Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
«DIECISIOCHO»
Hinata abrió los ojos y, confusa, miró fijamente el pecho del hombre sobre el que estaba recostada… hasta que rememoró en qué se había convertido su picnic. No habían tocado la comida, recordó, y una sonrisa curvó sus labios. Entonces se dio cuenta de que no tenía idea de cómo había terminado sobre el pecho de él. Lo último que recordaba era que Naruto estaba medio inclinado sobre ella, mientras ambos trataban de recuperar el aliento. Debió de haberse quedado dormida. Y Naruto, obviamente, había cambiado de posición, colocándola sobre su pecho sin despertarla.
—¿Hinata?
Ella levantó la cabeza y miró con timidez a su marido. Aunque pareciera sorprendente, siempre se sentía un poco tímida después de lo que habían hecho. Hacía unos momentos había estado desnuda ante él, pero ahora se sentía repentinamente tímida.
Él sonrió con pereza ante su expresión.
—¿Tienes hambre?
Hinata parpadeó, sorprendida tanto por la pregunta como por el hecho de que en efecto tenía hambre. Asintiendo, se apartó para sentarse y tomar su propio vestido, impaciente por cubrirse ahora que ya no la distraían la pasión ni el deseo.
Naruto se sentó a su lado y comenzó a vestirse también, luego tomó la comida que había sacado de la bolsa. Milagrosamente, se las habían arreglado para no estropear nada, lo cual Hinata agradecía, ya que estaba realmente hambrienta.
Hablaron de todo un poco; entonces Hinata preguntó cómo avanzaban los trabajos del muro. Sabía que Naruto había ordenado a los hombres que trabajaran duro hasta que supuso que ya era seguro traerla a Uzumaki Ville, pero una vez llegaron apartó a varios de los hombres del proyecto para que pudieran dedicarse a otras actividades. Solo él y un puñado de ayudantes continuaron trabajando en los pequeños agujeros que quedaban y en las partes inestables del muro.
Naruto le dijo que todo iba bien, lo que realmente no le aclaró nada. Lo que ella quería saber era si era posible que la piedra rodada se hubiera caído sola. Realmente no quería creer que Tayuya había tratado de hacerle daño.
Después de un silencio durante el cual Hinata se preguntó cómo podía conseguir la información que quería sin decir nada, finalmente preguntó:
—¿La sección de la pared a la derecha de las puertas delanteras…?
—¿Sí?
—¿Es segura? —preguntó, luego agregó—: Quiero decir, ¿hay alguna parte en la que aún necesites trabajar?
—El parapeto interior necesita ser sustituido en algunos sitios, pero el exterior está bien.
—¿No hay piedras sueltas que puedan caerse? —preguntó Hinata.
Algo en su tono de voz lo hizo mirarla con atención.
—No debería haber —dijo él despacio—. ¿Por qué lo preguntas, esposa?
Ella bajó los ojos y se encogió de hombros, volviendo su atención a Sansón cuando el lechón regresó a la manta y se echó junto a ella ahora que habían dejado de moverse y habían sacado la comida. Hinata puso varias rebanadas de manzana y una ciruela en la tierra para Sansón, pero él no estaba interesado y simplemente olfateó la fruta antes de alejarse para explorar un poco.
—¿Por qué lo preguntas, esposa?
Ella levantó los ojos, pero vaciló. A Hinata no le preocupaba que él culpara a Gamatatsu y no le dejara pasar tiempo con ella y Sansón. Lo que no quería era hablar de Tayuya hasta que supiera si la muchacha había estado implicada. Hinata supuso que podría hablarle sobre el bloque de piedra que se cayó sin mencionar a la chica.
—Esposa, ¿qué pasó? —le preguntó—. He notado que la manga de tu vestido está rasgada y que tu hombro está magullado.
Ella echó un vistazo hacia su brazo y suspiró. Hinata no había notado ni la rotura ni la contusión después del incidente, había estado demasiado atontada y distraída al descubrir a Tayuya, aunque sentía una ligera punzada de dolor cuando movía el brazo de cierta manera.
—Se cayó una piedra de la pared y casi nos golpeó a Gamatatsu y a mí cuando regresábamos del pueblo —confesó finalmente.
—Otro accidente —refunfuñó Naruto y se sentó, su cara estaba pálida y su boca apretada.
Hinata de repente se sintió culpable. Estaba segura de que Naruto pensaba que ella era una plaga de accidentes.
—Cuando volvamos, quiero que me muestres dónde estabas cuando la piedra se cayó.
Hinata asintió. La sensación agradable había desaparecido de repente, y ella sintió tristeza por ello. Naruto debió de haberla sentido también, ya que, después de unos momentos de silencio, suspiró y comenzó a guardar las cosas.
—Ve por tu cerdo para que podamos regresar.
Hinata se levantó en silencio y fue por Sansón, que estaba olfateando detrás de los arbustos. Cuando ella regresó, Naruto estaba de pie mirándola. Él comenzó a cruzar la piel y entonces algo sucedió. Hinata apretó a Sansón por la sorpresa cuando repentinamente Naruto pareció tropezar; su pie resbaló y se cayó, golpeándose la cabeza con un tronco.
—¿Naruto?
Hinata se precipitó hacia él, mientras la ansiedad atenazaba su estómago. Él estaba inmóvil.
—¿Naruto?
Dejó caer a Sansón para acudir al lado de su marido y con esfuerzo pudo ponerlo de espaldas. Miró detenidamente su cara pálida. Estaba frío y tenía un corte en la frente, donde se había golpeado con el tronco. Empezaba a formársele un chichón.
Un poco frenética, Hinata puso su oído en el pecho de él y se sintió un poco más tranquila cuando escuchó el latido constante de su corazón.
Suspirando, se sentó y miró alrededor del claro, sin saber qué hacer. Las heridas de la cabeza eran algo complicado, y no sabía cuánto tiempo estaría inconsciente su marido. Seguramente le dolería mucho la cabeza cuando volviera en sí… perola cuestión era cuándo volvería en sí. Podrían pasar minutos, tal vez horas, o…
Hinata miró los árboles que rodeaban el claro. No quería pasar la noche allí sola, con su esposo inconsciente e indefenso. Él tenía una patrulla a caballo que hacía notar su presencia y parecía pensada para asustar a los ladrones, pero no quería arriesgar la vida de él.
Lamentablemente, Hinata tampoco quería dejarlo mientras iba a buscar ayuda. No se habían alejado mucho, pero podrían ocurrir muchas cosas durante el tiempo que le tomaría llegar al castillo y regresar con ayuda. Esa era una lección que Hinata había aprendido bien desde que se casó. Había sido cosa de un segundo el que se cayera en el agujero en el suelo, y había llevado menos aún que la piedra se desprendiera de la pared para precipitarse sobre ella. Algo podría sucederle a Naruto mientras buscaba ayuda. No, no lo dejaría solo para ir por ayuda, lo que significaba que tendría que llevárselo.
El hermano de Hinata siempre la acusaba de ser muy optimista, pero aunque lo fuera, incluso ella tenía que admitir que no sería capaz de llevar a su marido al castillo, ni siquiera de trasladarlo fuera del bosque lo suficiente para que sus hombres lo vieran. No podía cargarlo y si lo arrastraba de los brazos o las piernas sobre el polvo y la hierba era probable que le hiciera daño. Entonces su mirada se posó sobre la piel en la que él yacía y tuvo una idea.
Llamó a Sansón, se puso de pie, observó la piel y la posición de su marido y decidió que podría lograrlo. Lo envolvió en la piel. Recogió la bolsa y la puso junto a su esposo; se detuvo cuando vio los trozos aplastados de manzana y ciruela. Hinata recordó claramente que se los había dado a Sansón. También recordó la falta de interés del cerdo. Debía de haber lanzado los restos de alimento al bosque o quizá guardado en la bolsa, pero los había dejado allí irreflexivamente. Por lo visto, esa era la razón por la que Naruto se había resbalado.
Había sido por ella, se dio cuenta Hinata con culpabilidad, pero la apartó de su mente y se inclinó para recoger los extremos de la piel, uno en cada mano. Después intentó tirar y se sintió aliviada cuando la piel se deslizó por la hierba con un poco de esfuerzo.
Sí, podía hacerlo, se dijo Hinata. Se puso de espaldas a la piel, tomó los extremos y empezó a tirar. El sitio que había elegido Naruto para ellos no le había parecido que estuviera muy dentro del bosque en el camino de ida. Parecía estar mucho más lejos en el viaje de vuelta. Sin embargo, Hinata no se rindió y finalmente logró salir del bosque con él.
Hinata se detuvo después de pasar los árboles y se dirigió hacia la entrada, pero no tenía idea de si los hombres la podían ver. No podía distinguir ninguna figura en la pared. Suspirando, se giró para mirar a Naruto y una ligera sonrisa curvó sus labios cuando vio que Sansón había decidido dar un paseo en el pecho de su marido.
Sacudiendo la cabeza ante el cuadro, Hinata tomó las esquinas de la piel otra vez y siguió avanzado. No había llegado mucho más lejos cuando varios caballos salieron por las puertas del castillo, cabalgando deprisa hacia ellos.
Agotada por el esfuerzo, Hinata explicó parcamente lo que había sucedido mientras los llevaban de regreso al torreón a lomos de caballo. Gamatatsu los encontró en la muralla. El muchacho había corrido a medio camino de las puertas, pero se volvió y empezó a correr de vuelta al torreón cuando vio a dónde se dirigía el grupo. El escudero era lo suficientemente inteligente para no hacer preguntas, solo se apresuró a llegar al lado de Hinata mientras ella indicaba a los hombres que llevaran a su esposo a su habitación.
Tayuya y lady Mei, que estaban sentadas cerca de la chimenea apagada en el salón, se pusieron de pie y se precipitaron hacia ellos al verlos entrar. Eludiendo las preguntas, Hinata condujo a los hombres arriba y abrió la puerta de su cámara para que metieran a su esposo.
—¡Mi señora! —Natsu corrió hacia ella según entraba, con la preocupación impresa en su rostro—. ¿Qué ha pasado?
—Se cayó y se golpeó en la cabeza, Natsu. Trae mis medicinas —le pidió bruscamente, luego añadió—: Y mi aguja e hilo. La herida en la cabeza ya ha dejado de sangrar, y me temo que puede necesitar algunos puntos.
—¿Cómo se cayó? —preguntó Tayuya con el ceño fruncido, tras oír la explicación que Hinata dio a Natsu, mientras entraba detrás de los hombres.
—Pisó una ciruela y se resbaló, cayéndose al suelo y golpeándose en la cabeza con un tronco al caer— le dijo mientras los hombres colocaban a Naruto en la cama de pieles que ella y Naruto estaban usando hasta que hicieran la nueva.
Hinata ni siquiera podía mirar a la muchacha mientras se lo explicaba. En su mente seguía viendo la pelirroja cabeza de Tayuya desapareciendo tras el muro.
—Aquí tiene, mi señora. —Natsu le dio el pequeño bolso que contenía sus medicamentos, aguja e hilo.
—Gracias —murmuró Hinata y se arrodilló sobre las pieles al lado de su marido.
Naruto todavía estaba pálido e inconsciente, su herida en la frente continuaba sangrando. El único cambio era que el chichón de su cabeza había duplicado su tamaño. El hombre se había golpeado con fuerza en el tronco.
Hinata logró encontrar su aguja e hilo, pero solo después de vaciar el contenido de su bolso en las pieles. Cuando quiso enhebrar la aguja, se encontró con que sus manos temblaban tanto que parecía que no podría hacerlo.
—Mi criada es una sanadora —dijo lady Mei suavemente cuando Hinata hacía su tercer intento fallido—. Quizá debería llamarla, niña.
Hinata se sintió flaquear y asintió; luego permaneció en silencio mientras esperaban a que la mujer llegara a la habitación. La mente de Hinata giraba. Se había reprochado ser un fracaso como esposa… pero no ahora. No era inútil. Estaba demostrando ser buena esposa. Sus manos temblaban porque estaba muy preocupada y asustada por el bienestar de Naruto. Eso no era fracaso. Tampoco lo era aceptar ayuda cuando era necesario.
Al principio Hinata sintió alivió cuando la puerta se abrió para dar paso a Joan, la criada de lady Mei. Joan era una mujer alta, delgada y tranquila, que pasaba desapercibida la mayor parte del tiempo; pero cuando entró en la habitación para atender a Naruto se movía con la confianza de alguien que sabía cuál era el problema.
Hinata experimentó alivio al dejar a la mujer la carga del cuidado de su marido… hasta que Joan se enderezó después de examinarlo y dijo:
—Necesitaré mis sanguijuelas.
—¿Qué?
Hinata la miró boquiabierta, horrorizada. Su madre la había entrenado en el cuidado de enfermos y en el uso de medicamentos y no sentía ningún respeto por la costumbre de usar sanguijuelas para sangrar a un paciente. Ella decía que era absurdo sangrar un cuerpo que ya estaba sangrando.
—No. —Hinata se incorporó sobre sus rodillas—. No habrá sanguijuelas.
—Debemos sangrarlo —dijo la mujer de modo tranquilizador—. Debemos quitar los humores malos. Regresaré inmediatamente.
—No, no volverás ni cuidarás de él —dijo Hinata con firmeza, luego miró a los hombres que rodeaban las pieles—. Esta mujer no debe volver. No la dejen pasar.
—Hinata, querida —dijo lady Mei dulcemente—. Cálmate. Joan sabe lo que hace. Su madre era la sanadora más competente que conozco, y ella le enseñó todo.
Hinata dirigió sus chispeantes ojos a la tía de Tayuya.
—Bien, mi madre es la sanadora más competente que he conocido y desprecia el uso de sanguijuelas. Le atenderé yo misma.
—Como desees —dijo lady Mei rígidamente, y salió con Joan de la habitación.
Hinata sintió un instante de pena al haberle hablado así a la tía de Tayuya cuando solo había intentado ayudar, pero fue solo un momento. Tenía cosas más importantes de qué preocuparse. Respirando hondo, volvió a tomar la aguja y el hilo y se concentró en enhebrar la aguja. Para su alivio, esta vez sus manos no temblaron y pudo enhebrar con facilidad la aguja. Era como si su arrebato de miedo y cólera con la criada y sus sanguijuelas la hubiera liberado de cualquier energía nerviosa que hiciera temblar al principio sus manos.
Hinata limpió rápidamente la herida, después empezó a coserla. Era un corte pequeño y solo necesitó tres puntadas, pero se tomó su tiempo para evitar que quedara una cicatriz muy notoria. Por supuesto, ella amaba a su marido y ninguna cicatriz, pequeña o enorme, iba a cambiar eso. Tuvo mucho cuidado por él, aunque dudaba que a él le importara demasiado.
Naruto permaneció inconsciente durante todo el proceso, y al terminar Hinata se sentó suspirando. Se había sentido un tanto aliviada de que él no hubiera vuelto en sí mientras suturaba la herida, aunque también le hubiera gustado que despertara para así saber que todo estaba bien. Había visto a algunos hombres sobrevivir a heridas mucho peores que la que tenía Naruto en la cabeza, pero también había visto a varios morir por heridas más pequeñas. Por eso estas heridas eran delicadas. Uno nunca sabía cómo iba a evolucionar el paciente.
—¿Estará bien? —preguntó Tayuya cuando Hinata comenzó a colocarle a su marido una venda alrededor de la cabeza.
—No lo sé —le confesó, luego se dirigió a Natsu—. Por favor, tráeme un recipiente para mezclar las medicinas, Natsu. Le dolerá la cabeza cuando despierte, y debo tener a mano un tónico que le daré inmediatamente, para ayudarle a dormir.
Asintiendo, la criada se apresuró a salir de la habitación. Después de un momento, los soldados que habían estado observando comenzaron a salir también del cuarto, dejando solas a Tayuya y a Hinata.
Permanecieron en silencio varios minutos, pero ese silencio parecía hacer sentirse incómoda a la muchacha, que se aclaró la garganta.
—Fue impresionante la manera en que le hablaste a Joan. Siempre me ha puesto nerviosa, y yo nunca podría enfrentarla a ella o a la tía Mei como tú lo hiciste.
—Fui grosera con tu tía y tendré que pedir perdón —refunfuñó Hinata—. Pero las sanguijuelas solo las usa un sanador no cualificado.
—También a mí me disgustan las sanguijuelas —murmuró Tayuya.
Al darse cuenta de que Hinata no respondía, la muchacha frunció el ceño ligeramente y preguntó:
—¿Estás enojada conmigo por alguna razón?
Hinata miró detenidamente a la muchacha que había creído su amiga y no pudo guardar silencio por más tiempo.
—Te vi, Tayuya. Sé lo que hiciste.
Tayuya se quedó con la boca abierta, ambas se miraron en silencio e inmóviles; entonces la muchacha se inclinó como una flor marchita.
—Yo… —sacudió la cabeza, luego habló sin tino—. Lo siento, Hinata. En serio. Era estúpida y mala, y mi única excusa es que apenas te conocía, todavía no éramos amigas. No puedes saber cuánto lo lamento ahora.
Hinata parpadeó confusa. Era cierto que su relación no era muy estrecha cuando ocurrió lo del agujero, pero ciertamente ya lo era hoy, cuando la muchacha arrojó el bloque de piedra para que se estrellara. ¿O no era eso lo que estaba admitiendo?
Hinata se movió incómoda y trató de pensar en una manera de hacer que la muchacha hablara sin tener que admitir que no estaba segura de lo que estaban hablando.
—Ayúdame a entender. Dime lo que pensabas. Dime todo desde el principio.
Contuvo el aliento después de hacer esa sugerencia, esperando que funcionara. Cuando el silencio duró largos instantes, Hinata comenzó a pensar que la muchacha no diría nada en absoluto. Pero parecía que solo estaba ordenando sus pensamientos, ya que finalmente suspiró y comenzó a hablar.
—Tenía seis años cuando llegué a Konoha Ville. Sabía que debía casarme con Menma, pero desde el primer día he amado a Naruto —le confesó.
Hinata se sentó sobre sus talones, con la mente en blanco.
—Cuando llegó a Konoha la noticia de que Menma había muerto — prosiguió—, creí que era cosa del destino que Naruto y yo nos casáramos. Yo no sabía de ti. Nadie me dijo nada de su compromiso, y como Naruto era mayor que Menma y aún seguía soltero, creí que no estaba comprometido o que su novia había muerto. Pero entonces Naruto volvió y ellos anunciaron que debíamos hacer el equipaje y estar listos para viajar a Hyugaton, de forma que Naruto pudiera cumplir con su contrato de matrimonio.
Tayuya hizo una mueca.
—Me temo que te odié desde el principio, sin conocerte siquiera. Me estabas robando a mi Naruto —agregó con tristeza, luego sonrió irónicamente y añadió: —Te odié aún más cuando te conocí.
—¿Por qué? —jadeó Hinata con sorpresa.
—Porque eras tan hermosa y agradable y… —se detuvo bruscamente, frunciendo el ceño cuando Hinata comenzó a reír.
—Tayuya, difícilmente soy hermosa.
—Sí, lo eres —le respondió solemnemente—. No eres delgada, pero eres hermosa.
Hinata parpadeó al oír esa afirmación.
—De todos modos, cuando viajábamos hacia Myoboku y me mostraste la túnica y las calzas que estabas haciendo para Naruto, me alteré por completo. Eran encantadoras, y era tan atento de tu parte haber pensado en ello que inmediatamente deseé que se me hubiera ocurrido a mí, pero aunque hubiera sido así, no puedo coser tan bien como tú. Así que cuando me di cuenta de que casi las habías terminado y se las ibas a dar a Naruto, me asaltó el pánico. —Respiró profundamente y agregó—: Cuando Naruto te llevó al río, entré sigilosamente en la tienda de campaña y prendí fuego a las pieles y la ropa.
—Entonces sí apagué realmente la vela —dijo Hinata suspirando y Tayuya asintió.
Recordando el olor de cerdo en el segundo juego de ropa que había comenzado a hacer para Naruto, Hinata preguntó:
—¿Y frotaste la carne de cerdo en la segunda túnica y la arrojaste a los perros?
Tayuya hizo una mueca.
—Ese era el plan, pero están muy bien entrenados y no la tocaron. Yo tuve que rasgar y cortar la túnica, luego la arrojé para que los culparan a ellos. —Suspiró con tristeza—. Lo siento, Hinata. Empezaste a agradarme a pesar de mí misma una vez que llegamos aquí, y me di cuenta de que realmente te interesaba Naruto y de que él también comenzaba a sentir algo por ti. Hacen una pareja perfecta. Sé que lo que hice está mal y lamento haberte herido y molestado. Espero que me perdones.
Hinata la miró confusa.
—Pero, ¿y el muro, Tayuya?
—¿El muro?
Ahora fue el turno de la pelirroja de mirarla sin expresión.
—Te vi en el muro —anunció Hinata.
—¿Cuándo? ¿Quieres decir hoy? —Verdaderamente parecía aturdida—. Sí, fui allá para pensar. Me encontré con Naruto mientras preparaba la comida para el picnic, y lo estaba haciendo con tanto cuidado y detalle… Esa fue otra señal de que te ama. ¿Sabías que ordenó que los hombres te dijeran cumplidos para tratar de reparar el daño que los insultos de tus primos habían causado? Realmente te ama, Hinata, y después de solo un par de semanas, mientras que a mí me conoce desde hace muchos años y solo me quiere como a una hermanita pequeña. —Movió la cabeza—. Creo que, a pesar de todo, eso fue lo que me despertó, y subí a las almenas para estar sola. Mientras caminaba por ahí oí voces y me detuve para mirar sobre el muro. Te vi a ti y a Gamatatsu, pero no me di cuenta de que me habías visto.
Hinata se apoyó sobre sus talones. Estaba segura de que Tayuya le decía la verdad. La muchacha no podía fingir tal inocencia y aturdimiento. Tayuya no tenía ninguna pista de la importancia de que ella estuviera arriba ya que no tenía ni idea de que momentos antes de que se asomara había caído una roca cerca de Gamatatsu y Hinata. Estaba segura de eso.
Quizá la piedra había caído por accidente, pensó débilmente. Pero entonces, ¿quién la había golpeado y la había arrojado por el agujero del suelo? —Ahora debes de odiarme —dijo Tayuya tristemente, y Hinata frunció el ceño.
—No, por supuesto que no —le tomó la mano y se la apretó.
Estaba aliviada al saber que la muchacha que consideraba su amiga no había intentado matarla. Claro que había arruinado sus intentos de hacer ropa para Naruto, pero podía disculparla. Ella podría haber estado más molesta al saber quien había estado detrás de esas acciones en el momento en que ocurrieron, pero parecía que había sido hacía mucho tiempo, y realmente creía que Tayuya estaba arrepentida.
—Si quieres que me marche, volveré a Konoha Ville —ofreció Tayuya, aunque eso obviamente le doliera.
Hinata negó con la cabeza.
—No es necesario, Tayuya. Somos amigas, y los amigos perdonan las tonterías —se encogió de hombros—. Cometiste un error, lo has admitido y has pedido perdón. Eso es suficiente para mí.
—¿De verdad?
Tayuya la miró, con la esperanza brillando bajo sus pestañas.
—Sí.
—¿Continuarás siendo mi amiga?
—Por supuesto —dijo Hinata con firmeza—. Disfruto de nuestra amistad, Tayuya.
—¡Oh, Hinata! —se lanzó a sus brazos para abrazarla con fuerza—. ¡Realmente, eres maravillosa! Gracias. Prometo que no lo lamentarás. De aquí en adelante seré la mejor amiga. —Sacudió la cabeza y volvió a sentarse para tomar las manos de Hinata—. No puedo creer que haya pensado alguna vez que eras afortunada al tener a Naruto. En realidad creo que los dos tuvieron suerte al casarse.
Hinata se rió del entusiasmo de la muchacha y se conmovió por sus palabras. Entonces, Tayuya miró a Naruto y frunció el ceño.
—Tendré que decírselo a Naruto, por supuesto.
—Creo que no es necesario —le aseguró Hinata.
—¿Entonces guardarías el secreto? —Tayuya alzó una ceja—. Eso no funcionaría. Un día se te escaparía algo sin querer y entonces él se enojaría porque le ocultaste un secreto. Además, tiene derecho a saber que no eres propensa a los accidentes, como cree.
—No soy nada propensa a los accidentes —le aseguró Hinata.
Tayuya sacudió la cabeza con incredulidad. Después de una vacilación, Hinata preguntó:
—¿Podrías cuidar a Naruto un momento? Tengo que ir a revisar algo.
—Sí, por supuesto. Ve. Además, me sentiría mejor si le contara toda la verdad a solas si vuelve en sí, y después de contárselo iré inmediatamente por ti.
Hinata vaciló, considerando el decirle de nuevo que no era necesario que le contara la verdad, pero decidió dejarla hacerlo. Tayuya tenía razón, podría escapársele alguna palabra y causar un trastorno innecesario. Y Hinata confiaba en que Naruto tratara a Tayuya con cuidado.
—Bien. No tardaré mucho, solo deseo comprobar algo en las almenas. Envía a alguien por mí si Naruto abre los ojos y terminan vuestra conversación antes de que yo regrese.
Arriba en el parapeto, Hinata recorrió ligeramente con los dedos el sitio donde había estado el bloque de piedra que casi les había golpeado. Entonces se inclinó para mirar detenidamente al peñasco que estaba abajo. Su conversación con Tayuya le había hecho comenzar a creer que la caída de la piedra había sido en realidad un accidente, pero sabía que no estaría totalmente convencida hasta que viera el sitio de donde había venido. Tocó otra vez el lugar.
No había nada que sugiriera que alguien había empujado la piedra. No había señales de cincel ni de ningún otro instrumento que sugirieran que hubieran hecho palanca. Por otra parte, era difícil creer que la piedra había rodado en el momento exacto en el que ella pasaba por allí. Hinata frunció el ceño cuando su dedo tocó una ligera grieta en el centro del borde exterior del muro donde había estado el peñasco.
Inclinándose más, pasó la mano por el área y notó que había una pequeña parte ligeramente levantada en el borde externo. El peñasco habría tenido que girar sobre ella. Este peñasco, si realmente solo hubiera cedido, debería haber girado en el sentido opuesto, hacia el pasaje donde ahora se encontraba.
Hinata se enderezó despacio. Alguien había empujado el peñasco hacia ella. No había sido un accidente. Como su caída en el cuarto. La habían golpeado y empujado a través del agujero. Solo su falda, que se había enganchado en el borde mellado de la madera, le había salvado la vida.
Así que era menos propensa a los accidentes de lo que alguien le había hecho creer, y los hados ciertamente no se habían vuelto contra ella. Alguien más lo había hecho.
Hinata miró hacia el patio, reflexionando sobre el asunto. Tayuya había parecido tan aturdida cuando mencionó la caída de la roca que le había creído cuando le dijo que no tuvo nada que ver. Pero si no fue ella, ¿quién?
Lord y lady Namikaze ciertamente no tenían ninguna razón para desear su muerte. No podía imaginar quién lo había hecho. Tayuya era la única que podía tener algo parecido a una excusa para querer verla muerta. Aun así, no podía creer que hubiera sido la muchacha.
Un ruido a su derecha le hizo mirar hacia ese lado, y Hinata se enderezó cuando vio a la tía de Tayuya.
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Continuará...
