Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
«ONCE»
Naruto acababa de llegar de supervisar el entrenamiento de los hombres y se había colocado en la mesa de caballete para disfrutar del hidromiel cuando el sonido del paso suave de una mujer lo hizo tensarse y dirigir la mirada hacia la escalera. Se relajó en el instante en que se dio cuenta de que era su madre. Durante un momento, Naruto había temido que fuera su esposa. No estaba de humor en ese momento para su cara triste.
—Ah, Naruto. —Su madre se movió un poco más rápidamente cuando lo vio—. Bien, quería hablar contigo. ¿Dónde está tu padre?
—Justo ahora está viniendo de los establos. Estará aquí dentro de poco — contestó Naruto, luego arqueó una ceja—. ¿Dónde está mi esposa?
—Está en la solana, cosiendo.
—Por supuesto que sí —dijo él con sequedad.
Su esposa parecía estar siempre cosiendo, pero él todavía tenía que ver algún resultado. Naruto asumía que trabajaba en un nuevo vestido. Los pocos que poseía parecían ser todos oscuros, apagados y demasiado grandes para ella. Había esperado que se hiciera uno nuevo que fuera más vistoso y le sentara mejor, pero seguramente no llevaba tanto tiempo hacer uno.
Ella había estado cosiendo en su tienda las pocas veces en las que él había mirado para comprobar cómo estaba durante su viaje, y era todo lo que había hecho en los tres días desde que llegaron a Konoha, eso o dormir. O llorar. A veces incluso lloraba en su sueño.
Mientras que Hinata había parecido feliz hablando durante el viaje para recoger a su escudero, todo había cambiado durante el último día de viaje a Konoha. Desde la noche del incendio, ella había estado andando desdichadamente. Naruto extrañaba su alegre charla, pero más que eso, no podía soportar verla tan cansada e infeliz, especialmente porque no tenía ni idea de qué hacer. Él había esperado que simplemente echara de menos a su familia y, por tanto, lo superaría, pero en lugar de recuperar su buen ánimo parecía estar más melancólica cada día.
—No hace falta que lo digas tan enojado. Ella está haciendo unas nuevas calzas y una túnica para ti. Otra vez —añadió su madre con irritación, mientras las puertas del pasillo se abrían y entraba Minato Namikaze.
—¿Nuevas calzas y una túnica? ¿Para mí? —preguntó Naruto con asombro—. ¿Para qué? Ella es quién necesita nueva ropa, no yo.
—Sí —estuvo de acuerdo lord Minato cuando se acercó a la mesa—. La muchacha no tiene un solo vestido que le siente bien, y todos parecen ser oscuros y apagados. —Hizo una pausa para besar a su esposa en la mejilla, luego se ubicó en el banco al lado de Naruto—. Supongo que el traje azul que se reventó en la cena de bodas y el rojo que ardió en llamas eran los únicos vestidos vistosos que poseía.
Lady Kushina miró ceñudamente a su marido, luego se giró para fulminar con la mirada a Naruto.
—Tu esposa permaneció despierta durante nuestro viaje cosiendo ropa nueva para reemplazar la que se arruinó en el fuego. Esa es la razón por la que estaba siempre en la tienda de noche y siempre agotada durante el día. Estaba haciendo ropa para ti.
Naruto parpadeó ante las noticias, pero fue su padre quien comentó primero:
—Bueno, es condenadamente lenta cosiendo si todavía no la ha terminado.
—Minato. —Lady Kushina miró con el ceño fruncido a su marido—. Casi los había completado cuando se quemaron en la tienda de campaña. Estaba completamente afligida, pero comenzó con ellos otra vez cuando llegó aquí. Creo que tiene otro juego casi hecho.
—Hmm. —El padre de Naruto frunció el ceño ante el recordatorio del incendio—. ¿Por eso es por lo que ha estado tan infeliz? ¿A causa de un juego de ropa?
—Creo que es en parte por ello, pero pienso que ella también echa de menos a su familia. —Lady Kushina echó una mirada disgustada a Naruto—. Y tú no estás ayudando en eso.
—¿Yo? —Sus ojos se dilataron—. ¿Qué puedo hacer para ayudar en eso? No he hecho nada para causar su infelicidad.
—Tampoco has hecho nada para evitarla —argumentó ella—. Le prestas menos atención a Hinata que a los perros. Al menos a ellos les lanzas un hueso de vez en cuando.
Naruto frunció el ceño.
—Bueno, no puedo prestarle atención, ¿o has olvidado que mis manos están lastimadas?
—No quise decir yacer con ella —dijo ella con exasperación—. ¿Has hablado con ella más de una palabra seguida?
—¿Hablar con ella? —preguntó él con incredulidad, y los ojos de su madre se estrecharon.
—¿Has estado tan ciego todos estos años? ¿O es que has estado lejos en las Cruzadas durante tanto tiempo que has olvidado que tu padre me habla todo el tiempo?
—Eso no es lo que quise decir —dijo Naruto con irritación—. Quise decir que ella es la que… bueno, ella solía ser la única que… ella era bastante...
—Quiere decir que no pudo decir ni una palabra durante todo el viaje hasta aquí —dijo su padre con diversión—. Al menos mientras estuvo sobre el caballo.
—Sí, bueno, sospecho que era un esfuerzo para mantenerse despierta — dijo lady Kushina.
—Sí, noté que a la muchacha le gusta dormir mucho —dijo Minato con sequedad—. Durmió sobre el caballo un día cuando se suponía que estaba aprendiendo a montar.
—Solo un día —la defendió lady Kushina—. Y fue solo porque había estado levantada toda la noche cosiendo. —Ella hizo una pausa, luego suspiró—. Prometí no decírtelo, pero sé que también está disgustada porque pienses que es tan inepta, así es que voy a compartir algo contigo.
Naruto y su padre intercambiaron una mirada. Fue Minato quien dijo:
—¿Ella no es tan inepta?
—No —dijo lady Kushina firmemente.
—Esposa, sé que te gusta, pero la muchacha ni siquiera puede montar a caballo —indicó Minato.
—Sí, sí puede.
—Ella...
—Madre tiene razón —interrumpió Naruto cuando su padre iba a discutir el punto—. Hinata puede no haber sido capaz de montar a caballo a lo primero, cuando dejamos Hyugaton, pero es una persona particularmente dotada. Era muy buena para cuando llegamos aquí. Yo la habría dejado montar su propio caballo en el camino de regreso desde Myoboku Ville, pero no se sentía con la suficiente confianza como para manejarlo sola, así es que le permití montar conmigo.
—No entiendes —dijo lady Kushina—. Ella sabía montar a caballo antes de partir de Hyugaton.
—No seas ridícula, Kushina —dijo su padre con incredulidad—. ¿Por qué mentiría sobre algo así y nos dejaría pensar que era tan incompetente?
—Para salvar las manos de Naruto —dijo ella.
—¿Qué? —Naruto la contempló con consternación.
—Tú insistías en manejar tu propio montura. Ella, como yo, temió que te dañaras más las manos, así es que te dejó pensar que no sabía montar de modo que le permitieras tomar las riendas mientras tú la «entrenabas».
Su padre resopló ante la sugerencia.
—La chica se durmió durante el segundo día.
—Porque estuvo despierta toda la noche cosiendo —le recordó lady Kushina—. Pero cosió cada noche después de eso, y, aún así, se mantuvo despierta a pesar de su agotamiento.
Lord Minato consideró estas noticias.
—¿De modo que estás diciendo que la muchacha está apropiadamente entrenada en los asuntos de una esposa?
—Sí. Su madre me dio una lista de sus habilidades en la cena de bodas. Ella está totalmente entrenada, probablemente mucho mejor que la mayor parte de muchachas de su edad.
—¿Dirigir una casa? ¿Atender heridas y enfermedades? ¿Ordenar al personal? —preguntó él.
—Sí, todo eso y más.
—¿Entonces por qué no ha atendido las manos heridas de Naruto? Tú siempre estás revisándolas y vendándolas.
Lady Kushina pareció incómoda.
—Sí. Bien, le he pedido disculpas por eso, pero… él es mi hijo.
—Y esta es tu casa para dirigir —dijo lord Minato con suave entendimiento.
La madre de Naruto se puso rígida.
—¿Qué quieres decir?
—Dijiste que pensabas que su tristeza tenía que ver con la idea de que Naruto piensa que ella no está cualificada, así como por la ausencia de su familia y su casa.
—Sí.
—Pero quizá es más que eso.
—¿Qué más podría ser? —preguntó ella.
—Ella no solo ha dejado su casa y familia detrás, Kushina. Ha venido a la nuestra. Si Hinata estaba entrenada y es tan hábil como tú misma afirmas, era para que pudiera ser una esposa adecuada, de modo que cuando se casara estuviera lista para mudarse a su nueva casa y dirigirla —le señaló él—. Pero esta es nuestra casa, tú la administras. Tú tienes todo en tus manos y ella no tiene nada que hacer. No tiene ningún modo de hacerse un lugar para sí. Aquí parece una invitada.
Lady Kushina se movió hacía el banco y se dejó caer para sentarse entre su marido e hijo.
—No había pensado en eso.
—Lo sé —dijo lord Minato suavemente. Estuvo silencioso durante un momento, luego dijo—. Recibí noticias a nuestra llegada aquí de que el viejo Hiruzen está muerto.
—Sí, lo sé —dijo lady Kushina con alguna confusión—. Me lo dijiste entonces.
—Él era mi administrador en Uzumaki Ville —puntualizó el padre de Naruto, refiriéndose a la casa donde creció su esposa. Las dos tierras habían sido unidas cuando se casaron, pero ellos vivían en Konoha Ville.
—Sí.
Ahora parecía más irritada que confusa.
—He estado preguntándome desde entonces quién sustituirá a Hiruzen.
Naruto se puso rígido, entendiendo a dónde se dirigía su padre, justo cuando su madre lo hizo. Él podía ver la comprensión surgiendo en su cara. No parecía contenta.
—Minato —comenzó ella, pero lord Minato siguió.
—Quizá Naruto y Hinata deberían ir allí.
—Pero...
—Les daría una oportunidad para llegar a conocerse mejor el uno al otro sin nuestra interferencia —indicó él a pesar de sus protestas—. Y le daría a ella una casa propia para dirigir, un lugar donde no se sentiría como una invitada a disgusto.
—Ah.
Lady Kushina suspiró derrotada.
—¿Estás bien, querida?
—¿Hmm?
Hinata dirigió una mirada inexpresiva a lady Mei. Estaban sentadas en la mesa alta, cenando. Hinata se sentaba entre lady Kushina y lady Mei. Naruto, como de costumbre, no estaba allí. Había estado sentado en la mesa hablando con su padre cuando ella había bajado la escalera, pero se había marchado poco después.
Hinata supuso que se había marchado para escaparse de ella. Naruto parecía estar siempre evitándola, hasta el punto que ni siquiera se sentaba a la mesa y comía con ellos. Tampoco sabía dónde dormía, pero no era con ella.
—Suspiraste, querida —señaló lady Mei suavemente—. ¿Eres infeliz?
Hinata forzó una sonrisa. Lady Mei era una mujer amable, como lo era la madre de Naruto. Todos ellos habían sido maravillosos con ella desde su llegada a Konoha Ville, amables y considerados, y la acompañaban todo el tiempo, de modo que apenas notaba que su propio marido no se tomaba esa molestia. Hinata suspiró otra vez, entonces se dio cuenta de lo que había hecho y sacudió la cabeza, impaciente consigo misma.
—Lo siento, mi señora.
—No tienes que pedir perdón, Hinata. —Lady Kushina se unió a la conversación y acarició su mano—. No es culpa tuya.
Hinata hizo una mueca ante la palabra culpa.
—Pero yo debería disculparme porque Naruto nunca se nos une en la mesa. Eso aparentemente es por mi culpa.
—¿Qué?
Lady Kushina pareció sorprendida ante la afirmación.
Hinata tragó saliva y confesó:
—Vuestro hijo no parece contento conmigo como esposa. Me evita a toda costa ahora que estamos aquí. Ni siquiera come en la mesa porque yo estoy aquí, aun menos dormir en su propio cuarto.
—Oh, Hinata. —Lady Kushina la miró detenidamente con consternación—. ¿Y pensaste que eso era debido a ti?
—¿Qué más podría ser? —preguntó Hinata con un encogimiento de hombros—. Le pregunté a Tayuya y me dijo que él dormía en su cuarto y cenaba en la mesa antes de que yo estuviera aquí. Ella no pensaba que fuera mi culpa que ahora no lo hiciera nunca, pero no pudo dar con otra explicación.
—Porque ella no sabe que…
Lady Kushina hizo una pausa y se mordió el labio.
Hinata estuvo a punto de preguntar lo que Tayuya no sabía, pero antes de que pudiera hacerlo, la mujer mayor sacudió su cabeza con disgusto.
—Tantos secretos... «No le digas a él esto, no le digas a ella aquello» — dijo ella con exasperación—. Debería haber comprendido que él no se explicaría. El muchacho es igual que su padre en ese aspecto. Bien, déjame ahorrarte alguna angustia, niña, diciéndote algo que me costó años de matrimonio con Minato comprender. Si no sabes o no entiendes algo, debes preguntar. Nunca temas parecer tonta por preguntar, pues solo es tonto quien no pregunta y hace suposiciones en la ignorancia.
Ella hizo una pausa para beber de su copa, luego dijo:
—Ahora sube la escalera. Ve a la recámara a la derecha de la tuya y entra sin llamar. Aprenderás mucho sin decir una palabra, pero después tendrás que preguntarle a tu marido por qué no ha dormido contigo. Sospecho que la respuesta te sorprenderá.
Hinata la contempló con aturdimiento. No había entendido la mayor parte de lo que lady Kushina había dicho. ¿Tantos secretos? ¿Quién tenía secretos? Suponía que había hecho que la mujer guardara uno o dos. Ahora parecía que los suyos no eran los únicos secretos aquí.
—Ve —insistió lady Kushina, apartándola de sus pensamientos.
Hinata echó un vistazo a lady Mei, pero la tía de Tayuya parecía estar tan perpleja como ella. De mala gana se puso de pie, pasó por encima del banco y se movió despacio hacia la escalera. Parte de ella tenía curiosidad por lo que podría encontrar arriba, pero la mayor parte simplemente no quería saber. Ya era suficientemente malo sospechar que su marido no podía soportar estar cerca de ella. El que se lo confirmara sería mucho peor.
Hinata hizo una mueca ante su propia cobardía. Sus padres no la habían criado para ser una cobarde, pero había pasado tanto en la última semana que se sentía como el camello cuya espalda podría romperse con la siguiente hebra de paja.
No es que todo fuera malo. Las cosas eran un poco mejores aquí en Konoha. De alguna manera, vivir aquí era como estar en casa otra vez. Lady Kushina se parecía mucho a su madre, dirigiendo el castillo aparentemente sin esfuerzo alguno. Esto dejaba a Hinata sin nada que hacer salvo coser, pero eso no le importaba mucho. Con su historial hasta la fecha, estaba aliviada de no tener tareas y quehaceres que atender que pudieran revelar más aún la ineptitud que no había sabido que sufría.
En cambio, Hinata se sentía más segura cosiendo ropa nueva para Naruto. Por suerte Menma, el hermano de Naruto, era del mismo tamaño y Naruto llevaba puesto ahora un par de calzas del difunto así como una de sus túnicas. Hinata todavía sentía que él debería tener su propia ropa, y ella estaba contenta de hacerlas para él. Al menos sabía que era competente en eso. Y era muy agradable pasar el día charlando con Tayuya, lady Mei y lady Kushina mientras cosía. Lady Kushina y Mei eran muy amables, y Tayuya era brillante y parecía haberse asignado la tarea de tratar de alegrar a Hinata.
El único descontento de Hinata venía del aparente rechazo de su marido hacia ella. ¿Qué más podría ser? El hombre la evitaba siempre, y todavía tenía que yacer con ella. Era desalentador, después de las altas expectativas que había tenido durante su noche de bodas, cuando él la había tocado y acariciado con aparente entusiasmo.
Las reflexiones de Hinata llegaron a un brusco final cuando se encontró con que había alcanzado el cuarto que estaba al lado del que se suponía que compartía con su marido.
Respirando hondo, pegó su oído a la puerta, intentando anticipar qué esperar, pero no había nada que oír, ni siquiera un murmullo de voces. Enderezando los hombros, Hinata levantó su mano para llamar, entonces recordó que lady Kushina le había ordenado no llamar.
Tras bajar su mano, vaciló un momento más y luego abrió la puerta.
Gamatatsu acababa de deslizar una cucharada de guisado dentro de su boca cuando Naruto escuchó la puerta abrirse. Se volvió, esperando ver a su padre, entonces casi se ahogó cuando divisó a su esposa allí de pie. Se la quedó mirando fijamente. La sorpresa en la cara de Hinata le dijo que ella no había esperado que él estuviera aquí, o quizá sabía que estaba aquí, pero no había esperado que estuviera comiendo.
La mirada de Naruto se deslizó de vuelta a su escudero. Se había sentido muy aliviado por tener finalmente al muchacho a su lado. Los primeros días después del incendio habían sido los más frustrantes de su vida. La herida de sus manos había hecho difícil realizar las tareas más simples: alimentarse a sí mismo, vestirse, bañarse. Incluso aliviarse se convirtió en un ejercicio humillante. Podía usar los muñones para empujar las calzas por debajo de sus caderas, pero tenía dificultad en volverlas a subir. Su padre le había ayudado tanto como podía, pero había sido humillante para Naruto.
Sí, el día que habían alcanzado Myoboku Ville había sido un día brillante para Naruto. Había tenido entonces al muchacho para ayudarle con tales cosas, pero Naruto era demasiado orgulloso para permitir que alguien más notara lo impotente que estaba, no importaba cuán temporal pudiera ser la impotencia. De modo que en cada una de las comidas, desde que habían recogido al muchacho, había hecho que Gamatatsu le trajera su comida lejos de todos los demás.
El muchacho lo alimentó en un claro del río la primera noche de su viaje. La segunda noche habían llegado a Konoha, y Naruto le había pedido a Gamatatsu que trajera su comida aquí, al viejo cuarto de Menma. Entonces el muchacho le había ayudado a desnudarse para su baño, aunque ahí era donde él trazaba la línea. El muchacho se había ofrecido, de mala gana, a ayudarle con el frotado, pero Naruto simplemente no podía someterse a sí mismo o al muchacho a aquella vergüenza, así que se arregló con un remojón en el agua.
Habían seguido la misma rutina todas las noches desde entonces. Cada mañana, Gamatatsu le ayudaba a vestirse, luego lo seguía a todas partes, haciendo sus deberes de escudero hasta la hora del almuerzo, cuando volvían al torreón y Naruto subía a esperar mientras el muchacho recogía su comida de la cocina y se la traía para alimentarlo. Hacía lo mismo con la cena. Luego, por la noche, el muchacho le ayudaba a prepararse para la cama antes de retirarse a su propio jergón en la esquina.
—Está bien, Gamatatsu. Ya terminé. Puedes regresar a las cocinas.
El escudero vaciló brevemente, claramente dudoso de que Naruto hubiera acabado con su comida a medias, pero asintió con la cabeza, pasó por delante de Hinata y salió del cuarto. Naruto volvió entonces su atención a su esposa, que vacilaba en la puerta. Finalmente enderezó sus hombros, entró en el cuarto y cerró la puerta detrás de ella. Naruto esperó cautelosamente a que hablara, pero cuando finalmente lo hizo, sus palabras fueron inesperadas.
—¿Entonces no te alejas de la mesa a la hora de comer para evitarme?
Naruto sintió que la boca se le abría por la sorpresa, luego rápidamente la cerró y dijo:
—¿Por qué piensas eso?
Hinata soltó su aliento en un lento suspiro.
—Porque pareces estar evitándome constantemente. Dejas el cuarto poco después de que entro en él, como hiciste hoy cuando bajé. No te has sentado a la mesa conmigo desde que llegamos aquí. Y aunque te uniste a mí en nuestro cuarto en Myoboku Ville, no compartiste nuestra tienda, ni tampoco has dormido en tu propia cama desde la llegada a Konoha Ville —dijo la última parte apresuradamente, con el rostro encendido.
Naruto parpadeó confundido.
—Dejé el salón cuando entraste esta noche porque sabía que era la hora de la cena y, como ahora sabes, he estado comiendo aquí arriba.
—Sí, ahora lo entiendo —dijo ella suavemente, pero agachó la cabeza y masculló—: Sin embargo, eso no explica tu renuencia a compartir nuestra cama de matrimonio… Lo entiendo si no me quieres. Sé que no soy la más atractiva...
Naruto resopló, y ella lo miró con el ceño fruncido.
—No hay ninguna necesidad de ser grosero con ello, mi señor. Soy consciente de que estoy gorda y...
Otro resoplido se deslizó de los labios de Naruto y sacudió la cabeza.
—Eres hermosa, Hinata.
Él vio la cólera en sus ojos y se preguntó si realmente no sabía cuán encantadora era para él. Claro, comprendió de repente, por supuesto que no lo sabía. Sus primos habían pasado años haciendo lo que podían para convencerla de que no lo era. Solo deseaba haberlo comprendido mientras estaba todavía en Hyugaton. Habría hecho más que amenazarlos.
—Ah, sí —dijo Hinata irónicamente—. Soy tan hermosa que todavía tienes que consumar nuestro matrimonio, y eso que hace más de una semana que fue realizado.
Naruto jadeó incrédulamente, luego sostuvo en alto sus manos vendadas.
—Es un poco difícil acostarme contigo justo en este momento, esposa.
—Tetsu dijo que no eran tus manos lo que era importante, y que si podías montar un caballo, podías montarme —espetó Hinata, luego comprendió lo que había dicho y se sonrojó ante la repetición de las crudas palabras.
—Tetsu —Naruto dijo con repugnancia—. ¿Por qué le creerías?
—Porque es un hombre y más versado en tales cosas —dijo Hinata suavemente, luego inclinó la cabeza y preguntó— ¿Entonces no es verdad? ¿ Tetsu estaba equivocado?
—Sí, estaba equi...
Naruto hizo un alto repentinamente cuando comprendió que estaba mintiendo. Podría consumar el matrimonio con ella, por supuesto. Sería difícil pero no imposible. Aunque sus manos eran inútiles, su virilidad no lo era, y se lo había dejado saber varias veces desde el incendio. No podía sentarse sobre un caballo detrás de ella sin terminar tan tieso como una espada, y cuando había tenido que llevarla a bañarse en el río… Dios bendito, ni siquiera tuvo que verla, solo los sonidos de ella desvistiéndose y salpicando agua fueron suficientes para que estuviera erecto como un poste.
Naruto había evitado dormir al lado de ella por la noche porque la idea de estar lo bastante cerca como para olerla y extender la mano y tocarla, pero todavía incapaz de hacerlo, había sido difícil de aceptar. No había tenido ninguna opción la noche en que se habían quedado en Myoboku Ville, Naruto nunca la habría humillado pidiendo su propio cuarto, pero por otro lado, había dormido tan lejos de ella como había podido, y había tenido la intención de hacerlo así hasta que se hubiera recuperado lo suficiente como para hacer finalmente todas las cosas sobre las que había estado fantaseando.
Por lo visto, aquella decisión había inducido a su esposa a creer que él no podía soportar estar cerca de ella. Simplemente había reforzado la pobre imagen que sus primos habían trabajado tan duramente para inculcarla.
Suspirando, trató de explicarlo.
—Sin mis manos para ayudar, sería incómodo para ti, pero sí, sería posible consumar el matrimonio. No podíamos hacerlo del modo normal, por supuesto. Tendrías quizá que sentarte en la repisa de ventana, o inclinarte sobre algo…
Las palabras de Naruto disminuyeron de velocidad mientras su mente se llenaba inmediatamente con imágenes de las posibilidades. Hinata sentada en la repisa de la ventana, él separando sus piernas con su cuerpo, luego moviéndose entre ellas, su cuerpo frotándose contra el de ella mientras la besaba, luego se introducía dentro de ella. Esta imagen fue rápidamente seguida de una imagen de ella inclinada sobre la repisa mientras él se introducía en ella desde atrás.
—¿Dices que has omitido consumar nuestro matrimonio en consideración a mi incomodidad?
La voz de Hinata lo apartó de sus imaginaciones y Naruto frunció el ceño. Pese a su incomodidad, ella no sonaba como si le creyera.
—Bueno, sí, por supuesto, y esa es la razón por la cual no me he unido a ti en nuestra cama. ¿Realmente pensaste que prefería la dura y compacta tierra a las suaves y calientes pieles de nuestra tienda?
—No, por supuesto que no —dijo ella, y su voz se estaba tornando también impaciente—. Por eso es por lo que asumí que preferías la tierra dura y compacta a mi compañía.
Naruto abrió su boca, luego la cerró de nuevo. Él podría entender que sus primos habían afectado su confianza, pero había pensado que su deseo por ella durante su noche de bodas había sido bastante obvio. Había estado tan tieso como una espada e impaciente como un muchacho en su primera vez. ¿Cómo podría ella haber ignorado eso?
Naruto apretó los labios cuando consideró una razón por la que podría haberlo ignorado.
—¿Estabas bebida durante nuestra noche de bodas?
—¡No! —dijo Hinata, aparentemente conmocionada por la pregunta.
—Bueno, entonces seguramente notaste mi —Naruto hizo una pausa, buscando un término alternativo para el vulgar que le había venido a la mente para describir su erección—impaciencia.
Cuando Hinata solo se quedó mirándolo fijamente, Naruto dejó escapar el aliento en un suspiro exasperado.
—Confía en mí, esposa, si mis manos no estuvieran heridas, consumaría nuestro matrimonio en cada oportunidad que tuviera. Pero no te causaré un dolor innecesario.
Hinata mordió su labio inferior e hizo una pausa un momento antes de responder.
—Bueno, mi madre me advirtió sobre lo que debía esperar, y dijo que la primera vez podría ser bastante incómoda y hasta dolorosa. Aprecio tu preocupación, pero si deseas...
—Hinata —interrumpió Naruto—. No sabes lo que estás pidiendo. La primera vez no siempre es agradable para la mujer, pero sin mis manos podría ser completamente desagradable.
—Ya veo —murmuró Hinata, entonces saltó ante un golpe en la puerta.
Dándose la vuelta, la abrió para encontrarse a Gamatatsu allí de pie, con aspecto inseguro.
El muchacho desvió la mirada de ella a Naruto.
—¿Todavía quiere su baño, mi señor? ¿O debo...?
—Me iré para que te bañes —murmuró Hinata, y se deslizó fuera del cuarto.
Con el corazón hundido, Naruto la observó irse. Estaba seguro de que había visto el brillo de las lágrimas en sus ojos antes de que se hubiera alejado, y supo que no había logrado convencerla de la verdad. Tampoco sabía qué hacer al respecto.
Al darse cuenta de que Gamatatsu todavía estaba de pie en la puerta, le indicó con la mano que pasara. Naruto había estado supervisando hoy el campo de práctica, y había sufrido una caída cuando uno de los hombres había chocado contra él. El campo había estado fangoso después de la lluvia de la noche pasada, y aun cuando Gamatatsu había usado un trapo para limpiar lo peor del barro en ese momento, necesitaba un baño para quitarlo todo. Sin embargo, Naruto no había querido molestar al personal de la cocina para que calentaran agua para él, así que había decidido esperar hasta después de la cena.
Naruto consideró el problema de qué hacer acerca de su esposa mientras le preparaba el baño. Se encontró escuchando solo a medias la charla del muchacho mientras transportaba la tina y la llenaba para su baño. Ya había notado que el muchacho tenía mucho en común con su esposa. Aparte de mostrar una propensión a la torpeza, el muchacho podía mantener conversaciones enteras sin que nadie más contribuyera a ellas.
Por extraño que pareciera, Naruto encontraba esta tendencia tranquilizante. Con Gamatatsu, la charla era generalmente sobre batallas, armas y caballos. Por supuesto, la primera noche que había servido como escudero de Naruto, Gamatatsu había preguntado si sus manos se habían quemado durante una batalla con un dragón. Había parecido poderosamente decepcionado al saber que no era un dragón lo que había herido a su maestro, luego le sermoneó a Naruto sobre la naturaleza peligrosa y cobarde de los dragones.
Le había explicado con bastante autoridad que tenían el peor caso de mal aliento que hubiera existido nunca, y tendían a comer a damas y a hacerlas gritar.
La tina estaba llena, el cuarto vacío. Gamatatsu ayudó a Naruto a desvestirse antes de que él dijera algo que realmente requiriera una respuesta.
—¿Qué hace uno cuándo yace con una dama?
Naruto miró asombrado al muchacho, con la boca abierta durante un momento, antes de jadear con asombro.
¿Por qué preguntas acerca de yacer?
—Bueno, oí a lady Mei diciendo a una de las criadas que lady Hinata piensa que está disgustado con ella porque todavía no ha yacido con ella —explicó él—. ¿No está arropándola por la noche?
—Dios bendito, el castillo entero lo sabe —refunfuñó Naruto mientras salía de sus calzas y entraba en la tina; luego comprendió que había esperado demasiado.
Era imposible guardar secretos en un castillo. Sugirió al muchacho que fuera abajo y le pidiera al cocinero un dulce que pudiera disfrutar mientras esperaba a que Naruto terminara su remojón.
Una vez que el muchacho se hubo ido, Naruto se hundió en el agua y cerró sus ojos mientras reflexionaba qué hacer respecto a su esposa. Parecía obvio que no podía dejar las cosas como estaban, pero no sabía que hacer. Estaba bastante seguro de que no sería capaz de convencerla con simples argumentos verbales.
Naruto nunca se había considerado muy bueno en tales asuntos. Estaba más cómodo con las acciones que simplemente discutiendo los asuntos. No tenía ninguna pista de lo que podría decir para convencer a Hinata de que realmente la encontraba atractiva y deseaba acostarse con ella. Naruto sospechaba que podría decirlo hasta que su cara se pusiera morada y ella no lo creería. Probablemente el único modo de convencerla realmente era tener relaciones con ella. Estaba poderosamente tentado a hacerlo. Sin embargo, ella no se lo agradecería después, a pesar de lo que dijera.
Hinata no tenía ninguna pista de lo que estaba pidiendo, y Naruto no podía prepararla correctamente sin sus manos para acariciarla y sostenerla. Sin sus manos, solo tenía su boca para trabajar con...
Naruto se sentó repentinamente en la tina, haciendo que el agua salpicara en todas direcciones, mientras una ola de imágenes y pensamientos asaltaba su mente. Hinata desnuda ante él. Él besándola y acariciándola con su boca hasta que ella gritara de placer. Él elevándose y conduciéndose dentro de ella…
—Maldición, ¿por qué no pensé en eso antes? —refunfuñó, luego llamó a gritos a su escudero.
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Continuará...
