piensas que ahora puedes decírmelo? —preguntó después de que pasara otro momento.

Hinata asintió con desaliento, pero solo se sentó, mirando fijamente y con desánimo los restos quemados de la cama.

—¿Te gustaría primero beber algo? —la animó lady Kushina—. Puedo llamar a Natsu y hacer que traiga un hidromiel.

Hinata negó cabeza.

Transcurrió otro momento de silencio; entonces lady Kushina abrió la boca para hablar de nuevo, pero Hinata dejó escapar

—He estado cosiendo unas nuevas calzas y una túnica para Naruto.

Lady Kushina se relajó y acarició su mano.

—Sí, querida. Lo sé —dijo, entonces explicó—: Estaba preocupada de por qué estabas siempre tan agotada mi criada se lo mencionó a tu criada. Natsu le dijo que me dijera que no me preocupase, que tú te quedabas despierta hasta bien entrada la noche, cosiendo nuevas ropas para Naruto. —Ella acarició su mano otra vez—. Natsu dijo esta noche que estaban casi acabadas.

—Lo estaban —admitió Hinata, y para su gran consternación, nuevas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

—¿Lo estaban? —preguntó lady Kushina con un asomo de temor en su voz.

Hinata asintió.

—Trabajaba en ellas cuando Naruto vino a llamarme para ir al río. Las puse a un lado sobre las pieles, soplé la vela y luego me apresuré a ir detrás de él. —Sacudió su cabeza tristemente—. Pensé que la vela estaba apagada. Realmente no esperé a ver, sino que solo asumí...

—¿Quieres decir que ardieron con las pieles? —preguntó lady Kushina con horror.

Hinata asintió.

—¡Ah, pobre niña!

La madre de Naruto la atrajo dentro de sus brazos de nuevo, pero Hinata parecía haberse quedado sin lágrimas. Reprimió un sollozo jadeante, pero eso era todo. El pozo estaba seco. Había llorado todo cuanto podía.

Se sentaron en silencio durante varios minutos, pero lady Kushina pareció estar perdida en cuanto a qué decir para mejorar la situación. Solo siguió murmurando «pobre niña» repetidas veces, y Hinata supuso que realmente no había nada que pudiese decirse para hacerla sentirse mejor en ese momento. Ella estaba agotada. Deprimida y derrotada. Todo lo que realmente quería hacer era dormir.

En ese momento La criada de Kushina entró agachada llevando un par de pieles.

—Lord Namikaze hizo que trajera estas —explicó ella, luego echó un vistazo detrás de sí y se apartó para permitir que Natsu entrara. La criada de Hinata iba seguida de cuatro hombres.

—Lord Namikaze envió a los hombres para quitar las pieles quemadas — dijo Natsu.

Hinata sabía que mientras la criada de Kushina se refería al padre de Naruto cuando decía «lord Namikaze», Natsu se estaba refiriendo a Naruto como lord Namikaze. Por alguna razón, el hecho de que ambos fueran lord Namikaze provocó que un amago de risa histérica escapase de su garganta.

Lady Kushina la miraba con preocupación.

—Venga, vamos a quitarnos del medio querida, para que puedan trabajar.

Hinata permitió que lady Kushina la ayudara a ponerse en pie, y se movió a la esquina de la tienda con la mujer mayor mientras los hombres comenzaban a arrastrar las pieles dañadas hacia fuera. Natsu había traído una rama llena de hojas con ella y la había usado para barrer las cenizas restantes fuera de la tienda. En el momento que estuvo hecho, sacó algunos linos del arcón de Hinata. Entonces ella y Sely la criada de Kushina, formaron una cama con las pieles y la arreglaron con los linos.

—Ya está. —Lady Kushina impulsó a Hinata al pequeño nido de pieles y lino—. ¿Por qué no descansas un poco, querida? Haré que Natsu te venga a buscar cuando la cena esté lista.

—No tengo hambre —dijo Hinata embotada, mientras permitía que la metieran en la cama.

Vio las miradas preocupadas que intercambiaron las mujeres, pero no parecía poder encontrar la energía necesaria para que le importara.

—Descansa por el momento, querida —dijo finalmente lady Kushina—. Te sentirás mejor después de dormir un poco.

Hinata cerró obedientemente sus ojos y se quedó dormida de inmediato.

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Continuará...