Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC


«DOCE»


Hinata volvió a su cuarto y encontró una tina a medio llenar y a Natsu alimentando un fuego en la chimenea. Se sorprendió de que los criados se las hubieran arreglado para calentar agua para dos baños, y casi deseó que no se hubieran tomado esa molestia. Todo lo que realmente quería era irse a la cama.

Hinata estaba descorazonada después de su conversación con Naruto, aunque no tan deprimida como había estado antes de ella. No creía en lo que él había alegado, eso de que se abstenía de consumar el matrimonio en consideración a ella. Incluso había admitido que era posible hacerlo aun con la herida en sus manos, lo que, suponía ella, significaba que él no lo consumaba porque le daba pereza. No obstante, era un alivio saber que no la encontraba tan repulsiva como para evitarla en la mesa durante las comidas.

Hinata se apuró a tomar su baño, luego se envolvió en una toalla de lino y se sentó junto al fuego para secar su cabello frente a las llamas. Todavía estaba sentada allí unos momentos mas tarde, cuando la puerta de su recámara se abrió de repente y entró Naruto.

—¿Esposo?

Hinata se giró en su silla y lo contempló con sorpresa, notando que él también llevaba puesta solo una toalla de lino, aunque esta era mucho más pequeña y la llevaba alrededor de su cintura.

—Ya lo he resuelto —le dijo Naruto a modo de saludo.

Hinata contempló la amplia sonrisa en su cara, sin saber qué pensar de eso. Su esposo no había sonreído mucho desde que ella le conocía; por esa razón su amplia sonrisa solo la ponía nerviosa.

—¿Qué es lo que has resuelto, Naruto? —preguntó aturdida.

Naruto cruzó el cuarto hasta a la ventana.

Ven aquí, Hinata.

Hinata sintió que sus ojos se achicaban por la sospecha al recordar algo que él había dicho, algo como sentarla en el alféizar de la ventana. Seguramente no iba a intentar...

No, se dijo Hinata mientras se ponía en pie lentamente. El hombre había mencionado aquello y luego había completado el cuadro con ridículas explicaciones sobre cómo eso dolería. Se había explayado sobre la incomodidad que ella ya sabía que experimentaría con o sin sus manos. Su madre no la había mantenido en la ignorancia sobre lo que debía esperar en la cama de matrimonio. Como esperaba que el matrimonio fuera consumado durante la noche de bodas, le había explicado completamente la ordalía y le había dicho que, aunque era dolorosa la primera vez, podía ser bastante agradable después si Hinata era lo bastante afortunada como para tener un esposo considerado.

Luego de escuchar con el aliento entrecortado las descripciones de su madre sobre lo que ocurriría exactamente, Hinata había encontrado difícil imaginar que eso pudiera ser agradable. De todos modos, su madre no era propensa a mentirle, por lo que le había dado el beneficio de la duda antes de la noche de bodas. Y aunque ellos nunca hubieran completado el acto, Hinata había experimentado más que un pequeño placer en su cama de matrimonio bajo los besos y las caricias de su esposo… al menos hasta que el cuarto había sido presa de las llamas.

Hinata hizo una pausa al lado de su esposo en la ventana y esperó con curiosidad.

Naruto le sonrió brillantemente y luego, de repente, se sacudió la toalla atada a su cintura con su mano vendada. La envoltura cayó sobre los juncos con un ruido sordo.

Hinata se quedó con la boca abierta. Su virilidad estaba dura como una roca y se alzaba como un poste que sale de la tierra. Apenas logró quitar los ojos de aquello tan enorme y alzarlos hasta la cara de él durante medio segundo, para luego volver nuevamente a su virilidad.

Ella lo había visto antes, por supuesto, durante la noche de bodas. Solo que Hinata no recordaba que fuera tan grande entonces… o… tan… sólido.

Hinata se sintió repentinamente agradecida de que él hubiera decidido esperar hasta reponerse de sus quemaduras antes de consumar su matrimonio. Ni siquiera le importaba mucho inspirar repugnancia en él... ¿Y por qué estaba tan mal que un hombre tuviera una amante? ¿Por qué no se limitaban los hombres a apuñalar a sus mujeres usando sus espadas? Después de todo no podía ser peor que el que las empalaran con esas increíbles cosas enormes.

Al darse cuenta de que se estaba poniendo histérica por algo de lo cual no tenía nada que temer todavía, Hinata se obligó a mirar de nuevo hacia arriba y a dibujar en su cara lo que esperaba que fuera una agradable sonrisa inquisitiva.

—¿Por qué estás haciendo muecas? —preguntó Naruto, y Hinata supuso que no había logrado fingir una sonrisa muy buena después de todo.

—Yo… —Ella buscó una excusa plausible pero nada le venía a la mente, y después de un momento Hinata abandonó el intento y en cambio preguntó— : Dijiste que habías resuelto algo, ¿qué es?

—Ah, sí —Girando, él apartó la piel de la ventana y la colocó a un al lado, permitiendo que la luz de la luna entrara en el cuarto.

Hinata se dio la vuelta para mirar detenidamente y con curiosidad hacia el patio de abajo, pero podía ver muy poco. El borde de la ventana era de casi un metro de ancho, y prácticamente hubiera tenido que acostarse sobre el borde para conseguir que su cabeza llegara cerca de la ventana, así es que en cambio miró detenidamente hacia el cristal y trató de que su expresión fuera apropiadamente interesada. El cristal era muy caro, una rareza. Era realmente impresionante que las ventanas tuvieran cristal. Si no supiera que se había casado con un hombre que provenía de una familia rica, esto se lo habría indicado.

—Bueno, esta es una ventana muy buena, mi señor esposo. Gracias por mostrarme... ¡Awk!

Hinata chilló por la sorpresa y se agarró de los hombros de él cuando su esposo, de repente, la giró para enfrentarlo, luego la tomó bajo las axilas y la sentó en el ancho alfeizar.

¿Qué estás...?

La pregunta de Hinata murió al instante, silenciada por los labios de Naruto mientras le tomaba las rodillas para abrirle las piernas, colocarse entre ellas y besarle la boca. Al principio estaba demasiado sorprendida para tratar de separarse y decirle algo, pero momentos después de que la boca de él cubriera la de ella y la lengua masculina se deslizara para incitarla a abrir los labios, mientras las lenguas de él y de ella danzaban, olvidó lo que iba a decir.

Para cuando Naruto terminó de besarla, Hinata se había derretido contra él y su mente era incapaz de retener ningún pensamiento.

—He pensado en todo esto —susurró él, su boca moviéndose contra su oído mientras trataba de que las manos de ella soltaran la tela que aferraban contra el pecho.

—Es agradable —suspiró Hinata, girando su cabeza hacia él y presionando la mejilla contra los labios de él, justo como haría un gato bajo una caricia.

—Ya que no puedo usar mis manos para prepararte, usaré mi boca — explicó él—. Pero primero tendrás que dejar caer la toalla.

—Mmm hmm —sonrió Hinata—. ¿Podrías besarme otra vez?

Una sonrisa lenta, de pura satisfacción masculina le curvó los labios cuando él notó su expresión.

—¿Te gusta cuando te beso?

A pesar de haberle hecho la pregunta, él la miró como si ya conociera la respuesta. Hinata no se preocupó. Quitando una mano de la toalla, la deslizó sobre el pelo de él y le atrajo la cabeza para otro beso. Naruto la consintió, comenzando esta vez lenta y tiernamente y luego profundizando el beso hasta que se convirtió en una batalla para ver quién podría devorar al otro primero. Cuando finalmente él alejó su boca los dos jadeaban, y él besó de nuevo la línea de la mejilla hasta el oído.

Un estremecimiento traspasó a Hinata mientras la lengua de él se movía alrededor de su oreja y ella giró la cabeza para facilitarle el acceso, luego de repente movió su cara hacia atrás para tomar la boca de él con la de ella. Naruto le devolvió el besó. Las sensaciones que él agitó en ella la hicieron arquearse inconscientemente contra él, respondiendo a las demandas de su cuerpo.

Quería estar más cerca de él, toda ella ansiaba apretarse contra él, y se movió en el borde de la ventana para estar más presionada contra su cuerpo. En el momento en que lo hizo, Naruto dejó de besarla y recorrió la longitud de su garganta con los labios, obligándola a inclinarse hacia atrás de modo que pudiera encontrar y mordisquear el hueco sensible de su cuello.

Hinata gimió y se agarró de los hombros de él para guardar el equilibrio, tomando conciencia de que había dejado caer la toalla hasta las caderas solo cuando Naruto siguió su viaje hacia abajo sin interrupciones.

Cuando los labios de Naruto se movieron sobre el pecho para tomar un pezón dolorido en su boca, Hinata jadeó. Sus pies presionaron contra la pared mientras su trasero se levantó del borde de la ventana para permitirle apretarse contra él más íntimamente. Podía sentir cómo su dureza rozaba contra ella a través de la toalla que todavía cubría la parte inferior de su cuerpo. Se sentía tan bien que no pudo evitar oprimir esa parte de su cuerpo contra la de él.

Hinata pensó que había oído el gruñido de Naruto; pero en ese momento él se apretó contra ella y ella dejó caer su cabeza hacia atrás con un gemido. Entonces el aire fresco tocó su pezón todavía húmedo y ella alzó su cabeza con un temblor, mirando hacia abajo cuando él dejó un rastro de besos hasta más abajo de su estómago que hizo que los músculos bajo la piel le vibraran. Sin aliento y sintiéndose completamente desequilibrada cuando sus hombros bajaron de forma que quedaron fuera de su alcance, Hinata se aferró a la piel que cubría la ventana. No parecía tener suficiente aliento como para protestar cuando él se arrodilló frente a ella y retiró la toalla que le cubría las caderas.

Con su centro revelado ante él, Hinata abrió su boca en un grito de protesta y casi se ahoga cuando él le abrió las piernas y le presionó su boca justo ahí.

—¡Santo Dios!

Las caderas de Hinata se levantaron como si tuvieran voluntad propia, y su trasero se elevó de la repisa otra vez. Era un manojo de confusión y sensación. Su madre nunca había mencionado esto mientras estaba instruyéndola sobre la noche de bodas. Tampoco le había mencionado la tensión ardiente que iba creciendo dentro de ella.

Hinata estaba segura de que se volvería loca si Naruto no paraba con la magia que le estaba haciendo. Estaba igualmente segura de que si él se detenía ella realmente se moriría. Quiso cerrar sus piernas y pararlo, y al mismo tiempo apretar más su cara contra ella y pegarse a él. Él no se detuvo y al darse cuenta ella de que, sin pensar, estaba tirando del pelo de él, retiró aquella mano y se agarró de la piel de la ventana, aferrándose al material y usándolo para alzar sus caderas de nuevo hasta que su cuerpo explotó de repente con el placer que él le había dado. Gritando, Hinata se colgó de las pieles y dejó caer hacia atras su cabeza… justo a tiempo de ver cómo la piel se caía sobre los dos.

—¿Hinata?

Ella era vagamente consciente de cómo Naruto luchaba con sus manos vendadas para tratar de quitar de encima de ellos la piel, luego él estuvo de pie entre sus piernas otra vez. Ella se aferró a él, acercándolo a ella, e incluso envolvió sus piernas alrededor de sus caderas y presionó su cara en el cuello de él mientras una serie de sollozos y temblores le sacudía el cuerpo. Sentía como si se hubiera deshecho, como si él fuera la única cosa sólida en el mundo a la que aferrarse.

Hinata sintió los brazos de él cerrándose suavemente sobre su espalda mientras se acercaba y gimió al sentir como su dureza presionaba contra el área todavía sensible entre sus piernas. Naruto gimió también, luego, de repente, le buscó la cara y reclamó sus labios en un beso.

Hinata le devolvió el beso apasionadamente y se arqueó contra él. Ambos gimieron mientras sus cuerpos se acercaban aún más. Esa acción le hizo comprender a ella que el placer no se había terminado todavía. Entonces Naruto se desplazó y ella lo sintió moverse contra ella.

—Espera —le susurró él y se sumergió en ella.

Hinata lanzó un grito, su cuerpo retrocedió de manera instintiva para alejarse del dolor que ella sabía que tenía que esperar.

Naruto inhaló profundamente, obligándose a permanecer completamente quieto. Quería moverse. Su cuerpo estaba enterrado profundamente en el calor ardiente de ella y quería moverse desesperadamente, pero sabía que no debía. Por el bien de Hinata era mejor si él le daba un momento para adaptarse.

—Pero... eso apenas dolió —dijo Hinata con sorpresa y Naruto se retiró lo suficiente como para mirar detenidamente su cara. La expresión de ella era de asombro.

—Yo esperaba verdadero dolor, pero eso fue apenas algo más que un pellizco —explicó ella y sonrió ampliamente, luego se movió experimentalmente contra él—. Sin embargo, lo noto raro.

Cuando ella se movió otra vez contra él, Naruto apretó los dientes; entonces se apoyó contra la parte superior de la cabeza de ella y respiró despacio para evitar entrar y salir del cuerpo femenino como todo en él lo impulsaba a hacer.

—¿Naruto? —preguntó ella de repente.

—¿Sí? —murmuró entre dientes.

—¿Esto es todo, entonces? ¿Hemos terminado?

Una risita se le escapó de los labios y él se enderezó y salió de ella mientras le decía:

—No.

—Ah —jadeó Hinata—. Eso es… agradable.

Ella pareció perpleja y luego sorprendida cuando él se enterró otra vez en ella.

—Oh, es… er… —Ella hizo una pausa cuando él se retiró otra vez y murmuró otra vez —. Oh.

Al recordar el viaje hasta allí y la inclinación de su esposa a charlar mientras cabalgaban, Naruto temió que ella pudiera sentir una necesidad de hacer lo mismo mientras él la cabalgaba, y entonces le selló la boca con un beso mientras se retiraba.

Los instintos más básicos de Naruto todavía lo impulsaban a tomar más de ella, y Naruto todavía trataba de refrenarse por su bien. Hinata parecía no apreciar esto. Tenía sus piernas aferradas alrededor de sus caderas y sus manos lo tomaban fuertemente. Él solo podía controlarla usando sus brazos y con cautela, porque no quería golpear sus manos heridas y permitir que el dolor empañara su placer.

Las buenas intenciones de Naruto murieron repentinamente cuando, de repente, su esposa le clavó las uñas en su espalda, en un intento obvio por conseguir que se moviera más rápido. Entonces él cedió ante su deseo, introduciéndose en ella con empujes rápidos y fuertes, animado por los gemidos de Hinata en su boca y el modo que ella se arqueaba contra él. Entonces, de repente, ella interrumpió el beso y echó su cabeza hacia atrás con un grito mientras se apretaba contra él. Naruto sintió su abrazo llevándolo más profundo dentro de ella y luego rugió con su propia liberación.

No fue sino hasta que se repuso lo suficiente como para dejar de apoyarse en su esposa, que a Naruto se le ocurrió echar un vistazo a la ventana sobre el hombro de ella. La cobertura estaba abierta. Alguien debía de haberlo abierto para airear el cuarto cuando habían regresado y había olvidado cerrarla. Se preguntó si alguien los habría oído. La mirada de Naruto bajó hasta el patio y se puso rígido cuando vio el auditorio de debajo.

Parecía como si la mitad de los hombres de su padre estuvieran mirando hacia arriba, a la ventana, y se encontró agradeciendo que el fuego en la chimenea del cuarto hubiera ardido lo bastante bajo como para que todo lo que hubieran visto fueran, posiblemente, solo figuras sombreadas. Entonces uno de los hombres avanzó, separándose del resto, y Naruto miró a la forma familiar. No fue hasta que el hombre levantó su pulgar en un gesto de aprobación que Naruto reconoció a su padre.

Gimiendo brevemente, dejó caer su frente en el hombro de su esposa, luego de repente le preocupó que ella también pudiera querer mirar sobre su hombro y darse cuenta de que los habían visto. Sabía que Hinata estaría terriblemente avergonzada si comprendía que su primera vez no había sido exactamente un asunto privado, así que apretó sus brazos alrededor de su cintura y la levantó del borde de la ventana.

—¡Naruto! ¡Te dañarás las manos! —gritó ella, apretando los brazos alrededor de sus hombros y enlazando sus tobillos alrededor de su espalda para no caerse.

Naruto no dijo nada, pero retrocedió desde la ventana hasta que sus pantorrillas chocaron con la cama; entonces se tiró hacia atrás y ambos cayeron encima del lecho. Hinata chilló mientras caían, luego rió casi sin aliento hasta que él los giró de manera tal que quedaran de costado, uno enfrente del otro. Él la contempló, notando su cara sonrosada, sus ojos relajados y sonrientes. Pensaba cuan hermosa se veía su esposa cuando repentinamente Hinata frunció el ceño.

—¿Qué pasa? —preguntó Naruto.

—No hicimos… la sabana… —Ella hizo una pausa, enrojeciendo por la vergüenza pero luego consiguió seguir—. Por lo general las sábanas se cuelgan para dar prueba de la inocencia de la novia, y de modo que todos puedan saber que el matrimonio fue consumado, pero nosotros no…

Ella dejó que sus palabras se esfumaran y echó un vistazo hacia el borde de la ventana.

—Ah. —Él se mordió el labio—. Bueno, yo no me preocuparía. No creo que nadie exija pruebas de que el matrimonio fue consumado. Estoy seguro que todos aceptarán mi palabra.

—Pero...

Hinata trató de protestar, pero Naruto la hizo callar con un beso, luego sacó sus brazos de debajo de ella y se acomodó en la cama. Una vez cómodamente acostado sobre su espalda, él le abrió los brazos.

—Ven, tápate con la sábana y duerme.

Hinata vaciló, luego avanzó lentamente hasta quedar al lado de él y los cubrió a ambos con las sábanas y las pieles. Después de otra vacilación, apoyó su cabeza en el pecho de él. Naruto la abrazó mientras la mano de ella subía para descansar tímidamente sobre el cuerpo de él.

Apenas comenzaba a dormitar cuando ella levantó su cabeza y comenzó a hablar, pero Naruto usó su antebrazo para presionar su cabeza sobre su pecho y simplemente dijo:

—Duerme.

Él cerró los ojos y pretendió dormirse. Después de un rato, la sintió relajarse contra él. Cuando ella emitió un ronquido suave él sonrió, encontrándolo completamente encantador. Su esposa roncaba como un marinero, pensó con algo parecido al afecto, y le dio un beso en lo alto de la cabeza. Relajándose en la cama, Naruto miró detenidamente a las cortinas que estaban encima y sonrió. Se las había arreglado para consumar el matrimonio y hasta le había dado placer sin usar sus si estuve bien, pensó.

Hinata se despertó con una sensación de hormigueo en su pecho derecho. Sonriente, murmuró algo con voz soñolienta y se estiró sobre su espalda, mientras su cuerpo se arqueaba hacia arriba para buscar la sensación. Cuando abrió los ojos, se encontró mirando la cabeza de su esposo. La luz del sol de la mañana destellaba en su pelo rubio mientras le succionaba el pecho.

Gimiendo, Hinata deslizó sus manos por el pelo de él, raspando el cuero cabelludo ligeramente con sus uñas antes de dejarlas caer para recorrer su espalda. Él levantó su cabeza para contemplarla. Al darse cuenta de que estaba despierta, Naruto desplazó su cuerpo, medio tumbándose sobre ella, y le dio un beso para desearle un buen día.

Durante un segundo, Hinata pensó que su aliento podría ser desagradable, pero luego decidió que si él no tenía problemas con ello, ella tampoco. Era una manera deliciosa de despertarse, y se convirtió en algo mucho más placentero cuando él deslizó una rodilla entre sus piernas y la presionó contra ella. Hinata gimió y se arqueó con la caricia, todo su cuerpo temblando de la impaciencia.

—¿Tenemos que movernos hasta el borde de la ventana? —jadeó cuando él se acomodó sobre ella, apoyando los codos a ambos lados de su cabeza para evitar poner peso sobre sus manos.

Naruto se quedó quieto y luego, por alguna razón, se rió un poco mientras negaba con la cabeza.

—No. Creo que evitaremos la ventana esta mañana.

—Pero...

Hinata hizo una pausa y miró hacia la puerta cuando un golpe los molestó.

—¿Quién es? —gruñó Naruto, todavía encima de ella.

—Soy Gamatatsu, mi señor —dijo el muchacho detrás de la puerta —. Vuestro padre me envía para ver si ya esta despierto. Dijo que debe ir con él a Uzumaki Ville hoy para echar un vistazo.

Naruto se alejó de Hinata con un suspiro.

—Sí. Ya estoy despierto.

—¿Quiere que le ayude a vestirse, mi señor? —preguntó Gamatatsu a través de la puerta.

Naruto se sentó y trató de alcanzar las sabanas, luego hizo una pausa al ver sus manos vendadas.

Sentándose rápidamente, Hinata tomó las sabanas y las pieles para taparlos a ambos, pero Naruto se deslizó fuera y se quedó de pie.

—¿Trajiste mi ropa, muchacho? —preguntó, mientras se movía por el cuarto y Hinata se mordía el labio mientras le miraba el miembro erecto.

—Sí, mi señor —fue la respuesta inmediata.

—Entonces entra.

Hinata logró apartar su mirada del cuerpo de su esposo y atrajo las sábanas un poco mas hacia su barbilla mientras la puerta se abría. Miró como Gamatatsu entraba con la ropa de Naruto, las botas y la cota de malla apiladas en sus brazos. El que tuviera que usar cota de malla le indicó que Uzumaki Ville estaba lo bastante lejos como para que tuvieran que protegerse contra bandidos o ataques. A Hinata le llevó un momento recordar dónde había oído ella ese nombre antes; entonces miró a su esposo, asegurándose de mantener la mirada sobre su cintura mientras preguntaba:

—¿No es Uzumaki Ville el lugar de nacimiento de tu madre?

—Sí. ¿Cómo lo sabías?

Naruto la miró sorprendido mientras Gamatatsu cerraba la puerta de una patada y llevaba su carga a la silla al lado del fuego.

—Tu madre lo mencionó el día después de que llegamos aquí — murmuró ella—. Dijo que el administrador había muerto mientras estabas lejos.

—Sí. Hiruzen. Era un anciano.

—¿Es por eso que vas allí? ¿Porque el viejo administrador ha muerto? — preguntó Hinata con curiosidad—. Supongo que tu padre tiene que hacer los arreglos para el nuevo.

Naruto hizo una pausa al lado de la silla donde Gamatatsu había puesto su ropa y se giró para mirarla detenidamente con expresión disgustada.

—Olvidé decírtelo —se dio cuenta él.

—¿Decirme qué? —preguntó Hinata mientras Gamatatsu sostenía las calzas de Naruto para que se los pudiera poner.

Naruto esperó hasta que Gamatatsu le arregló sus pantalones antes de contestar.

—Mi padre me preguntó si yo querría ser el nuevo administrador.

—¿Qué? —preguntó Hinata con sorpresa.

Mientras tanto Gamtatsu se subió en el taburete y Naruto se agachó un poco para que el muchacho pudiera pasarle la túnica por la cabeza con mayor facilidad. Una vez que todo estuvo en su lugar, Naruto se giró para mirarla con una sonrisa, esperando que ella estuviera contenta con la noticia.

—Sí. Necesita allí a alguien en quién poder confiar y piensa que esto me dará más experiencia.

Cuando Hinata lo contempló sin expresión, él le explicó:

—He estado lejos en la Cruzada durante la mayor parte de los años pasados. Soy un experto en la batalla, pero me vendría bien ejercitarme un poco en ser el señor del lugar. —Se arrodilló para ayudar a que Gamtatsu le colocara la pesada cota de malla, luego se puso de pie y añadió—: También pensó que serías más feliz si tuvieras tu propia casa para cuidar.

Hinata lo contempló mientras le preguntaba a su escudero dónde estaban su cinturón y su espada. Gamtatsu lo había dejado en el cuarto donde Naruto dormía habitualmente. Pidiendo perdón, el muchacho se apresuró a ir a la recámara para buscarlos mientras Naruto iba hacia la cama. Inclinándose, le dio un beso rápido y apasionado, luego se enderezó y salió del cuarto, mientras Hinata lo miraba fijamente.

Naruto asumiría el puesto de castellano* de Uzumaki Ville. Ellos se mudarían hasta allí. Ella tendría su propia casa para administrar.

Hinata sintió cómo el horror la iba invadiendo. Hace una semana, ella habría pensado que esto era una gran cosa y habría tenido ganas de ser la dueña de su propia casa. Su madre había hecho muchos esfuerzos para enseñarle todo lo que debería saber para desempeñar bien la tarea. Sin embargo, todo eso había sido antes de que esta nube de calamidades cayera sobre Hinata. Ahora, la idea la horrorizaba. Suponía que con su torpeza reduciría a Uzumaki Ville a escombros en tan solo una semana.

—Uzumaki Ville es donde creció lady Kushina, el hogar familiar. Cuando sus padres murieron hace algunos años, lo heredaron ella y lord Minato.

—La señora Kushina era la única hija —dijo lady Mei, y su sobrina Tayuya asintió con la cabeza.

Por su parte, Hinata permaneció silenciosa, simplemente escuchando mientras se dirigían a la solana.

Acababan de dejar el salón después de desayunar. Para cuando Hinata terminó con las abluciones matinales y descendió, Naruto y su padre ya se habían ido hacia Uzumaki Ville. Esa mañana estaban desayunando en las mesas las cuatro mujeres y varios cientos de criados y soldados.

Por supuesto, la primera cosa que había salido de la boca de lady Kushina habían sido datos sobre la mudanza a Uzumaki Ville. Parecía que todos lo sabían ya, incluso Tayuya y lady Mei. Hinata había sido la última en saberlo.

Se había enterado en la mesa que ya se había decidido que deberían esperar otra semana más antes de ir. Era de esperar que ese tiempo le diera a las manos de Naruto una oportunidad para terminar de curarse. Hinata tenía así otra semana para embalar de nuevo sus arcones antes de mudarse. No es que tuviera mucho que embalar. Nada salvo su ropa había salido de los arcones desde su viaje. Aquí no había sido necesario.

Lady Kushina había hablado con forzada alegría sobre la mudanza, y a Hinata le pareció que la madre de Naruto no estaba más feliz con el tema que ella misma. Hasta Tayuya y lady Mei parecían apagadas. Hinata había estado agradecida de escapar a la solana para poder terminar la túnica y las calzas de su esposo. Había comenzado el proyecto el día después de su llegada a Konoha Ville. Después de vagar por el castillo sin rumbo fijo durante la mayor parte de la mañana, había decidido que podía comenzar mas prendas para Naruto. Aunque él todavía llevaba puestos un par de calzas y una túnica que habían pertenecido a su hermano, no le quedaban todo lo bien que debían.

—Uzumaki Ville es completamente encantador —dijo Tayuya cuando llegaron a la solana—. Estoy segura que te gustará.

—¿Has estado allí? —preguntó Hinata con curiosidad mientras lady Mei abría la puerta.

—Sí. ¡Mi familia pasó por allí en nuestro camino hacia aquí cuándo vine al principio para formarme con lady Kush...!

Tayuya se detuvo repentinamente y estaba echando un vistazo a su alrededor cuando chocó con su tía. Lady Mei se había detenido de repente en la puerta a la solana, bloqueándoles la entrada al cuarto.

—¿Tía Mei? ¿Qué pasa?

Tayuya esquivó a la mujer mayor y miró detenidamente dentro del cuarto, luego emitió un suave «oh» mientras lady Mei giraba de repente e intentaba alejar a Hinata del cuarto.

—¿Por qué no vamos a dar un agradable paseo por el patio?

—¿Qué? Pero si está lloviendo —le recordó Hinata, pero luego frunció el ceño ante su expresión compasiva y pasó por delante de ella, decidida a ver qué pasaba en el cuarto.

—Querida, no creo que...

Lady Mei le tocó el hombro a Hinata para detenerla, luego se calló y dejó que su mano cayera con un suspiro cuando Hinata pasó por delante de Tayuya y entró en el cuarto.

Al principio, Hinata no vio nada extraño o malo. El cuarto estaba vacío, excepto por Boudica y Juno. Los galgos favoritos de lady Kushina estaban enroscados dormidos encima de un viejo trozo de tela que su ama les había colocado para su comodidad.

Hinata comenzó a retroceder hacia las otras dos mujeres, luego hizo una pausa y miró detenidamente al trozo de tela que sobresalía bajo los sabuesos.

Era del mismo color verde bosque de la tela que lady Kushina le había dado para coser la nueva ropa de Naruto, los restos de la tela con que la señora le había hecho la ropa para la boda.

—¿Hinata? —le preguntó preocupada lady Mei.

Hinata cruzó el cuarto caminando tan cuidadosamente como si fuera sobre un angosto tronco dispuesto para cruzar el río, colocando un pie enfrente del otro, su mirada fija en la tela.

Cuando llegó hasta los perros, se arrodilló con cuidado y tiró de la tela, despertando a los perros mientras, despacio, la retiraba de debajo de ellos. Boudica y Juno se levantaron y se la quedaron mirando, meneando las colas mientras Hinata sostenía la túnica para Naruto que ella casi había terminado. Estaba toda masticada y rasgada. Arruinada.

—Ohhh —fue el gemido afligido de lady Mei—. Y después de todo tu trabajo. Oh, Hinata.

—Iré a buscar a lady Kushina —dijo Tayuya, y se apresuró a salir de la habitación.

Hinata oyó que la muchacha se alejaba rápidamente, pero simplemente se quedó allí sentada, contemplando las ruinas de la ropa de Naruto. Le costaba creerlo. No podía creerlo. Su mente atontada parecía flotar inutilizada dentro de su cabeza, incapaz de comprender esta última catástrofe.

Se escuchó un gemido, entonces la lengua mojada de Boudica le pasó por la mejilla. Hinata parpadeó, tratando de enfocar su mirada, y miró detenidamente al animal justo cuando Juno también se acercaba para darle un mojado beso en su mejilla. ¿Era una disculpa? ¿Consuelo?

Boudica dio otro gemido, seguido de otro lametón, como pidiéndole que no les hiciera daño a ellos. Hinata sonrió ligeramente ante el pensamiento. Como si pudiera hacerle daño a las tontas criaturas. Suspiró largamente, dejando escapar toda la tensión de su cuerpo en ese suspiro. Dejó caer la tela para acariciar a los animales de manera tranquilizadora.

—Está bien —le dijo a los animales, calmándose con la sensación de su suave piel mientras los acariciaba.

—Pero todo tu trabajo —dijo lady Mei.

—Solo era una túnica —murmuró Hinata.

Lady Kushina había sugerido que los hados estaban actuando contra ella. Hinata estaba empezando a creerlo. Si ese fuera el caso, tenía dos opciones: rendirse y dejar de tratar de hacer algo o tratar de sacar el mejor partido de la situación y seguir adelante hasta que el destino se cansara de jugar con ella.

Hinata no era de las que se rendían.

—¿Hinata?

Alzó la cabeza mientras lady Kushina entraba lentamente en el cuarto hasta quedar de pie al lado de lady Mei. Estaba un poco sin aliento, tanto que obviamente se había apresurado para llegar hasta allí, pero ahora se movía despacio, casi con cautela, con la incertidumbre impresa en su cara. Hinata supuso que Tayuya le había dicho lo que había pasado y la mujer temía su reacción a lo que los perros habían hecho.

—Yo... —comenzó la madre de Naruto.

—Está bien —la interrumpió Hinata. Acarició la piel tanto de Juno como de Boudica una vez mas, luego recogió el pedazo de tela que era lo que quedaba de lo que había sido una túnica encantadora y se puso en pie—. Me temo que necesitaremos más tela. Espero que el comerciante de tela venga pronto.

—Enviaré a un hombre a buscarlo —dijo lady Kushina, observándola con preocupación.

Hinata supuso que era debido a que, después de cómo había estallado en lágrimas tras el fuego que había destruido sus primeros esfuerzos, lady Kushina no estaba segura de lo que debía esperar esta vez. Pero aquello había sido una reacción extraña de Hinata, sospechaba que resultado del agotamiento. No había dormido mucho en los días anteriores a aquel desastre. Además, había sido una más entre las muchas catástrofes en un período corto de tiempo. Este era el primer acontecimiento desafortunado en los tres días que habían pasado desde su llegada. No iba a deshacerse.

Acariciando el brazo de la dama cuando pasó frente a ella, Hinata dijo:

—Pienso que iré a ver si hay bastante tela de color marfil como para hacer una túnica.

Hinata salió del cuarto y fue hasta el suyo propio, todavía tenía la tela agarrada en su mano. Podría usar la ropa destruida para medir la tela de marfil, y se la echo sobre el hombro mientras se arrodillaba frente a su arcón, haciendo una pausa y oliendo el aire. Olía... Hinata olió otra vez y giró la cabeza hacia la túnica que colgaba sobre su hombro. Carne de cerdo. Levantó la ropa para acercarla a su cara para estar segura. La túnica olía a carne de cerdo.

Hinata se recostó y contempló la ropa. Habían cenado carne de cerdo la noche anterior, pero no tenía ni idea de cómo la túnica había adquirido el olor. Hinata no había cosido después de la comida. En vez de eso había ido a hablar con Naruto y luego… bien, ella ni había pensado en coser después de la visita de Naruto a su cuarto.

Ella manoseó la tela. Con la túnica oliendo de la manera en que lo hacía, no era sorprendente que los perros la hubieran buscado. ¿Pero cómo había terminado oliendo a carne de cerdo? Alguien tenía que haberlo hecho, pero... ¿quién? No era bastante el tocarla con dedos mugrientos. La tela estaba saturada con el olor, como si alguien hubiera frotado la carne sobre ella.

Esta era la segunda pieza de vestimenta que Hinata había estado haciendo para Naruto y que se había arruinado. La primera en el incendio y ahora esta. Sacudió su cabeza cuando un pensamiento repentino la golpeó. Seguramente no había nadie saboteando sus esfuerzos, ¿verdad? Hinata no podía creerlo. Pero realmente había pensado que había apagado aquella vela en la tienda de campaña. Y ahora el olor de carne de cerdo. Por otra parte, últimamente, había sido increíblemente propensa a accidentes, y era posible que no hubiera apagado la vela después de todo.

Estaba teniendo ideas tontas, decidió Hinata. Quizá el olor de carne de cerdo había llegado a la túnica por casualidad, aunque no podía imaginarse cómo había pasado. De todos modos, estono podía haber sido hecho deliberadamente. Todos eran tan agradables con ella.

Hinata dobló la túnica y la puso en el arcón encima de la tela marfil, pensando que quizá era una buena cosa que ella y Naruto se fueran a Uzumaki Ville. No pensaba comenzar otra túnica hasta que llegara a su nueva casa. Solo para estar segura.

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Continuará...