Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
«CATORCE»
Lo primero que Hinata notó al despertar fue que su cabeza palpitaba. No creía haber experimentado alguna vez tal dolor, y había apretado los ojos fuertemente como reacción, pero eso solo pareció hacerlo aún peor.
—¿Hinata?
Al reconocer la voz de Tayuya, Hinata se forzó a abrir los ojos y miró detenidamente y con cierta confusión a la muchacha. Contempló el rostro ansioso de la bonita pelirroja y luego permitió que su mirada fija se deslizara desde ella hasta la ropa sobre su cabeza y por todo alrededor.
—La tienda de campaña. —Su voz era un susurro ronco y lamió sus labios, luego tragó antes de intentarlo otra vez—. ¿Por qué?
—Naruto hizo que los hombres la armaran de modo que tuviéramos algún lugar para colocarte —explicó Tayuya—. Te golpeaste la cabeza bastante fuerte cuando te caíste.
—Me caí —repitió Hinata aún confusa.
De pronto, su corazón brincó cuando recordó el haber estado de pie en la habitación superior, ser golpeada, caer hacia delante y su mano izquierda no encontrar ningún asidero mientras se deslizaba por el agujero en el suelo. También recordaba ahora su cabeza chocando de golpe con lo que había parecido madera rota. El borde del agujero, pensó. Entonces había comprendido que estaba cayendo a través del agujero.
—Alguien me golpeó —dijo Hinata—. Caí a través del agujero.
—¿Te golpearon? —Tayuya sacudió la cabeza—. Naruto dijo que debías de haberte golpeado la cabeza con el borde del agujero. Tu cara estaba raspada, y había sangre en los tablones de arriba.
—No, alguien me golpeó —insistió Hinata débilmente, luego echó un vistazo hacia el otro lado cuando lady Mei acarició su mano y se inclinó hacia delante.
—Debe de haber sido un sueño, querida. Estabas sola escaleras arriba. — Le dirigió una mirada de reprobación—. En primer lugar, nunca deberías haber subido allí. Eres afortunada por no haber caído rodando por la escalera y haberte roto el cuello. En realidad, si no hubiera sido porque tu falda quedó atrapada en el borde de un tablón roto, seguramente habrías caído a tu muerte cuando tropezaste a través del agujero.
—¿Mi falda? —preguntó Hinata.
—Sí, mi señora. —Natsu se acercó a la cama, mirándola detenidamente sobre el hombro de lady Mei—. Yo entraba en el salón con cubos y una escoba cuando se cayó por el agujero. —La criada presionó una mano sobre su pecho, como si el mismo recuerdo le agitara el corazón—. Cayó varios metros, pero vuestra falda se quedó prendida en algo, la detuvo de un tirón y se quedó colgada, pendiendo de vuestra falda como una muñeca de trapo. —Natsu se mordió el labio y sacudió la cabeza—. Yo me quedé allí, gritando.
—Oí su grito y vine corriendo —dijo Tayuya.
—Igual que yo. —Lady Mei se estremeció delicadamente—. No quiero oír un grito así nunca más. Pensé que mi corazón se detendría por el miedo.
—Sí —asintió en acuerdo Tayuya—. Fue paralizador. Creí que Natsu se había hecho daño, luego te vi allí colgando. —Se estremeció ligeramente con el recuerdo—. Envié a Natsu por Naruto y me apresuré a subir las escaleras para ver si podía ayudarte.
—Que fue donde yo alcancé a Tayuya. —Lady Mei apretó la mano de Hinata suavemente—. La niña tonta estaba intentando idear cómo desengancharte, de modo de pudiera tirar de ti hacia arriba, pero le advertí que esperara a Naruto. No hubiera sido lo bastante fuerte para sacarte.
—La tela se estaba rasgando —dijo Tayuya con irritación en respuesta al tono condescendiente de su tía—. Tenía miedo de que la tela se rompiera y ella se cayera y muriera.
—Era una posibilidad preocupante —confesó lady Mei con un suspiro—, pero si la hubieses desenganchado cuando quisiste hacerlo, ambas podían haber caído.
Tayuya resopló con irritación ante la posibilidad.
—Soy más fuerte de lo que piensas.
—Niña, ella es mucho más pesada que tú —dijo lady Mei con paciencia—. Nunca podrías haber sostenido su peso.
—¿Entonces Naruto me bajó? O subió, como sea —preguntó Hinata para terminar la discusión.
—Sí —Tayuya se giró para sonreírle, con sus ojos brillantes—. Él es tan fuerte. Te levantó con una mano. Solo se arrodilló al lado del agujero, estiró la mano hacia abajo, agarró tu falda y te levantó. Entonces te llevó hacia abajo y comenzó a bramar órdenes a los hombres.
—¿Los hombres? —Hinata la miró detenidamente, confusa.
—Sí. Bueno, cuando Natsu bajó corriendo para ir a buscar a Naruto, los hombres vinieron con él —le informó Tayuya—. Todos se quedaron helados en el pasillo, mirándote, durante un minuto, incluso Naruto. Todos estaban horrorizados, por supuesto; entonces Naruto envió a los hombres a traer la tela de la tienda de campaña y ellos la sostuvieron estirada debajo de ti en el salón, por si te caías antes de que él pudiera sacarte.
—Por supuesto, para cuando tuvieron la tela estirada debajo de ti, Naruto ya te había alcanzado y te estaba sacando —dijo Mei—. Una vez que te llevó escaleras abajo, ordenó que los hombres armaran la tienda de campaña enfrente del torreón para tener un lugar en el que ponerte mientras te recuperabas.
—Sí, mi señora. Vuestro marido estaba tan preocupado, que la sostuvo todo el tiempo mientras los hombres armaban la tienda de campaña —le dijo Natsu con una sonrisa. Hinata sintió un ramalazo de emoción en su corazón por el espectáculo de afecto público que su marido había dado cuando habló Tayuya.
—Bueno, por supuesto que sí. No había donde dejarla hasta que la tienda de campaña estuviera armada y hubiéramos arreglado las pieles dentro — dijo la muchacha de manera práctica.
—Deberíamos dejar descansar a Hinata —dijo lady Mei frunciendo el ceño con reprobación a Tayuya cuando la pequeña sonrisa que había empezado a asomar en el rostro de Hinata murió súbitamente—. Deberíamos ir a ver como les está yendo a los hombres.
—¿Los hombres? —preguntó Hinata cuando la tía de Tayuya estuvo de pie.
—Sí —contestó Tayuya—. Naruto puso a algunos de ellos a fijar la escalera y el suelo en el nivel superior. El resto está quitando las viejas esterillas de juncos del gran salón para que se pueda fregar.
—Ya veo —susurró Hinata.
—No temas —dijo la muchacha más joven mientras se ponía en pie—. No tienes que ver hoy a los hombres. Descansa y recupérate, nosotras los supervisaremos.
—¿Por qué no querría ver a los hombres? —preguntó Hinata con aturdimiento.
—Bueno… —La pequeña pelirroja pareció poco complacida durante un momento, luego dijo—: Solo pensé que podías estar demasiado avergonzada después de todo lo que había pasado.
—¿Todo? —preguntó Hinata, sintiendo un gran temor en su interior—. ¿Qué todo?
—Pensé que podrías estar avergonzada de que todos hayan visto… Hizo una pausa como si acabara de comprender que Hinata no lo sabía.
—Vamos, déjala descansar; no hay ninguna necesidad de que lo sepa.
Cuando lady Mei tiró el brazo de Tayuya, la muchacha la siguió rápidamente fuera de la tienda de campaña.
Hinata volvió su mirada hacia Natsu.
—¿No hay necesidad de que sepa qué? ¿Qué vieron todos los hombres?
La criada suspiró infelizmente, pero conocía bien a su señora. Hinata exigiría una respuesta.
—Estaba muy estirada, colgando por la parte de atrás de vuestra falda, mi señora —explicó Natsu con incomodidad y gesticuló detrás de ella.
Hinata la contempló con creciente horror.
—¿Se vio todo?
—No —se apresuró a tranquilizarla la criada—. La falda quedó atrapada bajo vuestros brazos por los lados y se subió sobre… er… bien, estaba por encima de vuestras rodillas por el frente. Muy por encima —añadió.
—¿Y la espalda? —preguntó Hinata.
La expresión de Natsu fue suficiente respuesta. Se parecía al día en que Naruto había pensado que ella se había ahogado, los hombres habían conseguido, nuevamente, una buena vista de su trasero.
—Mi marido debe de creerme una ebria.
—Oh, no, mi señora. —Natsu se arrodilló a su lado y apretó su mano—. En serio, se puso blanco cuando vio que estaba en peligro, y no la soltó una vez que la tuvo en sus brazos. La sostuvo durante mucho tiempo, solo contemplándola con preocupación. Pienso que está comenzando a sentir cariño por vos.
Hinata encontró eso difícil de creer. No era exactamente la perfecta esposa. De hecho suponía que, para Naruto, era algo así como una pesadilla. Demasiado cansada para hacer otra vez un listado mental de todas las heridas y accidentes que había causado o en los que había estado implicada desde el día de su boda, Hinata simplemente preguntó:
—¿Dónde está mi marido?
—Después de que se aseguró que se recuperaría, puso a los hombres a trabajar y luego fue al pueblo. Creo que fue a buscar criados.
Hinata hizo una mueca al oír las noticias. Se suponía que Naruto tenía que atender el exterior mientras ella atendía el interior. Una vez más su torpeza simplemente había supuesto una carga más para Naruto. Su marido podría no haber resultado herido esta vez, tal como había ocurrido cuando se había quemado las manos en el incendio que ella había comenzado, pero las tareas que ahora atendía se suponía que eran responsabilidad de ella.
Bueno, no permitiría esto. Era demasiado tarde para detenerlo de ir al pueblo en busca de criados, pero al menos podría supervisar a los hombres mientras él no estaba. Hinata comenzó a levantarse, haciendo una pausa, cubierta a medias por las pieles, cuando el dolor la recorrió y fue seguido por náuseas.
—Por favor, mi señora. —Natsu la empujó inmediatamente por los hombros, tratando de impulsar su espalda hacia abajo—. Descanse. Resulto seriamente herida.
Hinata apretó los dientes y apartó las manos de la criada mientras se obligaba a enderezarse.
—Deseo levantarme, Natsu. Mi cabeza dolerá tanto si estoy acostada como de pie.
Soltando un suspiro exasperado, Natsu dejó de intentar hacerla acostarse y en cambio le puso una mano bajo el brazo para ayudarle a ponerse en pie.
Con la ayuda de Natsu, Hinata logró enderezarse. Se reclinó pesadamente sobre la criada y salió de la tienda de campaña antes de que la primera ola de náuseas la golpeara. Quedándose parada muy quieta, inhaló profundamente y se aseguró que mientras más tiempo estuviera levantada, mejor se sentiría. Hinata no estaba segura de creerlo, pero importaba poco. Su marido había seguido haciendo todo lo que tenía que hacer con las manos heridas. Ella se las arreglaría para dar órdenes a algunos hombres con la cabeza dolorida.
Mientras Natsu la ayudaba a entrar el gran salón, el primer lugar al que Hinata miró fue hacia los pisos de arriba. Vio el agujero por el cual creía haber caído y lo contempló silenciosamente, recordando los últimos momentos antes de su caída. A pesar de lo que Tayuya y lady Mei habían dicho, Hinata estaba segura de que había sido golpeada. Su mente estaba un poco confusa, pero… todavía podía sentir el golpe tremendo; el dolor había sido agudo e intenso y la había hecho perder el equilibrio. Recordaba la caída, y el haberse dado cuenta de que no había nada bajo su mano izquierda; entonces había sufrido otro dolor agudo cuando su cabeza golpeó el desigual borde del agujero.
Sí, Hinata estaba segura de que alguien la había golpeado. ¿Pero quién?, ¿Uno de los criados perdidos? Los cuartos habían parecido vacíos, pero… No, ni siquiera había conocido todavía a la gente de aquí. No tenían ninguna razón para dañarla.
La túnica arruinada vino a su mente. Hinata recordó el olor a carne de cerdo en la tela y sus temores de que alguien estuviera saboteando sus esfuerzos, pero rápidamente desechó el pensamiento. Los dos acontecimientos no podían estar relacionados. Arruinar sus esfuerzos de costura era una cosa completamente diferente a atacarla.
—¡Hinata! ¿Qué estás haciendo levantada?
Tayuya se precipitó hacia ella con preocupación y Hinata dejó que sus pensamientos se evaporaran. Había trabajo que hacer.
La luna estaba alta y llena cuando Naruto entró a caballo en el patio interior del castillo. Había tenido una larga noche. Su viaje al pueblo había sido infructuoso. Si alguien allí había sido un criado del castillo no lo admitiría, y ninguna persona había querido trabajar en Uzumaki Ville. Si hubieran sido siervos, Naruto podría haberles ordenado ir al castillo, pero había sido informado de que los siervos habían huido de Uzumaki Ville mucho antes de que Hiruzen hubiera muerto.
Todos los habitantes del pueblo proclamaban ser hombres libres, campesinos libres de hacer cuanto les viniera en gana mientras ayudaran a cuidar los campos del castillo. Sin ninguna idea acerca de qué más hacer, Naruto había dejado el pueblo y se había dirigido hacia Konoha Ville. Los criados eran necesarios para limpiar y dirigir el castillo, y tenía que conseguirlos en algún sitio.
Había hecho un largo viaje a la casa de sus padres y explicado la situación a su padre durante una comida, luego había saltado sobre su caballo y se había dirigido a casa, mientras resonaba todavía en sus oídos la promesa de su padre de ocuparse del asunto. Debían tener criados en Uzumaki Ville a primera hora de la tarde del día siguiente. Ahora volvía, y llegaría más tarde de lo que había vuelto a Konoha Ville durante la semana pasada.
Naruto enfiló su caballo directamente hacia los estropeados establos. Sacó la montura, se aseguró de darle comida suplementaria después del largo viaje y luego anduvo cansadamente hacia el torreón. El patio estaba completamente silencioso mientras lo cruzaba. Si no fuera por los hombres que montaban guardia sobre el muro por si ocurría un ataque, habría pensado que el castillo había sido abandonado. En todos sus años, Naruto nunca había visto un patio tan silencioso y vacío de actividad. Era más bien inquietante.
Incluso más fastidioso era el hecho que la tienda de campaña ya no estaba montada delante como cuando se había marchado. Su imaginación le proporcionó a Naruto un momento de preocupación antes de que se calmara con el pensamiento de que Hinata debía de haberse despertado y la había hecho desmontar. Probablemente estaba descansando y reponiéndose de sus heridas adentro.
Debería estarlo, pensó, y sintió un vuelco en el corazón cuando recordó la visión de ella pendiendo por encima del salón. Naruto estaba seguro que la visión le había quitado sus buenos diez años de vida. Le hacía sentirse enfermo solo pensar en ello. Incluso más triste había sido el estado de su rostro cuando la había sacado. Hinata obviamente se había golpeado la cabeza en la caída, y la sangre había goteado de un corte en su frente, derramándose por su mejilla en riachuelos que parecían las largas y delgadas garras de un ave muy grande.
Al principio había temido que ella estuviera muerta, y había sido más que tranquilizador cuando la había levantado del agujero y observado su pecho subir y bajar mientras la sostenía en sus brazos. Naruto se había encontrado poco dispuesto a dejarla, aun cuando la tienda de campaña estuvo lista y una cama de pieles había sido armada rápidamente.
Hinata era la más afortunada o desafortunada de las mujeres. En el corto tiempo desde que la conocía, había sobrevivido a un incendio, a un ahogamiento y ahora a una caída mortal. Aunque, realmente, no había estado en peligro durante el incendio, suponía él, aún así…
Naruto sacudió la cabeza. Su madre había afirmado que los hados parecían estar reñidos con Hinata desde su matrimonio. Había sido su primer comentario cuando había oído sobre la última calamidad que le aconteciera a su nueva nuera. Luego había hablado de los perros que habían atacado los últimos esfuerzos de Hinata con la ropa de él. Naruto comenzaba a sospechar que esto era algo más que eso, aunque no tuviera nada más en que basar esas sospechas aparte de la sensación que habían sido demasiados incidentes extraños.
Algunas cosas no tenían sentido. Su madre amaba sus perros, pero también exigía obediencia y buen comportamiento por parte de ellos, y los entrenaba en consecuencia. En todo el tiempo que los había tenido, Boudica y Juno nunca habían atacado nada. Más aún, por la descripción de su madre, los animales habían rasgado la túnica en pedazos.
Y luego había sucedido lo del incendio en la tienda de campaña. Todavía podía recordar la seria cara de Hinata cuando le había asegurado que había apagado la vela. Su certeza había menguado solo cuando él había sugerido que podría haber tenido prisa y no haber prestado bastante atención como para estar segura de que la vela estuviera apagada.
Este último incidente era el que realmente le hacía cuestionarse las cosas. Su padre había preguntado cómo había sucedido, y Naruto no había sido capaz de explicarlo. Él y su padre habían estado en el cuarto cuando habían inspeccionado el castillo por primera vez. Incluso si no hubiera visto los agujeros desde el piso de abajo, Hinata los habría notado inmediatamente una vez que entrara en el cuarto. No podía haber pasado por alto el agujero. Era sencillamente imposible.
No, Naruto tenía la seguridad de que nadie podía ser tan desafortunado. Algo andaba mal, y tenía la intención de interrogar a su esposa cuidadosamente sobre este último accidente. También estaría más pendiente de ella. Y finalmente comenzaría su campaña para demostrar a Hinata su propia valía. Era algo que había descuidado durante demasiado tiempo.
Las puertas dobles del torreón estaban abiertas de par en par como bienvenida, y Naruto entró. Hizo una pausa para mirar alrededor del gran salón. Hasta el último de los hombres estaba tumbado en el suelo, roncando como una tormenta. Dormían el sueño profundo de los exhaustos, y solo le costó un vistazo a su alrededor el saber porqué. Habían trabajado mucho en su ausencia. El suelo del salón estaba ahora cubierto de una gruesa alfombra de juncos frescos. No podía ver la escalera a la débil luz de la chimenea, pero sospechaba que probablemente la habían reparado y dejado segura otra vez.
Naruto estaba seguro que también habría otros cambios, pero era tarde y quería esperar hasta la mañana para inspeccionarlos. Por el momento, simplemente quería saber dónde estaba su esposa. No sería capaz de relajarse hasta que hubiera visto que realmente se había recuperado. Su mirada se fijó en la tienda de campaña en el centro del salón. Cansado como estaba, apenas lo había notado al principio. Este era, entonces, el lugar donde la tienda de campaña había ido a parar. Había sido movida desde afuera hasta la mitad del gran salón. No tenía ninguna duda de que esto era idea de su esposa, y esperaba enteramente encontrarla en su interior.
De haber tenido energía suficiente, Naruto se habría reído al ver la tienda de campaña rodeada de hombres durmiendo. Sacudiendo la cabeza ante la ingenuidad de ella para proveerse a sí misma y a él con un lugar privado en medio de su gente, Naruto comenzó a abrirse camino entre los cuerpos de sus hombres dormidos.
Era prueba evidente de su agotamiento que ninguno de los hombres se removiera mientras él cruzaba el suelo. Naruto supuso que el pasar la mañana arrastrando rocas para el muro exterior, y luego la tarde y probablemente las primeras horas de la noche limpiando y reparando el castillo, habría puesto fuera de combate a la mayoría de ellos.
Logró llegar a la tienda de campaña sin tropezar con nadie, luego se deslizó silenciosamente dentro. Estaba negro como boca de lobo. Comprendió que no habría ningún modo de comprobar las heridas de su esposa. Despacio, se movió a través de la tienda de campaña hacia la esquina derecha de atrás, donde imaginaba que estarían las pieles como lo habían estado en el viaje a Konoha Ville. Naruto inmediatamente tropezó con algo en el suelo.
Perdiendo el equilibrio, murmuró una maldición y medio saltó, medio tropezó hacia la esquina. En el momento en que su pie golpeó las pieles, Naruto perdió el último resto de su equilibrio y cayó al suelo, gruñendo mientras aterrizaba. Las mujeres habían sido terriblemente económicas con las pieles, según parecía, pero supuso que debía estar agradecido de no haber aterrizado sobre ellas y aplastado a su esposa. Había escapado por los pelos, comprendió, cuando ella dio una vuelta en sueños y se curvó contra él mientras estaba allí en el suelo.
—¿Mi señor?
Naruto se congeló cuando aquellas palabras le llegaron de la oscuridad.
—¿Natsu? —preguntó, seguro de que era la voz de la criada de su esposa dirigiéndose a él desde el suelo cerca de donde había caído.
—Sí, mi señor. ¿Por qué no está escaleras arriba con lady Hinata?
Naruto se congeló, con sus ojos destellando hacia abajo mientras trataba de distinguir la figura a su lado en la oscuridad.
—¿Naruto?
La voz soñolienta de Tayuya fue a la deriva hasta él y sintió su mano moverse contra sus piernas como si no pudiera creer que él estaba allí.
Y luego, asombrosamente, oyó que lady Mei refunfuñaba «Cielo Santo, ¿qué está pasando?» desde otra esquina.
Blasfemando, Naruto se puso en pie y salió tropezando de la tienda de campaña, tan nervioso por su error que ni siquiera pensó en murmurar una disculpa antes de escapar a la seguridad del gran salón.
Se apresuró a través del salón, saltando sobre cuerpos y moviéndose demasiado rápidamente a través de la oscuridad. Casi atropelló a su esposa antes de verla.
—¿Naruto?
Hinata atrapó sus brazos para mantenerse en pie cuando él extendió una mano para estabilizarla.
—Sí. ¿Qué estás haciendo arriba?
—Oí que llegabas a caballo. Cuando no subiste por las escaleras, comprendí que no sabías dónde estaba nuestra cama. Entonces vine para encontrarte.
—Oh.
Él suspiró mientras ella buscaba su mano en la oscuridad, luego la siguió cuando se dio la vuelta para conducirlo hacia arriba. Naruto permaneció silencioso mientras se movían por el pasillo negro como boca de lobo, dependiendo de ella para conocer el camino. Para su alivio, cuando alcanzaron el cuarto fue capaz de ver otra vez gracias al suave brillo de un fuego en la chimenea.
La luz reveló la venda alrededor de la cabeza de ella, y Naruot frunció el ceño al verlo.
—¿Cómo está tu cabeza?
—Está bien, gracias —murmuró Hinata, luego cambió de tema—. Natsu me dijo que habías ido al pueblo.
—Sí.
Echó un vistazo alrededor del cuarto, notando que ella no solo había hecho limpiar el lugar y poner nuevas alfombras de juncos, sino también traer sacar sus arcones del carro. También había hecho quitar la vieja cama. Naruto sabía que la cama de Hiruzen había estado en malas condiciones, pero había esperado arreglarla hasta que se pudiese hacer una nueva. Sin embargo, Hinata había hecho un nido de pieles sobre el cual dormir.
—Creí que estabas en la tienda de campaña —dejó escapar él.
Las cejas de ella se alzaron.
—No. Nos quedamos sin tiempo antes de que pudiéramos preparar un segundo cuarto para Tayuya y lady Mei, por lo que hice armar la tienda de campaña para permitirles un poco de intimidad frente a los hombres. Natsu está en con ellas. —Sonrió ligeramente—. Supongo que es bueno que haya venido a encontrarte antes de que tropezaras allí y las despertaras a todas.
Naruto hizo una mueca.
—Tropecé y las desperté a todas. No fue hasta que Natsu preguntó por qué no estaba aquí arriba contigo que me di cuenta de mi error.
Hinata soltó una risa suave, luego se encogió de hombros.
—Probablemente ya están dormidas de nuevo, mi señor. Todos estaban agotados después del trabajo del día. —Hizo una pausa y preguntó—: ¿Has podido convencer a algún aldeano para que trabajara en el castillo? Por eso fuiste al pueblo, ¿o no?
—Sí, por eso, pero no tuve suerte. Nadie quería trabajar para nosotros. El pueblo es pobre y no está en mejor estado que el castillo. Entre Hiruzen y los ladrones, han sido atacados una y otra vez. Están enojados, y resentidos de que padre haya descuidado el cuidar de su bienestar como debería haber hecho —confesó él en un suspiro—. Por eso me llevó tanto tiempo. Cabalgué a Konoha Ville. Padre prometió visitar el pueblo de Konoha como primera cosa por la mañana y hacer los arreglos para tener aquí nuevos criados. Los enviará inmediatamente, y deberían comenzar a llegar antes del mediodía.
—Oh. —Ella asintió con la cabeza—. Bueno. Los hombres hicieron un montón de cosas hoy, pero hay todavía mucho por hacer. Los criados serán bienvenidos. —Hinata se movió inquieta, luego echó un vistazo al cuarto—. ¿Estás hambriento o sediento?
—No. Comí en Konoha Ville.
Ella asintió con la cabeza, luego se volvió para caminar hacia la cama de pieles.
—Es tarde y pareces agotado. Debería dejar de hacer preguntas y permitirte dormir.
Naruto la siguió a la cama, con un pequeño suspiro escapando de sus labios. Estabacansado, y ella había tenido hoy una caída terrible. Ninguno de ellos estaba en condiciones para hacer algo más que acostarse, pero eso no le impidió desear poder hacerlo.
Mañana, se prometió a sí mismo, mientras se desvestía y subía al nido de pieles al lado de ella. Definitivamente, mañana haría el amor con su esposa, se limitó a acostarse y abrazarla toda la noche.
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Continuará...
