Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC


«TRECE»


—Tayuya, puedo tener una memoria defectuosa, pero estoy segura que dijiste que Uzumaki Ville era completamente encantador —dijo Hinata débilmente mientras cabalgaban lo suficientemente cerca como para ver las paredes a punto de derrumbarse.

—Sí. —La joven sacudió la cabeza impotente, con su mirada también fija en el castillo que se encontraba enfrente—. Lo era cuando lo vi.

—¿Qué edad tenías?

—Seis años —confesó.

—Ya veo.

Hinata soltó el aliento en un suspiro, luego intentó componer una expresión que esperaba que fuera serena cuando su marido redujo la marcha de su caballo para quedar junto a ellas.

Era una semana después de la mañana en que Hinata había descubierto a los perros de lady Kushina durmiendo en la túnica arruinada. Una semana absolutamente pacífica, sin calamidades. Hinata había llegado a la conclusión de que su breve preocupación porque alguien pudiera estar tratando de sabotear sus esfuerzos había sido debida a un exceso de imaginación. Nada había ocurrido desde entonces.

Realmente, nada en absoluto había pasado durante la semana pasada. Había sido una cadena de días y tardes aburridos. Naruto había cabalgado con su padre a Uzumaki Ville cada mañana. El castillo estaba a media jornada de viaje, y cuando los dos hombres habían vuelto por la noche era bastante tarde. Hinata estaba a menudo dormida cuando Naruto volvía. Si no, lo estaba tan pronto como él se desplomaba en la cama agotado y comenzaba a roncar.

Naruto no había tomado a Hinata de nuevo desde la noche en que habían consumado la boda, para gran desilusión suya, y de nuevo luchaba contra el miedo de que fuera simple y llanamente una carencia de deseo de hacerlo.

Trató de decirse que solo estaba cansado, pero era como si sus tres primos se hubieran hecho un lugar en su cabeza, ya que Hinata podía oír sus voces afirmando que solo se había acercado a ella la primera vez por deber y ahora no podía resistir el ser molestado otra vez con su cuerpo rechoncho. Cuando surgían aquellas voces, las apartaba y se decía que tenía que esperar hasta que estuvieran en Uzumaki Ville para ver lo que sucedía. Así que Hinata había esperado.

Mientras tanto, había aprendido de lady Kushina que había habido algunos problemas con los ladrones en Uzumaki Ville a lo largo de los años. Los asaltantes escoceses habían cruzado la frontera cercana para robar animales y acosar a la gente del área. Parecía que en una o dos ocasiones habían atacado al mismo castillo. Este último punto, afirmó lady Kushina, fue lo que trastornó más a lord Minato, pues su administrador, Hiruzen, nunca le había informado de estos problemas. En cambio había decidido tratar con ellos él solo, para gran perjuicio del castillo y de su gente. Por lo visto había mucho que hacer, y Naruto y su padre habían estado apresurándose para tener todo preparado para que Hinata y Naruto se mudaran allí.

Hinata miró detenidamente los agujeros en el muro externo de Uzumaki Ville con preocupación. Los agujeros eran claramente el resultado de ataques. La mayor parte eran pequeños, y había pruebas de que varios agujeros mucho mayores habían sido reparados. En algunas áreas se veían secciones enteras del muro que claramente habían sido reconstruidas recientemente. No tenía ninguna duda que la reparación de los muros era una de las tareas que su marido y su padre habían estado supervisando la semana pasada. Ningún hombre habría querido traer a sus mujeres a un castillo inseguro.

—Uzumaki Ville no es la casa que una vez fue —dijo Naruto una vez que su montura estuvo junto a ella.

Hinata asintió a las palabras de su marido, pero logró no hacer ningún comentario.

—Este era el hogar familiar de madre.

Hinata miró hacia donde lady Kushina cabalgaba junto a su marido. La madre de Naruto había decidido acompañarlos a Uzumaki Ville, así es que por supuesto Tayuya y lady Mei se habían unido también al grupo. Comprendiendo que su marido esperaba alguna clase de respuesta, Hinata asintió.

—Estará disgustada cuando vea lo que el tiempo y los problemas le han hecho.

Cuando Hinata asintió de nuevo, Naruto gruñó con satisfacción e impulsó a su caballo hasta donde iba su padre. Ella se le quedó mirando, bastante aturdida en cuanto a lo que se suponía que debía entender de la breve conversación. Había pensado al principio que pensaba advertirla o calmarla. Quizá deseaba que ayudara a su madre con cualquier disgusto que la mujer pudiera experimentar cuando llegaran.

Hinata estaría más que contenta de alegrar y consolar a su nueva suegra si la situación surgía. La mujer había sido la misma bondad con ella. Sin embargo, si era lo que Naruto quería, lamentaba que simplemente no lo hubiera dicho. Francamente, los hombres podían ser las menos comunicativas de las criaturas.

Sacudiendo la cabeza, permaneció silenciosa durante el resto del viaje, prestando más atención a lady Kushina que al muro mismo cuando cabalgaron a través de él hasta los escalones del torreón. La madre de Naruto se mantuvo bien al principio, aunque su espalda se puso realmente más tiesa con cada paso que daban los caballos, estirando el cuello y alzando la cabeza más y más alto hasta que Hinata pensó que podría romperse. De todos modos, aquellos eran los únicos signos externos de su trastorno.

Desmontaron en los escalones del torreón. Naruto y su padre tomaron a los caballos por las riendas y comenzaron a conducirlos hacia lo que ella supuso que debían de ser los establos, pero el edificio estaba tan lleno de agujeros que era una maravilla que aún estuviera en pie.

Ninguno comentó el hecho de que no hubiera nadie allí para encargarse de los animales, pero Hinata vio a los dedos de lady Kushina apretarse donde los tenía agarrados frente a ella. Después de una pausa, la dama enderezó sus hombros y condujo a las mujeres por las escaleras del torreón.

Fue cuando atravesaron las grandes puertas dobles abiertas y vieron el estado del interior que lady Kushina finalmente perdió un poco de su compostura. Sus ojos se ensancharon, sus hombros se encorvaron, y un suave «ah» de consternación y dolor resbaló de su boca, que permaneció abierta después de que el sonido murió.

Hinata inmediatamente tomó su brazo, no fuera que se desmayara. Su toque espoleó a lady Kushina a hablar.

—Esto es… esto es...

—Fácilmente arreglable con un poco de esfuerzo —terminó Hinata firmemente, obteniendo una mirada dudosa de Tayuya.

Por suerte, lady Mei fue de más ayuda, murmurando su acuerdo mientras se movían hacia la mesa en el centro del salón.

—Ah, Hinata —suspiró lady Kushina, luego giró sus ojos grandes hacia ella—. La verdad es que no había comprendido… No pueden quedarse aquí.

Esto es... esto es...

—Estará bien —le aseguró Hinata, haciendo todo lo posible por ignorar su propia consternación ante el estado del lugar.

El suelo estaba cubierto de una alfombra escasa de juncos tan viejos que había plantas y, aún peor, moho creciendo en ellos. Las paredes estaban ennegrecidas y manchadas de hollín como si nunca hubieran sido blanqueadas, aunque Hinata estaba segura que debían haberlo sido mientras lady Kushina había vivido aquí. La escalera al piso superior estaba en un terrible mal estado, y le faltaban escalones en algunas partes. Había también grandes agujeros, algunos del tamaño de camas, en los suelos de madera de los cuartos de arriba.

—Mi pobre hogar —murmuró lady Kushina mientras se hundía en el banco de la mesa bajo la presión de Hinata, y cayó al suelo cuando se desplomó bajo ella.

—¿Está bien? —preguntó Hinata con alarma cuando ella y lady Mei la ayudaron a ponerse de nuevo de pie.

—Sí, gracias —murmuró lady Kushina mientras todas las mujeres se ponían a cepillar el polvo y suciedad que su caída había provocado.

—Mi falda está bien, se lavará —dijo lady Kushina con un suspiro cuando se hizo obvio que sus esfuerzos eran inútiles. Entonces se dio la vuelta para mirar con resentimiento alrededor del gran salón, solo para detenerse y parpadear—. ¿Es eso un cerdo?

Hinata siguió su mirada y sus ojos se dilataron cuando contempló a la enorme cerda que se revolcaba en los sucios juncos en una esquina. Mientras miraban, la bestia pateó los juncos varias veces, luego se dejó caer de lado con un resoplido, por lo visto lista para dormir durante el calor de mediodía.

—Creo que lo es —dijo Hinata débilmente, perdida respecto a cómo reaccionar.

Sabía que muchas personas dejaban a sus animales dentro del torreón por la noche para mantenerlos seguros y cálidos, pero su madre no había sido una de esas personas y, aparte de sus perros, tampoco lady Kushina. Sin embargo, Hinata no tenía idea de qué hacer con la bestia.

—Tu madre está resistiendo mejor de lo que yo había esperado. Traté de convencerla de no venir hoy, sabes —comentó Minato Namikaze mientras él y Naruto terminaban con los caballos y emprendían el viaje de regreso hacia el torreón.

—¿Lo hiciste? —preguntó Naruto.

—Sí. No quería que ella viera su hogar familiar así, pero es una mujer obstinada, tu madre. Nada la convencería de no venir a verlos a los dos instalados. —Él gesticuló—. Ahora me preocupa que ella trate de insistir en permanecer hasta que sea puesto a punto, o en que no deberían quedarse hasta que esté mejor preparado.

Naruto casi gimió ante la idea. La semana pasada de viajes de acá para allá había sido agotadora, pero aunque las paredes de Uzumaki Ville tenían que ser reparadas para hacer seguro el traer a Hinata, no había querido quedarse aquí solo. El señuelo de su cama de matrimonio lo había llamado a casa cada noche, y había vuelto solo para encontrarse demasiado agotado para disfrutarla.

Miró detenidamente sus manos y las apretó. Su madre había quitado las últimas vendas esa mañana, y aunque la piel se sentía tensa cuando cerraba sus manos en puños, estaba contento con su forma. Estaban un poco sensibles y no totalmente curadas, pero lo harían. No podía esperar a tocar a Hinata con ellas, y planeaba hacerlo esa misma noche. Habiendo viajado solo un camino esta vez, Naruto estaba seguro de que el agotamiento que había estado molestándolo la semana pasada no sería un problema y sería finalmente capaz de disfrutar de su dulce y suave esposa otra vez.

—¡Qué demonios!

La exclamación asustada de su padre hizo que Naruto mirara hacia el torreón. Ambos hombres dejaron de andar cuando vieron la lucha que ocurría en lo alto de la escalera. La dulce y suave esposa de Naruto, su criada y su generalmente solemne madre gritaban y chillaban y empujaban una cerda bastante enorme fuera del castillo. Las tres mujeres estaban situadas detrás del animal, enorme y obviamente preñado, inclinadas y con las manos en los generosos cuartos traseros mientras le daban empellones y la empujaban y trataban de forzarla a salir por la puerta principal del torreón.

Tayuya y su tía estaban también allí. Sin espacio detrás de la bestia, la tía se puso a una distancia segura con una expresión dudosa. Tayuya brincaba, aplaudiendo con sus manos y gritando «¡buuu!» a todo pulmón, como si pensara que cuanto más alto gritara, más probable sería que el animal la oyera y la entendiera.

Dejando escapar el aliento, Naruto empezó a avanzar de nuevo.

—Creo que mejor arreglamos esto antes de que consigan que las muerda. ¿No saben que los cerdos tienen dientes?

—La pregunta es, ¿sabe el cerdo que tu madre los tiene? —preguntó Minato Namikaze con diversión mientras lo seguía.

Los dos hombres alcanzaron a las mujeres antes de que el cerdo se enfadara demasiado. Naruto usó tranquilamente una manzana para conducir a la bestia escaleras abajo, mientras su padre acompañaba dentro a las excitadas mujeres. Los cinco estaban parados junto a la mesa de caballete cuando Naruto volvió, y su padre sacudía la cabeza tristemente mientras lady Kushina insistía.

—Simplemente no pueden quedarse aquí, Minato.

—Estará bien, mi señora —dijo Hinata, pero lady Mei sacudió su cabeza y añadió su apoyo a lady Kushina.

—Vuestra esposa tiene razón, mi señor. Hinata es una señora bien criada, una noble. No puede esperar que la pobre niña se quede en estos escombros.

—Nos quedamos —dijo Naruto firmemente cuando se acercó a ellos.

Su madre miró hacia él con ceño disgustado, pero, a pesar de su impotencia las dos semanas pasadas, Naruto no era un niño. Se negaba a echarse atrás.

—Haremos limpiar este lugar y ponerlo en orden en poco tiempo ahora que Hinata está aquí para dirigir a los criados. Ella puede atender al interior mientras yo controlo el exterior de nuestra casa. Cuando vuelvan para una visita, estará en buenas condiciones.

—Estoy de acuerdo con el muchacho, Kushina —dijo lord Minato—. Esta será ahora su casa, y las reparaciones irán mucho más rápidamente si ellos están aquí todo el tiempo en lugar de gastar tantas horas montando a caballo ida y vuelta desde Konoha Ville cada día.

—Bien —dijo lady Kushina repentinamente—. Entonces me quedaré también, a ayudar.

—Kushina —la reprendió lord Minato—, si te quedas, simplemente asumirás la tarea como lo harías en casa. Es la casa de la muchacha. Déjala atenderla como le parezca.

—Pero… —Lady Kushina miró detenidamente a su alrededor, a las ruinas—. Hay tanto por hacer antes de que estén cómodos. La ayuda haría que todo fuera más rápido.

—Yo podría quedarme para ayudar —ofreció Tayuya.

—Esa es una buena idea —dijo Naruto, luego se encogió de hombros cuando todos se volvieron para contemplarlo—. Ella puede echar una mano y acompañar a Hinata también. Si lady Mei lo permite —añadió.

La tía de Tayuya apretó los labios, luego asintió.

—Podemos quedarnos sin ninguna duda. Será útil para Tayuya. Después de ayudar aquí, será más que capaz de manejar cualquier emergencia que una noble pudiera encontrar —dijo lady Mei secamente.

—Pero... —comenzó lady Kushina, justo cuando Hinata protestaba:

—Oh, realmente no es necesario.

Ambas fueron calladas por el padre de Naruto.

—Parece una solución perfecta. Enviaremos vuestras cosas desde Konoha Ville cuando volvamos, y volveremos en una semana para recogerlas, señoras, y llevarlas de regreso. Sin embargo, si cambian de opinión en cualquier momento y desean volver antes a Konoha, serán bienvenidas y Naruto suministrará una escolta. —Esperó a que ambas mujeres asintieran, luego batió palmas—. Bien, bien. Bueno, entonces mejor nos dirigimos a casa y los dejamos para que reúnan a sus criados para las tareas. Tenemos un largo viaje de regreso.

—Pero, Minato, acabamos de llegar—protestó lady Kushina.

—Te dije que no planeaba quedarme mucho tiempo y que no deberías molestarte en venir —indicó él —. Solo quería estar seguro de que la última sección de muro había sido terminada esta mañana como se pidió. Tenía que hacerse antes de que Hinata y Naruto pudieran quedarse aquí.

—Sí, pero…

—Hice que Ayame preparara una comida para nosotros para disfrutar en el viaje de vuelta —continuó lord Minato—. Vámonos para que los niños puedan comenzar a enderezar las cosas aquí. Querrán tener mucho hecho antes del anochecer de modo que puedan dormir cómodamente.

Naruto contuvo el aliento, seguro de que su madre protestaría más, pero ella desistió con un suspiro.

—¡Bien! —Él acarició su brazo—. Te dejaré para averiguar lo que las señoras desean que les envíen de Konoha Ville, y para decir vuestros adioses, mientras hablo con Naruto.

Naruto salió con su padre, asintiendo cuando el hombre mayor daba sugerencias y consejos sobre qué ver después. Por lo visto, aunque lord Minato pensaba que su señora esposa no debería dar consejo a Hinata en la dirección de la casa, no era de la misma opinión cuando era para su hijo. Sin embargo Naruto no se opuso.

Justo terminaban su conversación cuando las mujeres finalmente salieron del castillo. Naruto no tenía ni idea de qué habían estado hablando dentro las mujeres. Estaba seguro que lady Mei y Tayuya habían dado a su madre una larga lista de cosas que deseaban que les enviaran, y dudaba muchísimo que su madre hubiera logrado evitar dar alguna instrucción a Hinata. Era natural para ella después de entrenar Tayuya durante tanto tiempo. Sin embargo, no sabía qué era responsable de los ojos enrojecidos y los sollozos de las mujeres.

—Mujeres —suspiró su padre con exasperación mientras las mujeres se acercaban—. Pensarías que vamos a estar a tres días de viaje en lugar de a medio día.

—Sí —estuvo de acuerdo Naruto.

—Ven, esposa. No estarán lejos —dijo lord Minato cuando las mujeres hicieron una pausa en el fondo de la escalera para abrazarse unas a otras en un lloroso cuadro.

Alejándose de mala gana, lady Kushina se acercó a dar a Naruto un abrazo, sosteniéndolo tan fuertemente que él temió que le rompería una costilla antes de soltarlo.

—Cuídala, hijo. Es una muchacha muy dulce.

Naruto asintió, aunque no estuviera seguro a quién se refería. Su primer instinto fue suponer que se trataba de Hinata, pero él no pensaba en su esposa como una muchacha. Tayuya era una muchacha. La esposa de Naruto era toda una mujer.

—Kushina —dijo Minato con voz sufrida.

—Hombres —refunfuñó su madre, pero finalmente liberó a Naruto y se movió para montarse en su caballo.

—Les haremos una visita en una semana y veremos cómo van las cosas — anunció lord Minato cuando él también montó—. Envía un mensajero si tienes algún problema.

Naruto asintió, luego miró a sus padres salir del patio, con sus hombres y la criada de lady Kushina siguiéndolos. En cuanto estuvieron fuera de la muralla y se dirigieron hacia la colina, Naruto se giró para mirar a las mujeres que estaban en la base de los escalones. Miraban al pequeño grupo viajero como si vieran alejarse a su último amigo.

Sacudiendo la cabeza, Naruto se aclaró la garganta para llamar la atención.

—Les dejaré a los criados y el torreón mientras arreglo los asuntos aquí fuera. Vengan a buscarme si me necesitan.

—Sí, esposo —murmuró Hinata, e incluso logró dirigirle una sonrisa.

Naruto le hizo un guiño con el ojo y gruñó su satisfacción, se dio la vuelta para cruzar el patio hasta donde varios hombres reparaban los agujeros más pequeños en el muro. Uzumaki Ville había estado en un estado terrible cuando Naruto y su padre habían venido para inspeccionar las cosas una semana antes.

Hiruzen había dirigido el castillo desde la muerte del abuelo de Naruto, poco después de que sus padres se casaran. Aunque sus padres habían hecho visitas al castillo cuando era un muchacho, Naruto no podía recordarlos volviendo allí en al menos los últimos diez años. Había sido un error que su padre había lamentado amargamente cuando vio el estado desvencijado del lugar la semana anterior. Hiruzen no había sido ningún hombre joven cuando había tomado el papel de administrador, pero había sido muy viejo a la hora de su muerte, obviamente demasiado viejo para cuidar correctamente del castillo, y demasiado obstinado para admitirlo.

El padre de Naruto era por lo visto la única persona en el área que no había sabido que el hombre ya no estaba a la altura de la tarea de dirigir Uzumaki's. Sin ninguna duda, los escoceses que habían robado todo el ganado y atacado repetidamente el castillo habían sido conscientes de ello. Se habían llevado todo lo de valor que no estuviera clavado, incluso partes del mismo muro.

Todo lo que había quedado cuando Naruto y su padre llegaron a inspeccionar el castillo eran un muro roto, un esqueleto de torreón con la madera putrefacta en todas partes, una banda de criados irritados, cincuenta soldados mal vestidos y un par de cerdos y pollos.

El primer problema que Naruto había encontrado eran los soldados. Los hombres habían estado hoscos y resentidos de que su señor los hubiera descuidado así, abandonándolos a un administrador incompetente y sin preocuparse nunca por comprobar su situación.

A Naruto le había costado casi dos días asegurar a los hombres que ahora las cosas cambiarían para bien. Fue solo entonces cuando consiguió que trabajaran en serio, pero habían trabajado duro desde entonces y las cosas estaban saliendo muy bien. Los hombres adicionales que su padre había traído de Konoha Ville también ayudaron y, si las cosas seguían como estaban, esperaba tener a Uzumaki Ville de regreso a su estado original antes del otoño. Al menos el exterior. Tenía que terminar de reparar los muros y construir nuevos establos, la choza del herrero, la del zapatero y otras estructuras críticas. También tenía que encontrar gente buena para cubrir las posiciones. Los hombres expertos habían huido hace mucho, llevando sus habilidades a donde serían mejor apreciadas.

Naruto esperaba que Hinata tuviera el interior del torreón preparado mucho antes de eso. Su trabajo debía ser fácil comparado con el suyo, pensó mientras alcanzaba a los hombres que trabajaban en el muro y se unía a ellos en el esfuerzo. Era sobre todo un asunto de limpieza, y dudaba que los criados estuvieran tan resentidos y fueran tan difíciles de tratar como lo habían sido los soldados.

Estaba bastante orgulloso de la reacción de ella ante el estado lamentable del torreón. Su padre había estado seguro que ella estaría disgustada, pero Naruto había pensado de forma diferente. En su experiencia, nada hacía más feliz a una mujer que enderezar las cosas, y ella tenía bastante que enderezar aquí.

Sí, pensó, Hinata tendría el torreón en perfecto orden en poco tiempo. Sin duda, justo en ese momento tenía un ejército de criados limpiando como locos.

—¿Esposo?

Naruto se apartó del muro para mirar acercarse a su esposa. Se encontró lamiéndose los labios mientras las caderas de ella se contoneaban y sus pechos se movían al caminar. Tenía grandes esperanzas de ser capaz de tomarla esta noche. Sin el viaje de vuelta para desgastarlo, Naruto esperaba no caer en un sueño agotado en el momento de acostarse.

—¿Naruto? ¿Me escuchaste? —preguntó Hinata, y Naruto frunció el ceño cuando comprendió que ella había estado hablando y él había estado demasiado ocupado anticipándose a la noche para oírla.

—No —admitió él—. ¿Qué dijiste?

—Dije que he perdido a los criados.

Naruto la miró. Y la miró. Entonces, seguro de que había oído mal, preguntó:

—¿Perdón?

—Bien, realmente no los he perdido. Simplemente no puedo encontrarlos —dijo Hinata—. No están en el pasillo ni en la cocina, y no tengo ni idea de donde más buscar.

—¿Has intentado arriba de la escalera? —preguntó Naruto.

Hinata contempló a su marido sin expresión.

—No podrían estar arriba, Naruto. Los escalones están rotos.

—Solo tres o cuatro de ellos —indicó él—. El resto están bastante bien. Padre y yo las usamos el primer día que vinimos. Los criados probablemente están arriba preparando los cuartos para la noche.

—Oh. —Hinata se movió nerviosamente sobre sus pies, luego suspiró y murmuró en forma dubitativa—: Miraré arriba.

Dejándolo con su trabajo, Hinata volvió al torreón. Rápidamente encontró a Natsu, quién hurgaba en los artículos en la parte trasera del carro. La criada estaba buscando de equipo de limpieza, algo que no habían localizado en el castillo cuando habían ido en busca de los criados. Hinata la dejó con su tarea y subió los escalones hacia el salón.

—¿Dónde está lady Mei? —preguntó a Tayuya.

La muchacha estaba contemplando los restos del banco que se había desplomado bajo lady Kushina.

—Fue a ver si hay un jardín de hierbas detrás de las cocinas. Dijo que imagina que si lo hay se habrá asilvestrado, pero espera que se pueda salvar.

Hinata asintió. Ella ni siquiera había considerado aún la cuestión, pero un jardín y las hierbas y plantas medicinales que proporcionaba podrían ser tan indispensables como un pozo. El pensamiento la hizo decir:

—Me pregunto dónde está el pozo. Debería haber uno. Incluso si el original estuviera contaminado, Naruto y su padre habrían cavado uno nuevo.

—Sí, y necesitaremos el agua para limpiar. —Tayuya echó un vistazo hacia la puerta—. ¿Voy a preguntarle?

—¿Te importaría? Necesito comprobar si los criados están arriba.

Los ojos de Tayuya se abrieron incrédulamente.

—¿Por qué? No es seguro, y ellos no pueden estar arriba.

—Sí, bueno, yo tampoco lo creo, pero Naruto sugirió que podrían estar arriba preparando los cuartos.

Tayuya resopló ante la idea.

Hinata sonrió ligeramente.

—Por favor, ve a comprobar con Naruto dónde está el pozo y yo buscaré a los criados.

Tayuya vaciló

—Bueno, ten cuidado. Esas escaleras no parecen seguras.

—Tampoco el piso de arriba —reconoció ella—. Tendré cuidado.

Esperó hasta que Tayuya se hubo dirigido hacia la puerta, luego comenzó a subir con cautela, agarrándose al pasamanos cuando había. Tenía una imagen clara del banco desplomándose bajo lady Kushina, y con su propia lista reciente de accidentes y calamidades, no estaba muy segura de que fuera capaz de subir la escalera sin al menos rasparse una rodilla.

Hinata gesticuló ante el pensamiento y se preguntó por qué siquiera se molestaba con esta tarea. A decir verdad, lo consideraba un trabajo tonto. Sin embargo Naruto parecía pensar que los criados se encontrarían allá arriba, preparando afanosamente los cuartos superiores, y por eso iría a comprobarlo. Era difícil creer que trabajarían afanosamente en las recámaras cuando obviamente no habían levantado un dedo para preparar nada en el gran salón... o en las cocinas, la verdad.

Si el gran salón estaba mal, las cocinas estaban peor. Allí los suelos, los mostradores y las mesas estaban tan descuidados como el salón, pero también cubiertos de capas de grasa y humo. Las zapatillas de Hinata se habían pegado al suelo, y ella había tenido miedo de tocar algo.

Hinata había llegado casi a la cima de la escalera cuando el escalón en el que estaba crujió siniestramente. Saltó hacia atrás, a punto de caerse por el escalón ausente por encima del que acababa de pasar. Aterrizó en una rodilla al borde del escalón roto, con la otra pierna pendiendo en el aire a través del agujero y ambas manos en el pasamano.

—Bastante sólida —se repitió las palabras de su marido en un murmullo mientras se agarraba al pasamanos con un apretón mortal y sacaba su pierna a través el agujero.

No tuvo que mirar su pierna para saber que se la había raspado bastante. El dolor ardiente en su espinilla se lo decía. Apretando los dientes para superar el dolor, se puso de pie inestablemente.

Hinata se apoyó brevemente contra la pared y pensó en volverse atrás, pero había solo un par de escaleras después del escalón desaparecido. Soltando despacio el aliento, se obligó a enderezarse y siguió, asegurándose esta vez de mantener su pie tan cerca de la pared como fuera posible mientras evitaba el escalón ausente. Estaba segura que la madera más cercana a la pared probablemente cedería menos.

Para su gran alivio, no hubo ningún crujido esta vez y subió con seguridad los pocos escalones restantes. En el rellano soltó un suspiro de alivio y luego hizo una pausa para alzar su falda y mirar sus piernas.

Sí, había hecho un buen trabajo en su espinilla, pensó con repugnancia mientras dejaba caer a la falda de nuevo en su lugar. Solo podía esperar que el viaje de regreso fuera menos accidentado.

Ahora que estaba arriba, Hinata comprendió que debería haber traído una antorcha con ella. Mientras las puertas abiertas permitían la luz en el gran salón, los vestíbulos eran mucho más oscuros. Hinata avanzó hacia delante, tanteando su camino cuidadosamente con el pie. Desde abajo había podido ver los grandes agujeros en el suelo de madera y no tenía ningún deseo de caer en uno.

Hinata comprobó cada una de las tres habitaciones en el primer piso. La primera era la más grande, y supuso que era la que Hiruzen había usado. De ser así, no había poseído mucho, o sus posesiones habían sido robadas después de que murió. El cuarto tenía solamente una vieja cama desvencijada. Las dos siguientes habitaciones, sin embargo, no tenían nada en absoluto. No estaban ni amuebladas y ambas tenían al menos dos agujeros en el suelo. La última habitación tenía el agujero más grande, aunque no tanto como había pensado. Hinata dudaba que una cama cupiera por él.

Se detuvo a unos centímetros del agujero y se inclinó para mirar detenidamente a través de él. El gran salón de abajo no se veía mejor desde arriba. Los juncos realmente estaban en un estado vergonzoso. El castillo entero lo estaba.

Meneando la cabeza, comenzó a apartarse del agujero, luego hizo una pausa cuando un crujido sonó detrás de ella. Había medio girado cuando lo que parecía un tablón de madera golpeó un lado de su cara. Hinata tropezó con el golpe, cayéndose de lado.

Fue probablemente lo que la salvó. Se estiró por instinto hacia el suelo mientras se caía, pero mientras su mano derecha lo golpeó con un impacto doloroso, su mano izquierda encontró solo el aire. Entonces su cabeza se golpeó en un trozo roto de madera y la oscuridad se precipitó para reclamarla cuando sintió cómo caía por el agujero que había estado mirando.

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Continuará...