Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
«DIECISIETE»
—¿Puedo sostener a Sansón? Prometo que no lo dejaré caer.
Hinata miró a Gamatatsu y sonrió ante su expresión seria. Se estaba encariñando mucho con el muchacho después de varios días de tenerlo siguiéndola.
Había pasado una semana desde la primera incursión de Hinata en el pueblo, y ahora volvían de un segundo viaje. Había adquirido a Gamatatsu como su compañero constante el día después de aquel primer viaje. El chaval casi había sido aplastado por un bloque de piedra, debido a su torpeza, mientras seguía a Naruto alrededor del muro donde los hombres trabajaban. Su marido le había preguntado esa tarde si podía mantener al muchacho con ella hasta que hubiera terminado el muro y se moviera a una tarea menos peligrosa. Hinata había estado de acuerdo inmediatamente, feliz de servir a su marido en cualquier cosa, por pequeña que fuera. El chaval había estado siguiéndola desde entonces.
Reflexionando sobre la semana pasada, Hinata decidió que, con todo, había sido una buena semana. La madre y el padre de Naruto habían terminado quedándose solo un par de días. Lady Kushina había reconocido que Hinata no estaba tan mal herida como para que no pudiera dirigir su propio castillo… y dirigirlo bien. La última parte casi había hecho aflorar lagrimas a los ojos de Hinata cuando lo reconoció como el elogio que era. Lady Kushina tenía confianza en sus capacidades, aun si Hinata misma no la tenía. Pero esto cambiaba con cada éxito que tenía. Hinata podía notar cómo iba sintiéndose más confiada con cada día que pasaba.
La semana pasada había visto acelerarse las reparaciones del castillo. El castillo entero había sido limpiado, las puertas del torreón reparadas y la cerda y su camada movidos a otro sitio. Todos excepto el cochinillo Sansón. Determinada a salvar al intrépido benjamín de la camada, Hinata lo había dejado dentro mientras que a los otros cerdos les enseñaron la puerta, y había hecho todo lo que pudo para mejorar sus posibilidades de supervivencia. En efecto, Sansón había establecido su residencia permanente en el castillo, o más exactamente, había establecido su residencia permanente con Hinata, ya que si ella no lo llevaba, él la seguía por voluntad propia, con su pequeño trasero rosado meneándose felizmente mientras la seguía de un lugar a otro. El cochinillo parecía pensar que Hinata era su madre, para gran diversión y exasperación de Naruto.
Esta también había sido la semana en que su marido había parecido notar de repente su presencia. No es que antes hubiera estado completamente ajeno, pero esta semana Naruto había hecho esfuerzos por pasar el tiempo con ella: jugando al ajedrez una tarde, saliendo con ella a pasear. Aún no decía mucho, tendía a gruñir más que a hablar, pero en algunas ocasiones había tenido conversaciones enteras con ella. Siempre encontraba que estas discusiones eran ventanas interesantes a sus pensamientos. Hinata estaba feliz de aprender que su marido era un hombre bueno, justo y honesto.
—¿Por favor? —rogó Gamatatsu, recordando a Hinata su petición de sostener a Sansón.
Ella vaciló, luego cedió y entregó a Sansón al muchacho.
—Ten cuidado, Gamatatsu. Se está poniendo pesado —advirtió ella.
Sansón había doblado su peso esta semana pasada gracias a un consejo de Karin, la esposa del posadero. La mujer había cabalgado hasta el castillo con la primera entrega de cerveza e hidromiel, y había llegado cuando Hinata trataba de encontrar algún modo de alimentar al cochinillo. Karin se había interesado y le había dicho lo que su propio padre había hecho cuando habían tenido un problema similar con un potro. Su padre había hecho una especie de vejiga de tela engrasada. Había cosido el extremo en forma de pezón, lo había llenado con leche de cabra y lo había usado para alimentar al potro, que aparentemente había estado bien con el sustituto de la leche materna.
Karin se ofreció ayudar con el proyecto y Hinata había aceptado agradecida. Le gustaba la esposa del posadero, y se estaban haciendo amigas. Así que cuando Hinata se había dirigido hoy al pueblo para pedir más víveres y revisar el progreso de los carpinteros con el mobiliario, había decidido llevarse a Sansón con ella para mostrarle a Karin lo bien que funcionaba su sugerencia. Sansón se había puesto rechoncho, sano y feliz.
Ahora estaban en el camino de vuelta, y Hinata estaba impaciente por contarle a Tayuya cosas sobre su viaje. La muchacha había sido bastante agradable antes, pero desde su viaje al pueblo, las dos se estaban haciendo amigas rápidamente, pasaban mucho tiempo juntas y se reían y charlaban mientras hacían sus tareas. De hecho, Tayuya había querido venir hoy con ella al pueblo, pero la tía de la muchacha no lo había permitido. Lady Mei insistió en que Tayuya debía permanecer en casa para practicar sus costuras, pues era todavía incapaz de hacerlas derechas.
Hinata sospechaba que la muchacha estaría ya aburrida como una ostra, y se preguntaba si estaría mirando por una ventana y podría verlos acercarse a las puertas de la muralla.
—Está inquieto.
Hinata sonrió ligeramente y echó un vistazo al oír la declaración de Gamatatsu, justo a tiempo de ver a Sansón escaparse del enganche del muchacho. Tras caer al suelo con un plaf, el cochinillo corrió a lo largo del muro, y Gamatatsu prontamente emprendió la persecución con un chillido que solo pareció impulsar a Sansón a velocidades mayores. Hinata se encaminó tras el par, preocupada de que el chaval tropezara con sus propios pies.
Efectivamente, Gamatatsu se cayó después de un par de minutos, y Hinata sacudió su cabeza mientras reducía la marcha para acercarse a él. Sabía que a su marido no le gustaba que nadie hiciera un escándalo de las caídas del niño, así que se detuvo junto a él y alzó las cejas cuando Sansón regresó y anduvo como un pato para olisquearlo.
Gamatatsu rió tontamente mientras se alzaba lentamente sobre sus manos y sus rodillas, luego correspondió al olisqueo.
Hinata meneó la cabeza ante el par, y luego se agachó para recoger a Sansón en sus brazos mientras Gamatatsu se ponía de pie.
—Tienes tierra en tus calzas —anunció, y esperó con paciencia mientras él la sacudía cuando un sonido seco sobre sus cabezas la hizo mirar hacia arriba.
Los ojos de Hinata se dilataron con horror al ver un bloque de piedra que caía a plomo hacia ellos desde la pared. Durante una fracción de segundo, estuvo segura que su corazón se había parado; entonces gritó y embistió a Gamatatsu, empujándolo frente a ella mientras trataba de sacarlos del camino.
Un gruñido de dolor se deslizó de sus labios cuando su hombro fue golpeado oblicuamente; luego los tres cayeron. Hinata soltó a Sansón, esperando no aplastar al cochinillo mientras trataba de evitar caer sobre Gamatatsu. Entonces golpeó el suelo con un estrépito que envió una sacudida por todo su cuerpo.
—¿Está bien, mi señora?
Más joven y acostumbrado a las caídas, Gamatatsu fue el primero en recuperarse y gateó para mirarla.
Hinata necesitó un minuto para recuperar el aliento. Entonces se sentó, se frotó la parte dolorida de su hombro y logró dibujar una sonrisa mientras Sansón se meneaba entre ellos.
—Sí. Estoy bien, gracias, Gamatatsu. ¿Te lastimaste?
—No.
Él le tendió una mano para ayudarla a levantarse y Hinata la aceptó, aunque realmente se puso de pie con su propio esfuerzo. El muchacho no era lo bastante grande para ayudarla de verdad, pero no rechazaría su intento de caballerosidad.
—Lord Naruto me culpará —dijo Gamatatsu tristemente, atrayendo la sorprendida atención de Hinata.
—¿Por qué iba a hacer eso? —preguntó mientras su mirada vagaba a la pared de donde había venido la piedra cortada.
Hinata se congeló cuando descubrió a Tayuya retirándose de la pared que estaba directamente encima de ellos. La pelirroj obviamente había estado inclinándose, mirando detenidamente hacia ellos desde el punto donde había estado la piedra cortada, pero se había retirado cuando Hinata echó un vistazo. Un segundo más lenta y Hinata se habría perdido de verla.
—Bueno, después de que la piedra casi me golpeó mientras estaba con él, me hizo dejar de ir con él al muro todos los días. Dijo que yo me mataría, y que un escudero muerto era bastante —dijo Gamatatsu, recordándole su presencia.
Hinata miró hacia abajo para ver sus ojos ensancharse con la alarma.
—Usted no piensa que ahora me hará dejar de pasar el tiempo con vos y Sansón, ¿verdad?
Hinata contempló a Gamatatsu sin expresión, pues encontraba difícil el apartar su mente de la imagen de Tayuya mirando detenidamente hacia ellos. ¿Qué había estado haciendo ella allá arriba? ¿Realmente acababa de caerse el bloque de piedra por casualidad?
—¡Lo hará! —El muchacho chilló tristemente cuando ella permaneció silenciosa—. Ah, por favor no le hable de esto, mi señora. Hará que deje de pasar el día con vos y Sansón. Por favor no le cuente...
—No se lo contaré —le aseguró ella calladamente.
Sin embargo tenía sus propios motivos para guardárselo. Hinata tenía que pensar un poco. Consideraba a Tayuya como su amiga, pero había tantas preguntas girando en su cabeza en este momento…
Pensó de repente en la túnica arruinada y saturada con el olor de carne de cerdo, y en el tablón que la golpeó en la cabeza y la envió por el agujero en el suelo. Y ahora un bloque de piedra casi los había aplastado a ella y a Gamatatsu… y Tayuya había estado parada allá arriba, justamente donde había estado la piedra cortada.
Pero Tayuya era su amiga, se replicó a sí misma. A Hinata realmente le gustaba la muchacha. Desde luego, eso no significaba que la muchacha le correspondiera realmente, reconoció con un suspiro. Sin embargo, su amistad con Tayuya le hacía sentir que le debía a la muchacha hablar con ella antes de contarle a Naruto el incidente.
Por supuesto, Hinata no era tonta. Si Tayuya realmente quería hacerle daño, sería una idiota si se enfrentaba a ella en privado. Decidió que se enfrentaría a Tayuya a la vista de otros, solo que lo bastante lejos para no ser escuchada.
—Gracias, mi señora.
Hinata acarició el hombro de Gamatatsu, luego se agachó para levantar a Sansón y urgió al muchacho a apresurarse hacia la puerta de la muralla. Habían dado varios pasos dentro de la puerta cuando pensó en los guardias del muro. Seguramente, si Tayuya hubiera echado abajo el bloque de piedra, el hombre colocado en aquella sección del muro habría gritado o al menos la habría visto. Se dio la vuelta para mirar hacia donde el guardia, por lo general, estaba parado, pero se encontró el sitio vacío. No fue hasta que deslizó su mirada a lo largo del muro que descubrió a un hombre subiendo las escaleras al muro. Mientras ella miraba, regresó a su puesto y ocupó su posición.
—Buenas tardes, mi señora. Hoy se ve encantadora.
Hinata echó un vistazo alrededor, con un rubor que la subía por las mejillas cuando saludó con la cabeza a los dos soldados que se acercaban.
—Sí, encantadora —dijo el segundo soldado cuando pasaron.
Hinata estaba meneando la cabeza con aturdimiento ante la repentina inclinación que todos parecían tener de adularla, cuando oyó que el primer soldado decía:
—Encantadora era mi elogio. ¿No podrías elegir los tuyos propios?
—Lord Naruto dijo que la elogiáramos, no que tuviéramos que ser creativos con ello —indicó el segundo hombre con un encogimiento de hombros—. Además, ¿qué debería haber dicho? «¿Lindo cerdo, mi señora?» Una vez que le has dicho a una mujer que es encantadora, hay poco más que decirle.
Hinata se giró despacio para mirar a los hombres alejarse mientras el primer soldado sacudía su cabeza y decía:
—Si eso es lo que piensas, no es extraño que tengas un problema con las mujeres.
Obviamente, los hombres no tenían ni idea de que habían estado hablando lo bastante fuerte como para que les escucharan. Hinata dirigió una mirada pensativa al escudero de su marido.
—¿Gamatatsu?
—¿Sí, mi señora?
—¿Dijo Naruto a los soldados que me elogiaran?
—Sí, mi señora —asintió Gamatatsu—. Dijo que usted necesitaba aumentar vuestro vapor debido a los cabrones repugnantes de vuestros primos y los años de sus malditos insultos endemoniados, y todos teníamos que ayudar a… er… preparar el daño.
Hinata se mordió el labio para contener una risita. Sospechaba que había querido decir aumentar la estima y reparar el daño, pero ciertamente había recordado las maldiciones de Naruto.
Meneando la cabeza, impulsó a Gamatatsu a seguir a través del patio, pero sus pensamientos estaban en lo que acababa de aprender. Hinata había sido la receptora de innumerables elogios recientemente, y se había encontrado tanto incómoda como avergonzada por todo esto, al punto que había comenzado a evitar a los hombres. Ahora entendía por qué recibía tantos elogios: porque Naruto les había dicho que lo hicieran. Quería llorar. Su marido se había preocupado lo bastante para tratar de reparar el daño hecho por los «repugnantes cabrones de sus primos».
Cuanto más aprendía de su marido, más lo amaba. Hinata dejó de andar cuando comprendió lo que acababa de pasar por su cabeza. ¿Amor? ¿Naruto? Ciertamente sentía el amor obediente que se suponía que una esposa debía tener por su marido, que era como debería ser, pero ella no lo amaba ¿o sí?
—Ahí estás.
Hinata se alejó de sus pensamientos y sonrió al hombre en cuestión cuando Naruto apareció ante ellos.
—Gamatatsu, ve adentro y pule mi cota de malla en la mesa de caballete — ordenó él—. No vayas a ninguna parte sin consultar primero con lady Mei.
—Sí, mi señor.
Hinata alzó las cejas cuando el muchacho se alejó rápidamente.
—Lady Mei consintió en vigilarlo mientras nos vamos —anunció Naruto, tomando su brazo y girándola para conducirla por donde había venido. Ella aún sostenía a Sansón en su otro brazo.
—¿Mientras nos vamos a dónde, esposo? —preguntó Hinata, echando un vistazo con curiosidad al saco y a la piel doblada que él llevaba.
—A tomar nuestro almuerzo —dijo él, y los ojos de ella se ensancharon.
—¿Nuestro almuerzo? ¿Quieres decir un picnic? ¿Vamos a hacer un picnic? —preguntó con placer emocionado.
—Sí —gruñó Naruto, pero ella no pudo menos que notar que él parecía avergonzado de admitirlo.
Hinata supuso que eso significaba que esta era otra de las sugerencias que su madre había hecho mientras estuvo aquí. Lady Kushina le había contado todo sobre la explicación de Naruto, que acariciarle el trasero y darle una manzana había sido su forma de elogiarla. Su madre había temido que Hinata pudiera haberse ofendido por esta «alabanza» y había esperado prevenirlo o repararlo explicando sus acciones. Lady Kushina también le había dicho que le había dado a Naruto modos alternativos de elogiarla y había sugerido que también pasara más tiempo con ella en actividades como ajedrez, paseos y cosas por el estilo. Hinata había apreciado las sugerencias esta semana pasada mientras disfrutaba de la compañía de su marido.
Por la razón que fuera, a ella no le había importado que los juegos de ajedrez por la noche y los paseos durante el día fueran por sugerencia de Lady Kushina. Naruto quería elogiarla y realmente siguió el consejo de pasar tiempo con ella. Era lo que importaba.
Naruto la condujo fuera de la muralla, hacia los bosques, siguiendo un camino que parecía conocer. No pasó mucho tiempo antes de que llegaran a un claro con un pequeño arroyo que lo atravesaba.
—Oh, esto es encantador —exclamó Hinata, mirando detenidamente alrededor mientras él dejaba el bolso y comenzaba a extender las pieles—. ¿Cómo sabías que esto estaba aquí?
—Salí ayer a caballo y busqué un punto conveniente.
Y este punto es tan cercano —murmuró Hinata, pero su corazón se encogía por el hecho de que él había buscado un punto agradable para ellos.
Lady Kushina podía haber sugerido el picnic, pero Naruto había puesto el cuidado y el interés en descubrir un lugar agradable para realizarlo. Esto le dio esperanza de que quizá él empezaba a sentir cariño por ella, al menos un poco.
—Siéntate —ordenó Naruto una vez que la piel estuvo extendida.
Hinata se sentó, con una pequeña sonrisa jugueteando en sus labios, luego puso a Sansón sobre las pieles. El cochinillo inmediatamente salió a explorar el claro. Ella lo miró durante un momento, pero realmente no estaba preocupada de que se fuera lejos. Nunca vagaba demasiado lejos de ella a menos que quisiera ser perseguido. Si Gamatatsu no hubiera salido hoy tras él, Sansón se habría detenido y habría vuelto solo.
Naruto sacudió la cabeza divertido.
—Debería haber hecho que Gamatatsu se llevara al pequeño parásito, pero no noté que lo tenías.
Las cejas de Hinata se alzaron.
—Es difícil de creer que no notaste que lo llevaba, mi señor.
Naruto hizo una mueca.
—Estaba distraído.
—¿Por qué, mi señor esposo? —preguntó.
—Estaba repasando si había olvidado algo —dijo él.
Hinata sonrió ante la admisión. No es que Naruto lo notara, estaba ocupado sacando la comida del saco y acomodándola en la manta. Su rostro era la viva imagen de la concentración mientras trabajaba, y ella sintió que su corazón se hinchaba mientras lo miraba. Cómo amaba realmente a este hombre. Sí, lo hacía. Él podía decir poco, pero sus acciones hablaban fuerte y claro. Naruto ponía cuidado en cosas que le importaban, su castillo, su caballo… y ella. El hecho de que se hubiera tomado gran cuidado en descubrir el punto perfecto para su picnic era solo uno más dentro de la lista de ejemplos.
Había asumido la tarea de administrador en Uzumaki Ville porque había pensado que ella era infeliz al no tener una casa propia para administrar. Había ordenado que sus hombres la elogiaran para ayudarle a levantar su estima. Había comenzado jugar al ajedrez con ella y a llevarla a dar paseos, meramente porque su madre sugirió que la haría más feliz.
Bajo su brusco exterior, Naruto era un hombre bueno. Un hombre bondadoso a quien ella amaba, y de quien comenzaba a esperar que pudiera sentir un poco de cariño por ella.
Naruto levantó su cabeza y abrió la boca para hablar, luego se congeló cuando miró la expresión en su cara. Se sentó así durante un minuto, luego cerró la boca, lamió sus labios y dijo:
—Pareces toda suave y radiante ahora mismo.
—¿Yo, mi señor? —preguntó Hinata suavemente.
—Sí. Te ves encantadora.
Ella sonrió y confesó suavemente:
—Me haces sentirme encantadora cuando me miras así.
—¿Así como? —preguntó Naruto, comenzando a fruncir el ceño.
Hinata sonrió abiertamente ante la acción defensiva y dijo:
—Como si fuera un postre delicioso que te gustaría engullir.
—Lo haría.
Él comenzó a inclinarse hacia ella.
—¿Harías qué, mi señor? —preguntó Hinata jadeante.
—Me gustaría devorarte —admitió.
Entonces su boca cubrió la de ella. Sus labios eran todo lo que la tocaba, rozando suavemente de un lado a otro y ligeros como una pluma. Los ojos de Hinata se cerraron y ella se quedó quieta durante un momento, pero entonces se encontró con que sus labios se separaban y su cuerpo se adelantaba con voluntad propia. Quería algo más que sus besos incitantes. Quería un beso apropiado, quería tocarlo, que él la tocara.
Pero cuanto más se inclinaba Hinata hacia delante, más retrocedía Naruto, obligando a que el beso permaneciera como un ligero roce de bocas.
Justo cuando Hinata pensaba que la volvería loca con su provocación, sintió que la lengua de él salía para deslizarse a través de sus labios abiertos. La caricia íntima la hizo gemir, y su propia lengua se deslizó hasta que su punta tocó la de él. Naruto inclinó inmediatamente su cabeza y presionó de modo que su lengua pudiera empujar totalmente en la boca de ella.
Hinata jadeó y le correspondió el beso. Levantó las manos para pasarlas alrededor de sus hombros, pero Naruto las tomó en las suyas y las sostuvo. Parecía que estaba decidido a volverla loca, pensó ella con un poco de frustración; entonces él de repente rompió el beso y se recostó.
—Quítate el vestido —ordenó roncamente.
Sobresaltada por la petición, Hinata parpadeó. Su mente luchó brevemente, la timidez batallando con el entusiasmo; entonces se colocó de rodillas y se detuvo vacilante.
—Por favor —añadió Naruto. Su mirada era hambrienta, su expresión solemne.
Hinata respiró hondo y se puso en pie despacio. Pasó un momento mientras reunía valor y luego se agachó para tomar el borde de su vestido y pasarlo sobre su cabeza. Hinata inmediatamente tuvo un impulso terrible de esconderse detrás del vestido, pero se obligó a soltarlo para dejarlo caer a las pieles. Fue una decisión que comenzó a lamentar cuando Naruto simplemente se quedó sentado, contemplándola, con sus ojos deslizándose sobre cada centímetro expuesto de su cuerpo. Justo cuando Hinata alcanzaba el punto donde decidía que no podía soportar más y debía tomar su vestido, Naruto se puso de rodillas y se inclinó hacia delante para rozar con la punta de su pulgar un erguido pezón.
Hinata se mordió el labio y tragó saliva ante el hormigueo que la acción le causó. Entonces él se inclinó aún más cerca hasta que pudo tomar el apretado botón delicadamente entre sus dientes. El corazón de ella saltó inmediatamente en su pecho. Saltó de nuevo cuando sintió su lengua moverse rápido sobre la punta en la boca de él. Entonces, de repente, ahuecó una mano bajo su seno para sostenerlo y comenzó a succionar con impaciencia, con su lengua golpeteando repetidamente la punta mientras lo hacía.
Hinata gimió y deslizó una mano en su pelo, con sus dedos sosteniendo los mechones sedosos. Siguió lamiendo primero un seno, después el otro, hasta que Hinata tembló en sus brazos; entonces comenzó a inclinarse de modo que fue recorriendo con sus besos la danzante piel de su vientre.
—¿Naruto? —jadeó Hinata cuando él siguió más abajo, con sus besos deslizándose al costado y vagando sobre la carne sensible que cubría su cadera.
Sus dientes rozaron y pellizcaron mientras él seguía, y Hinata se encontró incapaz de mantenerse quieta bajo el tormento. Giró las caderas en sus manos, casi retorciéndose contra su boca indagante.
Cuando Naruto tomó sus tobillos y la obligó a cambiar de postura de modo que sus pies se apartaran más, Hinata comprendió que estaba respirando en jadeos cortos y superficiales. Esto solo empeoró cuando los labios de él quemaron un rastro hasta el interior de su muslo. Hinata estaba ahora conteniendo el aliento, aterrorizada de que sus piernas cedieran en cualquier momento, abandonándola para colapsarse sobre él.
Como si fuera consciente de su debilidad, Naruto deslizó las manos a sus caderas, sus dedos acunando su trasero y sosteniéndola mientras presionaba besos más y más arriba de su muslo.
Hinata hizo todo lo posible por permanecer de pie pero, incluso con el apoyo de él, sus piernas cedieron cuando él presionó un beso en el mismo centro de ella. Se colapsó con un grito jadeante, y Naruto la atrapó, acomodándola de espaldas en las pieles. Entonces se arrodilló entre sus piernas, las apartó más y agachó la cabeza para presionar su boca en ella otra vez.
Hinata se agarró a las pieles y volvió su cabeza, su mente giraba con una combinación de entusiasmo, deseo y la necesidad de tocarlo. Quería complacerlo también, y había querido hacerlo cada vez que la había tomado, pero Hinata no tenía ni idea de cómo hacerlo. Esta vez la necesidad era casi insoportable, pero las manos de él sujetaban sus muslos mientras usaba sus labios, dientes y lengua para complacerla. Naruto siguió haciéndolo hasta que ella gritó y se sacudió bajo él.
Después, durante unos instantes, Hinata estuvo demasiado aturdida para moverse; entonces se dio cuenta de que Naruto se había sentado para levantarse la túnica sobre su cabeza.
Cuando él se puso en pie y se dirigió a la cintura de sus calzas, Hinata se puso de rodillas, tomando la misma posición que él había tomado antes delante ella. Su voz era ronca.
—También quiero complacerte.
Naruto vaciló, se agachó para liberarse de sus calzas y luego se enderezó de modo que ella se encontró contemplando su virilidad. Hinata vaciló. Él estaba duro y erguido y justo ante su cara, pero ella no estaba segura de qué hacer.
Cuando Naruto no la instruyó, decidió que podía intentar lo que él le había hecho y se inclinó hacia delante para aplicar un beso a su cadera. Dibujó un rastro de besos hasta su muslo y luego, finalmente, se atrevió a dar un beso a su vara. Hinata se encontró sorprendida de lo suave y aterciopelada que se sentía la piel sobre el duro mástil. Ella presionó otro beso al asta, luego dirigió sus labios ligeramente a lo largo de ella hasta la punta, donde lo bañó con su lengua. Después de eso, no estaba segura que más hacer.
—Tómalo en tu boca —gruñó Naruto, sonando dolorido.
Ella echó un vistazo a su cara con una preocupación que solo creció cuando vio cómo ahora su cara estaba arrugada en lo que parecía ser agonía.
—¿Lo estoy haciendo mal? —preguntó ella inciertamente.
Naruto sacudió la cabeza, luego jadeó cuando ella lo tomó en su boca. Su cabeza se echó hacia atrás y él se quedó quieto como una roca mientras ella movía su boca dubitativamente sobre él y luego levantaba la mano y envolvía con ella su virilidad. Sosteniéndolo en una manera similar a en la que él había sostenido su pecho, lo chupó hasta que él de repente se apartó y se arrodilló frente a ella.
Hinata lo miró detenidamente con cierta duda.
—¿Estaba haciéndolo...?
Su pregunta murió repentinamente cuando la boca de él cubrió la suya. El beso era tan apasionado que ella pensó que quizá no lo había hecho tan mal después de todo; luego Naruto la colocó de espaldas sobre las pieles.
Hinata rodeó los hombros masculinos con sus brazos y se abrió para él, esperando que entrara en ella inmediatamente, pero no lo hizo, solo se presionó contra ella mientras sus labios reclamaban los suyos. Naruto la besó profundamente, con su lengua empujando, luego llevó sus labios a una oreja, lamiendo ahí también y enviando temblores a través de ella.
Gimiendo, Hinata giró su cabeza y atrapó sus labios con los suyos, besándolo apasionadamente mientras se movía contra él, suplicándole silenciosamente que la llenara. Para su alivio, Naruto respondió a la petición, empujando dentro de ella con un duro y profundo golpe que arrancó un grave gemido de su garganta. Entonces comenzó a cabalgarla, extrayendo gemido tras gemido, suspiro tras suspiro, mientras ella se retorcía y se movía bajo él. Sus uñas se clavaron en su espalda para animarlo mientras su lengua luchaba con la de él.
Cuando él separó su boca de la suya, Hinata presionó la cara contra su hombro y alternativamente chupó y mordisqueó la carne mientras la tensión escalaba por todo su cuerpo. Se sintió como si algo hubiera sido estirado tan fuerte como un arco dentro de ella, y estaba segura que si se extendiera más se rompería. Y de repente se extendió al máximo, y ella corcoveó bajo él, gritando mientras su cuerpo se apretaba alrededor de él con cada pulso de placer. Hinata apenas fue consciente de ello cuando Naruto empujó en ella una vez más y gritó su propio placer.
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Continuará...
