Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC


«DIECISÉIS»


—Tenemos compañía —murmuró Tayuya mirando nerviosamente sobre su hombro.

Hinata no miro atrás. Era consciente de la muchedumbre creciente que las seguía mientras caminaban. Eran parte de la razón de que su confianza en su empeño estuviera debilitándose.

Con miedo a detenerse y que esto incentivara a sus seguidores a hacer o decir algo, Hinata echó un vistazo alrededor un poco ansiosa. Mientras que en las afueras del pueblo solo habían pasado pequeñas chozas con armaduras de cubierta, aquí en el centro estaban varios edificios mayores, pintados y hechos de torta de barro, que servían tanto para hogares como para negocios. El mayor tenía un anuncio tan desvanecido que la única palabra legible era Posada.

Con una sensación de alivio, Hinata guio sus pasos hacia él y trato de mantener un caminar lento.

Las mujeres suspiraron aliviadas cuando entraron al oscuro edificio y la puerta se cerró detrás de ellas. Ese alivio solo duró lo que les tomó a sus ojos acostumbrarse a la oscuridad. Se encontraban en un cuarto mediano, iluminado solo por un par de antorchas. Había dos grandes mesas de caballete, una a cada lado del cuarto. También había una puerta enfrente de ellas, que probablemente condujera a la cocina. Había seis hombres en el cuarto, cinco clientes diseminados por las dos mesas y un hombre que Hinata supuso era el posadero. Estaba delante de la puerta frente a ellas, con los brazos cruzados y una postura beligerante. Todos los hombres las estaban mirando con sospecha y disgusto.

Hinata suspiro. Era obvio que todos sabían que eran del castillo. Supuso que el hecho de que anduvieran a pie contaría, sin mencionar la ropa… o, al menos, el costoso vestido de Tayuya. Su propio vestido encajaba bien con el de los aldeanos, notó con una mueca. Aunque la tela era un caro tejido, era oscuro, apagado y no le quedaba bien, como la mayoría de la ropa de los aldeanos.

Enderezando los hombros, Hinata ignoró las miradas silenciosas alrededor de ellas y condujo a Tayuya y Natsu a un espacio vacío en la mesa de la derecha. Aunque las dos se sentaron, Hinata no lo hizo. Sospechó que no obtendrían servicio si esperaban, así que no se molestó. En cambio, les preguntó a Tayuya y Natsu si deseaban comida y bebida. A pesar de quejarse en el camino de que tenía hambre, Tayuya negó con la cabeza. Aparentemente había perdido el apetito. Incluso Natsu dijo que no.

Hinata asintió y caminó hacia el posadero, dibujando una agradable sonrisa en su cara.

Vio un asomo de sorpresa en sus ojos mientras se acercaba, pero eso fue todo. Ni siquiera pregunto qué querían. Sí, a esta gente realmente le molestaba su presencia, pensó con un suspiro interior, luego simplemente ensanchó su sonrisa.

—Tomaré tres… —Hizo una pausa para mirar a los demás clientes y se dio cuenta que la mayoría estaban comiendo alguna clase de empanada de carne. Sabiendo que debía ser lo mejor que servían, señaló al hombre más cercano y terminó—: Tres de lo que él tiene, así como también tres hidromieles y una cerveza, por favor.

Hinata le brindó otra sonrisa como si no se diera cuenta de la animosidad en el aire, luego se giró y regresó con Tayuya y Natsu, con miedo de que, si le daba la oportunidad, el hombre se negaría a servirles. Contuvo el aliento esperando la reacción del hombre. Todavía vacilaba donde lo había dejado mientras Hinata se acomodaba en el pequeño espacio entre Tayuya y Natsu, pero después de un momento resolló con irritación y se encaminó hacia la cocina.

Hinata soltó el aliento lentamente, agradecida que no les hubieran echado.

Las tres mujeres se quedaron calladas mientras esperaban su comida. No tardó mucho. En un momento regresó el posadero, dejando de golpe las bebidas ante ellas.

—¿Por qué pediste cuatro bebidas? —preguntó Tayuya cuando el hombre regresó a la cocina.

—Deseo probar el hidromiel y la cerveza —respondió Hinata, pero no explico más. En cambio probó el hidromiel, bebiéndolo a sorbos con cautela, y se relajó cuando no resultó ser agrio o desagradable. Casi había temido que el hombre pudiera hacer algo con la comida o las bebidas para oponerse a que las disfrutaran. Desde luego, la comida todavía no había llegado, se recordó a sí misma cuando dejó el hidromiel y probó la cerveza.

Hinata hizo una pausa cuando el líquido llenó su boca. Aunque el hidromiel era mediano, la cerveza era excelente. Muy excelente.

—¿Quién hace vuestra cerveza? —preguntó Hinata cuando el posadero regreso con sus empanadas.

—Yo. ¿Por que?

Hinata miró detenidamente alrededor de la posada hasta ver a una mujer en la puerta de la cocina, mirándolas fríamente. Su esposa, sospechó. La mujer probablemente había venido a mirarlas a la puerta, luego había salido al escuchar la pregunta de Hinata.

—Enhorabuena —dijo Hinata solemnemente—. Es una excelente cerveza, de las mejores que he probado.

La expresión de la mujer se volvió más tensa, como si sospechara que Hinata se traía algo entre manos, hasta que añadió:

—El hidromiel es bueno, pero no tan bueno como la cerveza.

Tal honestidad pareció convencer a la mujer de que Hinata no la elogiaba porque anduviera tras algo, y se relajó lo suficiente para al menos no seguir frunciendo el ceño mientras sacudía la cabeza y decía:

—El hidromiel de hoy no es el mejor que puedo hacer, normalmente es mejor.

Hinata asintió, creyéndola.

—¿Puedo preguntar vuestro nombre?

Ella vaciló, luego dijo en un tono bajo y entrecortado.

—Karin.

—Gracias Karin. Soy Hinata. —Sonrió ligeramente, luego preguntó—: ¿Podría hacer el hidromiel y la cerveza en cantidad?

La mujer parpadeó, luego dijo cautelosamente.

—Sí podría.

—Entonces le pediré que lo haga así y envié tanto como pueda al castillo.

Karin vaciló, probablemente debatiendo si podía permitirse el decirle que se fuera al diablo. Pero sus ojos se agrandaron cuando Hinata dijo cuánto estaba dispuesta a pagar por cada barril de bebida.

Hubo un silencio mientras Hinata esperaba una respuesta, pero parecía haber impresionado a la mujer hasta el punto de dejarla sin habla. Hinata suponía que, dado como era el pueblo de pobre, nadie podía pagar tanto por las mercancías. Lo que ofrecía debía de sonar desorbitado, pero era un precio justo, y se dijo que tal vez la esposa del posadero pensaba que estaba tratando de comprar la desaparición de su resentimiento. El precio que Hinata ofrecía no era más de lo que la madre de Hinata pagaba en las raras ocasiones en que compraba esas cosas. Hyugaton tenía su propia alewife, así que raramente tenía que comprar cerveza extra a menos que ocurriera un acontecimiento como una boda.

—¿Lo hará? —preguntó Hinata finalmente cuando el silencio fue tan largo que se volvió incómodo.

—Claro que lo hará —dijo el posadero, justo cuando su esposa finalmente asintió. Se dio cuenta de que el hombre ahora casi sonreía.

—Gracias —murmuró Hinata, pero se dio cuenta que la mujer vacilaba en la puerta, agitándose incómodamente como si deseara volver al trabajo pero tuviera algo que preguntar.

—¿La querrá regularmente? —preguntó finalmente Karin— ¿O tiene una celebración o...?

—La necesitaremos regularmente —le aseguró Hinata—. Aun no tenemos alewife.

Con los ojos asombrados y ligeramente aturdida, Karin asintió varias veces y luego se dirigió rápidamente a la cocina. El posadero se apresuró tras ella y Hinata tomo la empanada y le dio un mordisco cauteloso.

—Esto también está muy bien —murmuró animando a Tayuya y Natsu después de masticar y tragar el primer bocado.

Ambas mujeres comenzaron a comer de mala gana, obviamente incómodas por las miradas de los hombres alrededor de ellas. Mientras la actitud del posadero y su esposa podía haberse descongelado, los otros hombres todavía las observaban con abierto disgusto. Eso hizo la comida incómoda, pero Hinata no permitiría que la asustaran. De todos modos se sintió agradecida cuando terminaron y pudieron marcharse sin parecer que las hubiesen espantado.

Salieron de la posada y se encontraron con que la muchedumbre en el exterior había aumentado de tamaño. Hinata sintió que Tayuya y Natsu se acercaban a ella, pero simplemente las condujo hacia lo que parecía ser un local de panadería. No sintió alivio en absoluto al entrar a la tienda, ya que la muchedumbre las siguió dentro. Tantos como pudieron acomodarse dentro del pequeño espacio de la panadería, mientras el resto se congregó alrededor de la puerta abierta.

Al principio no había señales del panadero, y Hinata se preguntaba qué hacer cuando se produjo un alboroto en la puerta y escuchó a alguien gruñir:

—Quítense del maldito camino, tontos, esta es mi tienda.

Miró entrar al pequeño hombre rechoncho, notó la ira en su cara y supo que estaba dirigida a ella. No se sorprendió cuando finalmente se abrió paso hasta el cuarto, acomodó su ropa, la fulminó con la mirada y gruñó.

—No soy Karin, así que no piense que puede comprar mi aceptación como escuché que hiciste con ella. ¡Así que fuera!

Hinata se quedó muy quieta mientras un murmullo de aprobación recorría la muchedumbre, luego asintió tranquilamente.

—Muy bien, señor.

Tayuya y Natsu comenzaron a moverse hacia la puerta, pero se detuvieron cuando se dieron cuenta que Hinata no se movía. Se dieron la vuelta de mala gana mientras ella le decía al panadero:

—Sin embargo, siento que debo decirle que no me importa vuestra aceptación. Todo lo que le compré a Karin es cerveza e hidromiel, suficiente para doscientos soldados y criados, y todo lo que quería de vos era suficiente pan para alimentar a esas personas. —Quedó satisfecha cuando el rostro del hombre se iluminó por el entendimiento.

—¿Doscientas personas? —preguntó débilmente.

—Sí, comprendo que es una gran cantidad, pero pensé que quizá vos podrías conseguir a las mujeres en el pueblo que sean las mejores cocineras para hacer algunos en sus casas. Los habría ayudado y habría permitido que ellas también ganaran alguna moneda —señaló Hinata, sabiendo que el panadero no podría manejar una cantidad tan grande por sí solo.

»Debo admitir que no entiendo vuestra actitud, señor —continuó Hinata—. Sobre todo ya que no soy Hiruzen ni lord Minato, sino la nueva señora del castillo, que necesita mercancías y prefiere comprar a la gente de su pueblo, que tiene necesidad del comercio, antes que mandar las monedas a otro pueblo o ciudad. Sin embargo, como es lo bastante tonto para rechazar una buena moneda por orgullo…

Encogiéndose de hombros, se movió para reunirse con Natsu y Tayuya junto la puerta como si se preparara para irse. No había dado ni dos pasos cuando el hombre habló.

—Espere.

Hinata casi respiró con alivio, pero, consciente de todos los ojos que la miraban, trató de ocultar sus sentimientos y simplemente se volvió hacia el hombre para negociar los términos con él. Momentos después, el panadero sonreía, con sus bolsillos tintineando, la siguiente vez que ella se alejó.

Hinata guío a Natsu y Tayuya hacia la puerta, notando el modo en que la muchedumbre quedaba en silencio y se apartaba cuando se acercó. Se detuvo en la entrada y echó un vistazo al mar de caras. No podía ver las tiendas de los otros comerciantes con toda la gente ahí, y no tenía idea de dónde ir a continuación. Después de un titubeo preguntó.

—¿Hay carpinteros aquí?

Varias manos se levantaron. Un hombre no se molestó en levantar la mano, sino que se adelantó entre la multitud.

—Soy un maestro carpintero.

—¿Hizo usted las mesas de caballete de la posada? —preguntó Hinata después de una pausa reflexiva.

Eran mesas buenas, robustas, pero parecían fácilmente plegables y mostraban una buena atención al detalle del tallado de las patas.

—Sí.

Parecía sorprendido Hinata asintió.

—Necesitara ayuda para lo que quiero.

—La tendré si la necesito —dijo tranquilamente, como si no lo creyera Hinata se estremeció interiormente, luego anunció:

—Necesito mesas nuevas de caballete. Suficientes para sentarse doscientos hombres y criados. Bancos, por supuesto, y cuatro sillas para la mesa alta. Más cuatro sillas para la chimenea y..., no, mejor seis sillas para la chimenea —se corrigió. Como lord y lady Namikaze probablemente les visitarían a menudo y no tenía idea de cuánto se quedarían Tayuya y lady Mei, seis parecía más práctico—. También necesitaré tres camas grandes.

Hinata vaciló de nuevo, preguntándose cuánto debería gastar ahora mismo. ¿Podría permitirse comprar también sillas para cada dormitorio? Sería agradable tener una silla para sentarse mientras se secaba el cabello junto al fuego. Dos sillas en su cuarto les permitirían a ella y a Naruto sentarse junto al fuego en una fría noche de invierno.

Hinata decidió conseguir las sillas. Ella tenía su propio dinero. Sus padres siempre la consintieron y habían incluido monedas entre los arcones con sus pertenencias que habían enviado con ella.

—Seis sillas más para los dormitorios y varias mesas pequeñas.

Cuando terminó, hubo un momento de completo silencio; luego el carpintero se aclaró la garganta y admitió dolorosamente.

—Incluso con la ayuda de cada hombre capaz de aquí, no puedo proporcionar tanto mobiliario tan rápido como un mayor...

—Me doy cuenta de ello, señor —le aseguró Hinata, impresionada por su honestidad.

Cualquier otro carpintero habría estado calculando las monedas que esto le reportaría y aseguraría imprudentemente que tendría todo en un santiamén. Hablando claramente para que toda la muchedumbre la pudiera oír, Hinata dijo:

—Aunque me gustaría tener el mobiliario lo antes que pueda, estoy dispuesta a esperar. Prefiero que la ganancia de esta empresa quede aquí en nuestro pueblo.

Él asintió lentamente

—¿Qué desea primero, mi señora?

—Las mesas, luego las camas, después las sillas y por último las mesas pequeñas —respondió Hinata.

Echó un vistazo a la muchedumbre y se dio cuenta de que el sentimiento en el aire había cambiado. No se los había ganado a todos, pero la muchedumbre estaba oscilando.

Alzó la cabeza y gritó:

—¿Hay algún tendero que pueda suministrarme hierbas?

—¡Ah, Hinata! ¡Estuviste maravillosa! —Se entusiasmó Tayuya cuando dejaron el pueblo más tarde.

—Sí, ¿verdad? —Hinata sonrió abiertamente, animada por su éxito.

Ciertamente no había comenzado bien, y por un tiempo había temido haber cometido un gran error, pero todo había salido bien al final. Estaba muy satisfecha.

—Estaba tan impresionada —admitió Tayuya—. No sé dónde encontraste el valor de enfrentarte al panadero cuando fue tan cruel con nosotras, pero le respondiste gritando e incluso lo llamaste tonto. —Sus ojos eran enormes y redondos—. Yo nunca habría tenido el coraje de hablarle así.

Hinata parpadeó.

—¿Gritar?

—Sí.

Tayuya pasó un brazo alrededor de sus hombros y la abrazó eufóricamente.

—No —Hinata sacudió la cabeza. No había pensado que había gritado y dirigió la vista a su criada para preguntar—: ¿Verdad que no grité?

Como una verdulera —le aseguró Natsu orgullosamente.

Hinata la contemplo con horror y ambas mujeres se echaron a reír.

—¡Estuviste brillante! —le aseguró Tayuya—. Quiero ser como tú cuando me case.

Hinata sintió que sus labios se torcían irónicamente. Después de una vida de sentirse inadecuada y desear ser alguien más, era extraño oír que alguien quería ser como ella. De todos modos, hoy se había impresionado a sí misma. Quizá no resultaría ser un fracaso calamitoso como esposa después de todo, pensó esperanzada.

Alentada por su éxito y animada por la obvia admiración de Tayuya, Hinata se sintió bien cuando regresaron al castillo. No fue hasta que entraron al gran salón cuando empezó a desinflarse.

—¡Aquí están, chicas! —Lady Kushina se acercó para saludarlas, con una brillante sonrisa de placer en su cara cuando señaló los cambios en el gran salón—. ¿Qué opinan? Es mucho más agradable ahora, ¿verdad?

—Usted…

Hinata contempló las mesas de caballete y los bancos que ahora llenaban el centro del salón. Su mirada se deslizo hacia la pequeña colección de sillas junto a la chimenea, sacudió su cabeza sintiéndose impotente y su felicidad comenzó a derramarse como el agua de un cubo.

—Trajo mobiliario.

—Sí. Estaba en los carros con los criados. No lo mencioné porque esperaba sorprenderte. —Su sonrisa empezó a desaparecer ante la expresión de Hinata—. ¿No estas contenta? Pensé que estarías mas cómoda con… bueno, aquí no había nada de mobiliario.

—Oh, sí —dijo Hinata rápidamente cuando comprendió cuán grosera estaba siendo—. Es encantador. Mucho más cómodo.

—Pero acabamos de llegar del pueblo donde encargamos mobiliario y toda clase de cosas —soltó Tayuya.

—¿El pueblo dices?

Hinata se dio la vuelta para ver a Minato Namikaze y Naruto cuando entraron. Ambos hombres fruncían el ceño

—¿Fuiste al pueblo? —gruñó Naruto—. Pudiste meterte en problemas. Te dije que allí no estaban contentos con nosotros.

—Mi señora los manejó maravillosamente. Su madre habría estado orgullosa —dijo Natsu firmemente.

—Sí —añadió Tayuya—. Cuando el panadero fue grosero con nosotras, ella le respondió groseramente y hasta le gritó como una verdulera.

Hinata cerró los ojos con un gemido interior mientras Tayuya y Natsu los entretenían con sus aventuras en el pueblo. El silencio que siguió fue largo y, finalmente suspiró, abrió los ojos y se encontró a todos mirándola.

—Por supuesto que anularé el mobiliario y...

—No lo harás —dijo bruscamente Minato Namikaze—. Has hecho más hoy para reparar nuestras relaciones con los aldeanos que toda la conversación que yo pudiera haber tenido. Conservaremos el mobiliario aquí hasta que el carpintero tenga hecho lo que va a sustituirlo, luego lo llevaremos de vuelta a Konoha Ville. De todos modos, el castillo está casi desnudo sin esos muebles.

—Y los panes y demás que le encargaste al panadero, así como las hierbas del tendero, serán bienvenidos —dijo lady Kushina firmemente—. Los panes disminuirán la carga de la cocinera mientras se instala y arregla las cosas y seguramente el jardín de hierbas no está en condiciones de rastrillarse. — Sonrió brillantemente—. Lo has hecho bien, querida.

Hinata podía sentir elevarse su espíritu. Lo había hecho bien, después de todo. Su mirada se deslizo tímidamente hacia su marido, y pensó que vio admiración y orgullo en su cara. ¿Seguramente la felicitaría también?. Después de todas las calamidades y accidentes que causó, seguramente estaría impresionado y le dirigiría una palabra amable por esto. En cambio le ofreció una manzana. La tenía cuando entró con su padre, y ahora la miraba detenidamente, vaciló y luego se la ofreció.

Hinata acepto la manzana con confusión, luego jadeó sobresaltada cuando él acarició su trasero.

—Bien —dijo firmemente, acarició su trasero otra vez y se fue con su padre hacia las mesas de caballete.

Hinata lo miró con asombro; como lo hicieron las demás mujeres. Lo miraban fijamente como si le hubieran salido cuernos. Después de un momento, lady Kushina se volvió hacia Hinata y dijo.

—Esto… querida, por qué no vas a presentarte a tu nueva cocinera y ves si no tiene algún refrigerio que podrías disfrutar después de la caminata. Necesito hablar con mi hijo.

Hinata la miró dirigirse hacia las mesas de caballete, luego se encaminó hacia las cocinas con Tayuya y Natsu pegadas a sus talones. Habían cruzado la mitad del pasillo antes de que el crujido de juncos le hiciera desviar la mirada hacia la esquina y recordara a la cerda. La madre cerda todavía estaba ahí, y el escudero de Naruto, Gamatatsu, estaba parado cerca, mirándola con los ojos bien abiertos.

Curiosa por saber lo que lo tenía fascinado, Hinata cambio de dirección, dirigiéndose al muchacho. Natsu y Tayuya la siguieron.

—¡Oh, mira! —gorjeó Tayuya cuando alcanzaron al muchacho y descubrieron que lo que le llamaba la atención era el lecho de paja de la cerda. La cerda tenía una nueva camada.

—Tuvo a sus bebes —anunció Gamatatsu innecesariamenteSí —sonrió Tayuya—. ¿No son adorables?

Hinata sonrío ligeramente ante las palabras de la muchacha. Los cochinillos subían de modo inestable por todas partes, tratando de prenderse de los pezones de la cerda. En efecto eran adorables, con sus ojos enormes y orejas caídas. Miró sus payasadas por un momento, preocupada cuando notó a un cochinillo diminuto que luchaba por conseguir un turno para mamar.

—Debe de ser el pequeño de la camada —comentó Tayuya.

—Sí —murmuró Hinata.

La pobre criaturita era un luchador, pero era el más débil de todos y no importaba cuantas veces lo intentara, no podría abrirse camino a la fuerza para obtener la leche de su madre. Hinata frunció el ceño.

—Es un luchador.

—Sí —dijo Tayuya tristemente, como sabiendo que el coraje del pobre pequeño serviría de poco si no podía conseguir la leche.

Hinata estaba también preocupada.

—¿Crees que lady Kushina trajo algo con lo que pudiéramos alimentarlo?

Tayuya se reanimó ante la sugerencia.

—Podríamos ir a ver.

Asintiendo, Hinata se arrodillo para agarrar al cochinillo. Abrazándolo contra su pecho, sonrió cuando el cuerpecito caliente se retorció contra ella. Lo acarició y lo arrulló.

—Está bien, pequeñito. Sé que estas hambriento. Te encontraremos algo para comer. —Rascó su oreja suavemente y luego dijo—: Creo que te llamaremos Sansón, porque tenemos la intención de que crezcas grande y fuerte.

—Pero no le cortes el pelo —bromeó Tayuya, acariciando al cochinillo, luego de repente hizo una mueca cuando miró por encima del hombro de Hinata—. Oh, oh, ahí viene la tía Mei. Formará un escándalo si sabe que nos proponemos alimentar a uno de los cochinillos.

—Entonces mejor lo llevamos a la cocina.

Hinata dijo eso y empezó a caminar, teniendo cuidado de ocultar al cochinillo con su cuerpo mientras se movía. Natsu, Tayuya y ahora Gamatatsu la seguían. Casi estaban en la puerta cuando Hinata preguntó.

—¿Por qué a lady Mei le disgustan tanto los cerdos?

—No es que le disgusten, le aterrorizan —explicó Tayuya—. La mordió uno cuando era una niña y les ha tenido terror desde entonces. Te sermoneará si te pilla llevando uno a la cocina.

Hinata sintió un momento de preocupación, pero de repente comprendió que Uzumaki Ville era su hogar. Ella era el ama aquí, y nadie tenía derecho a sermonearla por hacer lo que quisiera… excepto quizas Naruto… y lord y lady Namikaze, se corrigió con una mueca. De todos modos, nunca sería grosera; si lady Mei organizaba demasiado alboroto por lo que eligiera hacer, Hinata decidió que tendría que ser cortés y dejar clara su posición.

—¿Qué fue eso?

Naruto alzó la vista de la cerveza que disfrutaba con su padre y parpadeó cuando su madre se le encaró a través de la mesa. Tenía las manos en las caderas y una expresión irritada en el rostro —¿Qué fue qué?

—La manzana, acariciarle el trasero y el «bien» —dijo impaciente lady Kushina.

Naruto parpadeó.

— Estaba elogiando a mi esposa.

—¿Eso fue un elogio? —preguntó con incredulidad.

Él se encogió de hombros.

—Así es como elogio a Medianoche.

—Medianoche es un caballo —dijo ella con irritación mientras su padre se echaba a reír, escupiendo la cerveza.

Naruto se retorció incómodo. Había pensado que podría necesitar otras formas de aumentar la autoestima de su esposa, pero realmente era una cosa complicada y todavía no había llegado a nada. Nunca antes había tenido una esposa, y cuando necesitaba elogiar a su caballo o a su escudero, era con un «bien» o «bien hecho» para el chico y una manzana y acariciar el trasero para el caballo. Al explicar esto, vio que la irritación de su madre disminuía.

—Entonces has comprendido que los primos de ella han dañado la opinión que Hinata tiene de sí misma —dijo su madre aliviada.

—Sí, pero no sé cómo arreglarlo, aparte de elogiarla cuando hace algo bien —dijo Naruto.

—Bueno. —Lady Kushina relajó su postura—. Podrías empezar por hablar con la muchacha.

Naruto puso los ojos en blanco con exasperación.

—Hablar. Las mujeres siempre piensan que hablar solucionará las cosas. Una espada afilada a menudo soluciona el problema mucho más rápida y eficientemente.

—Bueno, es difícil que puedas cortar la pobre imagen de Hinata. Y como tu esposa es una mujer como yo, quizá deberías probar mi sugerencia —dijo secamente lady Kushina—. Fueron las palabras agudas y poco amables dichas durante los últimos años las que causaron esta pobre imagen que Hinata tiene de sí misma, así que sugiero que unas palabras amables y elogiosas podrán también, con tiempo, repararla. También podrías pasar algún tiempo con ella. Sal a caminar con ella y juega al ajedrez por la noche, cosas así —sugirió—. Ahora me iré y hablaré con la cocinera sobre las mercancías que llegarán del pueblo. Hará las cosas más fáciles mientras todo está tan alborotado. Fue muy inteligente por parte de Hinata ir al pueblo tal y como hizo.

Naruto miró a su madre alejarse, luego dio un suspiro de descontento.

—Con tiempo. No quiero que cueste años y años deshacer el daño que causaron esos primos suyos. Quiero que ella sepa ahora que es inteligente y bonita y capaz.

—Hmm. —Su padre asintió al comprenderle, luego se iluminó—. Bueno, ayudaré. Si los dos la elogiamos, se puede acelerar el proceso.

Lord Minato se puso en pie de repente.

—De hecho, iré a elogiarla ahora mismo, y a decirle de nuevo cuánto bien hizo con sus esfuerzos esta tarde en el pueblo.

Naruto miró pensativamente a su padre mientras se dirigía hacia la cocina en busca de Hinata. Las palabras del hombre habían hecho que se formara una idea en su cabeza. Si el que los dos la elogiaran le ayudaba a ver que sus primos estaban equivocados y que ella era valiosa, entonces muchas personas elogiándola acelerarían todo incluso mas… y si la guarnición entera de soldados y criados lo hiciera…

Naruto se levantó bruscamente. Tenía que hablar con sus hombres.

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Continuará...