Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
«FINAL»
Naruto abrió los ojos y se movió en la cama, luego aspiró sibilantemente mientras el dolor atravesaba su cabeza. Fue solo entonces que recordó haberse resbalado con la ciruela y golpeado su cabeza en el tronco. Estaba haciendo muecas ante su propia torpeza cuando un sonido sollozante atrajo su mirada hacia un lado y vio a Tayuya sentada en el alféizar de la ventana, llorando en un pedacito de tela.
Su primer pensamiento al ver a la muchacha fue de irritación, puesto que debía de haberlo despertado con su llanto. Naruto estaba lo suficientemente dolorido como para que hubiera preferido dormir a mantenerse despierto y sufrir. Su siguiente pensamiento fue para preguntarse por qué estaba llorando la muchacha. No podía ser por él. Estaba herido pero se curaría. No era como si se estuviera muriendo.
¿Pero qué había de Hinata? Naruto pensó que su corazón podría pararse cuando comprendió que la muchacha podría estar llorando porque Hinata había sido lastimada de nuevo… o incluso muerta esta vez. Su esposa había sufrido un número desafortunado de accidentes a los cuales había logrado sobrevivir relativamente indemne, pero su suerte finalmente se acabaría.
—¿Dónde está Hinata?
Distorsionada por su preocupación, su pregunta salió más seca de lo que había pretendido.
Tayuya dejó de llorar y giró una cara asustada hacia él, luego se deslizó del alféizar de la ventana y se movió hacia la cama.
—Estás despierto.
—¿Dónde está Hinata? —repitió Naruto—. ¿Fue lastimada? ¿Es por eso por lo que llorabas?
—¡Oh! —Los ojos de la pelirroja se abrieron cuando comprendió lo que su llanto le había conducido a creer. Sacudió rápidamente la cabeza—. No. Está bien, Naruto. En serio.
Naruto se relajó en la cama de pieles, comprendiendo en ese momento que se había medio sentado en su preocupación. Gesticulando por el dolor que todo el movimiento le estaba causando, suspiró y preguntó cansadamente:
—Entonces ¿por qué llorabas?
Tayuya se sentó en el borde de la cama con un suspiro.
—Por lo que tengo que decirte.
Naruto esperó, y cuándo simplemente se quedó ahí sentada, sorbiéndose los mocos, preguntó con impaciencia:
—¿El qué?
Tayuya se mordió el labio, luego se contempló las manos y dijo:
—Me odiarás.
Quería que la persuadiera para contárselo, comprendió él con un suspiro. Naruto realmente no estaba de humor para tales juegos.
—Solo dímelo, Tayuya.
—Yo soy quién destruyó la túnica y las calzas que Hinata estaba haciendo para ti —confesó ella infeliz.
Naruto frunció el ceño.
—¿Cuáles?
—Ambos pares —confesó ella apenas en un susurro. Cuando Naruto abrió la boca para hablar, Tayuya continuó precipitadamente—. Hinata había apagado la vela en la tienda de campaña. Deliberadamente la encendí y la usé para prender fuego a las pieles y a la ropa. Luego en Konoha Ville, cuando casi había terminado con el segundo par, saqué de la mesa un poco de carne de la cena y la froté sobre la túnica, luego la rasgué y le hice agujeros antes de usarla para provocar a los perros. La dejé con ellos, sabiendo que se les echaría la culpa.
Ahora estaba despedazando la sábana entre sus manos.
—Le dije a Hinata todo esto hace un poco y le pedí perdón. Le dije que tenía la intención de decírtelo. Ella dijo que no era necesario, que la travesura se la había hecho a ella y que mientras ella me perdonara...
—¿Ella te perdonó? —preguntó Naruto.
—Sí —asintió Tayuya—. Fue muy comprensiva.
Naruto la contempló con aturdimiento. Se alegró de que su esposa fuera comprensiva, pero él no entendía nada en absoluto.
—¿Por qué lo hiciste? Apenas la conocías cuando quemaste el primer par, y ella fue amable contigo cuando involuntariamente le dijiste aquellas cosas tontas sobre tu prima embarazada después de la boda.
Tayuya hizo una mueca y confesó:
—Realmente fue intencionado. Fui deliberadamente insultante, aunque no pensaba decirle esto a Hinata cuando le conté el resto.
—¿Por qué le harías todo eso? —preguntó Naruto bruscamente, mientras su confusión comenzaba a desaparecer bajo una oleada de cólera en nombre de su esposa.
—Estaba celosa —confesó ella infelizmente, luego levantó su cara, revelando unos ojos suplicantes—. Te amo, Naruto. Siempre te amé. Vine a Konoha Ville sabiendo que debía casarme con Menma, pero era a ti a quien amaba. Eras siempre mas fuerte y mas listo y… —Sacudió su cabeza impotente—. Te amo. Y estaba celosa de que ella consiguió casarse contigo y sería tu esposa y… — Suspiró—. Quise hacerla sentir tan miserable como yo, supongo. O tal vez hacerte ver lo inútil y torpe ella era.
—Hinata no es inútil ni torpe —dijo Naruto con seriedad.
—Lo sé —asintió Tayuya—. Sus primos me dijeron que lo era, y eso solo me hizo enojar más porque pensé que no te merecía. Pero he llegado a conocer a Hinata desde entonces y sé que no es torpe ni inútil. Es lista, graciosa y amable, y espero ser algún día la mitad de buena esposa que ella es para ti. —Se encogió de hombros tristemente—. Llegué a apreciarla. Por eso no hice nada más para tratar de presentarla mal ante tus ojos después de llegar aquí.
Ella gesticuló.
—Por supuesto, con la plaga de accidentes que ha tenido desde la llegada aquí, no sentí la necesidad de molestarme, pero, aun así, pienso que no hubiera hecho nada más. Ella me gusta realmente, Naruto. Y lo siento.
Naruto soltó su aliento en un suspiro lento. La muchacha parecía sincera, al menos sobre sentirlo. No creyó ni por un momento que realmente lo amara. Tenía con él el encaprichamiento de una niña, eso era todo, y terminaría bastante pronto. Sin embargo, su comportamiento hacia Hinata había sido espantoso, y no estaba seguro de lo que debería hacer al respecto.
—¿Entonces Hinata sabe todo esto y te perdonó? —preguntó él.
—Sí. Ella es muy amable.
—Estoy sorprendido que hayas admitido todo esto —reconoció Naruto.
Tayuya gesticuló.
—Ella me obligó.
—¿Qué?
Tayuya asintió, luego frunció el ceño.
—Fue una cosa muy rara. Hinata estaba enojada, y dijo que sabía lo que yo había estado haciendo y que me había visto. Pensé que quería decir que me había visto comenzar el fuego o arruinar la segunda túnica, y admití todo, pero eso solo pareció confundirla. Y luego me preguntó sobre estar en el parapeto más temprano, como si fuera más importante.
—¿Más temprano hoy? —preguntó Naruto bruscamente—. ¿Estabas en el parapeto hoy?
—Sí. Quería estar sola para pensar en todo. Me sentía mal por la grosería con la que había tratado a Hinata, y podía ver que habías llegado a amarla, lo que solo me hizo sentirse doblemente mal.
Se encogió de hombros tristemente.
Naruto contempló a la muchacha, con su corazón palpitando. ¿Ella podía ver que él había llegado a amar Hinata? No, él no amaba a su esposa. Podía sentir un poco de afecto hacia ella, pero ¿amor? Naruto tragó saliva y echó un vistazo hacia la ventana, con una miríada de memorias que atravesaban su mente: Hinata de charla ante él en su caballo; cubierta de huevos de codorniz cuando él la había empujado; diciéndole furiosamente que por supuesto que había pensado que él prefería la tierra a yacer con ella, porque si no hubiese estado en su tienda de campaña; su desánimo porque él no yaciera con ella; su risa alegre cuando lo venció en el ajedrez; su expresión seria cuando le dijo que Sansón era muy listo; su cara valiente cuando negó estar dolorida después de que la piedra la golpeó; su mirada llena de pasión cuando él le hacía el amor; agarrando el pedazo de tela frente a ella como si pudiera esconder su desnudez…
Sí, reconoció. La amaba. Amaba cada pedazo contradictorio de ella. La mujer tenía demasiado buen corazón, era demasiado tímida, demasiado dadivosa. Era simplemente perfecta... para él. La amaba. Maldición, ¿cuándo había pasado?
—Pensé que podría estar sola en las almenas —continuó Tayuya, apartando los pensamientos de Naruto de su amor por su esposa a tiempo para ver su mueca—. Por supuesto, casi no subí cuando vi a la tía Mei apresurarse hacia abajo, pero me escondí bajo la escalera y esperé a que pasara y luego subí. —Suspiró—. Estaba andando a lo largo del parapeto y oí voces. Miré por encima y vi a Gamatatsu ayudar a Hinata a ponerse de pie. Debía de haberse tropezado o algo.
Ella sacudió su cabeza con divertido afecto.
—A pesar de lo que me gusta Hinata, realmente es torpe. —Entonces sacudió la cabeza—. Esa caída a través del piso casi me mata. Me asustó tanto, y aun así ella no admitirá que es propensa a accidentes.
Tayuya suspiró y lo miró detenidamente.
—De todos modos, debe de haberme visto cuando miré por el parapeto. Hinata estaba muy disgustada al principio porque yo había estado allá arriba, luego solo parecía desconcertada cuando le expliqué que había subido ahí a pensar.
Tayuya se puso de pie, luego vaciló.
—Si deseas que me marche lo haré. Hinata dijo que no había ninguna necesidad y que era solo una pequeña travesura, pero...
—No, no. —Naruto negó con la cabeza—. No hay ninguna razón para que te marches.
Ella soltó el aliento en un suspiro de alivio.
—Gracias, Naruto.
Él parpadeó con sorpresa cuando de repente Tayuya se agachó para besarlo en la mejilla. Luego se enderezó y se dirigió hacia la puerta.
—¿Tayuya? —preguntó Naruto cuando ella abrió la puerta.
Haciendo una pausa, la muchacha echó un vistazo atrás.
—¿Dónde está Hinata?
—Ella subió al parapeto por algo. Aunque puede que esté ya de vuelta. La tía Mei se detuvo a buscarla aquí por alguna razón, y le dije donde estaba, así que puede haber encontrado a Hinata y haberla bajado para lo que fuese que quería. Le diré que estás despierto si ha vuelto al torreón cuando baje. Hinata se alegrará. Estaba muy preocupada. Te ama tanto como tú a ella, ¿sabes?
Tayuya cerró la puerta suavemente detrás de ella cuando se marchó.
Naruto miró tras ella, con el corazón en la garganta por varios motivos. Primero, acababa de comprender que amaba a su esposa. Segundo, Tayuya pensaba que su esposa también lo amaba, y tercero, temía muchísimo que su esposa estuviera en un peligro terrible en aquel mismo instante.
La mente de Naruto trabajaba rápido, reuniendo todas las piezas. Había pensado que su esposa era torpe debido a todos sus pequeños accidentes, pero pareció que algunos de ellos no habían sido en absoluto accidentes. El incendio en la tienda de campaña no lo había sido, el ahogamiento no había sido un ahogamiento… ¿qué mas podía también no ser lo que parecía? Se había preguntado sobre la caída por el agujero en el suelo, pues encontraba difícil de creer que ella pudiera haber perdido de vista el agujero. Todavía dudaba, pero nunca había conseguido preguntarle.
La puerta de la cámara se abrió, distrayéndolo, y Naruto echó un vistazo cuando Natsu hizo una pausa en la entrada. Una sonrisa brillante iluminó su cara cuando vio que él estaba despierto.
—Lady Hinata estará feliz de que este despierto. Ha estado preocupada.
—Espera —dijo Naruto cuando ella comenzó a salir del cuarto, por lo visto para ir a encontrar a Hinata.
Natsu hizo una pausa, mientras sus cejas se alzaban interrogativas.
—Ven aquí —ordenó él, pues no quería que nadie que pasara por el pasillo lo escuchara.
Natsu retrocedió al cuarto, cerró la puerta y se acercó a la cama.
—¿Sí, mi señor?
—¿Te habló alguna vez Hinata sobre la caída que tuvo el primer día aquí? ¿Cuando atravesó el agujero?
Natsu vaciló.
—No realmente, mi señor.
Naruto frunció el ceño cuando ella añadió:
—Aunque, nada más despertarse, sí dijo algo sobre ser golpeada y haber caído.
—¿Ser golpeada? —Naruto se puso rígido—. ¿Qué dijo exactamente?
La criada pensó durante un minuto, luego dijo:
—Pienso que era «Alguien me golpeó, caí por el agujero».
—¿Alguien la golpeó? —preguntó Naruto con incredulidad—. ¿Por qué nadie me mencionó esto?
—Bueno, estaba sola arriba, ¿quién podría haberla golpeado? Lady Mei pareció pensar que era algo que lady Hinata había soñado mientras estaba inconsciente —añadió Natsu disculpándose.
—Lady Mei, ¿verdad? —preguntó Naruto.
Recordó que Tayuya había dicho que se había escondido bajo la escalera cuando lady Mei había bajado rápidamente de las almenas antes de que ella hubiera subido al muro; lo que pondría a Lady Mei en el muro justo cuando la piedra se había caído de la almena y casi había aplastado a su esposa. ¿Trataba Mei de matar a su esposa? ¿Pero por qué? ¿Y por qué ahora? Estos ataques más serios y mortales no habían comenzado hasta que llegaron a Uzumaki Ville. ¿O no era así?
Naruto recorrió rápidamente la lista de acontecimientos en Hyugaton y en el viaje a Konoha Ville.
Los pensamientos de Naruto se detuvieron repentinamente cuando recordó un acontecimiento extraño en el viaje al que no había dado ninguna importancia: el zorro muerto, la carne de conejo y los signos de que alguien había estado enfermo en los bosques detrás de la tienda de campaña de su esposa. Entonces no había relacionado las dos cosas pero, ¿y si estuvieran relacionadas? ¿Y si la carne hubiera sido envenenada y el zorro hubiese muerto después de comer un poco?
—¿Lanzó Hinata una pierna de conejo asada detrás de la tienda de campaña durante la primera noche de nuestro viaje? —preguntó Naruto, haciendo que Natsu se asustara por la punzante pregunta después de un silencio tan largo.
—No lo sé —dijo ella, luego frunció el ceño mientras pensaba y admitió— : Puede haberlo hecho. Sé que lady Mei le dio una pierna de conejo asada a Tayuya para que se la diera a lady Hinata como cena. —Se encogió de hombros—. No tengo ni idea de si se lo comió o no, pero el estómago podía haber estado molestándole después de haber montado alrededor del campamento cruzada sobre el caballo como lo hizo, así es que puede haberla tirado en lugar de arriesgarse a comerla y luego vomitarla.
O el paseo alrededor del campamento podría haberle hecho vomitar la carne y haberla salvado de ser envenenada, comprendió Naruto, y se sentó de repente.
—Mi señor, ¿qué hace? ¡No debería levantarse! —gritó Natsu.
—Tengo que ir al muro. Hinata me necesita —gruñó Naruto, sin hacer caso del dolor que atravesaba su cabeza cuando se puso de pie.
—Buenas tardes, lady Mei —murmuró Hinata.
La mujer se había congelado cuando Hinata dio vuelta, y durante un momento su expresión había sido de tal odio que Hinata se asustó. Entonces, como si nunca hubiera estado allí, la expresión fue sustituida por una sonrisa, y ella avanzó de manera lenta. Pero Hinata había visto la mirada y no podía fingir que no había existido.
—Hola querida. Pensé que estabas aquí arriba, así es que vine para advertirte. No es seguro asomarse sobre el borde del muro como lo hacías hace un momento. Los accidentes pasan.
—Sí —estuvo de acuerdo Hinata, dando un paso hacia atrás a lo largo de muro—. Y a mí parecen sucederme mucho.
—Pareces realmente propensa a accidentes —murmuró lady Mei, siguiendo hacia delante.
—¿Por qué? —preguntó Hinata, rechazando fingir ignorancia.
En el momento en que había visto su expresión, había sabido que lady Mei estaba detrás de los ataques. Simplemente no entendía por qué. Seguramente no porque Tayuya tuviera un encaprichamiento con Naruto.
Lady Mei hizo una pausa, inclinando la cabeza, y Hinata sabía que estaba debatiendo si reconocer lo que había estado haciendo. Finalmente suspiró y avanzó otro paso.
—No te tengo ningún rencor, Hinata.
—A juzgar por vuestra expresión de hace un momento, lo encuentro difícil de creer.
Lady Mei gesticuló.
—Eso me delató, por supuesto. Lo siento. Me temo que es solo la frustración que me causa mi irritación contigo. ¿Por qué no te mueres?
Hinata no tenía idea como se suponía que debía contestar a la cortés pregunta, así que simplemente retrocedió otro paso.
Lady Mei emuló su acción.
—Cuatro veces deberías haber muerto y cuatro veces has escapado. Yo...
—¿Cuatro veces? —interrumpió Hinata con asombro. Ella solo sabía de dos.
—Sobreviviste al envenenamiento dos veces, luego a la caída a través del suelo y a la piedra.
—¿Envenenamiento? —Hinata se quedó boquiabierta—. ¿Cuándo?
Lady Mei se movió con irritación.
—En el viaje de Hyugaton a Konoha Ville. Yo espolvoreé con veneno el trozo de carne de conejo que hice que te llevara Tayuya. Es un veneno muy potente y debería haberte matado rápidamente, pero en vez de despertar con el grito de que estabas muerta, desperté la siguiente mañana para verte regresar al campamento después del baño.
Hinata parpadeó cuando recordó la carne de la primera noche. Su lengua había zumbado después del primer mordisco, pero se había mordido la lengua al mismo tiempo y había pensado que esa era la causa. Tal como recordaba, también había sentido como si las hormigas avanzaran lentamente sobre su piel, pero le había distraído la rebelión de su estómago cuando había vomitado la carne. Hinata había pensado que el duro tratamiento a su estómago cuando Naruto la había paseado sobre su vientre había causado la negativa de su estómago a mantener algo dentro. Y probablemente así había sido, comprendió ella. También la había salvado de morir esa noche.
—Cuando eso no funcionó —siguió lady Mei, acercándose otro paso—, hice el guisado la siguiente noche, usando la incapacidad de Naruto de comer con sus manos vendadas como excusa. En verdad quería doblar la dosis del veneno, pero temí que fuera demasiado obvio en la carne asada. Esperé que el guisado lo escondiera. —Sacudió la cabeza con aturdimiento—. Pero hasta con doble dosis sobreviviste. Todo lo que hizo fue hacer que te cansaras.
No la había cansado. Hinata se había cansado ella misma cosiendo durante toda la noche. El veneno no había funcionado porque Hinata tampoco había comido el guisado. Se había llenado con el queso, el pan y la manzana que Natsu le había traído. Otra vez el destino la había salvado. Aunque no se molestó en decirle eso a Lady Mei. En cambio dijo:
—¿Y vos me golpeaste realmente con un tablón, lanzándome por el hoyo?
—Sí. Había salido para comprobar los jardines, pero volví cuando le dijiste a Tayuya que ibas arriba a buscar a los criados. Regresé a la cocina y esperé a que Tayuya fuera a revisar el asunto del pozo. Entonces, una vez que estuviste arriba, te seguí. Aquellas escaleras eran complicadas —dijo ella con humor seco—. Sin embargo, las subí rápidamente y sin raspar mi pierna como hiciste tú.
Hinata no respondió al insulto, sino que simplemente esperó que siguiera.
—Encontré el tablón en uno de los cuartos y lo llevé conmigo. Cuando te descubrí, estabas inclinada, mirando detenidamente por el agujero. Antes de que yo pudiera apresurarme y empujarte comenzaste a retroceder, entonces usé el tablón. —Su boca se apretó—. Pero otra vez evitaste la muerte. Tu falda se enganchó en uno de los entarimados rotos. Habría avanzado para liberarte y que cayeras a tu muerte, pero Natsu estaba gritando como para despertar a los muertos. Sabía que la ayuda vendría rápidamente y tuve miedo de que pudiera verme por el agujero, así que me escondí en uno de los cuartos hasta que Tayuya envió a Natsu para traer a Naruto al cuarto. Entonces entré detrás de ella como si acabara de venir desde fuera.
—Entiendo, entonces, que vos no le impediste tratar de tirar de mí porque temieras que pudiera dejarme caer —preguntó Hinata con sequedad, retrocediendo otro paso.
—No. Ella es fuerte y habría insistido en ayudar, y nosotras dos podríamos haberte salvado. Yo esperaba que tu falda se rasgara aún más y murieras antes de que Naruto llegara a salvarte. Pero, por supuesto, eso no pasó.
—Entonces, a continuación, trataste de empujar la piedra sobre mí.
La furia destelló a través de su cara; entonces respiró hondo.
—Eres la más afortunada de las criaturas.
—Y eso le molesta —adivinó Hinata, recordando la expresión de odio que había visto en la cara de la mujer cuando la divisó.
—He tomado grandes riesgos cada vez —indicó lady Mei prontamente, luego espetó con frustración—: ¿Por qué no morirás?
Hinata se apartó cautelosamente otro paso. La mujer parecía lista a lanzarse sobre ella en cualquier momento. Esta no era la mujer amable y maternal que había conocido desde el día de su boda. Le costaba creer que la mujer que estaba ante ella era lady Mei, y todavía no entendía por qué la mujer la quería muerta.
—¿Por qué? —repitió su pregunta de antes.
—¿Por qué? —Lady Mei la miró detenidamente, como si fuera estúpida al no comprender la razón detrás de los ataques—. Por Tayuya.
—¿Por Tayuya?
Hinata la contempló, pensando que debía de estar loca.
—No me mires así —espetó Lady Mei, avanzando dos rápidos pasos.
—¿Así cómo?
Hinata se movió cautelosamente hacia atrás otra vez.
—Como si estuviera loca. No estoy loca.
Hinata no quería debatir eso. En cambio preguntó:
—¿Me matarías porque Tayuya tiene un encaprichamiento infantil con Naruto?
—No seas ridícula. —Lady Mei pareció impaciente—. Te mataría porque Menma murió.
Hinata parpadeó con confusión.
—No entiendo.
—Menma fue prometido en matrimonio a Tayuya. Este debía ser su hogar conyugal según el contrato de matrimonio.
Hinata echó un vistazo alrededor con sorpresa. Eso era nuevo para ella. Nadie se lo había mencionado, y le hizo sentir un poco mal el que vivieran allí cuando esto debería haber pertenecido a Tayuya y Menma. Hinata comprendió entonces que lady Mei la había arrinconado en una sección de la almena donde el parapeto interior, la sección de muro que impedía a los soldados caerse hacia una muerte segura en el patio durante la batalla, estaba ausente. Si la mujer atacara ahora, Hinata sería barrida del muro para caer a su muerte. Siguió moviéndose hacia atrás, esperando regresar a una sección donde el muro estuviera todavía intacto en ambos lados.
—Pero el tonto fue y se mató en la Cruzada. Naruto habría sido un buen sustituto de Menma, pero estaba prometido a ti en matrimonio. Pero estando tú muerta, podríamos obligar a los Namikaze a honrar el contrato matrimonial con Tayuya, con Naruto tomando el lugar de Menma.
—Pero ¿por qué quiere hacerlo? —preguntó Hinata rápidamente, con la esperanza de mantenerla hablando hasta alcanzar un área más segura—. Seguramente con la belleza de Tayuya podrías encontrarle otro marido bastante fácilmente. Ella...
—La belleza es casi inútil sin la riqueza detrás —espetó lady Mei siguiéndola—. Lamentablemente, mi hermano no es un señor tan acertado como lo fue nuestro padre antes de él. Aunque ha logrado mantenerlo oculto, había perdido casi todo excepto el castillo mismo cuando contrató el matrimonio de Tayuya.
La dote de esponsales que usó para asegurar el matrimonio de Tayuya con Menma supuestamente era mía. Debía ir a mi prometido con mi matrimonio, pero él murió joven y mi hermano nunca se molestó en negociar otro matrimonio. No deseaba gastar el dinero. En cambio, me convertí en una madre para Tayuya cuando su propia madre murió dándole a luz. Yo no tenía ningún marido, pero ella se convirtió en mi hija.
Mei respiró hondo.
—La crié como si fuera mía. Atendí sus heridas y arreglé cualquier problema en su camino. Arreglaré este también. Ella es demasiado buena para ser la esposa de un barón menor, o tener que estar con un viejo rico con un pie ya en la tumba. No lo veré. ¡Merece un marido tan fuerte, hermoso y rico como Naruto, y lo tendrá!
Con aquel comentario, lady Mei embistió contra ella. Hinata se escabulló hacia atrás, desesperada por llegar a una sección más segura de la pared, pero la tía de Tayuya vino tras ella como una valquiria, con su capa volando alrededor de ella cuando cargó. Golpeó a Hinata con fuerza, enviándola tambaleante hacia atrás, y durante un momento Hinata temió no haber sido lo bastante rápida, de forma que caería por donde faltaba el parapeto. Pero entonces sintió que sus hombros golpeaban la pared y envió una plegaria silenciosa de gracias. Pero, por supuesto, lady Mei no podía detenerse ahora. Hinata sabía demasiado.
Un chillido enfurecido escapó de sus labios, y la mujer la agarró y trató de arrastrarla lejos de la pared, aparentemente con la intención de sacarla del camino. Atrapada en la lucha, Hinata casi no notó que algo rozaba contra su pierna; entonces miró hacia abajo. Para su asombro, Sansón se meneaba entre sus pies en movimiento, rozándose primero contra ella y luego contra Lady Mei.
Justo cuando Hinata temía que el lechoncito sería aplastado, lady Mei echó un vistazo hacia abajo y vio a la criatura. Hinata se encontró de repente liberada. Se derrumbó contra la pared con sorpresa mientras lady Mei se alejaba con horror. Sansón la siguió inmediatamente, resoplando y olisqueando sus pies, y llevando a la mujer al pánico. Gritando ahora más con miedo que con cólera, la tía de Tayuya siguió correteando hacia atrás, desesperada por escaparse de la dulce criatura.
Hinata se enderezó y lanzó un grito cuando vio a lady Mei retroceder hacia la sección ausente del muro, pero la mujer estaba demasiado llena de pánico para escuchar. Hinata miró conmocionada y horrorizada cuando la mujer pisó atrás una última vez, solo para encontrar aire. Hinata vio que la comprensión y el horror cruzaron la cara de Lady Mei cuando cayó hacia atrás, con los brazos abiertos como si tratara de alcanzar algo y la boca abierta en un grito de horror cuando desapareció de la vista.
Sintiendo de repente las piernas débiles y temblorosas, Hinata dejó escapar el aliento en un suspiro lento y se hundió para sentarse en el camino. Se habría sentido feliz quedándose allí durante un buen rato. Hinata no tenía ningún deseo de ver los resultados de la caída de lady Mei. Tampoco estaba impaciente por afrontar a Tayuya en ese momento. De hecho, no sentía absolutamente ninguna urgencia por dejar el pasaje.
El olisqueo de Sansón a su rodilla a través de su falda hizo que Hinata mirara hacia abajo. Recogió a la pequeña criatura que había salvado su vida y lo abrazó contra su pecho.
—Me salvaste, Sansón.
—Sí, lo hizo.
Hinata miró hacia arriba asustada y vio a Naruto moverse despacio a lo largo del pasaje hacia ella. Tras detenerse cuando la alcanzó, se agachó y tomó su mano, ayudándola a levantarse. La envolvió en un abrazo enorme, luego retrocedió. Naruto desplazó la mirada de ella a Sansón, con una sonrisa suave que curvaba sus labios cuando se estiró para acariciar el lomo del pequeño cerdo.
—Buen chico —elogió él, y compartieron una sonrisa antes de que la expresión masculina se volviera seria—. Pensé que te había perdido. Podía verla acorralarte a lo largo del pasaje cuando corría a través del patio hacia la escalera. Cuando estaba a mitad del camino, ella estaba embistiendo contra ti y pensé que sería demasiado tarde, que ella te lanzaría por el muro antes de que yo pudiera llegar aquí. Pensé que te había perdido.
—Hizo un buen intento —confesó Hinata—. Esperaba que, si lo hacía, podrían obligarte a cumplir el contrato de matrimonio con Tayuya en lugar de Menma.
—¿Qué?
Naruto la contempló con asombro.
—Sí —asintió Hinata —. Parece que la familia de Tayuya atraviesa tiempos duros y Mei temió que no le encontrarían un marido conveniente si no podían forzarte a ello. Pero para hacer eso, yo tenía que desaparecer. — Acarició su pecho dulcemente cuando la cólera apareció en el rostro de él—. Pero ella falló. Sansón me salvó.
—Sí. —Naruto exhaló un suspiro—. Y por eso vivirá hasta la vejez y no tendrá nunca que temer el terminar en la mesa.
Su voz era ronca, y solo ahora que el color comenzaba a volver a su cara se dio cuenta Hinata de lo pálido que había estado cuando había llegado al principio.
—¿Estás bien, mi señor? —preguntó ella con preocupación—. Tuviste una mala herida en la cabeza. Tal vez no deberías levantarte y andar corriendo.
Naruto no hizo caso de la pregunta y tomó a Sansón en sus brazos. Puso al cochinillo suavemente en la tierra y ordenó:
—Ve adentro.
Para asombro de Hinata, el cochinillo correteó inmediatamente a lo largo del paseo hacia la escalera. Hinata se dio la vuelta para inclinarse sobre la pared y mirar las escaleras mientras él las saltaba hacia abajo.
—No sabía que ya podía usar la escalera —dijo ella con sorpresa.
—¿Cómo piensas que llegó hasta aquí? —preguntó Naruto.
—Oh.
Su boca era una «o» de sorpresa, y su marido sonrió abiertamente.
—No deberías parecer tan sorprendida. Tú eres quien ha estado diciéndome lo inteligente que es.
—Sí. —Hinata sonrió irónicamente y se volvió para sonreírle a su marido—. No soy propensa a los accidentes y los hados no han estado contra mí.
—No —estuvo de acuerdo Naruto—. Hablé con Tayuya y Natsu, y por lo que pude colegir, has sobrevivido por lo menos a tres intentos contra tu vida.
—Cuatro —corrigió Hinata—. Dos envenenamientos, la caída a través del suelo y la piedra.
—¿Dos envenenamientos? —preguntó él con consternación.
Hinata asintió.
Él sacudió la cabeza.
—Y luego está este, su último intento —indicó él y dijo solemnemente—: Más que estar contra ti, definitivamente parece que los hados hubieran cuidado de ti. Eres muy, muy afortunada.
—Sí —sonrió ella abiertamente.
—Y yo también.
—¿Tú? —preguntó Hinata con sorpresa.
—Sí. Tengo suerte porque tengo a la perfecta esposa.
Hinata negó con la cabeza.
—No soy perfecta.
—Eres perfecta para mí, Hinata. Eres inteligente, hermosa y capaz. Eres la perfecta esposa para mí.
Él la besó, luego se retiró y dijo:
—Solo lamento que no pueda hacerte ver tu valor.
—Creo, mi señor, que comienzo a hacerlo. Pero quizá es algo que tuve que ver por mí misma —dijo ella suavemente, entonces explicó—: Con cada logro me he sentido mejor y mejor acerca de mí misma.
—Me alegro. —Inclinándose hacia delante, él presionó un beso en sus labios, luego deslizó su brazo alrededor de sus hombros y la giró para dirigirse a la escalera—. Hinata, en el futuro pienso que deberíamos hablar más.
Hinata parpadeó.
—¿Ambos deberíamos?
—Sí, Natsu me dijo que afirmaste que alguien te había golpeado con algo y te había empujado al agujero en el suelo. Si me hubieras dicho eso, yo podría haber reunido todas las piezas mucho más rápidamente. Y noto que no mencionaste que habías visto a Tayuya en el muro después de que la piedra se cayó hoy. En el futuro me gustaría que fueras más sincera.
—Hmm.
Hinata no sabía que decir, ya que él estaba en lo cierto. Ella había pensado que él no era tan sincero con ella como podía serlo, pero por otra parte, tampoco ella lo había sido. Y ella no estaba hablando claro ahora mismo. Él le había dicho que se consideraba afortunado de tenerla como esposa, pero ella no le había correspondido. Tampoco le había dicho aún que lo amaba.
Carraspeando dijo:
—¿Esposo?
—Sí.
—Si vamos a ser más sinceros, pienso que hay algo que debería decirte.
—¿Sí?
—Te amo.
Naruto dejó de andar y se dio la vuelta para encararla
—¿Qué?
—Te amo —confesó ella, alzando su barbilla con valentía—. No solo con el amor obediente de una esposa para su marido, sino que te amo… tanto que hace que mi corazón duela a veces solo por pensar en ti.
Naruto la contempló. Durante varios minutos simplemente estuvo de pie allí, contemplándola como si pensara que nunca podría verla de nuevo; entonces agachó la cabeza y la besó en un modo que ella nunca había experimentado antes. Sus besos por lo general eran hambrientos y apasionados, pero este era suave, doloroso también.
Cuando él alzó la cabeza, Hinata parpadeó y abrió los ojos.
—Yo te amo también, esposa —anunció él solemnemente, luego la apretujó contra su costado y siguió andando.
.
.
Fin
